viernes, 24 de febrero de 2017

La vida de José Luis (Dimas) Antuña Gadea (segunda parte)

Publicamos recientemente la primera parte de la presentación del libro inédito del seglar uruguayo José Luis (Dimas) Antuña Gadea (1894-1968) Inter convivas. Entre comensales. La Misa solemne contemplada y comentada, obra que será publicada por entregas en esta bitácora. Hoy ofrecemos a nuestros lectores la segunda parte de la presentación, redactada por el R.P. Horacio Bojorge SJ, a quien agradecemos nuevamente por poner gentilmente a nuestra disposición para su publicación esta profunda y valiosa obra de Dimas Antuña.


Ejemplar autografiado por Dimas Antuña de su La vida de San José


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Durante su vida Dimas Antuña fue testigo de cómo el modernismo y un proceso creciente de protestantización iban impregnando la cultura hasta penetrar en la del pueblo católico y haciéndolo cada vez más inhábil para entender el lenguaje ritual de los sacramentos, fuentes de su vida. Él expresó así este drama: “Cristianos sin Cristo ¿dónde está nuestro bautismo?” [1].

Dimas Antuña empleó su vida entera en re-acercar a los fieles a las ceremonias de la Misa solemne. Ese fue el camino que eligió para ayudarlos a participar en ella. Los últimos años de su vida coinciden con el ocaso del rito gregoriano que él tan profundamente vivió y enseñó.

Dimas fallece el 24 de agosto de 1968, a los 74 años de edad. El proceso para la instauración del Novus Ordo y del ocaso del ritual de la Misa que Dimas tanto amaba, va desde el año 1964 hasta 1969 y recorre hitos que, según nos consta, Dimas fue siguiendo con creciente aflicción. He aquí algunos de esos hitos principales: 

- El 25/01/1964 Jornada final del Octavario para la Unidad de los Cristianos, Pablo VI publica el Motu Proprio Sacram Liturgiam para poner en práctica la Constitución Sacrosanctum Concilium y anuncia la creación de una Comisión especial encargada de poner en aplicación la Constitución conciliar sobra la Sagrada Liturgia.

- El 29/02/1964, un mes después, Pablo VI crea el Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia y nombra presidente al cardenal Lercaro y secretario al Padre Annibal Bugnini. Como iría a atestiguar más tarde Jean Guitton, la intención de Pablo VI era aproximar el rito de la misa a la celebración protestante, más exactamente a la celebración calvinista [2].

- El 19/03/1964, aún no transcurrido un mes, el P. Annibal Bugnini declara en el Osservatore Romano: La oración de la Iglesia no debe ser un motivo de malestar espiritual para nadie. Es preciso apartar toda piedra que pueda constituir hasta la más leve sombra de un riesgo de estorbo o de disgusto para nuestros hermanos separados.

- El 23/09/ 1964 Instrucción Inter Oecumenici.

- El 20/10/1964 Pablo VI interviene personalmente para zanjar el conflicto de potestades entre el Consilium con la Congregación Romana para la Liturgia debido a que el Consilium estaba entonces en conflicto con la Congregación Romana.

- El 07/03/1965 entra en vigor el Decreto Inter Oecumenici dado el 23/09/1964.

- El 04/05/1967 se da la Instrucción Tres abhinc annos.

- El 24/10/1967 Es presentada en la Capilla Sixtina la Missa Normativa – elaborada por el cardenal Lercaro y el P. Annibal Bugnini – a los 183 Obispos reunidos en Roma para el Sínodo. Tres días después los 183 Obispos votan así: Placet, 71. Non Placet, 43. Placet juxta modum, 62; Abstenciones, 4.

- El 03/04/1969 Pablo VI proclama la Constitución Apostólica Missale Romanum por la cual reforma el rito de la Misa a pesar del rechazo mayoritario de los obispos consultados.

- El 06/04/1969 la Sagrada Congregación de Ritos promulga el Novus Ordo Missae, con su Institutio Generalis. 

- El 30/11/1969 entra en vigor el nuevo Misal.

 El Papa Pablo VI

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Ha de advertirse que paralelamente a los actos del magisterio, de hecho, en la práctica, en los ambientes católicos, se iba mucho más allá de lo prescrito y aún de lo permitido y se desataba un espíritu no sólo rupturista sino aún abolicionista de los ritos y usos anteriores. Se experimentaba sin límites buscando nuevas formas rituales y cundía la indisciplina ritual. 

