domingo, 17 de junio de 2018

Clases de Misas papales (I)

En la forma extraordinaria hoy, y en la ordinaria antes del Concilio Vaticano II, existían tres clases de misas en general. Por lo que se refiere a la liturgia papal, hasta el Concilio Vaticano II existían, a su vez, tres tipos de misas papales:

a) la misa privada papal;

b) la misa pontifical baja; y

c) la misa papal o capilla papal. 

Como complemento a la serie sobre ornamentos e insignias papales, comenzamos hoy una breve serie de tres entradas sobre los distintos tipos de liturgias papales. Dedicaremos esta primera entrada a la Misa privada papal y a la Misa rezada o baja papal. 

 Acuarela de Ingres de una liturgia papal (Museo del Louvre)

I. Misa privada del Papa

La Misa privada papal es la que celebraba diariamente en su capilla privada. Lo asistía un solo monaguillo, generalmente su secretario particular. Se revestía con los ornamentos del sacerdote (amito, alba, cíngulo, estola, manípulo y casulla) además de la cruz pectoral, el anillo y el solideo.

Una costumbre era que el papa celebrara cada día con un cáliz distinto, pues los recién ordenados sacerdotes le prestaban su cáliz para tener un vaso sagrado con el que hubiese celebrado el Santo Padre.

Pío XII celebra la Misa de Navidad en su capilla privada


Ite, missa est

Juan XXIII

II. Misa pontifical baja o rezada pública

La segunda clase de misa papal era la misa pontifical baja o misa rezada pública. Como las capillas papales suponían un ritual muy complejo y la participación de muchos prelados, cuando los pontífices deseaban celebrar la misa para algunos grupos de fieles, existía como alternativa las misas rezadas públicas.

Estas misas se celebraban en alguna capilla del Palacio Apostólico (Sixtina o Paulina) o en un altar portátil que se instalaba en algún salón del Palacio (Regia, Clementina, etc.). Excepcionalmente también se podían celebrar en la Basílica de San Pedro o en otro de los altares papales de las basílicas romanas, generalmente reservados para el Papa en funciones solemnes.

Se trataba de una misa rezada celebrada con asistencia de fieles, normalmente invitados distinguidos o grupos selectos. Ayudaban a la Misa dos obispos y cuatro ceremonieros pontificios y los ayudantes o chambelanes de la cámara pontificia (cubicularii) servían como ceroferarios. No se usaban sacras, sino el libro llamado Canon Missae Pontificalis, que también reemplazaba el misal desde el prefacio hasta la antífona de comunión.



Pío XII

Misa rezada de Pío XII en la Basílica de San Pedro

Misa pontifical baja en San Pedro con ocasión del aniversario de plata episcopal de Pío XII

Pío XII celebra para un grupo de peregrinos norteamericanos. Lo asiste el Cardenal Spellman.

Pablo VI


Por último, aquí les dejamos un breve registro fílmico de la Misa papal rezada que Pío XII celebrara en la Basílica de San Pedro con ocasión de su jubileo de plata episcopal (1942), misma ceremonia de la cual incluimos una foto más arriba.



En una próxima entrada examinaremos la forma más solemne y compleja de las liturgias papales, la Misa papal o capilla papal. 
 
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Fuentes:

-Ceremonia y Rúbrica de la Iglesia Española
-Liturgia Papal 
 
Crédito de las fotos: todas las fotos han sido tomadas del sitio Ceremonia y Rúbrica de la Iglesia Española, con excepción de la primera, que ha sido tomada del sitio de Radio Cristiandad.

miércoles, 13 de junio de 2018

De la naturaleza de la Eucaristía y de la presencia real de Jesucristo en el mismo (II)

En esta entrada continuamos ofreciendo a nuestros lectores una explicación breve sobre la enseñanza de la Iglesia en torno a la Santa Misa y la Eucaristía. Como ha quedado dicho al comienzo de esta serie, para este fin nos servimos del Catecismo de San Pío X. La razón es que este sencillo catecismo adopta el clásico método dialógico para exponer, a través de breves preguntas y respuestas, lo esencial de la doctrina católica, fortaleciendo así un conocimiento teológico básico asequible a cualquier persona. Como glosa a las preguntas y respuestas tomadas del catecismo piano hemos añadido (en rojo) algunos puntos del Catecismo de la Iglesia Católica (CCE) que desarrollan la doctrina ahí expuesta.

