sábado, 16 de abril de 2016

Amoris Laetitia y la constante enseñanza y práctica de la Iglesia

El 8 de abril de 2016 fue publicada la exhortación apostólica post-sinodal Amoris Laetitia sobre el amor en la familia, fechada el 19 de marzo, Solemnidad del Patriarca San José.

Frente a algunas informaciones aparecidas en la prensa, conviene recordar que una exhortación es una categoría de documento pontificio semejante a la carta apostólica, que fue utilizada por primera vez por San Juan Pablo II. Ella se emplea con dos finalidades: (i) para comunicar a la Iglesia las conclusiones a las que llegó el Romano Pontífice después de considerar las recomendaciones que le hizo algún sínodo episcopal; y (ii) para animar a una comunidad de personas a llevar a cabo una actividad en particular, sin definir la doctrina de la Iglesia. En el presente caso, se trata de un documento papal por el cual se pone en conocimiento del Pueblo de Dios las conclusiones a las que llegó el Sínodo de Obispos sobre la familia, que tuvo dos sesiones: una extraordinaria y preparatoria en 2014 y otra ordinaria y conclusiva en 2015, sobre el que varias veces hemos tratado en esta bitácora. La función del Sínodo de Obispos es “ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo” (canon 342 CIC). De ahí que su cometido sea el de “debatir las cuestiones que han de ser tratadas, y manifestar su parecer, pero no dirimir esas cuestiones ni dar decretos acerca de ellas, a no ser que en casos determinados le haya sido otorgada potestad deliberativa por el Romano Pontífice, a quien compete en este caso ratificar las decisiones del sínodo” (canon 343 CIC). 

Pues bien, con ocasión de la publicación de la segunda exhortación del Papa Francisco, el Cardenal Raymond Leo Burke ha escrito un interesante comentario relacionado con el valor de este documento en el contexto del Magisterio de la Iglesia. Queremos compartir con nuestros lectores una traducción íntegra de ese comentario preparado por la Redacción, del que ya había aparecido alguna noticia en medios hispanoparlantes (véase, por ejemplo, aquí y aquí). El original en inglés puede ser consultado aquí

 S.E.R. Raymond Leo Cardenal Burke
 (Foto: Notifam)

Amoris Laetitia y la constante enseñanza y práctica de la Iglesia


S.E.R. Raymond Leo Cardenal Burke

La prensa secular, e incluso alguna prensa católica, describe la exhortación apostólica post-sinodal recientemente publicada, Amoris Laetitia, como una revolución en la Iglesia, como un radical alejamiento respecto de la enseñanza y de la práctica de la Iglesia vigente hasta hoy en lo relativo al matrimonio y la familia.

Tal visión del documento es una fuente tanto de admiración como de confusión para los fieles, y es potencialmente un motivo de escándalo no sólo para los fieles sino también para otras personas de buena voluntad que se vuelven hacia Cristo y su Iglesia en busca de enseñanza y de su traducción práctica sobre la verdad acerca del matrimonio y de su fruto, la vida familiar, célula primera de la vida de la Iglesia y de toda sociedad. Esto atenta asimismo contra la naturaleza del documento, fruto del Sínodo de los Obispos en cuanto éste es una reunión de obispos que representan a la Iglesia universal para “ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo” (canon 342 CIC). En otras palabras, sería una contradicción que el trabajo del Sínodo de los Obispos resultara en confusión acerca de lo que la Iglesia enseña, salvaguarda y fomenta mediante su disciplina.

La única clave para la interpretación correcta de Amoris Laetitia es la enseñanza constante de la Iglesia y su constante disciplina que protege y fomenta dicha enseñanza. El Papa Francisco deja en claro, desde el principio, que la exhortación apostólica post-sinodal no es un acto del Magisterio (núm. 3). La forma misma del documento lo confirma: está escrito como una reflexión del Santo Padre sobre el trabajo de las dos últimas sesiones del Sínodo de los Obispos. Por ejemplo, en el Capítulo Octavo, que algunos quisieran interpretar como la propuesta de una nueva disciplina con obvias implicaciones para la doctrina de la Iglesia, el Papa Francisco, citando su exhortación apostólica post-sinodal Evangelii Gaudium, declara: "[c]omprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino»” (núm. 308).