Isabel M. Antuña Cragnonlino relata así el impacto de los cambios litúrgicos en el espíritu de su tío Dimas:

Hubo un acontecimiento histórico que sacudió fuertemente a la Iglesia Católica de los años sesenta. Me refiero al Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII en 1959 y reunido por primera vez 1962, y que concluyó en 1965 bajo el pontificado de Pablo Vl. Este Concilio fue, en sí mismo, un fuerte impacto ya que propuso cambios significativos en las políticas de la Iglesia, entre otros, el lugar de participación de los laicos tanto en la pastoral como en la litúrgica. En la celebración de la Santa Misa fue donde se hicieron particularmente visibles estos cambios, a destacar:

1º) El giro en la visibilidad del sacerdote oficiante: tradicionalmente de espaldas a los fieles, ahora de frente a ellos. Esto exigió reubicar el altar y generar dos espacios: el de la celebración y el de la reserva del Santísimo Sacramento.

2º) El paso del latín, lengua oficial y única del culto cristiano romano, a las lenguas vernáculas propias de cada comunidad católica.

3º) Los cánticos litúrgicos pasaron gradualmente del órgano a la guitarra, lo que fue modificando también el uso y destino del espacio sagrado.

4º) El lugar de los laicos en la celebración, desde ese momento lectores habilitados en la transición de la palabra en epístolas y otras lecturas, involucrándose activamente en el acto litúrgico. La lectura del evangelio y la homilía siguieron a cargo del sacerdote oficiante.

5º) Otro aspecto a señalar es el lugar que fueron tomando las mujeres en las celebraciones litúrgicas, tradicionalmente sólo protagonizadas por figuras masculinas de distinta jerarquía, y donde niños y adolescentes se desempeñaban como monaguillos, lo que muchas veces significaba un privilegio para ellos.

Yo estaba enterada, por el relato familiar, de que Dimas, en los años de su temprana juventud, durante su estadía en Buenos Aires, había atravesado una crisis de fe muy importante. También sabía, por el relato familiar, que había sido a través de la liturgia y en particular del oficio de la Santa Misa, desde donde se reavivó su más primitiva adhesión a la fe en Cristo. Habiendo superado sus dudas y sus conflictos adoptó el nombre de Dimas, el buen ladrón arrepentido, quien se sentía no merecedor del perdón que recibió de Cristo crucificado y agonizante: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

La misa se constituyó para Dimas desde entonces en su espacio-tiempo-dinámica preferencial, tanto desde lo vivencial profundo como desde la necesidad de profundizar y analizar cada momento del ceremonial del acto litúrgico:

1º) lugar de la lectura y la palabra, 2º) espacio de convocatoria de la entrega y sacrificio generoso de Cristo a los hombres, 3º) participación activa e involucrada del sacerdote y del laico en el acto central de la liturgia cristiana de la Iglesia Católica.

Recuerdo con nitidez y fuerza cómo los cambios en la celebración de la misa fueron un tránsito doloroso muy importante para él, hombre de fe, profundamente cristiano y que había recuperado su fe profundizando y vivenciando cada día su participación en la Santa Misa. 

El Concilio Vaticano II terminó en 1965. La situación política internacional y muy en particular en el Río de la Plata, lugar que él conocía ya que había vivido en las dos orillas del mismo, era la de los comienzos de la guerrilla y de cambios muy importantes y significativos en las concepciones políticas. La Iglesia en nuestro medio había consagrado a Mons. Parteli [3] como obispo. A su vez un fuerte desarrollo de la teología de la liberación se repartía entre los que adherían a las nuevas propuestas pastorales en diálogo con las políticas e ideologías del momento y aquellos que las repudiaban.

 Mons. Carlos Parteli Keller (izq.)
(Foto: Umbrales)

El nuevo discurso eclesial a partir del Concilio Vaticano II impactó mucho en Dimas, quien lo consideraba como una desviación en el plano de la recta lectura de la doctrina que él vivenciaba con intensidad en el plano de la liturgia. Las nuevas prácticas introducidas le parecían responder a lo que él llamaba ‘el instinto de profanación’ que dominaba a buena parte de los responsables eclesiásticos.

Para Dimas fue un momento de mucho dolor, tensión, sufrimiento entre su adhesión a la fe y los lineamentos jerárquicos de la Iglesia, y los nuevos discursos que se adherían a ideas consideradas por él en el límite de lo satánico y condenable [4]

Existe un paralelo cronológico entre los hitos documentales del magisterio en la reforma litúrgica y de la instalación de una cierta anarquía celebratoria por un lado, y por el otro los últimos cinco años de vida de Dimas Antuña, acotados por un primer derrame cerebral hacia la mitad de 1964 y el que en agosto de 1968 se lo llevó piadosamente a la tumba ahorrándole mayores sufrimientos. 

Reproducimos como capítulo primero de esta obra la Conferencia Ver la Misa subtitulada La Misa y su Misterio con la que Dimas inauguró un Curso sobre la Misa dictado en la Academia de Estudios Religiosos.

Dimas afirma en las primeras líneas: “Destruida la Misa queda destruida la Iglesia”. Esta frase, agregada al margen con lápiz rojo, pareciera brotarle de una preocupación por la Misa cuyo carácter de misterio veía ahora en peligro. 

