1. Este Position Paper es una respuesta al
ferviente llamado del papa Francisco: “Somos testigos de un fenómeno
terrorista de dimensiones hasta ahora inimaginables. Hay tantos hermanos y
hermanas nuestros que son perseguidos y han tenido que abandonar sus hogares,
de modo incluso brutal. Pareciera que se ha perdido la conciencia del valor de
la vida humana, que la persona no cuenta y que puede ser sacrificada a
determinados intereses. Y todo esto ocurre, lamentablemente, ante la
indiferencia de muchos. Esta injusta situación requiere
también, además de nuestra oración constante, una respuesta apropiada por parte
de la comunidad internacional. Estoy cierto de que, con la ayuda del Señor, el
presente encuentro conducirá a útiles reflexiones y sugerencias para ayudar a
nuestros hermanos y hermanas que sufren y para enfrentar también la tragedia de
la reducción de la presencia cristiana en la tierra que vio nacer a la
Cristiandad y desde la cual se propagó”.
La actual persecución de los
cristianos, que ha sido comparada con una “guerra global contra los cristianos”,
es particularmente grave en el Medio Oriente pero lo es también en algunas
partes de Africa y del Sudeste Asiático.
2. Además de
la oración privada, los
católicos que adhieren a la forma extraordinaria querrán naturalmente usar la
oración pública y litúrgica, que es la forma de oración más perfecta que se
ofrece sin cesar a Dios por toda la Iglesia. Existe una cantidad de opciones en
este aspecto, en relación con la forma extraordinaria, que no necesitan ser
mutuamente excluyentes.
Los antecedentes
de las preces leoninas.
3. Un fenómeno
digno de consideración en la liturgia de la Edad Media fue el “Clamor de Tierra
Santa” por la liberación de ese territorio, del cual hubo versiones, hechas por
iniciativa local y también por mandato papal, con posterioridad a la batalla de los Cuernos de Hattin, en 1187, y luego durante tres siglos.
El “Clamor” tenía lugar inmediatamente después del Pax Domini y antes del Pater
Noster o, si no, después de Agnus Dei
(también existió una versión para ser rezada en el Oficio Divino), se lo componía
sobre la base del salmo Deus venerunt
gentes, con versículo y colecta, y se lo omitía en días de fiesta. Durante
la Edad Media existieron “clamores” por diversas intenciones.
4. Un
precedente, de larga duración, de la adición de oraciones al final de la Misa
está constituido por las oraciones por el Soberano, Domine salvum fac, que siguen diciéndose en algunos países después
de la Misa.
El papa León XIII (1898)
La historia e
intenciones de las preces leoninas.
5. Las
oraciones después de la Misa rezada (Orationes
post Missam) o “plegarias leoninas”
fueron instituidas primeramente por Pío IX en 1859, para ser usadas en los
Estados Papales. En su forma original comprendían el Ave María (repetida tres veces), la Salve Regina, y cuatro colectas del Misal Romano.
La intención de las oraciones era la preservación de los Estados Papales, el
resto de cuyos territorios fue efectivamente capturado por el Reino de Italia
en 1870.
6. León XIII
hizo universales las oraciones en 1884, reemplazando las cuatro colectas por
una recientemente compuesta “a fin de obtener de Dios la ayuda necesaria en
tiempos de tanta dificultad y prueba”.
En 1886 esta colecta fue substancialmente reemplazada, y a ella se agregó la
oración a San Miguel Arcángel (una triple invocación al Sagrado Corazón se añadió por
Pío X en 1904).
7. En esta forma, León XIII amplió la
intención de las oraciones y se conservó el sentido de necesaria defensa de la
Iglesia y sus miembros. El contexto histórico de las oraciones fue la “cuestión
romana” creada por la pérdida del Poder Temporal. Luego de la creación del
Estado de la Ciudad del Vaticano en 1929, Pío XI ordenó (en 1930) que, de ahí
en adelante, se dijeran para pedir que se devolviera a la afligida población de
Rusia la tranquilidad y libertad de profesar la fe,
intención que mantiene su vigencia.
Pío XII reiteró esta intención en 1952.
8. Cuando
dispuso su uso universal, León XIII reiteró que estas oraciones podían ser
dichas en vernáculo. Sin embargo, la tarea de traducirlas fue dejada en manos
de los Ordinarios del lugar, con el resultado de que hay pequeñas
variaciones entre, por ejemplo, diversas versiones en inglés y alemán usadas en
diferentes lugares.
