viernes, 23 de marzo de 2018

La fe de Alec Guinness y la reforma litúrgica

El actor británico Sir Alec Guinness (1914-2000) fue uno de los actores más legendarios del siglo XX y es recordado hasta el día de hoy por su aparición en numerosas películas a lo largo de su extensa carrera, especialmente El puente sobre el río Kwai o, para el público más joven, por su interpretación del personaje Obi Wan Kenobi en la trilogía original de La guerra de las galaxias. Sin embargo, una faceta del gran actor quizás más desconocida para el gran público fue su fe católica.

Sir Alec Guinness (retrato de Allan Warren, 1972)

Mientras sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en la Royal Navy, Guinness albergó durante un tiempo el deseo de convertirse en ministro anglicano. En 1954, mientras se encontraba en la región francesa de Borgoña rodando la película Father Brown, inspirada en los relatos de Chesterton sobre el célebre sacerdote católico detective, Guinness, quien desempeñaba el papel protagónico y se encontraba vestido de sotana, fue abordado por un niño local durante un descanso, quien lo confundió con un sacerdote real. El actor no hablaba francés fluidamente y el niño, sin notar que no comprendía lo que decía, le habló animadamente, tomándole la mano mientras caminaban. El niño luego agitó su mano despidiéndose con un alegre “Au revoir, mon pere!”  y se alejó. La confianza y el afecto que aparentemente despertó el atuendo clerical en el niño dejó una impresión profunda en Guinness. Cuando su hijo de once años, Matthew, enfermó de poliomielitis, el actor visitó frecuentemente una iglesia católica para rezar, prometiéndole a Dios que, si el niño sanaba, daría su aquiescencia a que su hijo se hiciera católico, lo que ocurrió después a petición del niño. Luego de un tiempo, en 1956, Guinness se convirtió también al catolicismo. Un año después lo siguió su mujer, Merula, quien fue recibida en la Iglesia mientras Guinness se encontraba en Sri Lanka filmando El puente sobre el río Kwai, informándole a su marido solamente luego de la ceremonia.

La conversión de Guinness tuvo lugar poco después de la reforma litúrgica de la Semana Santa (1955), llevada a cabo durante el pontificado de Pío XII, la cual fue seguida en los tumultuosos años del posconcilio por la radical reforma litúrgica de Pablo VI, la que desembocó en el Novus Ordo Missae. Tal como le ocurrió a tantos otros conversos ingleses, como Evelyn Waugh o J.R.R. Tolkien (o, en cierta medida, también a Graham Greene), que habían encontrado en una Iglesia que atesoraba una Tradición inmutable refugio de un mundo moderno a la deriva, Guinness vería también con espíritu crítico cómo las autoridades religiosas desechaban todo lo que antes era santo, especialmente en el ámbito de la liturgia.  

Guinness en Father Brown (1954)
(Foto: CBS)

Sobre la reforma litúrgica se expresó así Guinness en su libro de memorias Blessings in Disguise:
Mucha agua ha corrido bajo los puentes del Tíber desde el pontificado de Pío XII, llevándose el esplendor y el misterio de Roma. Sé que lo esencial permanece firmemente asentado y considero a la Misa posconciliar más sencilla y en general mejor que la tridentina; pero la vanalidad y vulgaridad de las traducciones que han desplazado en la liturgia al sonoro latín y al poco de griego son de una cualidad de supermercado que resulta bastante inaceptable. Los apretones de mano y sonrisas embarazosas o muecas han reemplazado a las antiguas cortesías; arrodillarse ya no está de moda, como sí lo está hacer filas, y el tono general es más bien el de un programa de radio de la BBC para niños pequeños [...] [1].
Aunque impactado por las consecuencias de la reforma litúrgica, Guinness no perdió la esperanza que debe asistir a todo cristiano, especialmente en cuanto a la promesa de indefectibilidad de la Iglesia (Mt. 16, 18). Dirá así con un dejo de espléndida ironía inglesa:
La Iglesia ha probado que no está moribunda. Siento que todo estará bien, en todo orden de cosas, en tanto el Dios que se adora sea el Dios de Todos los Tiempos, pasados y por venir, y no el Ídolo de la Modernidad, tan venerado por tantos de nuestros obispos,sacerdotes y monjas en minifaldas [2].

*** 

Notas: 

[1] Guinness, A., Blessings in Disguise, Londres, Hamish Hamilton, 1985, p. 45. Traducción de la cita desde el original inglés de la Redacción.

[2] Ibíd.

1 comentario:

  1. Muy buenos estos artículos. Los felicito.
    Pero, no entiendo bien la misión que profesan a una jerarquía modernista.
    Saludos
    Pablo Olivares

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