miércoles, 27 de noviembre de 2019

FIUV Position Paper 26: La forma extraordinaria y los varones

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el Misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 26 y que versa sobre la forma extraordinaria y los varones, cuyo original en inglés se puede consultar aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de febrero de 2015. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede. 


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La forma extraordinaria y los varones

Abstract

Los sociólogos de la religión han observado la menor presencia de los varones entre quienes asisten a las Misas católicas. Un estudio de 2005 encontró que entre quienes asisten a Misa los hombres son un 37%. La forma extraordinaria es más exitosa en atraer y retener a los varones: cuando se la celebra, la asistencia de hombres es de 55%. La importancia de los padres en las familias católicas realza este efecto, y es importante considerar la contribución a la evangelización de los varones que esta forma de la Misa puede llevar a cabo. Este fenómeno cuadra con un patrón más general de los grupos religiosos más exigentes, que usan liturgias formales, que ponen el acento en lo trascendente, y que tienen mayor éxito en atraer a los varones que los grupos litúrgicamente informales, más orientados a la comunidad. La forma extraordinaria está también relacionada con una serie de devociones tradicionales, especialmente las peregrinaciones, las que resultan atractivas para los hombres y los jóvenes.

Texto

1. Desde 1970 en el mundo desarrollado, la proporción de varones y mujeres católicos que asisten a Misa y se comprometen de otras formas con la Iglesia ha variado en forma notable. El tamaño y los recursos de la Iglesia en los Estados Unidos nos permiten consultar estadísticas cuidadosamente recopiladas sobre este fenómeno, que puede observarse también en todo Occidente. Por ejemplo, en 1974, el 46% de los hombres y el 45% de las mujeres estudiados se consideraban “muy católicos”; en 2012, 24% de los hombres y 30% de las mujeres se definían de este modo[1]. En 2005 un estudio informó que sólo el 37% de los asistentes regulares a Misa en los Estados Unidos eran hombres[2]. Un estudio de 1985 reveló que 70-90% de las actividades parroquiales (catequesis, acolitado, grupos de estudios bíblicos) era dirigido por mujeres[3].

2. Este fenómeno presenta graves peligros para la Iglesia. La Iglesia necesita varones no sólo para ir reponiendo los miembros del clero, sino que los padres parecen ser mucho más influyentes que las madres en la transmisión de la fe a sus hijos[4]. La explicación más simple de esto es la mayor vinculación del padre con el mundo adulto, al cual los niños esperan ingresar a medida que crecen.

3. El papel de los padres en la formación de los niños fue subrayado por Benedicto XVI en un discurso a los padres africanos: “Al manifestar y vivir en la tierra la paternidad propia de Dios (cf. Ef. 3,15), vosotros estáis llamados a garantizar el desarrollo personal de todos los miembros de la familia, que es la cuna y el medio más efectivo de humanizar la sociedad y el lugar de encuentro de diferentes generaciones”[5].

4. Por ello es muy significativo que la proporción de hombres y mujeres que asisten a la forma extraordinaria sea favorable a los hombres, un hecho que todavía no ha llamado la atención de los investigadores profesionales, pero que se puede advertir con la mera observación. La Federación Internacional Una Voce, que ha solicitado observaciones de lo que ocurre en todo el mundo, no ha encontrado nada que contradiga la precisión y la aplicabilidad a nivel mundial, en el rito latino, de los números citados anteriormente, es decir, 37% de la asistencia a la forma ordinaria está compuesto por hombres. En el caso de la forma extraordinaria, el número de 55% parece ser típico, dentro de un rango de 50% a 75%.

 Misa de campaña durante la Segunda Guerra Mundial

Los varones y la religión

5. Las mujeres son más numerosas que los hombres en la mayor parte de las colectividades protestantes de Occidente, y hay pruebas de que esto es una antigua característica de muchas denominaciones protestantes[6]. Pero no ocurre lo mismo en otras religiones. Ya se ha mencionado la relación en la Iglesia católica de los Estados Unidos en época tan reciente como 1974. El judaísmo ortodoxo y el islam parecen atraer a más hombres que mujeres, incluso en Occidente. La ortodoxia oriental parece atraer a un número equilibrado de convertidos occidentales[7]. El desequilibrio actual en la Iglesia católica de Occidente exige una explicación especial.

6. Un tema importante parece ser el papel que tienen las emociones: se ha observado en muchas partes que los hombres se sienten menos cómodos con la expresión de las emociones que las mujeres[8]. El emocionalismo de muchas denominaciones protestantes podría explicar el antiguo problema que tienen para atraer a los varones. Como observaba el apologista inglés Mons. Hugh Benson (1871-1914) en vísperas de la Primera Guerra Mundial: “Entre los católicos, se desalienta fuertemente el emocionalismo y aun los sentimientos intensos, y […] se piensa que el centro de la religión reside más bien en la adhesión y obediencia prestada por la voluntad. El resultado, por cierto, es que muchas personas de natural poco devoto siguen, en cuanto católicos, practicando su religión y, a veces, en el caso de espíritus poco generosos, cumpliendo sólo el mínimo de sus obligaciones, en tanto que, si fueran anglicanos, abandonarían del todo la práctica[9]”.

Benson relacionaba esto con el equilibrio entre los dos sexos y daba testimonio de que, según su experiencia, se veía más hombres que mujeres en el culto católico[10].

7. Además de la incomodidad con el emocionalismo, en el caso de los hombres se ha observado una preferencia por un rango más amplio de formas de comunicación, en contraste con la pura comunicación verbal, y un mayor interés en la dimensión “vertical” que en la “horizontal” del culto, vale decir, la conexión con Dios en contraste con la conexión con la comunidad. Todo esto contribuye a que los hombres prefieran una forma de culto más formalizada y sacral, como lo ha notado el sociólogo jesuita Patrick Arnold: “Aun más central en el culto masculino es la noción de lo Trascendente. Al desenfatizar la cristiandad moderna, en las últimas generaciones, el interés por lo absoluto y último, por el cielo y el infierno, la eternidad y la infinidad, se ha dado un paso decisivo hacia una religión femenina, que se interesa, típicamente, por lo inmanente y lo encarnado, por encontrar a Dios en las cosas pequeñas, en lo cotidiano, en lo de este mundo […] A medida que la religión liberal enfatiza cada vez más la dimensión inmanente y “horizontal” de la fe, con exclusión de las realidades trascendentes y “verticales”, ignora, sin darse cuenta, el voraz apetito de los varones por lo Grande, lo Absolutamente Otro y lo Eterno”[11].

