sábado, 24 de septiembre de 2016

Los ornamentos e insignias de los obispos (I): el calzado litúrgico, la cruz pectoral y la dalmática y la tunicela

Cuando el obispo celebra pontificalmente, agrega ciertos ornamentos e insignias propias a los seis que le corresponden por el sacerdocio (amito, alba, cíngulo, estola, casulla y manípulo). Ellos son el calzado litúrgico, la cruz pectoral, la dalmática y la tunicela, las quirotecas, el anillo, el solideo, la mitra, el báculo, el gremial y la palmatoria. En el caso de los metropolitanos, debe agregarse el palio. 

Misa Pontifical (Usus antiquior) celebrada por S.E.R. Mons. Alexander Sample, Arzobispo de Portland, Oregon (Foto: New Liturgical Movement)

 Misa Pontifical (Novus Ordo) celebrada por S.E.R. Mons. Antônio Carlos Rossi Keller, obispo de la diócesis de Frederico Westphalen (Brasil)

Al llegar a la sacristía, la capa magna que porta el obispo (prenda que hemos tratado aquí) es removida, para lo cual está prevista la siguiente oración: "Exue me, Domine, veterem hominem cum moribus et actibus suis: et indue me novum hominem, qui secundum Deum creatus est in justitia, et sanctitate veritatis" ("Desnúdame, Señor, del hombre viejo con sus costumbres y actos y revísteme del hombre nuevo, que ha sido creado según Dios en la justicia y en la santidad de la verdad). 

El revestimiento del obispo para la celebrar pontificalmente comienza con el calzado litúrgico, el que se compone de dos partes: una interior y otra exterior. 

La parte interior son las cáligas, que es el término con que se mienta cada una de las polainas o medias que usaron los monjes en la Edad Media y posteriormente los obispos. Consta por los monumentos que en origen ellas fueron blancas y se hacían generalmente de lienzo hasta al menos el siglo X, cuando toman el nombre con que hoy se las conoce. Desde el siglo XIII se usan de seda de color, ya de punto, ya de piezas de estofa convenientemente cortadas y cosidas. 

La parte exterior del calzado corresponde a las sandalias. En un principio, ellas eran propias de los cortesanos. Después pasaron a la jerarquía de la Iglesia, sobre todo durante la dominación bizantina de Italia. Los mosaicos de Ravena muestran al obispo Maximiano y a un diácono con ricas sandalias. Para quienes no era obispos siempre se consideró su uso como un privilegio especial concedido por rescripto papal a ciertos abades, presbíteros o diáconos. Así, por ejemplo, San Gregorio Magno las prohibió para los diáconos de Catania, señalando que que predecesores sólo las habían concedido a los de Mesina.  

Hasta el siglo XI las sandalias tuvieron una forma parecida a unas alpargatas abiertas y se ataban con finas correas. Desde entonces, fueron cerrándose y elevándose más y más sobre el pie quedando del todo cerradas y altas, como ocurre durante los siglos XIII y XIV. Después se han usado bajas y algo abiertas. En su origen, este calzado sólo se fabricaba en cuero, pero desde el siglo XII aparecen con frecuencia confeccionadas en ricas telas, incluso recamadas en oro y piedras preciosas, conservándose el cuero para la suela (a veces ella ella de tabla y luego recubierta en cuero). Pronto se fabricaron siguiendo el color litúrgico del día. 

En la actualidad, el obispo viste estas piezas cuando participa en la Misa solemne cantada por él mismo, excepto en la Misa de difuntos y en el Oficio de Viernes Santo. Su uso no está previsto, empero, para la forma ordinaria. Ellas representan el celo que debe tener el obispo por predicar el Evangelio, y la protección divina de la cual tiene necesidad para ser fiel al cumplimiento de su misión. 

Al vestirse con este calzado, el obispo recita la siguiente oración: "Calza, Señor, mis pies para preparar el evangelio de la paz y protégeme a la sombra de tus alas".

 Sandalias pontificales

 Juego de cáligas y sandalias pontificales

Al comenzar una Misa Pontifical (Usus antiquior), el Arzobispo de Cebu (Filipinas), S.E.R. José S. Palma, es revestido con las cáligas
(Foto: New Liturgical Movement)
 
La cruz pectoral pontifical es un tipo de cruz episcopal que se utiliza exclusivamente durante las ceremonias litúrgicas. Generalmente está ricamente adornada o enjoyada. Cuelga de un cordón de seda (crucicordio) cuyo color varía según la dignidad del que la lleva: éste es verde con hilos de oro en el caso de los obispos y arzobispos; rojo con dorado para los cardenales; y todo de hilos de oro para el Papa. 


