martes, 24 de enero de 2017

Acerca de las Misas de campaña (segunda parte)

En una entrada anterior publicamos la traducción de un artículo del Dr. Peter Kwasniewski en The New Liturgical Movement referido a las Misas de campaña y al cuidado que debe observarse en su celebración. Después de esa primera entrada, y como respuesta a la llamada que hacía su autor para que los lectores enviasen a la Redacción fotografías de Misas tradicionales celebradas a cielo abierto, se publicaron otros dos artículos sobre el mismo tema (véase los originales aquí y aquí). También en The New Litugical Movement había aparecido con anterioridad, esta vez de otro autor, un artículo relativo a una Misa de campaña celebrada conforme a los libros reformados y con toda la dignidad que requiere el Santo Sacrificio (véase aquí el original). Les ofrecemos, pues, la traducción de esos tres artículos. 

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 Celebración digna de la Misa a cielo abierto: 
Una galería de fotografías enviadas por los lectores

Peter Kwasniewski

En respuesta a mi artículo "La digna celebración de una misa de campaña" (23 de mayo de 2016) [Nota de la Redacción: se trata del artículo que hemos publicado precedentemente en esta esta entrada], muchos lectores me enviaron sus propias fotografías. Éstas incluyen algunas de las imágenes más bellas de liturgias al aire libre que he visto jamás, así como un par de elementos de gran interés histórico. Sin más preámbulos, las comparto ahora con los lectores de The New Liturgical Movement

Misas al aire libre con scouts europeos

Misa en Irlanda (también las tres fotos siguientes) 



















El altar portátil 

Había mencionado los altares portátiles hechos por St. Joseph's Apprentice y, afortunadamente, tengo fotos para compartir del modelo para la naturaleza, el que incluye una piedra de altar.







Fotos históricas 


El Rvdo. (luego Monseñor) John J. Crowley, conocido como el "Padre del Desierto" (Desert Padre), diciendo Misa en la cabaña del Smithsoniano en la cumbre del Monte Whitney con Harry Clinch en septiembre de 1934 (Foto: Charles Shelton). Los límites de la parroquia del P. Crowley se extendían desde el Monte Whitney bajando hasta el Valle de la Muerte. El lago Crowley, cerca de Bishop y Mammoth, California, fue nombrado en su honor. Quien sirve la Misa en la foto, Harry Clinch, fue ordenado en 1936 y llegaría a ser obispo de Monterrey.

El P. Hubbard celebra la Misa en un cráter volcánico

Del lector  Greg Cranham:
  
El P. Bernard Rosecrans Hubbard, SJ (1888-1962) fue un geólogo y explorador estadounidense que popularizó lnaturaleza de Alaska en los medios de los Estados Unidos durante la mitad del siglo XX. Conocido como "el cura de los glaciares", fue sacerdote jesuita, director del Departamento de Geología en la Universidad de Santa Clara, California, y durante un tiempo fue el conferencista mejor pagado del mundo, liderando 31 expediciones a Alaska y al Ártico.

Uno de los asistentes del P. Hubbard en el laboratorio fotográfico en Santa Clara fue el hermano jesuita que después enseñó geología en en el colegio secundario Loyola de Los Ángeles. Como no era sacerdote, no tengo fotos de Misa de campaña de fines de los años setenta. El Hermano Robert McDermott me inspiró a mí y a muchos otros a entrar al campo de la geología. Que estos dos grandes exploradores descansen en paz.

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Más fotos de Misas al aire libre

Peter Kwasniewski

No sé cómo estará donde ustedes viven, pero aquí en Wyoming hay nieve en el suelo y está tremendamente frío afuera [Nota de la Redacción: el artículo fue escrito en el mes de diciembre de 2012, que corresponde al invierno en el hemisferio norte]. Esta es la época del año en que uno podría comprensiblemente soñar con el verano y quedarse largo rato al aire libre cuando es agradable (bueno, menos los mosquitos y otros pequeños recordatorios de que fuimos expulsados del Paraíso). Mis pensamientos se dirigen entonces a unas pocas fotos magníficas de Misas al aire libre, enviadas por dos lectores hace un tiempo, pero olvidadas por mí hasta este momento invernal. Las primeras seis fotos son obviamente fotos de Misas celebradas al aire libre en parajes verdaderamente alejados, y resultan más impresionantes todavía por la belleza y la reverencia con el que se celebran. Las últimas tres son de una Misa celebrada en alguna estructura de un parque accesible en automóvil, pero, nuevamente, demostrando "el modo de hacerlo bien" (incluyendo, podría añadirse, la posición ad orientem).










