martes, 23 de agosto de 2016

Ex ora infantium: los niños y la Misa tradicional

Les ofrecemos la traducción hecha por la Redacción de un artículo del ya asiduo Peter Kwasniewski aparecido en New Liturgical Movement sobre la gran ayuda espiritual que presta la Misa de siempre en la formación religiosa de los niños. 


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Ex ore infantium: los niños y la Misa tradicional 

Peter Kwasniewski

El tema de la relación de los niños con la Misa tradicional merece mucha más atención que, hasta donde yo sé, se le ha dado. Lo que me queda claro, por la experiencia que tengo con mis niños y los de algunos amigos que asisten con regularidad a esta Misa, es que, contra todas las predicciones de los liturgistas sobre la necesidad de que los niños tengan sus liturgias simplificadas que los nutran con miguitas del Evangelio, los niños no sólo disfrutan asistir a la Misa tradicional, sino que pueden llegar a cautivarse y encantarse con ella. Es algo bien sabido que ciertos niños que se han comportado como incontrolables erizos, una vez revestidos con sotana y sobrepelliz, pasan a integrar las filas de monaguillos y a comportarse como soldados; y que algunas niñas, una vez que se cubren la cabeza con un velo, se entregan a la oración de un modo tal que resulta edificante incluso para sus padres.

Como una tarea escolar, mi mujer pidió a nuestra hija que escribiera lo que pensaba acerca de la Misa a que vamos los domingos (esto fue hace algún tiempo, cuando nuestra hija tenía nueve años). Aquí están las páginas manuscritas, junto con su transcripción.





"Reflexiones sobre la Misa tridentina.

He notado que la Misa tridentina es silenciosa durante un rato. También he notado que el sacerdote dice la mayor parte de las oraciones en la Misa tridentina, especialmente en la consagración.

Pienso que el silencio de la Misa tridentina es como las monjas carmelitas, que pasan en silencio la mayor parte del tiempo. También he notado que en la Misa tridentina el sacerdote reza la mayor parte del Padrenuestro.

Hay solamente dos liturgias que me hacen sentir como en el cielo, la tridentina y la bizantina. Me gustan igual la Misa solemne y la Misa rezada. Me gusta la Misa solemne porque me gusta mucho cantar, especialmente el gregoriano. Y la Misa rezada porque hay mucho tiempo para rezar en silencio.

También el sacerdote dice el Amén por uno en la comunión.

Una pequeña oración mía: Sí, Señor, creo que estás presente en la Eucaristía y creo que estás conmigo en todos los santos sacramentos. Amén."

¡Qué hermosos son estos sentimientos sencillos, sin afectación, nacidos directamente del corazón infantil que se encuentra con el misterio del Señor! “De la boca de los niños has formado una alabanza perfecta para vencer al enemigo y al rebelde” (Ps 8, 2). ¡Ojalá que más niños pudieran experimentar el canto y el silencio que ayudan al alma a sentir y a saber que el Señor está realmente presente entre nosotros!

Por cierto, soy el primero en admitir que traer los niños a la Misa tradicional, especialmente los bebés y los niños más pequeños que no pueden “seguir” la liturgia y que a menudo hacen muchísimo ruido y complican a sus padres, presenta una gran cantidad de desafíos. Aun así, no debiéramos subestimar la sutil formación de la psiquis que tiene lugar al exponer convenientemente a los niños al silencio saturado de oración, a los símbolos litúrgicos, al ceremonial de la Misa. Después de todo, si se comienza a formar el alma de los niños desde el momento mismo de la concepción por la música y las voces que oyen desde el interior del seno materno, ¿cuánto más no se formará, después de su nacimiento, su memoria, su imaginación, su intelecto, su voluntad, por la influencia del medio? ¡No subestimemos la necesidad de nuestros niños de exponerse a la sagrada liturgia en toda su exigente y gratificante plenitud, ni su capacidad, a lo largo del tiempo, de absorber esta plenitud y hacerla parte de lo que ellos mismos son!

En OnePeterFive se puede encontrar un par de artículos sobre “Cómo ayudar a los niños a comprender la Misa Tradicional” (Partes 1 y 2), donde se analiza el modo cómo los padres pueden ayudarlos en este proceso de gradual inmersión en la Misa de todos los tiempos, y cómo pueden “ganar tiempo” para los pequeños. Quisiera aquí expandirme sobre un punto específico mencionado en dichos artículos.