El Cardenal Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago de Chile, y los canónigos de la Catedral Metropolitana con hábito coral y cruz pectoral. 

Existe también otra cruz pectoral llamada sencilla. Ella es la usan habitualmente el Papa, los obispos, abades y otros prelados revestidos de dignidad colgando del cuello con una cadena y como parte de su traje diario o hábito piano (véase aquí el pronunciamiento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos)


El Papa Francisco con la cruz pectoral sencilla colgando de una cadena

Probablemente, la cruz pectoral procede de los eucoplias, o láminas de metal en forma de cruz que contenían reliquias de mártires, cosas santas, sentencias de los Evanmgelios,  jaculatorias o incluso reliquias de la Veracruz. Los obispos solían llevar estas eucoplias. Se sabe que las usaron San Gregorio de Tours, San Gregorio Magno, San Aidiano, Rotadio de Soissons y Elfego de Caterbury. Como ornamento litúrgico del Papa es mencionada por primera vez por Inocencio III. Mucho antes, sin embargo, era ya usada por obispos y abades. 

El obispo viste la cruz pectoral como insignia sobre el alba y después de haberse atado el cíngulo y de colocada la estola. Al ponérsela reza la siguiente oración: “Dígnate, Señor Jesucristo, protegerme de todas las trampas mis enemigos por el signo de tu Santísima Cruz: y dígnate concederme a mí, tu siervo indigno, que esta cruz que tengo sobre mi pecho con las reliquias de tus santos en su interior, me permita tener siempre en mi mente el recuerdo de tu pasión y las victorias de los santos mártires”.

Conforme al Ceremonial de los obispos, la cruz pectoral se usa siempre debajo de la casulla o de la dalmática o del pluvial, pero sobre la muceta cuando corresponde (núm. 61). Pese a esta disposición, muchos obispos usan la cruz pectoral sobre la casulla. En 1997 se consultó a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos si era lícito que los obispos usasen la cruz pectoral sobre la casulla, como ocurre en la liturgia ambrosiana y en las orientales. El dicasterio consultado respondió en sentido afirmativo, indicando que podían hacerlo para distinguirse de los presbíteros concelebrantes. Con todo, previno que se trataba sólo de una posibilidad, pudiendo usarse la cruz pectoral conforme establecen las rúbricas (véase aquí el texto de la respuesta). 

 Cruz pectoral pontifical de obispo

La dalmática y la tunicela son las vestimentas litúrgicas exteriores del díacono y el subdiácono respectivamente. De ellas hemos tratado previamente en esta entrada. Ahora bien, en la Misa pontifical ambos ornamentos son vestidos por el obispo bajo la casulla, para indicar que en él reside la plenitud del sacerdocio (Rubricarum Instructum, núm. 134, 135 y 137). Ellas son igualmente del color litúrgico del día y deben usarse cada vez que utiliza el calzado litúrgico. Dado el peso que significaría que el obispo vistiera tres ornamentos ricamente acabados, la dalmática y la tunicela del obispo son réplicas en seda delgada y sin forrar de aquellas que portan el diácono y el subdiácono. Al vestirlas, el obispo reza la siguientes oraciones: "Tunica jucunditatis, et indumento laetitiae induat me Dominus" ("Que el Señor me revista con la túnica de gozo y con el ornamento de la alegría", al vestir la tunicela), e "Indue me, Domine, indumento salutis et vestimento laetitiae; et dalmatica justitiae circumda me semper" ("Revestidme, Señor, con el ornamento de salvación y con la vestidura de la alegría, y cubridme para siempre con la dalmática de la justicia", al ponerse la dalmática).

S.E.R. el Cardenal Burke es revestido para la celebración de una Misa pontifical en el usus antiquior

jueves, 22 de septiembre de 2016

50 años de Magnificat: la entrevista publicada en Paix Liturgique

El prestigioso sitio tradicional francés Paix Liturgique ha publicado una entrevista al Presidente de nuestra Asociación, el Prof. Dr. Julio Retamal Favereau, la que a continuación reproducimos con algunos pequeños retoques de edición para nuestros lectores. 

Agradecemos cordialmente a nuestros queridos amigos de Paix Liturgique por el incansable apoyo que, pese a la inmensa distancia geográfica que nos separa, le han prestado en los últimos años al modesto apostolado que nuestra Asociación realiza en Santiago de Chile en favor de la Misa tradicional. Recordemos que el año pasado estuvieron presentes en el primer Congreso Summorum Pontificum realizado en Santiago de Chile y dedicaron después una emotiva entrada en su página, de la que dimos cuenta aquí

***


"Nunca pensamos que la celebración de la Misa Tradicional podía desaparecer"

Entrevista con el Profesor Dr. Julio Retamal Favereau, Presidente de la Asociación litúrgica Magnificat - Una Voce Chile. 


