jueves, 24 de mayo de 2018

El indulto inglés: un objeto de fraternal envidia

La Latin Mass Society of England and Wales es probablemente uno de los capítulos más importantes de la Federación Internacional Una Voce. Con una presencia a nivel nacional que permite la celebración de la Santa Misa en su forma extraordinaria de manera dominical en todas las diócesis de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, así como de varias celebraciones durante la semana, es una organización que sin duda se erige como un modelo para todos los demás capítulos de la Federación en cuanto a su impacto y alcance. Esta peculiaridad, más aún encontrándonos en un país de mayoría protestante, se explica, entre otros factores, por la histórica y denodada defensa que en especial los laicos demostraron durante los primeros años de la reforma litúrgica posconciliar.

En efecto, el año 1971 un grupo de destacadas personalidades británicas, que incluían a la famosa escritora Agatha Christie e incluso a dos obispos anglicanos, se dirigió mediante una carta a S.S. Pablo VI solicitando su autorización para permitir que continuara la celebración de la Santa Misa de conformidad a la edición del Misal Romano del año 1965, destacando la herencia artística y cultural asociada al rito latino (una transcripción de la carta puede ser leída aquí). El romano pontífice accedió a la petición de los firmantes, por lo que Inglaterra y Gales se convirtieron en el único lugar del mundo donde se permitió explícitamente la celebración de la Misa Tradicional, con ciertas restricciones, hasta la publicación de la carta "Quattuor Abhinc Annos" (1984) de San Juan Pablo II. El texto de la respuesta remitida por S.S. Pablo VI puede ser leída aquí. 

Interior de la Catedral de Westminster

En este sentido, les ofrecemos una traducción de una ponencia del Dr. Erich de Saventhem, presidente fundador de la Federación Internacional Una Voce. En ésta, presentada en el marco de la Reunión General Anual de la Latin Mass Society de 1999 y cuyo original se puede leer aquí, el expresidente de la Federación resalta cómo el Indulto Inglés o de "Agatha Christie" se había convertido en un objeto de "envidia" para el resto del orbe tradicional. En efecto, sus disposiciones permitieron a los fieles de Inglaterra y Gales gozar de una mayor continuidad en la celebración de la Santa Misa de conformidad con las rúbricas tradicionales, lo que recién se empezaría a regularizar en el resto del Mundo tras la publicación de la carta "Quattuor Abhinc Annos" (1984) de San Juan Pablo II. Cabe notar que los anhelos de regularización expresados por el Dr. de Savanthem han sido en gran medida acogidos con la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, quien liberalizó el uso de la edición típica del Misal Romano del año 1962 mediante un acto de jurisdicción universal, recomendando vivamente su implementación práctica a todos los obispos del Mundo.

Cabe finalmente destacar que la Asamblea en comento de la Latin Mass Society, celebrada con mucha anterioridad a la entrada en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, fuera inaugurada con una misa solemne en el altar mayor de la Catedral de Westminster, ciertamente el templo católico más importante de Inglaterra, lo que habla de cómo el permitir la coexistencia ritual permitió la integración normal y pacífica de los grupos tradicionales al interior de la vida de la Iglesia, y no como una realidad aislada, extremista o nostálgica.  

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El indulto inglés: “un objeto de fraternal envidia”

Dr. Eric de Saventhem

Dr Erich de Saventhem (1919-2005)
(FIUV)

Señor Presidente, reverendos miembros del clero y de las órdenes religiosa, y todos los demás miembros y amigos de The Latin Mass Society,

Esta mañana, mientras asistieron a la Misa Solemne en la catedral de Westminster, agradecieron a Dios por el regreso, en este día, del rito tridentino al altar mayor de la catedral, una congregación invisible pero mundial de millones de católicos se unió en ferviente oración con las suyas.
  
Con ustedes, experimentaron que algo de vital importancia para el futuro de nuestra amada Iglesia estaba ocurriendo. Con ustedes, ellos supieron que lo que estaban presenciando no podía ser –como algunos temen- la primera etapa de la prolongada agonía del rito tridentino, el cual sobreviviría brevemente como una mera curiosidad nostálgica. Con ustedes ellos rogaron para que, por el contrario, esta Misa sea el primer acto público anunciando una eventual restauración del venerable rito romano a una estima y honor universales. Y con ustedes, ellos sintieron que la importancia de este acto público trascendiera los objetivos inmediatos de aquellos que en esta especial ocasión de su Reunión General Anual solicitaron una misa solemne tridentina, así como de aquellos que ofrecieron la catedral para su celebración.

Un objeto de fraternal envidia.

