miércoles, 23 de noviembre de 2016

In memoriam: la Basílica de Nursia

A continuación encontrarán nuestros lectores un conmovedor artículo del Prof. Peter Kwasniewski, en el cual evoca la Basílica de Nursia, trágicamente destruida casi en su totalidad por el reciente terremoto en Italia central, acaecido el pasado 30 de octubre, víspera de un nuevo aniversario de la Reforma. Es en la plaza que está frente a esa Basílica y mientras desayunaba donde la señorita Prim tomó la decisión de volver a la casa del hombre del sillón, aquel que le había explicado la razonable locura del Evangelio vivido según la Tradición. 

El artículo fue originalmente publicado en el sitio New Liturgical Movement (el original en lengua inglesa puede leerse aquí) y la traducción es de la Redacción.

 La Basílica de Nursia antes del terremoto de 30-X-2016

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In memoriam: la Basílica de Nursia

Peter Kwasniewski

Puede parecer extraño que me exprese en estos términos, pero cuando vi las fotos de la Basílica de Nursia en ruinas, tuve tales sentimientos de privación, de pena y de dolor como si un pariente o un amigo mío hubiese muerto. Me impactó en lo más íntimo con la misma fuerza. Y cuando vi que otras iglesias en el pueblo se habían derrumbado también, el efecto en mí se duplicó. Cuán extrañamente era esto un recordatorio de aquel versículo referido a nuestros cuerpos mortales: “Polvo eres, y en polvo te convertirás”. Las iglesias son imágenes terrenas de la Jerusalén celestial, es decir, de la Esposa de Cristo, y tienen su rostro en sus fachadas: sus naves imitan su cuerpo, sus presbiterios representan su corazón. Cuando una iglesia se viene abajo, la Iglesia pierde una de sus encarnaciones.

En estas iglesias he orado tantas veces, en tantas visitas que he hecho a los monjes, y su monasterio es mi hogar espiritual (en la medida en que se puede decir que uno tiene un hogar en este valle de lágrimas y tierra de exilio). Es en la Basílica donde me enamoré del Oficio Divino tradicional, donde me he gloriado en el esplendor de la Misa según el rito romano de siempre, donde recibí la llamada a ser oblato benedictino, donde mejor comprendí lo que significa tener raíces católicas, orando en y sobre la cripta donde, según la tradición, nacieron San Benito y Santa Escolástica. Ver esta inmensa estructura como un montón de escombros me hizo recordar, quizá más que ninguna otra cosa en mi vida, la transitoriedad, la fragilidad, la mutabilidad de todas las obras humanas. Las estructuras más sólidas que podemos construir son apenas precarios castillos de naipes comparadas con el poder del Motor Inmóvil latente en el cosmos.  

No se me pasa por la mente hacer a Dios responsable. Él es como es siempre: susurra su palabra en nuestros oídos, en nuestros corazones, en nuestros sacramentos, en nuestras iglesias, infundiendo su Espíritu en las obras lábiles y falibles que producen nuestras manos y espíritus en nuestra lucha por servirlo con temor y temblor, con amor casto y filial. “Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando Él te reprenda, porque el Señor corrige al que ama y azota a todo aquel que reconoce como hijo. Lo que sufrís sirve para vuestra corrección. Dios os trata como a hijos” (Hb 12, 6-7). Es largo el camino que va desde nuestra condición caída hasta el día de nuestra configuración perfecta con el Hijo Unigénito de Dios, y no hay cómo saber cuántos sufrimientos o privaciones nos sobrevendrán para que nuestra imitatio Christi sea más real.

Pero hay un tiempo para las palabras, y un tiempo para el silencio. Hoy es más el tiempo para este último. Compartiré con ustedes algunas fotografías que tomamos con mi hijo Julian en ese amado lugar (todas las fotos buenas son de él, y las borrosas son las mías). La noble Basílica ilustrada en ellas está ahora en ruinas. Confío, y oro para que así sea, que algún se levantará resucitada.


El techo, visto desde el campanario

En el campanario




El pórtico estaba a un costado



Vista hacia el interior occidental con el pequeño órgano

Uno de los altares laterales

Misa cantada, en julio último

 Un fresco cerca de la entrada


 La Divina Liturgia bizantina, celebrada en la cripta por un sacerdote de visita

 Lugar de nacimiento de San Benito y de Santa Escolástica

 La Sacristía

Una última foto para terminar, y una nota de esperanza. Como muchos lectores probablemente sepan a estas alturas, los monjes de Nursia están dedicados a construir una nueva sede en las montañas, en un lugar fuera de la ciudad que han denominado “San Benedetto in Monte”. En este lugar hay una antigua iglesia capuchina que había sido reconstruida (y ha resistido, parece, los terremotos). Hace unos años tuve la oportunidad de visitarla antes de que se construyeran los andamios. He aquí una vista de parte del interior. 


Por favor, consideren la posibilidad de hacer una donación para ayudar a los monjes a reconstruir su iglesia.

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Actualización [15 de febrero de 2018]: El sitio New Liturgical Movement (NLM) ha anunciado buenas noticias respecto de los planes de reconstrucción de la Basílica de Nursia.  Según lo han reporteado diversos medios de prensa italianos, el Ministerio de Bienes Culturales (Ministero per i Beni Culturali, MiBACT) se apronta a emitir una serie de decretos que permitan avanzar en el proyecto de reconstrucción, incluido un concurso internacional de arquitectura. Según lo destaca NLM, la presidencia del comité que evaluará los proyectos estará ocupada por el Dr. Antonio Paolucci, quien ha desempeñado previamente los cargos de Ministro de Cultura y ha dirigido la entidad que administra los Museos de Florencia, así como los Museos Vaticanos, además de haber presidido comom Comisionado Extraordinario la reconstrucción de la Basílica de San Francisco de Asís, luego del terremoto de 1997. El Dr. Paolucci favorece (véase aquí y aquí) una aproximación tradicional a la arquitectura sacra, destacando siempre que ésta debe crear espacios sagrados, que inviten a la meditación e inspiren en los fieles un sentido del misterio y de lo sagrado.