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Una Misa al aire libre con una diferencia

Shawn Tribe

A menudo, cuando pensamos en Misas al aire libre, tendemos a pensar en actividades que no resultan particularmente conducentes a la oración o al espíritu apropiado de la liturgia. Hay en la actualidad, sin embargo, algunas evidentes excepciones. Una de las más notables y familiares es aquella que se encuentra en el peregrinaje a Chartres [Nota de la Redacción: sobre la cual hemos publicado previamente una entrada].

Menciono esto porque recientemente uno de nuestros lectores nos envió algunas fotos de una Misa al aire libre celebrada en el Congreso de Vida Rural de Charlton, Iowa. Se nos cuenta cómo el sacerdote que organizó esto se tomó una cantidad considerable de tiempo y esfuerzo en preparar las cosas de modo tal que, pese a la circunstancia de tratarse de una Misa al aire libre, ésta tuviera de todos modos la dignidad de la liturgia sagrada. Habiendo visto también el programa del servicio, noto que también preparó una detallada catequesis sobre la disposición del altar, así como de la tradición de la celebración ad orientem y su relación con nuestra historia litúrgica, tradición y teología. Al leerla, es evidente que se trata de un sacerdote profundamente influenciado por el Papa Benedicto XVI y su nuevo movimiento litúrgico [Nota de la Redacción: el artículo fue publicado el 30 de agosto de 2012, durante el pontificado de Benedicto XVI].   






sábado, 21 de enero de 2017

Benedicto XVI: últimas conversaciones (II)

Les ofrecemos en esta entrada la segunda parte de la selección de preguntas y respuestas tomada del último libro de entrevista de Peter Seewald con el Papa emérito Benedicto XVI. Se trata, como decíamos en la presentación de la primera entrada, de un sincero homenaje a nuestra Asociación a quien permitió que la liturgia tradicional de la Iglesia pudiese volver a ser celebrada libremente por cualquier sacerdote. Este año, el III Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile estará dedicado a celebrar el décimo aniversario del motu propio de igual nombre.

 S.S. Benedicto XVI junto a Peter Seewald
(Foto: Ignatius Press)

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Benedicto XIV: últimas conversaciones

Peter Seewald

Un temprano cambio [de su pontificado] fue la sustitución de Piero Marini por Guido Marini como maestro de ceremonias. Este reemplazo se interpretó en el sentido de que Ud. quería imprimir otra forma a las celebraciones papales.

No, Piero era y sigue siendo un hombre muy bueno. Es cierto que en la liturgia es más progresista que yo, aunque eso no importa. Pero él mimo opinaba que había llegado el momento de dar por concluidos sus servicios en esa parcela. Y así resultó que a Marini I le sucedió Marini II.

Sin embargo, Ud. usaba una férula papal (o cruz del pescador) distinta de la de su predecesor, añadió a la desnuda sotana blanca la muceta roja y daba la comunión en la boca. Según sus críticos, todo esto no era sino una «recuperación de ritos litúrgicos del pasado». ¿Lo era?

No. Yo me alegro de la reforma del concilio allí donde ha sido asumida de forma sincera y buena, en su auténtica esencia. Sin embargo, también hubo muchas arbitrariedades y destrucciones, a las que había que poner coto. La liturgia en la basílica San Pedro siempre había sido buena e intentamos seguir haciéndolo así. La comunión en la boca no está prescrita, yo siempre le he dado indistintamente de las dos formas.

Pero puesto que en la plaza de San Pedro hay tantas personas que pueden malinterpretar esto y que, por ejemplo, se guardan la hostia, me pareció que dar la comunión en la boca podía ser una señal muy adecuada. ¿Qué esto habría tenido un efecto en cierto modo restauracionista? Debo  decir en general que estas categorías de lo antiguo y lo nuevo no son aplicables a la liturgia. Las Iglesias de Oriente hablan sin más de liturgia divina, que no la hacemos nosotros, sino que nos es regalada. Para caracterizar la liturgia occidental, J. A. Jungmann acuñó la expresión «liturgia devenida» [gewordene Liturgie]. Con ello, el gran liturgista alude a la marcada conciencia histórica de Occidente, que ve en la liturgia crecimiento y maduración, declive y renovación, pero en ello percibe asimismo la continuidad de lo que nos viene dado por el Señor y por la Tradición apostólica. Desde esta conciencia he celebrado yo la liturgia.

