jueves, 10 de octubre de 2019

FIUV Position Paper 24: Las oraciones por la Iglesia perseguida y las preces leoninas

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el Misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 24 y que versa sobre las oraciones por la Iglesia perseguida y las preces leoninas, cuyo original en inglés se puede consultar aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de febrero de 2015 y revisado en marzo del mismo año. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede. 


***

Las oraciones por la Iglesia perseguida y las preces leoninas

Abstract

En el contexto de las persecuciones a los cristianos en todo el mundo y, especialmente, en el Medio Oriente, hacia las cuales el papa Francisco ha llamado la atención frecuentemente, los católicos adherentes a la forma extraordinaria querrán naturalmente echar mano de la oración pública y litúrgica para enfrentar este problema. La Edad Media hizo un extenso uso de diversas versiones del “Clamor de Tierra Santa” para pedir la liberación de ese territorio durante tres siglos, a partir de 1188. Las “oraciones al pie del altar” de la Misa rezada (las preces “leoninas”) se introdujeron, ante otra crisis específica, primero por Pío IX en 1859, y se extendieron a todo el mundo, con algunas adaptaciones, por León XIII en 1884. Es encomiable el uso de Misas votivas y de Conmemoraciones en favor de los cristianos perseguidos, las cuales pueden ser facilitadas por la Santa Sede y los Ordinarios del lugar autorizando que se las use en mayor número de días.


Texto

1. Este Position Paper es una respuesta al ferviente llamado del papa Francisco: “Somos testigos de un fenómeno terrorista de dimensiones hasta ahora inimaginables. Hay tantos hermanos y hermanas nuestros que son perseguidos y han tenido que abandonar sus hogares, de modo incluso brutal. Pareciera que se ha perdido la conciencia del valor de la vida humana, que la persona no cuenta y que puede ser sacrificada a determinados intereses. Y todo esto ocurre, lamentablemente, ante la indiferencia de muchos. Esta injusta situación requiere también, además de nuestra oración constante, una respuesta apropiada por parte de la comunidad internacional. Estoy cierto de que, con la ayuda del Señor, el presente encuentro conducirá a útiles reflexiones y sugerencias para ayudar a nuestros hermanos y hermanas que sufren y para enfrentar también la tragedia de la reducción de la presencia cristiana en la tierra que vio nacer a la Cristiandad y desde la cual se propagó”[1].

La actual persecución de los cristianos, que ha sido comparada con una “guerra global contra los cristianos”[2], es particularmente grave en el Medio Oriente pero lo es también en algunas partes de Africa y del Sudeste Asiático.

2. Además de la oración privada[3], los católicos que adhieren a la forma extraordinaria querrán naturalmente usar la oración pública y litúrgica, que es la forma de oración más perfecta que se ofrece sin cesar a Dios por toda la Iglesia. Existe una cantidad de opciones en este aspecto, en relación con la forma extraordinaria, que no necesitan ser mutuamente excluyentes.[4]

 Maestro de Becerril, El martirio de San Pelayo
(Imagen: Wikimedia Commons)

Los antecedentes de las preces leoninas.

3. Un fenómeno digno de consideración en la liturgia de la Edad Media fue el “Clamor de Tierra Santa” por la liberación de ese territorio, del cual hubo versiones, hechas por iniciativa local y también por mandato papal, con posterioridad a la batalla de los Cuernos de Hattin, en 1187, y luego durante tres siglos[5]. El “Clamor” tenía lugar inmediatamente después del Pax Domini y antes del Pater Noster o, si no, después de Agnus Dei (también existió una versión para ser rezada en el Oficio Divino), se lo componía sobre la base del salmo Deus venerunt gentes, con versículo y colecta, y se lo omitía en días de fiesta. Durante la Edad Media existieron “clamores” por diversas intenciones.

4. Un precedente, de larga duración, de la adición de oraciones al final de la Misa está constituido por las oraciones por el Soberano, Domine salvum fac, que siguen diciéndose en algunos países después de la Misa[6]

 El papa León XIII (1898)

La historia e intenciones de las preces leoninas.

