martes, 31 de octubre de 2017

El órgano y su fuerza evangelizadora

El sitio Aleteia ha publicado recientemente un interesante artículo sobre el órgano de tubos y su poder evangelizador, el que a continuación ofrecemos en una traducción propia a nuestros lectores (el original, en inglés, puede leerse aquí). Es particularmente triste el casi total abandono que en toda Hispanoamérica, también en nuestro país, ha sufrido este rey de los instrumentos(no es difícil encontrar numerosísimos ejemplos de comunidades que han permitido un lastimoso deterioro material de instrumentos de gran valor musical o histórico, sea por un falso concepto de lo pastoral, por indiferencia o ignorancia, por falta de recursos económicos o bien por reparaciones chapuceras hechas por personas sin los conocimientos necesarios), para ser reemplazado por instrumentos profanos como la guitarra, que en nada contribuyen a dar un culto digno a Dios ni a la edificación espiritual de los fieles. Resulta además curioso que quienes dicen tener por propósito implementar las disposiciones litúrgicas del Concilio Vaticano II hagan oídos sordos a lo que la Constitución Sacrosantum Concilium prescribe sobre el órgano de tubos: Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales (N.° 120).

Es al menos una pequeña esperanza los incipientes, aunque todavía tímidos, signos en Chile de un renovado interés por el órgano de tubos, tanto desde el punto de vista interpretativo como del noble oficio de su conservación y restauración. Ojalá nuestros pastores sepan escuchar y alentar estos signos, y que así el órgano vuelva al sitial que merece en la liturgia católica, para mayor gloria de Dios y bien de las almas.



Órgano Cavaillé-Coll de la catedral de Nancy (Francia)

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El poder evangelizador del órgano de tubos

Philip Kosloski

El órgano de tubos ha sido, desde hace siglos, un elemento usual en la liturgia católica. Aunque cada día hay menos personas que pueden tocar este antiguo instrumento, es innegable su estrecha asociación con el culto cristiano.

Los orígenes del órgano datan del tercer siglo antes de Cristo, cuando fue inventado por un ingeniero griego de nombre Ctesibio de Alejandría. En su comienzo se lo usó principalmente para acontecimientos profanos, pero hacia el siglo X se lo introdujo en la iglesia. Durante el Medioevo su uso se extendió por Europa y se lo reconoció “como el más complejo de los instrumentos mecánicos desarrollados antes de la Revolución Industrial”.

Benedicto XVI recordó su poder espiritual al dirigirse a un grupo coral que lo visitaba. Recordando una ocasión en que bendijo un órgano, expresó “Tengo un recuerdo imborrable de cómo, en la armonía de aquel órgano maravilloso, del coro dirigido por Kohlhaufel, y de la luminosa belleza de la iglesia, experimentamos el gozo que proviene de Dios. Ya no sólo la “chispa de los dioses”, de que habla Schiller, sino en realidad la llama del Espíritu Santo que hizo que sintiéramos, en lo más íntimo de nuestro ser, aquello mismo que conocemos también por el Evangelio de San Juan: que Él mismo es gozo. Y este gozo fue el que se nos comunicó”.

Añadió el Papa que el órgano “continúa sonando y ayudando a los hombres a percibir algo del esplendor de nuestra fe, un esplendor alumbrado por el mismo Espíritu Santo. Y con esto, el órgano lleva a cabo una función evangelizadora, proclamando a su modo el Evangelio”.

Órgano barroco (S. XVIII) del monasterio de Santa Cruz, Coímbra (Portugal)
(Foto: Wikimedia Commons)

La bendición de un órgano de tubos, que se encuentra en el Ritual Romano, trae a la memoria ese poder espiritual: “Oh Dios, que por Moisés, tu siervo, ordenaste que sonaran las trompetas para acompañar los sacrificios ofrecidos a tu nombre, y quisiste que los hijos de Israel cantaran alabanzas a tu nombre con trompetas y timbales, te pedimos que bendigas este órgano que consagramos a tu servicio. Y concede que tus fieles, que se alegran con los cánticos sagrados en esta tierra, puedan alcanzar la eterna alegría del cielo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén”.

El órgano de tubos fue usado por los  misioneros para predicar el Evangelio. Según el Instituto de Órganos Históricos, cuando los misioneros españoles llegaron a México, “Incluidos en el cargamento venían órganos de sobre mesa, que resultaron ser una poderosa herramienta en el cometido de convertir al cristianismo a la población nativa. Puesto que se recuerda más fácilmente las palabras cuando se las canta que cuando se las dice, el órgano proporcionó un brillante acompañamiento a las oraciones y los himnos. La importancia de la música en el proceso de las conversiones fue tan bien reconocido por el Rey, Carlos V, que se dio prioridad, en la selección de los religiosos que iban a ser enviados al exterior, a aquéllos que tenían habilidades musicales”.

El empleo del órgano de tubos ha disminuido en las últimas décadas, pero recientemente hay muchos jóvenes que han respondido al desafío de aprender a tocar este complejo instrumento y están haciendo todo lo que está a su alcance para preservar, para las futuras generaciones, su papel en las ceremonias sagradas.   

domingo, 29 de octubre de 2017

Criterios para votar por la familia y la vida

Palacio de la Moneda
(Foto: gob.cl)

Ya aproximándonos a las elecciones presidenciales y parlamentarias a celebrarse el 19 de noviembre en todo nuestro país, es conveniente recordar a todos nuestros amigos y lectores la importancia que presenta -para todos los católicos- su participación en la vida política del país. En efecto, el magisterio de la Iglesia ha sido enfático en señalar el grave deber que pesa sobre los católicos al respecto: Cristo es Rey no solo en un sentido espiritual, sino que también temporal, lo que necesariamente “exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos” (Pío XI, Quas Primas N.°33). Es por tanto deber de los católicos, en especial si ellos se encuentran en un régimen de elección directa de sus representantes, que promuevan con su voto y acción a aquellos candidatos -presidenciales y parlamentarios- que de modo claro defiendan y promuevan una concepción cristiana de la sociedad, basada en la Ley Natural y los principios del Evangelio.

Es en este contexto que ponemos a disposición de nuestros lectores, una breve guía preparada por un grupo de laicos (https://parlamento.familiayvida.cl) que nos ha parecido de suma claridad y utilidad, ilustrando ciertos criterios a seguir en el discernimiento de nuestro sufragio para “votar por la familia y por la vida”. El documento se puede descargar e imprimir desde aquí. Cabe recordar que estos principios, denominados como no negociables en el magisterio del Papa Emérito Benedicto XVI, de un tiempo a esta parte han sido gravemente conculcados en nuestro país con iniciativas legislativas tales como la legalización del aborto (sobre la cual ya hemos tratado aquí) y el proyecto denominado de "matrimonio igualitario". Por lo anterior, resulta de suma importancia votar por candidatos -presidenciales y parlamentarios- que de modo claro promuevan la derogación de estas leyes inicuas, para restaurar el orden social gobernado por los principios del Evangelio de Cristo.

En la Fiesta de Cristo Rey en el calendario tradicional, este domingo, hacemos votos a su Deífico Corazón para que ilumine la mente de tantos votantes que en los próximos días decidirán con su sufragio el destino de esta nación. Nos acogemos para ello a la poderosa intercesión de la Santísima Virgen del Carmen, soberana de nuestra patria.


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CRITERIOS PARA VOTAR
POR LA FAMILIA Y
LA VIDA

Pantrocrátor del Frontal de Equius

Guía para la evaluación de quienes serán candidatos en las próximas elecciones, a la luz de los valores del Evangelio y los principios morales de la Ley Natural

PRINCIPIOS GENERALES

1. Los ciudadanos somos moralmente corresponsables por la sociedad en que vivimos, especialmente en una democracia, donde somos convocados a elegir los representantes que van a gobernarnos y legislar en nuestro nombre.

