jueves, 1 de diciembre de 2016

50 años de Magnificat: la metamorfosis de un altar

En el video que compartimos a continuación es posible apreciar el proceso en que un altar exento, habitualmente destinado a la celebración del Novus Ordo Missae, puede ser rápidamente transformado para poder celebrar la Santa Misa en la forma tradicional del rito romano.

En la filmación se aprecia el altar mayor de la iglesia de la Casa Matriz de las Hermanas de la Divina Providencia, la cual albergó a partir de 2007, luego de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum, la celebración dominical de la Santa Misa de nuestra Asociación, ello hasta el trágico incendio que la destruyó por completo el 24 de enero de 2011, incluyendo el exquisito baldaquino que cubría el altar mayor. A esta iglesia, su historia y su vínculo con Magnificat le hemos dedicado ya una entrada, así como otra dedicada a la Misa pontifical en el Usus antiquior celebrada allí para la Asociación por Su Excia. Revma. el Cardenal Jorge Medina Estévez, el 14 de septiembre de 2009.


martes, 29 de noviembre de 2016

La Tradición es para los jóvenes

Muchos de nuestros lectores habrán escuchado seguramente la habitual objeción de quienes se oponen a la Misa tradicional en el sentido que la cercanía a ésta sería meramente nostalgia de parte de quienes experimentaron esta liturgia en su juventud, antes del Concilio Vaticano II. Lo cierto es que cualquiera que asista regularmente a la Misa tradicional o que haya participado alguna vez en las peregrinaciones tradicionales que habitualmente tienen lugar en Europa o América puede dar fe del vivo interés y de la profunda devoción que la Misa de siempre despierta en los jóvenes que nunca tuvieron la oportunidad de experimentarla antes. Muchos jóvenes descubren en la liturgia tradicional de la Iglesia el sentido de lo sacro y el reverente fervor que la Misa reformada difícilmente puede entregar.

A continuación reproducimos un artículo de Gregory DiPippo en tres partes sobre la liturgia tradicional y los jóvenes, originalmente publicado en el sitio New Liturgical Movement. La traducción es de la Redacción y el original inglés puede leerse aquí (primera parte), aquí (segunda parte) y aquí (tercera parte).

Gregory DiPippo

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La Tradición es para los jóvenes (primera parte)

Gregory DiPippo

Hace muchos años leí una entrevista con un famoso teólogo “disidente”, como se dice a veces eufemísticamente, quien ya ha partido a recibir su recompensa, por lo que silenciaré su nombre. En ella hablaba sobre muchas cosas que habían desaparecido para siempre de la vida católica, y sobre las cuales, por tanto, los católicos jóvenes no tendrían jamás experiencia ni memoria alguna. Entre ellas, según recuerdo, mencionaba las Misas de funeral con ornamentos negros, y lo hacía con un dejo de desagrado, ya que la mayor parte de los revolucionarios recalcitrantes difícilmente podrían negar el poderoso sentimiento que el Réquiem tradicional transmite acerca de la realidad de la muerte, de la necesidad y eficacia de la oración por los difuntos, y de la obligación de orar por ellos. Posiblemente (y ésta es una especulación mía), incluso él tenía la sensación de que los ornamentos blancos, el canto del mismo Aleluya que se oye cada domingo en la Misa corriente de toda parroquia y los himnos de siempre, no constituyen el medio adecuado para acompañar a una familia de luto en el momento en que sepulta a un padre o abuelo muy queridos.

Estos recuerdos, ciertamente vagos, me volvieron esta semana a la memoria mientras preparaba las fotografías para la fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos: teníamos a disposición muchas más fotos para esta última, y en todas ellas los ornamentos eran negros. Fue entonces cuando recibí las siguientes fotos de parte de la Iglesia Católica Santa Juana de Arco, de Oberlin, Luisiana, y tengo mucho gusto de incluirlas en una publicación ad hoc, porque nos muestran claramente que no es inevitable que la memoria de nuestras tradiciones católicas se pierda para nuestros jóvenes. Desde que se publicó el motu proprio Summorum Pontificum, tenemos los medios para asegurarnos de que ello no ocurra, gracias a Dios, y hay mucha gente que tiene la voluntad de evitarlo. Por cierto, debiera alentarnos ver a estos hombres jóvenes participar en una antigua y solemne liturgia, por la cual, claramente, no sienten una simple nostalgia.