Misa Tradicional en la Catedral de Westminster
(LMS)

En efecto, la Misa Solemne de esta mañana tiene una significación eclesiológica de que nosotros –viviendo en uno de los lugares menos favorecidos del mundo [N del T. El Dr. de Saventhem era alemán, entonces radicado en Suiza] estamos probablemente más conscientes que ustedes. Para nosotros, el llamado “Indulto Inglés” es un objeto de fraternal envidia. Lo vemos, en primer lugar, como un acto de justicia elemental. Justicia impartida por sus obispos para aquellos que no pueden, en conciencia, atribuir a la reforma litúrgica posconciliar los motivos que, por sí solos, en palabras del papa Pío XII, justificarían tal alcance a los cambios en las formas de la oración de la Iglesia –aquellos que de hecho no pueden, en conciencia, considerar estos cambios como necesarios para el “mayor honor de Jesucristo y la Santísima Trinidad, o para mejor instrucción o más ferviente devoción de los fieles” (Mediator Dei, 53).

Más partisano que pastoral.

Entrenamiento Litúrgico
(LMS)

En muchos lugares del mundo Católico aquellos que sostienen dichas visiones están, hoy en día, simplemente desautorizados. No es el caso de Inglaterra y Gales donde, como prueba el Indulto, sus derechos básicos como “contribuyentes espirituales” encontraron un reconocimiento tardío. En segundo lugar, el Indulto aparece para nosotros, en el extranjero, como un gesto de reconciliación. Incluso como se establece –con su restricción a Inglaterra y Gales, y reducido a “ocasiones especiales”, y con la arbitrariedad con que a veces se aplica el indulto modifica el decreto previo de sus obispos bajo el cual el rito antiguo permaneció prohibido desde la Cuaresma de 1970. Por eso, vemos en el Indulto un reconocimiento tácito del hecho de que la reforma de la Misa se volvió hasta cierto punto un divorcio con las verdaderas necesidades de los fieles, que su orientación se volvió progresivamente más partisana que pastoral y que entonces, debía modificarse.

Y finalmente, en un plano más elevado, vemos el Indulto como un primer acto de reparación. Reparación para el deshonor diariamente infligido a Nuestro Señor en su presencia sacramental Eucarística. Presencia para aquellos que, bajo los ropajes de una reforma, pervertirían la esencia de la liturgia católica y destruiría la fe de la gente. Entonces nosotros, desde el exterior, estamos profundamente agradecidos de aquellos que promovieron aquella carta de intelectuales al diario The Times, y a su Presidente, por sus perseverantes esfuerzos para persuadir a los obispos acerca de la necesidad de una aproximación más equilibrada, más conciliatoria, y por último, más saludable. Y no creemos que por utilizar las facultades concedidas bajo el indulto a su sociedad [N del T. The Latin Mass Society of England and Wales] se esté renunciando a algo. Por el contrario, al obtener incluso una limitada restauración del rito tridentino para el honor de la celebración pública en sus iglesias, The Latin Mass Society ha, en nuestra opinión, apuntado a algo de vital importancia.

No existe justificación para suprimir el rito antiguo.

Confirmaciones conferidas por S.E.R Cardenal Raymond Leo Burke
(LMS)

Es, como ustedes saben, nuestra convicción común, que el rito Tridentino no puede ser abrogado. Pero tampoco podemos negar el principio de la prerrogativa papal para reformar un rito –incluso uno que ha sido bendecido por la tradición y por la sangre de tantos mártires como el rito codificado por el papa San Pío V. Ahora bien, los reformadores dirán que el nuevo Ordo Missae no constituye un quiebre con la tradición litúrgica de la Iglesia – que no es, de hecho, un “rito nuevo”, sino que meramente una versión actualizada del más que milenario Ordo de la Misa de la Iglesia Latina. Sin embargo, la credibilidad de esa sola afirmación se encuentra inseparablemente vinculada con la actitud de la jerarquía con este Ordo antiguo – y creo que el Indulto representa el primer reconocimiento tácito de que esto es así. En otras palabras, que por cualquier acto de hostilidad hacia el rito antiguo los reformadores mismos sembraron la duda sobre la ortodoxia del nuevo. Por cuanto, si el nuevo rito contiene el mismo concepto de Santa Misa que aquel profesado en el Concilio de Trento, entonces no existe ni la necesidad ni la justificación para suprimir el rito antiguo que fue “Ex decreto Sacrosanti Concilii Tridentini restitutum”. Sería entonces tanto suficiente como apropiado ofrecer a la Iglesia el nuevo rito como una alternativa legítima, y asegurar –como hizo San Pío V que aquellos que lo usen permanezcan libres de la censura episcopal, así como aquellos que permanecen fieles al rito antiguo.

Aquella coexistencia pacífica de diferentes ritos legítimos siempre ha sido parte integral de la vida litúrgica de la Iglesia. Y ha sido reafirmado tan recientemente como este año, cuando la Santa Sede rechazó las propuestas de suprimir el rito ambrosiano en Italia y el rito de Braga en Portugal. Ambos ritos fueron, en cambio, formalmente reconfirmados como legítimos para los sacerdotes pertenecientes a las respectivas diócesis. Al mismo tiempo, el uso del nuevo Misal Romano como una alternativa fue generalmente autorizado. Los intentos para suprimir el rito tridentino no pueden, en consecuencia, ser justificados con el argumento espurio de que la coexistencia de dos ritos diferentes en la Iglesia Latina acarrearía el germen de división en las parroquias. En nuestros tiempos de delirante pluralismo litúrgico, esta línea de argumentación es simplemente un insulto para la inteligencia de la feligresía.