Actualización [30 de julio de 2018]: Messa in latino ha publicado un interesante artículo respecto del renacimiento de la espiritualidad benedictina, donde menciona el libro The Benedict Option de Rod Dreher, del cual hablamos aquí, y la reconstrucción del monasterio de Nursia gravemente afectado por el terremoto de 2016.

Actualización [22 de noviembre de 2018]: El sitio National Catholic Register ha publicado una nota en la que se da cuenta de cómo van tomando forma los planes para reconstruir la destruida Basílica de Nursia, devolviéndola a su estado original.  Ello luego de que los fieles locales manifestaran su disconformidad con planes, favorecidos por el arzobispo con jurisdicción sobre Nursia, de llamar a un concurso para reconstruir la basílica en un estilo "moderno". La reconstrucción será financiada en gran medida gracias a un fondo de la Unión Europea e incorporará elementos de seguridad y antisísmicos. Se prevé, sin embargo, que los trabajos puedan tomar varios años.

Actualización [22 de marzo de 2019]: El sitio Rorate Caeli ha publicado una carta del Rvdo. Richard Gennaro Cipolla, a la que se adjunta otra del prior, donde pide aportes para la reconstrucción del Monasterio de San Benito en Nursia, devastado por un terremoto en 2016. La invitación es a aprovechar el tiempo de Cuaresma, época propicia para vivir la oración, la penitencia y la limosna, a fin de poder contribuir económicamente con la reconstrucción de este centro de vida religiosa centrado en la espiritualidad benedictina y la liturgia tradicional de la Iglesia. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

50 años de Magnificat: conferencia de Christopher Ferrara (quinta parte)

Publicamos a continuación la quinta y última parte de la conferencia de Christopher Ferrara pronunciada en Santiago de Chile en el marco del II Congreso Summorum Pontificum.


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VIRUS EN EL CUERPO DE CRISTO: UN OBSTÁCULO PARA LA RESTAURACIÓN ECLESIAL (V)

Christopher Ferrara


El evento de Asís se repitió el 24 de Enero de 2002, cuando a los miembros de las diversas religiones se les asignaron diversas estancias anexas a la Basílica de San Francisco para que practicaran sus ritos paganos de oración “por la paz”. De esta manera, en un lugar católico profundamente sagrado, donde por siglos los monjes habían orado por la conversión de almas como aquéllas, algún ministro jainista (politeísta) quemó astillas de madera en su urna sagrada, y los practicantes de otras religiones que incluyeron el vudú, observaban sus propias “tradiciones” [1]. Aquellos practicantes viajaron a Asís desde el Vaticano en lo que las autoridades de la Iglesia denominaron “el tren de la paz”, que consistía en siete vehículos: uno para el Papa, otro para los cardenales y obispos, otro para los ortodoxos, uno para los judíos y musulmanes, uno para las “comunidades eclesiales” protestantes, uno para los budistas, los tenrikyoístas, los shintoístas, los confucianistas y los jainistas, y cerrando el cortejo, un carromato lleno de hindúes, zoroastristas y sikhs.

  Monjes paganos orientales en el Encuentro de Asís de 2002

El espectáculo se desarrolló en nombre de la paz mundial. Al día siguiente, la India detonó un misil nuclear e Israel bombardeó los territorios palestinos. Después de unas pocas semanas de Asís 2002, los fundamentalistas hindúes y musulmanes en India se masacraban mutuamente por centenares en una nueva ola de conflictos religiosos, en tanto que el conflicto árabe-israelí escalaba casi hasta el punto de una guerra declarada, cuando el ejército israelí llevó a cabo una invasión masiva de la capital palestina no oficial de Ramallah, lo que motivó las protestas incluso de algunos miembros del gabinete Israelí [2].

Aquí también Francisco ha continuado con el tema postconciliar, y con similares efectos. Su “oración por la paz” israelí-palestina, “sin precedentes” [3], incluyó la plantación de un olivo y lecturas hechas por los “representantes” de la cristiandad, el judaísmo y el islam. En el curso de estas lecturas, el imam invitado oró por “la derrota de los infieles” –es decir, según la mejor traducción de la surah 109, de la cual leo, “victoria sobre los que no oran como yo” [4]. Luego de unos días de este acontecimiento, el conflicto árabe-israelí irrumpió con un nivel de violencia que no se había visto por décadas, que mereció que se lo conociera como el Conflicto Israel-Gaza de 2014, una guerra de cincuenta días en que más de 2.000 habitantes de Gaza, en su mayoría no combatientes, fueron muertos, y unos diez mil, heridos [5] . Y en la actualidad, por cierto, el incremento de ISIS amenaza a Europa y a la misma Roma.

 El Papa Francisco junto a Shimon Peres y Mahmud Abás en el Encuentro por la Paz de 2014
(Foto: AFP)

 Francisco en el Encuentro de Asís de 2016
(Foto: AP)

Así es como nuestro belicoso mundo ha respondido al “Espíritu de Asís” y al “diálogo interreligioso”. Con todo, el “diálogo” sigue y sigue, y el Vaticano ya no le dice al mundo que debe hacerse católico, que debe someterse al Reinado Social de Cristo a fin de encontrar la verdadera paz y la salvación eterna, como Pío XI subrayaba en sus señeras encíclicas sobre el Reinado Social de Cristo, Ubi Arcano Dei (1922) y Quas Primas (1925). En cambio, tenemos eventos al estilo de Asís y una interminable producción de suaves declaraciones irenistas desde el Vaticano. Por ejemplo, las muchas declaraciones vaticanas encaminadas a que católicos y musulmanes “compartan su fe” y a que “el llamado al Islam” y a la “misión cristiana” sean hechos en un “espíritu de colaboración y como un servicio a la humanidad” [6]. Ni siquiera el surgimiento de ISIS y su amenaza explícita de conquistar Roma han despertado a los practicantes del “diálogo interreligioso” a la realidad de que no puede haber “colaboración” ni “compartir” entre la verdadera religión establecida por Dios y la inventada por Mahoma, que se ha extendido a través de la conquista y la esclavización desde el momento mismo de su aparición.