San Pío X

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611.- ¿Queda algo del pan y del vino después de la consagración? 

Después de la consagración sólo quedan las especies del pan y del vino.

El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: "Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera la conversión de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación" (DS 1642) [CCE 1376].

612.- ¿Qué son las especies del pan y del vino? 

Las especies son la cantidad y las cualidades sensibles del pan y del vino, como la figura, el color, el sabor.

613.- ¿Cómo pueden permanecer las especies del pan y del vino sin su sustancia? 

Las especies del pan y del vino permanecen de un modo admirable sin su sustancia por virtud de Dios omnipotente.

«La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, "no se conoce por los sentidos, dice santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios". Por ello, comentando el texto de san Lucas 22, 19: "Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros", san Cirilo declara: "No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Salvador, porque Él, que es la Verdad, no miente"» (MF 18; cf. Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q. 75, a. 1; San Cirilo de Alejandría, Commentarius in Lucam 22, 19):

Adoro Te devote, latens Deitas,
Quae sub his figuris vere latitas:
Tibi se cor meum totum subjicit,
Quia Te contemplans totum deficit.

Visus, gustus, tactus in te fallitur,
Sed auditu solo tuto creditur:
Credo quidquid dixit Dei Filius:
Nil hoc Veritatis verbo verius.

(Adórote devotamente, oculta Deidad,
que bajo estas sagradas especies te ocultas verdaderamente:
A ti mi corazón totalmente se somete,
pues al contemplarte, se siente desfallecer por completo.

La vista, el tacto, el gusto, son aquí falaces;
sólo con el oído se llega a tener fe segura.
Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios,

nada más verdadero que esta palabra de Verdad.) [AHMA 50, 589] [CCE 1381].



614.- ¿Está sólo el Cuerpo de Jesucristo bajo las especies del pan y está sólo su Sangre bajo las especies del vino?

Lo mismo bajo las especies del pan que bajo las especies del vino está todo Jesucristo vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (cf Concilio de Trento: DS 1641) [CCE 1377].

Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las especies, la comunión bajo la sola especie de pan ya hace que se reciba todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía. Por razones pastorales, esta manera de comulgar se ha establecido legítimamente como la más habitual en el rito latino. "La comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies. Ya que en esa forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico" (Institución general del Misal Romano, 240). Es la forma habitual de comulgar en los ritos orientales [CCE 1390].

615.- ¿Me sabríais decir por qué así en la hostia como en el cáliz está todo Jesucristo?

Así en la hostia como en el cáliz está todo Jesucristo, porque en la Eucaristía está vivo e inmortal como en el cielo; por esto, donde está su Cuerpo, allí está también la Sangre, Alma y Divinidad, y donde está la Sangre, allí está también el Cuerpo, Alma y Divinidad, pues todo esto se halla inseparable en Jesucristo.

Es grandemente admirable que Cristo haya querido hacerse presente en su Iglesia de esta singular manera. Puesto que Cristo iba a dejar a los suyos bajo su forma visible, quiso darnos su presencia sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la cruz por muestra salvación, quiso que tuviéramos el memorial del amor con que nos había amado "hasta el fin" (Jn 13,1), hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros (cf Ga 2,20), y se queda bajo los signos que expresan y comunican este amor: «La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración» (Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 3) [CCE 1380].

616.- ¿Deja de estar Jesús en el cielo cuando está en la hostia? 

Cuando Jesús está en la hostia no deja de estar en el cielo, mas se halla al mismo tiempo en el cielo y en el Santísimo Sacramento.

En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre [CCE 1353].



617.- ¿Se halla Jesucristo en todas las hostias consagradas del mundo?

Si, señor; Jesucristo se halla en todas las hostias consagradas.

Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Concilio de Trento: DS 1640; 1651) [CCE 1413].

