sábado, 4 de febrero de 2017

FIUV Position Paper 4: La orientación litúrgica

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 4 y que versa sobre la orientación litúrgica, cuyo original en inglés puede consultarse aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de abril de 2012. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede, así como una numeración (a y b) donde se desarrollan las perspectivas histórica y teológica relacionada con la orientación litúrgica. Finalmente, como nota de la Redacción, se indican algunas entradas relacionadas con el tema abordado por este Position Paper y publicadas con anterioridad en esta bitácora. 


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La orientación litúrgica

Sumario


La celebración ad orientem (hacia el Oriente) es una muy visible diferencia entre la Forma Extraordinaria y la mayoría de las celebraciones en la Forma Ordinaria del Rito Romano. Las celebraciones versus populum era conocidas en los primeros siglos y posteriormente en algunas iglesias (notablemente en la Basílica de San Pedro en Roma), pero la celebración ad orientem era más común y, en cualquier caso, el valor de la práctica no puede ser determinada exclusivamente por la práctica antigua. Más bien, como el Papa Benedicto ha argumentado, la celebración ad orientem enfatiza tanto la naturaleza escatológica de la liturgia como la orientación común del sacerdote y los fieles hacia el Señor, por oposición a un excesivo enfoque de los fieles en el sacerdote (y viceversa). También enfatiza la naturaleza sacrificial de la Misa. De todas estas maneras es central al carácter y valor de la Forma Extraordinaria como un todo.

Los comentarios a este texto pueden enviarse a positio@fiuv.

 S.E. Revma. Mons. Mark Davies, obispo de Shrewsbury (Inglaterra), celebrando ad orientem (Forma Extraordinaria)

Texto

1. Para el espectador corriente, una de las diferencias más impactantes entre la forma extraordinaria y la ordinaria del rito romano es la celebración de esta última, casi siempre, con el sacerdote de cara al pueblo (versus populum), en tanto que la primera se celebra con el sacerdote enfrentando la misma dirección que el pueblo (ad orientem, versus apsidem). Muchos se sorprenden cuando se les informa que la celebración de la forma ordinaria puede legítimamente realizarse ad orientem y, además, que el cambio en cuestión, que ha tenido un efecto tan profundo en los edificios eclesiásticos y en la arquitectura católicos, no se menciona en la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium (1963). El propósito de este ensayo es hacer un balance del valor de la práctica tradicional .

2. Vale la pena tomar nota, brevemente, de la posición actual de las normas de la Iglesia en este punto, en cuanto se refieren a la forma ordinaria. Las sucesivas ediciones reformadas del misal romano presuponen una celebración ad orientem, e indican al celebrante darse vuelta para enfrentar al pueblo cuando ello es necesario, pero dicen también que “cada vez que sea posible es deseable” la existencia de un altar separado de la pared [1]. Cuando ello no es posible, debido a la necesidad de preservar altares existentes con valor histórico o artístico o a la estrechez del espacio, se hace inevitable la celebración ad orientem.  Cuando es posible, se puede celebrar en cualquiera de las dos orientaciones. No existe, por lo tanto, justificación para la destrucción de altares históricos, para la creación de altares secundarios [2] o para hacer imposible la celebración ad orientem [3].

3. El tema de la orientación litúrgica necesita considerarse doblemente desde una perspectiva histórica (a) y una teológica (b).