Y también: “Una liturgia que apela a los varones posee la cualidad que los judíos llamaban kabod (“gloria”), y los romanos gravitas (“gravedad”): ambas palabras, en su raíz, quieren decir “con peso”, y connotan un sentido de dignidad, importancia y seriedad”.

8. Aunque puede que haya otros factores que atender, mirar el problema de este modo parece explicar el éxito variable de las diversas religiones para atraer y retener a los varones. El judaísmo ortodoxo, el islam y la ortodoxia oriental ponen énfasis, en su teología o en su liturgia o en una combinación de ambas[12], en lo trascendente y lo misterioso y en el ritual formal.

Las denominaciones protestantes que tienen una teología más liberal y una liturgia más informal, tienden a experimentar, en proporción, mayores problemas para retener a los varones[13],  y el judaísmo liberal tiene menos éxito en esto que el ortodoxo.

El éxito de la forma extraordinaria para atraer a los varones calza dentro de este patrón más general.

 Mons. Robert Hugh Benson (centro)
(Foto: Wikipedia)

La forma extraordinaria y los varones

9. La formalidad sagrada y la ausencia de espontaneidad de la forma extraordinaria, su orientación hacia lo trascendente, y su expresión de profundas verdades sin exigir de los asistentes una expresión abiertamente verbal o emocional, son rasgos que no plantean a los varones exigencias frente a las cuales se sientan incómodos. Al mismo tiempo, la forma extraordinaria proporciona algo que es especialmente atractivo para los varones: la expresión de ideas a través de la acción, del drama a través de las ceremonias. El contenido de los ritos, y de muchos de los textos litúrgicos, enfatiza aun más lo trascendente, la naturaleza sacrificial de la Misa, y la necesidad de respeto ante Cristo presente en el altar. Finalmente, ella proporciona a los varones el tipo de desafío con el que se sienten cómodos y que, en efecto, encuentran atractivo: el llamado a la conversión de la vida, en el contexto de una clara expresión de la realidad del pecado y de la necesidad de la gracia.

10. Es útil tener presente una observación hecha por el Cardenal John Heenan (1905-1975) sobre una primera versión de la Misa reformada que se presentó en 1967: “En mi país, no sólo asisten a Misa con regularidad las mujeres y los niños, sino también los padres de familia y los hombres jóvenes. Si les ofreciéramos el tipo de ceremonia que vimos ayer en la Capilla Sixtina [la presentación de la Misa Normativa], pronto nos quedaríamos sólo con la asistencia mayoritaria de mujeres y niños”[14].

11. La forma extraordinaria del rito romano está, además, asociada normalmente con el interés y la práctica de muchas devociones tradicionales, mucho más que en el resto de la Iglesia latina, devociones que pueden ser también atractivas para los varones. El ejemplo más claro de esto es el de las peregrinaciones a pie, que han sido adoptadas por los católicos adherentes a la forma extraordinaria en muchos países[15], bajo la inspiración del éxito que tiene la peregrinación anual de París a Chartres, organizada por Notre Dame de Chrétienté, en la que participan normalmente entre 8.000 y 10.000 personas. El desafío físico de una caminata larga -los peregrinos de Chartres caminan 100 km en tres días- es un atractivo para los varones y también para los jóvenes. En este sentido, los católicos adherentes a la forma extraordinaria son parte de un fenómeno más amplio, que ha visto a cantidades de gente emprendiendo el camino, todavía mucho más largo, a Santiago de Compostela -muchos con poca o ninguna fe religiosa-, cantidades que han crecido enormemente en las últimas décadas[16]. La necesidad espiritual de estos “peregrinos”, tomando el término en su sentido más amplio, es atendida por el aspecto físico de muchas devociones tradicionales.

 Peregrinación a Chartres
(Foto: Aleteia)

Conclusión

12. Los rasgos de la forma extraordinaria que atraen a los varones no son necesariamente poco atractivos para las mujeres. Aunque parece natural describir como “femeninas” ciertas tendencias litúrgicas, como el emocionalismo, la creatividad, la espontaneidad y en el énfasis en lo comunal, no se sigue necesariamente de ello que las mujeres quieran ver estos rasgos incorporados en su culto. Lo que sí parece ser el caso, sin embargo, es que, a medida que la religión se mueve hacia lo “femenino”, entendido como lo hemos hecho aquí, ello causa problemas para retener a los varones.

13. Los varones tienen un papel en la economía de la salvación, igual que las mujeres y no debiera ignorarse la cuestión de la evangelización de ellos. Para citar una vez más a Benedicto XVI dirigiéndose a los varones africanos: “Quiero animar a los varones católicos, en sus familias, a hacer una auténtica contribución a la educación humana y cristiana de sus hijos, y a acoger y proteger la vida desde el momento de la concepción. Los invito a adoptar un estilo cristiano de vida, enraizado y fundado en el amor (cf. Ef. 3, 17). Con San Pablo, los exhorto una vez más: “Amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella […] los maridos debieran amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. Quien ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie odia su propia carne, sino que la alimenta y la cuida, como hace Cristo con la Iglesia” (cf Ef. 5, 25, 28)[17].



[1] Estas estadísticas aparecieron en National Catholic Reporter, bajo el título de “Losing their religion”, de Cathy LynnGrossman, el 20 de febrero de 2015; la investigación fue publicada por el Centre of Research in the Apostolate (CARA), con base en Georgetown, Estados Unidos.

[2] Gallup Poll de católicos (2005), pregunta 75.

[3] Leege, D./Tozzolo, T., “Participation in the Catholic Parish Life: Religious Rites and Parish Activities in the 1980’s”, Notre Dame Study of Catholic Parish Life, núm. 3 (1985), p. 14.

