miércoles, 25 de marzo de 2020

Decretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la incorporación de siete prefacios y nuevos santos en el Misal romano de 1962

El día de hoy, 25 de marzo de 2019, la Congregación para la Doctrina de la Fe, ejerciendo la autoridad que le corresponde tras la absorción de las funciones de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha hecho públicos dos decretos que actualizan el Misal romano utilizado en la celebración de la forma extraordinaria y que fueron dados el pasado 22 de febrero, día de la Fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol. Cabe recordar que el papa Benedicto XVI había dicho, en su carta a los obispos del mundo sobre el motu proprio Summorum Pontificum (2007), que "en el Misal antiguo se podrán y deberán inserir nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios". En 2011, la Instrucción Universae Ecclesiae había establecido igualmente que, "en el Misal de 1962 se podrán y deberán insertar nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios, según la normativa que se indicará más adelante" (núm. 25). Casi una década después, se hace realidad ese anuncio que ya había sido comunicado a la Federación Internacional Una Voce en la reunión sostenida por su directiva con monseñor Patrick Descourtieux el 13 de junio de 2019, por haber consultado previamente a ella por estas iniciativas. 

Originalmente, la edición en castellano del Bolletino de la Santa Sede sólo hace referencia el texto del primero de estos decretos y de su correspondiente nota explicativa (el primero en latín y el segundo en lengua vernácula). El otro decreto, así como la nota que lo desarrolla, podía ser consultado en la versión en inglés o italiano de dicha publicación. El problema fue posteriormente resuelto y ambos decretos y sus notas explicativas están disponibles en los tres idiomas en que se publica el Bolletino

Monseñor Patrick Descourtieux cierra la procesión de la Misa pontifical celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano en 2011
(Foto: ICRSS)

Decreto Quo Magis por el que se aprueban siete nuevos prefacios eucarísticos para la forma extraordinaria del rito romano

El primer decreto lleva por título Quo Magis y se refiere a la incorporación de un nuevo grupo de siete prefacios que pueden ser usados ad libitum por cualquier sacerdote que celebre la Santa Misa según la forma extraordinaria. Sin embargo, ellos están previstos para ser utilizados en circunstancias ocasionales, tales como Misas votivas o celebraciones ad hoc, sin que por ello se introduzca ningún cambio en las celebraciones del ciclo temporal. A este respecto, como no puede ser de otro modo, se apela al buen sentido pastoral del celebrante. Por cierto, el decreto no suspende las eventuales concesiones de cuantos prefacios propios se hayan hecho en el pasado y que, en casos particulares (lugares, institutos, etcétera), ya hayan sido aprobados para circunstancias litúrgicas idénticas. En tal caso puede suceder que se tengan dos prefacios diversos para una misma circunstancia. Siendo así se podrá optar por cualquiera de los dos, según parezca más oportuno al celebrante. Conviene recordar que el Misal usado en la forma extraordinaria tiene muy pocos prefacios y la tradición de la Iglesia latina siempre ha conocido y empleado muchísimos. 

Los siete nuevos prefacios se dividen en dos grupos. Cuatro de ellos están tomados del Misal reformado, como sucede con el de los Ángeles, de San Juan Bautista, de los Mártires, y para la Misa nupcial. Los otros tres prefacios (de Todos los Santos y los Santos Patronos, del Santísimo Sacramento, y de la Dedicación de una Iglesia) habían sido concedidos precedentemente a algunas diócesis francesas o belgas por indulto particular, y ya se hacía uso de ellos antes de la reforma litúrgica postconciliar. Desde ahora también estos prefacios podrán ser utilizados en cualquier lugar donde se celebre la Misa en la forma extraordinaria, sin necesidad de ningún permiso especial. Resulta curioso que el decreto no mencione el prefacio neogalicano para el Adviento, que generalmente se encuentra en cualquier Misal que incluya a los demás y es probablemente uno de los mejor compuestos  de entre ellos.

El decreto viene acompañado de una nota de presentación de la Congregación para la Doctrina de la Fe que explica las razones y el sentido de la inclusión de los nuevos prefacios. 

Decreto Cum sanctissima  sobre la celebración litúrgica en honor de los santos canonizados después de 1962

El segundo decreto lleva por título Cum sanctissima y se refiere al santoral usado en la forma extraordinaria del rito romano, para incluir en él a los santos canonizados con posterioridad a 1960. Al igual que el anterior, este decreto también está acompañado de una nota explicativa

Las disposiciones más importantes de este decreto pueden ser resumidas de la siguiente forma: 

1. Las Misas festivas en el sentido lato, según lo especificado por las Rúbricas del Breviario y del Misal romano de 1960 (núm. 302), se pueden celebrar por una buena razón (justa de causa) en todos los días festivos de la tercera clase, excepto los que se enumeran específicamente (núm. 8), y también en la tercera vigilia de los santos.

2. Además, en lo que respecta al núm. 302, c) de dichas Rúbricas ("la Misa del Misterio, del Santo o del Beato, cuyo elogio se halla ese día en el Martirologio o en su Apéndice, aprobado para las respectivas Iglesias"), se permite decir la Misa de cualquier santo canonizado después del 26 de julio de 1960, el día en que se ha establecido que su memoria litúrgica sea honrada por la Iglesia universal. También se permite la celebración de una Misa votiva del mismo santo, de acuerdo con núm. 311 de las Rúbricas, según está previsto para esa clase de Misas.

3. Siempre que se diga la Misa festiva en sentido lato, todo el Oficio Divino puede hacerse junto con la Misa, como sucede en el Oficio de la forma ordinaria.

4. La conmemoración ordinaria de la fiesta o vigilia omitida de acuerdo con estas tres disposiciones siempre se realiza, al igual que otras que corresponden ese día de acuerdo con las rúbricas. Un ejemplo de esto es la fiesta de San Maximiliano Kolbe (canonizado el 10 de octubre de 1982), que se celebra el 14 de agosto, vale decir, la vigilia de la Asunción. Esta disposición especifica que si se celebra su Misa, la vigilia de esa fiesta no se omite.

5. Para elegir la fórmula de la Misa y el Oficio de acuerdo con estas disposiciones, si no hay tal fórmula en el Suplemento para ciertos lugares del Misal de 1962, o en el nuevo suplemento aprobado por la Santa Sede, dicha fórmula se puede tomar del Común del Misal o el Breviario reformado. Cuando hay varias fórmulas en dicho Común, la elección se deja al celebrante. 

6. Además, se puede admitir una conmemoración ordinaria a voluntad del celebrante de un Santo o misterio en el día en que figura en el Propio de los Santos para ciertos lugares, o en el nuevo suplemento, tanto en la Misa como en el Oficio, si se trata de días litúrgicos de tercera y cuarta clase. Siguiendo con el ejemplo precedente, ahora se podría agregar una conmemoración de San Maximiliano Kolbe a la Misa de la vigilia de la Asunción.

7. En las casas de institutos religiosos o sociedades de vida apostólica, es deber del superior de la casa, y no del celebrante, determinar la manera de poner en práctica estas disposiciones en la Misa conventual y en la coral o común, así como en la celebración del Oficio Divino.

8. Los días festivos de tercera clase que no pueden ser omitidos por estas disposiciones (vale decir, que no pueden incluir un nuevo santo) se enumeran en la siguiente tabla. Estas fiestas también se pueden celebrar en las ferias de tercera clase de Cuaresma y Pasión, con una conmemoración de la feria, según las rúbricas. De esta manera, se corrige uno de los errores del Misal de 1962, que hace que varios santos cuyas fiestas siempre o casi siempre caen en Cuaresma hayan acabado abolidos en la práctica del calendario litúrgico para todos los efectos. Es el caso, por ejemplo, de Santo Tomás de Aquino, el papa Gregorio Magno, San Benito, el Arcángel Gabriel y el papa León Magno.




Nota de la Redacción: El resumen del segundo decreto proviene de la traducción, con algunas adaptaciones, del artículo publicado por Gregory DiPippo en New Liturgical Movement

martes, 24 de marzo de 2020

Los oficios de Semana Santa en tiempo de COVID-19 (actualizado)

Son muchos los fieles que nos ha escrito para preguntar qué ocurrirá con la celebración de la Semana Santa, que constituye el centro del año litúrgico, a consecuencia de la pandemia de COVID-19 que afecta al mundo entero. La respuesta fue dada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a través de dos decretos (de 19 y 25 de marzo, respectivamente), donde se recuerda que el Triduo Pascual no admite un cambio de fecha y puede celebrase, debido a la situación existente, sin pueblo y con apoyo de medios de transmisión telemática. Sólo las procesiones se pueden trasladar para el mes de septiembre, haciéndolas coincidir con la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. 

Compartimos el texto en castellano de esos decretos (véase aquí y aquí) para conocimiento de los feligreses de nuestra Asociación y los lectores de esta bitácora. En razón de lo dispuesto en el artículo 27 de la Instrucción Universae Ecclesia (2011), que establece que las normas disciplinarias relativas a la celebración tanto de la forma ordinaria como extraordinaria del rito romano son aquellas del Código de Derecho Canónico de 1983, estas disposiciones deben ser observadas también en la celebración de la liturgia de siempre, guardando la debida compatibilidad (cfr. artículo 28 de la misma instrucción). Esto se explica, sobre todo, porque se trata de medidas de sentido común (véase aquí la opinión de Rorate Caeli en el mismo sentido). 