Antes de poder hacerlo en la iglesia, los niños deben practicar en la casa el estarse quietos. Los padres solemos cometer el error de querer corregir en la Misa un comportamiento inadecuado en ella, momento en que hacerlo resulta poco efectivo y torpe. La práctica durante un mes, más o menos, del rosario en familia puede enseñar a casi todos los niños a cómo estarse quietos, ya que en casa uno puede insistir en que se comporten como deben de un modo que no se puede hacer en Misa. El rosario es una oportunidad de practicar el estarse quietos y, para los niños algo más grandes, de arrodillarse, de manera que sus cuerpos se familiaricen con la disciplina de la oración formal, que les servirá directamente para la Misa. Quienes tienen familias grandes saben que es perfectamente clara la diferencia entre los niños a quienes se les ha dado tales oportunidades y los niños que no las han tenido.

El arte de estarse quietos… Algo que todos necesitan aprender

Relacionada con este arte de estarse quietos está la cuestión, más profunda, de inspirar a los niños el amor por la paz y tranquilidad, así como también el hábito de mantenerse ocupados en algo (es decir, de no tener que ser entretenidos sino de entretenerse solos). Para decirlo con franqueza, si nuestras casas se ven inundadas por el ruido de la televisión, del estéreo, de los libros electrónicos de alta voz y de otros estímulos auditivos, no se alimentará la quietud de alma necesaria para participar en la Misa tradicional. Tenemos gran necesidad de “ruidos naturales” y también de “tiempos de silencio” en el hogar.  Una cosa que funciona bien en algunas familias es establecer una hora de silencio en algún momento después del mediodía, a fin de aclimatar a los niños a la necesidad (y, me atrevo a decir, a la posibilidad) de un lapso de tranquilidad en que cada cual tiene que mantenerse ocupado y en silencio. Difícilmente se puede exagerar la importancia de cosas como éstas: de otro modo, ¿cómo podrán los jóvenes católicos aprender a oír la “voz quieta, pequeña” (1 Re 19, 12) del Señor; cómo podrá preparase el terreno para la meditación y la contemplación características de la oración madura? Estamos hablando nada menos que de la educación en la conciencia de sí y de los otros, que es lo que define la interioridad y la relacionalidad humanas, y nos distingue de los animales del campo.

Como Maria Montessori lo supo y lo expresó tan bien, los niños pequeños tienen una habilidad innata para concentrarse. Desgraciadamente las modernas prácticas de los padres obstaculizan esta habilidad con la errónea idea de que los niños deben ser “entretenidos” y distraídos continuamente con toda suerte de estímulos artificiales. La creación es un mundo misterioso y maravilloso por sí mismo, y si se les da la oportunidad, incluso los niños muy pequeños pueden concentrarse en algo tan simple como sus propios dedos durante un tiempo mucho más largo que lo que un adulto creería posible. La mujer de uno de mis amigos grabó un vídeo de su hijo de ocho meses jugando con cubos durante más de veinte minutos. La clave de algo así es impedir que nada perturbe al niño que está concentrado. 

Hace poco estuve escribiéndome con un padre que me contaba la experiencia de su familia en la transición desde el Novus Ordo a la Misa tradicional, y cómo ello los ha ayudado a todos a ser católicos más devotos. Debido a que lo que escribe es tan alentador para todos nosotros, compartiré aquí (con el permiso suyo) lo sustancial de sus ideas: 

"Nuestra hija es en parte responsable de que asistamos ahora a una parroquia de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. Ella se involucró en un programa para niñas en la Fraternidad y asistía a Misa todos los sábados. Comenzó a usar velo. A continuación me comentó cuánto la impresionaba la forma extraordinaria, y su incomodidad con el Novus Ordo (hacia aquel entonces, no había comentado con mis hijos sobre mi estudio del N.O. Nuestras conversaciones se referían solamente a los abusos litúrgicos). Luego, desarrolló su devoción por la Florecilla, y se volvió mucho más piadosa. Fue impresionante (es una niña normal: compite en Irish Step y tiene lecciones de equitación, y practica saltos con sus demás hermanos). Y así, fue en parte la sabiduría de una niña lo que nos trajo hacia la forma extraordinaria.

Estoy impactado por lo insensibles o simplemente ciegos que algunos católicos, aparentemente fieles, son frente a la Misa. Seguramente son personas mucho mejores que yo, como para poder nutrirse con una Misa de guitarras. Yo necesito, en realidad, todo lo que la Iglesia puede darme –todos los aromas y campanas- a fin de poder llegar al fin de la semana.  El diablo tiene tantas vías de comunicación actualmente para transmitir su mensaje. Me da la impresión de que ya es tiempo que la Iglesia comience a usar su artillería pesada…

Nuestra hija se dio cuenta de las diferencias a la temprana edad de 10 años, y dijo que se había enamorado de la forma extraordinaria. Y nos dijo también que, una vez que comenzó a usar velo, se hizo mucho más rezadora; sintió que se podía concentrar mucho más, sin distracciones. Además, sintió que podía imitar a María mucho mejor, porque a María se la pinta siempre con la cabeza cubierta. A menudo les digo a mis hijos hombres que su hermana nos ha de conducir al cielo.

