miércoles, 30 de octubre de 2019

FIUV Position Paper 25: La forma extraordinaria y el África sub-sahariana

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el Misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 25 y que versa sobre la forma extraordinaria y el África sub-sahariana, cuyo original en inglés se puede consultar aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de abril de 2015. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede. 


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La forma extraordinaria y el África sub-sahariana

Abstract

La Iglesia en África enfrenta desafíos que provienen de la influencia de una cultura occidental secularizada, de las dificultades de una auténtica inculturación, y de las tensiones y conflictos propios de sociedades divididas por fronteras tribales y lingüísticas. En todos estos desafíos la forma extraordinaria puede ser una ayuda, ya que encierra muchos principios, como la preocupación por la Tradición, el respeto, y un sentido del pecado y de lo sagrado, que son característicos de la espiritualidad africana.  Del mismo modo, proporciona un muro estable de defensa frente al sincretismo, que permite una actitud más abierta frente a ciertas prácticas culturales africanas, y evita el problema de tener que optar por una lengua, a menudo de origen colonial, en vez de otras. Aunque la disponibilidad de la forma extraordinaria sigue siendo muy escasa en África, hoy va en aumento. Y los obispos y órdenes religiosas africanas debieran aprovechar las oportunidades que ella ofrece.

Texto

1. El magisterio papal post-conciliar[1] identifica una cantidad de desafíos que enfrenta en África una Iglesia que crece rápidamente. Por un lado, las religiones tradicionales africanas, así como la cultura y la estructura social tribal, representan tanto oportunidades como desafíos para una Iglesia que evangeliza y para la estabilidad social y el desarrollo. Por otro lado, el rápido desarrollo económico, la urbanización y la exposición a la cultura occidental también significan desafíos para la Iglesia y, al mismo tiempo, oportunidades para los africanos que tratan de escapar de la pobreza.

 (Foto: LMS Chairman)

La cultura africana tradicional.

2. La cultura africana tradicional es un tema importante, que incluye por cierto la cultura religiosa. Juan Pablo II ha expresado esto con gran fuerza al reconocer, en su Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, de 1995, que ellas, las religiones [tradicionales] son la manifestación viva del alma de grandes grupos de hombres[2]. En relación con la influencia de la cultura occidental, que a menudo corroe todo tipo de espiritualidad, urgió a los africanos diciendo: “Mirad a vuestro interior. Ved las riquezas de vuestras tradiciones propias, mirad la fe que estamos celebrando en esta asamblea”[3].

3. La forma extraordinaria expresa muchos principios fundamentales de la cultura africana, sin el peligro del sincretismo religioso. Entre ellos el primero es el profundo respeto por la Tradición y la continuidad que se encuentra en la cultura africana tradicional[4], según la cual se considera que las generaciones pasadas de la familia y de la tribu siguen siendo miembros actuales de la comunidad[5].

El teólogo africano Bénézet Bujo describe esto del siguiente modo: “Así pues, la tradición, según el modo africano de pensar, no debe ser considerada de un modo determinístico, mucho menos fatalístico, sino que debe ser contemplada, más bien, como una potencia que el individuo puede decidir si actualizar o no. El éxito o el fracaso dependen de una elección personal: al recordar libremente las acciones y palabras vivificantes de los ancestros, el hombre elige la vida; pero si descuida estas cosas, elige la muerte”.

4. Otros principios religioso-culturales africanos son los principios litúrgicos del misterio y el respeto, y un sentido muy vívido de la realidad del reino de lo espiritual y del pecado.[6]

5. La antigua tradición litúrgica latina está profundamente imbuida de estos principios, que son, en cierta medida, comunes a muchas sociedades tradicionales y, también, a la espiritualidad católica tradicional. Esto es algo que la tradición latina tiene en común con los ritos litúrgicos que se han desarrollado en la propia África, o sea, los de las “grandes Iglesias africanas de Egipto y Etiopía”[7]. Aunque en muchos sentidos son diferentes del rito latino, esos ritos, como todos los ritos orientales en general, tienen todavía mucho en común con la forma extraordinaria, como se ha analizado en el Positio Paper 21[8].