San Carlos Borromeo preside la procesión con el Viático en tiempos de la peste
(Imagen: Researchgate)

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Decreto en tiempo de COVID-19


Prot. N. 153/20

En el difícil tiempo que estamos viviendo a causa de la pandemia del COVID-19, considerando el impedimento para celebrar la liturgia comunitariamente en la Iglesia según lo indicado por los obispos para los territorios bajo su jurisdicción, han llegado a esta Congregación peticiones concernientes a las próximas fiestas pascuales. En este sentido, se ofrecen indicaciones generales y algunas sugerencias a los Obispos.

Sobre la fecha de la Pascua. La Pascua, corazón del año litúrgico, no es una fiesta como las demás: celebrada durante tres días, el Triduo Pascual, precedida por la Cuaresma y coronada por Pentecostés, no puede ser trasladada.

La Misa crismal. El Obispo, valorando el caso concreto en los diversos países, tiene la facultad para posponerla a una fecha posterior.

Indicaciones para el Triduo Pascual. Donde la autoridad civil y eclesial ha establecido restricciones, se siga lo siguiente.

Los Obispos darán indicaciones, de acuerdo con la Conferencia Episcopal, para que en la iglesia catedral y en las iglesias parroquiales, incluso sin la participación física de los fieles, el Obispo y lo párrocos celebren los misterios litúrgicos del Triduo Pascual, avisando a los fieles la hora del inicio, de modo que puedan unirse en oración desde sus propias casas. En este caso son de gran ayuda los medios de comunicación telemática en directo, no grabados.

La Conferencia Episcopal y cada una de las diócesis no dejen de ofrecer subsidios para ayudar en la oración familiar y personal.

El Jueves Santo, en las iglesias catedrales y parroquiales, en la medida de la posibilidad real establecida por aquellos a quienes compete, los sacerdotes de la parroquia pueden celebrar la Misa de la Cena del Señor; se concede excepcionalmente a todos los sacerdotes la facultad de celebrar en este día la Misa sin el pueblo, en algún lugar adecuado. El lavatorio de los pies, que es facultativo, se omite. Al final de la Misa en la Cena del Señor se omite la procesión y el Santísimo Sacramento se reserva en el sagrario. Los sacerdotes que no tienen la posibilidad de celebrar la Misa rezarán las Vísperas (cfr. Liturgia Horarum).

El Viernes Santo, en las iglesias catedrales y parroquias, en la medida de la posibilidad real establecida por aquellos a quienes compete, el Obispo/el párroco celebra la Pasión del Señor. En la oración universal el Obispo diocesano se encargará de establecer una especial intención por los enfermos, los muertos, quien ha sufrido alguna pérdida (cfr. Missale Romanum, p. 314, n. 13).

Domingo de Pascua. Vigilia Pascual: ésta se celebra sólo en las iglesias catedrales y parroquiales, en la medida de la posibilidad real establecida por aquellos a quienes compete. Para el «inicio de la vigilia o lucernario» se omite el fuego, se enciende el cirio y, omitida la procesión, se hace el pregón pascual (Exsultet). Sigue la «Liturgia de la Palabra». En la «Liturgia bautismal» sólo se renuevan las promesas bautismales (cf. Missale Romanum, p. 371, n. 55). Posteriormente la «Liturgia eucarística».

Para quienes no pueden unirse a la Vigilia Pascual celebrada en la iglesia, recen el Oficio de Lectura indicado para el Domingo de Pascua (cf. Liturgia Horarum).

Para los monasterios, seminarios y comunidades religiosas, decida el Obispo diocesano.

Las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano podrán ser trasladas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre.

Por mandato del Sumo Pontífice sólo para este año 2020.

En la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 19 de marzo de 2020, solemnidad de San José, Patrón de la Iglesia universal.

+ Robert Card. Sarah
Prefecto

+ Arthur Roche
Arzobispo Secretario

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Decreto en tiempo de COVID-19 (II)


Considerado la rápida evolución de la pandemia del COVID-19, y teniendo en cuenta las observaciones recibidas de las Conferencias Episcopales, esta Congregación ofrece una actualización de las indicaciones generales y de las sugerencias ya dadas a los Obispos en el anterior decreto del 19 de marzo de 2020.

Dado que la fecha de la Pascua no puede ser trasladada, en los países afectados por la enfermedad, donde se han previsto restricciones sobre las reuniones y la movilidad de las personas, los Obispos y los presbíteros celebren los ritos de la Semana Santa sin la presencia del pueblo y en un lugar adecuado, evitando la concelebración y omitiendo el saludo de paz.

Los fieles sean avisados de la hora del inicio de las celebraciones, de modo que puedan unirse en oración desde sus propias casas. Podrán ser de gran ayuda los medios de comunicación telemática en directo, no grabados. En todo caso, es importante dedicar un tiempo oportuno a la oración, valorando, sobre todo, la Liturgia Horarum.

Las Conferencias Episcopales y cada una de las diócesis no dejen de ofrecer subsidios para ayudar en la oración familiar y personal.

1. Domingo de Ramos. La Conmemoración de la Entrada del Señor en Jerusalén se celebre en el interior del edificio sagrado; en las iglesias catedrales se adopte la segunda forma prevista del Misal Romano; en las iglesias parroquiales y en los demás lugares, la tercera.

2. Misa crismal. Valorando la situación concreta en los diversos países, las Conferencias Episcopales podrán dar indicaciones sobre un posible traslado a otra fecha.

3. Jueves Santo. Se omita el lavatorio de los pies, que ya es facultativo. Al final de la Misa en la Cena del Señor, se omita también la procesión y el Santísimo Sacramento se reserve en el sagrario. En este día, se concede excepcionalmente a los presbíteros la facultad de celebrar la Misa, sin la presencia del pueblo, en lugar adecuado.

4. Viernes Santo. En la oración universal, los Obispos se encargarán de preparar una especial intención por los que se encuentran en situación de peligro, los enfermos, los difuntos (cfr. Missale Romanum). La adoración de la Cruz con el beso se limite sólo al celebrante.

5. Vigilia Pascual. Se celebre sólo en las iglesias catedrales y parroquiales. Para la liturgia bautismal, se mantenga solo la renovación de las promesas bautismales (cfr. Missale Romanum).

Para los seminarios, las residencias sacerdotales, los monasterios y las comunidades religiosas se atengan a las indicaciones del presente Decreto.

Las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre.

Por mandato del Sumo Pontífice sólo para este año 2020.

En la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 25 de marzo de 2020, solemnidad de la Anunciación del Señor.

+ Robert Card. Sarah
Prefecto

        + Arthur Roche
        Arzobispo Secretario

domingo, 22 de marzo de 2020

Transmisión de Misas a través de Facebook Live

Dada la suspensión de las celebraciones litúrgicas que organiza nuestra Asociación, les ofrecemos dos alternativas para seguir la Santa Misa según la forma extraordinaria desde sus hogares a través de una transmisión en directo y en dos horarios (10.00 horas y 12.00 horas). 


viernes, 20 de marzo de 2020

Suspensión de la Santa Misa de nuestra Asociación

Debido a la emergencia sanitaria que ha provocado en Chile la pandemia causada por el COVID-19 (enfermedad asociada al coronavirus SAR-CoV-2), y siguiendo la medida adoptada por la Arquidiócesis de Santiago, la Asociación Litúrgica Magnificat informa a todos sus feligreses y bienhechores la suspensión de la Misa dominical, así como la que se está celebrando los primeros sábados de mes en honor y reparación del Corazón Inmaculado de María, mientras se mantengan las actuales circunstancias. En estos momentos de crisis debemos ofrecer los sacrificios que nos supone el encierro y nuestras oraciones por el alejamiento de la epidemia, obedeciendo las instrucciones que la autoridad pública dispone al respecto. Por disposición de nuestro Ordinario, hay dispensa del precepto dominical mientras dure la presente situación

Compartimos con nuestros lectores, para ayudar a su difusión, las medidas adoptadas por el arzobispado para combatir la pandemia que nos afecta al país y a todo el mundo. 

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Nuevas medidas del Arzobispado de Santiago por coronavirus


Santiago de Chile, 16 de marzo de 2020.


Siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias para contribuir a la protección de la salud pública del país, el Arzobispado de Santiago dispone las siguientes medidas:

1.   Todos los fieles de nuestra Arquidiócesis de Santiago quedan dispensados del precepto dominical mientras dure la actual situación de crisis.

2.   Se solicita encarecidamente a los fieles seguir la misa por radio, televisión y/o Internet (ver información en www.iglesiadesantiago.cl). También invitamos a hacer la comunión espiritual, como medio de santificación y de unidad eclesial y a leer y meditar el evangelio diario disponible en la web. 

3.   Desde hoy, lunes 16 de marzo de 2020, se pide a los sacerdotes que la eucaristía diaria –incluida la dominical- se celebre en grupos reducidos, no superiores a cinco personas. Si el sacerdote lo considera prudente, podrá decidir realizar la celebración de forma privada. Según la evolución de la crisis, estas medidas podrían modificarse, llegando incluso a la suspensión temporal de la celebración pública de la Misa.

