martes, 6 de junio de 2017

El rito ambrosiano

Hace algunos años, el historiador José Luis Comellas publicó un libro que recoge recuerdos de los viajes hechos durante el curso de vida. Entre ellos se incluye una visita a la Catedral de Milán en 2000, donde pudo asistir a una Misa pontifical celebrada según el rito ambrosiano. La cita de este extracto de sus memorias de viaje da pie para explicar someramente algo de la historia y particularidades de este venerable rito latino. 

Dice Comellas al describir el Duomo: 

Las cinco naves se adivinan ya sin dificultad desde fuera, porque la estructura queda reflejada en su misma fachada; y la coronación de la cúpula supone la coronación de ese bosque de mil pináculos, presididos ya en las regiones celestes, por la Madonina: no podía ser de otro modo. Y esta estructura se advierte nuevamente en el interior, amplio, elevado, con sus bóvedas de crucería, dicen que la más alta del mundo, y pueden serlo. Es un espíritu, permítaseme decirlo, aunque sea un disparate, ambrosiano, con la elegancia, la precisión de los conceptos, la elevación y la santidad de aquel luminoso padre de la Iglesia que tanto recuerdos dejó en Milán. Se me ocurre decirlo, quizá porque, justamente hoy, Domingo en Albis, acabo de escuchar la misa de pontifical en ambrosiano, una liturgia cantada en una suerte de pregregoriano llena de melismas y giros que son para mí completamente nuevos, con evidentes influjos de orientalismo presente en los primeros tiempos de la era cristiana: que Ambrosio fue al fin y al cabo dos siglos y medio anterior a Gregorio Magno. Una liturgia vivida y visible, pero desconocida para muchos, con un Credo después del ofertorio y una especie de Agnus Dei que precede a la bendición final. Se siente uno en otros tiempos. Salí de la catedral casi como si acabara de ganar el jubileo. 

 La catedral de Milán

Pues bien, el rito ambrosiano no recibe este apelativo porque fuese San Ambrosio su fundador, sino por el hecho de que él, como el obispo más célebre de esa sede metropolitana (374-397), personificó todas las grandes tradiciones religiosas y litúrgicas. Dicha denominación aparece por primera vez en el Ordo romanus XIX, de composición franca a finales del siglo VIII y, casi cien años después, en Walfrido Estrabón (808-849), que fue el primero en presentar la idea de que fue San Ambrosio quien recopiló, sin duda alguna, todo el corpus litúrgico milanés.

Hay que tener en cuenta que el rito ambrosiano fue sometido a una reforma debido a su casi abandono tras el Concilio Vaticano II, pese  que Milán era la sede de la procedía el papa Pablo VI. El misal actualmente en vigor es de 1990 y el leccionario de 2008. Sin embargo, y merced al motu proprio Summorum Pontificum, en la actualidad existen comunidades que celebran este rito en su forma tradicional, tanto en Milán como en otras localidades cercanas. Aquí puede consultarse la información sobre ellas. La más importante es la que se celebra en la Iglesia de Santa María de la Consolación de Milán (véase aquí).

Historia.

Por lo antes dicho, no es posible afirmar que haya sido San Ambrosio (340-397) el creador de este tipo litúrgico. A él se deben ciertas innovaciones, como la introducción del salmo antifonario, el canto de los himnos y otros; pero a fines del siglo IV la liturgia de Milán era, con toda probabilidad, la antigua romana, salvo algunas originalidades e influencias de tipo oriental. Entre estas particularidades se cuentan: no ayunar los sábados del año, ni siquiera en Cuaresma; el carácter que se daba al sábado en el oficio; la lectura del libro de Job, Jonás y Tobías en la semana santa; el cómputo pascual; el criterio al colocar las reliquias de los mártires; los días exequiales; el beso de la paz que se daba antes de la anáfora; el lavatorio de los pies en el bautismo; el añadido "invisibilem et impassibilem" al primer artículo del Credo, y otras de menor importancia.

De hecho, ya antes de San Ambrosio, su antecesor San Mirocles (304-315) se interesó en el rito, así como algunos de sus sucesores. Entre éstos, a San Eusebio se le atribuyen hoy varios textos de prefacios.

