sábado, 4 de febrero de 2017

FIUV Position Paper 4: La orientación litúrgica

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 4 y que versa sobre la orientación litúrgica, cuyo original en inglés puede consultarse aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de abril de 2012. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del resumen (Abstract) que lo precede, así como una numeración (a y b) donde se desarrollan las perspectivas histórica y teológica relacionada con la orientación litúrgica. Finalmente, como nota de la Redacción, se indican algunas entradas relacionadas con el tema abordado por este Position Paper y publicadas con anterioridad en esta bitácora. 


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La orientación litúrgica

Resumen

La celebración ad orientem (hacia el Oriente) es una muy visible diferencia entre la Forma Extraordinaria y la mayoría de las celebraciones en la Forma Ordinaria del Rito Romano. Las celebraciones versus populum era conocidas en los primeros siglos y posteriormente en algunas iglesias (notablemente en la Basílica de San Pedro en Roma), pero la celebración ad orientem era más común y, en cualquier caso, el valor de la práctica no puede ser determinada exclusivamente por la práctica antigua. Más bien, como el Papa Benedicto ha argumentado, la celebración ad orientem enfatiza tanto la naturaleza escatológica de la liturgia como la orientación común del sacerdote y los fieles hacia el Señor, por oposición a un excesivo enfoque de los fieles en el sacerdote (y viceversa). También enfatiza la naturaleza sacrificial de la Misa. De todas estas maneras es central al carácter y valor de la Forma Extraordinaria como un todo.

Los comentarios a este texto pueden enviarse a positio@fiuv.

 S.E. Revma. Mons. Mark Davies, obispo de Shrewsbury (Inglaterra), celebrando ad orientem (Forma Extraordinaria)

Texto

1. Para el espectador corriente, una de las diferencias más impactantes entre la forma extraordinaria y la ordinaria del rito romano es la celebración de esta última, casi siempre, con el sacerdote de cara al pueblo (versus populum), en tanto que la primera se celebra con el sacerdote enfrentando la misma dirección que el pueblo (ad orientem, versus apsidem). Muchos se sorprenden cuando se les informa que la celebración de la forma ordinaria puede legítimamente realizarse ad orientem y, además, que el cambio en cuestión, que ha tenido un efecto tan profundo en los edificios eclesiásticos y en la arquitectura católicos, no se menciona en la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium (1963). El propósito de este ensayo es hacer un balance del valor de la práctica tradicional .

2. Vale la pena tomar nota, brevemente, de la posición actual de las normas de la Iglesia en este punto, en cuanto se refieren a la forma ordinaria. Las sucesivas ediciones reformadas del misal romano presuponen una celebración ad orientem, e indican al celebrante darse vuelta para enfrentar al pueblo cuando ello es necesario, pero dicen también que “cada vez que sea posible es deseable” la existencia de un altar separado de la pared [1]. Cuando ello no es posible, debido a la necesidad de preservar altares existentes con valor histórico o artístico o a la estrechez del espacio, se hace inevitable la celebración ad orientem.  Cuando es posible, se puede celebrar en cualquiera de las dos orientaciones. No existe, por lo tanto, justificación para la destrucción de altares históricos, para la creación de altares secundarios [2] o para hacer imposible la celebración ad orientem [3].

3. El tema de la orientación litúrgica necesita considerarse doblemente desde una perspectiva histórica (a) y una teológica (b).

 Fresco con vista interior de la antigua Basílica de San Pedro en el S. IV
(Foto: Wikimedia Commons)

(a) La cuestión histórica

4. El importante estudio de Otto Nussbaum, que pretendió demostrar que la celebración versus populum fue la norma durante los cuatro primeros siglos de la Cristiandad, inclinó la prueba en favor de las celebraciones versus populum cada vez que los datos de la arqueología no las hicieran imposibles, argumentando que la celebración ad orientem enfatiza la naturaleza sacrificial de la Eucaristía, énfasis que es resultado de un desarrollo más tardío [4]. Contra este argumento puede decirse no sólo que el aspecto sacrificial de la Eucaristía es enfatizado por algunos testigos muy antiguos [5], sino que concebir la Eucaristía como una cena compartida no habría, de hecho, formado en la mente de los cristianos de los primeros siglos la idea de sentarse en lados opuestos de la mesa, sino que en ellos surgió, más bien, la representación de un conjunto de personas inclinándose hacia la misma dirección [6], tal como lo muestra el arte cristiano primitivo [7].