4.   Como una forma de ayudar a rezar en familia la arquidiócesis entregará subsidios a través de la web del arzobispado.

5.   En cuanto a matrimonios ya programados, y que no se puedan posponer, pedimos que se realicen en grupos pequeños y siguiendo las directrices de las autoridades sanitarias. Los que no estén programados, solicitamos que se reagenden hasta superar la crisis.

6.    En relación a los velorios, invitamos a las iglesias a seguir prestando este servicio con acogida y disposición. También pedimos que los responsos se celebren de una manera simplificada y en grupos pequeños, siempre en diálogo con las familias, proponiéndoles hacer la misa de funeral cuando la situación se normalice.

7.    Para todos los demás sacramentos, se pide a los ministros aplicar la prudencia pastoral, siempre en contacto con los fieles y proponiendo, cuando sea posible, celebrarlos más adelante.

8.   Se deben suspender temporalmente las catequesis presenciales, como también charlas, encuentros formativos, conciertos, conferencias o eventos de carácter similar, en templos y dependencias diocesanas.

9.    Se invita a tener abiertos los templos para que todos los fieles que lo deseen puedan orar personalmente, y para que se atienda a las personas que por razones de fuerza mayor lo requieran.

10. Se pide a los sacerdotes estar especialmente disponibles para atender a los enfermos, haciéndolo con prudencia, evitando así ser agentes de contagio.

11. Respecto de las celebraciones de Semana Santa, el Arzobispado de Santiago comunicará próximamente recomendaciones. 

12. Nuevamente pedimos a todos respetar rigurosamente las indicaciones que vaya anunciando el Ministerio de Salud. Respecto a situaciones o consultas pastorales específicas, les pedimos escribir al e-mail: comunicaciones@iglesiadesantiago.cl

13. La arquidiócesis irá actualizando su información en la medida que se requiera.

Animamos vivamente a toda la comunidad eclesial a hacer oración pidiendo por el pronto restablecimiento de los enfermos; también pidamos por los médicos y científicos, para que puedan encontrar pronto una cura para esta enfermedad y sus consecuencias. 

Hagamos nuestra la oración que el Papa Francisco nos invita a rezar en estos momentos: “Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos con la voluntad del Padre y a hacer lo que nos diga Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas, que estamos en la prueba, y líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén”.

+ Cristián Roncagliolo Pacheco
   Vicario General

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Actualización de medidas del Arzobispado de Santiago frente al coronavirus


Santiago de Chile, 19 de marzo de 2020.

Siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias para contribuir a la protección de la salud pública del país, el Arzobispado de Santiago actualiza y profundiza sus medidas de precaución que regirán para toda la arquidiócesis, por el tiempo que se mantenga la crisis, para evitar el contagio de coronavirus, contribuir al bien común y cumplir con nuestra tarea evangelizadora.

Medidas vigentes del Arzobispado de Santiago: 

Misa diaria y dominical: Profundizando la medida ya tomada hace unos días, y a causa de la situación totalmente excepcional, hemos tomado la decisión que desde hoy, jueves 19 de marzo, quedan suspendidas todas las celebraciones públicas de la Eucaristía con participación regular de fieles; también las dominicales. Esta medida se mantendrá mientras dure la crisis. 

Precepto dominical: Reiteramos que todos los fieles de nuestra Arquidiócesis de Santiago están dispensados del precepto dominical mientras dure la actual situación. 

Participación en misa desde los hogares: Animamos vivamente a los fieles a que participen de la Santa Misa por radio, televisión o Internet. También los invitamos a hacer la comunión espiritual, especialmente el domingo, como medio de santificación y de comunión eclesial. Recomendamos además leer el Evangelio diario, para alimentarnos con el Pan de la Palabra. 

Apoyo para orar en casa: La Vicaría de Pastoral ofrecerá subsidios para ayudarnos a vivir el domingo, para hacer la comunión espiritual, para acrecentar la oración y renovarnos en la piedad. También se pondrán a disposición diversos medios de comunicación digital que ofrecen la Santa Misa diaria, el rezo del Rosario y meditaciones, que nos pueden ayudar a vivir unidos al Señor en este tiempo de tribulación. Todos estos medios están disponibles en www.iglesiadesantiago.cl

Misa diaria de sacerdotes: Se pide a los sacerdotes que, en la celebración diaria de la eucaristía sin presencia regular de fieles, incluyan peticiones por los fallecidos, enfermos y sus familias, y también por los profesionales sanitarios comprometidos a salvaguardar el bien común. 

Puertas abiertas y opción por los pobres: Se invita a tener abiertas las Iglesias para que todos los fieles que lo deseen puedan orar personalmente y para que se atienda a las personas que, por razones de fuerza mayor, lo requieran. Se pide a los sacerdotes estar especialmente disponibles para atender a los enfermos, haciéndolo con prudencia, siguiendo el protocolo establecido por la Arquidiócesis (ver en www.iglesiadesantiago.cl) para evitar ser agentes de contagio. También se invita a las comunidades a estar atentas ante las necesidades de los más vulnerables, que serán especialmente afectados con esta pandemia. 

Bautizos y matrimonios: En cuanto a los bautizos y matrimonios programados, si no se pueden postergar, pedimos que se realicen en grupos pequeños y siguiendo las directrices de las autoridades sanitarias. Los que no estén programados, solicitamos que se pospongan hasta superar esta crisis. 

Velatorios y responsos: En relación a los velorios invitamos a las Iglesias a seguir prestando este servicio con acogida y disposición. También pedimos que los responsos se celebren de una manera simplificada y en grupos pequeños, siempre en diálogo con las familias, proponiéndoles hacer la misa de funeral cuando la situación se normalice. 

Otros sacramentos: En todos los demás sacramentos, se pide a los ministros aplicar la prudencia pastoral, siempre en contacto con los fieles y proponiendo, cuando sea posible, celebrarlos más adelante. 

Catequesis y otros: Están suspendidas todas las catequesis presenciales. También están suspendidas las charlas, encuentros formativos, conciertos, conferencias o eventos presenciales en templos y dependencias diocesanas. Esto no obsta que, con creatividad pastoral, se puedan hacer vía on line retiros, catequesis y otras instancias de formación.
Atención de los fieles: Se pide a las parroquias y demás espacios eclesiales procurar mantener la atención de los fieles a través de teléfono u otros medios digitales. 

Atención del Arzobispado: A contar del jueves 19 de marzo, el Arzobispado de Santiago, sus vicarías, direcciones y unidades pastorales se encuentran atendiendo en la modalidad online; vía e-mail, teléfono, Whatsapp y videoconferencia, entre otros. Ver más información en www.iglesiadesantiago.cl

Respetar las disposiciones de las autoridades: Nuevamente pedimos a todos seguir rigurosamente las indicaciones que nos vaya dando el Ministerio de Salud para hacer frente a esta crisis sanitaria. Respecto a situaciones o consultas específicas para celebraciones en templos o santuarios, les pedimos consultar al mail comunicaciones@iglesiadesantiago.cl
La arquidiócesis irá actualizando su información en la medida que se requiera. 

Animamos vivamente a todos los fieles católicos y personas de buena voluntad a unirnos en la oración para pedir al Señor por los enfermos, por sus familias, por el personal sanitario y por el pronto término de esta pandemia. 

Pongámonos bajo la protección de la Santísima Virgen orando: “Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos con la voluntad del Padre y a hacer lo que nos diga Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas, que estamos en la prueba, y líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén”.

martes, 3 de marzo de 2020

El cuidado de las cosas pequeñas en la liturgia

Les ofrecemos hoy un nuevo artículo del Dr. Peter Kwasniewski, quien es bien conocido por nuestros lectores. En él se aborda una cuestión que, aunque puede parecer obvia, entraña profundas consecuencias espirituales. Se trata de la observancia de las rúbricas, que permite al sacerdote unirse de mejor forma a Dios, evidenciando su carácter de instrumento para difundir la gracia entre los fieles. De esta forma, el respeto a lo que la Iglesia manda con la liturgia es un modo de expresar la confianza de la propia pequeñez ante Dios, el cual será conocido dentro de la historia de la espiritualidad como la "pequeña vía" merced a la obra de Santa Teresa de Lisieux (1873-1897). Esto vale también para los fieles, que con la ayuda de un misal y la profundización del sentido de cada uno de los ritos pueden ir penetrando en el misterio que entraña la Santa Misa. 


El texto fue publicado en New Liturgical Movement. La traducción pertenece a la Redacción y las imágenes son las que acompañan el artículo original. 

Peter Kwasniewski

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El “pequeño camino litúrgico”:  el valor espiritual de observar detalladamente las rúbricas

Peter Kwasniewski

Uno de los puntos más fuertes de la liturgia tradicional  consiste en no dejar entregado nada a la voluntad o la imaginación del sacerdote (y se puede decir lo mismo de los demás ministros que asisten en el presbiterio). La liturgia  fija coreográficamente los movimientos del mismo, prescribe sus palabras, moldea su mente y su corazón de acuerdo con ella misma, y todo ello a fin de dejar en claro que es Cristo quien actúa en y a través de él. En palabras del salmista: “Sabed que el Señor es Dios, Él nos hizo a nosotros, y no nosotros a Él. Nosotros somos su pueblo y las ovejas de su redil” (Sal. 99, 3). Las ovejas han de seguir las huellas de su pastor. El clero no es ni será jamás el principio primero de la liturgia. Como dice Sano Tomás de Aquino con ejemplar humildad, el sacerdote y todo otro clérigo son un “instrumento animado” del Eterno y Sumo Sacerdote: “El orden sagrado no crea un agente principal, sino un ministro y un cierto instrumento de la operación divina”.