Durante la larga invasión de los lombardos (finales del siglo VI), diversos elementos del rito galicano entraron con fuerza en el rito milanés. Al mismo tiempo, la presencia de monjes griegos y sirios hizo aparecer nuevos de origen bizantino. Se produjo así una liturgia no autóctona, pero con buena base de arraigo.

No han faltado en la historia diversos intentos de suplantarla. Cuando Carlomagno quiso uniformar toda la liturgia en el Sacro Romano Imperio, trató también de implantar el rito romano en Milán. Pero sus esfuerzos chocaron siempre con la defensa decidida que hicieron los milaneses de su rito. Intentos parecidos realizaron San Pedro Damián y, más tarde, el papa Gregorio VII. Al fin, prevaleció la decisión de conservarlo, por respeto a la autoridad de San Ambrosio y a la veneranda tradición del rito.

En el siglo XVI, San Carlos Borromeo luchó por la defensa del rito, trabajó en la revisión de los libros litúrgicos, que fueron publicándose después de su muerte, y logró del papa Gregorio XIII él perpetuo reconocimiento del rito ambrosiano por parte de la Iglesia romana, lo que explica que la bula Quod primum tempore de 1570 no le afectase (véase aquí la homilía pronunciada por San Juan XXIII con ocasión de la Misa ambrosiana de la fiesta de San Carlos Borromeo durante el Concilio Vaticano II). Entre otros obispos merece destacarse el benedictino Cardenal Ildefonso Schuster (1880-1954): a él se debe la nueva floración de estudios ambrosianos y bajo sus auspicios comenzó la revisión del Breviario en la abadía de María Laach.

Actualmente el rito ambrosiano se usa no sólo en la archidiócesis de Milán, sino también en otras 55 parroquias de Bérgamo, Novara y Lugano. En ellas existe la obligación de celebrar la Misa solemne en rito ambrosiano aunque la rezada se celebre en rito romano; la obligación se extiende a la Misa rezada en la catedral metropolitana y en la Basílica de San Ambrosio.

 Retrato de San Ambrosio, atribuido a Gerard Seghers
     
La Misa.

La Misa ambrosiana comienza con el canto procesional de entrada Ingressa, que no tiene salmo ni repetición. Después de incensar el altar, se canta el Gloria in excelsis, tal vez como vestigio del antiguo oficio ambrosiano de Laudes. Durante la Cuaresma, en cambio, existe una letanía diaconal con doble formulario (Divinae pacis y Dicamus omnes), para recitar en domingos alternos, a la que se responde con el Kyrie eleison.

De ahí la triple invocación Kyrie Christe Kyrie en todas las Misas, como en el rito romano. Sigue la oratio super populum, precedida del saludo Dominus vobiscum de cara al altar, lo que supone que éste estaba normalmente cara al pueblo. Las lecturas en la Misa ambrosiana son tres, ya desde San Ambrosio, como en la antigua Misa romana y en las galicana y mozárabe: lectura profética (tomada del Antiguo Testamento o de los Hechos de los Apóstoles), apostólica o epístola, y evangélica.

Entre la primera y segunda se canta el psalmellus, correspondiente al gradual romano; y antes del Evangelio, el Alleluia con un versículo, al que acompaña en las grandes solemnidades una antiphona ad Evangelium, mientras tiene lugar la procesión al ambón o púlpito. Después, como canto procesional a continuación de la lectura o como preparación del altar para el ofertorio, se canta la antiphona post Evangelium con triple Kyrie.

Antes del ofertorio tal vez como un recuerdo de la paz que se daba en este momento el diácono hace al pueblo esta invitación: Pacem habete, a la que el pueblo responde: Ad te, Domine. (No parece muy concorde la respuesta, si no se sobrentiende una segunda parte perdida de la invitación: Corrigite vos ad orationem, que se decía una vez realizado el abrazo de paz.)

