miércoles, 27 de noviembre de 2019

FIUV Position Paper 26: La forma extraordinaria y los varones

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el Misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 26 y que versa sobre la forma extraordinaria y los varones, cuyo original en inglés se puede consultar aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de febrero de 2015. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede. 


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La forma extraordinaria y los varones

Abstract

Los sociólogos de la religión han observado la menor presencia de los varones entre quienes asisten a las Misas católicas. Un estudio de 2005 encontró que entre quienes asisten a Misa los hombres son un 37%. La forma extraordinaria es más exitosa en atraer y retener a los varones: cuando se la celebra, la asistencia de hombres es de 55%. La importancia de los padres en las familias católicas realza este efecto, y es importante considerar la contribución a la evangelización de los varones que esta forma de la Misa puede llevar a cabo. Este fenómeno cuadra con un patrón más general de los grupos religiosos más exigentes, que usan liturgias formales, que ponen el acento en lo trascendente, y que tienen mayor éxito en atraer a los varones que los grupos litúrgicamente informales, más orientados a la comunidad. La forma extraordinaria está también relacionada con una serie de devociones tradicionales, especialmente las peregrinaciones, las que resultan atractivas para los hombres y los jóvenes.

Texto

1. Desde 1970 en el mundo desarrollado, la proporción de varones y mujeres católicos que asisten a Misa y se comprometen de otras formas con la Iglesia ha variado en forma notable. El tamaño y los recursos de la Iglesia en los Estados Unidos nos permiten consultar estadísticas cuidadosamente recopiladas sobre este fenómeno, que puede observarse también en todo Occidente. Por ejemplo, en 1974, el 46% de los hombres y el 45% de las mujeres estudiados se consideraban “muy católicos”; en 2012, 24% de los hombres y 30% de las mujeres se definían de este modo[1]. En 2005 un estudio informó que sólo el 37% de los asistentes regulares a Misa en los Estados Unidos eran hombres[2]. Un estudio de 1985 reveló que 70-90% de las actividades parroquiales (catequesis, acolitado, grupos de estudios bíblicos) era dirigido por mujeres[3].

2. Este fenómeno presenta graves peligros para la Iglesia. La Iglesia necesita varones no sólo para ir reponiendo los miembros del clero, sino que los padres parecen ser mucho más influyentes que las madres en la transmisión de la fe a sus hijos[4]. La explicación más simple de esto es la mayor vinculación del padre con el mundo adulto, al cual los niños esperan ingresar a medida que crecen.

3. El papel de los padres en la formación de los niños fue subrayado por Benedicto XVI en un discurso a los padres africanos: “Al manifestar y vivir en la tierra la paternidad propia de Dios (cf. Ef. 3,15), vosotros estáis llamados a garantizar el desarrollo personal de todos los miembros de la familia, que es la cuna y el medio más efectivo de humanizar la sociedad y el lugar de encuentro de diferentes generaciones”[5].

4. Por ello es muy significativo que la proporción de hombres y mujeres que asisten a la forma extraordinaria sea favorable a los hombres, un hecho que todavía no ha llamado la atención de los investigadores profesionales, pero que se puede advertir con la mera observación. La Federación Internacional Una Voce, que ha solicitado observaciones de lo que ocurre en todo el mundo, no ha encontrado nada que contradiga la precisión y la aplicabilidad a nivel mundial, en el rito latino, de los números citados anteriormente, es decir, 37% de la asistencia a la forma ordinaria está compuesto por hombres. En el caso de la forma extraordinaria, el número de 55% parece ser típico, dentro de un rango de 50% a 75%.

 Misa de campaña durante la Segunda Guerra Mundial

Los varones y la religión

5. Las mujeres son más numerosas que los hombres en la mayor parte de las colectividades protestantes de Occidente, y hay pruebas de que esto es una antigua característica de muchas denominaciones protestantes[6]. Pero no ocurre lo mismo en otras religiones. Ya se ha mencionado la relación en la Iglesia católica de los Estados Unidos en época tan reciente como 1974. El judaísmo ortodoxo y el islam parecen atraer a más hombres que mujeres, incluso en Occidente. La ortodoxia oriental parece atraer a un número equilibrado de convertidos occidentales[7]. El desequilibrio actual en la Iglesia católica de Occidente exige una explicación especial.