[4] Un gran estudio en Suiza en 1984 mostró que en una familia con madre no practicante y un padre practicante, cerca de dos tercios de los hijos, como promedio, practican su religión. En una familia con madre practicante y padre no practicante, sólo un tercio de los hijos practican su fe; el sexo de los hijos no tiene importancia. Véase Haug, W./Warner, P. (ambos del Federal Statistical Office, Neuchatel), “The demographic characteristics of the linguistic and religious groups in Switzerland”, Population Studies, núm. 31: The Demographic Characteristics of National Minorities in Certain European States (The Council of Europe Directorate General III, Social Cohesion, Estrasburgo, 2000).  

[5] Benedicto XVI, Exhortación post Sinodal Africae Munus (2011), núm. 53.

[6] Los resultados del censo de 1936 de los Estados Unidos nos dan las siguientes estadísticas, citadas por Podles, L., The Church Impotent: the feminization of Christianity (Dallas, Spence Publishing Company, 1999) p. 11: “entre los ortodoxos orientales la proporción de mujeres y hombres es 0,75-0,99 a 1; entre los católicos, 1,09 a 1; entre los luteranos, 1,04-1,23 a 1; entre los menonitas, 1,14-1,16 a 1; entre los quákeros, 1,25 a 1; entre los presbiterianos, 1,34 a 1; entre los episcopalianos, 1,37 a 1; entre los unitaristas, 1,40 a 1; entre los metodistas 1,33-1,47 a 1; entre los bautistas, 1,35 a 1; en las Asambleas de Dios, 1,71 a 1; entre los pentecostales, 1,71-2,09 a 1; en la Ciencia Cristiana, 3,19 a 1”.

[7] Véase infra, nota 12, y también Podles, The Church Impotent, cit., p. ix.

[8] Un tema paralelo y fácilmente observable es la relativa falta de voluntad de los varones de someter a los médicos sus problemas. “El índice bruto de consulta [para los médicos de medicina general en el Reino Unido] fue 32% menor en los hombres que en las mujeres […] La mayor brecha por sexo en consultas de medicina general se observó entre quienes tienen entre 16 y 60 años. Las diferencias por género en consultas fue más alta en personas provenientes de áreas más pobres que en las provenientes de áreas más pudientes. Las cifras en consultas en temas de reproducción disminuyeron la brecha de enero, pero no la eliminaron. British Medical Journal Open 2013 Health services research: “Do men consult less than women? An analysis of routinely collected UK general practice data”, realizada por Yingying Wang, Kate Hunt, Irwin Nazareth, Nick Freemantle, Irene Petersen, Abstract.

[9] Benson, R. H., Confessions of a Convert (Lonndres, Longmans, 1913), p. 111.

[10] Benson, Confessions of a Convert, cit., p. 110: “No existe la “alienación de los varones” [en la Iglesia católica]; por el contrario, en este país, como también en Italia y en Francia, me sorprende siempre el extraordinario predominio del sexo masculino sobre el femenino en la asistencia a Misa y en la práctica de oraciones privadas en las iglesias. Al hacer casualmente esta observación, hace poco, a un cura párroco de una iglesia suburbana, me dijo que el día anterior había contado el número de fieles desde la nave occidental y que la proporción entre hombres y mujeres había sido de 2 a 1. Esto es, por cierto, una excepcional ilustración de lo que afirmo”.

[11] Arnold, P., Wildmen, Warriors, and Kings: Masculine spirituality and the Bible (Nueva York NY, Crossroad, 1992), pp. 77-78.

[12] Cfr. Matthewes-Green, F., Facing East: A Pilgrim’s Journey into the Mysteries of Orthodoxy (Nueva York NY, Harper Collins, 1997) p. xii: “Hay algo en la ortodoxia que atrae inmensamente a los varones, y es algo que sus mujeres -especialmente las acostumbradas a un culto de un tipo evangélico, más suave- captan mucho más lentamente. El atractivo de unirse a esta comunión vasta, antigua, sólida como roca, debe ser algo parecido a unirse a la infantería de marina. Esta exige enormemente, y no se preocupa de los antojos individuales de cada uno, pero una vez que uno está adentro, uno es más uno mismo que lo que jamás pensó que podría ser. Exige no morir en el campo de batalla, sino morir a sí mismo en mil dolorosas formas, y Dios será soberano. Es una cosa de muchachos; nadie más lo entiende”.

[13] Véase las estadísticas citadas supra, en nota 6.

[14] Citado en Davies, M., Pope Paul’s New Mass (Kansas City MI, The Angelus Press, 1980), p. 111. 

[15] En especial la peregrinación Christus Rex en Australia, la peregrinación Walsingham en Inglaterra, y la peregrinación Auriesville en los Estados Unidos.

[16] El número de peregrinos que recorren el Camino está registrado en estadísticas, disponibles desde mediados de la década de 1980. En 1985 hubo sólo 690; este aumentó a 4.910 en 1990; 55.004 en 2000; 179.919 en 2011 (año posterior al Año Santo, cuando el número aumentó enormemente) y 237.886 en 2014.

[17] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 52.

jueves, 21 de noviembre de 2019

FIUV: Nuevo Consejo y Directiva elegidos en la Asamblea de 2019

En la Asamblea General celebrada en Roma el sábado 26 de octubre, las siguientes personas fueron confirmadas como miembros de la Directiva y del Consejo de la Federación: 

Presidente
Felipe Alanís Suárez (Una Voce México)

Presidente honorario
Jacques Dhaussy (Una Voce Francia)

Vice -presidentes
Patrick Banken (Una Voce France)
Jack Oostveen (Ecclesia Dei Delft, Países Bajos)

Secretario
Joseph Shaw (Latin Mass Society, Inglaterra y Gales)

Tesorera
Monika Rheinschmitt (Pro Missa Tridentina, Alemania)

Consejeros
David Reid (Una Voce Canadá)
Oleg-Michael Martynov (Una Voce Rusia)
Jarosław Syrkiewicz (Una Voce Polonia)
Jaime Alcalde (Una Voce Chile)
Eduardo Colon (Una Voce Puerto Rico)
Fabio Marino (Una Voce Italia)
João Silveira (Una Voce Portugal)
Prof. Riccardo Turrini Vita (Una Voce Italia)


martes, 19 de noviembre de 2019

Un cuento sobre dos leccionarios

Les presentamos a continuación otro interesante artículo del Dr. Peter Kwasniewski, en el cual compara el leccionario tradicional con el reformado, dejando en evidencia las notorias deficiencias de este último.

El artículo fue publicado en New Liturgical Movement y ha sido traducido por la Redacción. 

