domingo, 18 de enero de 2015

Pistas de lectura: El despertar de la señorita Prim

Les ofrecemos a continuación una traducción de la reseña aparecida en Sedes Sapientiae núm. 128 (2014), revista trimestral editada por la Fraternidad de San Vicente Ferrer, sobre un interesante libro publicado en España y que lamentablemente no ha llegado a Chile [veáse actualización al final de esta entrada]: El despertar de la señorita Prim (Madrid, Planeta, 2013). Pero, como hoy la tecnología facilita las cosas, su versión electrónica puede ser comprada a través de Internet (por ejemplo, en Casa del Libro o Amazon).




Sanmartín Fenollera, Natalia: L'éveil de mademoiselle Prim, París, Grasset, 2013, 350 pp. 

Inesperada. Nos encontramos frente a una novela española encantadoramente inesperada. Se trata de la primera novela de Natalia Sanmartín, una periodista que trabaja en un diario dedicado a la economía [Cinco días]. La Editorial Planeta vendió los derechos de esta novela a 70 países, incluida Francia, dónde sorpresivamente ha penetrado con timidez, a pesar de que es aquí dónde debería tener un público más receptivo que en otros lugares.


La heroína Prudencia Prim llega a Saint-Irénée d'Arnois, un pequeño pueblo situado en algún lugar de Francia y vecino de una abadía benedictina donde se celebra la liturgia en latín (cualquier semejanza...), para desempeñarse como bibliotecaria de un soltero tan culto como particular. Este pueblo está puesto deliberadamente fuera del tiempo presente, donde los niños (de los cuales un cierto número van a la misa tradicional todas las mañanas) reciben una educación de alta calidad humanista, aunque no en el instituto sino que en su hogar, sobre el modelo de Montaigne y según un programa que se parece mucho a aquel que Gargantúa fijaba a Pantagruel. 



Al igual que uno de sus principales personajes, Natalia San Martín desciende de una familia gallega católica y muy culta. «Ella recuerda muy bien la manera en que su padre siempre les impedía sacar los libros de la biblioteca. Dicha actitud obligó a todos sus hermanos y hermanas a elegir entre el aire libre y la lectura. De ahí que ella haya pasado todas las tardes de su infancia en compañía de Julio Verne, Alejandro Dumas, Stevenson, Homero y Walter Scott».


En este pueblo, donde no se habla de televisión ni de teléfono móvil, se vive de arte, de lectura, de música y de los placeres de la conversación. Además de la literatura, las conversaciones giran en torno a la educación, la modernidad, el matrimonio y el amor. Las señoras se consideran «feministas», es decir, ellas son femeninas en grado sumo: nadie en Saint-Irénée discute la necesidad de las jóvenes de leer a Jane Austin. A pesar de esto, las referencias literarias explícitas o implícitas aumentan casi demasiado, inglesas sobre todo (la relación psicológica entre Prudencia y su empleador evoca, por ejemplo, aquella de Jane Eyre y Rochester, salvo que la intriga no es aquí, sobre el fondo del vago deísmo anglicano, sino respecto de un catolicismo profundo). 


El tiempo en este pueblo, que se coloca deliberadamente fuera de la modernidad, está ralentizado. El ritmo de la escritura sigue ese patrón al describir las recepciones en el rincón de la chimenea con una taza de té o de un espeso chocolate caliente (costumbre obligada de la cultura española) y deliciosos pasteles, donde se conversa de psicología y de asuntos del corazón, un poco como en casa de Madame de La Fayette. 


Cherteston está muy presente, sobre todo por las referencias al mundo benedictino. La utopía del pueblo de Saint-Irenée (porque es una) fue concebida por un monje benedictino de la abadía vecina y la novela se completa con un viaje a Nursia, en Umbría. 


Sin ser excepcional, el estilo es bastante agradable, al igual que su construcción clásica, siempre que los lectores quieran aceptar que lo lento del relato, que va de conversación en conversación, es deliberado. Se asombrarán mucho, sin duda, por el marcado interés político de la novela. Sin estar herméticamente separado de los circuitos económicos de hoy, comerciantes, artesanos y los terratenientes de Saint-Irenée viven dentro de una especie de sistema distributista inspirado en Chesterton. Es cierto que las buenas rentas percibidas pueden explicar por sí mismas la independencia económica de las personalidades de Saint-Irenée, quienes tienen jardinero y criadas. Ellos forman una comunidad, informal pero muy real, relativamente compleja.


Su oposición al «sistema» toma varias formas, algunas mucho más dulces y políticamente correctas que aquella de la comunidad de lugareños griega de Cristo de nuevo crucificado de Nikos Kazantzaki, que rechaza la dominación turca, consagrándose a una perpetua trashumancia detrás de su pope-profeta. Sin embargo, igualmente realizan una oposición bastante radical, especialmente desde el punto de vista de la educación.



Saint-Irenée es un pueblo que bien vale una visita, como se dice en las Guías verdes de Michelin.


C.B

Actualización [25 de septiembre de 2015]: La bitácora Que no te lo cuenten ofrece, para quien desee oír de primera mano los propósitos e intenciones de Natalia Sanmartín, autora del libro aquí reseñado, la conferencia y posteriores preguntas que le hicieran en abril de 2015 en la Universidad de la Santa Croce (Roma) con ocasión de la “VI Conferencia de poética y cristianismo”.

Actualización [23 de marzo de 2016]: La Editorial Planeta ha traído a Chile la novela aquí reseñada, que ya se encuentra disponible y puede ser comprada en las principales librerías del país. Véase, por ejemplo, la Feria Chilena del Libro o la Librería Antártica. Animamos, pues, a los lectores de esta bitácora para que consigan un ejemplar y lo disfruten y difundan. 

Actualización [27 de junio de 2016]: El sitio Religión en libertad ha publicado la traducción de un artículo del escritor estadounidense Joseph Pearce sobre El despertar de la señorita Prim, donde alaba la novela como un soplo de aire fresco en medio de una decadencia cultural generalizada en el medio editorial. 

Actualización [14 de diciembre de 2016]: El sitio Religión en libertad da cuenta de una reciente entrevista dada por Natalia Fenollera, autora de El despertar de la señorita Prim, a estas alturas ya un best seller internacional, a LaContraTV. En ella ha conversado sobre el libro pero aún más sobre lo que se desprende de él, en especial esa vuelta a los orígenes que ahí se postula, la pérdida de la identidad que está produciendo el abuso de la tecnología y el ritmo frenético de la vida que se lleva en Occidente. Hace algunas semanas, The Wanderer publicó un texto de la autora relativo a estas mismas ideas sobre el que conviene detenerse a pensar. También en dicho sitio hay otra entrada relativa al mítico pueblo de San Ireneo de Arnois. 

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