El párroco, P. Jacob Conner (que no parece tener ni treinta años) escribe: “Son muchos los que han trabajado diligentemente los últimos tres años aquí en Santa Juana de Arco, y aunque queda tanto por hacer, tengo confianza debido a nuestra trayectoria ascendente.  La diócesis de Lake Charles, además, ha sido bendecida con un maravilloso obispo que apoya la forma extraordinaria (el obispo Glen Provost va a celebrar una Misa pontifical el 28 de diciembre, y pontifica dos veces al año en su catedral). La forma extraordinaria existe en varias parroquias de la diócesis, y ha habido otras Misas solemnes o cantadas en varias de ellas, aparte de la nuestra… Los jóvenes, y los jóvenes de corazón, parecen estar despertando, gradualmente pero con paso seguro, a las bellezas de estos tesoros de la Santa Madre Iglesia. Como dice la Escritura, esto ofrece muchos motivos para regocijarse. Los acólitos que muestran las fotos de la Misa de Todos los Santos son apenas una fracción de los niños que ayudan la Misa en esta pequeña parroquia campesina. Desde que comenzamos a tener sólo acólitos varones, el número de ellos ha aumentado sin cesar”.   






  
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La Tradición es para los jóvenes (segunda parte)

Gregory DiPippo

El sábado [Nota de la Redacción: el sábado 11 de noviembre de 2016], la iglesia del Inmaculado Corazón en Glasgow acogió a Una Voce Scotland para la celebración de la Misa de Réquiem anual y su asamblea general. La Misa solemne fue ofrecida por el P. Ninian Doohan (cuya ordenación reporteamos en agosto), con el P. John Emerson FSSP como diácono y el P. Mark Morris como subdiácono; la schola cantó los cantos del Réquiem y el Justorum animae de Byrd como motete para la Comunión. Aquí un hermoso y breve video de Sancta Familia Media, quienes asistieron para grabar la liturgia y entrevistar a la gente acerca de qué los atrae a la Misa tradicional.
 
 
  
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La Tradición es para los jóvenes (tercera parte)

Gregory DiPippo

Hace apenas dos semanas publicamos algunas fotos de la Misa de la conmemoración de todos los fieles difuntos en la iglesia católica de Santa Juana de Arco en Oberlin, Luisiana [Nota de la Redacción: se refiere a las fotos que aquí reproducimos en la primera parte de esta entrada], las que me resultaron particularmente impresionantes debido a la juventud tanto del sacerdote como de los servidores del altar. Cada año, con ocasión de la fiesta de Cristo Rey de la forma ordinaria [Nota de la Redacción: en la forma ordinaria, esta fiesta, instituida por S.S. Pío XI en 1925 mediante la encíclica Quas primas, se celebra el último domingo del Tiempo Ordinario; en la forma extraordinaria, en cambio, es el último domingo del mes de octubre], la iglesia organiza una procesión eucarística luego de la Misa mayor del domingo; el párroco, P. Jacob Conner, tuvo la amabilidad de enviarnos estas fotografías. Es grandioso ver una parroquia donde se celebran ambas formas del rito romano de un modo digno y a gente joven participando con entusiasmo en ambas. Nuestros agradecimientos al P. Conner y al fotógrafo, Sr. Ryan Rozas.

Actualización: algunas fotos de la Misa celebrada antes de la procesión han sido añadidas; la Misa mayor dominical en Santa Juana de Arco se celebran ad orientem desde el primer domingo de Adviento del año pasado y, desde el próximo domingo [Nota de la Redacción: se refiere al domingo pasado, 27 de noviembre, primero del tiempo de Adviento de este año], esto se extenderá a todas las Misas, haciendo caso a la sugerencia del Cardenal Sarah de volverse hacia el Señor. Esto fue anunciado durante todas las Misas en la Fiesta de Cristo Rey, siendo la respuesta de parte de los fieles al anuncio tremendamente positiva. Deo Gratias!















La Misa 






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Crédito de las fotografías: New Liturgical Movement.

sábado, 26 de noviembre de 2016

50 años de Magnificat: recordando al Cardenal Carlos Oviedo Cavada

Al igual que los demás arzobispos de nuestra ciudad desde la época de S.E.R. el Cardenal Raúl Silva Henríquez, monseñor Carlos Oviedo Cavada OdM (1927-1998) dio apoyo a la Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat. En su caso, empero, ha sido uno de los que mayor identificación ha tenido con la Santa Misa tradicional y su celebración en Santiago de Chile durante sus ocho años como pastor de esta Arquidiócesis (1990-1998), permitiéndola con frecuencia semanal mucho antes del motu proprio Summorum Pontificum.