Nuestros hijos varones también notaron la diferencia en la piedad del sacerdote. El mayor tiene catorce años y ahora ayuda a la Misa, y habla de la precisión de los movimientos del sacerdote, y como no permite que sus ojos se alcen más alto que la barandilla del comulgatorio cuando se vuelve hacia el pueblo. También se ha impresionado con el modo cómo el sacerdote prepara la Misa, y cómo se dedica a su acción de gracias inmediatamente después que la dice. Nada de socializar después de la Misa.

Hubo un buen artículo en la última edición de Adoremus, en el que un sacerdote describía su experiencia en un colegio católico de Chicago donde se les enseñaba canto gregoriano desde el primer curso. Pienso que tal formación es verdaderamente posible para los niños pequeños. Pienso también que la forma extraordinaria no está más allá de su capacidad, aunque creo que los padres debieran comprometerse más con la explicación del significado de cada rito: es algo que, para los niños, resulta perfectamente vivo. A nuestro hijo de 11 años le gusta seguir la Misa con el Misal Campion. Además, trato de explicarles las lecturas y los Propios la noche anterior en la mesa. Así pues, creo que la forma extraordinaria nos exige más, pero son exigencias que valen la pena."

Padres, no tengan temor de comprometerse con estas exigencias, y no se desalienten por los desafíos y fracasos. Sus esfuerzos serán recompensados. Los sacerdotes que celebran la Misa tradicional les agradecen por hacer que esta profunda educación y santificación esté al alcance de nuestros niños. Sacerdotes que todavía no celebran la Misa tradicional o no lo hacen en público: por favor consideren qué torrente de gracias y de verdad derrama sobre el Pueblo de Dios –comenzando por los más pequeños- esta venerable forma del rito romano. “Dejen que los niños vengan a Mí y no se lo impidan, porque a los que son como ellos pertenece el reino de Dios” (Lc 18, 16).

Note de la Redacción: todas las fotografías están tomadas del artículo original.

sábado, 20 de agosto de 2016

Entrevista de Roberto de Mattei con el Rvdo. Claude Barthe sobre Amoris Laetitia

Ofrecemos a nuestros lectores una traducción de una entrevista al organizador de la peregrinación tradicional anual a Roma Summorum Pontificum, el Rvdo. Claude Barthe (de quien ya hemos publicado previamente otra entrevista), concedida al destacado historiador italiano Roberto de Mattei. En la entrevista, el Rvdo. Barthe se refiere con aguda intuición a los problemas que suscita la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia (2016) y cómo han de enfrentarlos los católicos que desean vivir íntegramente su Fe, sin deformaciones, falsificaciones ni recortes.

La entrevista adquiere especial relevancia luego de que un grupo de prominentes intelectuales católicos dirigiera recientemente un llamado a los cardenales y patriarcas orientales, pidiéndoles que acudieran al Santo Padre para que éste, mediante una interpretación auténtica, condene expresamente los errores a los que posibles interpretaciones de algunos pasajes de la exhortación podrían dar lugar, los cuales son examinados en detalle en un análisis teológico que se adjunta a la carta de los intelectuales (los enlaces tanto a la carta como al examen teológico, ambos en el original inglés, se encuentran aquí; una traducción castellana realizada por Infocatólica se encuentra aquí).

La traducción desde el francés es de la Redacción y el original puede leerse aquí.


Revdo. Claude Barthe
(Foto: Paix Liturgique)

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Entrevista de Roberto de Mattei con el Rvdo. Claude Barthe sobre la Exhoración post-sinodal Amoris Laetitia

Hemos aprovechado un viaje a Francia para hacer algunas preguntas al P. Claude Barthe, teólogo, autor de obras como La messe, une forêt de symboles (La Misa, un bosque de símbolos), Les romanciers et le catholicisme (Los novelistas y el catolicismo), Penser l’œcuménisme autrement (Pensar el ecumenismo de un modo diferente), quien ha sido uno de los primeros en Francia en expresar sus reservas a la exhortación apostólica Amoris Laetitia, en el blog L’Homme Nouveau, el 8 de abril pasado.

Rev. Padre, me dirijo a Ud. con mucho interés porque, en su reacción a Amoris Laetitia, Ud. no ha procurado, como lo han hecho otros en un primer momento, leer la carta apostólica de un modo tradicional, y yo comparto su punto de vista.

Sinceramente, no veo cómo se podría interpretar, de acuerdo con la doctrina tradicional, el capítulo VIII de la Exhortación. Hacerlo sería violentar el texto y no respetar la intención de los que lo redactaron, quienes tienen clara consciencia de estar planteando un elemento nuevo: “Ya no es posible decir que […]”.

Sin embargo, lo que se dice en la exhortación no es tan nuevo.