En otras palabras, el Santo Padre propone lo que él personalmente cree que es la voluntad de Cristo para su Iglesia, pero no pretende imponer su punto de vista ni condenar a aquellos que insisten en lo que él llama “una pastoral más rigurosa”. La naturaleza personal, es decir, no magisterial del documento queda también en evidencia en el hecho de que las referencias que se cita son principalmente el informe final de la sesión de 2015 del Sínodo de los Obispos y los discursos y homilías del propio Papa Francisco. No hay ningún esfuerzo claro de relacionar el texto en general, o dichas citas, con el Magisterio, con los Padres de la Iglesia y otros autores acreditados.

Más importante todavía, un documento que es el fruto, como decíamos, del Sínodo de los Obispos debe ser siempre leído a la luz de los objetivos del mismo Sínodo, es decir, la salvaguardia y fomento de lo que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado según su doctrina (cfr. cánones 342 y 343 CIC). En otras palabras, una exhortación apostólica post-sinodal, por su naturaleza misma, no propone ni nueva doctrina ni disciplina nueva, sino que aplica la perenne doctrina y disciplina a la situación del mundo en ese momento.


Por lo tanto, ¿cómo debe recibirse este documento? Primero que nada, debiera ser recibido con el profundo respeto que se debe al Romano Pontífice como Vicario de Cristo, de quien dice el Concilio Ecuménico Vaticano II “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles” (Lumen Gentium, 23). Algunos comentadores confunden este respeto con una supuesta obligación de “creer con fe divina y católica” (canon 750 § 1 CIC) todo lo que se contiene en el documento. Pero la Iglesia Católica, aun insistiendo en el respeto que se debe al oficio petrino por ser instituido por el mismo Señor, no ha sostenido jamás que cada palabra del sucesor de San Pedro debiera ser recibida como parte del Magisterio infalible.

Históricamente, la Iglesia ha sido sensible frente a la errónea tendencia a interpretar cada palabra del Papa como obligatoria en conciencia, lo cual naturalmente es absurdo. De acuerdo con una interpretación tradicional, el Papa tiene dos cuerpos: el cuerpo que es suyo en cuanto miembro individual del conjunto de los fieles y que está sujeto a la muerte, y el cuerpo que es suyo en cuanto Vicario de Cristo en la tierra, el cual, de acuerdo con la promesa del Señor, ha de durar hasta que Él vuelva en gloria. El primer cuerpo es su cuerpo mortal; el segundo cuerpo es la institución divina del oficio de San  Pedro y sus sucesores.

Los ritos litúrgicos y los ornamentos que rodean al papado subrayan esta distinción, de modo que una reflexión personal del Papa, aunque recibida con el respeto debido a su persona, no debe ser confundida con la fe vinculante que se debe al ejercicio del Magisterio. En el ejercicio del Magisterio, el Romano Pontífice como Vicario de Cristo está en comunión ininterrumpida con sus predecesores, partiendo por San Pedro.

Recuerdo la discusión que rodeó a la publicación de las conversaciones entre el Beato Pablo VI y Jean Guitton en 1967. La preocupación se refería al peligro de que los fieles confundieran las reflexiones personales del Papa con la enseñanza oficial de la Iglesia. Mientras que el Romano Pontífice tiene reflexiones personales que son interesantes y pueden ser inspiradoras, la Iglesia debe estar siempre atenta a señalar que su publicación es un acto personal y no ejercicio del Magisterio papal. De otro modo, aquellos que no entienden esta distinción, o no quieren entenderla, presentarán tales reflexiones e incluso las observaciones anecdóticas del Papa como declaración de un cambio en la enseñanza de la Iglesia, para gran confusión de los fieles. Tal confusión es dañina para los fieles y debilita el testimonio de la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, en el mundo.

Con la publicación de Amoris Laetitia la tarea de los pastores y otros maestros de la fe es presentarla dentro del contexto de la enseñanza y disciplina de la Iglesia, de modo que sirva para edificar el Cuerpo de Cristo en su primera célula de vida, es decir, el matrimonio y la familia. En otras palabras, la exhortación apostólica post-sinodal sólo puede ser correctamente interpretada como un documento no magisterial, usando la clave del Magisterio tal como está descrita en el Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 85-87).   

    Foto: opusdei.org

La doctrina oficial de la Iglesia, efectivamente, proporciona la irreemplazable clave interpretativa de la exhortación apostólica post-sinodal, de modo que pueda verdaderamente servir para el bien de todos los fieles, uniéndolos cada vez más a Cristo, el único que es su salvación. No puede haber oposición o contradicción entre la doctrina de la Iglesia y su práctica pastoral puesto que, como nos lo recuerda el Catecismo, la doctrina es inherentemente pastoral: la misión del Magisterio está ligada a la naturaleza definitiva de la alianza establecida por Dios con su pueblo en Cristo. Es tarea de este Magisterio preservar al Pueblo de Dios de desviaciones y defecciones y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar la verdadera fe sin error. Así, el deber pastoral del Magisterio se dirige a asegurar que el pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera (CEC 890).

