domingo, 20 de diciembre de 2015

Los accesorios del altar (III)

Al lado derecho del altar y contiguo a éste suele estar la credencia, una mesa o repisa sobre la que se tiene a mano lo necesario para la celebración de los divinos oficios. En ella se colocan las vinajeras  y el manutergio, la campanilla y la patena para la Comunión de los fieles (Rubricarum Instructum, núm. 528). También habrá de reposar ahí, mientras no sea necesaria, la tercera vela, cuando sea costumbre su utilización desde la Consagración hasta la Comunión (Rubricarum Instructum, núm. 530); y la bandeja para la comunión de los fieles. Usualmente, para guardar la simetría, se dispone otra credencia al lado izquierdo, y en ella se deposita el leccionario o misal en lengua vernácula, el díptico con las preces leoninas, las cerillas, el apagavelas, las despabiladeras y otros objetos similares.


Misa solemne, donde se aprecia la credencia al lado derecho entre los dos monaguillos

Las vinajeras son cada una de las dos jarras pequeñas con que se sirven en la Misa el vino y el agua que se emplean en la consagración, y que vienen dispuestas sobre un platillo o bandeja. Las vinajeras actuales han reemplazado a las antiguas ánforas que con el nombre de hama o ámula servían para recibir y llevar hasta el cáliz el vino que los fieles ofrecían en la Misa. Con frecuencia eran hermosas jarras de metal ricamente decoradas; otras se hacían de cristal o terracota y, aunque con menor frecuencia, también de ónix u otros minerales. La forma reducida de las vinajeras actuales data, por lo menos, del siglo XII. Para su confección quizá el material más adecuado sea el cristal, porque permite mantenerlas siempre limpias y distinguir su contenido a simple vista. Conviene que aquella destinada al vino se diferencie claramente de la que contiene el agua. El vino que en ella se vierte debe ser natural, del fruto de la vid, y no corrompido (canon 924 § 3 del Código de Derecho Canónico).

 Vinajeras

En España y en algunos países de Hispanoamérica se usa una cucharilla para añadir una porción de agua al vino dentro del cáliz. Rara vez se observa esta práctica en Italia y en algunos lugares en Alemania. En los países anglosajones también era común el uso de una pequeña cucharilla capaz de contener una sola gota de agua. El origen de esta costumbre se halla en la regla que ordenaba que al vino con que se había de consagrar se añadiese una pequeñísima porción de agua, que quedó recogida en el canon 814 del Código de Derecho Canónico de 1917. Con la promulgación del nuevo código en 1983, el uso de la cucharilla carece de sentido ritual propio. Éste mudó de «modicissima» a «modica» la norma sobre la cantidad de agua a añadir al vino durante la Misa, de suerte que hoy sólo está mandado que el sacrosanto Sacrificio eucarístico se ofrezca con pan y vino, al cual se ha de mezclar un poco de agua (canon 924 § 1 del Código de Derecho Canónico). De utilizarse, la cucharilla puede ser de cualquier metal y no requiere bendición alguna.



Cucharilla litúrgica 

El manutergio o cornijal es el lienzo no sagrado confeccionado generalmente en lino  u otro material absorbente con el que el sacerdote se enjuga los dedos  en el lavatorio de la Misa (de ahí su nombre, que proviene de los términos latín manus, mano, y tergo, enjugar), que se efectúa con posterioridad a la presentación del pan y el vino y, si cabe, la incensación del altar. En esta operación se emplea una pequeña jarra con agua y un platillo de loza, metal o cristal sencillo. El manutergio se suele bordar con una cruz u otro signo litúrgico en un borde, para distinguirlo así del purificador. El lavabo con aguamanil es de uso prelaticio, pero extendido en España a todos los sacerdotes. 

 Monaguillo sosteniendo los artículos para el lavabo
(Foto: Et maintenant une histoire!) 

En algunos lugares, el manutergio se coloca sobre el altar, cuando se ponen las vinajeras sobre éste. En estos casos se pone encima del mantel y por debajo de las vinajeras, del lado derecho del celebrante. Su propósito es que, si cae una gota de vino cuando se prepara el cáliz o se hacen las purificaciones, no llegue al mantel y lo manche.