2. Ya que la finalidad del voto es, en última instancia, promover el bien común de la sociedad, la calidad de un candidato no debe medirse en base a su personalidad privada -simpatía, oratoria, capacidad de gestión, etcétera-, sino a su personalidad pública: Los principios y programas que pretende aplicar para promover el bien común.

3. El Catecismo de la Iglesia Católica nos menciona los componentes esenciales del bien común: Los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana (N.° 1907), el bienestar social -que incluye educación, cultura, trabajo, salud, etcétera (N.° 1908)-, la paz y la seguridad ciudadana (N.° 1909). Sólo el orden social que se basa en la verdad y se edifica en la justicia, “es vivificado por el amor” (cfr. N.° 1912).

4. Entre los componentes del bien común, existe una jerarquía: Algunos de ellos son esenciales y no negociables, en tanto que otros son contingentes y permiten diversas propuestas.

5. Los valores no negociables deben primar en las preferencias de un elector católico, porque se trata de derechos inherentes a la persona humana y, por ende, fundamentales para la vida social. Su violación constituye un mal intrínseco, que ningún motivo o circunstancia, por difícil que sea, puede justificar.

6. La posición de un candidato respecto de los valores no negociables debe ser, por lo tanto, el criterio esencial para juzgar su aptitud para desempeñar un cargo público.

7. Los valores no negociables para un elector católico son:

-          la protección de la vida humana inocente desde la concepción hasta la muerte natural;

-     el reconocimiento y la promoción de la estructura natural de la familia, fundada en el  matrimonio entre un hombre y una mujer;

-          la protección del derecho prioritario de los padres a educar a sus hijos.

(Papa Benedicto XVI, discurso a un grupo de parlamentarios europeos, 30-3-2006)

8. Escoger por quien se puede votar es una tarea a veces difícil; pero determinar por quien no se debe votar, resulta fácil: Son todos aquellos candidatos que promueven la violación de valores no negociables, porque ellos son enemigos del bien común y su eventual elección acarrearía graves males.

Principios Morales que obligan a excluir
del voto a los candidatos favorables
al aborto

Pieter Paul Rubens, La Masacre de los Inocentes

1. La regla fundamental de la moral es hacer el bien y evitar el mal, lo que no será posible si no sabemos los bienes que debemos buscar y, sobre todo, los males que debemos evitar sin excepción.

2. La moral católica, basada en los Mandamientos de Dios y en la Ley Natural, es la que nos proporciona los criterios que nos permiten hacer tal discernimiento: “Dios creador es la fuente única y definitiva del orden moral en el mundo creado por Él. El hombre no puede decidir por sí mismo lo que es bueno y malo, no puede conocer el bien y el mal como dioses” (San Juan Pablo II, encíclica Dominum et vivificantem, N.°36).

3. De ahí resulta que la conciencia -dice San Buenaventura- es como un heraldo de Dios y su mensajero, y lo que dice no lo manda por sí misma, sino que lo manda como venido de Dios, igual que un heraldo cuando proclama el edicto del rey. Y de ello deriva el hecho de que la conciencia tiene la fuerza de obligar” (San Juan Pablo II, encíclica Veritatis Splendor, N.° 58).

4. Para votar en conciencia, los electores católicos, debemos primero formarla de acuerdo con las enseñanzas de Cristo y del magisterio perenne de la Iglesia.

5. Las leyes humanas obligan en conciencia sólo en la medida que son justas. Cuando prescriben algo inmoral, no sólo no obligan, sino que es pecado obedecerlas (cf. Act. 5, 29). Es intrínsecamente injusto (es decir, es pecado y grave) promover o elaborar una ley semejante, o votar en su favor.

6. Votar por un candidato -del partido político que fuere-, que promueve la violación de valores no negociables, equivale a hacerse cómplice en la comisión de los pecados que, inevitablemente, resultarán de la aprobación legal de tal violación del orden moral.

7. En el caso reciente de la aprobación del aborto, votar por un candidato abortista, equivale a asociarse en la comisión de lo que la Iglesia ha calificado como “crimen abominable” (Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, N.°51).

REGLAS ELEMENTALES DE
PRUDENCIA A LA HORA DE VOTAR

1. Informarse de la postura de los candidatos respecto de los valores no negociables.

2. No confiar solamente en la afiliación partidaria de los candidatos, ni en lo que dice su propaganda.

3. Si alguno no se ha manifestado, interpelarlo para que exponga públicamente su posición al respecto.

4. Desconfiar especialmente de quienes dicen ser católicos y personalmente contrarios al aborto, pero votaron a favor de esa ley injusta, o no están dispuestos a apoyar su derogación. Quienes tienen un discurso de ese tipo, o bien quieren engañarnos, o tienen un grave problema de personalidad, ya que no se puede contradecir en la vida pública, la fe y la moral que se declara tener en la vida privada.

LA IGLESIA ACONSEJA

Virgen del Carmen, Reina de Chile
(Foto: Aciprensa)

1. “Con sinceridad les decimos a quienes así no procedan [los diputados que no rechacen el aborto], que no será lícito para ningún católico votar por ellos, conforme lo afirman las enseñanzas del Magisterio sobre la ilicitud moral de dar el voto a proyectos o candidatos que favorezcan el aborto: “...ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24-11-2002).

2. “Será nuestra obligación de Pastores advertir a nuestros fieles que, independientemente de las legítimas opciones políticas que cada uno pueda tener, a ellos también les cabrá la prohibición moral de dar el voto a favor de un candidato que haya apoyado el proyecto de aborto. Cosa que nos corresponderá recordar también por ocasión de las próximas elecciones” (+Francisco Javier Stegmeier, Obispo de Villarrica; +Felipe Bacarreza Rodríguez, Obispo de Los Ángeles; +Carlos Pellegrin, Obispo de Chillán; +Jorge Patricio Vega Velasco, Obispo de Illapel; +Guillermo Vera Soto, Obispo de Iquique).

3. “Quienes se hacen cómplices de tal atrocidad [la legalización del asesinato de un inocente] no deben recibir el voto de ningún cristiano, voto que los pueda conducir al desempeño de cargos públicos, a menos que, con anterioridad a las elecciones, hayan manifestado públicamente su arrepentimiento”. (+Jorge Medina Estévez, Cardenal).

4. “¿Qué viene ahora para los que estamos por la vida y la familia y en contra de la cultura de la muerte? Votar sólo por candidatos pro vida dispuestos a derogar la ley del aborto. Si nos duele el dolor de la mujer con embarazo vulnerable y el aborto, a los abortistas les duele el voto” (+Francisco Javier Stegmeier Sch., Obispo de Villarrica).

5. “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente” (Papa Francisco, carta apostólica Misericordia et Misera)


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Para solicitar gratuitamente ejemplares físicos de esta guía, escribir a: parlamentoporlafamiliaylavida@gmail.com

Para mayor información: https://parlamento.familiayvida.cl

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Actualización [4 de noviembre de 2017]: Después de cinco años, la Conferencia Episcopal de Chile ha presentado una carta pastoral intitulada Chile, un hogar para todos. El documento busca entregar lineamientos sobre diferentes temas de actualidad que enfrenta la sociedad chilena, tales como el individualismo, el apoyo que necesita la familia, la coherencia en la defensa de la vida y la reivindicación de la “altísima vocación” de la política, todo ello a tres semanas de las próximas elecciones donde el país ha de elegir Presidente de la República, diputados, la mitad de los senadores y los consejeros regionales. Aquí puede consultarse un resumen de dicha carta pastoral y descargarse sus dos partes. 

jueves, 26 de octubre de 2017

Las fundaciones carmelitas tradicionales


Coro de monjes del Monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo
(Foto: Carmelite Monks)

En este artículo continuamos con nuestra serie sobre las órdenes y familias religiosas tradicionales, dedicándolo especialmente a las fundaciones de espiritualidad carmelita que preservan el rito de Jerusalén, o también llamado rito carmelitano. Para lo anterior, es conveniente explicar brevemente la historia de la Orden Carmelita hasta su reforma impulsada por Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, que dio origen en el siglo XVI a la Orden Carmelita “descalza” o reformada. Esta última adoptó el uso de los libros litúrgicos del rito romano codificados en el Concilio de Trento a diferencia de la Orden antigua que conservó el rito original. Posteriormente, trataremos en términos generales las peculiaridades del rito de Jerusalén o carmelita, que permaneció en uso general en las fundaciones carmelitas “calzadas” o no reformadas hasta la entrada en vigor del Misal romano de S.S. Pablo VI, el cual fue finalmente implementado a comienzos de la década de 1970.

