martes, 15 de diciembre de 2015

La obligación del culto “ad orientem”, según las rúbricas de la forma ordinaria

Ofrecemos a nuestros lectores la traducción preparada por la Redacción de un nuevo artículo del Profesor Peter Kwasniewski, ya asiduo en esta bitácora, referido a la imperatividad del culto ad orientem en la forma ordinaria del rito romano. La versión original (en inglés) fue publicada en el sitio New Liturgical Movement. Las notas que acompañan la entrada son de autoría de la Redacción, que ha preferido trasladar a esa sede algunas explicaciones puestas por el autor en el cuerpo de su colaboración, y también agregar algunas explicaciones necesarias impuestas por la diversidad de traducción entre la versión castellana e inglesa del misal romano reformado.  

Misa en la forma ordinaria celebrada en Salt Lake City (Sacred Music Colloquium 2013)
Foto: New Liturgical Movement

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La obligación del culto ad orientem, según las rúbricas de la forma ordinaria



Prof. Dr. Peter Kwasniewski


En la actualidad, la mayor parte de quienes se interesan seriamente por la liturgia sabe que la celebración de la Misa “de cara al pueblo” o versus populum nunca se mencionó, ni siquiera una vez, en los documentos del Concilio Vaticano II; que ella nunca fue hecha obligatoria por ley o instrucción alguna de la Iglesia; que la Santa Sede declaró que los altares mayores históricos debían seguir usándose y no ser suplantados por mesas-altares, y que sigue siendo perfectamente legal, para cualquier sacerdote y en cualquier tiempo, celebrar la Misa “de cara al oriente” o ad orientem[1]. 

Lo que todavía no se sabe todo lo bien que debiera, es el sencillo hecho que las rúbricas mismas de la forma ordinaria del rito romano demuestran la obligación de la orientación tradicional de la oración durante la Santa Misa. Cada una de las ediciones del Novus Ordo Missae, desde la primera hasta la última traducción revisada, contiene rúbricas que suponen claramente que el sacerdote está de frente al altar u “oriente litúrgico”, y que necesita darse vuelta para dirigirse al pueblo en diversos momentos.

Para algunos lectores, esto será territorio ya familiar, pero para otros será uno de esos asuntos obvios que, sin embargo, se las han arreglado para pasar inadvertidos hasta ahora. Aquí me limitaré a reproducir los textos que contienen las instrucciones pertinentes para el sacerdote acerca de la posición corporal hacia al pueblo.

Basta revisar el Ordinario de la Misa según el misal romano 2002/2008, en la actual traducción inglesa (los números citados son aquellos internos del misal y los textos han sido transcritos literalmente)[2]:

"1. Una vez reunidos los fieles, el sacerdote avanza hacia el altar con los ministros, mientras se entona el canto de entrada. Una vez llegado al altar, después de hacer una profunda reverencia con los ministros, el sacerdote venera el altar con un beso y, si corresponde, inciensa la cruz y el altar. Luego, con los ministros, se dirige a la cátedra. Una vez concluido el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se persignan con la Señal de la Cruz, mientras al sacerdote, de cara al pueblo, dice: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. El pueblo responde: “Amen” [3].

"23. El Sacerdote, de pie en el altar, toma la patena con el pan y la eleva un poco sobre el altar con ambas manos, diciendo en voz baja: “Bendito eres, Señor Dios del universo, porque de tu bondad hemos recibido el pan que te ofrecemos, fruto de la tierra y obra de manos humanas, el será para nosotros pan de vida”. Luego pone la patena con el pan sobre el corporal. Sin embargo, si no se entona el canto del ofertorio, el Sacerdote puede decir estas palabras en voz alta. Al final, el pueblo puede responder: “Bendito sea Dios por siempre” [4].

Después vienen varias rúbricas sobre las que no conviene detenerse (24. Agua y vino. 25. La oración sobre el cáliz. 26. “Con espíritu humilde […]”. 27. Incensaciones).

"28. Luego el Sacerdote, en un extremo del altar, se lava las manos, diciendo en silencio: 'Lávame, oh Señor, mi iniquidad y límpiame de mi pecado'" [5].

"29. De pie al centro del altar, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y luego juntando sus manos, dice: 'Orad, hermanos […]'” [6].

Si se supone que el sacerdote está siempre u obligadamente de cara al pueblo durante el ofertorio, no sería necesaria rúbrica alguna para especificar que, al “Orad, hermanos”, debiera, en ese momento, estar “vuelto hacia el pueblo”. Hay que tomar esta frase en contraposición con “de pie en el altar”, por ejemplo, en la posición ad orientem.

Después del Prefacio, de la Oración Eucarística y de la Oración del Señor, llegamos al momento de dar la paz:

"127. El Sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y luego juntando sus manos, dice: 'La paz del Señor esté siempre con vosotros'. El pueblo contesta: 'Y con tu espíritu'” [7].