S.E.R. Carlos Oviedo Cavada
Arzobispo de Santiago
(1990-1998)

Fue él quien nos autorizó en 1992 para celebrar la Santa Misa de siempre en la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, aunque por distintas razones que no es del caso comentar ahora no fue posible cantarla más que con una frecuencia mensual. Tal fue el lugar de celebración previo al traslado a la capilla del Campus Lo Contador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el que se mantuvo hasta 2007 con la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum y el comienzo de la celebración dominical.

Incluso, en una ocasión él mismo celebró con gran decoro y corrección una Misa prelaticia para nuestra Asociación. Celebrar pontificalmente fue imposible hasta el recién motu proprio de Benedicto XVI por falta de sacerdotes y monaguillos que conocieran el elaborado ceremonial. Dicha Misa tuvo lugar el domingo 7 de noviembre de 1991, con una muy buena asistencia de fieles. Al finalizar, el Cardenal se detuvo en la puerta de la iglesia para saludar a cada uno de los fieles asistentes y, posteriormente, hubo un almuerzo con la directiva de la época en la casa parroquial. Lamentablemente, no quedaron registros gráficos de esa celebración.


El 8 de septiembre de 1994, poco antes de ser creado cardenal por San Juan Pablo II, el Arzobispo de Santiago publicó su carta pastoral intitulada Un solo rebaño, un solo pastor dedicada a los fieles católicos vinculados a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, que desde hacía una década contaban con un creciente apostolado en nuestra ciudad. Si bien sus palabras resultan hoy superadas por los acontecimientos posteriores, allí invitaba a los fieles a permanecer en comunión con la Iglesia jerárquica, viviendo según la Tradición viva. En dicha carta existe una referencia a nuestra Asociación a propósito de la ahí llamada impropiamente “Misa de San Pío X” (mentada a veces como de San Pío V):

También hay fieles católicos atraídos por el rito romano de la antigua Misa llamada de San Pío X, y en latín, tal como la celebrábamos antes de la reforma litúrgica originada en el Concilio Vaticano II (el nuevo rito comenzó entre nosotros el 7 de junio de 1964). A este respecto debe advertirse que la Santa Misa es una sola y la misma, tal como la instituyó Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena: “Haced esto en memoria mía” (Cfr. Lc 22, 19-20). ¿Cómo celebran la Eucaristía los Apósteles, cómo los cristianos de los primeros siglos? Ciertamente su rito era distinto del que formalizara San Pío V después del Concilio de Trento, y del que estableciera San Pío X a comienzos de este siglo, y del que instituyera la reforma postconciliar del Vaticano II.

En la tradición latina también se han tenido diversos ritos, por ejemplo, el ambrosiano, el mozárabe y el de algunas órdenes religiosas, como también son muy variados los ritos en la Iglesia Católica oriental aún hoy en día. Pero, la Santa Misa es, en todos esos casos, esencialmente la misma, la que instituyera Nuestro Señor. ¿Por qué, entonces, privilegiar hoy
un solo rito y hacer una cuestión de principios algo que obviamente no lo es?


Ahora bien, la Santa Sede, con el ánimo de allanar todos los obstáculos en materias que no fueran estrictamente doctrinales, autorizó que, según la petición del Ordinario del lugar, se celebrara la Santa Misa del rito de San Pío X. Mi antecesor, el Cardenal Fresno, autorizó esa Misa en un lugar determinado una vez al mes; y yo, aconsejado por la Santa Sede, extendí ese permiso a todos los domingos del año. No ha sido fácil para los fieles agrupados en la asociación “Magníficat”, que se encarga de dicha celebración, mantener esa frecuencia, por la falta de sacerdote oficiante. Para apoyar esa iniciativa y expresar mi comprensión hacia ella, yo mismo les celebré una vez la Santa Misa en ese rito, porque soy Pastor de todos y a todos debo hacer crecer en la comunión de la Iglesia.