5. Es verdad que durante los cuatro primeros siglos se construyó algunas iglesias de tal modo que el celebrante miraba hacia la nave por encima del altar, y que se las orientó otras veces de tal modo que la puerta principal quedaba al oriente y el ábside en el occidente. No está muy claro cómo se actuó en tales casos. Si se recuerda la poderosa tradición de la oración hacia el Oriente, una posibilidad es que los fieles, para la anáfora, se dieran vuelta hacia el Oriente, dando la espalda al altar [8]. Otra es que ellos no se situaran en la nave central sino principalmente en las naves laterales, desde las cuales podían dar vuelta la cabeza desde el altar hacia el Oriente [9]. Una tercera posibilidad es que, en las iglesias con puertas situadas al oriente, el celebrante pudiera en muchos casos celebrar ad apsidem, orientado hacia un “Oriente litúrgico”, indicado por los espléndidos mosaicos del ábside [10]. La arqueología no sirve mucho de guía en este punto.

6. Resulta claro que el ejemplo de la basílica de San Pedro del Vaticano en Roma fue seguido en el diseño de muchas otras iglesias [11], pero la configuración arquitectónica de esa propia basílica estuvo determinado, en cada una de las etapas de su desarrollo, por la relación entre el altar y la Confessio, es decir, la tumba de San Pedro. Este muy especial problema de diseño fue resuelto poniendo las puertas de la basílica al oriente, con lo cual la celebración tenía que realizarse de cara a la nave. Se dio una situación similar en otras iglesias con santuarios importantes, especialmente en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén [12]. Por lo tanto, estos venerables ejemplos de diseño de templos no pueden servir de argumento para decidir cuál es la práctica cristiana más antigua, ni cuáles eran las actitudes de aquellos tiempos en materia de participación litúrgica.

7. Finalmente, se debe tomar en cuenta que la celebración versus populum en la disposición de las grandes basílicas romanas de los primeros siglos no tiene los significados pastorales o litúrgicos que en ella desearían encontrar a veces los partidarios de la celebración versus populum. En aquellos tiempos la distancia entre el altar y la mayor parte de los fieles y la antigua práctica de orar mirando hacia arriba constituían un obstáculo para la sensación de intimidad doméstica, el contacto visual o la visión clara de las ceremonias. De hecho, en los primeros siglos no se realizaban ceremonias en el altar durante la anáfora [13].

8. Aunque en los primeros tiempos se dio en verdad la celebración versus populum, ella constituyó una práctica minoritaria y no hay razón alguna para considerarla como una norma [14]. Tal como hemos dicho en el Position Paper 3, el papa Pío XII nos previene contra deseo de privilegiar las prácticas antiguas por sobre los desarrollos posteriores [15]. La clave del asunto reside en la racionalidad teológica de la práctica tradicional evolucionada. 

 El Siervo de Dios Pío XII celebrando la Santa Misa en su oratorio privado

(b) La cuestión teológica.

9. El culto de cara al oriente es un culto de cara al Señor, porque de acuerdo con la antigua tradición, el Señor se fue hacia el oriente y ha de regresar de nuevo desde el Oriente [16]. El sol levante tiene, por este motivo, un profundo simbolismo. Volverse al Oriente, por lo tanto, introduce en la liturgia un importante elemento escatológico: la espera del regreso del Señor. Y expresa también cuál es la dirección del viaje que el pueblo ha emprendido: es hacia el Señor [17]. Como el Cardenal Christoph Schönborn lo ha dicho, la celebración ad orientem manifiesta la actitud de adorar “obviam Sponso”, “de cara al Esposo” y, por ahí, “el encuentro con el Esposo, y una anticipación de la venida final de Cristo” [18].