Hasta entonces Dimas había escrito y hablado sobre “Ver la Misa”. Ahora ese ‘Ver’ es un mirar inquieto al verla amenazada de una agresión a su carácter de misterio intocable. Y eso motiva el subtítulo: “Ver la Misa. La Misa: un Misterio”. En el capítulo cuarto ahondaremos en tan significativo exordio.

Podríamos decir que Dimas Antuña fue víctima de la epidemia maligna que suscitó después del Concilio la hermenéutica de la ruptura. Treinta y siete años después de la muerte de Dimas, el papa Benedicto XVI la definió y descalificó con ese nombre: “hermenéutica de la ruptura” oponiéndola a la “hermenéutica de la reforma” que practicara san Juan Pablo II: 

“Por una parte – enseña Benedicto XVIexiste una interpretación que podría llamar "hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura"; a menudo ha contado con la simpatía de los medios de comunicación y también de una parte de la teología moderna. Por otra parte, está la "hermenéutica de la reforma", de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino. La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar” [5].

 S.S. Benedicto XVI (2012)

A la luz de este discurso, como del Via Crucis en el Coliseo [6], del Motu Proprio Summorum Pontificum y de la apenada carta al Episcopado mundial [7], debe entenderse con cuánta perspicacia profética había percibido Dimas Antuña, cuarenta años antes, la gangrena de la rebeldía modernista y progresista enquistado en la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI enseña en su Motu Proprio Summorum Pontificum que, no obstante la reforma de Pablo VI, el rito romano del que participó Dimas Antuña toda su vida y al que dedicó tanto amor, estudio y escritos, no fue nunca declarado abolido, sino que muy por el contrario merece seguir siendo tenido y celebrado en grande estima: 

El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la Lex orandi (“Ley de la oración”), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante, el Misal Romano promulgado por San Pío V, y nuevamente por el beato Juan XXIII, debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma Lex orandi y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la Lex orandi de la Iglesia en modo alguno inducen a una división de la Lex credendi (“Ley de la fe”) de la Iglesia; en efecto, son dos usos del único rito romano. Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia [8].

“No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser de improviso totalmente prohibido o incluso tenido como perjudicial [9]

Horacio Bojorge SJ


Montevideo, 24 de agosto de 2016 [10]




[1] Discurso en Honor de San Juan de la Cruz para celebrar el IV Centenario de su nacimiento, pronunciado en los Cursos de Cultura Católica. Buenos Aires, el 9 de setiembre de 1942.  La cita la tomamos de El Testimonio página 149,

[2] Véase la entrevista realizada el 13 de diciembre de 1993 en el programa radiofónico francés Ici lumiére 101.  El presentador, el luterano francés  Francois Georges Dreyfus, invitó a Yves Chiron, autor de un libro sobre Pablo VI, y a Jean Guitton, el renombrado académico francés, autor de renombre e íntimo amigo de Pablo VI que conoció como pocos el pensamiento del Papa. Entrevista reproducido en revista Iesus Christus N° 81 – Mayo/Junio de 2002. Reproducido también por Augusto del Río en El drama litúrgico, Edit. Santiago Apóstol – Teodicea Buenos Aires 2008. En esta entrevista Jean Guitton afirma que la intención de Pablo VI era aproximar el rito de la misa a la cena protestante. El entrevistador, un luterano, hace notar que Pablo VI tenía en vista la cena calvinista y no la luterana.

[3] Carlos Partelli Keller (* 8 de marzo de 1910, Rivera - + 26 de mayo de 1999  Montevideo) Obispo de Tacuarembó nombrado por Pablo VI ( 17 de diciembre 1960): Adminsitrador Apostólico de Montevideo (25 de febrero 1966) Arzobispo de Montevideo (2 de enero 1977)

[4] Memorias manuscritas de Isabel Martha Antuña Cragnonlino.

[5] Discurso del Sto. Padre Benedicto XVI a los Cardenales, Arzobispos, Obispos y Prelados superiores de la Curia romana, Jueves 22 de diciembre de 2005

[6] “Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace agua por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los ensuciamos nosotros mismos. Nosotros somos quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, te arrastramos a tierra, y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos; espera que tú, arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para siempre. Pero tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos” (Oración de la novena estación en el Via Crucis en el Coliseo de Roma, guiado por el Cardenal Joseph Ratzinger el Viernes santo 25 de marzo de 2005)

[7] (Carta del Sto. Padre Benedicto xvI a los Obispos que acompaña la Carta apostólica "motu proprio data" Summorum Pontificum sobre el Uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970

[8] Benedicto XVI, Motu Proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, Art. 1º

[9] Benedicto XVI, Carta a los obispos que acompaña a Summorum Pontificum sobre el uso de la Liturgia romana anterior a la reforma de 1970 (AAS 99 (2007) 798)

[10] Aniversario de la muerte de Dimas Antuña.

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