5. Las oraciones después de la Misa rezada (Orationes post Missam) o “plegarias leoninas”[7] fueron instituidas primeramente por Pío IX en 1859, para ser usadas en los Estados Papales. En su forma original comprendían el Ave María (repetida tres veces), la Salve Regina, y cuatro colectas del Misal Romano[8]. La intención de las oraciones era la preservación de los Estados Papales, el resto de cuyos territorios fue efectivamente capturado por el Reino de Italia en 1870.

6. León XIII hizo universales las oraciones en 1884, reemplazando las cuatro colectas por una recientemente compuesta “a fin de obtener de Dios la ayuda necesaria en tiempos de tanta dificultad y prueba”[9]. En 1886 esta colecta fue substancialmente reemplazada, y a ella se agregó la oración a San Miguel Arcángel (una triple invocación al Sagrado Corazón se añadió por Pío X en 1904)[10].

7. En esta forma, León XIII amplió la intención de las oraciones y se conservó el sentido de necesaria defensa de la Iglesia y sus miembros. El contexto histórico de las oraciones fue la “cuestión romana” creada por la pérdida del Poder Temporal. Luego de la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano en 1929, Pío XI ordenó (en 1930) que, de ahí en adelante, se dijeran para pedir que se devolviera a la afligida población de Rusia la tranquilidad y libertad de profesar la fe[11], intención que mantiene su vigencia[12]. Pío XII reiteró esta intención en 1952[13].

8. Cuando dispuso su uso universal, León XIII reiteró que estas oraciones podían ser dichas en vernáculo. Sin embargo, la tarea de traducirlas fue dejada en manos de los Ordinarios del lugar, con el resultado de que hay pequeñas variaciones entre, por ejemplo, diversas versiones en inglés y alemán usadas en diferentes lugares.

9. Según las normas vigentes en 1962, las preces leoninas podían ser omitidas en ciertas ocasiones[14], y fueron abolidas en 1964 por la Instrucción Inter Oecumenici (núm. 14).

10. El papa Juan Pablo II hizo el siguiente comentario a la oración a San Miguel Arcángel: “Que la oración nos fortalezca para el combate espiritual a que se refiere la Carta a los Efesios: “Sed fuertes en el Señor y en la fuerza de su poder” (Eph. 6,10). El Apocalipsis se refiere a esta misma batalla, trayendo ante nuestros ojos la imagen de San Miguel Arcángel (Apoc. 12, 7). Ciertamente León XIII tenía esta imagen presente cuando, a fines del siglo pasado, introdujo para toda la Iglesia la oración especial a San Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestra protección contra las insidias y asechanzas del demonio…”. Aunque ya no se recita esta oración al final de la Misa, pido a todos que no la olviden y que la reciten para obtener ayuda en la batalla contra las fuerzas de la oscuridad y contra el espíritu de este mundo”[15].

El papa Francisco consagró el Estado de la Ciudad del Vaticano a San Miguel Arcángel en 2013, pidiendo que se le dirigieran oraciones para vencer a Satanás [16].

11. El 24 de enero de 2012, el obispo Daniel Jenky, de Peoria, Estados Unidos de Norteamérica, ordenó que se dijese la oración a San Miguel Arcángel en la Oración Universal (Oración de los fieles) de la Misa dominical en su diócesis, dentro del contexto del problema creado por el Affordable Care Act (2010)[17].

12. Las preces leoninas no son, claramente, parte de la Misa, y nunca se las ha incluido en el Misal. Sin embargo, se las recita por el celebrante, revestido, antes de dejar el presbiterio[18], y están íntimamente ligadas con la liturgia y con la experiencia litúrgica de los fieles en la Misa rezada. La colecta y la oración a San Miguel Arcángel son ambas hermosos ejemplos de cómo componer una oración, y son muy queridas por los católicos que adhieren a la forma extraordinaria del Rito Romano.

13. En la práctica, las preces leoninas son una acción de gracias después de la Misa, y ayudan a formar el importante hábito de dar gracias inmediatamente por la Misa y, cuando es del caso, por la recepción de la comunión por parte de los fieles.  

 Andrei Rublev, San Miguel Arcángel (1408)
(Imagen: Wikimedia Commons)

Las Misas por intenciones particulares.