 Visión de San Pío V de la victoria en Lepanto
(Basílica de María Auxiliadora, Turín)

En 1571, el Papa San Pío V, que nos dio nuestro Misal romano, oró por la derrota de las fuerzas islámicas en Lepanto. Aun antes de recibir las noticias de la victoria de la flota cristiana, se puso súbitamente de pie, fue a la ventana y declaró: “Este no es el momento de trabajar: apresúrense a dar gracias a Dios, porque en este momento nuestra flota ha obtenido una victoria sobre los turcos” [7]. El historiador Warren H. Carroll declara que “En muchas formas, él [S. Pío V] salvó a la cristiandad” [8]. Pero hoy, con la cristiandad en ruinas, los católicos “normalistas” no tienen nada que decir cuando el Vaticano envía una delegación a la primera mezquita jamás construida en Roma y nos informa que la Iglesia católica va a colaborar con el Islam, que le presta un “servicio a la humanidad”.

 Fotomontaje de la revista oficial del autodenominado Estado Islámico, 
con su bandera ondeando sobre el Obelisco de la Plaza de San Pedro


CONCLUSIONES

A modo de conclusión, vuelvo ahora a los tres puntos de mi analogía:

Primero, un virus aparece de pronto, desde fuera del cuerpo; es decir, es ajeno al cuerpo.

Segundo, puede entrar con éxito en el cuerpo sólo si hay una abertura en el sistema inmunológico.

En relación con el primero y el segundo puntos, la analogía es claramente acertada. El ecumenismo y el diálogo aparecen de pronto en un concilio ecuménico, cuya preparación entera el Papa Juan permitió que fuera echada a la basura, dejando el sistema inmune de la Iglesia abierto a las ambigüedades que se introdujeron en los documentos finales aprobados por el Papa Pablo. Admitimos que ninguno de los documentos conciliares tiene ningún error doctrinal explícito; y Pablo VI actuó decisivamente en varias oportunidades para evitar que evidentes errores fueran promulgados como doctrina católica[9]. Pero tal es, precisamente, el meollo de esta conferencia: explicar cómo la Iglesia pudo caer hasta su situación actual de confusión y debilidad sin una falla sistemática del Magisterio, cosa que es imposible. Ello ha ocurrido por la introducción en la Iglesia de virus verbales, que operan por debajo del nivel de la doctrina católica.

Tercero, una vez que el virus penetra, no añade nada a la vida del cuerpo, sino que, más bien, causa solamente desorden y debilidad, volviendo al cuerpo incapaz de realizar su actividad normal y vigorosa.

¿Cabe duda alguna de que los virus del ecumenismo y del diálogo han claramente paralizado la actividad misionera de la Iglesia, al tiempo que deja confirmados en su error a quienes están fuera de Ella? El mandato divino de hacer discípulos en todas las naciones existe necesariamente en tensión con las noveles nociones, que no pueden sino inhibir la tradicional proclamación por la Iglesia de que ella sola es el arca de salvación –dogma reafirmado por el rechazo de Pío XI del “movimiento ecuménico” apenas 37 años antes del Vaticano II[10].

¿No estamos, pues, siendo testigos, de aquello que sugiere el tercer elemento de nuestra analogía del virus: una Iglesia drásticamente debilitada, incapaz de realizar su vigorosa actividad normal de incorporar a sí a las almas? ¿Qué otra cosa, fuera de estos virus, pudo haber causado tal debilidad en la Iglesia –una debilidad que se desarrolló súbitamente después del Concilio y precisamente en aquellas áreas impactadas por las nuevas nociones?

Con todo, debo subrayarlo de nuevo, en el proceso de infectarse con estos virus, la Iglesia jamás ha, de hecho, enseñado ningún error doctrinal a nivel del Magisterio, cosa diferente de adoptar políticas eclesiásticas malamente definidas, para las cuales no se puede exigir asentimiento religioso (es decir, el asentimiento de la prudencia) ni asentimiento de fe, ya que las políticas no son el objeto propio de la fe católica.

Si, pues, mi tesis es correcta, en la época postconciliar el Adversario ha desencadenado sus más brillantes estratagemas –quizá la estratagema final- en su larga guerra contra la Iglesia: el uso de la no-doctrina para erosionar la adhesión a la doctrina; el comprometer las buenas intenciones y el disipar la energía eclesiástica en la persecución casi febril de conceptos ilusorios, incapaces de ser realizados o siquiera adecuadamente explicados. Aquí me apresuro a enfatizar que no tengo en absoluto la intención de emitir un juicio sobre la disposición subjetiva de los eclesiásticos que nos animan a adherir al ecumenismo y al diálogo. Mucho menos quisiera dar la impresión de un juicio sobre la persona del Santo Padre, a quien nadie sobre esta tierra puede juzgar.

Sin embargo, es imposible no darse cuenta de que las políticas papales y las decisiones prácticas, como la decisión de embarcarse en un “emprendimiento ecuménico” con los protestantes, no gozan de la protección divina que asiste a las enseñanzas doctrinales formales de un Papa. Como lo ha dicho Dietrich von Hildebrand, es “falsa e infundada una lealtad al Papa que acepta las decisiones prácticas del Papa del mismo modo como las definiciones ex cathedra o las encíclicas que tratan cuestiones de fe o moral… Ello es plantear a los fieles problemas insolubles a la luz de la historia de la Iglesia. Al cabo, esta falsa lealtad sólo puede poner en peligro la verdadera fe católica”[11].

