miércoles, 23 de noviembre de 2016

In memoriam: la Basílica de Nursia

A continuación encontrarán nuestros lectores un conmovedor artículo del Prof. Peter Kwasniewski, en el cual evoca la Basílica de Nursia, trágicamente destruida casi en su totalidad por el reciente terremoto en Italia central, acaecido el pasado 30 de octubre, víspera de un nuevo aniversario de la Reforma. Es en la plaza que está frente a esa Basílica y mientras desayunaba donde la señorita Prim tomó la decisión de volver a la casa del hombre del sillón, aquel que le había explicado la razonable locura del Evangelio vivido según la Tradición

El artículo fue originalmente publicado en el sitio New Liturgical Movement (el original en lengua inglesa puede leerse aquí) y la traducción es de la Redacción.

 La Basílica de Nursia antes del terremoto de 30-X-2016

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In memoriam: la Basílica de Nursia

Puede parecer extraño que me exprese en estos términos, pero cuando vi las fotos de la Basílica de Nursia en ruinas, tuve tales sentimientos de privación, de pena y de dolor como si un pariente o un amigo mío hubiese muerto. Me impactó en lo más íntimo con la misma fuerza. Y cuando vi que otras iglesias en el pueblo se habían derrumbado también, el efecto en mí se duplicó. Cuán extrañamente era esto un recordatorio de aquel versículo referido a nuestros cuerpos mortales: “Polvo eres, y en polvo te convertirás”. Las iglesias son imágenes terrenas de la Jerusalén celestial, es decir, de la Esposa de Cristo, y tienen su rostro en sus fachadas: sus naves imitan su cuerpo, sus presbiterios representan su corazón. Cuando una iglesia se viene abajo, la Iglesia pierde una de sus encarnaciones.

En estas iglesias he orado tantas veces, en tantas visitas que he hecho a los monjes, y su monasterio es mi hogar espiritual (en la medida en que se puede decir que uno tiene un hogar en este valle de lágrimas y tierra de exilio). Es en la Basílica donde me enamoré del Oficio Divino tradicional, donde me he gloriado en el esplendor de la Misa según el rito romano de siempre, donde recibí la llamada a ser oblato benedictino, donde mejor comprendí lo que significa tener raíces católicas, orando en y sobre la cripta donde, según la tradición, nacieron San Benito y Santa Escolástica. Ver esta inmensa estructura como un montón de escombros me hizo recordar, quizá más que ninguna otra cosa en mi vida, la transitoriedad, la fragilidad, la mutabilidad de todas las obras humanas. Las estructuras más sólidas que podemos construir son apenas precarios castillos de naipes comparadas con el poder del Motor Inmóvil latente en el cosmos.  

No se me pasa por la mente hacer a Dios responsable. Él es como es siempre: susurra su palabra en nuestros oídos, en nuestros corazones, en nuestros sacramentos, en nuestras iglesias, infundiendo su Espíritu en las obras lábiles y falibles que producen nuestras manos y espíritus en nuestra lucha por servirlo con temor y temblor, con amor casto y filial. “Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando Él te reprenda, porque el Señor corrige al que ama y azota a todo aquel que reconoce como hijo. Lo que sufrís sirve para vuestra corrección. Dios os trata como a hijos” (Hb 12, 6-7). Es largo el camino que va desde nuestra condición caída hasta el día de nuestra configuración perfecta con el Hijo Unigénito de Dios, y no hay cómo saber cuántos sufrimientos o privaciones nos sobrevendrán para que nuestra imitatio Christi sea más real.

Pero hay un tiempo para las palabras, y un tiempo para el silencio. Hoy es más el tiempo para este último. Compartiré con ustedes algunas fotografías que tomamos con mi hijo Julian en ese amado lugar (todas las fotos buenas son de él, y las borrosas son las mías). La noble Basílica ilustrada en ellas está ahora en ruinas. Confío, y oro para que así sea, que algún se levantará resucitada.


El techo, visto desde el campanario

En el campanario




El pórtico estaba a un costado



Vista hacia el interior occidental con el pequeño órgano

Uno de los altares laterales

Misa cantada, en julio último

 Un fresco cerca de la entrada


 La Divina Liturgia bizantina, celebrada en la cripta por un sacerdote de visita

 Lugar de nacimiento de San Benito y de Santa Escolástica

 La Sacristía

Una última foto para terminar, y una nota de esperanza. Como muchos lectores probablemente sepan a estas alturas, los monjes de Nursia están dedicados a construir una nueva sede en las montañas, en un lugar fuera de la ciudad que han denominado “San Benedetto in Monte”. En este lugar hay una antigua iglesia capuchina que había sido reconstruida (y ha resistido, parece, los terremotos). Hace unos años tuve la oportunidad de visitarla antes de que se construyeran los andamios. He aquí una vista de parte del interior. 


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