jueves, 19 de enero de 2017

50 años de Magnificat: la conferencia de Augusto Merino (sexta parte)

Les ofrecemos la sexta y última parte de la versión escrita de la conferencia impartida por el Profesor Augusto Merino Medina en el II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile celebrado el pasado mes de agosto de 2016.

 Prof. Augusto Merino Medina
(Imagen: Youtube/Una Belleza Nueva)

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Lex orandi, lex credendi: cómo alterar la fe sin tocar la doctrina (VI)

Para finalizar, quisiera presentar algunos ejemplos musicales, muy breves, que ilustran el tipo de música religiosa que se toca durante la Santa Misa en nuestros templos. Los tres primeros provienen de una colección que tiene por título “Canciones para la Misa”:

1. El primer ejemplo nos muestra la ridiculez y trivialidad que es tan común, en un canto que apenas podría considerarse “religioso”, intitulado “Yo tengo un amigo que me ama”



2. El segundo describe bien el estilo de los cantos en la Santa Misa reformada y lleva por título “Aleluya por esa gente”


3. El tercero ilustra el estilo sentimental, lánguido, de letra sin riqueza teológica, que se ha impuesto como “canto de reflexión” para después de la comunión. Se titula “Jesús amigo”: 


Los siguientes ejemplos provienen de otras colecciones de música para la Santa Misa:

4. Hemos espigado aquí en una antología de música de mala calidad, en que el lenguaje musical, en tonalidad menor y descendente, es vehículo de un texto que proclama la resurrección del Señor, que es todo menos descendente, y que lo único que debe evitar es la sombría tonalidad menor. Su autor es Kiko Argüello y lleva por nombre “Resucitó, aleluya”


5. A continuación tenemos una canción, de un carácter relativamente culto, puesto que es obra de un clérigo cantautor (el jesuita Cristóbal Fones), pero con un texto inapropiado. Ella se intitula “Paz armada”


6. Un ejemplo de texto igualmente inadecuado, de carácter más popular, “comprometido” o “solidario”:, es la muy conocida canción “Baja a Dios de las nubes”


7. Y, finalmente, un ejemplo estupendo de incultura histórica y musical, como es la adaptación de una melodía satírica que se usaba en la parodia de la Misa, conocida como “la Misa del asno”, durante la Edad Media: 

Bendigamos al Señor”


Todos estos ejemplos nos muestran que el lenguaje musical es un poderosísimo lenguaje que puede ser usado y que está siendo usado para demoler la liturgia, en consonancia con otros esfuerzos afines: convertir la Misa en una “asamblea” o un “banquete” es algo que se puede lograr mediante la manipulación del vocabulario, y es algo que se está intentando, ciertamente; pero cuando el lenguaje musical proporciona su apoyo a esta empresa, las defensas y resistencias afectivas y emocionales de los fieles ya son demolidas de un modo verdaderamente admirable. Lo que queda es esa triste ruina litúrgica para cuya contemplación se nos ofrece una oportunidad diaria o, al menos, dominical.

Conclusiones

Si en algún momento este texto ha parecido estar escrito desde una perspectiva que ve, en los hechos que hemos descrito, conspiración para manipular la sensibilidad y afectividad del pueblo católico en lo que reza y en lo que canta, eso es precisamente lo que se quería dar a entender.

No reconocer esos designios ocultos o disimulados, que se van manifestando gradualmente y con ambigüedad, es situarse en un terreno de irenismo totalmente equivocado y fatal. No hay nada más propiamente evangélico que tomar para todo en cuenta la presencia de un enemigo, el Diablo, que está de continuo presente en la vida de la Iglesia, en su vida cotidiana, no menos que en la cotidianeidad de nuestras vidas individuales. El Nuevo Testamento en su conjunto contiene reiteradas advertencias de que la lucha que enfrentamos los católicos no es contra fuerzas terrenales o humanas, sino contra otras, muy superiores y mucho más poderosas, de carácter espiritual. En la hora de Completas, todas las noches del año se ha leído por siglos, en el antiguo Breviario, aquella lección breve tomada de San Pedro: “estad despiertos y vigilad, porque vuestro enemigo el diablo da vuelta alrededor de vosotros rugiendo y buscando a quien devorar”.


Sin embargo, si bien he querido denunciar este designio maligno, no ha sido mi propósito emitir un juicio sobre persona alguna determinada y sus intenciones más íntimas. Dios es el juez. Lo cual no significa que, mientras Él no juzgue, no podemos indicar la existencia de delitos y pecados.

Nuestro propósito ha sido, por el contrario, precisamente indicar la existencia de esos delitos y pecados contra la pureza de la fe y la unidad de la Iglesia, pero no asumiendo nosotros el papel de árbitros, sino apoyándonos precisamente en la autoridad de la propia Iglesia, expuesta en su milenaria liturgia y, para mayor claridad, por si alguien tuviera dudas, en su Magisterio.

Específicamente lo que hemos querido denunciar es el propósito diabólico de ir solapada e hipócritamente produciendo cambios y alteraciones en la verdad revelada mediante el expediente de alterar, cambiar, modificar, “mejorar” y, si se permite la castellanización, aggiornar”, la lex orandi.  

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