618.- ¿Cómo puede ser que se halle Jesucristo en todas las hostias consagradas?

Por la omnipotencia de Dios, al cual nada es imposible, se halla Jesucristo en todas las hostias consagradas.

Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en la última cena: "Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros [...] Este es el cáliz de mi Sangre..." [CCE 1412].

619.- ¿Se parte el Cuerpo de Jesucristo cuando se parte la hostia? 

Cuando se parte la hostia no se parte el Cuerpo de Jesucristo, sino pártense solamente las especies del pan.

620.- ¿En cuál de las partes permanece el Cuerpo de Jesucristo? 

El Cuerpo de Jesucristo permanece entero en todas las partes en que se halla dividida la hostia.

Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar es preciso honrarlo con culto de adoración. "La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor" (MF) [CCE 1418].

621.- ¿Está Jesucristo lo mismo en la hostia grande que en la partícula de una hostia? 

Tanto en la hostia grande como en la partícula de una hostia está el mismo Jesucristo.

Es Cristo mismo, sumo sacerdote y eterno de la nueva Alianza, quien, por el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio eucarístico. Y es también el mismo Cristo, realmente presente bajo las especies del pan y del vino, la ofrenda del sacrificio eucarístico [CCE 1410].


(Imagen: Vox templi)

622.- ¿Por qué se guarda en las Iglesias la Santísima Eucaristía?

La Santísima Eucaristía se guarda en las Iglesias para que allí sea adorada por los fieles y llevada a los enfermos cuando la necesidad lo pidiere.

El sagrario (tabernáculo) estaba primeramente destinado a guardar dignamente la Eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y ausentes fuera de la misa. Por la profundización de la fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas. Por eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el santísimo sacramento [CCE 1379].

623.- ¿Débese adorar la Eucaristía?

La Eucaristía debe ser adorada de todos, porque contiene verdadera, real y sustancialmente al mismo Jesucristo Señor nuestro.

El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. "La Iglesia católica ha dado y continua dando este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no solamente durante la misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión en medio de la alegría del pueblo" (MF 56) [CCE 1378].

sábado, 9 de junio de 2018

R.I.P. Pbro. D. Miguel Contardo Egaña (1922-2018)

Con gran pesar comunicamos el fallecimiento del Pbro. D. Miguel Contardo Egaña (1922-2018), quien fuera el primer capellán de nuestra Asociación. Un lejano domingo 7 de agosto de 1966 el P. Contardo celebró la primera Misa de la Asociación en la entonces iglesia de las Clarisas de la Victoria, misma iglesia que, luego de muchos años, nos ha vuelto a acoger hasta la actualidad. Ante la gran pérdida que significa su muerte, nos consuela el hecho que el P. Contardo nos haya podido acompañar en 2016 durante las celebraciones del cincuentenario de nuestra Asociación, viendo así, tantos años después, los frutos vivos de aquella obra que él contribuyó a cimentar.

 Al centro, el P. Contardo durante el almuerzo de camaradería con ocasión del cincuentenario de la Asociación (2016)
(Foto: Asociación Litúrgica Magnificat)

El P. Contardo nació un 10 de mayo de 1922 en Santiago y, con diecinueve años, ingresó en 1941 a la Compañía de Jesús. Durante su juventud tuvo la inmensa gracia de conocer personalmente a San Alberto Hurtado. La parte de sus estudios correspondiente al teologado la realizó en el Colegio Máximo de San José (San Miguel, Buenos Aires), donde fue ordenado sacerdote por Mons. Enrique Rau (1899-1971), obispo de La Plata, y dijo su primera Misa en la iglesia Regina Martirum de Buenos Aires, asistido por su padre y su hermano. Después de su ordenación estuvo un tiempo en Colombia y luego regresó a Santiago, a los colegios San Ignacio de Alonso Ovalle y al entonces recientemente fundado San Ignacio de El Bosque, donde permaneció por once años. Más tarde fue trasladado a Valparaíso, siendo obispo de dicha diócesis Mons. Emilio Tagle Covarrubias (1907-1991), quien fue sucedido en 1983 por Mons. Francisco de Borja Valenzuela Ríos. La asistencia espiritual como sacerdote que a partir de 1983 le prestara a los fieles involucrados en los sucesos de Peñablanca le significaron al P. Contardo una gran incomprensión de parte del Obispo de Valparaíso y también en su propia orden, la que injustamente debió dejar con gran dolor en 1985, luego de 44 años, pasando al clero secular, primero incardinado brevemente en la diócesis de Talca y luego en la Prelatura de Illapel.