 "Shakespeare resumido"

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Un cuento sobre dos leccionarios: calidad versus cantidad

Peter Kwasniewski

Desde hace algunos años he investigado el leccionario revisado, que es uno de los puntos que a menudo se presenta como uno de los grandes logros de la reforma litúrgica. Una presentación más completa de mis conclusiones se publicó en las actas de Sacra Liturgia 2015, Liturgy in the Twenty-First Century (pp. 287-320), pero se puede encontrar algunas consideraciones adicionales en un capítulo de mi libro Resurgimiento en medio de la crisis, en el prólogo al libro de Matthew Hazell Index Lectionum, en el ensayo con que he contribuido a un texto próximo a publicarse de Emmaus Road[1], en mi artículo sobre la escandalosa omisión de 1 Cor 11, 27-29 en el leccionario revisado, y en mi artículo sobre la purga de los salmos en la Liturgia de las Horas. Hay que admitir que, a medida que uno profundiza en este tema, se encuentra con cosas cada vez más inquietantes.

En su libro, de provocativa lectura, Work of Human Hands, el Rvdo. Anthony Cekada sostiene que el nuevo leccionario “contiene más Escritura, pero menos del mensaje real de ésta”[2]. A primera vista tal cosa parece increíble. Después de todo, ¿acaso el enorme aumento de pasajes que se lee automáticamente en voz alta no significa que más contenido de la palabra de Dios tiene que hacerse presente?

Sin embargo, resulta sencillo ilustrar este punto del Rvdo. Cekada mediante una comparación.

Supongamos que un erudito editor desea publicar una colección de “textos clásicos de Shakespeare”, y se impone la condición de que el libro sea relativamente compacto. Un editor hábil, perfectamente familiarizado con las obras, recorrería las tragedias, las comedias, las historias y los romances del Bardo, seleccionando algunos discursos célebres y algunos personajes favoritos, junto con algunos pocos otros pasajes menos conocidos, extraños, oscuros, curiosos o líricos. Aunque se decida incluir un porcentaje pequeño del contenido total de las obras, el florilegio resultante será, con todo, verdaderamente representativo del total, coloreado con todas las facetas del genio del Bardo. 

 Advertencia para The Family Shakespeare de Thomas Bowdler

Ahora, supongamos que otro editor, más al día en sus puntos de vista (y, por tanto, más estrecho de mente), reconoce que Shakespeare es, después de todo, un autor de gran calado, pero sólo en aquellos aspectos de su obra que resultan aceptables para los lectores modernos, ya que a los hombres y mujeres de hoy no les gusta que se les hable del pecado, de la muerte, del juicio, del infierno y de otras cosas desagradables. Este editor opina también que se ha exagerado el elemento trágico, por lo que quiere incluir párrafos de las comedias, de las historias y de los romances, pero nada de las tragedias. Y puesto que componer e imprimir se han hecho tan fáciles y baratos, decide que puede publicar una selección compuesta por muchos volúmenes. Y contrata a alguien a quien le da la orden de proceder como queda dicho aquí: hay que incluir una cantidad mucho mayor de textos de Shakespeare, pero se debe evitar las partes “difíciles”. Se realiza, pues, el trabajo, y tres brillantes volúmenes emergen de las prensas.

Para ser sinceros, ¿no deberíamos decir que, a pesar del mayor porcentaje de Shakespeare que resulta publicado en el conjunto de tres volúmenes, ellos no son, de hecho, representativos del todo, debido a esta decisión políticamente correcta (arbitraria y subjetiva, por tanto)? ¿No habría que decir que el volumen único del otro editor, aunque mucho más compacto, se puede considerar mucho más una sinopsis de Shakepeare? Pues, sí: eso es exactamente lo que habría que decir.

Este ejemplo hipotético da expresión a una verdad universal: primero hay que abarcar el todo como un todo antes de poder seleccionar algunas de sus partes como partes. En otras palabras, saber qué partes son importantes y saber cómo puede usárselas cuando se las extrae del contexto más amplio, exige comprensión del todo y sensibilidad para el peso relativo y la función de cada una de las partes.

Un ejemplo racial aclarará esto. Si se cree que todas las razas son iguales, se puede razonablemente escoger unos pocos individuos para cargos militares o gubernamentales descartando el resto, sin merecerse por ello la acusación de prejuicio racial. El que sólo unos pocos hayan sido seleccionados -y quizá sólo de una raza determinada-, no es cuestión de prejuicios sino de necesidad práctica: hay sólo unos pocos cargos que llenar, y se elige a los mejores. La selección óptima, en cualquier momento, no requiere necesariamente tomar en cuenta a todas las razas, sino que depende de la providencia divina. Si, por el contrario, se creyera que sólo los hombres de determinada raza son humanos o virtuosos, la consiguiente selección de individuos de sólo esa raza, descartando a los de otras, constituiría un problema.

Con los leccionarios ocurre exactamente esto. Los leccionarios históricos de la tradición occidental contienen relativamente pocos pasajes, pero éstos están bien escogidos para cumplir sus funciones latréuticas y educativas, y tiene una tremendo fuerza. El editor no se guió aquí, en la selección, por prejuicios contra pasajes difíciles, exigentes o políticamente incorrectos. El leccionario tradicional, con ser breve, ofrece de dulce y de agraz, y pasajes ya claros, ya obscuros, ya consoladores, ya inquietantes, ya pacíficos, ya violentos. Igual que en nuestro hipotético volumen sobre Shakespeare.

Sí, es cierto: el antiguo leccionario no incluye algunas de las historias favoritas de la Biblia. Pero el no ser completo en este aspecto no es en absoluto un defecto, ya que su propósito nunca fue simplemente instruir, y mucho menos entretener; sí incluye, en cambio, pasajes claros en todos los principales temas de doctrina  de moral. Lo que omite no le impide de modo alguno cumplir su función litúrgica. Además, no hay motivo para que no se le pudiera haber añadido, atinadamente, una cantidad de lecturas adicionales manteniendo la estructura existente, de acuerdo con lo que dice Sacrosanctum Concilium en los núm. 35 y 51, ya que, como sabemos, el desarrollo orgánico de la liturgia ocurre más a menudo por la adición que por la sustracción o la innovación a partir de cero.