"Hace también cincuenta años, un domingo como hoy, 7 de agosto, en esta misma iglesia capitalina de Nuestra Señora de la Victoria, entraban el Rvdo. Padre Miguel Contardo SJ, quien esta mañana nos acompaña en el coro, y nuestro querido y respetado presidente, el Dr. Julio Retamal Favereau, para iniciar, con la asistencia del Buen Dios, una aventura que llega hasta nuestros días. Su propósito era claro y firme: mantener la celebración de la Santa Misa romana en su forma tradicional, y con ella, conservar y transmitir todo el patrimonio de la tradición católica unido a ella para beneficio de las generaciones futuras. En medio de la desolación eclesial había que proteger ese fuego sagrado para que no se extinguiera. Para que no fuera robado por maleantes, como narra el Evangelio de este domingo".

Rvdo. Milan Tisma, capellán de Magnificat, homilía de la XII Domínica después de Pentecostés con ocasión del quincuagésimo aniversario de la Asociación (7 de agosto de 2016) [Nota de la Redacción: esta homilía fue reproducida íntegra en esta entrada]


***


En el mes de agosto de 2016, Santiago de Chile ha sido la sede del segundo congreso Summorum Pontificum celebrado en el país. Este acontecimiento señalaba el quincuagésimo aniversario de la fundación de la Asociación Magnificat, el capítulo chileno de Una Voce y constituido como corporación cultural desde 2014. Hemos pedido a uno de sus fundadores, y actual presidente, don Julio Retamal Favereau, profesor universitario y diplomático, que nos la presente.

Julio Retamal como maestro de ceremonias durante una Misa Solemne celebrada por Magnificat en 1973.

1) Don Julio, ¿en qué condiciones ha surgido la Asociación Magnificat?

Como alumno de doctorado en la Universidad de Oxford, conocí la belleza de la gran liturgia solemne en la capellanía católica de la universidad. Por aquellos años en Chile no se celebraban Misas solemnes sino muy de tarde en tarde.

El Concilio Vaticano II, como se sabe, modificó la celebración de la Misa tradicional e introdujo formas, palabras y actitudes nuevas en ella. Luego del fin del Concilio, sucesivas comisiones vaticanas ahondaron las innovaciones y llegaron a extremos no sospechados, que comenzaron a alterar a los fieles -cultos o sencillos- en el sentido de pérdida del sentido sagrado, teológico, y de respeto y orden en las celebraciones.

Luego de recibido mi grado de Doctor, en 1964, volví a Chile y me encontré con que en este país, contrariamente a Inglaterra, ya se habían introducido cambios enormes en la liturgia. Se había quitado el Santísimo del ábside y el sacerdote se había dado vuelta, celebrando sobre una mesa. Se habían traducido muchos textos a un mal castellano y todo el ambiente carecía de sacralidad, de belleza y, especialmente, de misterio.

En esas circunstancias, sabiendo que en Francia en ese momento se agrupaban los tradicionalistas en asociaciones como Una Voce, nos reunimos algunas personas para defender la Misa tradicional. Durante el fin de 1964 y todo el año de 1965, buscamos apoyo, iglesia y sacerdotes. Las autoridades no pensaban sino en las modificaciones de la Misa. De manera que, el primer domingo de agosto de 1966, logramos celebrar la primera Misa del actual rito extraordinario, abierta al pueblo, en la Capilla de las Monjas Clarisas de la Victoria, en Santiago.

2) ¿Cuál ha sido su forma de actuar?

En estos 50 años de vida como Asociación hemos tenido muchos momentos de desaliento y prohibición, pero Dios ha querido que estemos aún en la batalla.

Mantuvimos la celebración de la Misa tradicional, al comienzo todos los domingos, más tarde, cada 15 días y, durante años, una sola vez al mes. Hubimos de cambiar muchas veces de celebrante y de iglesia, por motivos de la más variada índole. Nuestro peor período fue el transcurrido entre mediados de 1976 y 1980, en que las celebraciones fueron ocasionales y, a veces, en lugares como hoteles o centros de reuniones. A partir de comienzos de 1980 volvimos a tener iglesia gracias a una congregación chilena de religiosas. Luego de la declaración papal de 1984 [la carta Quattuor Abhinc Annos], comenzamos a usar la capilla de la Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile [Nota de la Redacción: véase la entrada que publicamos aquí].

Siempre tuvimos sacerdotes que nos apoyaron y celebraron la Misa, generalmente con permiso de sus superiores.

3) ¿Alguna vez creyó que la Misa tradicional desaparecería para siempre?