Escudo y lema episcopal de S.E.R. Carlos Oviedo Cavada

En diciembre de 1996, nuestra Asociación recibió una visita sorpresiva del cardenal Oviedo en plena celebración de la Santa Misa que se cantaba cada tercer domingo de mes en la capilla del Campus Lo Contador. Venía de una celebración en el santuario de la Inmaculada Concepción en la cumbre del cerro San Cristóbal y, enterado por los avisos que entonces se publicaban mensualmente en el periódico El Mercurio para informar de la celebración de la Santa Misa tradicional, quiso pasar a saludar a sus fieles ahí reunidos. El celebrante, el P. Antonio Grill sdb, estaba pronunciando la homilía cuando llegó nuestro Arzobispo, ante la sorpresa y alegría de los fieles. Después de unos minutos de prédica del celebrante, el cardenal tomó la palabra y dirigió una breve pero afectuosa alocución, donde exhortó a todos a continuar con este apostolado tan caro para toda la Iglesia.

En enero de 1997, el cardenal Oviedo ordenó sacerdote a D. Milan Tisma Díaz, a quien de inmediato le concedió autorización verbal para celebrar la Santa Misa tradicional y los demás sacramentos conforme a los libros litúrgicos de 1962 cada vez que hubiese necesidad pastoral. Desde entonces, y por ya casi veinte años, se ha desempeñado como el capellán de nuestra Asociación. 

El Cardenal Oviedo en el Santuario de Santa Teresa de los Andes en Auco

Un año después, el cardenal Carlos Oviedo presentó su renuncia como arzobispo de Santiago debido a la grave enfermedad que lo aquejaba. Falleció el 7 de diciembre de ese mismo año, víspera de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, cuya imagen preside desde las alturas del Cerro San Cristóbal nuestra ciudad.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

In memoriam: la Basílica de Nursia

A continuación encontrarán nuestros lectores un conmovedor artículo del Prof. Peter Kwasniewski, en el cual evoca la Basílica de Nursia, trágicamente destruida casi en su totalidad por el reciente terremoto en Italia central, acaecido el pasado 30 de octubre, víspera de un nuevo aniversario de la Reforma. Es en la plaza que está frente a esa Basílica y mientras desayunaba donde la señorita Prim tomó la decisión de volver a la casa del hombre del sillón, aquel que le había explicado la razonable locura del Evangelio vivido según la Tradición. 

El artículo fue originalmente publicado en el sitio New Liturgical Movement (el original en lengua inglesa puede leerse aquí) y la traducción es de la Redacción.

 La Basílica de Nursia antes del terremoto de 30-X-2016

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In memoriam: la Basílica de Nursia

Puede parecer extraño que me exprese en estos términos, pero cuando vi las fotos de la Basílica de Nursia en ruinas, tuve tales sentimientos de privación, de pena y de dolor como si un pariente o un amigo mío hubiese muerto. Me impactó en lo más íntimo con la misma fuerza. Y cuando vi que otras iglesias en el pueblo se habían derrumbado también, el efecto en mí se duplicó. Cuán extrañamente era esto un recordatorio de aquel versículo referido a nuestros cuerpos mortales: “Polvo eres, y en polvo te convertirás”. Las iglesias son imágenes terrenas de la Jerusalén celestial, es decir, de la Esposa de Cristo, y tienen su rostro en sus fachadas: sus naves imitan su cuerpo, sus presbiterios representan su corazón. Cuando una iglesia se viene abajo, la Iglesia pierde una de sus encarnaciones.

En estas iglesias he orado tantas veces, en tantas visitas que he hecho a los monjes, y su monasterio es mi hogar espiritual (en la medida en que se puede decir que uno tiene un hogar en este valle de lágrimas y tierra de exilio). Es en la Basílica donde me enamoré del Oficio Divino tradicional, donde me he gloriado en el esplendor de la Misa según el rito romano de siempre, donde recibí la llamada a ser oblato benedictino, donde mejor comprendí lo que significa tener raíces católicas, orando en y sobre la cripta donde, según la tradición, nacieron San Benito y Santa Escolástica. Ver esta inmensa estructura como un montón de escombros me hizo recordar, quizá más que ninguna otra cosa en mi vida, la transitoriedad, la fragilidad, la mutabilidad de todas las obras humanas. Las estructuras más sólidas que podemos construir son apenas precarios castillos de naipes comparadas con el poder del Motor Inmóvil latente en el cosmos.  