Los ministros son como martillos o cinceles o serruchos racionales, mediante los cuales un artesano más grande lleva a cabo su trabajo de santificación, al tiempo que les otorga la inmensa dignidad de descansar en sus manos y tomar parte de su obra. Monseñor Ronald Knox lo expresa del siguiente modo:

“El filósofo Aristóteles, al definir la posición del esclavo, usa estas palabras: 'un esclavo es un instrumento viviente'. Y eso es lo que es un sacerdote, un instrumento vivo de Jesucristo, a quien presta sus manos para que sean las manos de Cristo, y su voz para que sea la voz de Cristo, y sus pensamientos para que sean los pensamientos de Cristo. No hay, no debiera haber nada en él de sí mismo, de comienzo a fin, excepto cuando la Iglesia, benévolamente, le permite por un momento permanecer en silencio centrado en sus propias intenciones especiales, para beneficio de vivos y de muertos. Quienes no pertenecen a nuestra religión quedan a veces perplejos y aun se escandalizan al contemplar las ceremonias de la Misa: 'es todo tan mecánico', dicen. Pero, efectivamente debe ser mecánico: lo que ven no es un hombre sino un instrumento viviente, que se vuelve hacia acá y hacia allá, que se inclina y se reincorpora, que realiza gestos, todo ello en obediencia a un orden preestablecido, el orden de Cristo, no nuestro orden. Los católicos sabemos que la Misa mejor dicha es aquella que se dice sin que nos demos cuenta de cómo se la dice, porque no esperamos excentricidades de una herramienta, de la herramienta de Cristo”.  

El clero es instrumento privilegiado, por cierto, pero no deja de ser instrumento, y la liturgia sigue siendo la obra de Cristo, el Gran Artesano, el carpintero del arca de la alianza, el arquitecto de la Jerusalén celestial, el Nuevo Canto y el Director del coro. Tanto en la forma externa como en el texto, en la música y en el ceremonial, la liturgia ha de proclamar luminosamente que se trata de la obra de Cristo y de su Iglesia, no el producto de un individuo carismático o de una comunidad de base.

En una entrevista de febrero de 2016, se preguntó a S.E.R. Athanasius Schneider qué había aprendido de la celebración de la Misa en su forma tradicional. He aquí la elocuente respuesta del obispo:

“La lección más profunda que he aprendido de la celebración de la forma tradicional de la Misa es la siguiente: yo soy sólo un pobre instrumento de una acción sobrenatural y sacratísima, cuyo principal actor es Cristo, el Sumo y Eterno Sacerdote. Durante la celebración de la Misa siento que pierdo, en cierto sentido, mi libertad individual porque las palabras y los gestos me son prescritos hasta en los más pequeños detalles, y no se me permite cambiarlos. Siento profundamente en mi corazón que soy sólo un servidor y un ministro que, sin embargo, con libre albedrío, con fe y amor, llevo a cabo no mi voluntad, sino la de Otro”.

¿Cuánto gana y cuánto pierde un sacerdote por cumplir -o no cumplir- los “más pequeños detalles” del rito litúrgico que le ha sido legado por la Tradición y la ley eclesiástica? 

Para responder, volvámonos hacia una gran escritora de la época de oro de la espiritualidad francesa, Catherine de Bar (1614-1698), que usó como religiosa el nombre de Madre Mectilde del Santísimo Sacramento. En su correspondencia de la Condesa de Chateauvieux, la Madre Mectilde escribe:

“Lo primero que advierto en vos, queridísima hija, es que no tenéis suficiente amor a las cosas pequeñas, y no las consideráis a la luz de la Divina Providencia. Esta es la razón por que les prestáis tan poca atención y les tenéis tan poco respeto, por lo cual perdéis muchas gracias […] A veces Dios pide sólo un pequeño acto de fidelidad para hacernos grandes santos. Debierais estar siempre en un estado de santa y amorosa atención ante Dios, a fin de daros a Él siempre en todo […] Si pudierais imaginaros las pérdidas de que sois causa cuando actuáis de un modo puramente humano, os volveríais inconsolable. ¿Acaso no es una culpa grande el que un alma que puede dar gloria a Dios lo prive de ella a fin de dar precedencia a sus propios deseos, argumentando que las pequeñas acciones de la vida no tienen importancia y no necesitan ser sometidas a control? ¡Oh, hija mía, si hubierais comprendido verdaderamente cómo habéis sido redimida y hasta qué punto pertenecéis a Jesucristo, tendrías una solicitud mucho mayor por darle honor! Si ni el más pequeño latido de vuestro corazón os pertenece, tampoco os pertenece, y con mucho mayor razón, la menor de vuestras acciones, que dura mucho más que un latir del corazón”.

Madre Mectilde (Catherine de Bar)

En estas palabras encontramos un sorprendente anticipo del “pequeño camino”, mucho más conocido, de Santa Teresa de Lisieux.  La Madre Mectilde ve claramente que los pequeños actos de fidelidad son el terreno donde se pone a prueba nuestro deseo de ser grandes santos, y que debiéramos tratar de no actuar jamás en un sentido puramente humano, o por nuestros propios medios.

Si aplicamos la doctrina de la Madre Mectilde a la comparación que hace monseñor Knox y a la experiencia de S.E.R. Athanasius Schneider, podremos tener una nueva comprensión de los enormes beneficios espirituales de la liturgia romana tradicional para los ministros que cumplen sus mil pequeñas exigencias, que son ocasión de ponerse a sí mismos en un estado de santa y amorosa atención frente a Dios. No hay una sola palabra ni un movimiento que sea considerado trivial y que no necesite ser normado: todas las acciones están ordenadas hacia Su gloria.

La Madre Mectilde desarrolla esta idea en otro pasaje de la misma correspondencia:

“El Evangelio nos dice hoy, en dos palabras, en qué consiste la santidad cristiana: es una maravillosa lección, por favor oíd. La ley dice 'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente'. Considerad bien estas cosas y veréis cuánto se os pide que deis a Dios, incluso las menores de vuestras acciones […] En una infinidad de lugares de la Sagrada Escritura encontraréis que se habla de vuestra incapacidad para gobernaros a vos misma, incluso uno solo de vuestros pensamientos, sin robarlo a Jesucristo. Porque, en estricto derecho, no podéis hacerlo: habéis sido comprada; quien compra el árbol, compra los frutos. Por tanto, ya no os pertenecéis. Considerad bien esta verdad repetid a menudo estas palabras 'ya no me pertenezco, pertenezco a Jesucristo; Él me ha rescatado por amor y, por tanto, soy necesariamente esclava de su amor. ¡Oh digna esclavitud…!

“Sed, pues, muy prolija en estas pequeñas cosas. Todo se hace para un Dios grande. Es necesario que todo lo hagáis concienzudamente, es decir, prestando atención a Dios y con el deseo sencillo de glorificarlo y de agradarlo en todo […] Él quiere que seáis así de fiel [en las cosas más pequeñas] y así Él os elevará a otras aun mayores. Quien no aprecia las cosas pequeñas, pronto caerá en mayores desórdenes”.

¡Qué convincente es la doctrina de la Madre Mectilde sobre la santa esclavitud de Cristo, expresada en un constante ofrecerle cada cosa pequeña, cada pequeño acto, hecho para el gran Dios, el Señor de cielos y tierra!


Podemos ver en ella una glosa de las enseñanzas del propio Señor: “El que es fiel en lo poco, será fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo pequeño, será también injusto en lo grande” (Lc. 16, 10). Adviértase el énfasis puesto en la justicia: el que es infiel a Dios en las cosas pequeñas, será también injusto con Él en las grandes -no desamorado, sino injusto-. Se trata aquí de justicia, de los “derechos de Dios”, ya que, como dice la Madre Mectilde tan vívidamente, le pertenecemos como propiedad Suya.

Al hablar de fidelidad y de justicia, el Señor se refiere a la virtud de la religión, vale decir, a dar a Dios lo que le debemos, lo mejor de nuestras capacidades. Si no somos capaces de entregarle nuestros miembros sometidos a control, nuestras reverencias, nuestras genuflexiones, nuestros besos, nuestros ojos disciplinados, nuestra cuidadosa pronunciación de las palabras, ¿cómo podemos engañamos a nosotros mismos pensando que le vamos a entregar nuestra mente y nuestra voluntad, nuestro amor, nuestro servicio a los demás?  

La escuela por excelencia de la total fidelidad a las cosas pequeñas y a las grandes es la sagrada liturgia, en la que obedecemos a las rúbricas pequeñas al tiempo que ponemos las manos en las más grandes cosas, la carne y sangre mismas de Dios. Animados por la enseñanza de la Madre Mectilde, ¿no debiéramos decir que una liturgia que ofrece al celebrante y a quienes participan en ella un mayor número de oportunidades de someterse al designio de Otro y obedecer su Voluntad, especialmente en los “más pequeños detalles”, es una liturgia que produce un mayor número de frutos de santidad?