Existe también un tercer uso para el manutergio. En el rito tradicional de la ordenación sacerdotal, las manos del nuevo sacerdote, después de haber sido ungidas con el Santo Crisma por el Obispo, se atan con una tela llamada igualmente manutergio. Posteriormente, la madre del recién ordenado desata las manos de su hijo y conserva el manutergio. Este manutergio será colocado más tarde en las manos de la madre después de su muerte como una señal de que ella ha engendrado para la Iglesia un sacerdote. Por lo tanto, cuando ella enfrente su Juicio particular y Cristo le pregunté “Yo te di la vida, y  tú, ¿qué  me has dado?”, ella podrá mostrar el manutergio y le responderá: “Señor, te di a mi hijo como tu sacerdote para siempre.” Así, el manutergio representa un honor para ella y su gloria en el Cielo.


Una madre ata el manutergio a las manos de su hijo recién ordenado

Después del Concilio Vaticano II y los cambios que la reforma litúrgica supuso en el rito de ordenación, se eliminó el rito de atar las manos del ordenando con el manutergio después de ser ungidas por el Obispo, por lo menos como norma universal. Como fuere, y como refiere el sitio Liturgia & Tradición Católica, algunos sacerdotes buscan recuperar esta práctica y  suelen  guardar la toalla con la cual se limpiaron las manos después de ser ungidas con el Santo Crisma y se la entregan a sus madres al final de su primera Misa.

En su forma más simple, la campanilla es un pequeño instrumento metálico manual, generalmente en forma de copa invertida, que suena al ser golpeado por un badajo, cuya finalidad es llamar la atención de los fieles que participan en la Misa o en otras celebraciones. Las hay más complejas, compuestas de dos o más campanillas de diversas dimensiones unidas por un solo mango, ya dispuestas de forma horizontal, ya verticalmente, a las que se suele dar el nombre de carrillón. Este segundo tipo es preferible, porque produce un sonido más rico y resultan más simples y elegantes de sonar. Si por su tamaño la campanilla no puede dejarse sobre la credencia, reposará del lado de la Epístola sobre la grada más baja del altar. 



Campanillas

Dado que está prohibido el toque de cualquier campana desde el Gloria de la Misa vespertina del Jueves Santo hasta el Gloria de la Misa de la Vigilia Pascual, para dar la señal del Sanctus, de la elevación y del «Domine, non sum dignus…» en la Misa in Cena Domini se usa una matraca (crotalus). Ésta consiste en una rueda de tablas fijas en forma de aspa, entre las que cuelgan mazos que al girar ella producen un ruido grande y desapacible. Se usa también en algunos conventos para convocar a maitines

 Matraca o crotalus

La bandeja de comunión está ordenada por mandato expreso de la Instrucción Dominus Salvator Noster, de 26 de marzo de 1929, en todas las Misas donde haya comunión de los fieles, salvo las solemnes y pontificales, en las que la rúbrica del ceremonial de obispos y del misal indica que el diácono acompañe al celebrante con la patena del cáliz. En su texto original, la Instrucción pide que sean los mismos fieles quienes sostengan la bandeja bajo el mentón mientras comulgan. Una respuesta ulterior de la Sagrada Congregación de Ritos, contestando una consulta del arzobispo de Tolosa, permitió que sea el acólito quien sostenga la bandeja mientras acompaña al sacerdote, como habitualmente ocurre. Esta bandeja se confecciona en plata o en algún metal dorado, sin cinceladura o decoración en su cara interna, y no se dispensa su utilización siquiera por la existencia de mantel sobre el comulgatorio. Su uso sigue siendo obligatorio para la forma ordinaria (Congregación para el Culto Divino, Instrucción Redemptionis Sacramentum, núm. 93), sobre todo cuando se administra la comunión por intinción, vale decir, cuando para comulgar se moja la Sagrada Forma en el cáliz de la Sangre del Señor. 

Cleto Ciocchini, La comunión de los pescadores


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Actualización [26 de mayo de 2017]: National Catholic Register ha publicado un artículo referido a que la costumbre de que la madre del sacerdote recién ordenado anude sus manos con un manutergio comienza nuevamente a reaparecer. En él se explica también el sentido de esta costumbre.

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