No se me pasa por la mente hacer a Dios responsable. Él es como es siempre: susurra su palabra en nuestros oídos, en nuestros corazones, en nuestros sacramentos, en nuestras iglesias, infundiendo su Espíritu en las obras lábiles y falibles que producen nuestras manos y espíritus en nuestra lucha por servirlo con temor y temblor, con amor casto y filial. “Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando Él te reprenda, porque el Señor corrige al que ama y azota a todo aquel que reconoce como hijo. Lo que sufrís sirve para vuestra corrección. Dios os trata como a hijos” (Hb 12, 6-7). Es largo el camino que va desde nuestra condición caída hasta el día de nuestra configuración perfecta con el Hijo Unigénito de Dios, y no hay cómo saber cuántos sufrimientos o privaciones nos sobrevendrán para que nuestra imitatio Christi sea más real.

Pero hay un tiempo para las palabras, y un tiempo para el silencio. Hoy es más el tiempo para este último. Compartiré con ustedes algunas fotografías que tomamos con mi hijo Julian en ese amado lugar (todas las fotos buenas son de él, y las borrosas son las mías). La noble Basílica ilustrada en ellas está ahora en ruinas. Confío, y oro para que así sea, que algún se levantará resucitada.


El techo, visto desde el campanario

En el campanario




El pórtico estaba a un costado



Vista hacia el interior occidental con el pequeño órgano

Uno de los altares laterales

Misa cantada, en julio último

 Un fresco cerca de la entrada


 La Divina Liturgia bizantina, celebrada en la cripta por un sacerdote de visita

 Lugar de nacimiento de San Benito y de Santa Escolástica

 La Sacristía

Una última foto para terminar, y una nota de esperanza. Como muchos lectores probablemente sepan a estas alturas, los monjes de Nursia están dedicados a construir una nueva sede en las montañas, en un lugar fuera de la ciudad que han denominado “San Benedetto in Monte”. En este lugar hay una antigua iglesia capuchina que había sido reconstruida (y ha resistido, parece, los terremotos). Hace unos años tuve la oportunidad de visitarla antes de que se construyeran los andamios. He aquí una vista de parte del interior. 


jueves, 17 de noviembre de 2016

50 años de Magnificat: conferencia de Christopher Ferrara (quinta parte)

Publicamos a continuación la quinta y última parte de la conferencia de Christopher Ferrara pronunciada en Santiago de Chile en el marco del II Congreso Summorum Pontificum.


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VIRUS EN EL CUERPO DE CRISTO: UN OBSTÁCULO PARA LA RESTAURACIÓN ECLESIAL (V)

Christopher Ferrara


El evento de Asís se repitió el 24 de Enero de 2002, cuando a los miembros de las diversas religiones se les asignaron diversas estancias anexas a la Basílica de San Francisco para que practicaran sus ritos paganos de oración “por la paz”. De esta manera, en un lugar católico profundamente sagrado, donde por siglos los monjes habían orado por la conversión de almas como aquéllas, algún ministro jainista (politeísta) quemó astillas de madera en su urna sagrada, y los practicantes de otras religiones que incluyeron el vudú, observaban sus propias “tradiciones” [1]. Aquellos practicantes viajaron a Asís desde el Vaticano en lo que las autoridades de la Iglesia denominaron “el tren de la paz”, que consistía en siete vehículos: uno para el Papa, otro para los cardenales y obispos, otro para los ortodoxos, uno para los judíos y musulmanes, uno para las “comunidades eclesiales” protestantes, uno para los budistas, los tenrikyoístas, los shintoístas, los confucianistas y los jainistas, y cerrando el cortejo, un carromato lleno de hindúes, zoroastristas y sikhs.

  Monjes paganos orientales en el Encuentro de Asís de 2002

El espectáculo se desarrolló en nombre de la paz mundial. Al día siguiente, la India detonó un misil nuclear e Israel bombardeó los territorios palestinos. Después de unas pocas semanas de Asís 2002, los fundamentalistas hindúes y musulmanes en India se masacraban mutuamente por centenares en una nueva ola de conflictos religiosos, en tanto que el conflicto árabe-israelí escalaba casi hasta el punto de una guerra declarada, cuando el ejército israelí llevó a cabo una invasión masiva de la capital palestina no oficial de Ramallah, lo que motivó las protestas incluso de algunos miembros del gabinete Israelí [2].