9. Según las
normas vigentes en 1962, las preces leoninas podían ser omitidas en ciertas
ocasiones, y
fueron abolidas en 1964 por la Instrucción Inter
Oecumenici (núm. 14).
10. El papa
Juan Pablo II hizo el siguiente comentario a la oración a San Miguel Arcángel: “Que la oración nos fortalezca para
el combate espiritual a que se refiere la Carta a los Efesios: “Sed fuertes en
el Señor y en la fuerza de su poder” (Eph. 6,10). El Apocalipsis se refiere a
esta misma batalla, trayendo ante nuestros ojos la imagen de San Miguel
Arcángel (Apoc. 12, 7). Ciertamente León XIII tenía esta imagen presente
cuando, a fines del siglo pasado, introdujo para toda la Iglesia la oración
especial a San Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé
nuestra protección contra las insidias y asechanzas del demonio…”. Aunque ya no
se recita esta oración al final de la Misa, pido a todos que no la olviden y
que la reciten para obtener ayuda en la batalla contra las fuerzas de la
oscuridad y contra el espíritu de este mundo”.
El papa Francisco consagró el Estado
de la Ciudad del Vaticano a San Miguel Arcángel en 2013, pidiendo que se le dirigieran
oraciones para vencer a Satanás .
11. El 24 de
enero de 2012, el obispo Daniel Jenky, de Peoria, Estados Unidos de
Norteamérica, ordenó que se dijese la oración a San Miguel Arcángel en la Oración
Universal (Oración de los fieles) de la Misa dominical en su diócesis, dentro del
contexto del problema creado por el Affordable Care Act (2010).
12. Las preces
leoninas no son, claramente, parte de la Misa, y nunca se las ha incluido en el
Misal. Sin embargo, se las recita por el celebrante, revestido, antes de dejar
el presbiterio, y
están íntimamente ligadas con la liturgia y con la experiencia litúrgica de los
fieles en la Misa rezada. La colecta y la oración a San Miguel Arcángel son ambas
hermosos ejemplos de cómo componer una oración, y son muy queridas por los
católicos que adhieren a la forma extraordinaria del Rito Romano.
13. En la
práctica, las preces leoninas son una acción de gracias después de la Misa, y
ayudan a formar el importante hábito de dar gracias inmediatamente por la Misa
y, cuando es del caso, por la recepción de la comunión por parte de los fieles.
Andrei Rublev, San Miguel Arcángel (1408)
Las Misas por
intenciones particulares.
14. La Misa
puede, por cierto, decirse por una determinada intención, como el término de
una persecución, y además el Misal incluye Misas votivas y Conmemoraciones
por esta intención.
15. Según las
normas vigentes en 1962, las Misas votivas, en general, sólo se pueden decir en
las ferias y en las fiestas de cuarta claseas Conmemoraciones solamente se pueden hacer en las Misas rezadas.
Sin embargo, la Santa Sede y los Ordinarios pueden (e históricamente lo han
hecho) alentar que se digan Misas votivas específicas y Conmemoraciones,
otorgando al efecto permisos más amplios, o preceptuándolas. El ejemplo más
conocido de Misas votivas recomendadas es la del Sagrado Corazón los días
viernes.
Las Conmemoraciones por la propagación de la fe, por el obispo o por el Papa
tienen también un estatus privilegiado, que permite hacerlas más a menudo.
Los Ordinarios pueden instituir una “oratio imperata”, que son Conmemoraciones que
deben ser añadidas a las Misas por un período determinado y según normas
específicas. Las
normas sobre Conmemoraciones de 1960 son más restrictivas que las por ellas
reemplazadas.
16. Además de
las Misas, otra antigua forma de oración pública por determinada intención es
la de las procesiones públicas. En Inglaterra y Gales se autoriza las
procesiones “en tiempo de guerra contra los enemigos de la Santa Iglesia”, con
oraciones especiales al final (véase Apéndice C).
Un sacerdote reza las preces leoninas
Conclusión
y sugerencias prácticas.
17. Las
plegarias leoninas, que piden por la “libertad y exaltación” de la Iglesia, nos
recuerdan la necesidad de implorar la asistencia celestial a la Iglesia, que
sigue siendo perseguida hoy tanto como lo fue en tiempos de Pío IX y León XIII,
aun cuando el centro geográfico de ellas y de sus antecesoras ha cambiado de
Tierra Santa a Roma y Rusia, según se ha dado el desarrollo de los
acontecimientos mundiales.