Lo que es más: incluso los laicos tienen ojos para ver, y pueden reconocer una enfermedad cuando la ven. Especialmente después del tumultuoso Sínodo de la Familia y la publicación de Amoris Laetitia (donde el término “diálogo” aparece unas veinte veces), muchos, y no sólo los tradicionalistas, han observado que el Cuerpo Místico de Cristo está sufriendo una enfermedad como jamás había tenido antes. Ni siquiera la crisis arriana puede compararse con el multiforme desorden y debilidad eclesiales que estamos presenciando en este momento de la historia.

Aparte de la destrucción de la liturgia, ampliamente reconocida, ¿qué otra cosa que estas noveles nociones que hemos descrito como virus en el Cuerpo de Cristo puede explicar la condición actual, sin precedentes, de la Iglesia? Si es que hay alguna otra respuesta a estas preguntas, la historia postconciliar deberá revelarla en el futuro.

En conclusión, por lo tanto, la tarea de la restauración eclesial no se puede limitar a restaurar la liturgia, cosa que es, por cierto, esencial. Para citar el juicio excelente y muy valiente de Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontifica Comisión Ecclesia Dei: “Un modo foráneo de pensar ha entrado en el mundo católico, causando confusión, seduciendo muchas almas, y desorientando a los fieles”[12]. No puede haber restauración digna de ese nombre a menos que la Iglesia no sólo ore sino que piense y, de acuerdo con ello, actúe una vez más en continuidad con su bimilenaria tradición teológica y evangélica. Para que ello suceda, me temo, tanto la Iglesia como el mundo tendrán probablemente que experimentar acontecimientos dramáticos, como la Santísima Virgen nos lo advirtió en Fatima y Akita y en muchas ocasiones anteriores.
   



[1] EWTN y los demás medios católicos importantes no mostraron imágenes de los sacrilegios que se cometieron en esas estancias, aunque las imágenes fueron transmitidas, sin censura, por la televisión italiana, tal como el Vaticano quería que se hiciese. Quien quiera que haya seguido la cobertura de EWTN de aquel acontecimiento, no llegó a tener idea de lo que el propio aparato vaticano estaba orgulloso de exhibir a todos. ¿Por qué ocultar la información, si no hay en ella nada malo?

[2] “Musulmanes aterrados llenan los campos de refugiados en India”, CNN.com, 12 de marzo de 2002; “Las tácticas de Israel provocan un feroz desacuerdo en el gabinete y censuras en el extranjero”, New York Times, 14 de marzo de 2002, p. A15.

[3] “Oración por la paz de Israelitas y Palestinos el domingo en los jardines vaticanos”, 6 de junio de 2014, lastampa.it

[4] Cf. comentario en http://www.dici.org/en/news/reactions-to-the-israeli-palestinian-prayer-in-the-vatican-gardens/.

[5] Cf. “Israel-Gaza Conflict of 2014: 50-day War by Numbers,” August 27, 2014 @ independent.co.uk/

[6] L’Osservatore Romano, 28 de mayo de 1998, p. 11.

[7] Warren H. Carroll, The Cleaving of Christendom, Vol. IV (Front Royal, Virginia: Christendom Press, 2000), p. 355.

[8] Ibíd., p. 356.

[9] El ejemplo más famoso es la intervención del Papa Pablo para forzar al Concilio a incluir la Nota Praevia a Lumen Gentium, que corrige la errónea sugerencia de LG de que cuando el Papa ejerce su suprema actividad, lo hace sólo como cabeza del colegio episcopal, en el cual reside la autoridad suprema. Pablo fue alertado sobre este punto por un grupo de Padres Conciliares conservadores, que finalmente lo persuadieron del potencial destructivo de LG: “El Papa Pablo, dándose finalmente cuenta de que había sido engañado, se derrumbó y lloró”. Wiltgen, The Rhine Flows into the Tiber, p. 232. En este caso los conciliares conservadores actuaron como “anticuerpos” frente a otro virus verbal en los documentos conciliares. Pero, como anota Amerio, “En toda la historia de la Iglesia no hay otro ejemplo de una glosa de este tipo que se haya añadido y unido orgánicamente a una constitución dogmática como lo es Lumen Gentium… Parece inexplicable… que el Concilio produjera un documento doctrinal tan imperfecto como para requerir una nota explicativa justo en el momento de su promulgación”. Amerio, Iota Unum, p. 91. Pero es típico de las maniobras que se dieron en el Concilio el que la Nota Praevia, que se supone que introduce a Lumen Gentium, fuera en cierto modo rebajada a la calidad de apéndice e “impresa después de él”. Ibíd.

[10] La Iglesia católica es la única que conserva el verdadero culto. Esta es la fuente de la verdad, esta es la casa de la fe, éste es el templo de Dios: si el hombre no entra aquí, o si se aleja, es un extraño a la esperanza de vida y de salvación. Que nadie se engañe con un obstinado forcejeo. Porque la vida y la salvación están empeñadas en esto, y se perderán y destruirán completamente, a menos que sus intereses sean cuidadosa y asiduamente considerados. Mortalium Animos, n. 11, cita de Lactancio.

[11] Satan at Work, p. 45; citado por Michael Davies, Pope John’s Council (Kansas City, MO: Angelus Press, 1977), p. 174.