10. Además del simbolismo del Oriente nos encontramos con el tema del sacerdote y los fieles orando en la misma dirección, es decir, de su unidad en la oración. Yuxtaponiendo las dos ideas, el Santo Padre [Benedicto XVI] escribe:

"Por un lado, un común volverse hacia el oriente durante la Plegaria Eucarística sigue siendo esencial. Esta no es una cuestión de accidentes, sino de substancias. Mirar al sacerdote no tiene ninguna importancia. Lo que importa es que todos juntos miren al Señor. No se trata de una cuestión de diálogo sino de culto en común, de ponerse en movimiento hacia el Uno que ha de venir. Lo que conviene a la realidad de lo que tiene lugar no es un círculo cerrado, sino un común movimiento hacia adelante expresado en una común orientación de la oración" [19].

11. Otra consideración que hay que hacer es el simbolismo del sacrificio: la comunidad reunida, que no es un círculo cerrado, se abre para ofrecer un sacrificio a Dios [20]. Según lo enfatiza particularmente la forma extraordinaria, el sacerdote ofrece el Sacrificio de la Misa al Padre, en tanto que los fieles se unen a ese Sacrificio. Como ha observado Klaus Gamber: "[l]a persona que hace la ofrenda está de frente al Uno que la recibe, y por eso está delante del altar, posicionado ad Dominum, de frente al Señor" [21].


El rechazo de la celebración ad orientem por los reformadores protestantes más próximos a la Low Church y su recuperación por los movimientos “pro-católicos” dentro del Anglicanismo es útil para subrayar su importancia simbólica [22].

12. En este sentido es esencial distinguir el ofrecimiento del Sacrificio que hace a Dios el sacerdote, mirando al oriente, y la ostensión que hace el Sacerdote de la Hostia Consagrada a los fieles (cuando proclama el Agnus Dei), como asimismo las oraciones sacerdotales a Dios, hechas de cara al oriente, y las veces que se dirige a los fieles (Dominus vobiscum). En estas últimas oportunidades, el sacerdote se da vuelta muy visiblemente hacia el pueblo, gesto que es posible sólo si ha estado de cara ad absidem. Este contraste es enfatizado por Max Thurian en un artículo publicado en Notitiae:

“Cualquiera sea la estructura arquitectónica del templo, estas dos actitudes complementarias deben ser respetadas […] A menudo la celebración entera es desarrollada como si fuera una conversación y diálogo en que ya no hay espacio alguno para la adoración, la contemplación y el silencio. El hecho de que los celebrantes y los fieles estén constantemente vueltos unos hacia otros encierra la liturgia en sí misma” [23].

13. El peligro de la celebración versus populum que se transforma en una “conversación”, en una interrelación excesiva y en un contacto visual entre el celebrante y los fieles, queda también enfatizado por el papa Benedicto XVI [24]. La celebración ad orientem evita subrayar la personalidad del sacerdote, y mantiene la característica esencial de la forma extraordinaria.

 S.E. Revma. Mons Edward James Slattery, obispo emérito de Tulsa (EE.UU.), celebrando conforme al Usus antiquior en Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington
(Foto: CNS/Catholic Herald)

Conclusión

14. El uso en la forma extraordinaria de la celebración ad orientem es la valiosa preservación de una práctica venerable que tiene una gran resonancia simbólica. Como la Instrucción Il Padre incomprensibile lo subraya, teniendo en vista la tradición oriental: “[n]o es una cuestión, como a menudo se piensa, de presidir la celebración con la espalda vuelta hacia el pueblo, sino de guiar al pueblo en la peregrinación hacia el Reino, que se invoca en la oración hasta el regreso del Señor. Esta práctica […] es, pues, de un profundo valor y debe ser protegida […]” [25].

15. Dejemos la última palabra al Cardenal Schönborn:

 “¡Cuán importantes son tales signos para la “encarnación” de la fe! La oración común de sacerdote y fieles ad orientem conecta esta “orientación” cósmica con la fe en la Resurrección de Cristo, el sol invictus, y con su Parousia en gloria”[26].