No es nuevo desde la perspectiva de la teología contestataria. En eso Ud. tiene razón. Desde el Concilio, con Pablo VI y Juan Pablo II, la gran preocupación de los teólogos contestatarios ha sido, principalmente, atacar Humanae Vitae a través de libros, “declaraciones” de teólogos, congresos. En el mismo período, la comunión a los divorciados “vueltos a casar” (y también a los homosexuales emparejados, y a los concubinos) ha desempeñado el papel de una reivindicación (yo diría “simbólica”). Hay que tener presente, en efecto, que la práctica de muchos sacerdotes en Francia, Alemania, Suiza y en muchos otros lugares, es admitir sin problemas, desde hace tiempo, los divorciados vueltos a casar a la comunión, y darles la absolución cuando la piden. El apoyo más célebre a esta reivindicación se dio en una carta de los obispos del Alto Rin, Mons. Saler, Lehmann y Kasper, fechada el 1 de julio de 1993, titulada “Divorciados vueltos a casar: el respeto a la decisión tomada en conciencia”. Ella contenía, por lo demás, exactamente las disposiciones de la actual exhortación: en teoría, no se los admite a la comunión general, sino que debe haber un ejercicio de discernimiento con un sacerdote para saber si la nueva pareja “se considera autorizada por su conciencia para aproximarse a la Mesa del Señor”. En Francia, algunos obispos (Cambrai, Nancy) han publicado actas de los sínodos diocesanos en igual sentido.  Y el cardenal Martini, arzobispo de Milán, en un discurso que fue un verdadero programa de pontificado, pronunciado el 7 de octubre de 1999 ante una asamblea del Sínodo de Europa, evocó los mismos cambios en la disciplina sacramental.

De hecho, en Francia, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, se va todavía más lejos: algunos sacerdotes, relativamente numerosos, celebran, con ocasión de la segunda unión, una pequeña ceremonia, sin que los obispos se lo impidan. Incluso algunos obispos alientan esta práctica, como lo había hecho Mons. Armand le Bourgeois, antiguo obispo de Autun, en un libro: “Cristianos divorciados vueltos a casar” (Desclée de Brouwer, 1990). Y algunos “ordos” diocesanos, como el de la diócesis de Auch, le dan un encuadre a esta ceremonia, que debe ser discreta, sin campanillas, sin bendición de los anillos…

¿Ud. está consciente de que el cardenal Kasper ha jugado un rol activo?

Al comienzo, sí. Presentado por el Papa Francisco, poco después de su elección, como “un gran teólogo”, él preparó el terreno para la exposición que hizo al consistorio de 20 de febrero de 2014, y que provocó una enorme conmoción. Pero, a continuación, este asunto ha sido manejado con gran habilidad en tres etapas. Dos asambleas sinodales en octubre de 2014 y en octubre de 2015, cuyas relaciones finales incluyeron el “mensaje” kasperiano. Entre las dos se publicó un texto legislativo, Mitis Iudex Dominus Iesus, de 8 de septiembre de 2015, cuyo arquitecto fue Mons. Pinto, decano de la Rota, que simplifica el procedimiento de las declaraciones de nulidad del matrimonio, especialmente gracias a un proceso muy rápido ante el obispo cuando los dos esposos se ponen de acuerdo para demandar la nulidad. Algunos canonistas han hablado, en este caso, incluso de anulación por consentimiento mutuo.

En los hechos, una especie de núcleo dirigente, la Cúpula del Sínodo, se formó en torno al influyente cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, con Mons. Bruno Forte, arzobispo de Chieti, Secretario Especial, es decir, número dos del Sínodo, Mons. Fabio Fabene, de la Congregación para los Obispos, Subsecretario del Sínodo, el cardenal Ravasi, Presidente del Consejo para la Cultura, a cuyo cargo estuvo el Mensaje de la asamblea, asistido especialmente por Mons. Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica de Argentina, el jesuita Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, y otras personas influyentes, todas muy cercanas al Papa, como el obispo de Albano, Marcello Semeraro, y Mons. Paglia, Presidente del Consejo para la Familia. A ellos se ha unido el cardenal Schönborn, arzobispo de Viena, que fue el gran arquitecto del Catecismo de la Iglesia Católica, y que asumió aquí el papel de garante de la ortodoxia del texto, que el cardenal Müller rehusó asumir. Este equipo realizó un considerable trabajo a fin de llegar a la meta que se perseguía…

Para llegar a elaborar después de la segunda asamblea un texto de más de 250 páginas…

Y ya desde antes… El texto de la exhortación postsinodal ya estaba escrito en sus grandes líneas en septiembre de 2015, antes de la inauguración de la segunda asamblea del Sínodo sobre el matrimonio.

 Prof. Roberto di Mattei

Ud. habla de la meta que se perseguía. ¿Cuál, exactamente?