Si se me permite acuñar una fórmula, diría que esto no es sino el “pequeño camino litúrgico”, la enseñanza que Santa Teresa de Lisieux aplicó a ese ámbito en que siempre fue practicado, sin fanfarria, hasta tiempos recientes, cuando se podó las rúbricas, se multiplicó las opciones para el celebrante, se adoptó un estilo relajado y se desechó mil años de la piedad de Occidente como si fuera oscurantismo. Con el abandono de este Pequeño Camino sobrevino un aluvión cada vez mayor de infidelidad, de impiedad, de depravación. “El que no aprecia las cosas pequeñas, pronto caerá en grandes desórdenes”.

Gracias a Dios, estamos comenzando a ver una restauración de las cosas pequeñas, por lo que algún día podremos ver nuevamente emerger, de la liturgia, una gran santidad.

jueves, 27 de febrero de 2020

Algunas reflexiones sobre el obtáculo que detiene la iniquidad

Les presentamos hoy un artículo del Dr. Rubén Peretó Díaz, profesor de filosofía medieval en la Universidad Nacional de Cuyo e investigador del CONICET, que versa sobre el obstáculo que detiene el misterio de iniquidad mencionado en una de las epístolas paulinas. Aunque el texto fue escrito en 2006 y a la luz de un reportaje sobre la degradación que tendrían durante la primera mitad del siglo XXI ciertos temas morales (respecto a la vida, monogamia, clonación, soberanía, etcétera), las reflexiones que contiene no han perdido su actualidad y, peor aún, se han visto confirmadas. Estos casi quince años han demostrado que la cultura occidental está llegando a su fin y el reinado del Anticristo se anuncia en el horizonte. 

El autor es conocido de nuestros lectores por haber sido uno de los conferenciantes del III Congreso Summorum Ponticium celebrado en Santiago de Chile, el cual organizado en 2017 con ocasión del décimo aniversario del motu proprio de ese nombre que liberalizó la liturgia de siempre. El artículo original está disponible aquí

 Luca Signorelli, El sermón y las obras del Anticristo (fresco, Catedral de Orvieto, 1501)
(Imagen: Wikipedia Commons)

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El Kajeton, el obstaculizante

Rubén Peretó Rivas

La preocupación del hombre de todas las épocas por conocer el futuro está atestiguada no sólo en las páginas de la historia, sino también en los numerosos textos y tradiciones proféticas surgidos de las culturas más antiguas y en todos los rincones de la tierra. La revelación cristiana misma dedica un libro entero, el Apokalipsis, a narrar los sucesos postreros, y podemos encontrar importantes referencias a los mismos en muchos de los otros escritos bíblicos. Tengamos presente, además, que tales observaciones provienen de la boca, en muchos casos, del mismos Verbo Encarnado y de prominentes autores inspirados , tales como los apóstoles Juan y Pablo, evangelistas y profetas del Antiguo Testamento. 

Dentro de estos textos de carácter profético se encuentra la segunda carta de San Pablo a los tesalonicenses. Esta epístola fue escrita por el Apóstol poco después del año 52, en Corinto, a una comunidad cristiana que él mismo había fundado en su segundo viaje, pero en la que no había podido permanecer mucho tiempo debido al rechazo de los judíos. El objetivo de la misma es, en realidad, aclarar algunos aspectos que había desarrollado en su primera carta, previniéndolos sobre ciertas personas que querían engañarlos sobre su contenido. En el capítulo 2, escribe: “Por lo que respecta a la Venida de Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de iniquidad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida”.

¿Quién o qué es el que detiene o katejon? Han sido, y son aún, numerosas las interpretaciones al respecto. Nuestro trabajo consistirá en repasar las mismas y aportar datos recientes que permitirían la confirmación de una de ellas, que nos parece más adecuada. 

 Luca Signorelli, El Sermón y las obras del Anticristo (detalle)

1. El texto. 

Comenzaremos con un análisis más o menos detallado del texto paulino. En versión griega de ambos versículos el término katejon se utiliza dos veces en modos distintos: to katejon, en el versículo 6, y o katejoon en el versículo 7. En ambos casos se usa el participio presente, con pronombre neutro en el primer caso y con pronombre personal en el segundo, lo cual podría traducirse como “el obstáculo” y “el obstaculizante” respectivamente. 

La traducción del pasaje ha ofrecido siempre dificultades que provienen, sobre todo, del misterio que envuelve al mismo. Veamos de qué modo ha sido traducido en algunas lenguas. 

La versión latina de la Vulgata traduce: “Et nunc quid detineat scitis ut reveletur in suo tempore. Nam mysterium iam operatur iniquitatis tantum ut qui tenet nunc donec de medio”. En este caso se utiliza para el versículo 6 la forma verbal “detineat” compuesta por “de” y “teneo”, lo que podría ser traducido como mantener alejado, retener, impedir. En el versículo 7 leemos “qui tenet”, es decir, “quien detiene” o “quien retiene” o “quien sujeta”. 

La traducción inglesa de King James escribe: “And now ye know what withholdeth that he might be revealed in his time. For the mystery of iniquity doth already work: only he who now letteth will let, until he be taken out of the way”. En este caso aparece en primer lugar la palabra “withholdeth” que puede ser traducida como “retener”. Y luego, la expresión “he who letteth”. Este último término, “letteth”, proviene del inglés antiguo y la expresión podría traducirse como “quien detiene”, “quien obstruye” o “quien retiene”. 

La versión alemana de Konstantin Rösch dice: “Ihr wisst, was sein Hervortreten zu seiner Zeit noch aufhält. Schon ist das Geheimnis der Gesetzlosigkeit wirksam. Nur musserst der zurücktreten, der es aufhält”. La expresión que nos interesa es aquí, en ambos casos, “aufhalten” que puede ser traducida como parar, detener, pero también como “retardar”, lo cual aporta un matiz interesante al análisis. 

El texto francés utiliza también la expresión “retener”: “Vous savez aussi ce qui maintenant le retient, afin qu´il ne paraisse qu´en son temps. Car le mystère d´iniquité agit déjà; mais seulement jusqu´á ce que celui qui le retient encore paraisse au grand jour”. 

La versión italiana traduce: “E ora sapete ciò che impedisce la sua manifestazione, che avverrà nella sua ora. Il mistero dell'iniquità è già in atto, ma è necessario che sia tolto di mezzo chi finora lo trattiene”. En este caso hay una pequeña variación ya que en el versículo 6 se dice “aquello que impide”, y en el 7: “el que hasta ahora lo retiene” o “el que hasta ahora lo detiene”. 

Finalmente, veamos algunas versiones españolas. 

Más arriba citamos la correspondiente a la Biblia de Jerusalén quien utiliza en las dos oportunidades la expresión “detener”. La traducción de Nácar/Colunga dice: “Y ahora sabéis qué es lo que le contiene hasta que llegue el tiempo de manifestarse. Porque el misterio de iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado”. Es llamativo el concepto utilizado en el versículo 6: “contener”. En el siguiente, en cambio, utiliza la expresión habitual: “el que le retiene”. 

La difícil traducción de Torres Amat, que recoge Straubinger, dice: “Ya sabéis vosotros lo que ahora le detiene, hasta que sea manifestado en su tiempo. El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad. Entre tanto, el que le detiene ahora, deténgalo hasta que sea quitado de en medio”. Aquí, en ambos casos, se utiliza el verbo “detener”. 

Por último, la original versión de Castellani expresa: “Y ahora conocéis el obstáculo de que él sea revelado en su propio tiempo –pues ya actúa el Misterio de Iniquidad solamente ahora el obstaculizante que detenga hasta ser quitado de en medio-...”[1]. 

En síntesis, las posibilidades que, en las distintas lenguas, poseemos para traducir el concepto griego de katejon son: detener, retener, sujetar, impedir, retardar, obstaculizar y contener. Todas ellas poseen un significado similar variando solamente en los matices, en los que no nos detendremos. Sin embargo, la idea que San Pablo ha querido transmitir al utilizar el término katejon queda suficientemente clara. 

Antes de pasar al siguiente punto, es importante destacar una expresión que aparece en el original griego y que resulta imposible de traducir con la riqueza que encierra el original. Nos referimos a kairós, es decir, “tiempo oportuno” o “tiempo de la salvación” y se distingue, de ese modo, de kronos, que es pura sucesión. La tradición bíblica posee un rico desarrollo de esta noción de tiempo. Haré aquí una breve referencia al mismo según el pensamiento paulino a fin de comprender más adecuadamente la intención del Apóstol al referirse al momento en el cual el obstáculo será quitado. 

El kairós se asocia, en primer lugar, al advenimiento de Cristo, el cual se dio en la plenitud de los tiempos, o en el tiempo oportuno. Por ejemplo, escribe Pablo a los corintios citando a Isaías: “En el tiempo oportuno (kairós) te escuché y en el día de la salvación te ayudé”. Este es el tiempo oportuno, este es el día de la salvación”[2]. El kairós suscita un tiempo nuevo, una situación que no se había producido hasta ahora, pues, al estar incardinado en la persona y obra de Cristo, los dones escatológicos y eternos se encuentran ya presentes entre nosotros. 