[1] Instrucción general del misal romano (2002), núm. 299: “Altare exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedi ubicumque possibile sit” (“Constrúyase el altar separado de la pared para que se pueda fácilmente caminar a su alrededor y celebrar de cara al pueblo –lo que es deseable cuando sea posible-”). “Quod” (“lo que”) se refiere, naturalmente, a la primera cláusula de la frase, no a la segunda, que le está subordinada. Véase Cullen, C. M./Koterski, J. W., “‘The New IGMR and Mass versus populum”, Homiletic and Pastoral Review, junio de 2001, pp. 51-54. Cfr. Instrucción Inter Oecumenici (1964): “Es mejor que se construya el altar mayor alejado de la pared para poder caminar fácilmente a su alrededor y celebrar de cara a pueblo” ("Praestat ut altare maius exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit") [AAS 56 (1967), p. 375]. En cambio, véase el Decreto de la Sagrada Congregación  de los Ritos Sanctissimam Eucharistiam (1957), núm. 4: “En las iglesias donde hay sólo un altar, éste no debe ser construido de modo tal que el sacerdote tenga que celebrar de cara al pueblo” (“In ecclesiis, ubi unicum extat altare, hoc nequit ita aedificari, ut sacerdos celebret versus populum”). El decreto se refiere a la posición del tabernáculo en relación con el altar.

[2] “Debe considerarse aquellos casos en que el presbiterio no permite la colocación del altar de cara al pueblo o en que no sería posible mantener el altar existente con su ornamentación intacta, y en que un altar colocado mirando hacia el pueblo pudiera ser tomado como el altar principal. En tales casos es más fiel a la naturaleza de la liturgia celebrar en el altar existente, de espaldas al pueblo, que tener dos altares en el mismo presbiterio. El principio de que haya un solo altar es teológicamente más importante que la práctica de celebrar de cara al pueblo” (Editorial de Notitiae 29 [1993], p. 249).

[3] No es poco común que las celebraciones de la forma extraordinaria exijan plataformas construidas especialmente para hacer posible la celebración ad orientem.

[4] Nussbaum, O., Der Standort des Liturgen (Bonn, Hanstein, 1965). Este libro es analizado por Lang, U. M., Turning towards the Lord: Orientation in Liturgical Prayer (San Francisco, Ignatius Press, 2004), pp 56-64 [hay traducción española: Volverse hacia el Señor, Madrid, Cristiandad, 2007].

[5] Especialmente en la Didaché y en la Primera Carta de Clemente.

[6] Ratzinger, J., The Spirit of Liturgy (San Francisco, Ignatius Press, 2000), p. 78.

[7] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 61.

[8] Esta hipótesis ha sido propuesta por Bouyer, L., Liturgy and Architecture (Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1967), pp. 55-56.

[9] Hipótesis de Gamber, K., Liturgie und Kirchenbau (Regensburg, Pustet, 1976), pp. 23-25.

[10] Hipótesis de Lang, Turning towards the Lord, cit., pp. 84-85.

[11] Especialmente las iglesias estacionales de Roma: Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., p. 77.

[12] Véase Nichols, A., Looking at the Liturgy: a critical view of its contemporary form (San Francisco, Ignatius Press, 1996), p. 94.

[13] Bouyer, Liturgy and Architecture, cit., pp. 60-70.

[14] Para un análisis de las pruebas, véase Moreton, M. J., “Eis anatolas blepsete: Orientation as a Liturgical Principle”, Studia Patristica 18 (1982), pp. 575-590.