Es bien posible que, en el espíritu del Papa Francisco, no se haya tratado, al comienzo, más que de conceder un permiso “pastoral” y “misericordioso”. Pero como la teología es una ciencia rigurosa, ha sido necesario elaborar ciertos principios que justifiquen la decisión en conciencia de personas que viven en adulterio público para acercarse a los sacramentos. Numerosos pasajes de la exhortación, desde el comienzo, preparan este planteamiento doctrinal, que está en el capítulo VIII. Este trata de diversas “situaciones de fragilidad o de imperfección” y, especialmente, la de los divorciados que han contraído una nueva unión “consolidada en el tiempo, con numerosos niños, con una probada fidelidad, un don de sí generoso, un compromiso cristiano, la conciencia de la irregularidad de su propia situación y una gran dificultad para dar marcha atrás sin sentir, en conciencia, que se comete nuevas faltas” (núm. 298). En esta situación “imperfecta” en relación con el “ideal completo del matrimonio” (núm. 307), la exhortación da normas para un “discernimiento especial” (núm. 301). Este se lleva a cabo normalmente con la ayuda de un sacerdote en el “fuero interno” (¿para ambas partes de la unión?) que permitirá a los interesados formular un juicio de conciencia correcto (núm. 300).

Este juicio (¿del sacerdote, de ambas partes ilustradas por el sacerdote?), debido a diversos condicionamientos, podrá concluir en una inimputabilidad atenuada o total, lo que hace posible el acceso a los sacramentos (núm. 305). Entre paréntesis: no se dice si este juicio obliga a otros sacerdotes que tengan que dar los sacramentos a los interesados. De todos modos, es necesario advertir que el texto no se enfoca en el acceso a los sacramentos, cosa que se trata en una nota, algo embarazadamente (nota 351). Por el contrario, se propone claramente el principio teológico, resumido en el núm. 301, que hay que citar: “No es posible decir que todos quienes se encuentran en una situación llamada “irregular” viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante. Las limitaciones no se refieren solamente a un eventual desconocimiento de la norma. Un individuo, aunque conozca bien la norma, puede experimentar una gran dificultad para aprehender "los valores comprendidos en la norma" o puede encontrarse "en condiciones concretas que no le permiten obrar de otro modo o tomar otras decisiones sin una nueva falta".

Esto se puede analizar del siguiente modo: (1°) debido a circunstancias concretas, ciertas personas en estado de adulterio público “activo”, aunque conozcan la norma que lo prohibe, se encuentran ante una situación tal que, si salieran de dicha situación, cometerían una falta (especialmente frente a los hijos nacidos de esta unión). (2°) Por lo cual estas personas que viven en adulterio público “activo” no cometen pecado grave si persisten en él.

En realidad, las consecuencias negativas que derivarían de la cesación de este estado de adulterio (los hijos de estas uniones ilegítimas sufrirían con la separación de sus padres), no son pecados nuevos, sino efectos indirectos del acto virtuoso, es decir, de la cesación del estado de pecado. Por cierto, debe respetarse la justicia: será necesario especialmente continuar la educación de los hijos de la segunda unión, pero ya fuera del estado de pecado.

Hay, pues, una oposición frontal con la doctrina anterior recordada por Familiaris Consortio (núm. 84) de Juan Pablo II, que precisaba que si hay graves razones que impiden a los “casados por segunda vez” dejar de vivir bajo el mismo techo, ello debe hacerse como hermanos y hermanas. La nueva propuesta doctrinal se resume del siguiente modo: en ciertas circunstancias, el adulterio no es pecado.

¿Ud. decía que no se advierte aquí el instinto de la fe?

Esto no está de acuerdo con la moral natural y cristiana: las personas que conocen una norma moral que obliga sub gravi (el mandato divino que prohíbe la fornicación y el adulterio) no pueden ser excusadas de pecado, y no se las puede declarar, por tanto, en estado de gracia. Santo Tomás, en una cuestión de la Suma Teológica, bien conocida de todos los moralistas, la cuestión 19 de la Ia.IIae., explica: es la bondad de un objeto que nuestra razón se propone lo que hace bueno el acto de la voluntad, y no las circunstancias del acto (articulo 2); y si es verdad que la razón humana puede equivocarse y dar por bueno un acto malo (artículo 5), ciertos errores no son jamás excusables, particularmente el ignorar que no puede uno aproximarse a la mujer de su prójimo, puesto que ello lo enseña directamente la ley de Dios (artículo 6). En otro pasaje, igualmente bien conocido por los moralistas, el Quodlibet IX, cuestión 7, artículo 2, Santo Tomás explica que las circunstancias pueden cambiar no el valor de un acto sino su naturaleza, por ejemplo, el hecho de matar o herir a un malhechor es de justicia o de legítima defensa: no se trata de una violencia injusta, sino de un acto virtuoso. En cambio, dice el Doctor Común, ciertas acciones “tienen una deformidad que les está inseparablemente ligada, como la fornicación, el adulterio y otras cosas de este género: ellas no pueden jamás volverse buenas”.