6. Un tema importante parece ser el papel que tienen las emociones: se ha observado en muchas partes que los hombres se sienten menos cómodos con la expresión de las emociones que las mujeres[8]. El emocionalismo de muchas denominaciones protestantes podría explicar el antiguo problema que tienen para atraer a los varones. Como observaba el apologista inglés Mons. Hugh Benson (1871-1914) en vísperas de la Primera Guerra Mundial: “Entre los católicos, se desalienta fuertemente el emocionalismo y aun los sentimientos intensos, y […] se piensa que el centro de la religión reside más bien en la adhesión y obediencia prestada por la voluntad. El resultado, por cierto, es que muchas personas de natural poco devoto siguen, en cuanto católicos, practicando su religión y, a veces, en el caso de espíritus poco generosos, cumpliendo sólo el mínimo de sus obligaciones, en tanto que, si fueran anglicanos, abandonarían del todo la práctica[9]”.

Benson relacionaba esto con el equilibrio entre los dos sexos y daba testimonio de que, según su experiencia, se veía más hombres que mujeres en el culto católico[10].

7. Además de la incomodidad con el emocionalismo, en el caso de los hombres se ha observado una preferencia por un rango más amplio de formas de comunicación, en contraste con la pura comunicación verbal, y un mayor interés en la dimensión “vertical” que en la “horizontal” del culto, vale decir, la conexión con Dios en contraste con la conexión con la comunidad. Todo esto contribuye a que los hombres prefieran una forma de culto más formalizada y sacral, como lo ha notado el sociólogo jesuita Patrick Arnold: “Aun más central en el culto masculino es la noción de lo Trascendente. Al desenfatizar la cristiandad moderna, en las últimas generaciones, el interés por lo absoluto y último, por el cielo y el infierno, la eternidad y la infinidad, se ha dado un paso decisivo hacia una religión femenina, que se interesa, típicamente, por lo inmanente y lo encarnado, por encontrar a Dios en las cosas pequeñas, en lo cotidiano, en lo de este mundo […] A medida que la religión liberal enfatiza cada vez más la dimensión inmanente y “horizontal” de la fe, con exclusión de las realidades trascendentes y “verticales”, ignora, sin darse cuenta, el voraz apetito de los varones por lo Grande, lo Absolutamente Otro y lo Eterno”[11].

Y también: “Una liturgia que apela a los varones posee la cualidad que los judíos llamaban kabod (“gloria”), y los romanos gravitas (“gravedad”): ambas palabras, en su raíz, quieren decir “con peso”, y connotan un sentido de dignidad, importancia y seriedad”.

8. Aunque puede que haya otros factores que atender, mirar el problema de este modo parece explicar el éxito variable de las diversas religiones para atraer y retener a los varones. El judaísmo ortodoxo, el islam y la ortodoxia oriental ponen énfasis, en su teología o en su liturgia o en una combinación de ambas[12], en lo trascendente y lo misterioso y en el ritual formal.

Las denominaciones protestantes que tienen una teología más liberal y una liturgia más informal, tienden a experimentar, en proporción, mayores problemas para retener a los varones[13],  y el judaísmo liberal tiene menos éxito en esto que el ortodoxo.

El éxito de la forma extraordinaria para atraer a los varones calza dentro de este patrón más general.

 Mons. Robert Hugh Benson (centro)
(Foto: Wikipedia)

La forma extraordinaria y los varones

9. La formalidad sagrada y la ausencia de espontaneidad de la forma extraordinaria, su orientación hacia lo trascendente, y su expresión de profundas verdades sin exigir de los asistentes una expresión abiertamente verbal o emocional, son rasgos que no plantean a los varones exigencias frente a las cuales se sientan incómodos. Al mismo tiempo, la forma extraordinaria proporciona algo que es especialmente atractivo para los varones: la expresión de ideas a través de la acción, del drama a través de las ceremonias. El contenido de los ritos, y de muchos de los textos litúrgicos, enfatiza aun más lo trascendente, la naturaleza sacrificial de la Misa, y la necesidad de respeto ante Cristo presente en el altar. Finalmente, ella proporciona a los varones el tipo de desafío con el que se sienten cómodos y que, en efecto, encuentran atractivo: el llamado a la conversión de la vida, en el contexto de una clara expresión de la realidad del pecado y de la necesidad de la gracia.