La Misa exequial por el sufragio del alma del P. Contardo será celebrada en la Parroquia del Sagrado Corazón de Providencia (El Bosque 822) por el Obispo Prelado de Illapel, Mons. Jorge Patricio Vega Velasco, mañana domingo, 1o de junio, a las 14:00 horas. Luego, sus restos serán sepultados en el cementerio Parque del Recuerdo.

Elevamos nuestras oraciones a Dios para que le conceda el descanso eterno y le recompense abundantemente por todos los trabajos y fatigas, así como por las injusticias y sinsabores que debió padecer durante su largo y abnegado ministerio sacerdotal. Requiescat in pace.

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Nota de la Redacción: los datos biográficos del P. Contardo han sido tomados de los siguientes libros:

Contardo Egaña, M., Apariciones de la Santísima Virgen en Peñablanca. Mi testimonio, Santiago de Chile, edición privada, 1998, pp. 117 y ss. 

Grasmück, O., Eine Marienerscheinung in Zeiten der Diktatur. Der Konflikt um Peñablanca, Chile: Religion und Manipulation unter Pinochet. Religionsgeschichtliche Versuche und Vorarbeiten (tesis doctoral, Universidad de Bremen, 2008), Berlín/Nueva York, De Gruyter, 2009, p. 212.

miércoles, 6 de junio de 2018

De la naturaleza de la Eucaristía y de la presencia real de Jesucristo en el mismo (I)

En esta entrada continuamos ofreciendo a nuestros lectores una explicación breve sobre la enseñanza de la Iglesia en torno a la Santa Misa y la Eucaristía. Como ha quedado dicho al comienzo de esta serie, para este fin nos servimos del Catecismo de San Pío X. La razón es que este sencillo catecismo adopta el clásico método dialógico para exponer, a través de breves preguntas y respuestas, lo esencial de la doctrina católica, fortaleciendo así un conocimiento teológico básico asequible a cualquier persona. Como glosa a las preguntas y respuestas tomadas del catecismo piano hemos añadido (en rojo) algunos puntos del Catecismo de la Iglesia Católica (CCE) que desarrollan la doctrina ahí expuesta.

San Pío X

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598.- ¿Qué es el sacramento de la Eucaristía? 

La Eucaristía es un sacramento en el cual, por la admirable conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo de Jesucristo y de toda la sustancia del vino en su preciosa Sangre, se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del mismo Jesucristo Señor nuestro, bajo las especies del pan y del vino, para nuestro mantenimiento espiritual. 

La Eucaristía es "fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11). "Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua" (PO 5) [CCE 1324].

En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: "Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar" (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses 4, 18, 5) [CCE 1327].

599.- ¿Está en la Eucaristía el mismo Jesucristo que está en el cielo y que en la tierra nació de la Santísima Virgen? 

Si, señor; en la Eucaristía está verdaderamente presente el mismo Jesucristo que está en el cielo y que en la tierra nació de la Santísima Virgen. 

La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus aspectos. Se le llama [...] Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia; o también Santo Sacrificio de la Misa, "sacrificio de alabanza" (Hch 13,15; cfSal 116, 13.17), sacrificio espiritual (cf 1 P 2,5), sacrificio puro (cf Ml 1,11) y santo, puesto que completa y supera todos los sacrificios de la Antigua Alianza [CCE 1328 y 1330].

Adoración eucarística

600.- ¿Por qué creéis que en el sacramento de la Eucaristía está verdaderamente Jesucristo? 

Creo que en el sacramento de la Eucaristía está verdaderamente presente Jesucristo porque lo ha dicho El mismo y me lo enseña la santa Iglesia. 

El Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del amor (Jn 13,1-17). Para dejarles una prenda de este amor, para no alejarse nunca de los suyos y hacerles partícipes de su Pascua, instituyó la Eucaristía como memorial de su muerte y de su resurrección y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su retorno, "constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo Testamento" (Concilio de Trento: DS 1740) [CCE 1337].

601.- ¿Cuál es la materia del sacramento de la Eucaristía? 

La materia del sacramento de la Eucaristía es la misma que empleó Jesucristo, a saber: pan de trigo y vino de vid. 

En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero reciben también una nueva significación en el contexto del Éxodo: los panes ácimos que Israel come cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios (Dt 8,3). Finalmente, el pan de cada día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. El "cáliz de bendición" (1 Co 10,16), al final del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz [CCE 1334].

602.- ¿Cuál es la forma del sacramento de la Eucaristía? 

La forma del sacramento de la Eucaristía consiste en las palabras que empleó Jesucristo: éste es mi Cuerpo; ésta es mi Sangre. 

En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo, en memoria de Él, hasta su retorno glorioso, lo que Él hizo la víspera de su pasión: "Tomó pan...", "tomó el cáliz lleno de vino...". Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos gracias al Creador por el pan y el vino (cf Sal 104,13-15), fruto "del trabajo del hombre", pero antes, "fruto de la tierra" y "de la vid", dones del Creador. La Iglesia ve en en el gesto de Melquisedec, rey y sacerdote, que "ofreció pan y vino" (Gn 14,18), una prefiguración de su propia ofrenda (cf Plegaria Eucaristía I Canon Romano, 95; Misal Romano) [CCE 1333].

603.- ¿Qué es, pues, la hostia antes de la consagración? 

La hostia antes de la consagración es pan. 

604.- ¿Qué es la hostia después de la consagración? 

Después de la consagración, la hostia es el verdadero Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo bajo las especies del pan. 

"Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros" (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia (cf LG 48): en su Palabra, en la oración de su Iglesia, "allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre" (Mt 18,20), en los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31-46), en los sacramentos de los que Él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, "sobre todo, (está presente) bajo las especies eucarísticas" (SC 7) [CCE 1373].

La Última Cena
(Imagen: Churchpop)

605.- ¿Qué hay en el cáliz antes de la consagración? 

En el cáliz antes de la consagración hay vino con unas gotas de agua. 

606.- ¿Qué hay en el cáliz después de la consagración? 

Después de la consagración está en el cáliz la verdadera Sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo las especies del vino. 

Al celebrar la última Cena con sus Apóstoles en el transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino [CCE 1340].

1331 Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (cf 1 Co 10,16-17); se la llama también las cosas santas [ta hagia; sancta] (Constitutiones apostolicae 8, 13, 12; Didaché 9,5; 10,6) —es el sentido primero de la "comunión de los santos" de que habla el Símbolo de los Apóstoles—, pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Ephsios, 20,2), viático...

607.- ¿Cuándo se hace la conversión del pan en el Cuerpo y del vino en la Sangre de Jesucristo? 

La conversión del pan en el Cuerpo y del vino en la Sangre de Jesucristo se hace en el acto mismo en que el sacerdote pronuncia en la santa Misa las palabras de la consagración. 

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (cf Concilio de Trento: DS 1641) [CCE 1377].

608.- ¿Qué es la consagración? 

La consagración es la renovación, por medio del sacerdote, del milagro que hizo Jesucristo en la última cena de mudar el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre adorables, diciendo: éste es mi Cuerpo; ésta es mi Sangre. 

Los tres evangelios sinópticos y san Pablo nos han transmitido el relato de la institución de la Eucaristía; por su parte, san Juan relata las palabras de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, palabras que preparan la institución de la Eucaristía: Cristo se designa a sí mismo como el pan de vida, bajado del cielo (cf Jn 6) [CCE 1338].

609.- ¿Cómo se llama en la Iglesia esta milagrosa conversión del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo? 

Esta milagrosa conversión, que todos los días se obra en nuestros altares, la llama la Iglesia transustanciación

El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: "Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera la conversión de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación" (DS 1642) [CCE 1376].