14. La Misa puede, por cierto, decirse por una determinada intención, como el término de una persecución, y además el Misal incluye Misas votivas y Conmemoraciones[19] por esta intención.

15. Según las normas vigentes en 1962, las Misas votivas, en general, sólo se pueden decir en las ferias y en las fiestas de cuarta clase[20], y las Conmemoraciones solamente se pueden hacer en las Misas rezadas[21]. Sin embargo, la Santa Sede y los Ordinarios pueden (e históricamente lo han hecho) alentar que se digan Misas votivas específicas y Conmemoraciones, otorgando al efecto permisos más amplios, o preceptuándolas. El ejemplo más conocido de Misas votivas recomendadas es la del Sagrado Corazón los días viernes[22]. Las Conmemoraciones por la propagación de la fe, por el obispo o por el Papa tienen también un estatus privilegiado, que permite hacerlas más a menudo[23]. Los Ordinarios pueden instituir una “oratio imperata”, que son Conmemoraciones que deben ser añadidas a las Misas por un período determinado y según normas específicas[24]. Las normas sobre Conmemoraciones de 1960 son más restrictivas que las por ellas reemplazadas[25].

16. Además de las Misas, otra antigua forma de oración pública por determinada intención es la de las procesiones públicas. En Inglaterra y Gales se autoriza las procesiones “en tiempo de guerra contra los enemigos de la Santa Iglesia”, con oraciones especiales al final (véase Apéndice C)[26].

 Un sacerdote reza las preces leoninas
(Foto: Aleteia)

Conclusión y sugerencias prácticas.

17. Las plegarias leoninas, que piden por la “libertad y exaltación” de la Iglesia, nos recuerdan la necesidad de implorar la asistencia celestial a la Iglesia, que sigue siendo perseguida hoy tanto como lo fue en tiempos de Pío IX y León XIII, aun cuando el centro geográfico de ellas y de sus antecesoras ha cambiado de Tierra Santa a Roma y Rusia, según se ha dado el desarrollo de los acontecimientos mundiales.

18. Además, los sacerdotes pueden decir Misas (y los fieles asistir a ellas) celebradas por la intención de los perseguidos, usando especialmente, cuando ello es posible, adecuadas Misas votivas y Conmemoraciones, y la Federación Internacional Una Voce urge a todos los católicos a aprovechar estas oportunidades. Como se dijo anteriormente, el uso de éstas podría ser facilitado también por decisiones de la Santa Sede o del Ordinario del lugar.


Apéndice A: 

Las oraciones después de la Misa rezada.

Las cuatro Colectas que, en 1859, Pío IX dispuso que se dijeran:

“Concede a tus siervos, te rogamos, Señor, gozar de perpetua salud de alma y de cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María, verse libres de las tristezas presentes y gozar de la felicidad eterna”[27].

“Oh Dios, que a nadie rechazas sino que te aplacas con tierna misericordia con la penitencia de los grandes pecadores, escucha con piedad nuestras humildes súplicas e ilumina nuestros corazones para que seamos capaces de cumplir tus preceptos”[28].

“Oh Dios, de quien proceden los santos deseos, los consejos rectos y las buenas acciones, concede a tus siervos aquello que el mundo no puede dar, para que, dispuestos nuestros corazones a obedecer tus mandamientos, y vencido el temor de los enemigos, nuestros tiempos, con tu protección, gocen de tranquilidad”[29].

“Oh Dios, que amas y proteges la paz y la caridad, concede a todos nuestros enemigos paz y caridad verdaderas, la remisión de todos sus pecados, y con tu poder líbranos de sus acechanzas. Por Cristo nuestro Señor. Amén”[30].

La Colecta única ordenada por León XIII en 1884:

“Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, mira propicio al pueblo que a Ti clama, y por intercesión de la gloriosa e inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y de San José su esposo, y por la de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos, pidiéndote la conversión de los pecadores y la libertad y exaltación de la santa Madre Iglesia. Por el mismo Cristo nuestro Señor”[31].

Las oraciones, tal como existían en 1962 y se usan hoy en la forma extraordinaria. 

Texto latino:

V: Ave Maria, grátia plena, Dóminus tecum; benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui, Iesus.