Siempre defendimos la celebración de la Misa completa, no como una mera defensa del latín y el canto gregoriano, sino como una expresión integral de la fe católica. Sin embargo, nunca acusamos a la Nueva Misa de ser inválida. De hecho, la inmensa mayoría de los sacerdotes que nos ayudaron, han celebrado siempre las dos Misas.

Por otro lado, nunca pensamos que la celebración de la Misa Tradicional podía desaparecer. Habría sido poner en duda la acción del Espíritu Santo y haber perdido la virtud teologal de la Esperanza.

4) ¿El motu proprio de Benedicto XVI ha modificado la situación litúrgica en vuestro país y, por tanto, la acción de la Asociación Magnificat?

Sí. El motu propio de S.S. Benedicto XVI cambió nuestra situación. Las autoridades eclesiásticas nos reciben y, en general, nos dejan actuar. Nadie nos ignora o nos condena como "desobedientes". Nuestras grandes ceremonias las anunciamos en los periódicos y nadie nos molesta. Es verdad que no muchos nos reciben de buena gana, pero al menos están obligados a respetarnos como una parte más de la Iglesia. Asimismo, mantenemos relaciones con el Sr. Cardenal y la Curia en general.

El Rvdo. Milan Tisma, capellán de la Asociación Magnificat, con el Cardenal Jorge Medina en la sacristía tras la Misa pontifical de 2008

Una muestra de esto es la celebración del congreso Summorum Pontificum, que comenzó el año pasado por iniciativa de tres sacerdotes. En esta oportunidad decidimos organizar una segunda versión como parte de los festejos por nuestros cincuenta años, con presencia de dos invitados extranjeros. Gracias a Dios tuvimos una muy buena acogida de los fieles durante los tres días de congreso, que concluyeron con una Misa solemne con la iglesia llena. 

5) Contrariamente a lo que pensaban sus detractores, la liturgia tradicional es particularmente apreciada por los jóvenes católicos. ¿Esto lo sorprende?

Sí, también nosotros contamos con gente joven, a pesar de que somos una minoría dentro de una minoría. Siempre hay jóvenes que aprecian lo sacral, lo mistérico (en el mejor sentido de la palabra) y lo bello.

6) ¿Cómo consideran el futuro?

Nunca volveremos a ser mayoría. Pero, poco a poco, iremos juntando y coordinando a los que necesitan el orden litúrgico, la disciplina y el esfuerzo espiritual, tan perdido en el mundo de hoy. Por encima de todo, la continuidad de la Misa de siempre está asegurada, por lo menos en términos puramente humanos.

7) ¿Una palabra de conclusión?

Luego de cumplir 50 años en la lucha, podemos comprobar que Dios no abandona a los que esperan en Él en todos los aspectos de la vida sobrenatural.

Solo Él conoce el futuro, pero "los suyos sí le recibieron" y esperan presentarse ante Él con la conciencia de una tarea cumplida, con Su ayuda y con el esfuerzo nuestro.

Sacerdotes y monaguillos participantes de la Santa Misa celebrada con ocasión del cierre del II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

Nota de la Redacción: La primera fotografía corresponde a aquella utilizada en el artículo de Paix Liturgique, con su referencia original. Las otras dos provienen del archivo fotográfico de la Asociación. 

martes, 20 de septiembre de 2016

A vueltas con el núm. 299 de la Instrucción General del Misal Romano

Volvemos una vez más sobre el núm. 299 de la Instrucción General del Misal Romano (OGMR por sus siglas en latín), referido a la orientación del sacerdote en la celebración de la Misa conforme al misal reformado. En esta ocasión queremos ofrecer a nuestros lectores dos traducciones del inglés de textos del Rvdo. John Zuhlsdorf aparecidos hace ya diez años, cuyas versiones originales pueden ser consultadas aquí y aquí. La traducción es de la Redacción. 


El Rev. John Zuhlsdorf (al centro)

***

¿Qué dice realmente el núm. 299 de la Instrucción General del Misal Romano?


P. John Zuhlsdorf

Para quienes tienen poco tiempo para leer las cosas in extenso, permítanme el siguiente resumen: durante décadas el establishment litúrgico ha actuado como si el Concilio hubiera exigido la abolición del latín y la supresión del altar versus Deum, reemplazándolo por los altares islas. Y ha impuesto, injusta e incorrectamente, la percepción errónea de que la Misa debía ser celebrada “de cara al pueblo”. Al mismo tiempo, se ha referido a las celebraciones ad orientem con la descripción supremamente superficial de “Misa con el sacerdote de espaldas al pueblo”. Se ha realizado algunos buenos esfuerzos en los últimos años para reabrir nuevamente el debate y reflexionar sobre este tema de un modo más ponderado.