[…]


S.S. Benedicto XVI revestido para celebrar la Santa Misa junto a Mons. Guido Marini

Después de que Ud., con motu proprio Summorum Pontificum, facilitara el acceso a la antigua Misa en latín, estalló un debate sobre la oración del oficio de Viernes Santo por la conversión de los judíos. Luego, en febrero de 2008 dispuso Ud. que se sustituyera ese texto por una nueva formulación. ¿No podría haberse evitado la polémica?

Eso fue orquestado en Alemania por teólogos no amigos. Las cosas son así: conocemos la nueva oración del Viernes Santo y es aceptada por todos. Pero entretanto habíamos acogido en la Iglesia, ya en tiempos de Juan Pablo II, a algunos grupos con liturgias antiguas, por ejemplo, la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Así pues, había ya muchas comunidades religiosas, muchas comunidades de fe, que celebraban la liturgia antigua. Y en concreto la antigua liturgia del Viernes Santo, que realmente no podía aceptarse en aquella forma. Y aún me asombro de que no se hubiere hecho nada contra ello.

Yo consideraba que eso no podía dejarse así, que también los partidarios de la liturgia antigua debían cambiar este punto. De ahí que hubiera que elaborar la oración de un modo tal que encajara en el estilo intelectual de la antigua liturgia, pero que al mismo tiempo estuviera en consonancia con nuestros conocimientos actuales sobre el judaísmo y el cristianismo. Esta renovada oración del Viernes Santo consta, como todas las oraciones del Viernes Santo, de dos partes: una invitación a la oración y el ruego propiamente dicho. La invitación a la oración la tomé a la letra de las preces de la Liturgia de las horas. Y la petición la formulé a partir de textos de la Escritura. En ella no se contiene nada, absolutamente nada que justifique los reproches que una y otra vez se me lanzan en Alemania.

Todavía estoy contento de haber conseguido cambiar positivamente la liturgia antigua en este punto. Retirar esta nueva formulación del texto, como una y otra vez se reclama, significaría tener que volver a rezar el antiguo e inaceptable texto que habla de los perfidi Iudaei [Nota de la Redacción: véase lo que se dice en esta entrada al respecto]. Pero determinadas personas en Alemania intentaron desde el principio derribarme. Sabían que la forma más fácil sería sirviéndose de polémicas relacionadas con Israel y por eso montaron esa mentira de que ahí se decía Dios sabe qué cosas. He de decir que eso me parece mezquino. Hasta entonces se había rezado la antigua petición; y yo la  reemplacé, para el círculo de quienes celebraban la liturgia antigua, por otra mejor. Pero esas personas a las que aludo no querían que esto se entendiera.

[…]

 Liturgia tradicional de Viernes Santo en el seminario de la FSSP en Denton, Nebraska (EE.UU.)

Una pregunta sobre la reautorización de la Misa tridentina: este esfuerzo tuvo algo titubeante. ¿Se debió a las resistencias dentro de la propia Iglesia?

Sin duda, porque existe, por una parte, el miedo a una restauración y luego, por otra, gente que entiende equivocadamente la reforma. No se trata de que ahora haya otra Misa. Son dos modos de celebrarla ritualmente, pero que forman parte de un rito básico.

Siempre he dicho y sigo diciendo que es importante que cuanto en la Iglesia antes era lo más sagrado para las personas no se convierta de repente en algo prohibido. No puede ser que una sociedad prohíba lo que antes consideraba esencial. La identidad interior del otro debe permanecer visible. De ahí que para mí no se trataba de consideraciones tácticas y Dios sabe qué, sino de la reconciliación interior de la Iglesia consigo misma.

La reautorización de la antigua Misa se interpreta con frecuencia sobre todo como una concesión a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X.