R: Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen. (ter)

Salve Regína, Mater misericórdiæ; vita, dulcédo et spes nostra, salve. Ad te clamámus, éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Iesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exsílium, osténde. O clemens, o pia, o dulcis Virgo María.

V: Ora pro nobis, sancta Dei Génetrix.

R: Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

V: Orémus. Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte gloriósa et immaculáta Virgine Dei Genetríce María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, ac beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quas pro conversióne peccatórum, pro libertáte et exaltatióne sanctæ Matris Ecclésiæ, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.

R: Amen.

V: Sancte Míchaele Archángele, defénde nos in proélio, contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Imperet illi Deus, súpplices deprecámur: tuque, princeps milítiæ cæléstis, Sátanam aliósque spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte in inférnum detrúde.

R: Amen.

V: Cor Iesu sacratíssimum,

R: Miserére nobis. (ter)

Traducción castellana[*]

V: Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. 

R: Santa María, Madre de Dos, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén (tres veces)

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea! pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! 

V: Ruega por nos, santa Madre de Dios. 

R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. 

V: Oremos. Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, mira propicio al pueblo que a ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y de san José, su Esposo, y por la de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos, pidiéndote la conversión de los pecadores y la libertad y exaltación de la santa Madre Iglesia. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. 

R. Amén. 

V. Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. "Reprímale Dios", pedimos suplicantes; y y tú, Príncipe de la milicia celestial, lanza en el infierno con el divino poder, a Satanás y a los otros malignos espíritus, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. 

R. Amén. 

V. Corazón sacratísimo de Jesús. 

R: Ten misericordia de nosotros (tres veces). 

Apéndice B: 

Extracto de la alocución de Pío XI sobre las preces leoninas[32]

“Venerables hermanos, seguramente recordáis que cuando, debido a que la religión estaba atribulada en las regiones de Rusia, prescribimos que se consagrara un día al Patriarca San José, y dando nosotros el ejemplo, se emplearon oraciones comunes en la Basílica Vaticana a Dios, Óptimo, Máximo, y que un gran número de muy piadosos fieles estuvo presente junto con nosotros, y que el ejemplo de los ciudadanos romanos -y de otros, además de éstos, que se habían congregado para orar en otras sagradas iglesias de la Ciudad- fue imitado de un modo digno de alabanza por otros de muchas naciones en todas partes.

“Como sabéis, nuestro propósito obtuvo consentimiento universal no sólo del pueblo católico, sino también de muchos de quienes están separados de nosotros. En sus templos, como en un acuerdo fraternal, se hicieron súplicas, y se nos mostró un espíritu de acogida, tanto pública como privadamente.

“Atribuimos a la suprema bondad y misericordia de Dios que esta armonía tan grande de oraciones no haya sido en vano o sin frutos. Podemos esperar que tenga más frutos en el futuro, aunque recientemente los enemigos del nombre de Dios y del culto se han inflamado con mayor violencia en la persecución de la Iglesia. Por eso, debemos insistir a Cristo, Redentor de la raza humana, que conceda la restauración de la tranquilidad y libertad para profesar la fe a los afligidos hijos de Rusia. Y a fin de que todos puedan instar por esto con poco esfuerzo y tropiezos, deseamos que esas mismas oraciones que nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria, ordenó a los sacerdotes que rezaran con el pueblo después de la Santa Misa, sean dichas con la misma intención, en este caso, por Rusia. Que los obispos y ambos cleros [secular y regular] sean diligentes en comunicar esto a sus fieles y a todos los que asistan a la Santa Misa, y que con frecuencia lo traigan a su memoria”.

Apéndice C: 

Procesión “en tiempos de guerra contra los enemigos de la Iglesia”.

El Manual of Prayer para Inglaterra y Gales contiene oraciones para una procesión con esta intención. A la Gran Letanía deben seguir las siguientes oraciones:

“Concede a tu Iglesia, te rogamos, oh Dios misericordioso, que habiendo sido reunida por el Espíritu Santo, no pueda ser de ningún modo atacada por sus enemigos”.

“Oh Dios, que eres ofendido por el pecado y aplacado por la penitencia, escucha con piedad las oraciones de tu pueblo que te suplica, y aparta de nosotros los azotes de tu ira que merecemos por nuestros pecados”.