 Fresco con vista interior de la antigua Basílica de San Pedro en el S. IV
(Foto: Wikimedia Commons)

(a) La cuestión histórica

4. El importante estudio de Otto Nussbaum, que pretendió demostrar que la celebración versus populum fue la norma durante los cuatro primeros siglos de la Cristiandad, inclinó la prueba en favor de las celebraciones versus populum cada vez que los datos de la arqueología no las hicieran imposibles, argumentando que la celebración ad orientem enfatiza la naturaleza sacrificial de la Eucaristía, énfasis que es resultado de un desarrollo más tardío [4]. Contra este argumento puede decirse no sólo que el aspecto sacrificial de la Eucaristía es enfatizado por algunos testigos muy antiguos [5], sino que concebir la Eucaristía como una cena compartida no habría, de hecho, formado en la mente de los cristianos de los primeros siglos la idea de sentarse en lados opuestos de la mesa, sino que en ellos surgió, más bien, la representación de un conjunto de personas inclinándose hacia la misma dirección [6], tal como lo muestra el arte cristiano primitivo [7].

5. Es verdad que durante los cuatro primeros siglos se construyó algunas iglesias de tal modo que el celebrante miraba hacia la nave por encima del altar, y que se las orientó otras veces de tal modo que la puerta principal quedaba al oriente y el ábside en el occidente. No está muy claro cómo se actuó en tales casos. Si se recuerda la poderosa tradición de la oración hacia el Oriente, una posibilidad es que los fieles, para la anáfora, se dieran vuelta hacia el Oriente, dando la espalda al altar [8]. Otra es que ellos no se situaran en la nave central sino principalmente en las naves laterales, desde las cuales podían dar vuelta la cabeza desde el altar hacia el Oriente [9]. Una tercera posibilidad es que, en las iglesias con puertas situadas al oriente, el celebrante pudiera en muchos casos celebrar ad apsidem, orientado hacia un “Oriente litúrgico”, indicado por los espléndidos mosaicos del ábside [10]. La arqueología no sirve mucho de guía en este punto.

6. Resulta claro que el ejemplo de la basílica de San Pedro del Vaticano en Roma fue seguido en el diseño de muchas otras iglesias [11], pero la configuración arquitectónica de esa propia basílica estuvo determinado, en cada una de las etapas de su desarrollo, por la relación entre el altar y la Confessio, es decir, la tumba de San Pedro. Este muy especial problema de diseño fue resuelto poniendo las puertas de la basílica al oriente, con lo cual la celebración tenía que realizarse de cara a la nave. Se dio una situación similar en otras iglesias con santuarios importantes, especialmente en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén [12]. Por lo tanto, estos venerables ejemplos de diseño de templos no pueden servir de argumento para decidir cuál es la práctica cristiana más antigua, ni cuáles eran las actitudes de aquellos tiempos en materia de participación litúrgica.

7. Finalmente, se debe tomar en cuenta que la celebración versus populum en la disposición de las grandes basílicas romanas de los primeros siglos no tiene los significados pastorales o litúrgicos que en ella desearían encontrar a veces los partidarios de la celebración versus populum. En aquellos tiempos la distancia entre el altar y la mayor parte de los fieles y la antigua práctica de orar mirando hacia arriba constituían un obstáculo para la sensación de intimidad doméstica, el contacto visual o la visión clara de las ceremonias. De hecho, en los primeros siglos no se realizaban ceremonias en el altar durante la anáfora [13].

8. Aunque en los primeros tiempos se dio en verdad la celebración versus populum, ella constituyó una práctica minoritaria y no hay razón alguna para considerarla como una norma [14]. Tal como hemos dicho en el Position Paper 3, el papa Pío XII nos previene contra deseo de privilegiar las prácticas antiguas por sobre los desarrollos posteriores [15]. La clave del asunto reside en la racionalidad teológica de la práctica tradicional evolucionada. 

 El Siervo de Dios Pío XII celebrando la Santa Misa en su oratorio privado

(b) La cuestión teológica.

9. El culto de cara al oriente es un culto de cara al Señor, porque de acuerdo con la antigua tradición, el Señor se fue hacia el oriente y ha de regresar de nuevo desde el Oriente [16]. El sol levante tiene, por este motivo, un profundo simbolismo. Volverse al Oriente, por lo tanto, introduce en la liturgia un importante elemento escatológico: la espera del regreso del Señor. Y expresa también cuál es la dirección del viaje que el pueblo ha emprendido: es hacia el Señor [17]. Como el Cardenal Christoph Schönborn lo ha dicho, la celebración ad orientem manifiesta la actitud de adorar “obviam Sponso”, “de cara al Esposo” y, por ahí, “el encuentro con el Esposo, y una anticipación de la venida final de Cristo” [18].