¡Eso es absolutamente falso! Para mí era importante que la Iglesia estuviera en armonía consigo misma, con su propio pasado. Que lo que antes era sagrado para ella no se considerara ahora algo erróneo. El rito no puede sino evolucionar. En este sentido, la reforma era conveniente. Pero no se puede quebrar la identidad. La Fraternidad Sacerdotal de San Pío X se basa en que hay gente que tiene la sensación de que la Iglesia se ha negado a sí misma. Eso no puede ser. Pero, como ya he dicho, mi intención no era de naturaleza táctica; antes bien, lo que me preocupaba era el asunto en sí. Por supuesto, ese es también un punto en el que, en el momento en que se ve aflorar una escisión eclesial, el Papa está obligado a hacer lo posible por impedirla. De ello forma parte asimismo el intento de reintegrar a estas personas, si es posible, a la unidad de la Iglesia.

 Mons. Bernard Fellay, superior de la FSSPX, fotografiado junto a un retrato de S.S. Benedicto XVI

Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se quebaja Ud. del empobrecimiento y al uso de la liturgia. Al fin y al cabo, la liturgia es, a su juicio, el eje y quicio de la fe; de ella depende el futuro de la Iglesia. Si esto es así ¿por qué ha acontecido tan poco en este terreno? Ud. tenía todo el poder para obrar cambios.

Institucional y jurídicamente no se puede hacer tanto. Lo importante es que surja una visión interior de qué es la liturgia, de lo que realmente significa, que las personas lo aprendan desde dentro. Justo por ese motivo he escrito también libros al respecto. Por desgracia, todavía existen esas actitudes tensas de determinados grupos de supuestos especialistas que absolutizan sus teorías y no ven qué es lo esencial. Que no se trata de permitir jugueteos privados cualesquiera, sino de que la liturgia colme la Iglesia y sea celebrada desde dentro. Pero eso no se puede imponer por decreto.

Uno pensaría que el Papa tiene plenos poderes para ello, que puede hacer valer su autoridad.

No.

[…]

El caso Williamson puede considerarse en cierto modo como un punto de inflexión del pontificado. ¿Lo ve Ud. así también?

Desencadenó, por supuesto, una enorme batalla propagandística contra mí. Mis adversarios tenían por fin argumentos para decir: este no sirve, no es la persona idónea para el cargo. En ese sentido, fue un periodo de oscuridad, un tiempo difícil. Pero la gente comprendió luego que yo realmente no había sido informado

¿Es cierto que no hubo consecuencias de orden personal?

No, no lo es. Hubo consecuencias, por cuanto reorganicé de arriba abajo la comisión Ecclesia Dei, que era la que tenía la competencia en este asunto. El caso Williamson me hizo ver que no funcionaba adecuadamente.

¿No fue Ud. ahí demasiado blando?

A mi juicio, la culpa la tenía solo esta comisión. Y la reestructuré a fondo.

[…]

 Mons. Richard Williamson

¿[Usted calificaría su pontificado como] Reformador o conservador?

Siempre es preciso hacer ambas cosas. Hay que renovar, por lo que he intentado abrir camino hacia delante desde una reflexión moderna sobre la fe. Al mismo tiempo se necesita también continuidad; es importante no permitir que se desgarre la fe, que se quebrante.


Nota de la Redacción: Los textos reproducidos en esta y la entrada anterior están tomados de Seewald, P., Benedicto XVI: últimas conversaciones, trad. de Rosa Pilar Blanco, Viscaya, Mensajero, 2016, pp. 46, 72, 87, 101, 120, 121, 167, 181, 215, 217-218, 238-241, 244-245, 248-250, 274-275 y 287.

jueves, 19 de enero de 2017

50 años de Magnificat: la conferencia de Augusto Merino (sexta parte)

Les ofrecemos la sexta y última parte de la versión escrita de la conferencia impartida por el Profesor Augusto Merino Medina en el II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile celebrado el pasado mes de agosto de 2016.