“Dios Todopoderoso y Eterno, en cuyas manos están el poder y el gobierno de todos los reinos, mira y ayuda al pueblo cristiano, para que las naciones paganas, que confían en la fiereza de su poder, sean aplastadas por tu brazo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos. Amén”.

Apéndice D: 

Colectas del Clamor de Tierra Santa[33].

Con algunas variaciones en el texto, las dos siguientes colectas fueron las más extensamente usadas en la Edad Media por la Tierra Santa.

Deus, qui ad exhibenda nostre redemptionis mysteria terram promissionis elegisti, libera eam, quaesumus, ab instantia paganorum, ut gentilium incredulitate confusa populus Christianus de tue virtutis potentia glorietur[34].

“Oh Dios, que elegiste la Tierra de Promisión para exhibir los misterios de nuestra redención, líbrala, te rogamos, de la presencia de los pagamos, para que, confundida la infidelidad de los gentiles, el pueblo cristiano pueda gloriarse del poder de tu fuerza”.

Deus qui ammirabili providentia cuncta  disponis, te suppliciter exoramus, ut terram,  quam unigenitus filius tuus proprio sanguine consecravit, de manibus inimicorum crucis eripiens restituas cultui christiano, vota fidelium ad eius liberationem instantium misericorditer dirigendo in viam salutis eterne.Per Christum, Dóminum nostrum. Amen[35]

“Oh Dios, que dispones todas las cosas con tu admirable providencia, te rogamos suplicantes que restaures para el culto cristiano, arrebatándola de las manos de los enemigos de la cruz, la tierra que tu Hijo Unigénito consagró con su sangre, dirigiendo piadosamente las oraciones de los fieles que oran por su liberación hacia el camino de la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.



[1] Francisco, Discurso al Consistorio Ordinario Público, 20 de octubre de 2014.

[2] Allen, A., The Global War on Christians: dispatches from the front line of anti-Christian persecution (Nueva York, Image Books 2014).

[3] La colecta de la Conmemoración “Por la Santa Iglesia, contra sus perseguidores” fue enriquecida con una indulgencia por recitación privada en 1934: “Te rogamos, Señor, que piadosamente oigas las oraciones de tu Iglesia, para que, destruidos sus enemigos y todas las herejías, pueda servirte en perfecta seguridad y libertad. Por Cristo nuestro Señor. Amén” (Ecclesiae tuae, quaesumus, Domine, preces placatus admitte: ut, destructis adversitatibus et erroribus universis, secura tibi serviat libertate. Per Christum Dominum nostrum. Amen’). Esta oración no está incluida en el Enchiridion Indulgentiarum de 1968, ni en sus ediciones posteriores, que son mucho más cortas que las preceentes. Algunas colecciones más antiguas de oraciones con indulgencia incluyen una gran cantidad de otras convenientes oraciones privadas.

[4] En Inglaterra y Gales se autoriza algunas procesiones “en tiempos de guerra contra los enemigos de la Santa Iglesia”, con oraciones especiales al término de ellas (véase el Apéndice C).

[5] La primera utilización conocida de una forma de este Clamor se da en Londres en 1188. Para un análisis extenso, véase Linder, A., Raising Arms: Liturgy in the Struggle to Liberate Jerusalem in the Late Middle Ages (Turnhout, Bélgica, Brepols, 2003) pp. 1-95. Sobre las dos colecciones de colectas “Clamor por Tierra Santa” más usadas, véase el Apéndice D.

[6] En los países en que se recitan, en general monarquías católicas, pero también en Inglaterra y Gales, se las reza después de la Misa dominical principal, sea ésta rezada, cantada o solemne, dirigidas por el celebrante antes de abandonar el presbiterio.

[7] Llamadas también, menos precisamente, “oraciones por la conversión de Rusia”.

[8] En el Apéndice A se transcriben las cuatro colectas.