Al haber irrumpido Dios en la historia, lo eterno está presente en ella configurando una nueva época. El kairós es al mismo tiempo historia y eternidad, un tiempo con plenitud de sentido, pero a la vez fugaz y contingente, al que hay que estar atento cada vez que aparece. En el kairós neotestamentario desaparece la tensión griega entre idea e historia. Se trata de un tiempo de plenitud, con densidad eterna, mientras que la historia que los sucesivos kairoi van delineando, es historia de la salvación. Por lo tanto, la salvación es temporal e histórica. 

Este tiempo presente es el kairós, es el “tiempo oportuno” que, a la vez que constituye un anticipo de las promesas, aguarda a la vez la consumación, en una tensión dialéctica entre el “ya” y el “todavía no”. De este modo, el kairós no es kronos, puesto que pierde el sentido trágico de caducidad inexorable y se convierte en un tiempo de construcción y esperanza. Lo que convierte al tiempo en kairós, lo que lo hace oportuno, es la irrupción de Dios en él[3]. 

¿Podría entenderse, entonces, que el Obstáculo será quitado en el “momento oportuno”? ¿Cuándo será ese "tiempo oportuno"? Y, aún más, ¿por qué será oportuno? Estas preguntas son de difícil o imposible respuesta, pero es igualmente valioso hacerlas. Este trabajo intenta responder parcialmente a ellas.

 Sandro Boticelli, San Agustín en su celda (circa 1490, Galería Uffizi)

2. Las interpretaciones.

El katejon ha merecido el comentario de numerosos Padres y exégetas a lo largo de toda la historia cristiana. Los protestantes, en general, opinan que es el amor. El P. Bojorje afirma que es el amor a la verdad [4], otros que es San Miguel Arcángel[5] o el Espíritu Santo[6] y no falta la variación latinoamericanista que dice que es la práctica de la verdad y la justicia contra el imperialismo capitalista [7]. 

Sin embargo, la mayoría de los Padres y doctores se inclinan mayoritariamente por considerar que el Obstaculizante es el Imperio Romano. Tal parecería ser la opinión de San Agustín, aunque reconoce su perplejidad frente al tema. Escribe: “Yo confieso que de ningún modo entiendo lo que quiso decir. Sin embargo, no dejaré de insertar aquí las sospechas humanas que sobre esto he oído o leído. Algunos piensan que dijo esto del Imperio Romano y el apóstol San Pablo no lo quiso decir claramente, porque no le calumniasen e hiciesen cargo de que deseaba mal al Imperio Romano, el cual entendían que había de ser eterno”[8]. Y añade más adelante: “[...] se entiende que lo dice del mismo Imperio Romano, como si dijera: sólo resta que el que ahora reina, reine hasta que le quiten de en medio, esto es, hasta que le destruyan y acaben, y entonces se descubrirá aquel inicuo, por el cual ninguno duda que entiende el Anticristo”[9]. Entonces, pareciera que es esta la opinión por la que se inclina San Agustín: lo que impide la manifestación del Anticristo es el Imperio Romano y, cuando se refiere a quién lo impide, es el emperador, lo cual nos lleva a ver con claridad de qué modo esta unidad política era apreciada por los Padres: no sólo están viendo en ella al instrumento por el cual Dios impide la venida del mal, sino que hasta el mismo San Pablo buscaría evitar cualquier confusión con respecto a su posición favorable al Imperio. 

También Tomás de Aquino, al comentar este pasaje de la carta a los tesalonicenses, es favorable a la interpretación de San Agustín[10]. Esta exégesis mayoritaria y tradicional posee, sin embargo, una objeción: el Imperio Romano hace mucho que pasó y el Anticristo aún no se ha manifestado. Como bien lo explica Castellani, muchos de los cristianos de los primeros siglos consideraron próxima la venida del Inicuo cuando el Imperio comenzó a desmembrarse y a caer progresivamente. El mismo San Jerónimo se expresa en este sentido en una de sus cartas luego de enterarse del segundo saqueo de Roma por parte de los vándalos a comienzos del siglo V[11]. 

Pero podemos preguntarnos ¿pasó realmente el Imperio? O, al menos, ¿hasta cuándo se extendió? ¿Fueron realmente las invasiones bárbaras su fin? El cardenal Newman es muy claro al respecto cuando escribe en uno de sus sermones sobre los últimos tiempos: “En respuesta a esta objeción concederé que 'aquel lo retiene' o 'detiene', significa el poder de Roma, pues todos los antiguos escritores así lo han entendido [... ]. Desde el punto de vista profético, el Imperio Romano permanece aún hasta nuestros días. [...] Los reinos en los cuales el Imperio Romano iba a ser dividido son la continuación y terminación de ese mismo Imperio, el cual permanece, y en cierto sentido vive desde el punto de vista profético, cualquiera sea el modo en que resolvamos la cuestión histórica. En consecuencia, todavía no hemos visto el fin del Imperio Romano”[12]. 

Podemos interpretar fácilmente, sin forzar en absoluto los hechos que, como unidad política el Imperio subsistió hasta los inicios del siglo XX. Renovado por Carlomagno, el título de Emperador Romano es heredado por Lotario, su nieto, luego del tratado de Verdún en 843. Si bien el dominio efectivo del sacro emperador variará con el correr de los siglos, siempre conservará su primacía entre los soberanos occidentales. Como estructura político-territorial el imperio desaparece en 1806 cuando el emperador Francisco II es derrotado por Napoleón y deja de denominarse “Emperador Germánico”. Sin embargo, el título permanecerá en el Imperio austrohúngaro, siendo el mismo Francisco su primer emperador. El último será Carlos de Habsgurgo quien deberá entregar la corona cuando los aliados vencedores de la Primera Guerra Mundial decreten el fin del Imperio a instancias de la masonería y a pesar de la voluntad contraria de todos sus súbditos, como ha quedado definitivamente demostrado en la excelente obra de François Fejtó[13]. Carlos fue beatificado por Juan Pablo II en 2004. 

Pero dejando de lado el dato estrictamente histórico, el katejon no debe entenderse como el imperio en su sentido material. Tal como lo indican un gran número de intérpretes la referencia es al Orden Romano que se tradujo en la civilización occidental y que, en muchos sentidos podría ser identificado con el orden natural en tanto se funda en el respeto a las leyes básicas de éste tales como la religión, la familia, la autoridad, la propiedad, etcétera. 

El katejon sería la estructura interna que existió durante siglos en el Occidente cristiano, a pasar de todos los vaivenes históricos que lo azotaron. Sería la malla de contención que impediría la disolución de la sociedad en individualidades libradas a sus propios deseos. Sería el esqueleto que impide que la carne de un cuerpo se transforme en masa amorfa. Y la desaparición de esta estructura social básica es lo que precipitaría los acontecimientos escatológicos. 

 Ilustración de 1510 que representa el águila bicéfala del Sacro Imperio Romano Germánico

3. La actualidad.

A fin de evitar que este trabajo pueda ser estimado con pretensiones proféticas, considero oportuno recordar aquí un pasaje evangélico: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación”. Y les añadió una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca”[14]. La idea es entonces mirar la higuera y ver si los brotes están ya naciendo. 

No se trata de hacer un repaso de una gran cantidad de pequeños o grandes signos que estamos acostumbrándonos ya a ver casi a diario y que, hace diez años atrás, nos hubieses parecido francamente apocalípticos. Para eso no hace falta una comunicación académica: basta con abrir el diario, alguna revista o encender el televisor. 

Mi intención es comentar un dossier aparecido en el número de diciembre de 2005 de la influyente revista Foreign Policy en cuya redacción intervinieron importantes personalidades del ámbito científico e intelectual de varias naciones[15]. La iniciativa fue reunir a distintos pensadores y especialistas, quienes especularon sobre las ideas, valores e instituciones que la humanidad considera eternos, y que nosotros podríamos identificar con el orden romano, y que en los próximos treinta años estarían condenados a desaparecer. Mencionaré, y me referiré, sólo aquellos que resultan significativos para nuestro trabajo: la sacralidad de la vida, la monogamia, la procreación natural, la soberanía y la jerarquía religiosa.

3.1. La sacralidad de la vida.  

El autor de este aspecto del dossier presagia que en 2035 “sólo un puñado de fundamentalistas religiosos seguirá defendiendo que toda vida humana es sacrosanta desde la concepción hasta la muerte”[16]. Basa su argumentación en el estado actual de la cuestión: por una parte, cada vez son más los países que destinan fondos públicos a investigaciones genéticas que tienen que ver directamente con la manipulación de la vida humana en sus comienzos, y a la presión que están recibiendo en este sentido aquellas naciones que pudiéndolo hacer no lo hacen, como el caso de Estados Unidos. 

Por otro lado, en 2035, ya será abundante y sólida la experiencia adquirida en los procesos eutanásicos aplicados en Holanda y Bélgica, lo cual apaciguará los temores en que los mismo ssean el primer paso hacia un nuevo holocausto. Con una población altamente envejecida producto de las bajas tasas de natalidad y mayores expectativas de vida, se pensará de un modo cada vez más “natural” acerca de la manera sobre cómo acabar con la propia vida, lo cual implicará fuertes presiones a los gobiernos para que acepten y legislen este tipo de prácticas. 