Aquí también Francisco ha continuado con el tema postconciliar, y con similares efectos. Su “oración por la paz” israelí-palestina, “sin precedentes” [3], incluyó la plantación de un olivo y lecturas hechas por los “representantes” de la cristiandad, el judaísmo y el islam. En el curso de estas lecturas, el imam invitado oró por “la derrota de los infieles” –es decir, según la mejor traducción de la surah 109, de la cual leo, “victoria sobre los que no oran como yo” [4]. Luego de unos días de este acontecimiento, el conflicto árabe-israelí irrumpió con un nivel de violencia que no se había visto por décadas, que mereció que se lo conociera como el Conflicto Israel-Gaza de 2014, una guerra de cincuenta días en que más de 2.000 habitantes de Gaza, en su mayoría no combatientes, fueron muertos, y unos diez mil, heridos [5] . Y en la actualidad, por cierto, el incremento de ISIS amenaza a Europa y a la misma Roma.

 El Papa Francisco junto a Shimon Peres y Mahmud Abás en el Encuentro por la Paz de 2014
(Foto: AFP)

 Francisco en el Encuentro de Asís de 2016
(Foto: AP)

Así es como nuestro belicoso mundo ha respondido al “Espíritu de Asís” y al “diálogo interreligioso”. Con todo, el “diálogo” sigue y sigue, y el Vaticano ya no le dice al mundo que debe hacerse católico, que debe someterse al Reinado Social de Cristo a fin de encontrar la verdadera paz y la salvación eterna, como Pío XI subrayaba en sus señeras encíclicas sobre el Reinado Social de Cristo, Ubi Arcano Dei (1922) y Quas Primas (1925). En cambio, tenemos eventos al estilo de Asís y una interminable producción de suaves declaraciones irenistas desde el Vaticano. Por ejemplo, las muchas declaraciones vaticanas encaminadas a que católicos y musulmanes “compartan su fe” y a que “el llamado al Islam” y a la “misión cristiana” sean hechos en un “espíritu de colaboración y como un servicio a la humanidad [6]. Ni siquiera el surgimiento de ISIS y su amenaza explícita de conquistar Roma han despertado a los practicantes del “diálogo interreligioso” a la realidad de que no puede haber “colaboración” ni “compartir” entre la verdadera religión establecida por Dios y la inventada por Mahoma, que se ha extendido a través de la conquista y la esclavización desde el momento mismo de su aparición.

 Visión de San Pío V de la victoria en Lepanto
(Basílica de María Auxiliadora, Turín)

En 1571, el Papa San Pío V, que nos dio nuestro Misal romano, oró por la derrota de las fuerzas islámicas en Lepanto. Aun antes de recibir las noticias de la victoria de la flota cristiana, se puso súbitamente de pie, fue a la ventana y declaró: “Este no es el momento de trabajar: apresúrense a dar gracias a Dios, porque en este momento nuestra flota ha obtenido una victoria sobre los turcos” [7]. El historiador Warren H. Carroll declara que “En muchas formas, él [S. Pío V] salvó a la cristiandad” [8]. Pero hoy, con la cristiandad en ruinas, los católicos “normalistas” no tienen nada que decir cuando el Vaticano envía una delegación a la primera mezquita jamás construida en Roma y nos informa que la Iglesia católica va a colaborar con el Islam, que le presta un “servicio a la humanidad”.

 Fotomontaje de la revista oficial del autodenominado Estado Islámico, 
con su bandera ondeando sobre el Obelisco de la Plaza de San Pedro


CONCLUSIONES

A modo de conclusión, vuelvo ahora a los tres puntos de mi analogía:

Primero, un virus aparece de pronto, desde fuera del cuerpo; es decir, es ajeno al cuerpo.

Segundo, puede entrar con éxito en el cuerpo sólo si hay una abertura en el sistema inmunológico.

En relación con el primero y el segundo puntos, la analogía es claramente acertada. El ecumenismo y el diálogo aparecen de pronto en un concilio ecuménico, cuya preparación entera el Papa Juan permitió que fuera echada a la basura, dejando el sistema inmune de la Iglesia abierto a las ambigüedades que se introdujeron en los documentos finales aprobados por el Papa Pablo. Admitimos que ninguno de los documentos conciliares tiene ningún error doctrinal explícito; y Pablo VI actuó decisivamente en varias oportunidades para evitar que evidentes errores fueran promulgados como doctrina católica[9]. Pero tal es, precisamente, el meollo de esta conferencia: explicar cómo la Iglesia pudo caer hasta su situación actual de confusión y debilidad sin una falla sistemática del Magisterio, cosa que es imposible. Ello ha ocurrido por la introducción en la Iglesia de virus verbales, que operan por debajo del nivel de la doctrina católica.