En una entrada anterior dije que me había preocupado de la presentación de la versión italiana de Volverse hacia el Señor, de Uwe Michael Lang [Nota de la Redacción: el título es el empleado por la traducción española, que fue publicada por Ediciones Cristiandad en 2007]. Ahí mencioné la controversia sobre el malhadado núm. 299 OGMR de 2000 (que se aplica al Misal Romano de 2002). El citado núm. 299 se refiere a la posición del altar en el presbiterio.


He aquí algo que escribí respecto a esto en The Wanderer del V Domingo de Pascua de 2002 Esto da una idea del problema y de cómo la mala comprensión del tema del altar puede tener gravísimas consecuencias.

En mi blog What does the prayer really say?, dije la semana pasada dije que podríamos revisar la controversia sobre la traducción del núm. 299 OGMR actualmente vigente, que se refiere a la posición del altar y a la orientación para la celebración de la Santa Misa. Trasfondo: La Conferencia de los Obispos de los Estados Unidos emitió el 16 de noviembre de 2000 un documento denominado “Hecho de piedras vivientes: arte, arquitectura y culto"[Built of Living Stones]. Este documento tuvo el propósito de reemplazar la horrible declaración de 1978 sobre “Ambiente y arte en el culto católico” [Environment and Art in Catholic Worship], que sirvió de fundamento para la “denovación” [Nota de la Redacción: neologismo que parece mentar el fenómeno que se denomina en inglés wreckovation] de innumerables iglesias, aun cuando no tenía autoridad alguna. El texto de 2000 contiene una sección sobre la ubicación del altar en que cita a el núm. 299 OGMR de 2002 (téngase presente que lo que aquí llamo OGMR de 2002 fue publicada en latín en 2000, mucho antes de la publicación del Misal Romano de 2002) con la siguiente traducción incluida en la nota al pie núm. 75:

“En todas las iglesias debería existir normalmente un altar consagrado fijo, que debiera estar aislado para permitir que los ministros se desplacen alrededor de él con facilidad y que la Misa pueda ser celebrada en él de cara al pueblo, cosa que es de desear cada vez que ello sea posible […]”.

En el National Catholic Register del  7 al 14 de abril de 2002 aparece una declaración en el sentido de que, de acuerdo con la nueva OGMR, ahora es preferible que la Misa se celebre “de cara al pueblo”. Si el Register cometió este error, parecería que la mala traducción del núm. 299 OGMR usada por los obispos estaba causando serios daños. Examinemos el núm. 299. La última vez que lo examinamos en detalle fue en el tercer artículo de What does the prayer really say? del 2° domingo de Adviento de 2000. El texto latino de dicha norma es el siguiente: 

“Altare maius extruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile sit”.

La traducción hecha en "Hecho de piedras vivientes..." es defectuosa. El traductor no vio que quod se remite a la cláusula principal de la oración.  El traductor de los obispos cayó en el error común de traducir del latín palabra por palabra, en lugar de leer la oración entera. Y así presentó al núm. 299 OGMR como diciendo que se prefiere, o incluso se exige en la ley misma, que la Misa se celebre de cara al pueblo. Pero el citado núm. 299 OGMR no dice esto en absoluto, sino que dice lo siguiente:

“El altar principal debiera construirse separado de la pared, cosa útil siempre que sea posible, de modo que se pueda con facilidad caminar alrededor de él, y que se pueda realizar una celebración de cara al pueblo”.

El núm. 299 OGMR explica así la distancia de la separación con respecto a la pared:  que sea suficiente para que pueda usarse desde cualquiera de los dos lados, y no que haya  sólo unos dos o cuatro centímetros de separación. En la versión latina no se alude para nada a que la Misa deba ser celebrada versus populum. Sólo considera que ello podría ser y, por lo demás, no lo dice en términos absolutos. Lo que hace que esto sea problemático es que el 25 de septiembre de 2000 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó una aclaración (Prot. N° 2036/00/L) acerca del núm. 299 de la nueva OGMR en latín [Nota de la Redacción: su texto fue reproducido en español en una entrada anterior]. Dicha aclaración dice:

“La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha sido consultada sobre si la expresión en el núm. 299 de la Institutio General Missalis Romani constituye una norma de acuerdo con la cual la posición del sacerdote “versus absidem” [de cara al ábside] está excluida. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, luego de madura reflexión y a la luz de los precedentes litúrgicos, responde: Negativamente, y de acuerdo con la siguiente explicación”.

Santa Misa celebrada ad orientem por el Papa emérito el 28 de julio de 2015 junto a los sacerdotes de la parroquia Santa Ana del Vaticano, quienes asisten al coro (Foto: Catholicvs).