610.- ¿Quién ha dado tanta virtud a las palabras de la consagración? 

El mismo Jesucristo, el cual es Dios todopoderoso, es quien ha dado tanta virtud a las palabras de la consagración. 

El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella "como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos" (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q. 73, a. 3). En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (Concilio de Trento: DS 1651). «Esta presencia se denomina "real", no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen "reales", sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente» (MF 39) [CCE 1374].

Santo Qurbana

domingo, 3 de junio de 2018

Ornamentos papales (xi): la muceta papal

En una entrada anterior hemos explicado que la muceta es una prenda corta que cubre el pecho y la espalda, y que, abotonada o abrochada por delante, usan como señal de su dignidad los prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesiásticos. No se trata, por ende, de una indumentaria propiamente eclesiástica, sino de un signo para hacer visible la autoridad de quien la viste. 

La muceta forma parte del traje coral y se viste sobre el roquete. En el caso del Papa, el traje coral comienza por la sotana de color blanco, que se confecciona en seda o de lana según la estación, y sólo él puede llevar en muaré. Sobre la muceta va la cruz pectoral sostenida por un cordón dorado.


El beato Pablo VI con muceta y estola

El origen de la muceta papal es algo oscuro. Sin embargo, hay testimonios de que se ha usado por lo menos desde la segunda mitad del siglo XV, como lo muestra el fresco de Melozzo da Forli (1438-1494) intitulado Sixto IV nombrando a Platina como Prefecto de la Biblioteca Vaticana, pintado en 1477, que representa a dicho papa vestido con roquete, muceta y camauro. El ceremoniero pontificio Stefano Sanchirico dedicó en 2010 un artículo al uso de la muceta y la estola por parte del Romano Pontífice. 

Melozzo da Forli, Sixto IV nombrando a Platina como Prefecto de la Biblioteca Vaticana (1477)
(Imagen: Wikipedia)

Hay quienes sostienen que la muceta es una versión reducida de la capa, vestimenta papal que sí tiene un origen más antiguo. Ya en el siglo XI San Pedro Damián describió la cappa rubea con que se viste el Romano Pontífice después de su elección como un atuendo distintivo y exclusivo de su dignidad. Puesto que representaba la supremacía de lo espiritual sobre lo temporal, San Gregorio VII (1073-1085) advirtió que “sólo el Papa puede usar la capa roja, signo de su autoridad imperial y del martirio”. Según la tradición, esa capa proviene de la clámide purpurea, un gran manto que se llevaba sobre los hombros, insignia concedida al Papa en la Donación de Constantino. De ahí que ella significase tanto la autoridad temporal como la espiritual del Papa sobre los Estados Pontificios. De esta capa deriva el manto papal, del que ya tratamos en otra entrada. Desde San Pío V, el Papa comenzó a vestir de blanco, conservándose en unas pocas prendas, entre ellas la muceta, el antiguo color rojo que le era característico. 

Como parte del traje coral, el Papa vestía tradicionalmente cinco mucetas, cuatro rojas y una blanca, todas ellas terminadas en una pequeña capucha en la parte posterior, accesorio que quedó abolido desde la instrucción Ut sive sollicite (1969) para el resto de los prelados que tienen derecho a usar esta prenda. Con la muceta se usaba una estola del mismo color. El camauro y el calzado solía guardar igual correspondencia.

Las muceta rojas

La muceta con mayor presencia durante el año estaba hecha de raso rojo vinoso forrada de raso de una tonalidad más clara, sin adornos de armiño. Ella era usada desde las primeras Vísperas del día de la Ascensión de Jesús hasta la fiesta de Santa Catalina de Alejandría (25 de noviembre).


Juan Pablo I con la muceta de raso rojo

La muceta roja tenía también una variante de invierno, que estaba confeccionada en terciopelo rojo vinoso con forro de seda roja y forrada en armiño. El Papa la usaba desde el día de Santa Catalina de Alejandría hasta la Víspera del día de la Ascensión de Jesús.