18. Además,
los sacerdotes pueden decir Misas (y los fieles asistir a ellas) celebradas por
la intención de los perseguidos, usando especialmente, cuando ello es posible,
adecuadas Misas votivas y Conmemoraciones, y la Federación Internacional Una
Voce urge a todos los católicos a aprovechar estas oportunidades. Como se dijo
anteriormente, el uso de éstas podría ser facilitado también por decisiones de
la Santa Sede o del Ordinario del lugar.
Apéndice A:
Las oraciones después de la Misa rezada.
Las cuatro Colectas que, en 1859, Pío IX dispuso
que se dijeran:
“Concede a tus siervos, te rogamos,
Señor, gozar de perpetua salud de alma y de cuerpo, y por la gloriosa
intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María, verse libres de las
tristezas presentes y gozar de la felicidad eterna”.
“Oh Dios, que a nadie rechazas sino
que te aplacas con tierna misericordia con la penitencia de los grandes
pecadores, escucha con piedad nuestras humildes súplicas e ilumina nuestros
corazones para que seamos capaces de cumplir tus preceptos”.
“Oh Dios, de quien proceden los
santos deseos, los consejos rectos y las buenas acciones, concede a tus siervos
aquello que el mundo no puede dar, para que, dispuestos nuestros corazones a
obedecer tus mandamientos, y vencido el temor de los enemigos, nuestros
tiempos, con tu protección, gocen de tranquilidad”.
“Oh Dios, que amas y proteges la paz
y la caridad, concede a todos nuestros enemigos paz y caridad verdaderas, la
remisión de todos sus pecados, y con tu poder líbranos de sus acechanzas. Por
Cristo nuestro Señor. Amén”.
La Colecta única ordenada por León XIII en 1884:
“Oh Dios, refugio y fortaleza
nuestra, mira propicio al pueblo que a Ti clama, y por intercesión de la
gloriosa e inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y de San José su esposo, y
por la de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, escucha
misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos, pidiéndote la
conversión de los pecadores y la libertad y exaltación de la santa Madre
Iglesia. Por el mismo Cristo nuestro Señor”.
Las oraciones, tal como existían en 1962 y se usan
hoy en la forma extraordinaria.
Texto latino:
V:
Ave Maria, grátia plena, Dóminus tecum; benedícta tu in muliéribus, et
benedíctus fructus ventris tui, Iesus.
R: Sancta María, Mater Dei,
ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen. (ter)
Salve Regína, Mater
misericórdiæ; vita, dulcédo et spes nostra, salve. Ad te clamámus, éxsules
fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et flentes in hac lacrimarum valle.
Eia ergo, advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte.
Et Iesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exsílium, osténde.
O clemens, o pia, o dulcis Virgo María.
V: Ora pro nobis, sancta Dei
Génetrix.
R: Ut digni efficiámur
promissiónibus Christi.
V: Orémus. Deus, refúgium nostrum et
virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte
gloriósa et immaculáta Virgine Dei Genetríce María, cum beáto Ioseph, eius
Sponso, ac beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quas
pro conversióne peccatórum, pro libertáte et exaltatióne sanctæ Matris
Ecclésiæ, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem
Christum Dóminum nostrum.
R: Amen.
V: Sancte Míchaele Archángele, defénde nos in proélio,
contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Imperet illi Deus,
súpplices deprecámur: tuque, princeps milítiæ cæléstis, Sátanam aliósque
spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo,
divína virtúte in inférnum detrúde.
R: Amen.
V: Cor Iesu sacratíssimum,
R: Miserére nobis. (ter)
Traducción castellana[*]:
V: Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
R: Santa María, Madre de Dos, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén (tres veces)
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea! pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María!
V: Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
V: Oremos. Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, mira propicio al pueblo que a ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y de san José, su Esposo, y por la de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos, pidiéndote la conversión de los pecadores y la libertad y exaltación de la santa Madre Iglesia. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
V. Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. "Reprímale Dios", pedimos suplicantes; y y tú, Príncipe de la milicia celestial, lanza en el infierno con el divino poder, a Satanás y a los otros malignos espíritus, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
R. Amén.
V. Corazón sacratísimo de Jesús.
R: Ten misericordia de nosotros (tres veces).