Lo que los Prometeicos hicieron, en cambio, fue borrar el antiguo y milenario leccionario y partir de cero, guiados por dos falsos principios: (1) el propósito del leccionario es presentar al pueblo todo el contenido instructivo que sea posible; (2) este contenido instructivo debe evitar todo lo que sea “demasiado difícil para el hombre moderno”. El primer principio significa una mala teología de la liturgia; el segundo, una mala teología sobre la inspiración de la Biblia y su inerrancia. En conjunto, ambos equivalen a un rechazo del principio más fundamental de todos, es decir, la tradición litúrgica debe ser recibida con veneración y transmitida sin disminución ni corrupción.

Así pues, el nuevo leccionario está viciado en sus mismos principios, e independientemente de los beneficios que pueda ofrecer, no se lo puede considerar, en su conjunto, como un auténtico leccionario en el sentido en que la venerable tradición cristiana ha dado origen a esta clase de libros. Por el contrario, es producto de un comité que Dios, en su Misericordia, ha permitido que no carezca absolutamente de frutos. Mientras antes reconozcamos este hecho, más rápidamente podremos arrepentirnos de nuestra precipitación, y regresar a nuestro leccionario tradicional, que surge, sin filtros, de la fe y la piedad cristianas.

En conclusión, es perfectamente posible que un leccionario tenga más Escritura desde un punto de vista cuantitativo, pero menos Escritura desde un punto de vista cualitativo. El Leccionario romano tradicional da al pueblo más del mensaje total de la Escritura, aunque comprenda menos palabras, en tanto que el nuevo Leccionario da al pueblo menos del mensaje total, a pesar de su considerablemente mayor número de palabras.




[1] Mientras aparece esta publicación, la charla está disponible en mi página de Academia.edu.

[2] Hay mucho que es muy admirable en la investigación del Rvdo. Cekada, como ha dicho Mons. Andrew Wadsworth en su recensión de ella en Usus Antiquior. Pero, igual que Mons. Wadsworth, no puedo compartir muchas de las conclusiones del libro.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Aviso importante: la Misa tradicional cambia su lugar de celebración

Queremos informar a todos nuestros feligreses, bienhechores y amigos que la Misa tradicional que nuestra Asociación celebra cada domingo y fiestas de preceptos cambiará su lugar de celebración a partir del próximo 17 de noviembre de 2019, Vigesimotercera Domínica después de Pentecostés. 

De momento, y mientras encontramos algún lugar que nos pueda acoger de manera estable, la Santa Misa se celebrará cada domingo, en el mismo horario de las 12.30 horas, en la parroquia que sirve nuestro capellán, el Rvdo. Milan Tisma Díaz. 

Se trata de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de El Salto, situada en Av. Bombero Ramón Cornejo Núñez (ex Los Molles) 340, esquina con Avenida Las Torres, comuna de Recoleta. 


Vista del altar

Al lugar se puede acceder por Av. El Salto, que tiene tráfico en ambas direcciones. Esto significa que es posible ingresar a ella tanto desde Avenida Américo Vespucio como por Av. Perú, según desde donde se venga. Luego hay que virar por Av. Bombero Ramón Cornejo Núñez (ex Los Molles), que también tiene tránsito en ambos sentidos. Aquí puede verse el plano de ubicación de la parroquia. 

Fachada de la parroquia

El cambio se debe a las condiciones de seguridad y al abierto espíritu antirreligioso de las manifestaciones violentas que casi a diario se desarrollan en el entorno de Plaza Italia y sus alrededores, donde está emplazada la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. Este ambiente ha llevado a la Universidad San Sebastián, que generosamente nos ha acogido desde 2011 a la fecha, a adoptar la triste decisión de suspender el culto en ese lugar mientras la situación social no se estabilice. Mientras pidamos a la Santísima Virgen del Carmen, Patrona de Chile que interceda por nuestra Patria. 


Oración por Chile


Virgen del Carmen, María Santísima,
Dios te escogió como Madre de su Hijo,
del Señor Jesús que nos trae el amor y la paz.
Madre de Chile,
a Ti honraron los Padres de la Patria
y los más valientes de la historia;
desde los comienzos nos diste bendición.

Hoy te confiamos lo que somos y tenemos;
nuestros hogares, escuelas y oficinas;
nuestras fábricas, estadios y rutas;
el campo, las pampas, las minas y el mar.

Protégenos de terremotos y guerras,
sálvanos de la discordia;
asiste a nuestros gobernantes;
concede tu amparo a nuestros hombres de armas;
enséñanos a conquistar el verdadero progreso,
que es construir una gran nación de hermanos
donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.

Virgen del Carmen, Estrella de Chile,
en la bandera presides nuestros días
y en las noches tormentosas
sabiamente alumbras el camino.

Madre de la Iglesia,
Tú recibes y nos entregas a Cristo;
contigo nos ofrecemos a Él,
para que sobre Chile extienda
los brazos salvadores de su Cruz
y la esperanza de su resurrección.


AMÉN.

martes, 12 de noviembre de 2019

Una entrevista al Dr. Peter Kwasniewski: "La belleza, mensajera de Dios"

A continuación les presentamos una traducción de una notable entrevista al Dr. Peter Kwasniewski, colaborador habitual de esta bitácora, la cual fue concedida a la revista Calx Mariae. En ella, el Dr. Kwasniewski se refiere a la belleza y su relación con la espiritualidad cristiana, especialmente cuando se manifiesta en las diversas artes sacras vinculadas a la liturgia católica.

La entrevista fue publicada originalmente en New Liturgical Movement. La traducción es de la Redacción; las imágenes son las que acompañan la publicación original.


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Entrevista con el Dr. Kwasniewski acerca de “La belleza, mensajera de Dios”

Peter Kwasniewski

Quizá los lectores de New Liturgical Movement se interesen por conocer una nueva revista, Calx Mariae, que se publica cuatro veces al año por Voice of the Family en el Reino Unido. La editora, Maria Madise, me invitó a una imaginaria entrevista sobre el tema “La belleza, mensajera de Dios” para el núm. 3, que acaba de aparecer. Permítaseme decir, a pesar de ser yo mismo un colaborador, que el contenido y los valores de la producción son extremadamente elevados. Es verdaderamente, una de las mejores publicaciones que, desde hace mucho tiempo, he llegado a conocer, y los ojos irritados la apreciarán en estos días en que las noticias y novedades están dominadas por Internet. Para subscribirse o adquirir números individuales, véase el siguiente enlace.