A raíz de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, que declaró la vigencia de los ritos tradicionales de la Iglesia, se ha dado un impulso a la preservación y difusión de esta clase de ritos de antiguo y venerable uso, asociados a una determinada familia religiosa. Así como el rito dominicano (que ya hemos tratado aquí, a propósito de la Fraternidad Sacerdotal San Vicente Ferrer), son cada vez más las fundaciones carmelitas que adoptan los libros litúrgicos propios de su carisma así como aquellas que preservan el rito romano tradicional, algunas de las cuales trataremos al final de esta entrada.

Historia de la Orden Carmelita

Los primeros padres carmelitas se establecieron como eremitas en el Monte Carmelo (Palestina) durante el período de las Cruzadas, venidos a Tierra Santa ya como peregrinos o como caballeros cruzados. Estos monjes adoptaron de particular manera un modelo de vida inspirado en la devoción a la Santísima Virgen María y la vida del profeta Elías, carisma que ha sido transmitido y preservado a las generaciones sucesivas. San Alberto, Patriarca de Jerusalén (1149-1214), por solicitud de San Brocardo, prior del monasterio del Monte Carmelo, redactó la Regla que regiría en lo sucesivo a esta orden contemplativa, estableciendo la forma de vida a través del cual los carmelitas buscan a Dios y la perfección en la vida cristiana. Este breve documento regula los elementos básicos que deben sostener la vida de estos monjes, destacando la estricta obediencia al prior del monasterio, oración individual y comunitaria, votos de obediencia y pobreza, así como un estricto régimen de ayuno y abstinencia. Esta regla fue posteriormente aprobada, sin mayores modificaciones, por los papas Honorio III en 1226 y Gregorio IX en 1229.


Pietro Novelli, La Santísima Virgen María junto a Santos Carmelitas

Con el paso del tiempo y, debido al establecimiento de la dominación musulmana en territorio palestino, la Orden Carmelita se encontró en medio de una feroz persecución, viéndose forzados a abandonar su ubicación original en el monte Carmelo. Hacia el año 1238 estos monjes se trasladaron primero a Chipre y Sicilia, para luego instalarse en el año 1242 en las localidades de Aylesford y Hulne, Inglaterra. A contar de esa fecha, el número de fundaciones y vocaciones a la vida carmelita presenta un desarrollo exponencial en toda Europa, y particularmente en la isla británica. Este incremento está particularmente vinculado al gobierno de San Simón Stock (1165-1265), a quien la Santísima Virgen otorgó el escapulario del Carmen y quien fuera elegido superior de la orden en 1245. Hacia el año 1274 existían más de cuarenta fundaciones entre Inglaterra y Francia, once en España, tres en Escocia, así como otros conventos en Italia y Alemania.


Visión del Escapulario, Santuario de Aylesford, Kent
(Imagen: Catholic Herald)

Debido a su nueva ubicación en Europa y las necesidades evangelizadoras de la Iglesia, nació en esta Orden la intención de renovar su estilo monacal para adaptarlo al de las órdenes mendicantes propias de la baja Edad Media, como la Orden de Santo Domingo y la Orden Franciscana. El Papa Inocencio IV, mediante la bula Quem honorem Conditoris (1274), modificó la Regla de la Orden. Por de pronto, las fundaciones ya no tendrían que estar necesariamente ubicadas en lugares aislados, permitió la recitación del Oficio Divino y relajó las reglas de abstinencia.

Durante los siglos XIV y XV, los Carmelitas, así como otras órdenes religiosas, experimentaron un declive, que hizo imperativa su reforma. En 1432, los Carmelitas obtuvieron del Papa Eugenio IV la bula Romani pontificis, que mitigó la Regla de San Alberto y su modificación de 1247, bajo el argumento de ser extremadamente exigente para los monjes. Los principales cambios corresponden al relajamiento del estricto ayuno impuesto por la regla original y la obligación de permanencia en sus celdas individuales, la autorización para comer carne hasta tres veces a la semana, y el permiso para deambular por los pasillos del claustro. Si bien esta reforma asimiló la Regla Carmelitana a la de otras órdenes mendicantes, constituyó una fuente de tensión al interior de la Orden. Para muchos religiosos significó una pérdida del espíritu y objetivo original de la misma. Fruto de estas tensiones, tres prioratos ubicados en Valais, Toscana y Mantua rechazaron la bula papal y conservaron la estricta observancia de la Regla original. Si bien el papa Eugenio IV reconoció a este capítulo de monasterios como independientes y con el derecho a conservar la observancia a la regla original, fue gracias a los esfuerzos reformadores del beato Juan Soreth (1394-1471), fundador de la Segunda y Tercera orden Carmelitana, que estos monasterios se reconciliarían y reintegrarían la orden original.


José de Ribera, Santa Teresa de Jesús

Sin duda, uno de los momentos más significativos en la historia de la Orden fue la labor reformadora llevada a cabo en España por Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y San Juan de la Cruz (1542-1591). Más que un carisma de reforma o de abandono del pasado, estos santos fundadores y doctores de la Iglesia, buscaron renovar el Carmelo mediante la primacía de su Regla y la vida mantenida por sus eremitas fundadores, entendiendo que un retorno a las primeras fuentes serviría como camino para ascender al Carmelo en la búsqueda de Dios, así como conseguir que esta la Orden se adaptara a los principios establecidos por el Concilio de Trento. En 1580, los Carmelitas Descalzos fueron creados como una provincia separada de la Orden Carmelita mediante el decreto “Pia consideratione” del Papa Gregorio XIII, pudiendo nombrar sus propios superiores y redactar sus propias constituciones. En consecuencia, desde entonces coexisten la Orden Carmelitana no reformada o “calzada”, junto con la Orden Carmelita descalza.

A diferencia de la Orden descalza que se inclinó por adoptar el Misal Romano una vez que este fue Promulgado por San Pío V, la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo conservó el Rito Carmelita hasta la Reforma Litúrgica introducida por el Concilio Vaticano II. En tal contexto, nos centraremos en las Fundaciones que siguen el modelo del Carmelo no reformado, ya que nos permiten ilustrar como el motu proprio Summorum Pontificum facilita la materialización del anhelo de S.S. Benedicto XVI de permitir la coexistencia de ritos al interior de la Iglesia latina, tal como siempre ocurrió en el pasado, en especial, si estos ritos están especialmente vinculados a la espiritualidad particular de una determinada familia religiosa.

El rito carmelita

El rito carmelita, también llamado de Jerusalén o del Santo Sepulcro, se encuentra íntimamente conectado a la influencia latina en territorio palestino durante el tiempo de las Cruzadas. En efecto, sus primeros registros se encuentran en el siglo XII, derivando de la familia galicana del rito romano, probablemente en razón de que una gran parte del clero que acompañó las Cruzadas era originario del reino franco. El lugar donde este se desarrolló como rito independiente también desempeñó un papel importante. Su vecindad con el monte de los Olivos, Betania, Belén, y por supuesto, Jerusalén permitía dar una natural vinculación a los acontecimientos del año litúrgico con los lugares en que estos precisamente ocurrieron y, en consecuencia, originar imponentes ceremonias.