Del mismo modo, si durante la plegaria eucarística y el posterior rito de la comunión el sacerdote ya hubiera estado todo el tiempo de cara al pueblo, la rúbrica subrayada sería superflua. No hay razón alguna para especificar que la paz debe darse “vuelto hacia el pueblo”, a menos que, hasta ese momento, haya estado en otra posición.

Abreviemos los siguientes párrafos: 128. Si corresponde, la señal de la paz. 129. Fracción (nótese que si el sacerdote está celebrando ad orientem, estará de cara al Señor de nuevo en este momento –lo que da sentido al núm. 132 que sigue, como veremos en un momento). 130. Agnus Dei. 131. Oración antes de la Comunión.

"132. El Sacerdote hace una genuflexión, toma la hostia y, elevándola un poco sobre la patena o sobre el cáliz, dice en voz alta, de cara al pueblo: 'He aquí el Cordero de Dios [....]'” [8].

Aquí y en el número siguiente (núm. 133) es particularmente obvio que la rúbrica supone una celebración al oriente. Si nos imaginamos que el sacerdote está celebrando versus populum, sería extrañamente incoherente que las rúbricas dijeran que debe volverse hacia el pueblo para dar la paz (núm. 127) y de nuevo, apenas unos momentos más tarde, que debe estar “de cara al pueblo” para el “Éste es el Cordero de Dios [....]” (núm. 132). La consecuencia obvia de esto es que, entre esos dos momentos, el sacerdote se ha de haber vuelto hacia el oriente para estar de cara al Señor presente en el altar del sacrificio. Es después que toma la hostia y la patena o la hostia y el cáliz, cuando necesita darse vuelta y dirigirse al pueblo. Esta lectura se confirma con el núm. 133:

"133. El Sacerdote, de cara al altar, dice en silencio: 'Que el Cuerpo de Cristo me conserve para la vida eterna'. Y a continuación consume el Cuerpo de Cristo [...]" [9].

Una vez más, si “vuelto hacia el altar” y “vuelto hacia el pueblo” significan una misma cosa, como ocurre en el escenario versus populum, esta frase no tiene sentido. Pero si volvemos a mirar las rúbricas en el contexto de una celebración ad orientem, todo encaja. El modelo continúa así:

Desde la Oración sobre las Ofrendas hasta el ofrecimiento de la paz, el sacerdote ha estado de cara ad orientem. Al dar la paz, se da vuelta para dirigirse a la asamblea (núm. 127). Se vuelve de nuevo hacia el altar para la fracción, el Agnus Dei y la oración antes de la comunión. Luego se vuelve hacia el pueblo para decir “Éste es el Cordero de Dios […]” (núm. 132). Enseguida, se da vuelta de nuevo hacia el altar y consume el Cuerpo y la Sangre de Cristo (núm. 133).

Traducción inglesa del Missale Romanum
Foto: New Liturgical Movement

Esto puede parecer un continuo darse vueltas, pero como lo sabe el clero y los fieles que han asistido a Misas de la forma ordinaria celebradas con total apego a estas rúbricas, las acciones se suceden fluidamente y, lo que es más importante, lo hacen con sentido. Cuando se dirige fundamentalmente al pueblo, el sacerdote está de cara a él; cuando se dirige fundamentalmente a Dios, permanece en la posición obligatoria de estar de cara a Él, simbolizado por el oriente y, después de la consagración, verdaderamente presente en el altar del sacrificio. 

"139. Entonces, de pie en el altar o en la cátedra y de cara al pueblo, con las manos juntas, el sacerdote dice: “Oremos”. Todos oran en silencio con el Sacerdote por unos momentos, a menos que se haya mantenido silencio inmediatamente antes. Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la Oración después de la Comunión, al final de la cual el pueblo responde: “Amén” [10].

A estas alturas no hace falta hacer notar que, si existe la necesidad de especificar que el sacerdote debiera estar cara al pueblo para la Oración después de la Comunión, es porque ha purificado los vasos en la postura normal para la Liturgia de la Eucaristía, es decir, de pie en el lado occidental del altar, y vuelto hacia el oriente.

"140. Si es necesario, se puede dar aquí breves anuncios al pueblo. 141. Luego tiene lugar la despedida. El Sacerdote, vuelto hacia el pueblo y extendiendo sus manos, dice: 'El Señor esté con vosotros'” [11].

La frase “vuelto hacia el pueblo” podría parecer superflua aquí, pero la interrupción con los anuncios podría suscitar la pregunta sobre qué postura debiera tomar el sacerdote a continuación. En todo caso, esta rúbrica coincide con el patrón de que al sacerdote se le dice volverse hacia el pueblo al decir “El Señor esté con vosotros”, con algunas notables excepciones: veáse el núm. 131 y el diálogo de todos los Prefacios, en que nunca se dice al sacerdote que esté de cara al pueblo.

La Instrucción General del Misal Romano (2ª ed. inglesa, 2011) concuerda con las rúbricas anteriores en cada punto, con las mismas implicaciones que dejamos dichas[12]. La controversia sobre la traducción notablemente errónea del núm. 299 no nos interesa en este momento[13]. Me limito ahora a la observación de que quien adhiera a la equivocada traducción del núm. 299, destina de hecho a la total incoherencia o a la superfluidad más de una docena de otros párrafos de la citada Instricción [14].