[15] Pío XII, Encíclica Mediator Dei (1947), núm. 61: “Ciertamente la liturgia de los primeros siglos es digna de toda veneración. Pero los usos antiguos no deben ser considerados más convenientes y adecuados, ya sea por derecho propio o por su significación, para los nuevos tiempos y situaciones sólo sobre la base de que conllevan un sabor y aroma de antigüedad. Los ritos litúrgicos más recientes merecen reverencia y respeto. Ellos también han sido inspirados por el Espíritu Santo, que asiste a la Iglesia en todas las épocas, hasta la consumación del mundo, y son igualmente recursos que usa la ínclita Esposa de Jesucristo para promover y procurar la santidad del hombre” ("Haec eadem iudicandi ratio tenenda est, cum de conatibus agitur, quibus nonnulli enituntur quoslibet antiquos ritus ac caerimonias in usum evocare. Utique vetustae aetatis Liturgia veneratione procul dubio digna est; veruntamen vetus usus, non idcirco dumtaxat quod antiquitatem sapit ac redolet, aptior ac melio existimandus est vel in semet ipso, vel ad consequentia tempora novasque rerum condiciones quod attinet. Recentiores etiam liturgici ritus reverentia observantiaque digni sunt, quoniam Spiritus Sancti afflatu, qui novis tempore Ecclesiae adest ad consummationem usque saeculorum (cfr. Matth. 28,20), orti sunt; suntque iidem pariter opes, quibus ínclita Iesu Christi Sponsa utitur ad hominum sanctitatem excitandam procurandamque").

[16] Mt. 24, 27: “Porque así como el relámpago aparece en el oriente y se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre”. Véase Germano de Constantinopla, Historia ecclesiastica et mystica contemplatio (PG 98, p. 334 B). Véase Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 37.

[17] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 97.

[18] Schönborn, C., Loving the Church: Spiritual exercises preached in the presence of Pope John Paul II (San Francisco, Ignatius Press, 1996), p. 205.

[19] Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., p. 81. El Santo Padre cita a Josef Andreas Jungmann, “uno de los padres de la Constitución sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II”, sobre la importancia de la dirección de la oración (p. 80).

[20] Cfr. Nichols, Looking at the Liturgy, cit., p. 97.

[21] Gamber, K., The Reform of the Roman Liturgy (San Juan Capistrano, Una Voce Press, 1993), p. 178.

[22] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 110. Cfr. Jungmann, J. A., “Review of Nussbaum Der Standort des Liturgen”m, ZKTh 88 (1966) pp. 445-450, especialmente p. 448.

[23] Thurian, M., “La Liturgie, contemplation du mystère”, Notitiae 32 (1996), p. 692 (reimpreso en inglés en L’Osservatore Romano, 24 de junio de 1996, p. 2).

[24] “En realidad lo que ocurrió fue que apareció en escena una clericalización sin precedentes. Ahora el sacerdote –el que 'preside', como se prefiere decir ahora- se convierte en el auténtico punto de referencia de toda la liturgia. Todo depende de él. Tenemos que mirarlo, responderle, involucrarnos en lo que hace. Su creatividad lo sostiene todo… Dios está cada vez menos en el cuadro. Cada vez es más importante lo que se hace por los seres humanos que se reúnen aquí y que no gustan de someterse a 'libretos pre-determinados'” (Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., pp. 80-81).

[25] Instrucción Il Padre, incomprensibile (1996), núm. 107.

[26] Schönborn, Loving the Church, cit., p. 205.


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Nota de la Redacción: Sobre la orientación del sacerdote durante la celebración de la Santa Misa hemos tratado en varias entradas. Véase aquí, aquí, aquíaquíaquí y aquí

jueves, 2 de febrero de 2017

Acerca de las Misas de campaña (tercera parte)

Con la presente entrada cerramos de momento la serie dedicada a las Misas de campaña. Ella se inició con la traducción de un artículo del Dr. Peter Kwasniewski aparecido en The New Liturgical Movement referido a esta clase de Misas y al cuidado que debe observarse en su celebración. En respuesta a la llamada que hacía su autor para que los lectores enviasen a la Redacción fotografías de Misas tradicionales celebradas a cielo abierto, se publicaron en el mismo sitio otros dos artículos sobre el tema, cuya traducción fue ofrecida a nuestros lectores en la segunda entrega de esta serie, donde también se incluyó un artículo relativo a una Misa de campaña celebrada conforme a los libros reformados y con toda la dignidad que requiere el Santo Sacrificio. 