6. Es significativo, en este contexto, que el grupo religioso sincrético conocido como Legio Maria[9], que se ha extendido desde Kenia a muchos países del Este de África[10], ha retenido la liturgia latina propia de sus orígenes católicos[11].

7. Al ofrecer un esquema litúrgico y espiritual que rinde el debido homenaje a los principios tradicionales ya mencionados, la Iglesia, en la forma extraordinaria, otorga un lugar de refugio a una cultura religiosa que, de otro modo, se ve en el peligro de ser abrumada por actitudes y prácticas inspiradas por ideas de la post Ilustración occidental en una versión deteriorada, según una forma comercial. Benedicto XVI llamó “shock cultural” a esta invasión cultural[12], y los obispos de África, en el Sínodo de 1994, exclamaron “nuestra identidad está siendo pulverizada como en un mortero”. Semejante asalto a la cultura africana ha sido apropiadamente descrito como “neo-colonialismo”.

8. Este conflicto entre los principios tradicionales de la espiritualidad africana y las influencias culturales occidentales crea un inusual contexto para muchos progresistas litúrgicos, que a menudo han expresado explícitamente que sus propuestas son intentos de avenirse con el triunfo de la cultura post -ilustrada; triunfo que, a su juicio, no puede ya ser discutido. Cualquiera sea la evaluación que se haga de este proyecto en el contexto del mundo desarrollado, la propuesta de hacer concesiones al racionalismo, por ejemplo, mediante la exclusión del silencio y del ceremonial complejo en la liturgia, o de hacer concesiones al romanticismo mediante la promoción de la informalidad y la espontaneidad, adquiere un aspecto muy diferente en el contexto africano: existe un auténtico peligro de que tales tendencias coadyuven al ataque neocolonialista sobre la espiritualidad africana.

 Misa tradicional en África
(Foto: Rorate Caeli)

La inculturación.

9. Si se considera el progreso histórico de la fe en Europa, Hispanoamérica y Asia, resulta claro que, aunque el catolicismo latino ha tenido una importante influencia en las culturas locales, no las ha destruido[13] sino que, más bien, las ha hecho capaces de desarrollarse como auténticas expresiones del genio de los pueblos de esas regiones[14]. El resultado es la maravillosa diversidad de la cultura católica que se puede observar en todo el mundo. La transformación cultural, política y religiosa de África en el período colonial tiende a oscurecer la aplicación a dicho continente de esta generalización, pero hay que insistir en ella, y la demanda de “inculturación” hay que mirarla en este contexto. Como Pablo VI ha dicho, “[p]uesto que la enseñanza de Cristo y la redención cumplen, renuevan y perfeccionan todos los bienes innatos que hay en los usos tradicionales de los hombres, se sigue que el hombre africano, cuando se lo inicia en la religión cristiana, no se ve en absoluto forzado a auto-repudiarse, sino que, por el contrario, retoma 'en espíritu y en verdad' (Jo. 4, 24) las antiguas fuerzas de su pueblo”[15].

10. El tema se complica, sin embargo, por las fuerzas opuestas del sincretismo y del protestantismo evangélico. Estas últimas tienden a rechazar toda huella de cultura africana. Los cultos sincréticos y las congregaciones evangélicas son comunes en África y se expanden con rapidez, con las críticas en contrario por parte de la Iglesia católica.

11. Esta situación realza la importancia del discernimiento en la inculturación, cuestión a la que el magisterio papal ha concedido importancia repetidamente[16]. La inculturación indiscreta ha conducido, a veces, a abusos litúrgicos[17] y a la construcción de iglesias indignas de la liturgia[18].

12. Donde la inculturación se realiza del mejor modo es en el contexto de una liturgia estable que, aunque claramente diferente del culto pagano, apela sin embargo a las auténticas sensibilidades religiosas africanas. En tal contexto no es un problema permitir, por ejemplo, importantes prácticas africanas, tal como la referente al precio de la novia, o el uso de nombres indígenas, las cuales resultan contrarias a ciertas fuerzas que consideran que tales cosas deben necesariamente ser excluidas para rechazar el paganismo[19].