[9] Sagrada Congregación de Ritos, Decreto  Iam Inde (1884): “Desde 1859, Pío IX, de santa memoria, prescribió que en todas las iglesias de los Estados Papales, se recitaran ciertas oraciones, a las que concedió indulgencias, después del Santo Sacrificio de la Misa, a fin de obtener la necesaria ayuda de Dios en tiempos de dificultades y pruebas. Y como la Iglesia Católica, rodeada siempre de graves males (y que amenazan con convertirse en males todavía mayores) tiene tanta necesidad de la especial protección de Dios, nuestro santísimo señor León XIII ha considerado conveniente que esas oraciones, ligeramente alteradas en algunas partes, se reciten en todo el mundo, para que la oración, hecha en común por toda la cristiandad y con el aumento de los suplicantes, pueda obtener más fácilmente los beneficios de la Divina Misericordia. Por lo tanto, por el presente Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos Su Santidad ha ordenado que, en el futuro, en todas las iglesias de la Ciudad y del mundo católico, se recite las siguientes oraciones, enriquecidas con una indulgencia de 300 días, de rodillas al término de la Misa, y sin música”.

[10] Véase el Apéndice A.

[11] Véase el Apéndice B.

[12] Luego de la anexión de Crimea por la Federación Rusa, el obispo Bohdan Dzyurakh, secretario general del Sínodo Ucraniano de Obispos Católicos, comentó al Catholic Herald (8 de abril de 2014): “A las comunidades greco-católicas como la nuestra se ha negado sus derechos en la Federación Rusa, lo cual consideramos como una violación de la libertad de conciencia y de religión […] Esperábamos que estas restricciones no se aplicaran a nuestra Iglesia en Crimea, pero se nos ha informado que todas las comunidades religiosas deben registrarse ahora allá. Esto significa que el gobierno local ha usurpado el poder de rechazar a todas aquéllas que considere como una amenaza. Luego de la reciente limpieza étnica, esto va a significar una limpieza religiosa”.

[13] Pío XII, Carta Apostólica Sacro Vergente Anno (1952), donde se cita a Pío XI sobre las intenciones de las preces leoninas y se comenta: “Confirmamos vivamente y renovamos esta exhortación y esta orden, ya que la situación religiosa entre vosotros hasta ahora ciertamente no ha mejorado, y ya que estamos animados por el mismo ardiente afecto y por la misma preocupación por los pueblo de Rusia”.

[14] El liturgista J.B. O’Connell enumera del siguiente modo las ocasiones en que las preces leoninas pueden ser omitidas: cuando la Misa rezada se celebra con “cierta solemnidad”, por ejemplo, la Misa nupcial o una que sea precedida por el Asperges; cuando la Misa es “inmediata y debidamente” seguida por otra función, tal como una Bendición; cuando se predica una homilía durante, antes o después de la Misa; cuando se dice la Misa rezada “con diálogo” en domingos y días festivos; y cuando se diga otra Misa inmediatamente a continuación, sin que el celebrante abandone el altar (por ejemplo, en el día de los Fieles Difuntos). O’Connell cita una serie de decisiones de la Sagrada Congregación de Ritos que fundamentan estos principios: SCR 3705, 3936, 3682, 3805. Vése O’Connell, J. B., The Celebration of Mass (Milwaukee, Bruce Publishing Company, 1963), pp. 121-22.

[15] Juan Pablo II, Discurso Regina Coeli, 24 de abril de 1994.

[16] Francisco, Palabras con ocasión la dedicación de una estatua deSan Miguel Arcángel en los Jardines Vaticanos, 5 de julio de 2013: “pidámosle que nos defienda del Malo y lo arroje fuera”.

[17] La ocasión fue el pedido de que las instituciones católicas pagaran por “los servicios abortivos, de esterilización y contraceptivos” de acuerdo con la disposición del Gobierno de los Estados Unidos sobre seguro de cuidados médicos, según el Affordable Care Act, demanda de la que luego se eximió a las diócesis.

[18] Algunos sacerdotes se sacan el manípulo antes de recitar las preces leoninas, igual que antes de predicar.

[19] En tanto que una Misa votiva tiene un formulario completo, una Conmemoración sólo añade una Colecta, una Secreta y una Postcomunión adicionales a las que se dicen según la Misa del día. Hay numerosas Misas votivas y Conmemoraciones también en el Misal de la forma ordinaria.