Confesión durante una Misa de campaña celebrada en la peregrinación a Chartres de 1927

Esta última parte es un anexo preparado por la Redacción como epílogo a las dos entradas anteriores y se compone de cuatro partes: en la primera se transcriben las normas referidas a la celebración de las Misas de campaña según la liturgia tradicional y reformada; en la segunda se muestran unas fotografías de Joseph Ratzinger celebrando una Misa de campaña poco tiempo después de haberse ordenado sacerdote; en la tercera se recuerda una imagen que ha circulado en Internet con ocasión de su reciente beatificación, en la que aparece Óscar Romero, entonces un joven sacerdote, celebrando la Misa en el interior de El Salvador; en el tercero se reproducen algunas fotos de una Misa celebrada en un apostadero de la Armada Argentina en la Patagonia; en la quinta, en fin, se recopilan algunas fotografías de Misas de campaña celebradas a lo largo de la historia de Chile. 


Misa de campaña organizada por la Comunidad de la Misa tradicional de la parroquia de San Juan de Little Rock (Arkanas, Estados Unidos) con ocasión de la fiesta de su patrono
(Foto: Catholicvs)


Por cierto, dejamos hecho la llamada para que nos envíen fotografías de Misas de campaña celebradas ya según la forma ordinaria, ya según la forma extraordinaria, donde se muestre un especial cuidado en la celebración como prueba de que el Santo Sacrificio debe celebrase con toda la dignidad que se merece sin importar las circunstancias materiales que lo rodean. El envío debe hacerse a magnificatunavocechile@gmail.com. 


Misa tradicional celebrada durante un campamento scout en Polonia
(Foto: Catholicvs)


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I. Sobre el lugar de celebración de la Santa Misa

El Código de Derecho Canónico de 1917 identificaba el altar móvil o portátil con la piedra, generalmente pequeña, que era consagrada ella sola (de ahí su nombre de ara portátil o piedra consagrada), o bien con la misma piedra con la base, pero ésta no consagrada juntamente con aquella (canon 1197, § 2). El tamaño de dicha piedra tenía que ser suficiente para que sobre ella cupiesen la hostia y la mayor parte del cáliz (canon 1198, § 2). Con todo, la regla general era que la Santa Misa debía celebrarse sobre un ara consagrada y en iglesia u oratorio consagrado o bendecido (canon 822, § 1). De esta manera, el altar portátil constituía un privilegio que se concedía o por derecho o por indulto reservado a la Sede Apostólica (canon 822, § 2). Este privilegio llevaba consigo la facultad de celebrar dondequiera, siempre que fuese en un lugar decoroso y sobre piedra sagrada, pero no en el mar (canon 822, § 3). Para celebrar la Santa Misa en el mar era necesario un indulto especial de la Santa Sede; por derecho común gozaban de ese privilegio los cardenales y obispos (cánones 239, § 1, núm. 8°, y 349, § 1, núm. 1°). Además, el ordinario local o, si se tratada de una casa de religión exenta, el superior mayor podían, con causa justa y razonable, en algún caso extraordinario y a manera de acto (vale decir, no habitualmente), conceder licencia para celebrar fuera de iglesia u oratorio, sobre ara consagrada y en lugar decoroso, pero nunca en un dormitorio (canon 822, § 4). Esa licencia no significaba que se podía celebrar una sola Misa, sino simplemente que ella no podría convertir la celebración litúrgica fuera de una iglesia en la regla general. Las facultades concedidas a los ordinarios por el código fueron ampliadas con el motu proprio Pastorale Munus (1963) del papa Pablo VI. Por ejemplo, dicho documento permitió que la autorización fuese concedida también para celebrar habitualmente fuera de una iglesia si existía causa notablemente grave, fuese para los fieles o para el sacerdote (núm. 7).