Cualquier niño de catecismo comprendería esas cosas, decía Pío XII en un discurso de 18 de abril de 1952. En él condenaba la Situationsethik, la “moral de situación”, que no se fundamenta en leyes morales universales como, por ejemplo, los Diez Mandamientos, sino “en las condiciones o circunstancias reales y concretas en las que se debe obrar, y según las cuales la conciencia individual debe juzgar y elegir”. Recordaba además que un fin bueno no puede jamás justificar medios malos (Rom. 3, 8) y que hay situaciones en que el hombre, y especialmente el cristiano, debe sacrificarlo todo, incluso su vida, para salvar su alma. En el mismo sentido, la encíclica Veritatis Splendor, de Juan Pablo II, al afirmar que las circunstancias o las intenciones no podrán jamás transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto, cita a San Agustín (Contra mendacium): la fornicación, las blasfemias, etcétera, aunque se hagan por buenos motivos, son siempre pecados.

¿Qué hacer, entonces?

No se puede desobedecer las palabras de Cristo: “El que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si una mujer abandona a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Mc 10, 12). El profesor Spaemann, filósofo alemán, amigo de Benedicto XVI, subraya que toda persona capaz de reflexionar puede constatar que estamos aquí en presencia de una ruptura [Nota de la Redacción: ver aquí la entrevista al Profesor Spaemann). No creo que uno pueda contentarse con proponer una interpretación tal del capítulo VIII de la Exhortación que hiciera parecer que nada ha cambiado. Por lo demás, hay que tomar en serio las palabras del Papa que, en el avión en que regresaba de Lesbos, ha avalado la presentación de este texto hecha por el cardenal Schönborn. Pero, en sí misma, la proposición teológica formulada está clara. El deber de verdad exige decir que no se la puede aceptar. Como tampoco las proposiciones anexas, como aquella que dice que la unión libre o la unión de los divorciados vueltos a casar realizan el ideal del matrimonio “al menos en parte y por analogía” (núm. 292). Hay, pues que esperar, en el sentido fuerte de la esperanza teologal, que numerosos pastores, obispos y cardenales hablarán claro, por el bien de las almas.

Por el contrario, es posible desear, pedir, apelar a una interpretación auténtica –en el sentido de interpretación del depósito de la Revelación, comprendido en ella el recurso a la ley natural que le está vinculada- por el magisterio infalible del papa o del papa y de los obispos unidos a él, magisterio que, en nombre de la fe, discierne afirmando lo que es verdadero y rechazando lo que no lo es. Me parece que hoy, 50 años después del Vaticano II, se entra en una nueva fase del postconcilio. Habíamos visto ceder, por ciertos pasajes de los textos sobre el ecumenismo y la libertad religiosa, un dique que se creía extremadamente firme, el de la enseñanza eclesiológica romana magisterial y teológica. Ahora se ha constituido otro dique para resistir a la marea de la modernidad, el de la moral natural y cristiana, con Humanae Vitae de Pablo VI y todos los documentos de Juan Pablo II sobre estos temas. Todo lo que se ha denominado “restauración”, según el término usado en Entrevista sobre la fe, de Joseph Ratzinger, está en gran parte afirmado sobre estas bases puestas para la defensa del matrimonio y de la familia. Lo que ocurre ahora es que este segundo dique parece estar en vías de ceder.  

Habrá quienes lo acusen de ser excesivamente pesimista…

Al contrario. Vivimos, me parece, en un momento decisivo de la historia del postconcilio. Las consecuencias últimas de lo que ocurre actualmente son difíciles de prever, pero ellas serán considerables. Pero estoy cierto de que ellas serán, al cabo, positivas. Para empezar, evidentemente, estoy cierto de ello por la fe, porque la Iglesia tiene palabras de vida eterna. Pero también, muy concretamente, porque la necesidad de regresar al magisterio, al magisterio como tal, se va a imponer cada vez más desde las perspectivas que necesariamente se va a elaborar para el porvenir.

jueves, 18 de agosto de 2016

50 años de Magnificat: homilía en la Fiesta de la Transfiguración del Señor

A continuación queremos compartir con nuestros lectores la hermosa homilía que pronunciara nuestro capellán, Rvdo. Milan Tisma Díaz, con ocasión de la Misa Solemne de clausura del II Congreso Summorum Pontificum, la que tuvo lugar el pasado sábado 6 de agosto de 2016, fiesta de la Transfiguración del Señor, en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. Sobre dicha Misa hemos publicado ya una crónica previa en esta bitácora. 


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Sábado 6 de agosto del año del Señor 2016.

Quincuagésimo aniversario de la Asociación Litúrgica Magníficat.

