domingo, 5 de agosto de 2018

La Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice

La Oficina para las Celebraciones Litúrgicas Pontificias es un organismo independiente de la Curia Romana al cual "le corresponde preparar todo lo necesario para las celebraciones litúrgicas y otras funciones sagradas que celebre el Sumo Pontífice u otro en su nombre, y dirigirlas según las prescripciones vigentes del derecho litúrgico" (artículo 182 de la Constitución apostólica Pastor Bonus).

Ya desde el siglo VIII existía un prelado experto en materia litúrgica, designado para dirigir las celebraciones litúrgicas, el cual tenía el nombro de Maestro de Ceremonias Apostólicas (Magister Cæremoniarum Apostolicarum). El cuidado en las celebraciones hizo que éstas se volvieran un modelo para las liturgias presididas por los obispos en sus diócesis, lo que explica la difusión del rito romano antes del motu proprio Quo primum tempore (1570) que fija el nuevo misal. A partir del siglo XV adquirieron notable fama algunos de estos Maestros de Ceremonias debido a que comenzaron a publicar sus diarios, como ocurrió con Johann Burchard (1450-1506) y Paris de Grassis (1470-1528), función que los sucesivos Prefectos y Maestros de Ceremonias Pontificias han continuado hasta el presente, conservado sus escritos en un archivo especial. Después de diversas provisiones de la Cámara Apostólica (4 de enero de 1533, 11 de junio de 1550 y 15 de septiembre de 1560), Pío IV, a través de un breve apostólico de 10 de mayo de 1563, confirmaba algunos de los derechos de estos estos ceremonieros, ya reconocidos por los Papas desde tiempos inmemoriales. 

En los siglos posteriores a este prelado se le dotó de un equipo, que se integró en un organismo denominado Prefectura de Ceremonias Papales. En virtud de sucesivas regulaciones dadas por los Romanos Pontífices, la última de las cuales provino de Benedicto XV en 1917, los Magistri Caerimoniarum S.R.E. et Sedis Apostolicae formaban un Collegium presidido por el Praefectus, el cual era designado por el Santo Padre mediante breve apostólico, adquiriendo al mismo tiempo los grados de prelado doméstico (hoy prelado de honor de Su Santidad) y de protonotario apostólica ad instar (hoy protonotario apostólico supernumerario). Los otros maestros de ceremonias tenían el grado de  capellanes secretos (hoy capellanes de Su Santidad) de por vida. Elegido el Sumo Pontífice, hacían las veces de camareros secretos participantes (hoy prelados de antecámara) hasta la designación de unos nuevos. Eran asimismo consultores por derecho proprio de la Sagrada Congregación de Ritos y ostentaban el título de "Custodios de los ritos de la Iglesia latina" (Rituum Ecclesiae Latinae Custodes). 


El beato Pablo VI celebra Misa privada asistido por monseñor Enrico Dante
(Foto: Hoc signo)

En 1970, a raíz de la reforma litúrgica y de la reorganización de la Curia Romana, la antigua Prefectura se transformó en Oficina de las Ceremonias Pontificias; el Prefecto se volvió Maestro de Ceremonias; y los maestros de ceremonias (doce en total, ocho titulares y cuatro adjuntos) pasaron a llamarse ceremonieros pontificios. Con la Constitución apostólica Pastor Bonus (1988), la institución cambió su nombre al actual, Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice (artículo 182), y adquirió una completa autonomía (artículo 2, §3).

De acuerdo con esta nueva configuración, la Oficina es presidida por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, a quien le compete la preparación de las celebraciones en Roma y en los viajes apostólicos a Italia y a las demás naciones. Éste dirige a los demás ceremonieros, quienes lo asisten en su trabajo, y cuenta con la ayuda de un cuerpo de oficiales y otro de consultores. La Oficina es responsable asimismo de la Sacristía Pontificia, donde se custodian los vasos sagrados, las vestiduras litúrgicas y otros objetos del culto papal, y cuida de las capillas del Palacio Apostólico (Sixtina, Paulina y Redemptoris Mater). Mayor información se puede obtener directamente desde el sitio de la Oficina, donde está publicada la programación  de las ceremonias que celebra el Papa. 