Tercero, una vez que el virus penetra, no añade nada a la vida del cuerpo, sino que, más bien, causa solamente desorden y debilidad, volviendo al cuerpo incapaz de realizar su actividad normal y vigorosa.

¿Cabe duda alguna de que los virus del ecumenismo y del diálogo han claramente paralizado la actividad misionera de la Iglesia, al tiempo que deja confirmados en su error a quienes están fuera de Ella? El mandato divino de hacer discípulos en todas las naciones existe necesariamente en tensión con las noveles nociones, que no pueden sino inhibir la tradicional proclamación por la Iglesia de que ella sola es el arca de salvación –dogma reafirmado por el rechazo de Pío XI del “movimiento ecuménico” apenas 37 años antes del Vaticano II[10].

¿No estamos, pues, siendo testigos, de aquello que sugiere el tercer elemento de nuestra analogía del virus: una Iglesia drásticamente debilitada, incapaz de realizar su vigorosa actividad normal de incorporar a sí a las almas? ¿Qué otra cosa, fuera de estos virus, pudo haber causado tal debilidad en la Iglesia –una debilidad que se desarrolló súbitamente después del Concilio y precisamente en aquellas áreas impactadas por las nuevas nociones?

Con todo, debo subrayarlo de nuevo, en el proceso de infectarse con estos virus, la Iglesia jamás ha, de hecho, enseñado ningún error doctrinal a nivel del Magisterio, cosa diferente de adoptar políticas eclesiásticas malamente definidas, para las cuales no se puede exigir asentimiento religioso (es decir, el asentimiento de la prudencia) ni asentimiento de fe, ya que las políticas no son el objeto propio de la fe católica.

Si, pues, mi tesis es correcta, en la época postconciliar el Adversario ha desencadenado sus más brillantes estratagemas –quizá la estratagema final- en su larga guerra contra la Iglesia: el uso de la no-doctrina para erosionar la adhesión a la doctrina; el comprometer las buenas intenciones y el disipar la energía eclesiástica en la persecución casi febril de conceptos ilusorios, incapaces de ser realizados o siquiera adecuadamente explicados. Aquí me apresuro a enfatizar que no tengo en absoluto la intención de emitir un juicio sobre la disposición subjetiva de los eclesiásticos que nos animan a adherir al ecumenismo y al diálogo. Mucho menos quisiera dar la impresión de un juicio sobre la persona del Santo Padre, a quien nadie sobre esta tierra puede juzgar.

Sin embargo, es imposible no darse cuenta de que las políticas papales y las decisiones prácticas, como la decisión de embarcarse en un “emprendimiento ecuménico” con los protestantes, no gozan de la protección divina que asiste a las enseñanzas doctrinales formales de un Papa. Como lo ha dicho Dietrich von Hildebrand, es “falsa e infundada una lealtad al Papa que acepta las decisiones prácticas del Papa del mismo modo como las definiciones ex cathedra o las encíclicas que tratan cuestiones de fe o moral… Ello es plantear a los fieles problemas insolubles a la luz de la historia de la Iglesia. Al cabo, esta falsa lealtad sólo puede poner en peligro la verdadera fe católica”[11].

Lo que es más: incluso los laicos tienen ojos para ver, y pueden reconocer una enfermedad cuando la ven. Especialmente después del tumultuoso Sínodo de la Familia y la publicación de Amoris Laetitia (donde el término “diálogo” aparece unas veinte veces), muchos, y no sólo los tradicionalistas, han observado que el Cuerpo Místico de Cristo está sufriendo una enfermedad como jamás había tenido antes. Ni siquiera la crisis arriana puede compararse con el multiforme desorden y debilidad eclesiales que estamos presenciando en este momento de la historia.

Aparte de la destrucción de la liturgia, ampliamente reconocida, ¿qué otra cosa que estas noveles nociones que hemos descrito como virus en el Cuerpo de Cristo puede explicar la condición actual, sin precedentes, de la Iglesia? Si es que hay alguna otra respuesta a estas preguntas, la historia postconciliar deberá revelarla en el futuro.