Con autorización de la editora, se publica aquí la entrevista completa.

Maria Madise: A lo largo de la historia, la Iglesia ha procurado que exista música hermosa, arte, arquitectura y la más fina artesanía. ¿Por qué estas cosas tienen un papel crucial en la espiritualidad y la formación católicas?

Peter Kwasniewski: La razón es simple: fuimos creados por Dios como criaturas de carne y hueso. Aprendemos a partir de los sentidos. Cuando Dios le reveló la Ley a Moisés, recurrió a una alta montaña, con relámpagos, truenos, nubes negras, sangre y tablas de piedra. Cuando ordenó la construcción del Tabernáculo, mostró el modelo para el mismo, trabajado hasta en los detalles más mínimos, y exigió los materiales más caros. Cuando Dios habló a Elías, hizo primero un gran ruido, y luego se reveló a Sí mismo como una “voz pequeña y suave”. Cuando el Señor quiso entregarse más íntimamente a sus discípulos, usó pan y vino, en medio de un ritual religioso sumamente estructurado. Podemos pensar en miles de ejemplos, tomados de la revelación divina, de “teofanías”, o sea, de manifestaciones de Dios mediante diversos signos e imágenes. La liturgia judía continuó este modelo en el templo y en la sinagoga, y obviamente la liturgia cristiana hizo lo mismo, impulsada especialmente por el milagro del Hijo de Dios que se hizo de carne y hueso. La fe católica, respaldada con el poder de la Encarnación, desarrolló la más rica y más bella cultura que el mundo ha jamás conocido, pero lo hizo para el servicio de Dios, apuntando más allá de sí misma.

M.M.: ¿Cuál es la finalidad de la belleza? ¿Es práctica, o funcional?

P.K.: La belleza es el primer mensajero de Dios, y el último, y el más efectivo. Nos damos cuenta de que el mundo es bueno y ordenado debido a la belleza del cosmos, la que llegamos a entender intelectualmente sólo con posterioridad. Y tal como llegamos a conocer a Dios a través de su arte divino, conocemos también la belleza interior del hombre principalmente a través de las grandes obras del arte humano. Un pintor como Rembrandt nos ayuda a ver la belleza inmensa, conmovedora del rostro de un hombre o una mujer viejos, que quizá podríamos pasar por alto, o encontrar incluso feo. Cristo es “el más hermoso de los hijos de los hombres”, como dice la Escritura, pero Él mismo quiso convertirse en “un varón de dolores”, deforme más allá de todo lo imaginable, para decirnos a través de ello algo inolvidable sobre la invisible belleza del amor, del sacrificio por amor. La Iglesia, por lo tanto, no puede ni debe rehuir su papel de presentar a la humanidad este Amante inmortal, tanto por la belleza que apela a nuestros sentidos, como por aquel misterio más profundo que ningún sentido puede alcanzar.

M.M.: ¿Cuál es el papel de la belleza en la formación de los niños y de los jóvenes?

P.K.: Lo primero que ve un infante en el mundo es el rostro de su madre, que fundamenta una primera y permanente visión de la belleza, no tal como la ve el mundo, sino porque el amor revela la verdad. A medida que el niño crece en familia, sus padres tienen la obligación grave de entrenarlo en el amor a lo bello, mediante la lectura de buenos cuentos, la memorización de poesías, mostrándole buenas obras de arte, haciendo arte juntos, y asistiendo a una liturgia que sea muy bella en lo exterior, si ello es posible. Todas estas cosas son parte de una sutil y envolvente educación del gusto, de la sensibilidad, del instinto, de la intuición. Cuando crecemos con la belleza, adquirimos el sentido de lo apropiado, del respeto, de la nobleza, de la dignidad. Estas son actitudes proto-religiosas o para-religiosas que influyen grandemente en el curso de nuestras vidas. Sin ellas somos mucho más vulnerables a los vientos de las falsas doctrinas y de las excusas torpes.

 Una típica esquina europea

M.M.: ¿Cómo le explicaría usted a alguien qué es exactamente la cultura, y qué es cultura católica?

P.K.: No es fácil definir la cultura. En una reciente conferencia hice un ensayo al respecto: cultura “es el modo compartido en que una sociedad o un pueblo acostumbra a expresarse, a celebrar y a inculcar su visión de la realidad”. Quizá esto sea demasiado general. La cultura se preocupa siempre de la expresión concreta de las ideas y de los valores; de cómo comemos nuestros alimentos, de qué bebemos y cuándo y por qué; de cómo nos vestimos y hablamos; de cómo se ven nuestros edificios y vehículos. Todo esto es cultura y, de hecho, expresa una visión del mundo (o, quizá, una mezcla ecléctica de visiones del mundo).

Sobre todo en Europa, los católicos desarrollaron una cultura riquísima, en que incluso los objetos más pequeños de uso diario eran bellamente decorados y, a menudo, en relación con doctrinas de la fe. De este modo, existió un continuo desde una copa en el hogar hasta el cáliz sobre el altar, desde la campanilla de la mesa del comedor hasta la campana de la catedral, desde el mantel del comedor hasta el corporal en la iglesia. Las imágenes de la Virgen y de los santos presidían en todas partes -eran nuestros compañeros en este mundo, pero como recordatorio de que “no tenemos aquí ciudad duradera, sino que esperamos otra que ha de venir”-.

La cultura católica es, pues, lo producido y atesorado por una sociedad que se inspira en la fe, un ambiente que vuelve la mente hacia Dios de un modo suave y frecuente, haciendo uso de la refinada belleza de las bellas artes y del genio áspero del arte folclórico, de la majestad impresionante de los ceremoniales y de la fuerza estabilizadora de los ritos. El resultado es que toda la vida se impregna gozosamente de la inmensa realidad de Dios, demasiado grande para ser limitada a un determinado campo o por una determinada expresión.

M.M.: ¿Debiera haber un traslapo de la cultura litúrgica con la popular? En caso afirmativo, ¿en qué forma? En caso negativo, ¿por qué no?