El papa Francisco acompañado por el Maestro de Ceremonias Pontificias y los actuales ceremonieros
(Foto: Vatican.va)

(a) El Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias.

Su principal función es supervisar la preparación de todo lo necesario para las celebraciones litúrgicas y otras funciones sagradas que celebre el Sumo Pontífice, sea en las basílicas papales, en su visita a las parroquias romanas o en sus viajes apostólicos por Italia o el resto del mundo, cuidando de que en ellas su desarrollo se produzca con arreglo a los ceremoniales y usos autorizados. Debe velar por la adecuada revisión y actualización de las celebraciones según  la necesidad y la utilidad, siempre en armonía con el espíritu de renovación litúrgica querido por el Concilio Vaticano II y por las particularidades propias de las ceremonias pontificias. 

Además de su cometido principal, el Maestro de Ceremonias del Papa también ayuda a los cardenales durante los consistorios, la toma de posesión de sus iglesias titulares, en las celebraciones solemnes de la Misa u otros oficios litúrgicos importantes. Desde el momento en que un cardenal ha sido creado en consistorio, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias le asigna un ceremoniero concreto que lo asistirá de ahí en adelante. 


Monseñor Enrico Dante, Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias entre 1947 y 1965

De igual manera, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias se encarga de organizar todas aquellas que tienen lugar durante la sede vacante. Sin embargo, en ninguna de ellas sirve como ceremoniero, pues sólo lo es del Santo Padre y nunca de algún cardenal. Esto significa que está presente en todas las funciones litúrgicas, pero vistiendo su hábito coral propio y no las vestiduras características de ceremoniero pontificio. Asimismo, cumple once funciones específicas en este período: (i) una vez que se ha constatado la muerte del Papa, debe revestir el cadáver con ornamentos rojos, y ponerle la mitra, el palio y la férula; (ii) después ha de disponer a qué lugar del Palacio Apostólico debe trasladarse el cuerpo hasta que sea llevado a la Basílica de San Pedro para ser velado; (iii) antes de la Misa exequial, cuando ya que se ha colocado el cadáver en el ataúd, junto con el secretario del Papa debe colocar un velo de seda blanca sobre el rostro del difunto; (iv) finalmente, debe introducir en el ataúd una bolsa con monedas acuñadas durante el pontificado del Papa difunto y un tubo en el que se enrolla la Rogitio, un documento en el que se narra la vida del pontífice fallecido, el que sella con el sello de su Oficina; (v) antes del cónclave, se debe encargar de que se confeccionen sotanas blancas de diversas tallas (generalmente, tres), así como zapatos rojos, camisas blancas y fajas, los cuales se disponen en la llamada "Sala de las lágrimas" contigua a la Capilla Sixtina; (vi) asimismo, antes del cónclave debe prestar juramento ante el Camarlengo de que guardará secreto de todo lo que vea y oiga referente al cónclave, quedando obligado bajo pena de excomunión; (vii) una vez que los cardenales han ingresado a la Capilla Sixtina y prestado juramento, pronuncia el solemne "extra omnes", para que todos, salvo los cardenales, el predicador, algunas personas destinadas al servicio del cónclave y él mismo salgan de la Capilla, aunque ha de abandonar el lugar durante las votaciones; (viii) cuando un varón haya recibido los votos suficientes para ser electo como Romano Pontífice, el Maestro es avisado y debe entrar a la Capilla junto con el Secretario del Colegio Cardenalicio, para atestiguar, en su caso, la aceptación del elegido; (ix) tras esta aceptación, actuando como notario y teniendo como testigos a dos ceremonieros que son llamados en aquel momento, levanta acta de la aceptación del nuevo Pontífice y del nombre que éste ha tomado para suceder a San Pedro; (x) se dirige entonces con el nuevo Papa a la "Sala de las lágrimas", donde ayuda a éste a vestirse con el hábito de coro papal; (xi) su último cometido es acompañar al nuevo papa hasta la Logia de las bendiciones mientras le explica el ceremonial, y servirle como primer ceremoniero durante cuando imparte la Bendición Urbi et Orbi