La explicación incluye diversos elementos que hay que tomar en cuenta. Primero, la palabra “expedit” no significa una estricta obligación sino una sugerencia que se refiere a la construcción del altar “a pariete seiunctum” (separado de la pared). No exige, por ejemplo, que los altares ya existentes sean alejados de la pared. La frase “ubi possibile sit” (donde sea posible) se refiere, por ejemplo, a la topografía del lugar, la disponibilidad de espacio, el valor artístico del altar existente, la sensibilidad del pueblo que participa en las celebraciones en una iglesia determinada, etcétera.

Claramente, continúan las dificultades para producir traducciones confiables de los textos latinos. Este error específico demuestra que necesitamos una traducción buena y exacta de la OGMR de 2000, actualmente vigente, y la necesitamos AHORA. ¿Es una exageración creer que la Santa Sede publicó en 2000 la nueva OGMR que apareció con el Misal Romano de 2002 a fin de que pudiéramos procurarnos una buena traducción para tenerla a mano en el momento en que entrara en vigor? Los textos de la nueva OGMR en latín y de "Hecho de piedras vivientes..." están disponibles en el sitio web de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos.

En la presentación del 27 de abril de 2006 de la edición italiana del libro de Lang Volverse hacia el Señor, hay un prefacio de Joseph Cardenal Ratzinger. El entonces Cardenal Ratzinger se detuvo precisamente en el tema de la traducción del núm. 299 OGMR, dejando en claro, de acuerdo con la Congregación, que “la palabra “expedit” (es de desear) no impone ninguna obligación, sino que es una simple sugerencia”.

En el primer capítulo de su libro, Lang nos muestra el origen de ese párrafo de la OGMR, señalando también como fue aplicado o, más bien, mal aplicado en las décadas que siguieron a la reforma postconciliar de la liturgia. Se trata de un elemento muy útil.

 El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müler, celebrando la Santa Misa (Novus Ordo) ad Orientem
(Foto: Hoc Signo)


***


El núm. 299 de la Instrucción General del Misal Romano ha sido mal traducido 

P. John Zuhlsdorf


He recibido algunos correos y comentarios acerca de mi nota sobre la versión en latín del núm. 299 OGMR y su traducción el inglés.

En uno de ellos, Paul B. me preguntó: “Sólo por representar el papel de abogado del diablo… ¿no podría la palabra “quod” ser entendida no como un pronombre relativo neutro (“lo cual”) sino como la conjunción “porque”…? Esto le daría peso a la traducción de los obispos en "Hecho de piedras vivientes..." y prestaría más fuerza a su programa “de cara al pueblo”.

Aunque estoy bien seguro de que yo había traducido correctamente (es decir, que “quod” se refiere a todo lo que lo antecede), consulté al P. Reginald Foster, OCD (Secretario de Latín de Su Santidad en la Secretaría de Estado) acerca del núm. 299. Tal como yo había supuesto, el “quod” se refiere a lo que lo antecede. No es “porque”. Léase nuevamente el texto en latín.

Latín: “Altare maius exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile sit”.

Traducción de "Hecho de piedras vivientes..." (que es ahora la traducción inglesa de la OGMR): “El altar debiera construirse separado de la pared, de tal modo que sea posible caminar a su alrededor y se pueda celebrar la Misa de cara al pueblo, lo que es deseable cada vez que sea posible”.

El problema con la traducción de la OGMR es que da la impresión de que es la celebración versus populum lo que es deseable, y no la separación del altar de la pared.

Mi versión: “El altar principal debiera construirse separado de la pared, cosa útil siempre que sea posible, de modo que se pueda con facilidad caminar alrededor de él, y que se pueda realizar una celebración de cara al pueblo”.

La versión latina no dice que las celebraciones versus populum sean deseables. Lo que dice es que es deseable (o útil o conveniente) la separación del altar de la pared siempre que sea posible. La cláusula “ut” explica cuán lejos de la pared debiera estar el altar explicando la razón para la separación de la pared: debiera estar suficientemente lejos de la pared para que cualquier pueda caminar alrededor del altar, de modo que si hubiera una celebración de la Misa versus populum, el sacerdote tenga suficiente espacio.

En otras palabras, puesto que “separado” podría significar, en estricto rigor, que estuviera a sólo un centímetro de la pared, el párrafo aclara más acerca de la distancia: suficientemente separado como para que la Misa pueda ser celebrada versus populum. Además, la separación de la pared no es obligatoria. Es conveniente o deseable siempre que sea posible. No es obligatoria (ni tampoco lo es, por cierto, la celebración de la Misa versus populum).