13. En relación con este punto, el magisterio papal ha subrayado el problema de las supersticiones, la brujería y el miedo de espíritus malignos, cosas que se encuentran en las religiones africanas tradicionales y que no pueden ser fácilmente excluidas de las comunidades cristianas recientes[20]. La forma extraordinaria, especialmente mediante las bendiciones del Ritual Romano, produce el efecto de proteger efectivamente a los fieles y del calmar el espíritu de los supersticiosos, como sociedad que fue, ella misma, víctima de las supersticiones y de la brujería, tanto reales como imaginarias, y dicha forma refleja la sabiduría de la Iglesia al enfrentarlas[21].

14. Para un gran número de africanos, la realidad de la liturgia en vernáculo no significa liturgia en la lengua madre, sino en una segunda lengua, a menudo una lengua colonial o, en el Este de África, el suajili[22]. El enorme número de lenguas en África -sólo Nigeria tiene más de 500 grupos de lenguas- significa que sería imposible producir Misales en todas ellas[23] o proporcionar sacerdotes que pudieran usarlos. En Sudáfrica, por ejemplo, en la liturgia católica se usa sólo cuatro de las nueve lenguas indígenas oficiales[24]; en Kenya, país con 69 lenguas, sólo se usa el inglés y el suajili.

15. Incluso si se superara estos obstáculos, cada parroquia urbana alberga hablantes de muchas lenguas, que pueden incluir las de los inmigrantes o refugiados de otros países. Las limitaciones de tiempo y de clero significan que hay que emplear una lingua franca, formal o informal.

16. El resultado práctico es el uso muy extendido de las antiguas lenguas coloniales en la liturgia, con un concomitante aumento de la percepción de prestigio de esas lenguas. El latín no sólo tiene la virtud de no pertenecer a ninguna tribu en particular[25] sino también de no ser la lengua de ninguna potencia colonial ni de ninguna influencia cultural europea o americana. Como lo dijo Juan XXIII: “Por su naturaleza misma, el latín es máximamente apropiado para promover todas las culturas entre los diversos pueblos, por cuanto no da lugar al surgimiento de celos ni favorece a grupo alguno, sino que se presenta a todos con igual imparcialidad, buena y amigable con todos”[26].

17. Una de las consecuencias de la pluralidad lingüística de África es el deseo de los africanos de aprender lenguas nuevas. Es común incluso que los menos educados posean una segunda o una tercera lengua. El deseo de aprender lenguas nuevas no excluye el latín, cuando a éste se le da un lugar en la liturgia.

 Sacerdote de la FSSP celebra Misa en África
(Imagen: captura de Youtube)

Las perspectivas de la forma extraordinaria en África.

18. La disponibilidad de la forma extraordinaria es limitada hoy en África[27]. Allí, como en todas partes, entrenar a un número suficiente de sacerdotes para que la celebren presenta dificultades. Otro factor ha sido la gran preocupación de los católicos africanos por la unidad con la Santa Sede durante el largo período en que la situación jurídica de los antiguos libros litúrgicos fue poco clara. Ahora que ésta ha sido aclarada, las actitudes pueden comenzar a cambiar.

19. Hoy está entregado a los obispos africanos y a las órdenes religiosas activas en África el asegurar que “las riquezas que se han desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia”[28] estén a disposición de los católicos africanos, tal como debiera ser el caso con todos los católicos. Las circunstancias de la Iglesia en ese continente no debieran hacernos dudar de ofrecer allá este tesoro, sino alentarnos a promoverlo todo lo posible. Así como la forma extraordinaria tuvo parte en la evangelización de África en el pasado, puede seguir alimentando hoy la vida espiritual de los católicos africanos.



[1] Es digno de destacar que en Roma se han reunidos dos Sínodos especiales sobre África, en 1994 y en 2009: el primero llevó a la Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa (1995) de Juan Pablo II y el segundo a la Exhortación Apostólica Africae munus (2011) de Benedicto XVI.

[2] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 47: "quandoquidem ipsae significanter animum exprimunt magnae gentium partis". Cfr. el Mensaje del Sínodo (1994), núm. 21: “Debe darse especial atención a nuestras costumbres y tradiciones, en cuanto que constituyen nuestro patrimonio cultural”.