Rito Carmelita

En términos generales, se podría describir el rito carmelita como uno ubicado entremedio de los ritos de la cartuja y el rito dominicano. Presenta en sus orígenes signos de gran antigüedad, como por ejemplo la ausencia de colores litúrgicos, el escaso uso de candelabros (uno durante la Misa rezada, ninguno durante la Misa solemne, usándose ceroferarios con antorchas en su lugar), un uso restringido del incienso, la ausencia de genuflexiones, entre otros. En cuanto a la celebración de la Santa Misa, ésta también presenta ciertas particularidades. Por ejemplo, el altar permanece cubierto hasta la Ante-misa, y se vuelve a recubrir inmediatamente antes de su término. En las fiestas, el Introito se entona tres veces, así como se lee una lectura profética adicionalmente a la Epístola y el Evangelio. El propio de los Santos también presenta importantes variaciones respecto al usado en el rito romano, conmemorando santos vinculados principalmente a Tierra Santa, como los primeros obispos de Jerusalén.

Monasterios Carmelitas tradicionales

1) Monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo (Montañas Rocosas, Wyoming)

El monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo, ubicado en las cercanías del parque nacional de Yellowstone, Estados Unidos, corresponde a una comunidad monástica de estricta clausura fundada en el año 2003, cuyo objetivo es perpetuar este peculiar carisma, de acuerdo con las prescripciones establecidas por la regla carmelita primitiva y la observancia tradicional de los monasterios carmelitas masculinos. En esta búsqueda de la santidad a través del cumplimiento de la regla original, buscan vivir la espiritualidad en la forma que inspiró a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús para su reforma al Carmelo descalzo. Esto incluye la clausura monástica, dos horas diarias de oración contemplativa, estudio, lectura espiritual y trabajo manual, la celebración de la Liturgia y el rezo del Oficio Divino conforme al rito carmelita tradicional.


Monjes en terrenos del monasterio

El monasterio ha recibido un abundante número de vocaciones a la vida religiosa, en la cual el hermano lego santifica su vida a través del trabajo manual y la oración, y el sacerdote adicionalmente mediante la celebración de los Sacramentos, la predicación y la dirección espiritual. En la actualidad, se encuentra en plena construcción un nuevo e imponente monasterio en la diócesis de Cheyenne para acoger a esta comunidad.


Proyecto de nuevo monasterio carmelita en Wyoming
(Imagen: Carmelite Monks)

2) Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (Sao Paulo, Brasil)

Los Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo son un Instituto Religioso de Derecho Diocesano nacido en el año 2002 en la diócesis de Bragança Paulista (Estado de Sao Paulo, Brasil) que adoptó el año 2009, merced de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum los libros litúrgicos propios del rito carmelita. Esta fundación constituye una restauración original del carisma carmelitano de acuerdo con su Regla original. Siguen, en este respecto, el propósito de Santa Teresa de Jesús de vivir íntegramente la regla de San Alberto, siendo sus constituciones las mismas que redactó en el siglo XIX el beato Francisco Palau para la formación de un Carmelo eremítico de España. Así, viven en soledad compartida en pequeñas ermitas alrededor de un oratorio en el que se reúnen para la Santa Misa y el rezo del Oficio Divino.


Monasterio de los Hermanos Ermitaños

Asimismo, junto a esta fundación existe el grupo de las Hermanas Ermitañas de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, que comparte el mismo carisma y espíritu.

martes, 24 de octubre de 2017

John Senior y sus consejos de lectura

La novela El despertar de la señorita Prim admite diversos grados de lectura. Uno de ellos es el que hoy queremos destacar, usando esta obra como carta de presentación de John Senior (1923-1999) y su plan de formación cultural. 

 (Imagen: Planeta)

Senior no aparece mencionado en el libro de Natalia Sanmartín, aunque fueron él y su Programa de Humanidades Integradas los que provocaron la conversión del Hombre del Sillón. Lo sabemos por la respuesta que da su madre cuando la señorita Prim la interroga sobre el origen del peculiar estilo de vida del pueblo de San Ireneo de Arnois. Pero dejemos que sea la misma autora la que nos introduzca a Senior de esta manera oblicua a la que hacemos referencia: 

—¿Cómo se le ocurrió crear la colonia? No todo el mundo se decide a acometer una empresa tan extraordinaria.

La anciana dejó su taza sobre la mesa, echó la cabeza hacia atrás y entrecerró los ojos como si hiciera un profundo esfuerzo por recordar.

—Ojalá lo supiera. En realidad, no creo que hubiese un único factor. Evidentemente tuvo que ver con su encuentro con ese viejo benedictino nonagenario, del que imagino que ya habrá oído hablar.

La señorita Prim se recostó en la butaca y degustó otro sorbo de la bebida que le había servido la dama.

—Recuerdo que acababa de terminar de dar un ciclo de conferencias —continuó ésta—, así que se tomó un descanso para asistir a un seminario universitario en Kansas. Algo descubrió allí, no me pregunte qué. Ese verano viajó a Egipto; después visitó Simonos Petras, en Athos, y también estuvo en Barroux, con los benedictinos. Al regresar me dijo que había decidido vivir unos meses en la abadía de San Ireneo. Figúrese, en un monasterio de benedictinos tradicionalistas; él, que no había pisado una iglesia en veinte años. Creí que no aguantaría; pero un año después me pidió permiso para reabrir la casa, y así empezó esta larga historia. Pero no se extrañe, la vida es sorprendente.


Abadía de Santa Magdalena del Barroux

La bibliotecaria, pensativa, guardó silencio.

—Pero ¿y los niños? —preguntó—. ¿No le preocupa que tenga demasiada influencia sobre los niños?

—¿Preocuparme? —exclamó la anciana con sorpresa—. Mi querida señorita Prim, mis nietos son los únicos niños que conozco que pueden recitar a Dante, a Virgilio o a Racine, que leen textos clásicos en lengua original, que reconocen la mayoría de las grandes piezas musicales con sólo unos cuantos acordes. No sólo no estoy preocupada, sino que estoy orgullosa, francamente orgullosa. Es una de las pocas cosas que apruebo de este retiro eremítico que ha elegido mi hijo y que, no le voy a mentir, detesto profundamente.

—No me refería a la cultura, sino a la religión. ¿No le preocupa que sean, por así decirlo, demasiado religiosos, precozmente religiosos? Ya sabe lo que quiero decir.

La mujer volvió a mirar con incredulidad a la bibliotecaria y, sin mediar respuesta, soltó una alegre carcajada.

—Pero, querida, veo que sabe muy poco sobre la casa en la que vive —dijo con los ojos brillantes por la risa. 

La señorita Prim la miró sin comprender.

—¿Qué quiere decir?

La dama la contempló sonriendo.

—Lo que quiero decir es que no fue mi hijo el que inculcó sus creencias en esas criaturas. Ya había dado algún que otro paso cuando se hizo cargo de ellos tras la muerte de mi hija. Había descubierto la profundidad del pensamiento y la cultura cristiana y disfrutaba extraordinariamente de la belleza del culto. Pero no había dado todavía el paso final; se encontraba, por así decirlo, en el umbral. ¿No comprende lo que trato de decirle? No fue él quien lo hizo, fueron ellos. Fueron los niños, precisamente los niños, los que le guiaron hasta donde hoy está.

En algún momento de su vida, el Hombre del Sillón fue a la Universidad de Kansas y algo descubrió allí. Pero, ¿qué es lo que un hombre que por más de veinte años había abandonado toda práctica religiosa encontró ahí y que lo llevó a un cambio de vida tan radical como irse a vivir a un pueblo autosustentable situado en el faldeo de la colina donde se erige un monasterio benedictino que celebra la liturgia tradicional? La respuesta es un programa de asignaturas optativas llamado The Integrated Humanities Program (IHP), aunque conocido habitualmente como el Pearson integrated Humanities Program, el que fue impartido en la Universidad de Kansas entre 1970 y 1979 por los profesores Dennis Quinn, John Senior y Frank Nelick. 