La "Sala de las lágrimas" preparada antes de inicio del cónclave de 2013

(Foto: Clarín)

El cargo de Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias es provisto directamente por el Santo Padre por un plazo de cinco años, pudiendo ser renovado por períodos equivalentes. De hecho, esa ha sido la práctica usual. Desde el 1° de octubre de 2007 ostenta esta función monseñor Guido Marini, formado con el Cardenal Guiseppe Siri (1906-1989) en la Arquidiócesis de Génova, quien estuvo precedido durante el siglo anterior por Piero Marini (1987-2007), John Magee (1982-1987), Virgilio Noè (1970-1982), Enrico Dante (1947-1965), Carlo Respighi (1918-1947) y Francesco Riggi (1895-1918), casi todos ellos con servicio a más de un Papa. Durante los años de la reforma litúrgica posconciliar (1965-1970), el cargo permaneció vacante. Cuando monseñor Enrico Dante (1884-1967) fue creado cardenal, la función de Prefecto de las Ceremonias Pontificias no fue provisto debido a los cambios que estaba experimentando la liturgia y la Curia. El beato Pablo VI designó un regente interino para dicha Prefectura, cargo que desempeñó primero Salvatore Capoferri (1965-1968) y después Adone Terzariol (1968-1970). Por su parte, Annibale Bugnini fue nombrado delegado para las ceremonias dirigidas por los ceremonieros pontificios, función que cumplió entre 1967 y 1970.


Monseñor Guido Marini cierra las puertas de la Capilla Sixtina tras el "extra omnes" con que se inició el cónclave de 2013

(b) Los ceremonieros pontificios

Su cometido es ayudar al Maestro de Ceremonias en las sagradas celebraciones del Santo Padre. En ellas cuidan de que todo se desarrolle a la perfección. Los ceremonieros pontificios auxilian también a los cardenales en las celebraciones que llevan a cabo en nombre del Papa, como las consagraciones episcopales celebradas en Roma, así como en la toma de posesión de sus diaconías, iglesias o diócesis titulares. Como ha quedado dicho, el Maestro de Ceremonias asigna a cada cardenal un ceremoniero específico a contar del día de su creación. Asimismo, los ceremonieros tienen funciones específicas en los cónclaves para la elección papal. El Maestro de Celebraciones puede actuar como ceremoniero, pero sólo del Papa.


S.E.R. Piero Marini, Maestro de Ceremonias Pontificio, y S.E.R. Stanisław Dziwisz, Secretario de San Juan Pablo II, cubren el rostro de este último, ambos vestidos con hábito coral

Los ceremonieros pontificios son nombrados por el Secretario de Estado por un período de cinco años, siendo este cargo igualmente renovable. Cumplen actualmente esta función (véase aquí la biografía de cada uno de ellos): 

Mons. Pier Enrico Stefanetti
Mons. Diego Giovanni Ravelli
Mons. Marco Agostini
Mons. Massimiliano Matteo Boiardi, F.S.C.B.
Mons. Vincenzo Peroni
Mons. Ján Dubina
Mons. Krzysztof Marcjanowicz

Los ceremonieros pontificios no visten su hábito coral, sino su vestimenta propia: sotana morada, faja morada y, encima, la sobrepelliz. El Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Santo Padre, cuando actúa como primer ceremoniero, viste como los demás. Si ha sido ordenado obispo, agrega encima de la sobrepelliz la cruz pectoral con cordón. Si el Santo Padre no viste hábito coral u ornamentos litúrgicos en una ceremonia, o cuando asisten al papa en una Misa privada, los ceremonieros pontificios y el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas usan sotana negra bajo la sobrepelliz. De igual forma, cuando asisten al Papa en una bendición sencilla, llevan el hábito piano que les corresponde sin sobrepelliz. 


Monseñor Guido Marini con monseñor Franceso Camaldo, Decano de los Ceremonieros Pontificios
(Foto: Black Biretta)

Un detalle curioso es la posición de las manos que adoptan los ceremonieros. Si se observa cualquier foto de monseñor Guido Marini sirviendo como ceremoniero, se podrá notar que tiene las manos juntas conforme al modo clásico: une palma con palma, con todos los dedos unidos, y el pulgar derecho cruzado sobre el izquierdo. Sin embargo, cuando si se presta atención a las imágenes de sus predecesores en el cargo de Maestros de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, fácilmente se notará que no ponían las manos así, sino que unían las palmas pero no los dedos, pues éstos se ponían sobre el costado de la palma de la otra mano.