Al plantear el tema de la manipulación genética a fin de clonar nuevos seres humanos, lo cual es rechazado por los “fundamentalistas” en razón del misterio y de la sacralidad de la vida, el autor se basa en que en 2005 los investigadores surcoreanos demostraron que las células madres humanas pueden clonarse sustituyendo el núcleo de un óvulo fecundado por el núcleo de una célula corriente. Sin embargo, nuestro autor no tuvo en cuenta que, al parecer, algunos orientales no suelen ser muy serios en sus afirmaciones científicas o, en todo caso, sus estándares de sinceridad son diversos a los utilizados por la comunidad científica occidental. En efecto, a comienzos de enero de 2006, la Comisión de investigación de la Universidad de Seúl confirmó que el científico surcoreano Hwang Woo-suk falsificó sus experimentos sobre células madre publicados en 2005 y sobre clonación de embriones humanos de un año antes[17]. Reconocemos sin embargo, que este hecho no invalida lo afirmado; en todo caso podemos suponer un retraso en la profética fecha propuesta. 

3.2. La monogamia. 

El autor de este punto es el conocido y multifacético intelectual francés Jacques Attali, para quien la monogamia “no es más que un útil convencionalismo social”[18]. Son sólo las estructuras sociales las que han impedido que el hombre se enamore de varias personas al mismo tiempo, y esto ocurre por motivos estrictamente económicos: en la poligamia resulta muy difícil mantener una transmisión ordenada de la propiedad. Pero esta situación está cambiando debido a varios factores. En primer lugar, lo que el autor llama “mayores exigencias de transparencia de la sociedad contemporánea”, y que nosotros denominaríamos más bien el “descaro y desenfado de la sociedad contemporánea”, provocará que aparezcan libremente las múltiples parejas que antes se mantenían ocultas. 

Por otro lado, contribuirá también a la desaparición de la monogamia las libertades individuales llevadas al paroxismo (¿en nombre de qué o de quién se me prohíbe tener más de una pareja?) y el aumento de la esperanza de vida que convertirá en prácticamente imposible la fidelidad o el enamoramiento matrimonial durante tantas décadas. Un cuarto factor es el hecho de que los métodos anticonceptivos han debilitado los vínculos entre sexualidad, amor y reproducción, puesto que ya es posible el gozo casi absoluto del sexo sin los compromisos que implicaba el amor o los peligros que acarreaba la manía femenina de concebir. 

En conclusión, la sociedad, dentro de algunos años, no sólo aceptará, tal como lo hace hoy, las relaciones amorosas sucesivas, sino también el amor simultáneo. “Por fin reconoceremos que es humano querer a distintas personas al mismo tiempo”, concluye el autor[19]. 

Notemos que la desaparición de la monogamia tal como la propone Attali implica, sin más, la desaparición de la familia. No es necesario insistir aquí acerca de la centralidad de la familia, que es una de las instituciones fundamentales e insustituibles del orden romano. Pero tengamos en cuenta que tal destrucción no provendrá solamente a partir de ciertos cambios en la cultura y en las estructuras sociales, sino que, en ciertos aspectos, será coercitiva. Veamos si no lo dictaminado a inicios de 2006 por el Parlamento Europeo, quien aprobó una resolución que promueve decididamente la agenda homosexual, lésbica, bisexual y transexual y contempla posibles sanciones contra los Estados miembros que se opongan a ella. El texto considera como un derecho el “matrimonio” homosexual, la adopción de menores por parte de éstos, las manifestaciones como las del “Orgullo Gay” y promueve la educación de niños y jóvenes en la ideología y cultura “gay”. Así, juzga como uno de los “sucesos preocupantes” en Europa la “prohibición de manifestaciones por la igualdad o por el orgullo gay”, como es el caso de la legislación lituana y polaca. Ante ello, el Parlamento instó a los Estados miembros a “asegurar que se respeta efectivamente la libertad de manifestación”. El Parlamento hizo este mismo juicio respecto a “la introducción de modificaciones constitucionales para impedir o las uniones entre personas del mismo sexo”, como es el caso de Letonia y criticó que en algunos Estados miembros “las parejas del mismo sexo no gozan de todos los derechos y protección de que disfrutan los matrimonios heterosexuales”. Así, para “erradicar la homofobia y promover una cultura de libertad, tolerancia e igualdad” entre los ciudadanos y en la legislación de los Estados miembros, el Parlamento les instó a que “garanticen la protección de la comunidad LGBT” –lesbiana, gay, bisexual y transexual– frente a lo que considera “lenguaje de odio y violencia homofóbica”. Al respecto pidió a los Estados que “aseguren que las parejas del mismo sexo disfruten del mismo respeto, dignidad y protección que el resto de la sociedad”. Más adelante, el texto insta “a intensificar la lucha contra la homofobia mediante métodos educativos – tales como las campañas contra la homofobia en los centros escolares, en las universidades y en los medios de comunicación–, así como utilizando medios administrativos, judiciales y legislativos”. Finalmente, la Eurocámara pide a la Comisión Europea que inicie “procedimientos de infracción contra aquellos Estados miembros” que no se alineen con estas resoluciones. Numerosos europarlamentarios pidieron que las sanciones se extienda a aquellos países que se niegan a llamar “matrimonio” a la uniones homosexuales y que las mismas consistan, incluso, en la expulsión de la Unión Europea, propuesta realizada por el laborista británico Michael Cashman. 

3.3 La procreación natural. 

El motivo que llevaría a las sociedades a buscar otras formas de reproducción sería, nuevamente, estrictamente económico y de superviviencia social. Como bien nota el autor de este artículo, los países más desarrollados, fundamentalmente europeos, han fracasado en sus políticas tendientes a invertir las tasas negativas de crecimiento que registran. La opción que enfrentan para mantener el dinamismo económico de sus naciones es la inmigración, lo cual acarrea otro tipo de conflictos. La solución, entonces, pareciera que pasa por la ciencia y la tecnología. 

En un primer momento daría la impresión de que este planteamiento implica recurrir a la florida imaginación de los autores de libros de ciencia ficción. Sin embargo, hay avances científicos que suponen cercanos la utilización de artefactos que desnaturalizan completamente el procesos reproductivo humano y liberan a sus actores, en especial a las mujeres, de todas las molestias que implica el embarazo, permitiendo, además, la total manipulación del proceso por parte de los gobiernos a fin de producir humanos de acuerdo a las necesidades. 

Es especialmente significativo en este sentido la aparición del llamado “útero artificial”. Se trata de aparatos mecánicos que imitan las funciones del cuerpo materno para gestar bebés sin embarazo. En este proceso ectogenético se implantan en la máquina células que forman la mucosa de la matriz femenina y embriones humanos. Hasta el momento los embriones, adheridos a la pared del útero como si fuera el vientre materno, se han desarrollado normalmente hasta la sexta semana de gestación, momento en el cual los científicos han interrumpido el proceso[20]. 

Si bien jamás se le hubiese ocurrido a un cultor del derecho romano proponer como uno de los pilares de la civilización la naturalidad de la procreación y, por tanto, no podría ser considerado literalmente parte integrante del orden romano, sin embargo, creemos que este hecho se encuentra en la base misma de ese orden. Justamente, si el mérito de Roma fue establecer su entramado social sobre la base de las exigencias propias de la naturaleza humana, podríamos afirmar que lo más íntimamente natural del hombre es su concepción en la que no podemos encontrar ninguna fuerza social o cultural interviniente. En este aspecto no hay posibilidad de desnaturalizar la concepción humana a partir del recurso a los constructos culturales, como se hace habitualmente para otros casos, sino solamente es posible hacerlo apelando a la destrucción sin más del proceso natural. 

 La Visitación, Antipendio de Estrasburgo (detalle, circa 1410)

3.4 La soberanía.

El autor de este artículo postula que los estados nacionales no desaparecerán, pero que deberán compartir su soberanía con otros actores o soberanos, tales como las empresas, las organizaciones no gubernamentales, los grupos terroristas, los carteles de la droga, instituciones regionales y mundiales, bancos y fondos de pensiones privados. Todos estos elementos se convertirán en una fuerza de presión y de decisión imposibles de controlar y que, de hecho, se transformarán en una parte importante del poder. 

Ciertamente, la idea de pérdida de la soberanía es proporcional al aumento de la globalización o construcción de esa aldea global que ha borrado o minimizado las fronteras. No es un proceso nuevo, aunque se ha visto acelerado en los últimos años. Surge como fruto maduro de la modernidad y de la exaltación de la razón que la misma legó a la cultura occidental. A partir de la Revolución Francesa y de las guerras napoleónicas, es la razón la que decidirá las fronteras europeas con un total desprecio por la organización natural de sus pueblos. Por ejemplo, Napoleón disuelve el Sacro Imperio Romano Germánico y construye en su lugar la Confederación del Rin, o inventa la República Cisalpina. Y luego de su derrota, el Congreso de Viena y los congresos sucesivos continúan racionalizando las fronteras europeas según la inventiva de Metternich. Más cerca en el tiempo podríamos mencionar la Yugoslavia de Tito o las ex-colonias africanas convertidas en republiquetas de pacotilla. Más allá de la historia, de la cultura, de la religión o de la lengua, lo que va a primar en el trazado de los nuevos límites serán los intereses políticos o económicos. 