10. Es útil tener presente una observación hecha por el Cardenal John Heenan (1905-1975) sobre una primera versión de la Misa reformada que se presentó en 1967: “En mi país, no sólo asisten a Misa con regularidad las mujeres y los niños, sino también los padres de familia y los hombres jóvenes. Si les ofreciéramos el tipo de ceremonia que vimos ayer en la Capilla Sixtina [la presentación de la Misa Normativa], pronto nos quedaríamos sólo con la asistencia mayoritaria de mujeres y niños”[14].

11. La forma extraordinaria del rito romano está, además, asociada normalmente con el interés y la práctica de muchas devociones tradicionales, mucho más que en el resto de la Iglesia latina, devociones que pueden ser también atractivas para los varones. El ejemplo más claro de esto es el de las peregrinaciones a pie, que han sido adoptadas por los católicos adherentes a la forma extraordinaria en muchos países[15], bajo la inspiración del éxito que tiene la peregrinación anual de París a Chartres, organizada por Notre Dame de Chrétienté, en la que participan normalmente entre 8.000 y 10.000 personas. El desafío físico de una caminata larga -los peregrinos de Chartres caminan 100 km en tres días- es un atractivo para los varones y también para los jóvenes. En este sentido, los católicos adherentes a la forma extraordinaria son parte de un fenómeno más amplio, que ha visto a cantidades de gente emprendiendo el camino, todavía mucho más largo, a Santiago de Compostela -muchos con poca o ninguna fe religiosa-, cantidades que han crecido enormemente en las últimas décadas[16]. La necesidad espiritual de estos “peregrinos”, tomando el término en su sentido más amplio, es atendida por el aspecto físico de muchas devociones tradicionales.

 Peregrinación a Chartres
(Foto: Aleteia)

Conclusión

12. Los rasgos de la forma extraordinaria que atraen a los varones no son necesariamente poco atractivos para las mujeres. Aunque parece natural describir como “femeninas” ciertas tendencias litúrgicas, como el emocionalismo, la creatividad, la espontaneidad y en el énfasis en lo comunal, no se sigue necesariamente de ello que las mujeres quieran ver estos rasgos incorporados en su culto. Lo que sí parece ser el caso, sin embargo, es que, a medida que la religión se mueve hacia lo “femenino”, entendido como lo hemos hecho aquí, ello causa problemas para retener a los varones.

13. Los varones tienen un papel en la economía de la salvación, igual que las mujeres y no debiera ignorarse la cuestión de la evangelización de ellos. Para citar una vez más a Benedicto XVI dirigiéndose a los varones africanos: “Quiero animar a los varones católicos, en sus familias, a hacer una auténtica contribución a la educación humana y cristiana de sus hijos, y a acoger y proteger la vida desde el momento de la concepción. Los invito a adoptar un estilo cristiano de vida, enraizado y fundado en el amor (cf. Ef. 3, 17). Con San Pablo, los exhorto una vez más: “Amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella […] los maridos debieran amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. Quien ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie odia su propia carne, sino que la alimenta y la cuida, como hace Cristo con la Iglesia” (cf Ef. 5, 25, 28)[17].



[1] Estas estadísticas aparecieron en National Catholic Reporter, bajo el título de “Losing their religion”, de Cathy LynnGrossman, el 20 de febrero de 2015; la investigación fue publicada por el Centre of Research in the Apostolate (CARA), con base en Georgetown, Estados Unidos.

[2] Gallup Poll de católicos (2005), pregunta 75.

[3] Leege, D./Tozzolo, T., “Participation in the Catholic Parish Life: Religious Rites and Parish Activities in the 1980’s”, Notre Dame Study of Catholic Parish Life, núm. 3 (1985), p. 14.

[4] Un gran estudio en Suiza en 1984 mostró que en una familia con madre no practicante y un padre practicante, cerca de dos tercios de los hijos, como promedio, practican su religión. En una familia con madre practicante y padre no practicante, sólo un tercio de los hijos practican su fe; el sexo de los hijos no tiene importancia. Véase Haug, W./Warner, P. (ambos del Federal Statistical Office, Neuchatel), “The demographic characteristics of the linguistic and religious groups in Switzerland”, Population Studies, núm. 31: The Demographic Characteristics of National Minorities in Certain European States (The Council of Europe Directorate General III, Social Cohesion, Estrasburgo, 2000).  

[5] Benedicto XVI, Exhortación post Sinodal Africae Munus (2011), núm. 53.