San Juan Pablo II con su Maestro de Ceremonias, monseñor Pierto Marini (a la derecha), y monseñor Francesco Camaldo (a la izquierda)

Esto se debe a que antes se distinguía entre juntar las manos como posición propia del celebrante, y poner las manos en posición de ceremoniero. Se decía que la posición de las manos unidas en la forma clásica era para quien tenía el papel activo en la celebración, pero no para quien ayuda o sirve durante ésta. Se ha dicho que monseñor Marini no sigue esta tradición debido a que las manos juntas es una posición que deriva del medioevo, donde los siervos juntaban las manos para ponerlas entre las manos del señor, como un acto de presentación, homenaje y servidumbre, lo cual puede verse en innumerables cuadros de la época. Así pues, la forma en la que une las manos el actual Maestro de Ceremonias Pontificias es en realidad una acto de humildad de quien realiza un servicio.


Monseñor Marini acompaña al papa Francisco en la Misa celebrada en el Estadio Renato Dall'Ara de Boloña 
(Foto: Daily Mail)

(c) Los oficiales

La Oficina cuenta con algunos funcionarios que auxilian al Maestro en tareas concretas, como la elaboración de los cuadernillos que se usan en las celebraciones. Están adscritos a la Oficina para las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice como oficiales: 

Mons. Vincenzo Peroni
Mons. Ján Dubina
Rev.da     Sr. Maria Pia Morigi, P.D.D.M.
Rev.da      Sr. Maria Priscilla Laureti, M.D.R.
Sig.         Giuseppe Passeri
Dott.ssa Chiara Maragoni
Dott.ssa Chiara Rocciolo

(d) Los consultores

La Oficina cuenta con un cuerpo de consultores que aconseja al Maestro en los distintos aspectos de planificación y disposición de las celebraciones pontificias. Asimismo, ellos preparan documentos relativos la dimensión ritual de la liturgia (véase aquí los publicados hasta el momento). Actualmente cumplen esta función las siguientes personas: 

Rev.   P. Silvano Maria Maggiani, O.S.M.
Rev. P. Corrado Maggioni, S.M.M.
Rev. P. Giuseppe Midili, O. Carm.
Mons. Angelo Lameri
S.E.R. Mons. Manuel Nin, O.S.B.

(e) La Sacristía Pontificia

La Sacristía Pontificia ha estado vinculada con la Orden de San Agustín desde 1352, cuando Clemente VI eligió de entre sus religiosos a su sacristán, aunque ya en 1297 hay noticias de que el agustino Novelli había desempeñado esa función. Alejandro VI confió esta tarea exclusivamente a dicha orden mediante la bula Ad sacram (1497), y Clemente VIII elevó el cargo de sacristán a la dignidad episcopal en 1595, puesto que hasta entonces no era necesario que éste fuese a la vez prelado. Sucesivamente, León XII (1823-1829) estableció que el sacristán fuera también párroco de los Palacios Apostólicos y camarlengo de los párrocos de Roma. En 1929, con la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano merced a los Pactos de San Juan de Letrán suscritos con el Estado italiano, Pío XI estableció que el sacristán pro tempore fuese también el Vicario general de dicha ciudad, cuya sede era la Iglesia parroquial de Sant'Anna dei Palafrenieri (convertida en la parroquia de la Ciudad Estado del Vaticano en 1929). El beato Pablo VI, con el motu proprio Pontificalis domus (1968), definió el oficio de sacristán, llamado también comúnmente “el párroco del Papa”: a éste correspondía cuidar el culto divino y las capillas pontificias en el Palacio Apostólico, en la Casa Pontificia y en Castel Gandolfo; ocuparse del buen funcionamiento de la sacristía pontificia, de la lipsanoteca y del tesoro litúrgico, y ocupar el cargo de Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, con excepción de algunos documentos papales y de lo publicado por L’Osservarore RomanoEl cargo de varios siglos terminó el 14 de enero de 1991 cuando San Juan Pablo II, a través del quirógrafo Per la cura spirituale nella Città del Vaticano, suprimió la figura del sacristán como había sido concebida hasta entonces. A partir de ese momento, el cuidado espiritual del Estado de la Ciudad del Vaticano fue confiada al Arcipreste pro tempore de la Basílica de San Pedro, mientras que la jurisdicción sobre el Palacio lateranense pasó al cardenal vicario para la diócesis de Roma. El oficio de sacristán fue eliminado y sus funciones confiadas al Maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias. La parroquia de Santa Ana continuó siendo atendida por los agustinos. El último Sacristán Pontificio fue el holandés Pietro Canisio van Lierde O.S.A. (1907-1995). 