Fiesta de la Transfiguración del Señor


“Cuando Cristo se manifieste seremos semejantes a Él, porque lo veremos según es”
 (1 Jn.3,2)


Hermanos sacerdotes, querido don Julio, directivos, fieles y amigos de nuestra asociación, estimados invitados especiales, participantes del Congreso Summorum Pontificum 2016, fieles todos en Cristo.

Nuestro Señor Jesucristo anunció claramente a sus apóstoles el camino de padecimientos y muerte que habría de recorrer para reconciliar al género humano con su Padre celestial, y al hacerlo, los exhortaba a que le siguieran por caminos de cruz y sacrificio. Para confortar sus corazones y arrancar de ellos el escándalo de la cruz, aún más, para mostrar que también en ellos y en la totalidad de la Iglesia se manifestaría un día la luz de la gloria, Nuestro Señor reveló el esplendor de su divinidad en la cumbre del Tabor, revistiendo su cuerpo de un extraordinario resplandor. Lumen de lumine!

Santo Tomás de Aquino enseña que para que una persona camine rectamente por una vía es preciso que conozca antes, de algún modo, el fin al que se dirige: “como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil y el camino laborioso […] Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es lo mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos” (Suma Teológica, 3,q.45,a.1,c.).

Nuestra vida es un camino al cielo. En el decir de San Alberto Hurtado, es un disparo a la eternidad. Pero es una vía que pasa a través de la cruz y del sacrificio. Para que no nos desalentemos y para que mantengamos viva la llama de la esperanza sobrenatural, el Señor, ante testigos escogidos, nos enseña de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección, que la cruz es el camino obligado para entrar en la gloria y que por la cruz vamos a la luz: per crucem ad lucem!

En esta visión gloriosa y radiante los apóstoles experimentaron un gozo incontenible que dejó  honda huella en sus corazones. El recuerdo de aquellos momentos junto al Señor, en la gloria del Tabor, fueron sin duda de gran ayuda en las horas de dolor y contradicción. Esa alegría desbordante provenía de la clara percepción del misterio de la luz y de la gloria divina, del conocimiento del Dios vivo y verdadero y de la visión del camino seguro de la salvación. Alegría análoga a la que percibe el creyente bien dispuesto en contacto con la liturgia tradicional de la Iglesia, gozo indescriptible, sacro estupor, admirada contemplación que en piadoso éxtasis hace exclamar al alma: “Señor, qué bien estamos aquí” (Mt. 17, 4a).

 Transfiguración del Señor
(S. XII, Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí)

Lo que ocurrió aquel día en la cumbre del Tabor se realiza cada vez que se celebra el santo sacrificio: nosotros, pobres mortales, vemos únicamente en el altar los simples accidentes, mas con los ojos de la fe vemos a Cristo transfigurado, al Rey de la gloria y sus misterios tremendos y fascinantes. Porque la sagrada liturgia no es un mero objeto, es más bien un sujeto, es el propio Cristo santificando a sus fieles y actualizando su acción redentora. Por esa acción santa y eficaz nosotros quedamos incluidos en el estado de transfiguración de Cristo. La santa Eucaristía es el sacramento de la transfiguración, es la semilla de nuestra transfiguración. Por eso la síntesis de la obra de nuestra Asociación, el mejor resumen de lo que ella es y obra, el compendio más acabado de estos cincuenta años de servicio que hoy ponemos a los pies del altar como holocausto de suave y agradable aroma en la presencia del Señor, es ésta: contribuimos a la obra que quiere realizar Cristo a través de la liturgia de la Iglesia Católica: junto a la glorificación de Dios tres veces santo procuramos la santificación de los fieles, su incorporación a Cristo, su transfiguración espiritual en Cristo.

Desde este rincón de la Iglesia trabajamos con ahínco y confianza segura para que los fieles, al participar de la liturgia terrestre, rodeados de la luz de la gloria, exultantes de gozo sobrenatural escuchen sin vacilación alguna la voz potente del Padre: “Este es mi Hijo muy amado. Escuchad al que ha anunciado los misterios de la ley y ha cantado la voz de los profetas. Escuchadle que ha redimido al mundo con su sangre, ha atado al diablo y le ha arrancado sus armas, ha roto la cédula de la condena y el pacto de la prevaricación. Escuchadle, que abre el camino del cielo y por el suplicio de la cruz os prepara la escala para subir al Reino (San León Magno, sermón 51).