 Logo del Programa de Humanidades Integradas

El señalado programa, en palabras de Dennis Quinn, tenía el propósito de "enseñar los grandes libros, desde los griegos, pasando por los romanos, la Edad Media, el Renacimiento, hasta llegar a los modernos". La gran meta era insuflar en los estudiantes el sentido del asombro y el amor por la verdad. Junto con estudiar los "grandes libros", los alumnos se reunían para memorizar poesía y cantar canciones folclóricas, recibían lecciones formales de baile y contemplaban juntos las estrellas, esta última una actividad que, en opinión de los fundadores del programa, predisponía especialmente a la actitud de asombro que los griegos  identificaban como el inicio del conocimiento, de la ciencia y especialmente de la filosofía. 

Por desgracia, el gran número de conversiones al catolicismo entre los alumnos que participaron del programa (más de doscientas conversos, de los cuales una treintena se hicieron monjes en la abadía benedictina tradicional francesa de Notre Dame de Fontgombault, volviendo después a Estados Unidos para fundar la abadía de Clear Creek, mientras otros formaron junto a sus familias una pequeña comunidad de familias católicas en Nuevo México) dio lugar a una encarnizada campaña en su contra, incluso con caricaturas en un periódico local (una caricatura mostraba una especie de evolución darwiniana de un hippie que acaba convertido en un monje católico), la que llevó finalmente a que el programa fuera desmantelado por las autoridades universitarias, pese a que un informe interno de la Universidad de Kansas había descartado la acusación relativa a que los profesores del programa realizaran adoctrinamiento religioso dentro del aula de clases. 
 
Caricatura de un periódico local sobre el programa
(Imagen: The Rad Trad)

Entre los alumnos que pasaron por el programa destacan S.E.R. Mons. James Conley, obispo de Lincoln (Nebraska), un converso al catolicismo (John Senior fue su padrino de bautismo); S.E.R. Mons. Paul Coakley, Arzobispo de Oklahoma City (Oklahoma); Dom Philip Anderson, abad del monasterio benedictino tradicional de Nuestra Señora de la Anunciación de Clear Creek; y el Dr. Robert Carlson, fundador del Wyoming Catholic College.

En cuando a la figura de John Senior, probablemente el más destacado fundador del programa, realizó sus estudios en la Universidad de Columbia, donde obtuvo un doctorado en filosofía. Se convirtió y fue recibido en la Iglesia en 1960. Comenzó su carrera académica en la Universidad de Cornell, donde al poco andar sintió que no daba los frutos esperados, por lo cual migró a la Universidad de Kansas, donde comenzó enseñando literatura comparada. Entre sus obras publicadas destacan La muerte de la cultura cristiana (The Death of Christian Culture, 1977) y La restauración de la cultura cristiana (The Restoration of Christian Culture, 1983). De esta última existe una traducción castellana aparecida recientemente en la editorial argentina Vórtice, obra del Profesor Rubén Peretó Rivas, cuyo primer capítulo puede ser consultado aquí. La misma editorial argentina ha publicado la versión castellana de La muerte de la cultura cristiana, la que de momento sólo se encuentra disponible en formato digital (puede ser descargada desde aquí, en tres formatos). La vida de Senior ha sido contada por Dom Francis Bethel, O.S.B., otro monje de la abadía de Clear Creek, en el libro John Senior and the Restoration of Realism


El Prof. John Senior
(Foto: IHP Memorial Fund) 

Este plan de formación, como después dejará dicho Senior en La restauración de la cultura cristiana, abocaba a un re-descubrimiento de la propia fe y suponía la Santa Misa y las prácticas de piedad tradicionales como un elemento esencial: 

Desde el punto de vista cultural, que debo insistir no es algo menor o accidental sino algo indispensable en los medios ordinarios de la salvación, y prescindiendo de las difíciles controversias canónicas y teológicas sobre su licitud o validez, como así también de los aspectos pastorales, debo decir que la Misa nueva, al menos tal como se celebra en los Estados Unidos, es un desastre. Y con el respeto debido a las autoridades, debo dar testimonio público de mis peticiones privadas para que se restaure la gran liturgia gregoriana y tridentina que se celebraba antes: la obra de arte más refinada y más bella que haya existido en el mundo; el corazón, el alma, la fuerza más determinante de nuestra civilización occidental; y la madre nutricia de tantos santos. Los niños católicos formados por lo mejor de la literatura inglesa deben alimentarse al mismo tiempo de las prácticas católicas tradicionales, como el rosario, las visitas al Santísimo o el Via Crucis. 

Finalmente, cabe decir que el Programa de Humanidades Integradas se enmarca dentro del contexto del "Movimiento de los Grandes Libros", el que comenzó en EE.UU. alrededor de las décadas de 1920 y 1930 (con algunos antecedentes previos, como por ejemplo la biblioteca de clásicos publicada por la Universidad de Harvard en 1909, consistente en 51 volúmenes, los que tuvieron gran difusión) como reacción a lo que sus propulsores consideraban una excesiva especialización del conocimiento en el ámbito universitario, la cual, consideraban, había dañado la calidad de la formación académica al privar a los estudiantes del contacto con las grandes obras de la cultura occidental. Se quería así un retorno a la formación clásica de las llamadas artes liberales, con fuertes elementos interdisciplinarios. Uno de los primeros y más destacados exponentes del movimiento fue el Prof. John Erskine, de la Universidad de Columbia. Los programas universitarios de "Grandes Libros", orientados a alumnos de pregrado, se basaban en listados de libros considerados pertenecientes al canon filosófico y literario de Occidente, con énfasis en el acceso de los estudiantes a fuentes primarias, es decir, a los libros mismos, con discusiones abiertas parcialmente guiadas por el profesor o tutor, habitualmente en grupos pequeños. Además, los estudiantes escribían ensayos relacionados con las obras discutidas. En un momento muy difundidos por todo EE.UU., hoy los programas de "Grandes Libros" se ofrecen en pocas universidades; a partir de las "guerras culturales" de las décadas de 1960 y 1970, el movimiento encontró creciente resistencia de parte de quienes propugnaban miradas "multiculturalistas", los cuales le reprochaban un pretendido carácter "eurocéntrico" u "occidentalista".

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La traducción y una advertencia general

Hoy queremos ofrecer la traducción de la lista de libros que el propio Senior proponía como parte de esa restauración de la cultura cristiana a la que llamaba en su obra más celebre, la cual fue publicada como anexo de La muerte de la cultura cristiana. A la auténtica fe sólo se llega asumiendo primero la cultura en su integridad, como manifestación de la realidad humana. La traducción es de la Redacción y ha sido preparada desde el original en inglés accesible aquí. En la versión castellana del libro publicada por la Editorial Vórtice, que puede ser descargada desde aquí, también se encuentra el listado que ahora ofrecemos (pp. 170-185).

Ahora bien, como en toda enumeración, la lista propuesta por Senior tiene el inconveniente de que toma en cuenta preferentemente lo que hay de valioso casi exclusivamente en el mundo angloparlante, mencionando muy pocos autores italianos o españoles e incluso sólo un puñado de franceses. La cuestión de las listas y sus dificultades ha sido abordada por Miguel Sanmartín Fenollera, hermano de la autora de El despertar de la señorita Prim, en su muy recomendable bitácora sobre libros para niños (véase aquí y aquí), donde Senior suele ser citado a menudo.  Recientemente, se han publicado también en castellano otros libros que abordan el tema de los clásicos de la literatura (véase, por ejemplo, Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal, de Nuccio Ordine, publicado por la Editorial Acantilado, y Cita con los clásicos, de Kenneth Rexroth, cuya versión española se debe a la Editorial Pepitas de Calabaza), materia en la cual Pierre Jacomet hizo en su día su aportación con Un viaje por mi biblioteca (publicado inicialmente por la Editorial Andrés Bello y después por Catalonia).  