Con la reforma litúrgica, estas reglas cambiaron y esta nueva disciplina quedó reflejada en el Código de Derecho Canónico de 1983. En la actualidad, por altar móvil se entiende aquel que puede trasladarse de lugar, y conviene que haya uno al menos de esta clase en todos los lugares destinados a celebraciones sagradas (canon 1235). El altar móvil puede ser de cualquier materia sólida, que esté en consonancia con el uso litúrgico (canon 1236, § 2), y debe estar dedicado o bendecido conforme a los libros litúrgicos (canon 1237, § 1). No existe en la actualidad una exigencia imperiosa de celebrar la Santa Misa en una iglesia: basta que ella se haga en un lugar sagrado (cfr. canon 1205), a no ser que, en un caso particular, la necesidad exija otra cosa, bastando entonces que se realice en un lugar digno (canon 932, § 1). Ahora bien, la celebración del Sacrificio eucarístico debe hacerse sobre un altar dedicado o bendecido; pudiendo emplearse, fuera de un lugar sagrado, una mesa apropiada, aunque siempre sirviéndose de mantel (con la forma, medida y ornato correspondiente) y corporal (canon 932, § 2). Por normas especiales, se excluye como lugar digno tanto los dormitorios como el comedor. 


Misa tradicional celebrada el 8 de mayo de 2015, día de la aparición del San Miguel Arcángel, durante una peregrinación de scouts al monte de ese nombre situado en la región francesa de Normandía
(Foto: Catholicvs


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II. Joseph Ratzinger celebrado una Misa de campaña

Existe un testimonio gráfico de una Misa de campaña celebrada por un joven sacerdote alemán, el Rvdo. Joseph Ratzinger, el 17 de agosto de 1952 en las montañas de Baviera. Quien llegaría a ser el 265 sucesor de San Pedro había sido ordenado el 29 de junio del año anterior junto a su hermano Georg en la catedral de Frisinga. 




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III. El beato Óscar Romero celebrado una Misa de campaña

La siguiente imagen muestra al joven sacerdote Óscar Romero y Galdámez (1917-1980), ordenado en Roma el 14 de abril de 1942, celebrando una Misa de campaña hacia mediados de la década de 1950. Quien llegaría a ser Arzobispo de San Salvador, fue elevado a los altares como beato por el papa Francisco en 2015.


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IV. Una Misa de campaña en la Patagonia argentina


El sitio Catholicvs ha publicado una entrada con fotografías de la Santa Misa celebrado por Fray Guido Casillo OP en Puerto Parry, un apostadero naval de la Armada Argentina situado en la isla de los Estados, perteneciente al departamento Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (Argentina). Fundado en 1978 para la protección de la isla de los Estados durante el Conflicto del Beagle entre Chile y Argentina, Puerto Parry está habitado por tan sólo cuatro militares a cargo del puesto de vigilancia y control de tránsito marítimo Comandante Luis Piedrabuena, que son relevados cada 45 días. Las bellas imágenes que aquí se reproducen fueron tomadas el pasado jueves 9 de febrero de  2017, fiesta de San Cirilo de Alejandría, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia, durante la Santa Misa Tridentina oficiada por el sacerdote dominico en la referida base naval. 







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V. Las Misas de campaña en Chile

En fin, les ofrecemos como epílogo algunas imágenes de Misas de campaña celebradas en Chile. 


Primera Misa en Chile. Óleo sobre lienzo, pintado por Pedro Subercaseaux Errázuriz, en 1904. Muestra la Santa Misa celebrada en 1536 al llegar Diego de Almagro al Valle de Copiapó. Pertenece a la colección del Museo Histórico Nacional de Chile. Desde 1974, se encuentra como préstamo en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile.


Misa de campaña celebrada por las víctimas del incendio de la Iglesia de la Compañía en Santiago de Chile (1864)


Misa de campaña celebrada después del terremoto de 1906 en Llay-Llay

Misa de campaña con ocasión del juramento a la bandera del Regimiento Maipo de Valparaíso (1916)

Misa celebrada al aire libre después del terremoto que afectó a la ciudad de Talca el 1° de diciembre de 1928

Caleta Buena (Provincia de Tarapacá), Misa de Campaña con ocasión del 21 de mayo, día de las Glorias Navales. La foto es anterior a 1929, cuando un voraz incendio destruyó buena partes del pueblo, el que fue abandonado durante la década de 1940.