Queridos amigos, subamos al monte sagrado, entremos en la nube luminosa de la gloria, dejémonos transfigurar por Cristo y que continuamente iluminados por la lex credendi y la lex orandi seamos conducidos a la lux operandi et vivendi.

martes, 16 de agosto de 2016

Solemnidad de la Asunción en Magnificat

Goya "Asunción de la Virgen"
 

A continuación ofrecemos una selección de fotografías de la Santa Misa del día de la Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, celebrada por nuestra Asociación en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, el día de ayer, lunes 15 de agosto:







lunes, 15 de agosto de 2016

50 años de Magnificat: Saludo de S.S. el Papa emérito Benedicto XVI


Queremos compartir con nuestros lectores el saludo que, en respuesta a la participación enviada por nuestra Asociación con ocasión de su quincuagésimo aniversario, nos hiciera llegar S.S. el Papa emérito Benedicto XVI, saludo que nos colma de alegría y emoción, al tiempo que nos motiva a seguir adelante con nuestro apostolado en favor de la forma tradicional del rito romano. 

Expresamos aquí nuestro afecto y nuestra gratitud hacia el Papa emérito, quien siempre se ha mostrado como un padre solícito para todos quienes sentimos un amor profundo por la liturgia perenne de la Iglesia y por el depósito de Fe que ella contiene. El motu proprio Summorum Pontificum, que liberó la Misa tradicional, fue sin duda el acto más importante de su pontificado (2005-2013) y ha traído un inmenso bien a la Iglesia, especialmente al abrir un camino de esperanza hacia la paz y la reconciliación litúrgicas.

A continuación encontrarán la respuesta del Pontífice emérito a nuestra participación, con el texto original italiano, seguida una traducción del mismo hecha por la Redacción.


 "Ciudad del Vaticano, 11 de julio de 2016. 

Al cumplirse el 65° aniversario de la ordenación sacerdotal, el Pontífice emérito Benedicto XVI agradece la alegre participación y, asegurando un especial recuerdo en el altar, envía de corazón Su Bendición."

sábado, 13 de agosto de 2016

Aviso importante: Misa cantada en la Solemnidad de la Asunción

Se invita cordialmente a todos los fieles a la Santa Misa cantada que se celebrará con ocasión de la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, el próximo lunes 15 de agosto a las 12:00 hrs. en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, Av. Bellavista 37 (entre Pío Nono y Pinto Lagarrigue, metro L1 y L5 Baquedano). Como es habitual, la Santa Misa será acompañada por la schola cantorum de la Asociación. Les agradecemos desde ya a nuestros lectores la difusión de esta noticia entre sus familiares y amigos, así como su propia participación. 

Maestro de la Leyenda de Santa Lucía, María Reina de los Cielos (c. 1485-1500, National Gallery of Art, Washington)

viernes, 12 de agosto de 2016

Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos

 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
Mateo 10, 22 

Cuando hayamos aniquilado la Misa, habremos aniquilado el Papado en su totalidad. Porque es sobre la Misa, como sobre una Roca que el Papado se apoya con sus monasterios, sus obispados, sus colegios, sus altares, sus ministros y sus doctrinas. Todos estos caerán cuando su sacrílega y abominable Misa haya sido reducida a polvo.

Martín Lutero


El 30 de marzo 1987, la Policía francesa irrumpió en la iglesia parroquial de San Luis de Port-Marly, cerca de Versalles, cuando el Rvdo. Bruno de Blignières celebraba la Santa Misa tradicional. Las imágenes lo muestran revestido con los ornamentos sacerdotales mientras es reducido por cuatro policías y arrastrado desde el altar. El sacerdote es hermano del P. Louis-Marie de Blignières, fundador de la Fraternidad de San Vicente Ferrer [véase la entrada dedicada a ella] y al año siguiente fue uno de los primeros en conformar la recién creada Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. Hoy en la localidad de Port-Marly tiene un apostolado estable el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote







Casi veinte años después y cuando no habían transcurrido siquiera veinticuatro horas desde los funerales del Rvdo. Jacques Hamel, martirizado en Ruan por dos islamistas al pie del altar, la Policía francesa ingresó a la iglesia de Santa Rita de París mientras el Rvdo. Guillaume de Tanoüarn, del Instituto del Buen Pastor, decía la Santa Misa tradicional. El Rvdo. Jean-François Billoty, quien intentó detener la profanación, y el monaguillo que ayudaba en el altar fueron violentamente reducidos y sacados del recinto sagrado, el primero de ellos a rastras. Los fieles se apresuraron a rodear el altar para permitir que el celebrante consumiera a toda velocidad a Nuestro Señor sacramentado y así evitar el sacrilegio. Finalmente, éste también fue desalojado. De igual manera, algunos fieles fueron agredidos por resistir la profanación. La iglesia, antes ocupada por una secta galicana y donde eran habituales las celebraciones con animales, será demolida para construir un proyecto inmobiliario de estacionamientos aprobado por el Ayuntamiento de París.


 












¿Es ésta la Francia de las libertades, la otrora Hija Mayor de la Iglesia?


Priez pour nous Sainte Jeanne d'Arc.


Afin que nous devenions dignes des promesses de Jésus-Christ.


(De las Letanías de Santa Juana de Arco)