 Brigit Ganley, El dramaturgo
(Imagen: Harriet Devine's Blog)

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Mil buenos libros
(o “Lo que todo el mundo debiera leer”)

John Senior

El Movimiento “Grandes Libros”, iniciado hace una generación atrás, no es que haya fracasado, sino que se esfumó. Y no por problemas de los libros –que eran, para usar palabras de Matthew Arnold, “los mejor pensados y escritos”-, sino que, como pasa con el buen champán que se embotella en plástico, se desvaneció. Para usar otra imagen: las semillas eran buenas, pero el terreno estaba agotado. Las ideas más fecundas de Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás, crecen bien sólo en un terreno imaginativo saturado de las fábulas, cuentos de hadas, narraciones, rimas y aventuras que han dado origen a los mil libros de Grimm, Andersen, Stevenson, Dickens, Scott, Dumas y otros más. La tradición occidental, al incorporar a sí misma todo lo mejor del mundo greco-romano, nos ha dado los mil buenos libros en preparación para los grandes y para todos los estudios en las artes y las ciencias, sin los cuales tales estudios son inhumanos. El atleta brutal y el esteta afectado adolecen de vicios opuestos a la virtud de lo que Newman llamó el “gentleman”. Todo aquel que estudie alguna arte o ciencia en la universidad, ya sea en las llamadas “artes y ciencias puras” o en las “aplicadas”, descubrirá que ha dado un salto substancial apenas logre reunir un poco de terreno cultural bajo sus pies: crecerá como planta desnutrida a la que, súbitamente, se la fertiliza y riega. Por cierto, la distinción entre “grande” y “bueno” no es absoluta. “Grande” implica una cierta magnitud: se podría decir que Guerra y paz o Los miserables son grandes por su extensión, o Crítica de la razón pura por su dificultad. Los grandes libros exigen reflexión filosófica; en cambio, los buenos libros son populares y atraen sobre todo a la imaginación. Pero naturalmente algunos escritores son ambas cosas, y se puede leer sus obras más de una vez desde diversos puntos de vista. Esto ocurre con Shakespeare y Cervantes, por ejemplo. 

 Jean-Honoré Fragonard, La lectora

Hay un consenso general en que tanto lo “grande” como lo “bueno” sólo se pueden juzgar cuando media cierta distancia. Se puede apreciar y disfrutar las obras contemporáneas, pero no se las puede propiamente juzgar, y así como un principio cualquiera debe estar fuera de la cadena de consecuencias que se derivan de él (como ocurre con el punto en relación con la línea), así también un estándar cultural debe ser ubicado en un tiempo al menos tan separado del nuestro como el que nos separa de nuestros abuelos. Hoy, para nosotros, el punto de separación está constituido por la Primera Guerra Mundial, antes de la cual los automóviles y la luz eléctrica no habían comenzado a dominar nuestras vidas, y la experiencia de la naturaleza no había sido todavía distorsionada por la velocidad y la desaparición de las sombras. Existe una seria controversia (seguramente con argumentos de una y otra parte) acerca de si puede haber en absoluto cultura en una sociedad mecanizada. Cualquiera sea la postura que se adopte en relación con esto, es indudablemente cierto que no podemos comprender lo que está en juego aquí sin un esfuerzo de la imaginación por captar ese mundo que hemos perdido.

Lo que sigue a continuación no es una lista exhaustiva: casi todos los autores han escrito mucho libros, algunos de ellos tan buenos como los que aquí se incluye; y sin duda hay autores de cierta importancia que hemos omitido involuntariamente. Pero esta lista es suficiente para comenzar. Todos encontrarán en ella gran cantidad de libros que no han leído, y todo lo que está en ella es, según consenso general, parte de la cultura normal que resulta esencial para el crecimiento de un angloparlante.

Recuérdese que el punto de vista, en un curso de estudios como éste, es el de un aficionado –un hombre corriente que ama algo y disfruta amándolo-: no es el del experto en tecnología crítica, histórica o textual.  

 Friedrich Frotzel, El antiguo librero (1923)
(Imagen: Curiator)

Se ha dividido los libros (de forma dudosa, a veces, porque algunos están a medio camino entre las categorías) de acuerdo con las etapas de la vida que corresponden a las clásicas “edades” del hombre y que coinciden con las divisiones de la moderna psicología infantil, según las explicaciones de Freud o de Piaget. Y debido a que la vista es el primero de los sentidos y resulta particularmente poderoso en los primeros años, es muy importante procurarse libros ilustrados por artistas que procedan en el sentido de la tradición cultural que estudiamos, tanto en lo que dice relación con una introducción al arte, cuanto con lo que se refiere a la experiencia imaginativa del libro en cuestión. Esto no significa descalificar a los artistas contemporáneos, del mismo modo que la tradición no descalifica los experimentos contemporáneos: por el contrario, uno de los frutos de un curso como éste debiera ser alentar la buena lectura y la buena ilustración. Los estándares no deben jamás ser considerados como restrictivas camisas de fuerza, sino como maestros y modelos para el éxito. La perfección en la ilustración de libros se alcanzó en el siglo XIX con los trabajos de Randolph Caldecott, Kate Greenaway, Walter Crane, Gustave Doré, George Cruikshank, “Phiz”, Gordon Browne, Beatrix Potter, Sir John Tenniel, Arthur Rackharn, Howard Pyle, N.V. Wyeth y muchos otros. El consejo más básico es procurarse una edición decimonónica o un facsímil que, aunque no tan nítido como en el texto impreso, se encuentran disponibles a precios moderados.

Lo que sigue ahora es una lista provisional e incompleta de anotaciones que pueden servir como una primera guía.

 George Dunlop Lesley, Alicia en el País de las Maravillas
(Imagen: Myth & Moor)

Primera infancia (entre 2 y 7 años).

- Esopo. Fábulas.
-Andersen, Hans Christian. Cuentos de hadas.
-Las mil y una noches  (la versión expurgada de Andrew Lang para niños).
-Belloc, Hilaire. Libro de las bestias para los niños inadecuados; Cuentos de advertencias.
-Caldecott, Randolph. Libros de imágenes, 16 pequeños volúmenes.
-Carroll, Lewis. Alicia en el país de las maravillas; A través del espejo. Ilustrados por Tenniel.
-Collodi, Carlo. Pinocho.
-de la Mare, Walter. Ven acá, y Canciones de la infancia.
-Edgeworth, Maria. Asistente del padre; Cuentos morales.
-Ewing, Juliana. Mequetrefe.
-Gesta Romanorum.  Traducido por Swann (facsímiles de estudiante).
-Grahame, Kenneth. El viento en los sauces (ilustrado por Ernest Sheppard).
-Greenaway, Kate. Pastel de manzana; Libro de cumpleañosLas maravillas del jardín; Mamá ganso; Debajo de la ventana; El lenguaje de las flores.
-Grimm. Historias del hogar (ilustrado por Walter Crane).
-Harris, Joel Chandler. Tío Remus.
-Kingsley, Charles. Los bebés del agua.
-Kipling, Rudyard. Precisamente asíLibro de las tierras vírgenes.
-Lamb, Charles. La bella y la bestia; Cuentos de Shakespeare.
-Lang, Andrew. Libro Azul de cuentos de Hadas y otros colores (ilustrado por H.J. Ford).
-Lear, Edward. Tonterías Ómnibus; El búho y el minino (ilustrado por Lear).
-Lofting, Hugh. El Circo del Dr. Doolittle y otros en la serie.
-Milne, A.A. Winnie the Pooh y otros de la serie.
-Mamá Ganso (ilustrado por Ra)
-Perrault, Charles. Cuentos de hadas (ilustrado por Doré).
-Potter, Beatriz. Peter Rabbit y 23 pequeños volúmenes.
-Stevenson, Robert Louis. Jardín de versos para un niño.