La naturaleza pastoral de la doctrina se ve, de un modo elocuente, en la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. Cristo mismo muestra la naturaleza profundamente pastoral de la verdad de la fe en su enseñanza sobre el sagrado matrimonio en el Evangelio (Mt 19, 3-12), en la que enseña de nuevo la verdad del plan de Dios para el matrimonio “desde el principio”.

Durante los últimos dos años, en que la Iglesia se ha visto envuelta en una intensa discusión sobre el matrimonio y la familia, he recordado a menudo una experiencia de mi niñez. Fui educado en una granja lechera de mi familia en el Wisconsin rural, siendo el menor de seis hijos de buenos padres católicos. La Misa dominical de 10.00 en nuestra parroquia del pueblo vecino era el corazón de nuestra vida de fe. En cierto momento, me di cuenta de que una pareja de una granja vecina, amiga de mis padres, aunque siempre presentes en Misa, no recibían jamás la comunión. Cuando le pregunté a mi padre por qué no comulgaban, me explicó que el marido estaba casado con otra mujer y, por lo tanto, no podía recibir los sacramentos.

Recuerdo vívidamente que mi padre me explicó la práctica de la Iglesia, en fidelidad a su enseñanza, de un modo sereno. La disciplina tenía obviamente sentido para él, y lo tuvo para mí también. De hecho, su explicación fue la primera ocasión que se me presentó de reflexionar acerca del matrimonio como un lazo indisoluble entre marido y mujer. Al mismo tiempo, debo decir que el cura de la parroquia siempre trató a la pareja en cuestión con el mayor de los respetos, incluso cuando tomaba parte de la vida parroquial de un modo acorde con el estado irregular de su unión. Por mi parte, siempre tuve la impresión de que, a pesar de que debe haber sido muy difícil no poder recibir los sacramentos, estaban en paz viviendo según la verdad de su situación marital.

A lo largo de más de 40 años de vida sacerdotal y de ministerio, durante 21 de los cuales he servido a la Iglesia como Obispo, he conocido muchas otras parejas en unión irregular, a las que yo o mis hermanos sacerdotes hemos pastoreado. Aun cuando su sufrimiento era claro para cualquier alma compasiva, he visto cada vez más nítidamente a través de los años que el primer signo de respeto y amor por ellas es decirles la verdad con caridad. De esa forma, la enseñanza de la Iglesia no es algo que los hiere más todavía, sino que, en verdad, los libera para el amor de Dios y de su prójimo.



Nota manuscrita del Santo Padre acompañando los ejemplares de Amoris Laetitia enviados a los obispos
(Foto: Radio Vaticana)

Puede ser útil ilustrar con un ejemplo la necesidad de interpretar el texto de Amoris Laetitia con la clave del Magisterio. En el documento se hace frecuentes referencias al matrimonio “ideal”. Esa descripción del matrimonio puede inducir a error: puede conducir al lector al error de creer que el matrimonio es una idea eterna con la cual, en las circunstancias históricas cambiantes, el hombre y la mujer deben configurarse. Pero el matrimonio cristiano no es una idea; es un sacramento que confiere la gracia a un hombre y una mujer para vivir en amor mutuo fiel, permanente y procreativo (CEC 1601). Toda pareja cristiana que se casa válidamente recibe, desde el momento de su consentimiento, la gracia de vivir el amor que se han prometido uno al otro (CEC 1641).

Debido a que todos sufrimos los efectos del pecado original y debido a que el mundo en que vivimos aboga por una comprensión totalmente diferente del matrimonio, los casados sufren la tentación de traicionar la realidad objetiva de su amor. Pero Cristo siempre les da su gracia para permanecer fieles a su amor hasta la muerte. Lo único que puede limitarlos en su respuesta fiel es el defecto en su correspondencia a la gracia que se les da en el sacramento del matrimonio. En otras palabras, su lucha no es contra alguna idea que les hubiera impuesto la Iglesia. Su lucha es contra las fuerzas que los podrían conducir a traicionar la realidad de la vida de Cristo en su interior.