[3] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 48: “ut intra vos inspiciatis. Vestrarum traditionum divitias respicite, fidem respicite quam hac in congressione celebravimus.’ Esta es una cita tomada de la homilía de Juan Pablo II enLilongwe durante una visita a África (6 de mayo de 1989).

[4] Bujo, B., African Theology in Social Context (trad. de John O’Donohue, Eugene OR., Wipf and Stock, 1992), p. 30.

[5] Véase Bujo, African Theology, cit., p. 25 y passim.

[6] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 42: “Los africanos tienen un profundo sentido religioso, un sentido de lo sagrado, de la existencia de Dios Creador y de un mundo espiritual. La realidad del pecado en sus formas individual y social está muy presente en la conciencia de estos pueblos, como también la necesidad de ritos de purificación y expiación” ("Africani alto religionis sensu praediti sunt, sacrarum rerum sensu, Dei creatoris existentiae sensu et rerum spiritualium. Peccatum, in suis tum privatis tum socialibus formis, in illorum populorum conscientia inest, atque necessitas quoque purificationis et expiationis rituum animadvertitur") Cfr. Benedicto XVI, Encuentro con los periodistas (23 de marzo de 2009): “Por otra parte, el espíritu de recogimiento en las liturgias, el fuerte sentido de lo sagrado, me causaron una gran impresión: en las liturgias, los grupos no se ponían en primer lugar, no atraían a sí la atención, pero sí había presencia de lo sagrado, de Dios mismo: del mismo modo, en el modo cómo se movían, se veía siempre su respeto y conciencia de la presencia divina. Esto me causó una gran impresión”. Cf. Pablo VI, Motu proprio Africae terrarum (1967), núm. 8.

[7] Mensaje del Sínodo publicado por el Sínodo Especial de Obispos de Africa, 6 de mayo de 1994. Cfr. Juan Pblo II, Ecclesia in Africa, núm. 31: “Al recordar las antiguas glorias del África cristiana, deseamos expresar nuestro profundo respeto por las Iglesias con las que no estamos en plena comunión, la Iglesia Griega del Patriarcado de Alejandría, la Iglesia Copta de Egipto y la Iglesia de Etiopía, que comparten con la Iglesia católica un común origen y la herencia doctrinal y espiritual de los grandes Padres y santos, no sólo de sus propios países, sino de toda la Iglesia primitiva: ellos trabajaron y sufrieron mucho para mantener vivo el nombre cristiano en África a través de todas las vicisitudes de la historia” ("Attamen, dum veterum Africae christianae laudum redintegramus memoriam, eas impensa prosequi observantia placet Ecclesias, quibus haud plena utimur communione: Ecclesiam dicimus Graecam Alexandrini Patriarchatus, Ecclesiam Coptam Aegypti et Ecclesiam Aethiopicam. Ipsae enim communes cum catholica Ecclesia et doctrinam et spiritualem disciplinam hereditarias habent a magnis Patribus sanctisque viris, qui non modo ad earum regiones, sed ad universam etiam Ecclesiam antiquam pertinent. Huc accedit quod tot egregia opera patraverunt durasque acerbitates perpessae sunt, ne umquam per varietatem temporum christianum nomen in Africa restingueretur"). Este pasaje es parte de una extensa cita de Pablo VI, Africae terrarum (1967).

[9] Su nombre oficial es “Legio Maria de la Misión de la Iglesia Africana”. Fundada a comienzos de la década de 1960 entre los Luo, de Kenya, hoy tiene más de un millón de adherentes.

[10] Especialmente Tanzania, Uganda, Rwanda, Burundi, la República Democrática del Congo y Etiopía.

[11] Véase Kustenbauder, M., “Believing in the Black Messiah: The Legio Maria Church in an African Christian Lanscape”, Nova Religio: The Journal of Alternative and Emergent Religions, vol. 13, núm. 1 (2009), pp. 11-40: “Los elementos materiales de la cristiandad católico-romana -reconocibles tan fácilmente por los observadores occidentales en las túnicas flotantes, los grandes rosarios y la Misa en latín de los seguidores de la Legio Maria- permanecen intactos sólo en cuanto que han ayudado a los Legios a reformular la fe cristiana al interior de su propio complejo cultural” (p. 14).