[12]“ Msgr Pozzo on Aspects of the Ecclesiology of Vatican II” en rorate-caeli.blogspot

martes, 15 de noviembre de 2016

La verdad sobre Lutero

El sacerdote agustino Martín Lutero (1483-1546) elaboró en 1517 en Wittenberg (Alemania) una propuesta para debatir la doctrina y práctica de las indulgencias. Aunque intitulada en realidad Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum (Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias), esta propuesta fue popularmente conocida como "Las 95 tesis" dada su estructura basada en afirmaciones o proposiciones. Poco más de tres años después, y tras negarse a la petición del papa León X de corregir 41 puntos de su doctrina, Lutero fue excomulgado mediante la bula Decet Romanum Pontificem, de 3 de enero de 1521.  

Como reacción a diversas "conmemoraciones" o derechamente "celebraciones" del quinto centenario de la rebelión de Lutero, ofrecemos a continuación a nuestros lectores un breve artículo del destacado novelista y columnista español Juan Manuel de Prada (1970), aparecido el pasado 5 de noviembre en su columna semanal del periódico ABC, donde comenta el libro del Prof. Miguel Ayuso sobre las nefastas consecuencias jurídico-políticas del luteranismo.


 Juan Manuel de Prada

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La verdad sobre Lutero 

Juan Manuel de Prada

Quinientos años después de la protesta de Lutero, uno puede hacerse el sueco, para obtener el aplauso del mundo, o bien puede atreverse a analizar con rigor intelectual lo que con aquel acontecimiento se sustanció. Esta segunda actitud, que en un mundo donde lo que mola es hacerse el sueco causa escándalo, es la que nos propone el excelente volumen Consecuencias político-jurídicas del protestantismo (Ediciones Marcial Pons), al cuidado del profesor Miguel Ayuso, en el que un selecto grupo de juristas procuran al lector consciente una serie de aproximaciones al pensamiento de Lutero y señalan las lacras políticas que en él tienen su origen. Celebrar el centenario de la protesta luterana es como si el sifilítico celebrase el día en que contrajo la sífilis.

Habría que empezar señalando, como hace el profesor Juan Fernando Segovia en una de las aportaciones más enjundiosas del libro, que al afirmar la salvación por la sola fe Lutero niega toda autoridad a la Iglesia, así como su papel mediador entre el creyente y Dios y la eficacia de los sacramentos. La Iglesia, para Lutero, es una organización opresora; y el Papado, la sede del Anticristo. Pero el libro que recomendamos hoy es valioso sobre todo porque nos desvela cómo las nociones teológicas oscurantistas de Lutero (depravación de la naturaleza humana, negación del libre albedrío, etcétera) corrompen y destruyen las instituciones políticas y sociales. Si el hombre es malo por naturaleza y su razón está corrompida, el poder se tendrá que erigir en puro ejercicio de la fuerza que reprima sus tendencias malignas. Así, ante la revuelta campesina de 1525, Lutero puede celebrar que se alce "la espada vengadora" contra los príncipes; y cuando los campesinos son derrotados puede solicitar tan pichi a los príncipes: "Perseguidlos y matadlos como a perros rabiosos. Dios os lo premiará". Pues un poder civil entendido al modo luterano puede (¡viva la alternancia!) cambiar de titular como de chaqueta. 

 Egbert II van Heemskerck, Lutero en el infierno (1700-1710)

Por otro lado, como nos recuerda José Luis Widow en otro pasaje del libro, establecida la premisa desquiciada de que la naturaleza humana está por completo corrompida, Lutero piensa lógicamente que la razón es "ciega, sorda, necia, impía y sacrílega"; de tal modo que está negada para querer el bien, incapacitada para el juicio moral. De ahí que Lutero pudiera recomendar a uno de los príncipes a los que adulaba que "pecase fuertemente", aduciendo que su mera fe bastaría para salvarlo. La justificación por la sola fe conduce inevitablemente a la emancipación de la conciencia del juicio moral sobre nuestras acciones; y así se entroniza el puro subjetivismo, hasta que la tendencia natural al desorden exija la intervención de una ley humana que se imponga como ejercicio de poder. Pero, como señala el profesor Segovia, al afirmar la absoluta corrupción de la naturaleza humana, Lutero niega el valor de la ley: pues al mandar realizar tal o cual obra, la ley no hace sino (en palabras de Lutero) "poner de manifiesto la enfermedad, el pecado, la maldad" del hombre, a quien inevitablemente "asalta la tristeza, se siente afligido, hasta cae en la desesperación". Que es, en efecto, la estación última del hombre concebido al modo luterano.

En Consecuencias jurídico-políticas del protestantismo se desgranan otras calamidades que tienen su origen en el pensamiento de Lutero, como la reducción de lo político a lo estatal, el nacionalismo, el capitalismo desembridado o la instauración de una libertad que no se orienta por la razón, sino por una "autodeterminación" cuyo único límite es no hacer daño a terceros (límite que, por supuesto, se acaba infringiendo, cuando tal daño beneficia al titular del poder). Así hasta desvelar la verdad sobre Lutero que otros prefieren ignorar, haciéndose los suecos.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Recapitulación sobre la preparación del altar

En varias entradas anteriores nos referimos a los distintos elementos que se preparan sobre o alrededor del altar para la celebación de la Santa Misa. La imagen que aquí compartimos recapitula gráficamente la disposición del altar, elevado sobre el presbiterio a través de tres gradas, con la credencia al lado derecho. Al pie de ellas, el sacerdote reza el Salmo 42 y confiesa a la asamblea sus pecados, acto penitencial que lo prepara para presentarse en el altar del Señor. El altar aparece cubierto de tres manteles de lino, uno de los cuales cae a hacia ambos lados. En medio del altar se encuentra el ara que guarda las reiliquias de los santos, y encima de él están dispuestas las velas, de las cuales al menos arden dos, el sagrario, las sacras y el misal con su atril. Preside la celebración el crucifijo, que recuerda que la Santa Misa es la renovación incruenta del sacrificio redentor de Cristo en la cruz. Un monaguillo, vestido con sotana y sobrepelliz, sostiene el aguamanil y la toalla con que el sacerdote enguajará sus manos (ya previamente lavadas en la sacristía antes de dirigirse al altar) en el ofertorio. 