Santa Misa celebrada ad orientem según el misal reformado por Monseñor Mario Olivieri, Obispo de Albenga-Imperia, el pasado 12 de septiembre de 2016 en el Santuario del Santísimo Nombre de María, en Imperia, Italia (Foto: Acción litúrgica)

Hay una serie de razones por las que podría no ser posible separar un altar de la pared. Por ejemplo, podría tratarse de un altar de importancia histórica. Podría ser que la arquitectura de la iglesia es tal que cambiar el altar lo dejaría fuera de foco. Podría ser que no hubiera en el presbiterio espacio suficiente si la mensa (o mesa) del altar fue desplazada hacia adelante. Quizá en tal caso se tomará la decisión de celebrar la Misa ad orientem y no versus populum. Todas estas razones son perfectamente aceptables. Se puede pensar también en otras. Además, no es obligatorio cambiar el altar existente. Todo esto se aplica a una construcción nueva.

La traducción oficial da la impresión de que lo que el núm. 299 OGMR exige es la celebración versus populum, y no la separación del altar “siempre que sea posible”. Léase la traducción de la IGMR nuevamente: “El altar debiera construirse separado de la pared, de tal modo que sea posible caminar a su alrededor y se pueda celebrar la Misa de cara al pueblo, lo que es deseable cada vez que sea posible”.

¿Acaso no da la traducción del núm. 299 OGMR esta impresión?

Nota de la Redacción: Más información en inglés puede ser consultada desde el siguiente enlace

domingo, 18 de septiembre de 2016

Las Misas rodantes del "Padre Tocino"

El sacerdote premostratense Werenfried van Straaten (nacido Philipp van Straaten en 1913 en Mijdrecht, Países Bajos, y muerto en 2003 en Bad Soden, Alemania) es especialmente recordado por su infatigable labor en pos de la reconciliación europea luego de la Segunda Guerra Mundial y por las campañas de ayuda que organizó para aliviar primero los sufrimientos de los catorce millones de alemanes expulsados de los antiguos territorios orientales del Reich alemán, seis millones de ellos católicos, y luego de los cristianos perseguidos en Europa oriental.

El P. van Straaten

Recolectó así a partir de 1947 entre granjeros holandeses, belgas y luxemburgueses alimentos para los refugiados alemanes, lo que le valió el apodo de "Padre Tocino" (Spekpater, en neerlandés). Sus esfuerzos se enfrentaron en un comienzo a los naturales resentimientos de la población flamenca hacia quienes apenas dos años antes eran el enemigo. El Padre van Straaten pudo sin embargo vencer rápidamente estos resquemores a través de intensa predicación y numerosos viajes, logrando despertar entre holandeses y belgas el perdón y la caridad cristiana. Fue de esta manera fiel al lema de su orden, conforme al cual hay que estar siempre preparados para las buenas obras (Ad omne opus bonum parati).

 El P. van Straaten reúne víveres para ir en ayuda de los desplazados alemanes

El Padre van Straaten se preocupó no solamente del bienestar físico de los refugiados alemanes, sino que, a diferencia de lo que tristemente ocurre muchas veces hoy en día, tuvo entre sus principales preocupaciones la salud espiritual de los seis millones de católicos desplazados, muchos de los cuales habían sido reubicados en la zona de Alemania ocupada por los Aliados Occidentales en territorios protestantes, sin iglesias ni sacerdotes que pudieran atender sus necesidades espirituales. 

Es así que fundó el proyecto "Un vehículo para Dios" (Ein Fahrzeug für Gott), el que logró reunir buses y camiones para transformarlos en capillas rodantes que pudieran llegar hasta los católicos desplazados en la Diáspora, con sacerdotes voluntarios que celebraban la Santa Misa para ellos. A modo de ejemplo, en el año 1954 la misión disponía de 28 vehículos-capilla, los que realizaban recorridos que duraban meses y eran atendidos por 169 sacerdotes, 82 de ellos alemanes, 41 holandeses, 40 belgas, dos franceses, dos suizos y dos austriacos.

 Una de las "capillas rodantes" del proyecto "Un vehículo para Dios". Celebrante: P. Titus Toering

El P. van Straaten en una de sus capillas rodantes

A partir de 1950, cuando la emergencia de los desplazados en la República Federal Alemana comenzó a quedar atrás, el Padre van Straaten volcó sus esfuerzos hacia los cristianos perseguidos tras la Cortina de Hierro, fundando en 1952 en Königstein, Alemania, Kirche in Not (en castellano: Ayuda a la Iglesia que Sufre o Ayuda a la Iglesia Necesitada), institución que hoy en día entrega su ayuda en todo el mundo, también en Chile, aliviando el sufrimiento de muchos cristianos que sufren persecuciones o necesidades materiales.

