martes, 13 de marzo de 2018

¿Un coro gregoriano en la Misa reformada?

Compartimos a continuación con nuestros lectores un ejemplar testimonio de cómo es posible, en el plano musical, hacer realidad el anhelo de S.S. Benedicto XVI de un enriquecimiento mutuo de las dos formas del rito romano, para que así pueda realmente hablarse de una continuidad del rito reformado respecto de la tradición litúrgica precedente. Se trata aquí de la admirable labor de un coro parroquial de la diócesis de Juárez (México) y de su director, quienes han incorporado recientemente y con gran éxito en la liturgia reformada el canto gregoriano, respecto del cual los Padres Conciliares en el Concilio Vaticano II dijeran: "La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas" (SC 116). 

Evidentemente, este retorno a la Tradición en el plano de la música abre un camino para un retorno también en otros aspectos de la celebración del rito reformado: celebración hacia el Señor, silencio y reverencia, piedad eucarística, recepción de la Sagrada Forma de rodillas y en la boca, etcétera. Todo lo cual, a su vez, puede llevar a sacerdotes y fieles de un modo paulatino pero seguro a descubrir y aprender a amar la Misa tradicional de San Pío V. Quiera Dios que el ejemplo de este coro anime a otros coros parroquiales a seguir el mismo camino.

El articulo fue publicado originalmente en Dominus est

 Theophile Gide, Coro de iglesia
(Imagen: www.invaluable.com)

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Testimonio: ¿Un coro gregoriano en el Novus Ordo?

 Rafael Sosa de Santiago

Somos un coro parroquial ordinario. Iniciamos hace 32 años con el nombre “Coro Juvenil de Cristo Redentor”. Por obvias razones, hoy somos el “Coro Cristo Redentor”, sin el “juvenil”, son cosas que se pierden con el tiempo invariablemente. En un principio, animábamos las Misas parroquiales con el repertorio que habíamos heredado y aprendido de anteriores coros, acompañados de guitarras eléctricas, bajo, panderos, etc. aplausos incluidos. Un coro como los que se encuentran actualmente en gran parte de las parroquias de nuestra Iglesia Católica.

La permanencia en el tiempo nos permitió crecer musicalmente, introduciendo cantos más elaborados, provenientes de los compositores españoles de finales del siglo XX (Gabaraín, Palazón, Erdozaín, Madurga, Alcalde, entre otros), cuidando que el repertorio guardara siempre el sentido de cada tiempo litúrgico, aunque en ocasiones las piezas, vistas individualmente podrían no ser las más adecuadas; sin embargo, siempre hubo una preocupación de que los cantos respondieran correctamente a los requerimientos de la liturgia.

En 32 años pasan muchas cosas: momentos de esplendor, momentos de retroceso, de mínima calidad musical y litúrgica, momentos incluso en los que parecería que el coro desaparecería. Pero Dios, aunque indignos, siempre nos ha asistido y sostenido en nuestro servicio.

El paso al nuevo milenio lo realizamos acompañados de un repertorio “moderno” con incorporación de cantos de Martín Valverde, Daniel Poli, Luis Enríque Ascoy, Rafael Moreno, Jesed, Jaire, Hermana Glenda, etc. Y en los últimos años agregamos obras de los italianos Mite Balduzzi y Mons. Frisina, así como cantos de la comunidad católica brasileña “Shalom”.  Nada fuera de lo “normal” como podrá verse… hasta julio del 2017 (hace seis meses, al momento de escribir estas letras).

El 3 de julio, un servidor, amaneció con una idea fija en la cabeza y nadie me podrá quitar de la mente que fue una inspiración del Espíritu Santo: reacondicionar el antiguo órgano eléctrico de la parroquia, labor en la que nos ocupamos en el coro por dos meses, después de los cuales nos encontramos con un instrumento nuevo, que requería también un repertorio nuevo.

Fue así, que a finales del tiempo Ordinario del 2017 nos encontramos con el canto gregoriano. No es que lo desconociéramos, simplemente hasta entonces no lo habíamos considerado siquiera viable para usarse de manera ordinaria en nuestra liturgia, por ser un canto en otro idioma y con una musicalidad muy diferente a los cantos que hoy en día se utilizan en las celebraciones. Pero esta vez nos preguntamos de manera valiente: “¿Por qué no?” y nos tiramos de cabeza al mundo del canto gregoriano.