Sigue la oratio super sindonem, una vez extendidos los manteles sobre el altar. El rito del ofertorio es bastante parecido al de la Misa romana tradicional. En la iglesia metropolitana se conserva una tradición venerable: 10 ancianos y 10 ancianas, pertenecientes a la vieja cofradía Schola Sancti Ambrosii, con su hábito característico y cuerpo y manos cubiertos con el amplio velo llamado «fanón», llevan las ofrendas de pan y de vino hasta el cancel del presbiterio, donde las recibe el celebrante con sus ministros. Y mientras se llevan las ofrendas al altar, se canta la antífona Offerenda, equivalente al canto romano del ofertorio, del que no pocas veces toma el texto. Después del ofertorio se canta el Credo, y sigue la oratio super oblata.

El canon ambrosiano en su texto más puro se conserva en la Expositio Missae canonicae (siglo IX) publicada por Wilmart, y bien puede considerarse, salvadas algunas introducciones romanas posteriores, como el antiguo canon que San Ambrosio expone en su libro De Sacramenti. Apenas se diferencia del canon romano.

Se abre con el Prefacio, del que existen numerosísimos formularios, de gran finura y estilo, como en los ritos galicano y mozárabe. En el Communicantes se incorporan a la lista los santos y mártires de la Iglesia milanesa. E inmediatamente antes de la consagración, el celebrante va al lado de la epístola y en silencio se lava las manos. Las palabras consacratorias concluyen con el recuerdo de la muerte y resurrección de Cristo y el anuncio de su segunda venida, reminiscencia del texto paulino de 1 Cor 11, 26.

La fracción del Pan sigue inmediatamente a la doxología final del canon. Mientras tanto, se canta el Confractorium. Los fieles comienzan a prepararse a la comunión con el Pater noster y dándose a continuación la paz. El Agnus Dei únicamente tiene lugar en las Misas de difuntos. La fórmula de comunión siempre fue la que desde la última reforma es también del rito romano: Corpus Christi. R/Amén.

Mientras se da la comunión, se canta el Transitorium. Termina la Misa con la poscomunión, triple Kyrie eleison con que solían terminar todos los oficios ambrosianos, bendición y fórmula de despedida Procedamus in pace. R/ In nomine Christi.

 Misa cantada en rito ambrosiano tradicional en Venecia

El Oficio divino.

Ya a fines del siglo IV, la oración pública estaba suficientemente organizada en Milán, aunque es difícil esclarecer en qué modo.

Sabemos por San Ambrosio que, además de la Vigilia Pascual, existían otras vigilias nocturnas, en las que intervenía el pueblo. Para ellas compuso él mismo unos himnos, de texto muy popular y melodía silábica de gran sencillez, con el fin de adoctrinar amablemente al pueblo en aquellas verdades que los herejes arrianos combatían. El pueblo intervenía, además, con un nuevo género musical importado de Oriente, la antífona, en la que alternaban voces masculinas y femeninas o infantiles (en octava superior, con repetición de «ritornello»).

Diversos influjos posteriores fueron complicando el oficio primitivo, lo que motivó en el siglo XVI el esfuerzo restaurador de San Carlos Borromeo. 

En el Oficio divino de hoy el salterio se recita íntegro en 10 días de cada quincena, ya que los sábados y domingos, por ser el oficio festivo, no entra la salmodia corriente. Los salmos matutinos van del 1 al 108, y los vespertinos del 109 al 150. Se usa la versión del salterio tomada de la Vetus Latina. El oficio nocturno festivo consta de tres cánticos, lo cual denota su anterioridad al influjo monástico. Las vísperas comienzan con el antiguo oficio del lucernario, siguen con el recitado de salmos y oraciones intercaladas, para terminar con el Magníficat.

 Vísperas del V Domingo después de Pentecostés en el rito ambrosiano tradicional en Sartirana
(Imagen: Merate Online)

Sacramentos y sacramentales.