Nota de la Redacción: La imagen ha sido tomada de la bitácora de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

50 años de Magnificat: conferencia de Christopher Ferrara (cuarta parte)

Publicamos a continuación la cuarta parte de la conferencia de Christopher Ferrara pronunciada en Santiago de Chile en el marco del II Congreso Summorum Pontificum.


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VIRUS EN EL CUERPO DE CRISTO: UN OBSTÁCULO PARA LA RESTAURACIÓN ECLESIAL (IV)

Christopher Ferrara


I. EL CONTAGIO DEL “DIÁLOGO”

Consideremos a continuación el curso que ha tomado el virus del “diálogo” en la Iglesia postconciliar, que no es menos perturbador para todo católico que tenga algún sentido de lo que ha sido la enseñanza y la práctica constante de la Iglesia antes de 1965. No se puede mejorar la descripción que hace Romano Amerio de la súbita aparición y rápida expansión de esta absoluta novedad a través de la Iglesia:

La palabra fue completamente desconocida e inusual en la enseñanza de la Iglesia antes del Concilio. No aparece ni una sola vez con anterioridad al Concilio ni en encíclicas papales ni en sermones ni en la práctica pastoral. En los documentos del Vaticano II figura 28 veces, doce de las cuales están en el decreto Unitatis Redintegratio. Sin embargo, debido a su fulminante expansión y al enorme ensanchamiento de su significado, esta palabra, que es muy nueva en la Iglesia católica, se convirtió en la clave que determina el pensamiento postconciliar y en una categoría “cajón de sastre” en la nueva mentalidad. No sólo se habla de diálogo ecuménico, de diálogo entre la Iglesia y el mundo, de diálogo eclesial, sino que, por una inmensa catequesis, se ha atribuído una estructura dialógica a la teología, la pedagogía, la catequesis, la Trinidad, la historia de la salvación, las escuelas, las familias, el sacerdocio, los sacramentos, la redención y a todo lo demás que ha existido en la Iglesia por siglos, sin que jamás el concepto estuviera en mente alguna, ni existiera la palabra en el lenguaje[1].

Lo que Amerio describe es la expansión del virus verbal en el Cuerpo Místico, que, igual que el ecumenismo, fue inyectado en la Iglesia a través de los documentos del Vaticano II, es decir, los documentos que reemplazaron a los esquemas preparatorios, libres de virus y livianamente desechados. El reconocimiento más impactante de la expansión del virus es posiblemente la declaración del Arzobispo de Avignon, publicado en L’Osservatore Romano unos once años después del Concilio: “En el Concilio la Iglesia empezó de nuevo a amar este mundo [énfasis en el original], a abrirse a él, a transformarse en diálogo…”[2]. La Iglesia se abre al mundo; el virus del diálogo entra en la Iglesia; la Iglesia se transforma entonces en diálogo. Recordamos aquí el famoso lamento del Papa Pablo de que “la apertura al mundo se convirtió en una verdadera invasión de la Iglesia por el pensamiento mundano”[3]. Y este desarrollo fue alabado por un arzobispo en el propio diario del Papa. 

 Romano Amerio

Ahora, a diferencia del “ecumenismo”, que es puro neologismo, la palabra “diálogo” es una palabra clásica con un significado definido: significa una conversación, normalmente acerca de un tema. Pero, ¿qué significa exactamente el diálogo en el contexto de la Iglesia postconciliar? Como lo sugieren los comentarios de Amerio, se ha convertido en un pseudo-concepto que lo corrompe todo. Como “ecumenismo”, el término “diálogo” ha alcanzado una extensión tan amplia que ha perdido todo significado real.

Así lo demuestra un documento clave del Vaticano sobre el “diálogo” intitulado “Diálogo y Proclamación” (DP), expedido por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso en 1991. En DP vemos que la noción de “diálogo interreligioso” actúa como una especie de co-virus con “diálogo”, y que, como “diálogo”,  evita ser definida con precisión. De ahí que DP declare que “El diálogo interreligioso entre cristianos y seguidores de otras religiones, tal como fue previsto por el Concilio Vaticano II, está comenzando a ser comprendido sólo de modo gradual”[4]. Es decir, ¡desde el Vaticano II la Iglesia  católica ha estado asiduamente comprometida en una actividad que no comprende! El Consejo Pontificio admite, así, que la expresión “diálogo interreligioso” es en gran medida incomprensible.

Aunque el documento no hace esfuerzo alguno por definir ya sea “diálogo” o “diálogo interreligioso”, sí nos informa que hay diferentes formas de diálogo: “diálogo de la vida”, “diálogo de la acción”, “diálogo del intercambio teológico”, “diálogo de la experiencia religiosa”[5]. En otras palabras, como hemos dicho, “diálogo”, como “ecumenismo”, no es una doctrina sino una cosa –un conjunto de actividades- que, como el ecumenismo, se dice ahora que permea no sólo toda la vida de la Iglesia sino toda la existencia humana.

 Imagen del primer "Video del Papa" del Año de la Misericordia

De acuerdo con esto, el documento anuncia que “Todos los cristianos están llamados a involucrarse personalmente en ambos modos de realizar la única misión de la Iglesia, es decir, proclamación y diálogo”[6]. ¡Después de 1961 años de historia de la Iglesia, se nos informa por primera vez que Nuestro Señor no encomendó a la Iglesia simplemente proclamar el Evangelio y hacer discípulos en todas las naciones, sino también “dialogar” con otras religiones, “actividad que está comenzando a ser comprendida sólo de modo gradual”!