Iniciamos cambiando el ordinario de la misa, cantando el Kyriale: Misa XVIII “Deus Genitor Alme” por estar a punto de llegar el Adviento y por ser, a nuestro ver, la Misa más sencilla del Kyriale. Este cambio por sí solo, fue una revolución: nunca antes, en la historia de los 32 años del coro, se había realizado un cambio tan radical en nuestro repertorio  y estilo musical. Requería ponernos de acuerdo con nuestro párroco, el cual aceptó sin problemas el cambio, catequizar a los asistentes a nuestra Misa (cantamos los sábados en la tarde), imprimir hojitas con el texto latino y su traducción al español, para ayudar a seguir los cantos. Todo eso lo hicimos, y aunque no sabíamos la reacción que tendría la gente, nos arriesgamos.

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El resultado de este cambio fue que la gente nos toleró (al menos no nos reclamó airadamente). Ya en pleno Adviento, agregaríamos cantos como el Rorate Caeli, Salve Regina, Adoro te Devote y Veni veni Emmanuel, y ya en Navidad agregamos Puer Natus in Bethlehem, Alma Redemptoris Mater, Salve Mater Misericordiae y Adeste Fideles, además de la Misa VIII “de Angelis”.

Vídeo Asociación Cultural Traditio Invicta.


Todos estos cambios, realizados en menos de cuatro meses han transformado totalmente el rostro de nuestro coro: sábado a sábado cantamos el Kyriale totalmente en latín, (Posteriormente, si Dios quiere, durante la segunda parte del Tiempo Ordinario de este año, agregaremos la Misa XII “Pater Cuncta” y Misa XI “Orbis Factor”). Y estamos incorporando también sábado a sábado algunos cantos del repertorio milenario de nuestra Iglesia.

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En este poco tiempo de sumergirnos en el canto gregoriano hemos podido descubrir muchas ventajas de su uso:

Musicalmente es muy sencillo: voces y órgano, nada más, y en algunos casos como en Adviento o Cuaresma, ni siquiera es necesario el órgano, sólo voz, micrófono ¡y a cantar! No es necesario, cargar y ensayar con equipo adicional, instrumentos, etc. Muy cómodo.

Aunque vocalmente es complicado, por la cantidad de melismas [1] que se deben hacer a un solo aire; es, sin duda, una nueva forma de canto, totalmente diferente a la que actualmente se utiliza de manera regular en la Iglesia, pero nos estamos adaptando. Aun así es una ventaja, pues es un canto monódico, (a una sola voz) y ya no es necesario ensayar voces, y si tenemos pocas voces, o faltan personas, no se ve tan afectado el resultado final, como sucede en la polifonía.

Utilizar el latín, lejos de afectar nuestra conciencia de lo que estamos cantando, nos obliga a pensar más y estar más conscientes de lo que significa el texto que cantamos, (siempre contamos con el texto traducido) y conforme nos vamos acostumbrando al texto latino, vamos entendiendo más su significado sin necesidad de tener a la mano la traducción.
También el uso del latín nos permite interiorizar más en la espiritualidad del texto, ya que siendo el latín una lengua utilizada sólo para el uso sagrado, el simple hecho de cantarla nos hace adentrarnos en una realidad que trasciende nuestra vida cotidiana y nos envuelve en el Misterio.

En un momento de fuerte confusión hacia fuera y hacia dentro de la Iglesia, el uso del canto gregoriano significa “volver a las fuentes originales” y toda una declaración de intenciones de ser fiel a la enseñanza de Cristo trasmitida por milenios en nuestra Iglesia.

No estoy diciendo que ha sido fácil este camino, hemos encontrado muchos obstáculos en este breve tiempo:

Resistencia de nosotros mismos como coro, todos los miembros volvemos la vista a los cantos que cantábamos todavía hace medio año y no podemos dejar de sentir atracción hacia ellos, creemos incluso que algunos de los miembros estarían considerando dejar el coro porque este nuevo repertorio no se ajusta a sus gustos musicales, máxime si consideramos que muchos de nuestros cantos ya no los acompañamos con guitarras, nuestros hermanos han tenido que dejar aparcada la guitarra en muchos cantos y dedicarse a cantar solamente.

A pesar de ser musicalmente más sencillos, la melodía melismática requiere un cambio de estructura mental y memoria musical, lo cual hace muy complicado aprender melodías nuevas al inicio del proceso (y es que ojo, no leemos nota, todo debe ser a memoria), y también es más cansado, por la cantidad de aire que se requiere y el tiempo entre momentos de respiración, nos mareamos y nos descubrimos bostezando entre nosotros. Es duro a veces.