Reportaje sobre la sacristía papal

Desde entonces, los agustinos al servicio en la sacristía pontificia pasaron a depender del Maestro de Ceremonias, y uno de ellos fue nombrado Custodio del Sagrario Apostólico, vale decir, encargado de las reliquias y objetos preciosos que allí se conservan. Su deber principal es el de conservar los ornamentos litúrgicos que el Papa necesita para las celebraciones en la Basílica de San Pedro del Vaticano, para las capillas papales del Palacio Apostólico o en Roma, y en los viajes apostólicos. 

Hoy en día, la Sacristía Pontificia tiene confiada la preparación de los ornamentos, lienzos y vasos sagrados que requieren las celebraciones litúrgicas del Santo Padre, muchos de los cuales tienen una larga historia y han sido usados por diversos Papas. Quienes la sirven deben acudir asimismo a los apartamentos pontificios para disponer lo necesario cuando el  Papa celebra Misa, llevando el ajuar directamente a la capilla. Su función se limita a aquellas celebraciones que preside el Papa o un cardenal en nombre de éste.

La Sacristía Pontificia
(Foto: The Guardian)

En la actualidad, la comunidad agustina que sirve el Palacio Apostólico está compuesta de tres religiosos: el P. Pavel Benedik, Custodio del Sagrario Pontificio, proveniente de la región de Kosice, Eslovaquia; el P. Nestor Bravo Bandalan Jr., oriundo de Filipinas; y el P. Olivier Gangola Bawa, originario de Kenia. Con ellos colaboran, a tiempo completo, tres laicos. La comunidad depende directamente del Prior general de la Orden y vive junto a la sala ducal del Palacio Apostólico. Por su parte, las hermanas agustinas oblatas del Niño Jesús son quienes se ocupan del lavado, planchado y remiendo todo lo que es utilizado para la Misa por el Papa y por los concelebrantes cuando preside el Romano Pontífice.

Por cierto, no cabe confundir la Sacristía Pontificia con aquel lugar físico que emplea el Papa para revestirse cuando celebra en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Cuando éste preside alguna celebración litúrgica en dicha basílica, se reviste en una sacristía especial que sólo el usa, y que se encuentra en la parte de atrás, del lado derecho, si se mira el altar de frente. Esa sacristía está justo detrás de la Piedad de Miguel Ángel, y a un costado de la Puerta Santa, que habitualmente se encuentra tapiada. Desde ahí comienza la procesión de entrada. 


La preparación de los píxides en la sacristía de la Basílica de San Pedro
(Foto: Lux vide)

(f) Los organistas para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice  

De la Oficina dependen finalmente dos organistas que cuidan de la música sacra durante las celebraciones litúrgicas del Santo Padre: el estadounidense James Edward Goettsche y el español Juan Paradell Sóle. 

En paralelo y sin dependencia de ella existe la Capilla Musical Pontificia, que es la schola cantorum o escolanía de la Capilla Sixtina. Se trata de un coro formado por cerca de 20 hombres y 35 niños que durante siglos ha acompañado al Papa con su canto durante las liturgias pontificias. Actualmente están dirigidos por el Maestro Massimo Palombella. Este fue el cargo que desempeñó entre  1956 y 1997 el Cardenal Domenico Bartolucci (1917-2013). 


La Capilla Musical Pontificia con el papa Benedicto XVI en 2014

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