Particularmente impactante, en todo caso, es este pasaje del núm. 2 de la Instrucción General del Misal Romano

"La doctrina que sobresale en la siguiente sentencia, ya expresada de modo notable y conciso en el antiguo Sacramentario, llamado comúnmente 'Leonino' -'porque cada vez que se celebra el memoria de este sacrificio, se realiza la obra de nuestra redención'-, queda expuesta de modo apto y exacto en las Oraciones Eucarísticas, porque como en éstas el Sacerdote lleva a cabo la anamnesis, mientras está vuelto también hacia Dios en nombre de todo el pueblo, da gracias y ofrece el sacrificio vivo y santo, es decir, la oblación de la Iglesia y la Víctima sacrificial por cuya muerte Dios quiso reconciliarse con nosotros, y también pide el Sacerdote que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sea un sacrificio aceptable al Padre y que traiga la salvación al mundo entero" [15].

Una parte del nuevo movimiento litúrgico consiste, por cierto, en redescubrir cuán justo y bueno es que el sacerdote “se vuelva hacia Dios en nombre de todo el pueblo”, y que el pueblo, de cara al oriente junto con él, ofrezca el sacrificio de alabanza.  


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Notas


[1] Para más textos sobre este punto, véase esta entrada publicada anteriormente.

[2] Dado que existe divergencia con la versión española, tanto en la numeración como en los textos, como Redacción hemos preferido dejar esta versión como nota al pie y conservar el texto inglés, debidamente traducido, en el cuerpo de la entrada. El texto castellano utilizado ha sido tomado de aquí

[3] Dice la versión española: "1. Reunido el pueblo, el sacerdote con los ministros va al altar mientras se entona el canto de entrada. 2. Cuando llega al altar, el sacerdote con los ministros hace la debida reverencia, besa el altar y, si se juzga oportuno, lo inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede. 3. Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan mientras el sacerdote, de cara al pueblo, dice: 'En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo'. El pueblo responde: 'Amén'".

[4] En la versión española se omite, empero, esta referencia espacial: "21. El sacerdote se acerca al altar, toma la patena con el pan y, manteniéndola un poco elevada sobre el altar, dice en secreto: 'Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida'. Después deja la patena con el pan sobre el corporal. Si no se canta durante la presentación de las ofrendas, el sacerdote puede decir en voz alta estas palabras; al final el pueblo aclama: 'Bendito seas por siempre, Señor'". 

[5] La versión española ofrece el siguiente texto: "25. Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto: 'Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado'".

[6] La traducción española señala: "26. Después, de pie en el centro del altar y de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice una de las siguientes fórmulas: 'Orad, hermanos [...]'". 

[7] La versión española, por el contrario, nada dice sobre la orientación del sacerdote en esta parte de la celebración: "141. El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade: 'La paz del Señor esté siempre con vosotros'. El pueblo responde: 'Y con tu espíritu'".

[8] La versión española no alude a la posición del celebrante, y sólo menciona el gesto de mostrar a la asamblea el Cuerpo de Cristo: "146. El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo: Éste es el Cordero de Dios [...]'".

[9] En la edición española viene el siguiente texto: "147. El sacerdote dice en secreto: 'El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna'. Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo [...]".

[10] Aquí hay nuevamente diferencias con la versión española: "151. Después [de la purificación de los vasos sagrados] el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza. 152. Luego, de pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice: 'Oremos'. Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. 153. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión. La oración después de la comunión termina con la conclusión breve. Si la oración se dirige al Padre: 'Por Jesucristo, nuestro Señor'. Si la oración se dirige al Padre, pero al final de la misma se menciona al Hijo: 'Él, que vive y reina por los siglo de los siglos'. Si la oración se dirige al Hijo: 'Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos'. El pueblo aclama: 'Amén'".


[11] Véase el texto transcrito en la nota anterior. 


[12] Puede consultarse la Instrucción General del Misal Romano, núm. 124, 146. 154, 157. 158, 165, 181, 185, 243, 244, 257 y 268.



[13] La controversia se refiere, por cierto, a la traducción inglesa. Puede consultarse aquí el texto en español de de la mentada Instrucción.

[14] Para mayor información, véase aquí

[15] El texto castellano señala: "Así lo pone ya de relieve la expresión del Sacramentario llamado Leoniano: 'cuantas veces se celebra el memorial de este sacrificio se realiza la obra de nuestra redención'. Esto se encuentra acertada y cuidadosamente expresado en las Plegarias Eucarísticas; pues en éstas el sacerdote, al hacer la anámnesis, se dirige a Dios en nombre también de todo el pueblo, le da gracias y le ofrece el sacrificio vivo y santo, es decir, la ofrenda de la Iglesia y la víctima por cuya inmolación el mismo Dios quiso devolvernos su amistad; y ora para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean sacrificio agradable al Padre y salvación para todo el mundo".

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