¿Parte de un diseño general?

Celebración de la Santa Misa
(LMS)

Nos queda entonces una pregunta profundamente perturbadora: Aquellos que quieren obligar el uso exclusivo del nuevo rito ¿Lo hacen quizás porque para ellos este nuevo rito representa un concepto de Santa Misa que es esencialmente diferente de aquel que la teología católica ha evolucionado a lo largo de los siglos y al cual tanto el Concilio de Trento como el Vaticano II han conferido solemne aprobación y autoridad? Aún peor, donde la supresión del rito antiguo ha sido establecida y mantenida a pesar de nuestras legítimas protestas ¿No nos encontramos en la obligación de sospechar que la obligatoriedad del nuevo rito es, finalmente, parte de un diseño general para deshacerse de la doctrina eucarística tradicional y auténtica de la Iglesia?

Aquellos que han estudiado la más reciente alocución de nuestro Santo Padre –del 1 de marzo sobre piedad eucarística y adoración no tendrán ninguna duda que este punto vital de la enseñanza auténtica de la Iglesia no ha cambiado. Pero en la medida que el rito tridentino permanezca objeto de represión, incluso la repetida reafirmación de la enseñanza eucarística tradicional del mismo Papa no es suficiente para sanar la herida de la duda que ha sido infligida en el cuerpo místico de Cristo. Es por esto que el Indulto concedido para Inglaterra y Gales aparece que tuviera tan grande trascendencia. Nos parece que el reconocer verbalmente la doctrina tradicional de la Misa no es realmente convincente si esta no está asociada a la restauración del rito tradicional de la Misa. Es cierto –el Indulto como está establecido es un primer y, en efecto, imperfecto paso. Pero hasta que se pruebe lo contrario debemos esperar –y rezar para que sea un paso en la dirección correcta.

Y ya que su Sociedad mantuvo con gran energía su posición acerca del derecho inalienable de cada sacerdote a permanecer fiel al Ordo tridentino de la Misa, el uso del cual ahora se permite de acuerdo al Indulto no compromete esta posición básica. Nosotros, desde el extranjero, consideraríamos como una clara falta de ayuda para nuestra causa común si acaso su Sociedad no hubiera, bajo los términos del Indulto, intentado tener tantas Misas tridentinas celebradas públicamente como fuera posible en sus iglesias. También sabemos que, al mismo tiempo, su Sociedad no cesó en trabajar por una gradual relajación de los términos restrictivos bajo los cuales el Indulto está redactado. Para obtener esto, sus representantes debieron involucrarse en lo que hoy en día se conoce como “diálogo” con la jerarquía inglesa. Nos resultaría infinitamente triste que este diálogo se convirtiera en estéril a causa de ciertas posiciones adoptadas dentro de su Sociedad que los obispos, por simple amor propio, no pudieran tolerar.

Caridad mutua y sincero respeto.

Peregrinación Tradicional al Santuario de Walsingham
(LMS)

En consecuencia, hemos visto con compasión la propuesta de su presidente que, aquellos que sostengan que el nuevo rito es intrínsecamente inválido deben ser excluidos de la dirección de su Sociedad. Yo uso conscientemente la palabra compasión, porque nosotros somos muy cercanos con el sufrimiento que inevitablemente causan tales diferencias profundas relacionadas con el acto más sagrado en la vida de la Iglesia. En otros países, aquellos que sienten en conciencia la obligación de rechazar el nuevo rito de la Misa han abandonado los grupos a los que pertenecían y han creado sus propias organizaciones. En algunos casos, estas divisiones han sido infelizmente acompañadas por una acrimonia recíproca. Nosotros, en consecuencia, esperamos y rogamos porque si dicho éxodo de parte de sus miembros puede haber resultado necesario, su innato sentido de fair-play los ayudará a desarrollar esta operación con caridad mutua y en sincero respeto por las convicciones profundamente sostenidas por cada uno.

Quisiera terminar con una sugerencia personal. Estaré presentando ésta a todas las asociaciones federadas en Una Voce, pero es más que adecuado que esta sea mencionada por primera vez acá en Inglaterra, el país de los Cuarenta Mártires que rindieron su vida por el Santo sacrificio de la Misa.

Recemos diariamente la oración para la Fiesta de San Pío V. Aprendamos de memoria –si es posible en Latín esta oración, de modo que podamos rezarla habitualmente durante el día, y así mundialmente y al unísono incesantemente imploremos al Todopoderoso “que lance a los enemigos de Su Iglesia y restaure la belleza de Su culto a través de la intercesión de este Santo Pontífice.

Nota de la Redacción: Los énfasis en negritas son del Dr. de Saventhem.

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