A lo largo de los años, y particularmente durante los últimos dos años, he conocido muchos hombres y mujeres que, por las razones que fueren, están separados o divorciados de su cónyuge, pero que viven en fidelidad a la verdad de su matrimonio y siguen rezando a diario por la salvación eterna del cónyuge, aunque éste los haya abandonado. En nuestras conversaciones, ellos reconocen el sufrimiento que esto conlleva pero, sobre todo, la profunda paz que tienen por mantenerse fieles a su matrimonio. 

Algunos dicen que esta respuesta a la separación o el divorcio es un heroísmo que no se puede pedir al fiel corriente pero, en realidad, todos estamos llamados, cualquiera sea nuestro estado en la vida, a vivir heroicamente. El Papa Juan Pablo II, en la conclusión del Gran Jubileo del año 2000, refiriéndose a las palabras del Señor al finalizar el Sermón de la Montaña –“Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt. 5, 40)- nos enseñó la naturaleza heroica de nuestra vida cotidiana en Cristo con estas palabras: "Como el Concilio [Vaticano II] mismo explicó, este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos « genios » de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos y, entre ellos a muchos laicos que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este « alto grado » de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (Novo Millenio Ineunte, núm. 31).

El encontrar hombres y mujeres que, no obstante un fracaso en su vida matrimonial, permanecen fieles a la gracia del sacramento del matrimonio, me ha permitido ser testigo de la vida heroica que la gracia hace posible en nosotros cotidianamente, todos los días.

 Philippe de Champaigne, San Agustín de Hipona 
(1645-1650, Los Angeles County Museum of Art)

San Agustín de Hipona, predicando en la fiesta de San Lorenzo, Diácono y Mártir, en el año 417, empleó una bella imagen para alentarnos en nuestra cooperación con la gracia divina que nuestro Señor nos ha ganado por su Pasión y Muerte.  Nos asegura San Agustín que en el jardín del Señor encontramos no sólo rosas de los mártires sino también lirios de las vírgenes, hiedras de los cónyuges y violetas de las viudas. Y concluye que, por lo tanto, nadie debe desesperar de su vocación, porque “Cristo ha muerto por todos” (Sermón 304).

Que la recepción de Amoris Laetitia, en fidelidad con el Magisterio, confirme a los cónyuges en la gracia del sacramento del matrimonio, de modo que puedan ellos ser un sacramento del amor fiel y duradero de Dios por nosotros “desde el principio”, el cual alcanzó su plena manifestación en la Encarnación Redentora del Hijo del Hombre. Que el Magisterio, como clave de interpretación, cuide de que el “pueblo de Dios permanezca en la verdad que hace libres” (CEC 890).

Actualización [19 de abril de 2016]: La Exhortación Apostólica Amoris Laetitia ha suscitado también la reacción de otros prelados. El Cardenal Brandmüller, quien antes de la aparición de la Exhortación había excluido la posibilidad de cambiar la doctrina y práctica sacramental de la Iglesia, advirtió sobre intentos de diluir la doctrina inmutable de la Fe mediante interpretaciones erradas del nuevo documento pontificio, lo cual afectaría la credibilidad del mensaje de la Iglesia (aquí una transcripción en idioma inglés de sus declaraciones). El Cardenal Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, manifestó por su parte que abrir la puerta a la recepción de los sacramentos a quienes no cuentan con las debidas disposiciones es "cerrar la verdadera puerta de la vida" (aquí una transcripción en idioma inglés).

Actualización [24 de abril de 2016]: En el sitio Infocatólica ha aparecido un interesante artículo del Rvdo. José María Iraburu, donde su autor se pronuncia sobre el valor magisterial de la exhortación Amoris Laetitia, con especial consideración de su capítulo 8° intitulado "Acompañar, discernir e integrar la fragilidad".

Actualización [25 y 26 de abril y 10 de mayo de 2016]: Monseñor Athanasius Schneider, al que hace pocos días recordábamos en otra actualización por una interesante entrevista dada en marzo pasado, ha hecho público un categórico documento sobre la paradoja de la interpretación contradictoria de la exhortación Amoris Laetitia, cuya lectura es muy recomendable dada la profundidad de su análisis en línea con la doctrina católica sobre el matrimonio y la familia. El texto original de este documento fue publicado en italiano y puede ser consultado en este enlace. Enseguida, Rorate Coeli publicó su traducción al inglés. Pocos días después, la versión española apareció en el sitio Catholicvs. 