La experiencia literaria comienza, para los niños muy pequeños, con la lectura en alta voz que se hace mientras miran las ilustraciones. Pero pueden comenzar a leer por sí mismos algunas historias sencillas que ya han aprendido a querer a una edad muy temprana.

Edad escolar (entre 7 y 12 años).

-Alcott, Louisa May. Mujercitas; Hombrecitos;  otros.
-Aldrich, Thomas Bailey. Historia de un chico malo.
-Burroughs, Edgar Rice. Serie Tarzán.
-Browning, Robert. El flautista de Hamelín  (ilustrado por Kate Greenaway).
-Burnett, Francis Hodgson. El jardín secreto; El pequeño Lord.
-Collins, William. El paseo de John Gilpin (ilustrado por Caldecott).
-Cooper, James Fenimore. Deerslayer y muchos otros.
-Dana, Richard Henry. Dos años al pie del mástil.
-Dickens, Charles. Canción de Navidad; El grillo del hogar; David Copperfield; Oliver Twist (estos últimos pueden ser reservados para los adolescentes o volver a ser leídos).
-Dodge, Maria Mapes. Hans Brinker.
-Defoe, Daniel. Robinson Crusoe.
-Garland, Hamlin. Hijo de la media frontera y otros.
-Hawthorne, Nathaniel. Cuentos de Tanglewood.
-Henty, George.  Cientos de libros para "muchachos".
-Irving, Washington. Bosquejo del libro.
-James, Will Smoky. El llanero solitario; libro de vaqueros, ilustrados por James.
-Kingsley, Charles. Westward Ho, y los demás.
-Kipling, Rudyard. Capitanes intrépidos; Stalky y Co (ilustrado por Millar).
-Longfellow, Henry Wadsworth. Hiawatha, Evangeline.
-Marryat, Frederick. De grumete a almirante; Masterman Ready, y otros.
-Masefield, John. Jim Davis.
-Porter, Gene Stratton. Pecas y otros.
-Pyle, Howard. Robin Hood y otros (ilustrados por Pyle).
-Sewell, Anna. Belleza negra.
-Shakespeare. La comedia de los errores.
-Spyri, Johanna. Heidi.
-Stevenson, Robert Louis. La isla del tesoro, Secuestrado, y otros (ilustrados por N.C. Wyeth).
-Stowe, Harriet Beecher. La cabaña del tío Tom.
-Tarkington, Booth. Penrod y otros de la serie.
-Til Eulenspiegel.
-Twain, Mark. Tom Sawyer; Huckleberry Finn, El príncipe y el mendigo; pero no El yanqui y novelas posteriores.
-Verne, Julio. La vuelta al mundo en ochenta días;  y muchos otros.
-Wilder, Laura Ingalls. La pequeña casa en la pradera  y otros.
-Wyss, Johann. Una familia de Robinsones.

Norman Rockwell, Niño leyendo una historia de aventuras (1923)
(Imagen:  Smithsonian)

Adolescencia (entre 12 y 16 años).

-Bronte, Emily. Cumbres borrascosas.
-Collins, Wilkie. La piedra lunar y otros.
-Dampier, William. Un viaje alrededor del mundo.
-Daudet, Alphonse. Tartarín, Fromont.
-Dickens, Charles. Barnaby Rudge; Nicholas Nickleby; La tienda de antigüedades.
-Doyle, Arthur Conan.  Serie Sherlock Holmes; La Compañía Blanca.
-Du Maurier, George. Trilby.
-Dumas, Alejandro. Los tres mosqueteros y otros.
-Eggleston, Edward. El maestro de Indiana.
-Eliot, George Romola. Adam Bede; El molino del Floss.
-Fabre, Henri.  Selecciones de Recuerdos entomológicos.
-Hughes, Thomas. Días de escuela de Tom Brown; Tom Brown en Oxford.
-Hugo, Victor. Noventa y tres; Los miserables; El jorobado de Notre-Dame.
-Ibáñez, Blasco, Vicente. Sangre y arena; Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
-Le Sage, Alain. Gil Blas.
-Park, Mungo. Viajes por África.
-Parkman, Francis. Oregon Trail.
-Poe, Edgar Allen. Cuentos y poemas.
-Polo, Marco. Viajes.
-Reade, Charles. El claustro y el hogar.
-Rodas, Eugene. Las mejores novelas y cuentos (editado por Dobie).
-Scott, Walter. Ivanhoe, Rob Roy y muchas otras.
-Shelley, Mary. Frankenstein.
-Shakespeare, Willliam. El sueño de una noche de verano, Romeo y Julieta, El mercader de Venecia.
-Sienkiewicz, Henryk. Quo Vadis; A sangre y fuego.
-Swift, Jonathan. Los viajes de Gulliver.
-Wallace, Edgar. Cuatro hombres justos, Sanders del río;  otros.
-Wells, H.G. La máquina del tiempo; El hombre invisible;  otros.
-Wister, Owen. El virginiano.

Juventud (entre 16 y 20 años).

-Austen, Jane. Orgullo y Prejuicio;  y otros.
-Balzac, Honore. Papá Goriot;  y muchos otros.
-Bellamy, Edward. Mirando hacia atrás.
-Bernanos, Georges. Diario de un cura rural.
-Blackmore, Richard. Lorna Doone;  y otros.
-Borrow, George. Romany Rye;  y otros.
-Bronte, Charlotte. Jane Eyre.
-Buchanan, John. Los treinta y nueve escalones;  y muchos otros.
-Butler, Samuel. El destino de la carneErewhon o allende las montañas.
-Cabell, James Branch. Jurgen;  y otros.
-Cable, George Washington. Viejos días criollos;  y otros.
-Cather, Willa. Mi Antonia; La muerte llama al arzobispo;  y otros.
-Chejov, Anton. Cuentos; obras de teatro.
-Chesterton, G.K.  Serie del Padre Brown; Un hombre eterno; El hombre que fue jueves.
-Colon, Cristóbal. Cuatro viajes al Nuevo Mundo.
-Conrad, Joseph. Lord Jim;  y muchos otros.
-Cook, James. Exploraciones del capitán Cook.
-De Maupassant, Guy.  Cuentos.
-Dickens, Charles. La casa desolada; Nuestro común amigo, Martin Chuzzlewit.
-Dostoievski, Fiodor. Crimen y castigo; Los hermanos Karamazov.
-Doughty, Charles. Los viajes por el Desierto de Arabia.
-Fielding, Henry. Tom Jones; Jonathan Wilde.
-Hakluyt, Richard. Viajes al Nuevo Mundo.
-Hawkins, Anthony Hope. El prisionero de Zenda.
-Hawthorne, Nathaniel. La letra escarlata; y otros.
-Irving, Washington. Vida de Colón; La conquista de Granada; La vida de George Washington.
-Jackson, Helen Hunt. Ramona.
-Lagerlof, Selma. Jerusalén. Gosta Berling;  y otros.
-Loti, Pierre. Pescador de Islandia;  y otros.
-Manzoni, Alessandro. Los novios.
-Melville, Herman. Moby Dick; Billy Budd;  y otros.
-Moore, Thomas. Lalla Rookh.
-Morris, William. Noticias de ninguna parte.
-Scott, Robert. La última expedición de Scott.
-Shakespeare, William.  MacBethHamletLa fierecilla domadaComo gustéis.
-Stendhal. Rojo y negro; La Cartuja de Parma.
-Stanley, Henry Morton. Cómo encontré a Livingstone.
-Thackeray, William Makepeace. La  feria de las vanidades; Henry Esmond;  y otros.
-Tolstoi, Leo. Guerra y Paz;  y otros.
-Trollope, Anthony.  La serie Barchester.
-Turgenev, Ivan. Padres e hijos; Nido de hidalgos;  y otros.
-Undset, Kristin. Sigrid Lavransdatter;  y otros.
-Verga, Giovanni. La casa del níspero;  y otros
-Washington, Booker T . De la esclavitud a la libertad

 Knut Ekvall, La lección de lectura

Lectura espiritual (para todas las edades).

