lunes, 18 de mayo de 2015

Pistas de Lectura: Memorias de ultratumba

François René de Chateaubriand (Saint Malo, 1768- París, 1848), escritor y político francés, pionero del romanticismo francés, nació el 4 de septiembre de 1768 en la localidad de Saint-Malo, Bretaña, en el seno de una antigua familia de la baja nobleza bretona. Fue educado junto a sus cinco hermanos en el castillo de Comburg, cercano a Saint Malo, y estudió en los colegios de Dol y Rennes.

Retrato de Chateaubriand
Pierre-Narcisse Guerin

Entró en el Ejército francés en 1786, y estuvo en París durante los primeros años de la Revolución Francesa. Se negó a unirse tanto a los realistas como a los revolucionarios radicales, y se trasladó a Estados Unidos en 1791 con la intención de buscar el Paso del Noroeste. Sin embargo, sólo viajó por la Costa Este, donde –como relata en sus Memorias de Ultratumba- conoció a George Washington, presidente de los Estados Unidos.

Chateaubriand regresó a Francia en 1792 y luchó en el bando contrarrevolucionario con la Armée des émigrés. Meses después, herido y enfermo, huyó a Bélgica hasta que finalmente se radicó Inglaterra (1793). Al volver a Francia (1800) bajo un nombre falso, Chateaubriand se ganó el favor de Napoleón, que le otorgó un cargo diplomático. Dimitió y se enemistó con Bonaparte en 1804, tras la ejecución del duque de Enghien, tras la cual emprendió el viaje a Grecia, Creta y Palestina que relata en su obra Itinerario de París a Jerusalén.

Con la Restauración, entre 1820 y 1824, obtuvo sucesivamente los puestos de embajador plenipotenciario en Berlín, embajador en Londres y comisionado en el congreso de Verona. Reconocido partidario legitimista, su carrera política termina en 1830, al negarse a jurar lealtad a Luis Felipe de Orleans.

Tumba de Chateaubriand en Saint Bé

Murió el 4 de julio de 1848 en París y sus restos reposan por su expresa voluntad en la isla de Grand Bé, muy próxima a su natal Saint Malo.

Chateaubriand fue uno de los escritores franceses más importantes de la primera mitad del siglo XIX. En su obra El genio del cristianismo afirmó que el cristianismo era moral y estéticamente superior a las demás religiones. Esta afirmación influyó profundamente en la vida religiosa y literaria de su tiempo, la que era fruto de su profunda Fe en Dios evidenciada desde su juventud.


De su obra autobiográfica Memorias de Ultratumba, traducida al castellano y publicada en la prestigiosa Editorial Acantilado, extraemos un fragmento en que el autor nos relata vívidamente el momento de su Primera Comunión:

“Al día Siguiente, Jueves Santo, fui admitido en esa Ceremonia conmovedora y sublime cuyo cuadro he intentado trazar en vano en El genio del Cristianismo. Habría podido volver a sentir las pequeñas humillaciones de costumbre: mi ramillete y mis ropas eran menos bonitos que los de mis compañeros; pero ese día, todo perteneció a Dios y estuvo consagrado a Él. Sé perfectamente lo que es la Fe: la presencia real de la víctima en el santo sacramento del altar me resultaba tan sensible como la presencia de mi madre a mi lado. Cuando la hostia fue depositada en mis labios, me sentí todo yo iluminado interiormente. Temblaba de respeto, y la única cosa material que me preocupaba era el temor a profanar el pan sagrado.

Le pain que je vous propose
Sert aux anges d'aliment,
Dieu lui'même le compose
De la fleur de son froment.

RACINE

Comprendí, entonces, el valor de los mártires; en ese momento habría podido proclamar mi fe en Cristo en el potro o rodeado de leones.

Me gusta recordar estos momentos de felicidad que precedieron en muy poco en mi alma a las tribulaciones del mundo. Comparando este entusiasmo con la exultación que voy a describir, viendo al mismo corazón experimentar en el intervalo de tres o cuatro años cuanto de más dulce y saludable tienen la inocencia y la religión, y todo cuanto tienen las pasiones de más seductor y funesto, uno elegirá entre ambas alegrías; se verá dónde hay que buscar la felicidad y sobre todo el reposo.

Tomado de de Chateaubriand, François René, Memorias de ultratumba, Barcelona, Editorial Acantilado, Barcelona, pp. 88-89.

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