Santa Misa celebrada en la ciudad de Tacna en 1929, año de su reincorporación a Perú


San Alberto Hurtado celebrado la Santa Misa abordo de un barco mercante, probablemente durante su regreso a Chile en 1936

Santa Misa celebrada a inicio de la década de 1940 a los pies del Cristo Redentor, ubicado en la frontera chileno-argentina a 3854 msnm. Celebra el R.P. Manuel Sirot, superior de los Asuncionistas, acompañado por la comunidad de los Hermanos Maristas de la ciudad de Los Andes. 


Primera Comunión celebrada al aire libre en la ciudad de Santiago de Chile (década de 1940)


Misa por la fiesta de la Inmaculada Concepción durante la Campaña de Pucón (1943)

Santa Misa celebrada en la Plaza Yungay  de Valparaíso (1947)


Misa de campaña celebrada en los cimientos de la iglesia del antiguo pueblo de El Palqui (1948)


Misa celebrada en el atrio de la Catedral de Concepción después del terremoto de 1960


Misa celebrada en la base O'Higgings, Antártica Chilena, en 1960


Misa de campaña celebrada por el Rvdo. Mario Grandón, párroco de la zona de Buin y Paine, con ocasión del bicentenario de la constitución de la Primera Junta de Gobierno (2010)



Las tres fotografías precedenetes muestran la Misa de campaña celebrada por S.E.R. Juan Barros Madrid, Obispo Castrense, en el Cuartel Militar de Portillo de la Escuela de Montaña. La Misa fue dicha en acción de gracias por la conquista del Monte Everest por parte de tres efectivos de dicho destacamento




Santa Misa celebrada en la Bahía Fortescue, uno de los puntos más australes del continente americano,
 el 16 de noviembre de 2017 en conmemoración de la primera Misa rezada en territorio chileno. Ella tuvo lugar el 11 de noviembre de 1520 y fue oficiada por Fray Pedro Valderrama, capellán de la flota de Hernando de Magallanes. 



 Misa de campaña celebrada durante una campaña de entrenamiento del Ejército chileno realizada cerca de la ciudad de Iquique 

Créditos de las fotografías: Las imágenes antiguas que forman parte de los distintos anexos han sido tomadas del sitio Ceremonia y rúbrica de la Iglesia española y Memoria Chilena. Las tres fotos de la Misa celebrada en medio de la cordillera fueron publicadas originalmente en el diario electrónico Andes online, y las tres últimas en el sitio oficial de la Armada de Chile. La Misa del Regimiento Maipo fue publicada originalmente en la bitácora Iglesias católicas de Chile. La Misa durante la campaña del Ejército en Pucón proviene del sitio Enterreno, y aquella de la campaña de Iquique está tomada del Obispado Castrense


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Actualización [15 de febrero de 2017]: Hemos revisado el cuerpo de esta entrada con el fin de incluir un nuevo anexo IV, dedicado a la Misa de campaña celebrada según la forma extraordinaria en la Patagonia argentina, desplazando así el último anexo (ahora V) sobre esta clase de Misas en la historia de Chile. Reiteramos a nuestros lectores la solicitud para que nos envíen fotos de Misas de campaña a nuestro correo electrónico (magnificatunavocechile@gmail.com).

Actualización [22 de noviembre de 2017]: En el último anexo (V) de esta entrada se han añadido tres fotografías de la Santa Misa celebrada el pasado 16 de noviembre, tras ocho horas de navegación por el Estrecho de Magallanes, para recordar la primera Misa rezada en Chile. Reiteramos a nuestros lectores la solicitud para que nos envíen fotos de Misas de campaña a nuestro correo electrónico (magnificatunavocechile@gmail.com), y agradecemos a quien nos ha hecho llegar el enlace que ha permitido esta actualización.