Puesto que el “diálogo” se ha convertido súbitamente en parte de su encargo divino, DP recomienda que “haya cursos especiales y sesiones de estudio para entrenar a la gente tanto en el diálogo como en la proclamación”. Pero, ¿cómo se entrena para el diálogo interreligioso si la misma Iglesia está comenzando sólo gradualmente a comprenderlo? Ni siquiera se sugiere una respuesta. DP informa además que la Iglesia Católica “está invitada por el Espíritu a alentar a todas las instituciones religiosas a encontrarse, a comenzar a colaborar, y a purificarse para poder promover la verdad y la vida, la santidad, la justicia, el amor y la paz…”. No hay aquí la más mínima sugerencia de que la misión de la Iglesia es lograr conversos a la verdadera religión a fin de salvar almas. Más bien, se presenta a la Iglesia como colaboradora de otras religiones para que las otras religiones se hagan más santas y promuevan la paz y la justicia a través del “diálogo interreligioso”, que la Iglesia está sólo gradualmente comenzando a entender. Este tema ha continuado sin interrupción durante el actual Pontificado.

DP sí reconoce que, a pesar de la obligación, recién descubierta, de la Iglesia de entrar en diálogo interreligioso, “es útil puntualizar una vez más que proclamar el nombre de Jesús e invitar a las gentes a convertirse en sus discípulos es un deber sagrado e importante que la Iglesia no puede descuidar. La Evangelización quedaría incompleta sin él…”[7]. Es más bien curioso dar, al imperativo proferido por el mismo Cristo, la formulación de que la evangelización quedaría “incompleta” sin una “invitación” a hacerse discípulo de Cristo: “el que crea y se bautice, se salvará: el que no crea, se condenará”. También es curioso que el documento ni siquiera sugiere que la “invitación” a hacerse discípulo de Cristo implica hacerse formalmente miembro de la Iglesia católica romana. Uno de los indicios de los virus del ecumenismo y del diálogo es que las palabras “Iglesia católica” han desaparecido casi completamente de los pronunciamientos del Vaticano postconciliar. En línea con estos asombrosos desarrollos, DP omite mencionar, siquiera una vez, a la Iglesia católica. Cualquier  no-católico que lea DP no tendrá ni la menor idea de que la proclamación del Evangelio tiene que ver con que la gente se haga parte de la Iglesia que Cristo fundó para la salvación de las almas.

De hecho, el propósito mismo del “diálogo” y del “diálogo interreligioso” es evitar dar, al interlocutor no-católico, la idea de que únicamente la Iglesia católica habla con autoridad de su divino fundador y de que está en posesión de la totalidad de Su revelación al hombre. Por ejemplo, al presentar la Instrucción vaticana sobre el “diálogo” en 1968, el Cardenal König declaró a la prensa: “El diálogo pone a los participantes en pie de igualdad. No se considera al católico como en posesión de toda la verdad, sino como a alguien que tiene fe y busca la verdad con otros, tanto creyentes como no creyentes”[8]. Haciendo una comparación entre los terroristas islámicos y los católicos “fundamentalistas”, Francisco tocó precisamente este tema: “Nosotros, los católicos, tenemos algunos –no algunos, muchos- que proclaman tener la verdad absoluta y andan por ahí ensuciando a los demás con calumnias, con difamaciones, y obran mal, obran mal”[9].

 El Papa Juan Pablo II junto a líderes de otras religiones en el Encuentro de Asís de 1986

Sin duda el punto culminante de la fiebre causada por el virus del diálogo fue el Día Mundial de la Oración por la Paz en Asís, en octubre de 1986. En la plaza frente a la Basílica de San Francisco de Asís, los “representantes de las grandes religiones del mundo” fueron, uno a uno, rezando sus oraciones por la paz. Estas “oraciones” incluyeron la cantilena de los chamanes de los indios americanos. El Papa se fotografió haciendo la fila de los “líderes religiosos”, que incluía rabíes, muftíes, monjes budistas y una variedad de ministros protestantes, todos sosteniendo matas de olivo en maceteros. La publicación oficial del Vaticano sobre el Día Mundial de la Oración por la Paz en Asís, con el título de “Día Mundial de la Oración por la Paz”, rinde homenaje a las “grandes religiones del mundo” destacando sus rezos, que incluyeron una oración animista al Gran Dedo Pulgar[10]. Las “grandes religiones del mundo” son homenajeadas por el Vaticano en orden alfabético: oración budista por la paz; oración hindú por la paz; oracion jainista por la paz; oración musulmana por la paz; oración shintoísta por la paz; oración sikh por la paz; oración africana tradicional por la paz (oración al “Gran Dedo Pulgar”); oración por la paz amerindia tradicional; oración zoroástrica por la paz. Como una señal deslumbrante del resultado final del ecumenismo y el diálogo en la Iglesia, la única oración que no se incluye en el libro oficial es la oración Católica por la paz. Hay sólo una oración cristiana por la paz, que aparece después de las oraciones de las “grandes religiones del mundo” –y después de la oración judía. Se subsumió al catolicismo en una cristiandad genérica.

Al comienzo de esta lista de oraciones de las religiones mundiales, hay una notable declaración del Cardenal Roger Etchegaray, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Según Etchegaray, “Cada una de las religiones que profesamos tiene, como una de sus metas, la paz interior, y la paz entre los individuos y naciones. Cada una persigue este objetivo según su modo propio e irreemplazable”[11]. Parece difícil encajar la noción de que hay algo “irreemplazable” en las falsas religiones con la enseñanza católica de fide de que la revelación de Dios a su Iglesia es completa y autosuficiente para las necesidades espirituales del hombre. Nuestro Señor vino –así se enseñó siempre a los católicos- precisamente para reemplazar las falsas religiones con Su religión, hasta el punto de que incluso el Antiguo Testamento es sustituído por voluntad divina. Aun así, los miembros de todas las “grandes religiones del mundo” fueron invitados a Asís y se les pidió sus oraciones “irreemplazables” por la paz mundial –las “irreemplazables” oraciones de los falsos pastores que predican el aborto, la contracepción, el divorcio, la poligamia, el tratamiento de las mujeres como perros, la reencarnación de los seres humanos en animales, la guerra santa contra los infieles cristianos e incontables otras mentiras, supersticiones y abominaciones a los ojos de Dios.