En conclusión, por lo tanto, la tarea de la restauración eclesial no se puede limitar a restaurar la liturgia, cosa que es, por cierto, esencial. Para citar el juicio excelente y muy valiente de Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontifica Comisión Ecclesia Dei: “Un modo foráneo de pensar ha entrado en el mundo católico, causando confusión, seduciendo muchas almas, y desorientando a los fieles”[12]. No puede haber restauración digna de ese nombre a menos que la Iglesia no sólo ore sino que piense y, de acuerdo con ello, actúe una vez más en continuidad con su bimilenaria tradición teológica y evangélica. Para que ello suceda, me temo, tanto la Iglesia como el mundo tendrán probablemente que experimentar acontecimientos dramáticos, como la Santísima Virgen nos lo advirtió en Fatima y Akita y en muchas ocasiones anteriores.
   



[1] EWTN y los demás medios católicos importantes no mostraron imágenes de los sacrilegios que se cometieron en esas estancias, aunque las imágenes fueron transmitidas, sin censura, por la televisión italiana, tal como el Vaticano quería que se hiciese. Quien quiera que haya seguido la cobertura de EWTN de aquel acontecimiento, no llegó a tener idea de lo que el propio aparato vaticano estaba orgulloso de exhibir a todos. ¿Por qué ocultar la información, si no hay en ella nada malo?

[2] “Musulmanes aterrados llenan los campos de refugiados en India”, CNN.com, 12 de marzo de 2002; “Las tácticas de Israel provocan un feroz desacuerdo en el gabinete y censuras en el extranjero”, New York Times, 14 de marzo de 2002, p. A15.

[3] “Oración por la paz de Israelitas y Palestinos el domingo en los jardines vaticanos”, 6 de junio de 2014, lastampa.it

[4] Cf. comentario en http://www.dici.org/en/news/reactions-to-the-israeli-palestinian-prayer-in-the-vatican-gardens/.

[5] Cf. “Israel-Gaza Conflict of 2014: 50-day War by Numbers,” August 27, 2014 @ independent.co.uk/

[6] L’Osservatore Romano, 28 de mayo de 1998, p. 11.

[7] Warren H. Carroll, The Cleaving of Christendom, Vol. IV (Front Royal, Virginia: Christendom Press, 2000), p. 355.

[8] Ibíd., p. 356.

[9] El ejemplo más famoso es la intervención del Papa Pablo para forzar al Concilio a incluir la Nota Praevia a Lumen Gentium, que corrige la errónea sugerencia de LG de que cuando el Papa ejerce su suprema actividad, lo hace sólo como cabeza del colegio episcopal, en el cual reside la autoridad suprema. Pablo fue alertado sobre este punto por un grupo de Padres Conciliares conservadores, que finalmente lo persuadieron del potencial destructivo de LG: “El Papa Pablo, dándose finalmente cuenta de que había sido engañado, se derrumbó y lloró”. Wiltgen, The Rhine Flows into the Tiber, p. 232. En este caso los conciliares conservadores actuaron como “anticuerpos” frente a otro virus verbal en los documentos conciliares. Pero, como anota Amerio, “En toda la historia de la Iglesia no hay otro ejemplo de una glosa de este tipo que se haya añadido y unido orgánicamente a una constitución dogmática como lo es Lumen Gentium… Parece inexplicable… que el Concilio produjera un documento doctrinal tan imperfecto como para requerir una nota explicativa justo en el momento de su promulgación”. Amerio, Iota Unum, p. 91. Pero es típico de las maniobras que se dieron en el Concilio el que la Nota Praevia, que se supone que introduce a Lumen Gentium, fuera en cierto modo rebajada a la calidad de apéndice e “impresa después de él”. Ibíd.

[10] La Iglesia católica es la única que conserva el verdadero culto. Esta es la fuente de la verdad, esta es la casa de la fe, éste es el templo de Dios: si el hombre no entra aquí, o si se aleja, es un extraño a la esperanza de vida y de salvación. Que nadie se engañe con un obstinado forcejeo. Porque la vida y la salvación están empeñadas en esto, y se perderán y destruirán completamente, a menos que sus intereses sean cuidadosa y asiduamente considerados. Mortalium Animos, n. 11, cita de Lactancio.

[11] Satan at Work, p. 45; citado por Michael Davies, Pope John’s Council (Kansas City, MO: Angelus Press, 1977), p. 174.

[12]“ Msgr Pozzo on Aspects of the Ecclesiology of Vatican II” en rorate-caeli.blogspot