La Santa Biblia [...]

[Nota de la Redacción: en el texto original, Senior discute sobre el mérito literario de las dos traducciones inglesas más conocidas, la protestante del Rey Jacobo y la católica de Douay-Rheims. La discusión no parece pertinente en castellano, donde hay muy buenas versiones vernáculas: la de Jerusalén, la Nácar-Colunga, la de la Universidad de Navarra, la de monseñor Juan Straubinger, etcétera]. 

John Bunyan, El progreso del peregrino (Pilgrim's Progress): la obra maestra del protestantismo. 

[Nota de la Redacción: Senior creía que no había que despreciar necesariamente el protestantismo como parte de la formación cultural. Así lo expresaba en La restauración de la cultura cristiana: "Debido a que somos de lengua inglesa y que vivimos en una sub-cultura no católica, es bueno para los niños que conozcan con su imaginación el medio hostil en el que viven, exceptuando por supuesto la burla, la pornografía y la subversión, pero esto no aparece en la literatura infantil clásica. Ella es buena artística, moral y espiritualmente, aunque incompleta"].

San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota: el mejor libro espiritual. 

[Nota de la Redacción: En La restauración de la cultura cristiana, Senior cita especialmente la Regla de San Benito, que aconseja meditar, y las obras de Santa Teresa de Jesús y San Agustín. Por su parte, en La muerte de la cultura cristiana y a propósito del capítulo intitulado "La noche oscura de la Iglesia" da el siguiente consejo sobre la lectura espiritual: "Gracia a Dios hay unos pocos, y unos pocos libros buenos, no difíciles de leer, aunque difíciles de escribir. En primer lugar, Una introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales, y por último, su Tratado del amor de Dios; y en el medio, los cuatro grandes cantos de San Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo, Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva; y los tres de Santa Teresa de Ávila: Autobiografía, Camino de perfección y Castillo interior". En alguna entrada futura esperamos ofrecer a nuestros lectores una lista más completa de recomendaciones de lectura espiritual (véase aquí esa entrada)]. 

Música. 

Aquí se difumina la distinción entre lo “grande” y lo “bueno”, aunque se eviten los extremos de lo difícil y de lo ligero –ni Bach ni Debussy-. El alumno debiera oír sólo una obra por al menos una semana, repitiendo una y otra vez los diversos movimientos o actos hasta que pueda reconocer los temas que se reiteran a medida que se presentan. Es preferible conocer muy bien unas pocas obras que pasearse superficialmente sobre muchas. El siguiente es un buen ordenamiento para los neófitos. 

Beethoven: Concierto para violín

Beethoven: Sinfonía Pastoral

Verdi: Rigoletto. En el caso de una ópera, léase el libreto entero traducido al propio idioma, luego tómese sólo una escena y óigasela varias veces, tratando de seguir las palabras italianas (o francesas o alemanas) y de comprender su significado. Una vez que se ha oído la ópera entera, escena tras escena, selecciónese los grandes momentos –arias, duetos, etcetera-. Es bueno tener dos grabaciones, una de la obra completa y otra de los puntos más importantes.

Puccini: La Bohème

Mozart: Concierto para clarinete; Sinfonía "Júpiter".

Beethoven: Séptima Sinfonía

Brahms: Cuarta Sinfonía

Chopin: Selecciones

Mozart: Música para piano (especialmente interpretada por Walter Gieseking).

(Lo más importante: los estudiantes deberían asistir a conciertos en el lugar donde viven).

Arte.

La serie Civilización de Kenneth Clark. Y lo más importante es visitar museos y salas de exposición. Lord Clark ha publicado un libro con las ilustraciones y los textos de la serie.

[Nota de la Redacción: En 1946 Kennet Clark (1903-1983) se convirtió en profesor de historia del arte en la Universidad de Oxford. Destacó por su actividad como ensayista y divulgador, tanto en libros como en medios de comunicación. En 1969 alcanzó fama internacional con Civilisation: A Personal View, una serie producida por la BBC]. 

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Colofón

Como cierre de este artículo, sirva una cita tomada de una reciente entradas de la bitácora De libros, padres e hijos, que bien puede aplicarse al plan propuesto por John Senior: 

Volvamos a la que era hasta hace poco la existencia cotidiana de la gente, asentada, como decía Chesterton en una vida «digna de vivirse», basada «en costumbres y no en modas, en leyendas y no en rumores, en tradiciones y no en caprichos, en lazos sociales duraderos y arraigados en lugares vivos», y no dejemos que los libros enmudezcan y agonicen, pues con ellos agonizan los hombres. 


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Actualización [29 de noviembre de 2017]: Religión en libertad ha publicado la traducción de la entrevista concedida por Gabriele Finaldi a Catholic Herald. Nacido en Londres en 1965, Finaldi es uno de los grandes especialistas de arte y conservación que existen hoy en el mundo. De origen italiano y polaco, y educado en el catolicismo, ha sido hasta 2014 director adjunto del Museo del Prado de Madrid y desde entonces director de la National Gallery de Londres. En la entrevista habla de la importancia de conocer la Biblia y la tradición cultural para entender completamente el arte, que muestra la fe desde una perspectiva visual. Por eso, se lamenta de que la secularización, la falta de educación religiosa y de la propia fe impidan contemplar en su máximo esplendor las obras que guardan los museos.

Actualización [4 de diciembre de 2017]: La Editorial Vórtice ha publicado ya la traducción española de La muerte de la cultura cristiana, de John Senior. De momento, el libro sólo se encuentra disponible en versión digital, la que es accesible desde este enlace (puede ser descargada en tres formatos)

Actualización [9 de diciembre de 2017]: La bitácora De libros, padres e hijos, citada en el cuerpo de esta entrada, ha publicado un texto intitulado "La cultura familiar cristiana", muy alineada con el pensamiento de John Senior. En ella recomienda la lectura de la vida de los santos, la prácticas de piedad tradicionales, la formación intelectual y moral, y la meditación habitual de la Biblia.  

Actualización [18 de abril de 2018]: La editorial española Homolegens ha publicado igualmente una traducción castellana de La restauración de la cultura cristiana, la cual se encuentra disponible en formato papel y electrónico. 

Actualización [10 de julio de 2018]: Coincidiendo con el verano boreal, Religión en libertad ha publicado una lista con treinta libros recomendados por S.E.R. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián (España), para estas vacaciones. Uno de los libros que figuran en esa lista es La restauración de la cultura cristiana, de John Senior, recientemente publicado en España por la Editorial Homolegens (ver la actualización anterior). 

Actualización [31 de octubre de 2018]: El sitio Infovaticana ha publicado una interesante reseña de Gabriel Calvo Zarraute sobre la traducción de La restauración de la cultura cristiana de John Senior, recientemente publicada en España por la Editorial Homolegens (ver la actualización de 18 de abril de 2018).

Actualización [6 de marzo de 2019]: El sitio Que no te la cuenten ha publicado un listado de libros recomendados según las distintas edades para una formación católica seria, confeccionado por la Provincia argentina de los Padres Escolapios. Se trata de una orden religiosa que, en los últimos años, ha dado una “vuelta de tuerca”, volviendo a sus orígenes con la obligada consecuencia de verse rápidamente bendecidos con nuevas y jóvenes vocaciones y las consiguientes persecuciones.

Actualización [23 de mayo de 2019]: De la forma como lo hizo con La restauración de la cultura cristiana (véase la actualización de 18 de abril de 2018), la editorial española Homolegens ha publicado una traducción castellana de La muerte de la cultura cristiana, con prólogo de Natalia Sanmartín Fenollera, la cual se encuentra disponible en formato papel y electrónico.