 Prof. Augusto Merino Medina
(Imagen: Youtube/Una Belleza Nueva)

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Lex orandi, lex credendi: cómo alterar la fe sin tocar la doctrina (VI)

Para finalizar, quisiera presentar algunos ejemplos musicales, muy breves, que ilustran el tipo de música religiosa que se toca durante la Santa Misa en nuestros templos. Los tres primeros provienen de una colección que tiene por título “Canciones para la Misa”:

1. El primer ejemplo nos muestra la ridiculez y trivialidad que es tan común, en un canto que apenas podría considerarse “religioso”, intitulado “Yo tengo un amigo que me ama”



2. El segundo describe bien el estilo de los cantos en la Santa Misa reformada y lleva por título “Aleluya por esa gente”


3. El tercero ilustra el estilo sentimental, lánguido, de letra sin riqueza teológica, que se ha impuesto como “canto de reflexión” para después de la comunión. Se titula “Jesús amigo”: 


Los siguientes ejemplos provienen de otras colecciones de música para la Santa Misa:

4. Hemos espigado aquí en una antología de música de mala calidad, en que el lenguaje musical, en tonalidad menor y descendente, es vehículo de un texto que proclama la resurrección del Señor, que es todo menos descendente, y que lo único que debe evitar es la sombría tonalidad menor. Su autor es Kiko Argüello y lleva por nombre “Resucitó, aleluya”


5. A continuación tenemos una canción, de un carácter relativamente culto, puesto que es obra de un clérigo cantautor (el jesuita Cristóbal Fones), pero con un texto inapropiado. Ella se intitula “Paz armada”


6. Un ejemplo de texto igualmente inadecuado, de carácter más popular, “comprometido” o “solidario”:, es la muy conocida canción “Baja a Dios de las nubes”


7. Y, finalmente, un ejemplo estupendo de incultura histórica y musical, como es la adaptación de una melodía satírica que se usaba en la parodia de la Misa, conocida como “la Misa del asno”, durante la Edad Media: 

Bendigamos al Señor”


Todos estos ejemplos nos muestran que el lenguaje musical es un poderosísimo lenguaje que puede ser usado y que está siendo usado para demoler la liturgia, en consonancia con otros esfuerzos afines: convertir la Misa en una “asamblea” o un “banquete” es algo que se puede lograr mediante la manipulación del vocabulario, y es algo que se está intentando, ciertamente; pero cuando el lenguaje musical proporciona su apoyo a esta empresa, las defensas y resistencias afectivas y emocionales de los fieles ya son demolidas de un modo verdaderamente admirable. Lo que queda es esa triste ruina litúrgica para cuya contemplación se nos ofrece una oportunidad diaria o, al menos, dominical.

Conclusiones

Si en algún momento este texto ha parecido estar escrito desde una perspectiva que ve, en los hechos que hemos descrito, conspiración para manipular la sensibilidad y afectividad del pueblo católico en lo que reza y en lo que canta, eso es precisamente lo que se quería dar a entender.

No reconocer esos designios ocultos o disimulados, que se van manifestando gradualmente y con ambigüedad, es situarse en un terreno de irenismo totalmente equivocado y fatal. No hay nada más propiamente evangélico que tomar para todo en cuenta la presencia de un enemigo, el Diablo, que está de continuo presente en la vida de la Iglesia, en su vida cotidiana, no menos que en la cotidianeidad de nuestras vidas individuales. El Nuevo Testamento en su conjunto contiene reiteradas advertencias de que la lucha que enfrentamos los católicos no es contra fuerzas terrenales o humanas, sino contra otras, muy superiores y mucho más poderosas, de carácter espiritual. En la hora de Completas, todas las noches del año se ha leído por siglos, en el antiguo Breviario, aquella lección breve tomada de San Pedro: “estad despiertos y vigilad, porque vuestro enemigo el diablo da vuelta alrededor de vosotros rugiendo y buscando a quien devorar”.


Sin embargo, si bien he querido denunciar este designio maligno, no ha sido mi propósito emitir un juicio sobre persona alguna determinada y sus intenciones más íntimas. Dios es el juez. Lo cual no significa que, mientras Él no juzgue, no podemos indicar la existencia de delitos y pecados.

Nuestro propósito ha sido, por el contrario, precisamente indicar la existencia de esos delitos y pecados contra la pureza de la fe y la unidad de la Iglesia, pero no asumiendo nosotros el papel de árbitros, sino apoyándonos precisamente en la autoridad de la propia Iglesia, expuesta en su milenaria liturgia y, para mayor claridad, por si alguien tuviera dudas, en su Magisterio.

Específicamente lo que hemos querido denunciar es el propósito diabólico de ir solapada e hipócritamente produciendo cambios y alteraciones en la verdad revelada mediante el expediente de alterar, cambiar, modificar, “mejorar” y, si se permite la castellanización, aggiornar”, la lex orandi.