Actualización [28 y 29 de abril de 2016]: El 28 de abril ha aparecido en la versión alemana del sitio de la Catholic News Agency (ACI Prensa) una interesante entrevista al filósofo Robert Spaemann sobre la exhortación apostólica Amoris Laetitia y la enseñanza multisecular de la Iglesia sobre la familia y el matrimonio, donde recuerda que esta última siempre ha tenido claro cuál es la situación sacramental de las personas que se encuentran en una condición objetiva de pecado grave, vale decir, cuando existe la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de los mandamientos de Dios en una materia considerada grave (véase aquí un listado de ellas). Varios sitios comenzaron de inmediato a informar sobre esta entrevista. Véase, por ejemplo, las noticias aparecidas en inglés en Catholic Herald y OnePeter5. Al día siguiente, 29 de abril, el sitio Infocatólica publicó una traducción al español de la entrevista, que por su importancia hemos reproducido como entrada independiente en esta bitácora.  

Actualización [5 de mayo de 2016]: El sitio de la diócesis de Oviedo ha publicado una reseña de las actividades desarrolladas por el Cardenal Müller con ocasión de la presentación en España de su libro entrevista intitulado Informe sobre la esperanza, del que hacíamos referencia en la actualización de otra entrada. En esa oportunidad, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha aclarado una información errónea vertida por la prensa a propósito de los divorciados vueltos a casar: que no es lo mismo estar excomulgado, que es una sanción canónica que busca el arrepentimiento, que no poder comulgar con provecho espiritual y sin sacrilegio, que supone el estado de gracia.  Esas personas no están excomulgados canónicamente y pueden participar en la vida de la Iglesia, pero "no pueden comulgar sin antes regular su vida y recibir el sacramento de la Penitencia". Esta idea, según el propio Cardenal, ha "provocado un poco de confusión", y es que "sólo Dios puede ver en nuestros corazones", y "la Iglesia no es la dueña de la Gracia, sólo administra los sacramentos y está vinculada y obligada a caminar en esa línea. La Iglesia no tiene la autoridad para cambiar este camino de los sacramentos".

Actualización [10 de mayo de 2016]: El profesor Roberto de Mattei ha entrevista al Rvdo. Claude Barthe, a quien nos hemos referido en alguna entrada anterior (véase aquí y aquí), con ocasión de la exhortación post-sinodal sobre la familia. A juicio de este importante teólogo, el capítulo VIII de Amoris Laetitia resulta muy difícil de interpretar a luz de la enseñanza tradicional de la Iglesia en materia moral. La versión original de esta entrevista es en francés y puede ser consultada aquí. La traducción española ha sido hecha y publicada por Adelante la fe

Actualización [3 de junio de 2016]: El cardenal Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Bolonia y especialista en teología moral (véase aquí una referencia a sus obras), se ha referido en una entrevista con el medio La nuova bussola quotidiana a la reciente exhortación apostólica sobre la familia para reiterar que no se puede cambiar la doctrina de la Iglesia mediante una nota puesta a pie de página, y menos cuando la afirmación que ahí se contiene es de un tenor incierto. La traducción castellana de la entrevista puede leerse en Religión en libertad

Actualización [6 de diciembre de 2016]: El sitio Adelante la Fe reproduce una entrevista concedida por el Cardenal Burke, en la cual explica la naturaleza y alcances de las Dubia presentadas por Su Eminencia y otros cardenales al Papa Francisco relativas al documento pontificio Amoris Laetitia, pidiéndole al Romano Pontífice que aclare aquellos pasajes que han dado lugar a interpretaciones de parte de algunos clérigos y teólogos que resultan inconciliables con la Fe Católica.

Actualización [26 de diciembre de 2016]: S.Em.R. Walter Brandmüller, uno de los cuatro cardenales que suscribió el texto con las cinco Dubia presentado al Santo Padre respecto de la exhortación apostólica post-sinodal Amoris Laeticia, ha concedido una entrevista al semanario Der Spiegel. En ella reafirma la doctrina tradicional de la Iglesia, sosteniendo que "cualquiera que piense que son compatibles un adulterio persistente y la recepción de la Santa Comunión es un herético y promueve el cisma", porque "nosotros [se refiere a los sacerdotes y obispos] somos, según el apóstol San Pablo, administradores de los misterios de Dios, no sus propietarios". El original en alemán puede verse aquí. Las frases citadas han sido tomadas de la bitácora Secretum meum mihi

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Política de comentarios: Todos los comentarios estarán sujetos a control previo y deben ser formulados de manera respetuosa. Aquellos que no cumplan con este requisito, especialmente cuando sean de índole grosera o injuriosa, no serán publicados por los administradores de esta bitácora. Quienes reincidan en esta conducta serán bloqueados definitivamente.