[6] Los resultados del censo de 1936 de los Estados Unidos nos dan las siguientes estadísticas, citadas por Podles, L., The Church Impotent: the feminization of Christianity (Dallas, Spence Publishing Company, 1999) p. 11: “entre los ortodoxos orientales la proporción de mujeres y hombres es 0,75-0,99 a 1; entre los católicos, 1,09 a 1; entre los luteranos, 1,04-1,23 a 1; entre los menonitas, 1,14-1,16 a 1; entre los quákeros, 1,25 a 1; entre los presbiterianos, 1,34 a 1; entre los episcopalianos, 1,37 a 1; entre los unitaristas, 1,40 a 1; entre los metodistas 1,33-1,47 a 1; entre los bautistas, 1,35 a 1; en las Asambleas de Dios, 1,71 a 1; entre los pentecostales, 1,71-2,09 a 1; en la Ciencia Cristiana, 3,19 a 1”.

[7] Véase infra, nota 12, y también Podles, The Church Impotent, cit., p. ix.

[8] Un tema paralelo y fácilmente observable es la relativa falta de voluntad de los varones de someter a los médicos sus problemas. “El índice bruto de consulta [para los médicos de medicina general en el Reino Unido] fue 32% menor en los hombres que en las mujeres […] La mayor brecha por sexo en consultas de medicina general se observó entre quienes tienen entre 16 y 60 años. Las diferencias por género en consultas fue más alta en personas provenientes de áreas más pobres que en las provenientes de áreas más pudientes. Las cifras en consultas en temas de reproducción disminuyeron la brecha de enero, pero no la eliminaron. British Medical Journal Open 2013 Health services research: “Do men consult less than women? An analysis of routinely collected UK general practice data”, realizada por Yingying Wang, Kate Hunt, Irwin Nazareth, Nick Freemantle, Irene Petersen, Abstract.

[9] Benson, R. H., Confessions of a Convert (Lonndres, Longmans, 1913), p. 111.

[10] Benson, Confessions of a Convert, cit., p. 110: “No existe la “alienación de los varones” [en la Iglesia católica]; por el contrario, en este país, como también en Italia y en Francia, me sorprende siempre el extraordinario predominio del sexo masculino sobre el femenino en la asistencia a Misa y en la práctica de oraciones privadas en las iglesias. Al hacer casualmente esta observación, hace poco, a un cura párroco de una iglesia suburbana, me dijo que el día anterior había contado el número de fieles desde la nave occidental y que la proporción entre hombres y mujeres había sido de 2 a 1. Esto es, por cierto, una excepcional ilustración de lo que afirmo”.

[11] Arnold, P., Wildmen, Warriors, and Kings: Masculine spirituality and the Bible (Nueva York NY, Crossroad, 1992), pp. 77-78.

[12] Cfr. Matthewes-Green, F., Facing East: A Pilgrim’s Journey into the Mysteries of Orthodoxy (Nueva York NY, Harper Collins, 1997) p. xii: “Hay algo en la ortodoxia que atrae inmensamente a los varones, y es algo que sus mujeres -especialmente las acostumbradas a un culto de un tipo evangélico, más suave- captan mucho más lentamente. El atractivo de unirse a esta comunión vasta, antigua, sólida como roca, debe ser algo parecido a unirse a la infantería de marina. Esta exige enormemente, y no se preocupa de los antojos individuales de cada uno, pero una vez que uno está adentro, uno es más uno mismo que lo que jamás pensó que podría ser. Exige no morir en el campo de batalla, sino morir a sí mismo en mil dolorosas formas, y Dios será soberano. Es una cosa de muchachos; nadie más lo entiende”.

[13] Véase las estadísticas citadas supra, en nota 6.

[14] Citado en Davies, M., Pope Paul’s New Mass (Kansas City MI, The Angelus Press, 1980), p. 111. 

[15] En especial la peregrinación Christus Rex en Australia, la peregrinación Walsingham en Inglaterra, y la peregrinación Auriesville en los Estados Unidos.

[16] El número de peregrinos que recorren el Camino está registrado en estadísticas, disponibles desde mediados de la década de 1980. En 1985 hubo sólo 690; este aumentó a 4.910 en 1990; 55.004 en 2000; 179.919 en 2011 (año posterior al Año Santo, cuando el número aumentó enormemente) y 237.886 en 2014.

[17] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 52.

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