La gente nos ve como un “coro raro”, sobre todo en una parroquia vecina (formada en la más pura espiritualidad del Movimiento de Renovación Católica en el Espíritu Santo) en la que damos servicio de canto en Misa dominical cada 15 días, sentimos que somos “el prietito en el arroz” aun así, la gente empieza a cantar en latín (¡!) y el párroco nos apoya completamente.

Debido a que la Misa que cantamos en nuestra parroquia es en sábado, no contamos con una asamblea constante, que podamos ir educando en el canto, ya que un sábado tenemos una quinceañera; otro día, una boda; otro día, las personas de la comunidad parroquial. Esto hace difícil hacer que la asamblea se acostumbre y cante con nosotros.

Por parte de los sacerdotes que han celebrado con nosotros, encontramos de todo: posturas en contra, debido a lo “cansado” de nuestros cantos, otros que ven con buenos ojos encontrarse con cantos con sentido de sacralidad. De alguna manera nos hemos convertido en un “signo de contradicción”.

Con todo, a mí mismo en particular, a pesar de ser el director del coro, me sorprende que un coro que hasta hace  menos de un año cantaba con guitarras los cantos que podríamos encontrar en cualquier coro de hoy en día, ahora cante en gregoriano y en latín. Pero, al mismo tiempo, me llena de esperanza, porque cualquier coro sin estudios formales de música como nosotros, puede recorrer el mismo camino que hemos tomado, sólo es necesario voluntad, valentía y un poco de descaro para atreverse a este “sinsentido”.

Hemos descubierto que, después del sacerdote, el agente de pastoral que más puede influir en la sacralidad de la liturgia hoy en día es el coro, que difícilmente un sacerdote gusta involucrarse mucho en el repertorio y estilo de un coro, dejándolo prácticamente en total libertad. Libertad que normalmente se traduce en Misas estrambóticas y fuera del contexto litúrgico. ¿Por qué esa libertad no la utilizamos los coros para que las Misas en las que participamos sean más un acto de adoración a Dios en lugar de convertirlas en un escaparate para mostrarnos y celebrarnos a nosotros mismos?

Hoy, creo que somos el único coro en nuestra diócesis con Misas regulares de comunidad parroquial que utiliza cantos gregorianos en todas las celebraciones que canta semana tras semana, con sorpresa y arqueo de cejas de quien nos escucha, para bien y para mal. No recibimos remuneración, ni gratificación económica por ninguna Misa en la que cantamos, es nuestro apostolado. Todos los integrantes hemos nacido después del Concilio Vaticano II y creemos que el camino hacia el futuro de la Iglesia no pasa por la negación y olvido de nuestra tradición musical, sino por el reconocimiento y uso de este tesoro nacido de la liturgia y ahora casi desterrado de nuestros templos.

Queremos creer que no somos sólo nosotros y que este renacer es parte de un plan de Dios que interviene en la vida de su Iglesia para sostenerla en estos tiempos difíciles.
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[1] En música, melisma (del griego, μέλισμα, “canto”) es la técnica de cambiar la altura musical de una sílaba de la letra de una canción mientras se canta. A la música cantada de esta forma se la conoce como melismática, como opuesta a silábica, en la cual cada sílaba del texto está emparejada con una simple nota. Según Jesús Giralt i Radigales, puede hacer referencia a la música de la Antigua Grecia, en la que una nota larga se sustituía por una sucesión de notas breves, o al Canto Gregoriano en el que se cantaban varias notas sobre una misma sílaba.

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Actualización [10 de julio de 2018]: Religión en libertad ha publicado un reportaje referido a Damien Poisblaud, quien desde hace quince años dirige el coro Les Chantres de Thoronet, vinculado a la abadía cisterciense de Thoronet, en la diócesis francesa de Fréjus-Toulon. El maestro destaca una característica muy importante del canto gregoriano, que muchas veces pasa desapercibida: éste resuena de manera esférica y envolvente. De hecho, para probar que es así, Poisblaud realiza con sus alumnos una prueba que los deja sorprendidos: "Cuando doy cursos de gregoriano, a veces le pido a mis alumnos que cierren los ojos, luego me doy la vuelta y ninguno de ellos es capaz de notar en qué momento me he girado. El sonido es completamente multidireccional, mientras que, cuando canto una voz lírica, todo el sonido sale hacia delante".

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