Se conoce bien el antiguo rito de iniciación cristiana gracias a San Ambrosio. Es sustancialmente el mismo de Roma. El actual ritual ordinario del bautismo es el que se conserva como apéndice del Codex Bergomensis para el rito privado y en caso de urgencia. En el matrimonio, después del consentimiento mutuo de los contrayentes, el sacerdote pone el extremo de la estola sobre las manos unidas de los esposos. Los demás sacramentos apenas presentan características dignas de relieve. Entre los sacramentales aparecen como más interesantes los ritos de dedicación de iglesias y consagración de altares y el de velación de vírgenes.

 Misal ambrosiano

Año litúrgico.

El Adviento ambrosiano comienza regularmente con la fiesta de San Martín (11 de noviembre), y consta de seis semanas. El último domingo es la fiesta de la Encarnación del Señor, y la semana anterior a Navidad se denomina de Exceptato (preparación al recibimiento del Mesías). La Cuaresma consta de cinco domingos: el 1o se llama In capite Quadragesimae y los demás se designan por el evangelio del día: el 2o, de Samaritana, el 3o. de Abrahamo, el 4o. de Caeco; y el 5o. de Lazaro. Los viernes de Cuaresma son días alitúrgicos, y no se celebra Misa. Durante este santo tiempo no está permitido en Milán celebrar oficios de Santos.

La Semana Santa recibe en Milán el nombre de Hebdomada authentica. En la Procesión de Ramos, al estilo de Jerusalén, el arzobispo, montado a caballo, iba bendiciendo al pueblo. El Jueves Santo era la reconciliación de los penitentes a la puerta de la catedral, con beso del arzobispo a cada reconciliado. Después de las vísperas, el arzobispo lava los pies a 12 ancianos. El Viernes Santo hay un rito de adoración de la cruz, calcado del romano. En la Noche Pascual había antaño dos Misas, la primera pro baptizatis y la segunda de Resurrección, con canon propio, en la que los neófitos comulgaban bajo las dos especies.

El misal ambrosiano conserva dos Misas para cada día de la Semana de Pascua, una para los neófitos y otra para los fieles. En los tres días anteriores a Pentecostés se observaba ayuno y se celebraban rogativas con estación en numerosas iglesias de la ciudad. De ello queda hoy el canto de letanías y Misa sin procesión alguna.

Los domingos después de Pentecostés se dividen así: quince, post Pentecostés, cinco post Decollationem (29 de agosto, degollación de San Juan Bautista), tres ante Dedicationem (20 de octubre, dedicación de la Metropolitana) y tres post Dedicationem.

El Santoral milanés fue surgiendo en torno al sepulcro de los santos y mártires locales y a las iglesias dedicadas a ellos. Pero pronto fue universalizándose, sobre todo por influjo de Roma, de cuya Iglesia conmemora también numerosos santos.

 Misa en el rito ambrosiano tradicional en Legnano (2016)

Nota de la Redacción: La cita con la impresión que le produjo la liturgia ambrosiana al historiador español José Luis Comellas ha sido tomada de su libro Andanzas y recuerdos, Madrid, Rialp, 2013, pp. 186-187. La base de relato sobre el rito ambrosiano ha sido tomada del sitio Conoce tu fe católica, con algunas adaptaciones de la Redacción. 


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Actualización [11 y 17 de junio de 2017]: New Liturgical Movement ha dedicado durante la semana del 5 de junio dos entradas relativas al rito ambrosiano. La primera de ellas fue publicada con ocasión del Congreso Sacra Liturgia de Milán, donde se celebró una Misa solemne en presencia de un gran prelado, dignidad que revestía el Cardenal Raymond Ley Burke, la cual fue oficiada en la Iglesia de San Alessandro in Zebedia conforme a la antigua forma de este rito. En el coro también estuvo presente el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Como parte del mismo congreso, se celebró posteriormente una Misa pontifical según el rito ambrosiano reformado en la Basílica de San Ambrosio y Vísperas solemnes en el Duomo siguiendo la forma antigua de dicho rito. A estas celebraciones está dedicada la segunda entrada. Con posterioridad, dicho sitio ha publicado una selección de vídeos grabados durante la Misa pontifical celebrada conforme al rito ambrosiano tradicional en la versión 2017 del Congreso Sacra Liturgia, que hacemos votos para que siga realizándose en los años venideros.   

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