Apéndice B:
Extracto de la alocución de Pío XI sobre las preces leoninas
“Venerables hermanos, seguramente
recordáis que cuando, debido a que la religión estaba atribulada en las
regiones de Rusia, prescribimos que se consagrara un día al Patriarca San José,
y dando nosotros el ejemplo, se emplearon oraciones comunes en la Basílica
Vaticana a Dios, Óptimo, Máximo, y que un gran número de muy piadosos fieles
estuvo presente junto con nosotros, y que el ejemplo de los ciudadanos romanos
-y de otros, además de éstos, que se habían congregado para orar en otras
sagradas iglesias de la Ciudad- fue imitado de un modo digno de alabanza por
otros de muchas naciones en todas partes.
“Como sabéis, nuestro propósito
obtuvo consentimiento universal no sólo del pueblo católico, sino también de
muchos de quienes están separados de nosotros. En sus templos, como en un
acuerdo fraternal, se hicieron súplicas, y se nos mostró un espíritu de
acogida, tanto pública como privadamente.
“Atribuimos a la suprema bondad y
misericordia de Dios que esta armonía tan grande de oraciones no haya sido en
vano o sin frutos. Podemos esperar que tenga más frutos en el futuro, aunque
recientemente los enemigos del nombre de Dios y del culto se han inflamado con
mayor violencia en la persecución de la Iglesia. Por eso, debemos insistir a
Cristo, Redentor de la raza humana, que conceda la restauración de la tranquilidad y libertad para profesar la
fe a los afligidos hijos de Rusia. Y a fin de que todos puedan instar por esto
con poco esfuerzo y tropiezos, deseamos que esas mismas oraciones que nuestro
predecesor León XIII, de feliz memoria, ordenó a los sacerdotes que rezaran con
el pueblo después de la Santa Misa, sean dichas con la misma intención, en este
caso, por Rusia. Que los obispos y ambos cleros [secular y regular] sean
diligentes en comunicar esto a sus fieles y a todos los que asistan a la Santa
Misa, y que con frecuencia lo traigan a su memoria”.
Apéndice C:
Procesión “en tiempos de guerra contra los enemigos de la Iglesia”.
El Manual of Prayer para Inglaterra y Gales contiene oraciones para
una procesión con esta intención. A la Gran Letanía deben seguir las siguientes
oraciones:
“Concede a tu Iglesia, te rogamos,
oh Dios misericordioso, que habiendo sido reunida por el Espíritu Santo, no
pueda ser de ningún modo atacada por sus enemigos”.
“Oh Dios, que eres ofendido por el
pecado y aplacado por la penitencia, escucha con piedad las oraciones de tu
pueblo que te suplica, y aparta de nosotros los azotes de tu ira que merecemos
por nuestros pecados”.
“Dios Todopoderoso y Eterno, en
cuyas manos están el poder y el gobierno de todos los reinos, mira y ayuda al
pueblo cristiano, para que las naciones paganas, que confían en la fiereza de su
poder, sean aplastadas por tu brazo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los
siglos. Amén”.
Apéndice D:
Colectas del Clamor de Tierra Santa.
Con algunas
variaciones en el texto, las dos siguientes colectas fueron las más
extensamente usadas en la Edad Media por la Tierra Santa.
“Deus,
qui ad exhibenda nostre redemptionis mysteria terram promissionis elegisti,
libera eam, quaesumus, ab instantia paganorum, ut gentilium incredulitate
confusa populus Christianus de tue virtutis potentia glorietur”.
“Oh Dios, que elegiste la Tierra de
Promisión para exhibir los misterios de nuestra redención, líbrala, te rogamos,
de la presencia de los pagamos, para que, confundida la infidelidad de los
gentiles, el pueblo cristiano pueda gloriarse del poder de tu fuerza”.
“Deus
qui ammirabili providentia cuncta
disponis, te suppliciter exoramus, ut terram, quam unigenitus filius tuus proprio sanguine
consecravit, de manibus inimicorum crucis eripiens restituas cultui
christiano, vota fidelium ad eius liberationem instantium misericorditer dirigendo
in viam salutis eterne.Per Christum, Dóminum nostrum. Amen”
“Oh Dios, que dispones todas las
cosas con tu admirable providencia, te rogamos suplicantes que restaures para
el culto cristiano, arrebatándola de las manos de los enemigos de la cruz, la
tierra que tu Hijo Unigénito consagró con su sangre, dirigiendo piadosamente
las oraciones de los fieles que oran por su liberación hacia el camino de la
salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.