10. Además del simbolismo del Oriente nos encontramos con el tema del sacerdote y los fieles orando en la misma dirección, es decir, de su unidad en la oración. Yuxtaponiendo las dos ideas, el Santo Padre [Benedicto XVI] escribe:

"Por un lado, un común volverse hacia el oriente durante la Plegaria Eucarística sigue siendo esencial. Esta no es una cuestión de accidentes, sino de substancias. Mirar al sacerdote no tiene ninguna importancia. Lo que importa es que todos juntos miren al Señor. No se trata de una cuestión de diálogo sino de culto en común, de ponerse en movimiento hacia el Uno que ha de venir. Lo que conviene a la realidad de lo que tiene lugar no es un círculo cerrado, sino un común movimiento hacia adelante expresado en una común orientación de la oración" [19].

11. Otra consideración que hay que hacer es el simbolismo del sacrificio: la comunidad reunida, que no es un círculo cerrado, se abre para ofrecer un sacrificio a Dios [20]. Según lo enfatiza particularmente la forma extraordinaria, el sacerdote ofrece el Sacrificio de la Misa al Padre, en tanto que los fieles se unen a ese Sacrificio. Como ha observado Klaus Gamber: "[l]a persona que hace la ofrenda está de frente al Uno que la recibe, y por eso está delante del altar, posicionado ad Dominum, de frente al Señor" [21].


El rechazo de la celebración ad orientem por los reformadores protestantes más próximos a la Low Church y su recuperación por los movimientos “pro-católicos” dentro del Anglicanismo es útil para subrayar su importancia simbólica [22].

12. En este sentido es esencial distinguir el ofrecimiento del Sacrificio que hace a Dios el sacerdote, mirando al oriente, y la ostensión que hace el Sacerdote de la Hostia Consagrada a los fieles (cuando proclama el Agnus Dei), como asimismo las oraciones sacerdotales a Dios, hechas de cara al oriente, y las veces que se dirige a los fieles (Dominus vobiscum). En estas últimas oportunidades, el sacerdote se da vuelta muy visiblemente hacia el pueblo, gesto que es posible sólo si ha estado de cara ad absidem. Este contraste es enfatizado por Max Thurian en un artículo publicado en Notitiae:

“Cualquiera sea la estructura arquitectónica del templo, estas dos actitudes complementarias deben ser respetadas […] A menudo la celebración entera es desarrollada como si fuera una conversación y diálogo en que ya no hay espacio alguno para la adoración, la contemplación y el silencio. El hecho de que los celebrantes y los fieles estén constantemente vueltos unos hacia otros encierra la liturgia en sí misma” [23].

13. El peligro de la celebración versus populum que se transforma en una “conversación”, en una interrelación excesiva y en un contacto visual entre el celebrante y los fieles, queda también enfatizado por el papa Benedicto XVI [24]. La celebración ad orientem evita subrayar la personalidad del sacerdote, y mantiene la característica esencial de la forma extraordinaria.

 S.E. Revma. Mons Edward James Slattery, obispo emérito de Tulsa (EE.UU.), celebrando conforme al Usus antiquior en Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington
(Foto: CNS/Catholic Herald)

Conclusión

14. El uso en la forma extraordinaria de la celebración ad orientem es la valiosa preservación de una práctica venerable que tiene una gran resonancia simbólica. Como la Instrucción Il Padre, incomprehensibile lo subraya, teniendo en vista la tradición oriental: “[n]o es una cuestión, como a menudo se piensa, de presidir la celebración con la espalda vuelta hacia el pueblo, sino de guiar al pueblo en la peregrinación hacia el Reino, que se invoca en la oración hasta el regreso del Señor. Esta práctica […] es, pues, de un profundo valor y debe ser protegida […]” [25].