[12] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 11. Cfr. Mensaje del Sínodo, núm. 15: “Pero la cultura que dio su identidad a nuestro pueblo está en una grave crisis. En vísperas del siglo XXI, cuando nuestra identidad está siendo pulverizada en el mortero de una inmisericorde cadena de acontecimientos, la necesidad fundamental es de profetas que se alcen y hablen en nombre del Dios de la esperanza para la creación de una nueva identidad”.

[13] Cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 59: “En varias ocasiones los Padres Sinodales subrayaron la especial importancia de la evangelización de la inculturación, el proceso por el que la 'catequesis se 'encarna' en las diversas culturas'” ("Crebrius extulerunt synodales Patres momentum praecipuum quod habet in ipsa evangelizatione insertio in culturam: processus nempe quo catechetica institutio diversis in culturis veluti concorporatur"). Este pasaje es cita de Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi Tradendae, (1979), núm. 53.   

[14] De muchas formas el papel de la Iglesia ha sido ayudar a las culturas locales a resistir las influencias exteriores potencialmente destructivas, especialmente haciendo posible el registro permanente de la literatura y la música importantes, y abriendo nuevos caminos al arte y la arquitectura para la expresión de las ideas culturales locales. Ejemplo de esto sería la preservación de la poesía vernácula original de las Islas Británicas y de Escandinavia, y las tradiciones artísticas propias, especialmente las de los irlandeses. Estos monumentos culturales de la alta Edad Media siguen siendo considerados como fundamentales por las diversas tradiciones culturales de estos países hasta la actualidad. De un modo diferente, la Iglesia hizo posible la sobresaliente y única contribución al estilo barroco de la arquitectura en Hispanoamérica.

[15] Pablo VI, Africae terrarum, núm. 14: "Cum enim Christi doctrina et redemptio omnia compleat, renovet et perficiat bona, in traditis hominum moribus insita, Africanus idcirco homo, dum christianis sacris initiatur, non cogitur quidem semetipsum repudiare, sed veteres suae gentis virtutes in spiritu et veritate (Jn 4, 24) resumit".

[16] Véase Benedicto XVI, Africae munus, núm. 37: “El Espíritu Santo hace que el Evangelio permee todas las culturas, sin convertirse en el servidor de ninguna. Los obispos debieran preocuparse de esta necesidad de inculturación, respetando las normas establecidas por la Iglesia. Mediante el discernimiento de qué elementos culturales y tradiciones son contrarias al Evangelio, podrán separar la buena semilla de la maleza (cf. Mt. 13, 26)”. Cfr. Pablo VI, Africae terrarum, núm. 8.

[17]  Benedicto XVI, Africae munus, núm. 153: “Exhorto a toda la Iglesia en África a tener particular cuidado con la celebración de la Eucaristía, memorial del sacrificio de Jesucristo, signo de unidad y vínculo de caridad, banquete pascual y prenda de vida eterna. La Eucaristía debiera ser celebrada con dignidad y belleza, de acuerdo con las normas prescritas”.

[18] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 154: “Es necesario también asegurarse de que la arquitectura de estos edificios sagrados sea digna de los misterios que celebran y esté de acuerdo con la legislación eclesiástica y el estilo del lugar”.

[19] Véase BujoAfrican Theology, cit., pp. 44-47. Aunque parece que Bujo quiere extender la recepción por la Iglesia de la cultura africana también a la poligamia y al uso de materia inválida para la Misa, su lista de las cosas que se ha perdido en la cristianización incluye nombres indígenas, conocimiento de plantas medicinales, uso de los tambores, arte y todas las costumbres que rodean a ciertos eventos de la caza y de la vida.

[20] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 93: “La brujería, que se usa en las religiones tradicionales, está experimentando actualmente cierto regreso. Reaparecen ciertos miedos antiguos, creando paralizantes lazos de subordinación. La ansiedad por la salud, el bienestar, los hijos, el clima y la protección respecto de espíritus malignos lleva a que la gente recurra a prácticas de las religiones africanas tradicionales que son incompatibles con las enseñanzas cristianas. El problema de la 'doble afiliación' a la cristiandad y a las religiones africanas tradicionales sigue siendo un desafío.