Pío XII, al teléfono, con la muceta de terciopelo y armiño

Existía una tercera muceta roja, que se confeccionaba en camelote de seda o en sarga con forro de seda. Solía usarse en el mismo período de tiempo que la muceta de raso, aunque reservada para las Vigilias, las Témporas y la celebración de las Misas de difuntos.

La última versión de la muceta roja se confeccionada en paño y estaba forrada con seda y armiño. Ella se vestía solamente durante las Misas estacionales y los tiempos penitenciales, es decir, en Adviento y Cuaresma, excepto para las fiestas y solemnidades, y para los aniversarios de elección y coronación del Papa.


San Juan XXIII con la muceta de paño rojo y forro de armiño

La muceta blanca

Durante la semana in albis, que va desde el Domingo de Resurrección hasta el sábado de la Octava de Pascua, el Papa usaban una muceta adamascada de color blanco y forrada en armiño del mismo color. Antes de la reforma de la Semana Santa ordenada por Pío XII y puesta en vigor en 1955, el Papa se ponía esta muceta al volver a la Capilla papal después de celebrar los oficios de la mañana del Sábado Santo, y dejaba de usarla cuando volvía a dicha capilla para prepararse para la liturgia del sábado in albis. Después de la reforma de la Semana Santa, el uso de esta muceta quedó reservada para el período que comienza con la Vigilia Pascual y concluye con la segunda víspera de la Domínica in albis.


Benedicto XVI con la muceta blanca propia del Tiempo Pascual

Pío XII tenía una esclavina confeccionada íntegramente en armiño, que a veces usaba sobre el roquete como si fuese una muceta. Ella le fue regalada por una noble romana tras ver al Papa temblando de frío en una de las audiencia que le concedió. La razón provenía de la política de austeridad que Pío XII había impuesto durante la Segunda Guerra Mundial y en la inmediata posguerra.  Dada la situación penosa en que vivían los romanos, el Papa ordenó apagar la calefacción de los apartamentos y despachos del Palacio Apostólico y contribuir con el ahorro en beneficio de los necesitados fieles de su diócesis. De esta manera, la esclavina de armiño ayudaba a Pío XII a combatir el frío y las corrientes de aire de sus aposentos. Por lo demás, Pacelli siempre fue friolero, y ya de cardenal usaba una esclavina de piel negra como prenda de abrigo.


Pío XII con la esclavina de armiño cumpliendo la función de muceta


El Cardenal Pacelli con la esclavina de armiño negro

Pío XII alternaba esta esclavina de armiño con otra confeccionada en lana de cordero y de una sola pieza. Esta última es fácilmente distinguible porque se trata de un material más tieso, con más cuerpo, más grueso, y de una sola pieza, mientras que la esclavina de armiño tiene costuras laterales dado que los trozos de piel son más angostos y pequeños.


Pío XII con la esclavina de lana de cordero durante una salida del Vaticano

La costumbre de usar cinco mucetas distintas fue observada hasta que el beato Pablo VI, hacia el final de su pontificado, comenzó usar una sola muceta (la de verano) durante todo el año. Con esta decisión, se descontinuó el uso de las restantes. Juan Pablo I y San Juan Pablo II siguieron esta forma simplificada, aunque este último comienza ya a prescindir de ella de forma habitual. Por el contrario, Benedicto XVI recuperó el uso de las distintas mucetas, pero con una novedad: extendió el uso de la muceta blanca a todo el Tiempo Pascual y no se limitó sólo a vestirla en la Infraoctava de Pascua. Derivado de esta extensión, y como ya se sentía calor en Roma durante el Tiempo Pascual, que cae en la primavera boreal, mandó a elaborar una muceta blanca de verano, confeccionada con seda y no con terciopelo y que, además, no estaba ribeteada en armiño. 


Benedicto XVI con la variante de muceta pascual sin armiño
(Foto: Tapatalk)

El papa Francisco ha optado por prescindir de la muceta durante todo su pontificado, desde el día en que fue electo.


El papa Francisco dirige unas palabras a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro después de su elección y antes de impartir su primera bendición
(Foto: El Universal)