Diez años después del “Día Mundial de la Oración por la Paz”, el Cardenal Etchegaray dijo algo que sería increíble si no hubiera aparecido en el sitio web del propio Vaticano: “El espíritu de Asís planea sobre las aguas burbujeantes de las religiones y ya crea maravillas de diálogo fraternal… ¡Espíritu de Asís, ven a nosotros!”[12]. ¿Qué es, precisamente, el “Espíritu de Asís”? ¿Qué ha producido en el mundo el “espíritu de Asís” para que los católicos debieran pedir que descienda sobre ellos? Cuando un Cardenal de la Santa Sede públicamente se entusiasma con un novel espíritu que planea sobre las burbujeantes aguas de las falsas religiones, invoca a este novel espíritu para que descienda sobre los fieles y alaba a las falsas religiones como “irreemplazables”, instintivamente los católicos con el más mínimo sentido de la Tradición se yerguen y se oponen.

 Monjes trapistas de Tibhirine (Algeria) martirizados por islamistas en 1996

El “Espíritu de Asís”, como el ecumenismo y el diálogo, no ha producido nada sino más de sí mismo –al estilo de los virus-. Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 son una burla al “Espíritu de Asís”, cosa que no hay para qué analizar aquí; ya han sido impresos a fuego en la memoria del mundo. Baste decir que, en los años siguientes al Día Mundial de Oración por la Paz de 1986 (repetido en 1993, 1999 y 2002), los militantes musulmanes se han dedicado a asesinar, violar, esclavizar y despojar a decenas de miles de cristianos en varias naciones. En India, los fundamentalistas hindúes han torturado y matado sacerdotes y monjas de forma rutinaria desde que los “representantes de las grandes religiones del mundo” sostuvieron en sus manos los olivos en maceteros para ser fotografiados. Cuando el gobierno nacionalista hindú de la India hizo estallar tres bombas atómicas subterráneas en 1998, la gente en Nueva Delhi bailaba en las calles, gritando alabanzas a sus dioses hindúes[13] -incluído Shiva, el Destructor. Quizá las alabanzas hindúes fueron dirigidas a la mujer de Shiva, Kali, la diosa de la muerte y la destrucción. Shiva es un ídolo muy popular en algunas partes de la India, donde la gente le sacrifica cabras. ¿Irreemplazable?



[1] La opinión de Amerio tiene un peso considerable, ya que fue perito en el Vaticano II, consejero del obispo de Lugano, y miembro de la Comisión Central Preparatoria del Concilio. Estuvo, pues, en íntimo contacto con el proceso por el que se creó los documentos del Concilio.
[2] L’Osservatore Romano, edición italiana, 3 de septiembre de 1976: “La Chiesa, al Concilio, ha ricominciato ad amare questo mondo, aprirsi ad esso, e farsi ‘dialogo’…” (énfasis en el original).
[3] Discurso de 23 de noviembre de 1973.
[4] Diálogo y Proclamación (1991), n. 4b.
[5] Ibid., n. 42.
[6] Ibid., n. 82.
[7] Ibid., n. 76.
[8] Amerio, Iota Unum, p. 355, citando a I.C.I., n. 322, de 15 de octubre de 1968, p. 20.
[9] “Noi cattolici ne abbiamo alcuni, non alcuni, tanti, che credono di avere la verità assoluta e vanno avanti sporcando gli altri con la calunnia, con la diffamazione, e fanno male, fanno male”. Conferenza Stampa del Santo Padre durante el vuelo de regreso de la República Centroafricana, 30 de noviembre, 2015, @vatican.va.
[10] Asís: Día Mundial de la Oración por la Paz, publicación del Comisión Pontificia Justicia y Paz (1987), pp. 39, 49.
[11] Ibid., p. 39, 49.
[12] Card. Roger Etchegaray, “The Spirit of Assissi”, @vatican.va.
[13] New York Times, 17 de mayo de 1998.
[14] EWTN y los demás medios católicos importantes no mostraron imágenes de los sacrilegios que se cometieron en esas estancias, aunque las imágenes fueron transmitidas, sin censura, por la televisión italiana, tal como el Vaticano quería que se hiciese. Quien quiera que haya seguido la cobertura de EWTN de aquel acontecimiento, no llegó a tener idea de lo que el propio aparato vaticano estaba orgulloso de exhibir a todos. ¿Por qué ocultar la información, si no hay en ella nada malo?
[15] “Musulmanes aterrados llenan los campos de refugiados en India”, CNN.com, 12 de marzo de 2002; “Las tácticas de Israel provocan un feroz desacuerdo en el gabinete y censuras en el extranjero”, New York Times, 14 de marzo de 2002, p. A15.
[16] “Oración por la paz de Israelitas y Palestinos el domingo en los jardines vaticanos”, 6 de junio de 2014, lastampa.it
[17] Cf. comentario en http://www.dici.org/en/news/reactions-to-the-israeli-palestinian-prayer-in-the-vatican-gardens/.
[18] Cf. “Israel-Gaza Conflict of 2014: 50-day War by Numbers,” August 27, 2014 @ independent.co.uk/
[19] L’Osservatore Romano, 28 de mayo de 1998, p. 11.
[20] Warren H. Carroll, The Cleaving of Christendom, Vol. IV (Front Royal, Virginia: Christendom Press, 2000), p. 355.
[21] Ibid., p. 356.