P.K.: Creo, de hecho, que es una tragedia que la alta cultura y la cultura popular se hayan separado casi totalmente, y que la liturgia ya no sea el motor de la cultura, tal como lo fue por más de mil años. La “inculturación” actual es, a menudo, barata, azarosa y secular, debido a que no está guiada por un pensamiento sólido y claro, enraizado en la Revelación divina y en la Tradición de la Iglesia.

Por ejemplo, la gente trata de tomar la música pop contemporánea e introducirla en la liturgia. Esto es un enorme error, porque esa música está saturada de emocionalismo, y asociada estrechamente con la anti-cultura liberal y su promiscuidad sexual. Su efecto es exactamente el contrario de lo que la música de iglesia debe producir: elevar el alma a Dios, purificar el corazón de afectos desordenados, disciplinar el cuerpo. En vez de ayudar en nuestra asimilación de la Palabra de Dios, promueve, más bien, la secularización de la religión.

Pero también es posible realizar la inculturación. Los misioneros que vinieron de Europa al Nuevo Mundo, a menudo incorporaron los rasgos externos de las culturas evangelizadas en la música, las devociones, las artes visuales. Por ejemplo, los misioneros españoles en México enseñaron a los indígenas a componer en el estilo de la polifonía renacentista, pero permitieron y aun alentaron la inclusión de flautas indígenas y de percusión. El resultado tiene un sabor eclesiástico, pero con un toque centroamericano (si le interesa oír algo de ella, búsquela en el San Antonio Vocal Arts Ensemble, o SAVAE).

 El Hijo Pródigo como metáfora (detalle de Rembrandt)

M.M.: ¿Qué deberes tenemos como herederos de la Tradición católica? ¿Debiéramos reformarla, preservarla o recrearla?

P.K.: Esta es una pregunta importante. He aquí lo que el Señor mismo nos enseña en la parábola del hijo pródigo. Lo que le hacemos a nuestra herencia familiar, o lo que hacemos con él, demuestra lo que pensamos de nuestro padre, de toda nuestra familia. Ahora bien, nadie podría negar que cosas como el latín, el canto gregoriano y el celebrar la Misa ad orientem son tesoros centrales, constitutivos y característicos de nuestro patrimonio católico. La reforma litúrgica los suprimió o marginalizó, procediendo como el hijo pródigo que malgasta la riqueza de la familia en vivir mal, y termina empobrecido y miserable. La única vía de escape de esta situación es lo que nos dice la parábola: conversión, arrepentimiento, regreso y reinstalación en la casa del padre.

La actitud correcta frente a nuestra herencia es protegerla, preservarla, defenderla y usarla todo lo posible. Para ello debemos conocerla, y a medida que mejor la conozcamos, más la querremos. Este amor, a su vez, inspirará nuevas obras bellas en continuidad con lo que ha existido antes. Tal es la experiencia de todo artista católico serio -arquitecto, pintor, iconógrafo, escultor, compositor, poeta-. Si conocemos nuestra Tradición, la imitamos, la emulamos, la desarrollamos y la transportamos hasta el siglo XXI. No es necesario buscar originalidad. La única persona plenamente original es Dios Padre, puesto que Él no tiene origen en nadie más; incluso el Hijo no es original, sino originado; y el Espíritu Santo lo es por el Padre y el Hijo. Dios mismo nos enseña que la perfección de las personas, después del Padre, consiste en derivar unas de otras. La criatura que quiso ser enteramente original fue Lucifer, de quien el Señor dice que es “el padre de la mentira” porque “habla desde sí mismo”. A eso nos conduce la originalidad pura: al infierno. Y eso es, por cierto, lo que vemos en tantos artistas modernos.

A propósito, Martin Mosebach ha observado que la noción de reforma tiene sentido sólo si se toma la palabra en serio: un regreso a la forma, un formar de nuevo lo que ha perdido la buena forma. Reforma no significa un relajo, un largarse a vagar, un destruir las cosas, sino que más disciplina, más apego a los buenos modelos, más auto-control, más humildad al servicio de lo grande. Ese es el tipo de reforma que la Iglesia necesita siempre, no la “reforma” que se nos ha dado en el último medio siglo, que debiera llamarse más bien “deforma”.

M.M.: ¿Cómo describiría usted su propio descubrimiento de la Tradición católica y qué efecto tuvo ello en su formación y en su trabajo?

P.K.: Para mí, el descubrimiento del canto gregoriano fue una inmensa revelación. No podría decir porqué me fascinó tanto a la temprana edad de 17 años, pero el canto gregoriano es hipnotizante y cautivante de un modo en que ninguna otra música lo es. Al oír discos de la Wiener Hofburgkapelle, aprendí a leer los neumas en un viejo Graduale Romanum que había sido descartado en la escuela benedictina para niños a la que por entonces asistía. Pienso que también tuvieron importancia mis estudios de composición -a los que me introdujeron los corales de J.S. Bach, que trataba de imitar en mis ejercicios-: hay algo en este tipo de disciplina que ayuda al alma a percibir la belleza no como algo vago, esponjoso y sentimental, sino como resultado de trabajo, conocimiento, norma.

Otras influencias importantes al final del colegio fueron la lectura de los diálogos de Platón y del libro Fundamentals of Catholic Dogma [Manual de Teología Dogmática], de Ludwig Ott. Por aquel tiempo, pensaba que Platón, aunque pagano, era verdaderamente “uno de los nuestros” -una especie de “católico en el armario”- y que educarse significaba leer a Platón y otros autores como él. Todo esto me hizo desear ir a la universidad para poder sumergirme en las riquezas del catolicismo, que ya había comenzado a gustar. Es por eso que fui al Thomas Aquinas College, en California, donde pude estudiar los “Grandes Libros”.

El Thomas Aquinas College me introdujo a un mundo de inmensa profundidad y belleza, que incluía la Misa Tradicional, en la que anida todo lo que en la fe católica es purísimo, altísimo y amabilísimo. Pienso en aquel versículo del salmo: “Incluso el gorrión encuentra su morada, y la golondrina un nido para poner sus polluelos: tus altares, oh Señor de los ejércitos, mi Rey y mi Dios” (Sal. 84, 3). La Misa verdaderamente fue, y debe volver a ser, la fuerza que inspire a la cultura católica. Ciertamente para mí y para mi familia ha sido el lugar donde encontramos nuestro hogar espiritual, y donde podemos educar a nuestros hijos en la paz y el buen olor de Cristo.