[21] Benedicto XVI, en su Carta a los Obispos que acompaña al motu proprio Summorum Pontificum (2007), advierte la “sacralidad” de la forma extraordinaria.

[22] Aunque es usado y comprendido por muchos más, sólo 15 millones de africanos hablan suajili como lengua madre.

[23] Los obispos analizaron el proyecto de traducir las Sagradas Escrituras a todas las lenguas africanas en el Mensaje, núm. 18 del Sínodo. La Congregación para el Culto Divino, en su Instrucción Linguam Authenticam (2001), núm. 21, hace notar el problema de encontrar un registro sagrado en cada lengua para ser usado en la liturgia. En relación con las “traducciones destinadas a los pueblos que han recibido recientemente la fe cristiana”, advierte: “En especial, se debe usar cautela en la introducción de palabras tomadas de religiones no cristianas”.

[24] En Johannesburgo (metrópolis de 6 millones, incluidos los hablantes de todas las lenguas oficiales), tres de tales lenguas, como máximo, serían usadas. Hay que tomar en cuenta que la Iglesia en Sudáfrica tiene recursos incomparablemente mejores que otros países africanos. En algunas parroquias de ciudades multilingüísticas aun las lenguas indígenas más importantes tienden a obtener los horarios menos cómodos de Misas.

[25] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 49: “Se ha hecho ver, con razón, que, dentro de las fronteras que fueron establecidas por los poderes coloniales, la coexistencia de grupos étnicos con diferentes tradiciones, lenguas e incluso religiones, se encuentra a menudo con obstáculos surgidos de una grave hostilidad mutua. 'Las oposiciones tribales ponen en peligro, si no la paz, al menos el esfuerzo por el bien común de la sociedad, y crean también dificultades para la vida de las Iglesias y la aceptación de pastores de otros grupos étnicos'. Esta es la razón por la que la Iglesia en Africa siente el desafío de la especial responsabilidad de sanar estas divisiones” ("Merito sane dictum est intra fines qui ex colonicis regiminibus manarunt, translaticiarum consuetudinum, sermonum et etiam religionum diversarum coniunctam exsistentiam saepe ob mutuas contentiones impedimento esse. 'Tribuum dissentiones in discrimen vocant, si non pacem, in universum societatis saltem bonum commune adipiscendum, atque difficultates quoque afferunt Ecclesiarum vitae necnon aliarum stirpium pastoribus recipiendis'. Quocirca Africana Ecclesia animadvertit se teneri certo officio has divisiones minuendi”). Este pasaje cita un documento de la Pontificia Comisión Justicia y Paz, La Iglesia ante el racismo. Para una sociedad más fraterna (1988).

[26] Juan XXIII, Constitución Apostólica Veterum Sapientia (1962), núm. 3: "Suae enim sponte naturae lingua Latina ad provehendum apud populos quoslibet omnem humanitatis cultum est peraccommodata: cum invidiam non commoveat, singulis gentibus se aequabilem praestet, nullius partibus faveat, omnibus postremo sit grata et amica".

[27] El Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICRSS) tiene un apostolado en la diócesis de Mouila, en Gabón, y la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) una en la diócesis de Orlu, en Nigeria. La forma extraordinaria existe en varios lugares en Sudáfrica gracias al trabajo de Una Voce Sudáfrica. El sitio web Wikimissa tiene una lista de clero diocesano que la celebra en Natitingou, Libreville, Gabón, y Bujumbara, Burundi. En otros países presta servicio la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), que también está presente en algunos de los países  ya mencionados: Yaounde y Douala, Camerún; Accra, Ghana; Mauritius; Nairobi y otros lugares en Keyna; La Reunion; Arivonimamo, Madagascar; Omaruru y Windhoek, Namibia; Kampala y otros lugares en Uganda; Dar es Salaam, Tanzania; Mansa, Zambia; y Harare y Tafara, Zimbabwe.

[28] Benedicto XVI, Carta a los Obispos que acompaña al motu proprio Summorum Pontificum (2007).

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