15. Dejemos la última palabra al Cardenal Schönborn:

 “¡Cuán importantes son tales signos para la “encarnación” de la fe! La oración común de sacerdote y fieles ad orientem conecta esta “orientación” cósmica con la fe en la Resurrección de Cristo, el sol invictus, y con su Parousia en gloria”[26].



[1] Instrucción general del misal romano (2002), núm. 299: “Altare exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedi ubicumque possibile sit” (“Constrúyase el altar separado de la pared para que se pueda fácilmente caminar a su alrededor y celebrar de cara al pueblo –lo que es deseable cuando sea posible-”). “Quod” (“lo que”) se refiere, naturalmente, a la primera cláusula de la frase, no a la segunda, que le está subordinada. Véase Cullen, C. M./Koterski, J. W., “‘The New IGMR and Mass versus populum”, Homiletic and Pastoral Review, junio de 2001, pp. 51-54. Cfr. Instrucción Inter Oecumenici (1964): “Es mejor que se construya el altar mayor alejado de la pared para poder caminar fácilmente a su alrededor y celebrar de cara a pueblo” ("Praestat ut altare maius exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit") [AAS 56 (1967), p. 375]. En cambio, véase el Decreto de la Sagrada Congregación  de los Ritos Sanctissimam Eucharistiam (1957), núm. 4: “En las iglesias donde hay sólo un altar, éste no debe ser construido de modo tal que el sacerdote tenga que celebrar de cara al pueblo” (“In ecclesiis, ubi unicum extat altare, hoc nequit ita aedificari, ut sacerdos celebret versus populum”). El decreto se refiere a la posición del tabernáculo en relación con el altar.

[2] “Debe considerarse aquellos casos en que el presbiterio no permite la colocación del altar de cara al pueblo o en que no sería posible mantener el altar existente con su ornamentación intacta, y en que un altar colocado mirando hacia el pueblo pudiera ser tomado como el altar principal. En tales casos es más fiel a la naturaleza de la liturgia celebrar en el altar existente, de espaldas al pueblo, que tener dos altares en el mismo presbiterio. El principio de que haya un solo altar es teológicamente más importante que la práctica de celebrar de cara al pueblo” (Editorial de Notitiae 29 [1993], p. 249).

[3] No es poco común que las celebraciones de la forma extraordinaria exijan plataformas construidas especialmente para hacer posible la celebración ad orientem.

[4] Nussbaum, O., Der Standort des Liturgen (Bonn, Hanstein, 1965). Este libro es analizado por Lang, U. M., Turning towards the Lord: Orientation in Liturgical Prayer (San Francisco, Ignatius Press, 2004), pp 56-64 [hay traducción española: Volverse hacia el Señor, Madrid, Cristiandad, 2007].

[5] Especialmente en la Didaché y en la Primera Carta de Clemente.

[6] Ratzinger, J., The Spirit of Liturgy (San Francisco, Ignatius Press, 2000), p. 78.

[7] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 61.

[8] Esta hipótesis ha sido propuesta por Bouyer, L., Liturgy and Architecture (Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1967), pp. 55-56.

[9] Hipótesis de Gamber, K., Liturgie und Kirchenbau (Regensburg, Pustet, 1976), pp. 23-25.

[10] Hipótesis de Lang, Turning towards the Lord, cit., pp. 84-85.

[11] Especialmente las iglesias estacionales de Roma: Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., p. 77.

[12] Véase Nichols, A., Looking at the Liturgy: a critical view of its contemporary form (San Francisco, Ignatius Press, 1996), p. 94.

[13] Bouyer, Liturgy and Architecture, cit., pp. 60-70.