[20] Véase Novum Rubricarium (1960), núm. 306-389.

[21] Novum Rubricarium (1960), núm. 106-114.

[22] Las Misas votivas de “primer jueves”, “primer viernes” y “primer sábado”, y las de Réquiem en el tercero, séptimo o trigésimo día después de la muerte o del entierro, tienen estatus de tercera clase, lo que significa que pueden decirse en fiestas de tercera clase, así como también en fiestas de cuarta clase y en las ferias.

[23] Se puede decir las Conmemoraciones por el Papa, por el Obispo o por la propagación de la fe tanto en las Misas cantadas como en las solemnes, y no sólo en las rezadas.

[24] Sobre las oratio imperata, el Novum Rubricarium dispone (núm. 459): “Durante una calamidad pública o en necesidades que, por su naturaleza, se prolongan por un tiempo largo (por ejemplo, guerras, epidemias, etcétera), el Ordinario del lugar puede ciertamente ordenar una oratio imperata por todo el período que dure el desastre, pero esta oración se dice sólo los lunes, miércoles y viernes” y no en fiestas de primera y segunda clase. Para situaciones de duración breve, no se aplica la restricción de lunes, miércoles y viernes (véase el núm. 457).

[25] Las reglas anteriores a 1960 pueden resumirse del siguiente modo: en casos de Conmemoraciones “privadas”, los celebrantes de fiestas simples y de ferias menores tenían la libertad de añadir oraciones votivas siempre que el número total de ellas, en cada Misa, fuera cinco o siete. En días semidobles, cuando la tercera colecta podía elegirse, los celebrantes podían añadir la de su elección. En las colegiatas, en las Misas parroquiales y en las casas religiosas, el rector o superior podía especificar cuál sería la oración adicional. Incluso en Misas públicas cantadas y en Misas solemnes, el celebrante podía añadir una oración de su elección.

[26] En el Manual of Prayers, la guía oficial para devociones paralitúrgicas autorizada por los Obispos de Inglaterra y Gales, en sucesivas ediciones, hasta la edición de 1954.

[27] Concede nos famulos tuos, quaesumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere, et gloriosa Beatae Mariae semper Virginis intercessione, a praesenti liberari tristitia, et aeterna perfrui laetitia.

[28] Deus, qui nullum respuis, sed quantumvis peccantibus, per poenitentiam pia miseratione placaris, respice propitius ad preces humilitatis nostrae, et illumina corda nostra, ut tua valeamus implere praecepta.

[29] Deus a quo sancta desideria, recta consilia, et iusta sunt opera, da servis tuis illam quam mundus dare non potest pacem: ut et corda nostra mandatis tuis dedita, et hostium sublata formidine, tempora sint tua protectione tranquilla.

[30] Deus pacis, charitatisque amator et custos, da omnibus inimicis pacem charitatemque veram, et cunctorum eis remissionem tribue peccatorum, nosque ab eorum insidiis potenter eripe. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

[31] Deus, refugium nostrum et virtus adesto piis Ecclesiae tuae precibus, et praesta; ut intercedente gloriosa et Immaculata Virgine Dei Genitrice Maria, beato Josepho, ac beatis apostolis tuis Petro et Paulo et omnibus sanctis, quod in praesentibus necessitatibus humiliter petimus, efficaciter consequamur. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

[*] La versión original en inglés de este Position Paper no da una traducción al vernáculo de las preces leoninas tal y como quedaron fijadas en el Misal que se usa en la forma extraordinaria. Para facilitar la lectura, aquí se ofrece la traducción castellana incluida en el Misal diario y Vesperal de Dom Gaspar Lefebvre (trad. de Dom Germán Prado, Brujas, Desclée de Braouwer y Cía, 1958).  

[32] Pronunciada el 30 de junio de 1930 y publicada en Acta Apostolicae Sedis, 1930, Vol. XXII, pp. 300-301. La traducción fue encargada para este Position Paper, y realizada por RPD.

[33] Las traducciones fueron encargadas para este Positon Paper, y realizadas por RPD.

[34] Linder, Rainsin Arms, cit., p. 37.

[35] LinderRainsin Arms, cit., p. 40.

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