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viernes, 30 de abril de 2021

Silencio y parálisis

Hoy, fiesta de San Pío V según el calendario reformado, les ofrecemos la transcripción de uno de los apartados del libro de Michel O'Brien intitulado El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación, que fue publicado en castellano por Homolegens en 2019 (un año después de la edición original en inglés) y cuya lectura recomendamos. Se trata de un libro que invita a meditar con esperanza y seriedad sobre los últimos tiempos, teniendo en cuenta que la escatología forma parte esencial de la Revelación. El texto que reproducimos trata sobre el fariseísmo, una materia que también interesó de manera especial al P. Leonardo Castellani (1899-1981), y sobre el que ha vuelto en los últimos años el escritor Juan Manuel de Prada.  De hecho, el sacerdote argentino decía que "toda la biografía de Jesús de Nazareth como hombre se puede resumir en esta fórmula: 'Fue el Mesías y luchó contra los fariseos' —o quizá más brevemente todavía: ' Luchó contra los fariseos'". Giovanni Papini (1881-1956) decía de ellos que eran "hipócritas [que] ensucian las palabras de lo absoluto, roban las promesas de la eternidad, asesinan las almas". En la actualidad ese combate sigue siendo un frente abierto, como lo muestra la hostilidad hacia la Misa de siempre que se observa de parte de tantos, incluso de quienes sostienen posturas "conservadoras".

Nacido en Ottawa, Canadá, en 1948, Michel O'Brien es un conocido escritor y ensayista sobre fe y cultura de formación autodidacta, además de un reconocido artista de estilo neobizantino. Converso a los 21 años, después de una etapa de agnosticismo y de una experiencia traumática, comenzó a escribir recién a los 46 años, y es autor de una cuarentena de libros, entre los que destacan las novelas El Padre Elías y once más que han sido publicadas en catorce lenguas y ampliamente reseñadas en medios de comunicación de Estados Unidos y Europa. Sus ensayos sobre fe y cultura han aparecido en publicaciones internacionales tales como Catholic World Report, Communio, Catholic Dossier, Inside the Vatican o The Chesterton Review. Durante siete años, fue editor de la revista católica Nazareth Journal. Ha dado charlas en varias universidades de Norteamérica y Europa, y es un constante invitado a programas de televisión. Participa también en Divine Providence Press. 

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Silencio y parálisis 

Michael O'Brien

Los católicos en Norteamérica y en Europa occidental vivimos cerca de iglesias esquizoides que nos exhortan a condenar el fariseísmo, pero que descuidan la llamada al arrepentimiento y la vida [eterna]. Un gran número de diócesis, parroquias y órdenes religiosas fomentan falsas escisiones en la mente y en el corazón, postulando que la verdad y la misericordia están en conflicto entre ellas; que la justicia y la misericordia son conceptos libres y relativos desunidos desde la base, desde el Único que es la Justicia y la Misericordia en sí mismo; que la doctrina y la práctica pastoral no tienen por que ser coherentes y que el auténtico ejercicio de la autoridad espiritual es el autoritarismo. La corrupción masiva de la misión evangélica de la Iglesia causada por algunos teólogos disidentes y por aquellos a lo que han formado, tiene mucho más peso que los errores cometidos por los beatos que hay entre nosotros, que son una verdadera minoría; diría una minoría mínima, incluso proporcionadamente microscópica. 