Famoso es el "sombrero de los millones" (Millionenhut), con el que el Padre van Straaten recolectaba incansablemente a lo largo de sus incontables viajes por Europa el dinero necesario para sus obras caritativas. El sombrero original se conserva en el Centro Werenfried, en Königstein.

 El P. van Straaten y su "sombrero de los millones"

En los últimos años de su vida, el Padre van Straaten se mostró muy activo en la lucha contra el nefando crimen del aborto en Europa Occidental y los EE.UU. 

Nota de la Redacción: El crédito de las fotografías pertenece a Kirche in Not. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

50 años de Magnificat: La Capilla del Campus Lo Contador

A lo largo de sus 50 años de existencia, la Asociación Litúrgica Magnificat ha desarrollado sus funciones de promoción de la Santa Misa del rito romano según los libros litúrgicos editados el año 1962, en diversas iglesias y oratorios de la ciudad de Santiago de Chile. 

Sin duda, uno de los lugares más recordados corresponde a la capilla del Campus Lo Contador perteneciente a la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde la Santa Misa se celebró mensualmente desde 1985 y hasta la entrada en vigencia del motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI en 2007.

Vista del interior de la Capilla, que se utiliza además para actividades culturales y de extensión de la Universidad

Este oratorio, ubicado en el sector de Pedro de Valdivia Norte, hoy comuna de Providencia, perteneció a lo que fuera la chacra "Lo Contador", cuya historia se remonta a los tiempos de la conquista del territorio chileno por parte de la corona de Castilla. En efecto, el solar fue concedido por merced de don Pedro de Valdivia a don Rodrigo de Araya, uno de los fundadores de la ciudad de Santiago y también de sus primeros alcaldes, en agradecimiento a su lealtad demostrada en la empresa de conquista.


Exterior de la Casona de Lo Contador

Patio Central de la Casona Lo Contador

Anteriormente conocida como la chacra "Del Río", la casa toma el nombre actual de su propietaria Mercedes Contador, para quien su tío Francisco Antonio Avaria compró este terreno hacia el año 1779, y donde este último construyó la edificación que actualmente pertenece a la Universidad Católica. La casa es un claro ejemplo de construcción colonial rural chilena en adobe y piedra local, y constaba originalmente de una sola nave de dos pisos, ubicándose las bodegas en el primer nivel y la residencia en el segundo. Con posterioridad, su propietaria encargó la edificación de las naves que cierran el hermoso patio central de la casa, a fin de destinarla como casa de ejercicios espirituales, labor que se cumplió fielmente hasta el año 1891. Como toda casa colonial de estas dimensiones y características, contaba con una capilla u oratorio de uso privado, donde destaca un retablo colonial de la crucifixión de Nuestro Señor.

Tras una serie de expropiaciones de la parte productiva del fundo, intentos de expropiación y, finalmente, la urbanización de los alrededores de la casona, su propietario don Luis Martínez acuerda vender la propiedad a un precio mínimo a la Pontificia Universidad Católica de Chile, a fin de que ésta fuese destinada a la Escuela de Arquitectura de dicha Universidad, institución que alberga hasta el día de hoy.

Miembros de la Asociación Litúrgica Magnificat en 1970. Claudio Ferrari aparece de pie, quinto de der. a izq.  

Fue a instancias de uno de su exdecanos y adherente de nuestra Asociación, el profesor Claudio Ferrari, que se consiguió el uso de la capilla del Campus Lo Contador el año 1985, contando además con la autorización verbal del Cardenal Francisco Fresno, a la sazón Arzobispo de Santiago y Gran Canciller de la Universidad Católica, y de las autoridades de esta última. Así es que, salvo por un breve período comprendido entre los años 1991 y 1993 en que la Asociación funcionó en la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios (ex Seminario Mayor de Santiago), la Santa Misa se celebró de manera regular y una vez al mes (los terceros domingos) en la capilla del Campus Lo Contador.

Procesión de salida en la sacristía (ca. 2001). 
Al centro se puede ver a nuestro actual capellán, el R.P. Milan Tisma 

Una vez promulgado el motu proprio Summorum Pontificum, y gracias al apoyo dado por el entonces Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz, la Asociación se trasladó a la iglesia de la Casa Matriz de las Hermanas de la Providencia, un templo de mayores dimensiones y capacidad, donde además se pudo establecer la celebración dominical de la Santa Misa. De ella trataremos en otra entrada. 


Grupo de fieles a la salida de la Santa Misa

Nota de la Redacción: La información histórica de la Chacra de Lo Contador está tomada del sitio de Monumentos nacionales. Por su parte, las fotografías de archivo de la edificación están tomadas del sitio de la Comisión de Patrimonio de la Asociación de Municipalidades y la del interior de la capilla de Fundación CorpArtes