Tal como lo reconoce el autor en su artículo, no existirá la anarquía, sino que, en definitiva, el gobierno real estará en manos de una sinarquía capaz de controlar las decisiones planetarias. Ya en la actualidad vemos como los gobiernos aceptan las decisiones de la Organización Mundial del Comercio o de la Comunidad Económica Europea, porque, en conjunto, les beneficia un orden comercial internacional que esté regulado, aunque una norma concreta afecte el derecho de proteger las industrias nacionales. De este modo, los gobiernos resignan voluntariamente una parte importante de su soberanía. Ya nos lo afirmaba Calderón Bouchet en sus magistrales lecciones y en sus escritos al explicar el traspaso del poder de las monarquías tradicionales a las oligarquías financieras en los albores de la modernidad. 

Un hecho que por cierto coadyuva a este proceso es la desaparición, en la mayoría de los países, de las fuerzas armadas tradicionales, convertidas ahora en agrupaciones de mercenarios que optan a las mismas por estar descalificados para otro tipo de empleos. No sería, sin embargo, esto lo más grave. En la Edad Media los ejércitos estaban formados fundamentalmente por mercenarios. La leva militar es un invento más reciente. El problema radica en la desaparición de la institución militar que sí era parte fundante del orden romano. Se trataba de un elemento constitutivo de la organización social. Incluso el orden religioso cristiano se hacía cargo de esta situación cuando, por ejemplo, la liturgia bizantina de San Juan Crisóstomo incluía peticiones por los ejércitos nacionales en todas las celebraciones. Ser miembro de los cuadros superiores del ejército era un alto signo de distinción. En varios países europeos para ingresar a las academias militares era necesario presentar certificados de nobleza. En nuestro país, el Colegio Militar se abría a los segundones de las familias patricias, como bien lo detalla Jauretche, o bien “ennoblecía” a los aspirantes provenientes de otros estratos sociales[21]. Pero no se trataba solamente de pertenencias a determinados grupos, sino que el ejército era depositario de muchos valores tradicionales que hoy han sido arrasados por el desprestigio de la clase militar y la mercenarización de las mismas. 

3.5 La Iglesia. 

El dossier asegura que en pocos años desparecerá la jerarquía de la Iglesia, ya que la presión de los procesos democráticos terminará por socavar la anacrónica monarquía absoluta propia de la Iglesia católica. 

Considero que la crisis que golpea a la Iglesia es mucho más grave que el cuestionamiento de sus principios jerárquicos. Sabemos que, por promesa divina, la Iglesia se mantendrá hasta la Parusía. Lo que no sabemos, y no está prometido, es cómo permanecerá o en qué estado perseverarán sus miembros. En realidad, tenemos palabras proféticas que nos habla de sólo un “pequeño rebaño” o interrogantes acerca de si el Señor, en su segunda venida, encontrará fe sobre la tierra. 

Considero que es necesario analizar con madurez la crítica situación que atraviesa la Iglesia en la actualidad, evitando los extremismos integristas, pero también las “episcopolatrías” o “papolatrías” ingenuas. Simplemente llamaré la atención sobre un aspecto, a mi entender el más importante, de la crisis. 

Hoy nos encontramos con lo que podemos llamar una “Iglesia lenificada”, convertida en muchos casos en una ONG y, por cierto, la más poderosa de ellas en cuanto a la cantidad de miembros y de recursos que maneja. Uno de los síntomas más evidentes de tal situación es el lenguaje eclesial contemporáneo. Gran parte de los obispos utilizan de un modo casi exclusivo un lenguaje sociológico. Hoy ya no hablan de lo sobrenatural y de eternidad, sino que sus prédicas consisten en anunciar los perdidos paraísos terrenales. 

Y así, discurren en interminables críticas sociales, en continuos llamados de atención hacia los pobres, en organización de campañas solidarias, y en otras muchas actividades terrenales, buscando construir la sociedad perfecta. Pero no se escucha hablar del cielo -única ciudad perfecta posible-, ni del infierno, ni de la de eternidad. 

En muchas ocasiones, su rol silencioso en este mundo agotado en la nueva temporalidad se reduce a constituirse en una sucursal de las Naciones Unidas encargada de ordenar éticamente la temporalidad y, por tanto, es la abanderada de la no-violencia, de los derechos humanos, del encuentro fraternal y del diálogo. 

Vale la pena detenerse a analizar un poco más la profundidad de este cambio. En el anuncio existe un término a quo, quien anuncia, y un término ad quem, quien es anunciado. Dios que anuncia, y el hombre que se deja anunciar por Dios. Dios que desciende al hombre y lo diviniza. Dios que se hace hombre para hacer al hombre semejante a Dios. El diálogo en cambio, implica dos términos iguales, donde el principio de la acción es compartido. Entonces, no es ya Dios que desciende al hombre por medio de la Iglesia y lo diviniza, sino el hombre que asciende a Dios para ser divinizado. La acción pertenece al hombre, quien pasa de la actitud pasiva y contemplativa de ser divinizado, a la actitud activa de divinizarse. 

Y de este modo, entonces, el lenguaje apropiado para este diálogo continuo con el mundo es el de la sociología, pues el mundo ya no comprende o no acepta el lenguaje que habla de lo sobrenatural o que habla de eternidad. 

En definitiva, la perspectiva que la Iglesia católica desarrolló en las últimas décadas indica que, si no se producen los ajustes necesarios, terminará por disolverse en los ámbitos organizacionales propios de la temporalidad y, de ese modo, la predicción del dossier que comentamos se cumpliría cabalmente. 

 Icono griego de la Segunda Venida (circa 1700)


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Lejos de poseer pretensiones proféticas, esta contribución procura simplemente llamar la atención y leer con inteligencia cristiana algunos acontecimientos del mundo contemporáneo. No está en nosotros afirmar si el katejon ha sido ya retirado, si los tiempos de la gran tribulación están próximos, si vivimos en el kairós de la manifestación del Inicuo. Sí está en nosotros, en cambio, estar atentos a los signos de los tiempos, leer dentro de la realidad y prepararnos para los acontecimientos futuros. Actuar de otro modo no sería inteligente e, incluso, no sería evangélico.
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[1] En Castellani, L., El Apokalipsis de San JuanBuenos Aires, Dictio, 1974, pp. 151-152.

[2] II Cor. 6, 2. La cita es de Isaías 49, 8.

[3] Un amplio desarrollo de este tema puede verse en: Berciano, M., Superación del tiempo en el cristianismo, Naturaleza y Gracia, vol. XLVIII, núm. 1-2 (2001), pp. 167-200, y El concepto de kairós en Grecia, Diálogos, núm. 77 (2001), pp. 117-153. También hay un profundo e intenso desarrollo en Alby, J. C., Tiempo y acontecimiento en la antropología de Ireneo de Lyón, tesis doctoral dactilográfica presentada en la Universidad Católica de Santa Fe, pp. 225-281.

[4] Cfr. Borjorge, H., Presencia de Dios, conversión y apostasía

[5] Cfr. Straubinger, J., Comentarios al Nuevo Testamento, Buenos Aires, Guadalupe, 1950, p. 853.

[6] Cfr. “The Age of the Antichrist”. 

[7] Richard, P.Crítica teológica a la globalización neoliberal”, Pasos, núm. 71 (1997), pp. 31-34.

[8] San Agustín, La ciudad de Dios, l. XX, c. 19, 9. 

[9] San Agustín, La ciudad de Dios, l. XX, c. 10, 6.

[10 Cfr. Santo Tomás de Aquino, Super II ad Thessalonicenses, c. 2, lect. 2, 11. 

[11] Cfr. San Jerónimo, Epístola CXXI. La referencia a Castellani puede verse en El Apokalipsis..., cit., p. 152.

[12] Newman, J. H., Cuatro sermones sobre el Anticristo, trad. Carlos Baliña, Buenos Aires, Ediciones del Pórtico, 1999, pp. 23-24. 

[13] Cfr. Fejtó, F., Requiem per un impero defunto. La dissoluzione del mondo austro-ungarico, Mondadori, Milano, 1996. 

[14] Lc. 21, 25-31. 

[15] El dossier al que hacemos referencia puede consultarse en línea en Foreign Policy. En formato papel, y traducido al español y titulado Los nuevos dinosaurios”, fue reproducido parcialmente por Veintitrés Internacional, núm. 5 (diciembre de 2005), pp. 39-44. Las citas se harán a partir de esta referencia.

[16] Los nuevos dinosaurios”, cit., p. 40. 

[17] Cfr. Era falso un supuesto avance en clonación terapéutica, Diario La Nación, 29 de diciembre de 2005. 

[18] Los nuevos dinosaurios”, cit., p. 40. 

[19] “Los nuevos dinosaurios”, cit., p. 40.

[20] Cfr. Blanc, N., Adiós a las panzas, Veintitrés, núm. 391 (enero de 2006), pp. 82-86.

[21] Cfr. Jauretche, A., El medio pelo en la sociedad argentina. (Apuntes para una sociología nacional), Buenos Aires, Peña Lillo, 1992.