Década tras década hemos visto cómo nuestras iglesias se han transformado siguiendo la falsa interpretación del Concilio Vaticano II, que ha convertido la liturgia en un ritual social centrado en el hombre, que ha ignorado o rechazado, o cambiado o mal aplicado, la maravillosa enseñanza de los papas anteriores. Los que vivimos a nivel comunitario en estas iglesias nacionales hemos experimentado la marginación de los fieles católicos, hemos sufrido en silencio innumerables y apasionadas homilías contra el fariseísmo, igualado a la ortodoxia, mientras al mismo tiempo recibíamos una escasa y superficial enseñanza desde los púlpitos de la mayoría de las diócesis. Aunque muchos encuentran su alimento en la vida devocional o en las lecturas espirituales, o participando en grupos laicos o grupos de estudio, la gran mayoría de los creyentes no recibe una formación en la fe y están mal alimentados espiritualmente, como ovejas sin pastor. Poco a poco, gracias a una nueva generación de obispos y sacerdotes apostólicos la situación de algunas iglesias particulares está mejorando, aunque aún queda mucho camino antes de que haya una verdadera renovación. La mayoría de los católicos sigue ofreciendo su sufrimiento por las personas que lo causaron y por la purificación definitiva y el fortalecimiento del Cuerpo de Cristo en nuestro tiempo. Luchan por vivir la veritas y la caritas como una única cosa unificada, en medio de las infidelidades internas de nuestras iglesias particulares y del ambiente social y político hostil de nuestras naciones, que hace mucho que han capitulado ante las políticas contrarias a la vida y la familia. A medida que pasan los años y las décadas, muchos fieles católicos se han sentido cada vez como una minoría perseguida, no como una "élite" santurrona. Saben que son pecadores. Saben que necesitan la misericordia. Y, por esto, saben que necesitan la plenitud de la Iglesia y los Evangelios de Cristo para tener una vida espiritual y sacramental auténtica, el culto de Dios para el cual el hombre fue creado y, así, poder tener la fuerza interior para amar al prójimo como a uno mismo, es decir, tanto a su vecino como a toda la gente de la comunidad humana global. 

Puedo contar con una mano las personas que he conocido durante mi vida que se ajustan al estereotipo del antiguo fariseo. En comparación, conozco a varios cientos de creyentes afectuosos, heroicos y sacrificados que no juzgan a los demás y que por el hecho de ser fieles al depósito de la fe son considerados una "amenaza" para la iglesia particular. Sin mediar provocación alguna, muchas veces han sido las cabezas de turco y los pararrayos de los miedos y las malas intenciones de los demás, sin contradecir. En su gran mayoría, han sido ellos los juzgados. Si a veces han protestado por que se enseñaban falsedades en la Casa de Dios, se cometían sacrilegios o se desobedecían las normas universales de culto de la Iglesia, lo han hecho de manera privada y caritativa. La Iglesia enseña que no sólo están en su derecho de hacerlo sino que es su deber hacerlo[1]. Casi siempre se han encontrado delante una ira irracional o, en el mejor de los casos, indiferencia. Muchos, tras sufrir las consecuencias negativas de su dolorosos esfuerzos, y con poca o nula mejoría de su situación, han sucumbido a la decepción y, al final, han optado por el silencio. Su sensación de inutilidad crece como un cáncer en el Cuerpo de Cristo, y fácilmente causa una especie de parálisis. Han aceptado como inevitables una de las tácticas más insidiosas y destructivas utilizadas por los nuevos fariseos para neutralizar a la oposición. A los fieles se les ha repetido una y otra vez que si defienden la verdad se encontrarán a sí mismos acusados de fariseísmo. 

Recordemos la advertencia del papa Pablo VI: 

"La cola del diablo está funcionando y está desintegrando el mundo católico. La oscuridad de Satanás ha entrado y se ha difundido en la Iglesia católica hasta la cima. La apostasía, la pérdida de la fe, se está difundiendo en todo el mundo y en los niveles más altos dentro de la Iglesia" [2].

Y: 

"Un gran signo apareció en el cielo; una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otro signo en el cielo: un gran dragón rojo que tiene tiene cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas, y su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se puso de pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo diera a luz" (Ap 12, 14).  

Alberto Durero, La Virgen del Apocalipsis y el dragón de siete cabezas, 1498.
(Imagen: Pinterest)

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[1] El canon 212, § 3 del Código de Derecho Canónico señala: "Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas". 

[2] Pablo VI, Discurso con ocasión del 60° aniversario de las apariciones de Fátima, 13 de octubre de 1977.

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Nota de la Redacción: El texto transcrito está tomado de O'Brien, M., El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación, trad. de Helena Faccia Serrano, Madrid, Homolegens, 2019, pp. 114-118. El libro del P. Leonardo Castellani, titulado Cristo y los fariseos, se puede descargar aquí. Una breve explicación sobre el "neoconformismo conservador", si bien aplicado a la edulcorada difusión en castellano de la obra de G. K. Chesterton por parte de ciertos grupos católicos, se puede encontrar en este ensayo de Miguel Ayuso. Recomendable es también el diccionario que ofrece The Wanderer. En uno y otro se comprueba como los movimientos conservadores encubren un espíritu antitradicional, que busca aunar el mundo con el mensaje evangélico. 

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