[14] Para un análisis de las pruebas, véase Moreton, M. J., “Eis anatolas blepsete: Orientation as a Liturgical Principle”, Studia Patristica 18 (1982), pp. 575-590.

[15] Pío XII, Encíclica Mediator Dei (1947), núm. 61: “Ciertamente la liturgia de los primeros siglos es digna de toda veneración. Pero los usos antiguos no deben ser considerados más convenientes y adecuados, ya sea por derecho propio o por su significación, para los nuevos tiempos y situaciones sólo sobre la base de que conllevan un sabor y aroma de antigüedad. Los ritos litúrgicos más recientes merecen reverencia y respeto. Ellos también han sido inspirados por el Espíritu Santo, que asiste a la Iglesia en todas las épocas, hasta la consumación del mundo, y son igualmente recursos que usa la ínclita Esposa de Jesucristo para promover y procurar la santidad del hombre” ("Haec eadem iudicandi ratio tenenda est, cum de conatibus agitur, quibus nonnulli enituntur quoslibet antiquos ritus ac caerimonias in usum evocare. Utique vetustae aetatis Liturgia veneratione procul dubio digna est; veruntamen vetus usus, non idcirco dumtaxat quod antiquitatem sapit ac redolet, aptior ac melio existimandus est vel in semet ipso, vel ad consequentia tempora novasque rerum condiciones quod attinet. Recentiores etiam liturgici ritus reverentia observantiaque digni sunt, quoniam Spiritus Sancti afflatu, qui novis tempore Ecclesiae adest ad consummationem usque saeculorum (cfr. Matth. 28,20), orti sunt; suntque iidem pariter opes, quibus ínclita Iesu Christi Sponsa utitur ad hominum sanctitatem excitandam procurandamque").

[16] Mt. 24, 27: “Porque así como el relámpago aparece en el oriente y se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre”. Véase Germano de Constantinopla, Historia ecclesiastica et mystica contemplatio (PG 98, p. 334 B). Véase Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 37.

[17] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 97.

[18] Schönborn, C., Loving the Church: Spiritual exercises preached in the presence of Pope John Paul II (San Francisco, Ignatius Press, 1996), p. 205.

[19] Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., p. 81. El Santo Padre cita a Josef Andreas Jungmann, “uno de los padres de la Constitución sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II”, sobre la importancia de la dirección de la oración (p. 80).

[20] Cfr. Nichols, Looking at the Liturgy, cit., p. 97.

[21] Gamber, K., The Reform of the Roman Liturgy (San Juan Capistrano, Una Voce Press, 1993), p. 178.

[22] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 110. Cfr. Jungmann, J. A., “Review of Nussbaum Der Standort des Liturgen”m, ZKTh 88 (1966) pp. 445-450, especialmente p. 448.

[23] Thurian, M., “La Liturgie, contemplation du mystère”, Notitiae 32 (1996), p. 692 (reimpreso en inglés en L’Osservatore Romano, 24 de junio de 1996, p. 2).

[24] “En realidad lo que ocurrió fue que apareció en escena una clericalización sin precedentes. Ahora el sacerdote –el que 'preside', como se prefiere decir ahora- se convierte en el auténtico punto de referencia de toda la liturgia. Todo depende de él. Tenemos que mirarlo, responderle, involucrarnos en lo que hace. Su creatividad lo sostiene todo… Dios está cada vez menos en el cuadro. Cada vez es más importante lo que se hace por los seres humanos que se reúnen aquí y que no gustan de someterse a 'libretos pre-determinados'” (Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., pp. 80-81).

[25] Instrucción Il Padre, incomprensibile (1996), núm. 107.

[26] Schönborn, Loving the Church, cit., p. 205.


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Nota de la Redacción: Sobre la orientación del sacerdote durante la celebración de la Santa Misa hemos tratado en varias entradas. Véase aquí, aquí, aquíaquíaquí y aquí

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