 Una esquina para la oración

M.M.: Hay tanto en la cultura moderna que es feo, incluso grotesco, que muchos tienen una verdadera hambre de lo hermoso y lo bueno. ¿Podría sugerirnos cómo podemos satisfacer esta hambre?

P.K.: Creo firmemente, como lo dije antes, que necesitamos rodearnos de belleza. No me refiero a un amontonamiento de cosas o a un estilo kitsch, sino a una decoración adecuada, invirtiendo en obras de arte, si están a nuestro alcance, oyendo música verdaderamente buena (y con esto no me remito a ningún período en particular, pero ciertamente no al pop, al rock, al rap, al tecno ni ninguna de esas barbaridades, que son el equivalente musical de la comida chatarra o de las drogas), y tratando de entender el mejor arte que la civilización europea y católica nos ha legado. Podría recomendar varios pasos prácticos.

Primero, buscar la más bella celebración litúrgica que se pueda encontrar y asistir a ella. Si es en una iglesia bella, mejor todavía. La liturgia es el lugar donde la mayor parte de las bellas artes florecieron y donde se supone que se las experimenta, como ofrendas a Dios, capturadas por el movimiento ascendente de la oración (e idealmente colaborando con él). La liturgia no es sólo “la raíz y culminación” de la vida cristiana, sino que es también -o lo ha sido antes y debiera volver a serlo- la fuente y culminación también de la cultura cristiana.

Segundo, piense en las habitaciones donde vive y trabaja, y en cómo podría elevarlas con reproducciones, acuarelas, grabados, etcétera. Toma tiempo encontrar obras de arte “originales” pero, mientras tanto, o complementariamente, una buena cantidad de buenas reproducciones de Fra Angelico, Giotto, Rembrandt o Vermeer puede cambiar mucho el ambiente, favoreciendo un espíritu más contemplativo (recomiendo The Catholic Art Company, que tiene un buen surtido, y no vende basura ni apoya causas inmorales).

Tercero, elija un rincón de su casa y transfórmelo en “rincón de oración”, con íconos o imágenes sagradas, una vela, agua bendita, rosarios, flores. Debiera ser un lugar donde resulte natural reunirse para las oraciones de la mañana o de la noche (sobre esto se puede leer más en el libro The Little Oratory: A Beginner’s Guide to Praying in the Home, de David Clayton y Leila Lawler). A partir de este rincón se pueden desarrollar otras hermosas costumbres (véase el libro We and Our Children: How to Make a Catholic Home, de Mary Reed Newland).

Cuarto, compre algunos buenos discos de música sagrada o “clásica”, y dése el tiempo para escucharlos, para educar el oído y el alma (en LifeSite News he escrito algunos artículos atingentes: What makes Gregorian chant uniquely itself—with recommended recordings y These new recordings of sacred music will transport you to the courts of the King).

Quinto, dése tiempo para continuar su educación. No se puede encarecer suficientemente las conferencias del historiador del arte William Kloss, disponibles en The Great Courses: son exploraciones del genio de los grandes artistas, que abren los ojos y fascinan, que tienen un don especial para ver -ayudándonos a ver también nosotros- las luminosas profundidades de la realidad. Obviamente, si se puede visitar un buen o gran museo, habría que hacerlo de forma regular.

Sexto, al menos una vez al año, haga una peregrinación. El peregrino disfruta también de las vistas y sonidos del viaje y de su punto de llegada, pero tiene una finalidad más elevada que la del mero turista. La experiencia estética se hace más significativa cuando va unida al amor a Dios, a la práctica de la religión, y a la expresión de la devoción a un santo o al Señor mismo. Esto es lo que amé, dicho sea de paso, al asistir a la Misa pontifical de réquiem de Todos los Santos en la iglesia de San Juan Cancio el pasado 2 de noviembre: el coro y la orquesta interpretaron el Réquiem de Mozart en su auténtico contexto litúrgico: oírlo en el lugar y momento apropiado hizo la música todavía más hermosa.

Séptimo, si se tiene los medios, o si se tiene influencia sobre gente con medios, debiéramos tratar de patrocinar nuevas obras de arte que sean verdaderamente bellas y, si son para la Iglesia, verdaderamente sagradas también. Me causan admiración el clero y los laicos que, cuando se aproxima alguna ocasión especial, encargan una pieza de música o una pintura para ella. Obviamente, como compositor que soy, me doy cuenta de que si los católicos dejan de encargar y de desear buen arte para la Iglesia, los buenos artistas van a perecer de hambre y desaparecer. Lo mismo se puede decir del apoyo a los programas musicales y a las restauraciones correctas de las iglesias (que a menudo deshacen el daño producido por los iconoclastas posconciliares).

M.M.: En su nuevo libro Tradition and Sanity, usted presenta una cantidad de argumentos muy convincentes a favor del regreso a la liturgia tradicional, no sólo por razones litúrgicas o estéticas, sino porque el modo cómo vivimos el Sacrificio de la Misa, está en el corazón mismo de cada aspecto de nuestras vidas. ¿Podría explicarnos esto un poco más?

P.K.: Siguiendo con lo que dije anteriormente sobre cómo un hijo agradecido debiera tratar la casa de su padre y su patrimonio familiar, diría ahora que adorar a Dios con la liturgia romana en la forma en que se ha desarrollado orgánicamente durante un período de más de 1.500 años es crucial para tener (o, para muchos, para recuperar) una identidad estable, una espiritualidad profunda, un sano fundamento doctrinal, y una orientación para la vida moral. Y esto, además de los obvios méritos literarios y artísticos que tiene la antigua liturgia y que ha sido fuente de inspiración durante tantos siglos.

Dado que el catolicismo es, de por sí, una religión de tradición, debiera producirnos gran turbación que algunos católicos actuales oren de un modo terriblemente diferente, y aún contradictorio, del que usaron nuestros antepasados, incluida la gran mayoría de los santos. O éstos se equivocaron y nosotros tenemos la razón, o, lo que es más probable, nosotros nos hemos descarrilado en la búsqueda de la modernización, y necesitamos volver sobre nuestros pasos, si queremos alcanzar con seguridad nuestro destino. La liturgia no es algo que cada época necesite rediseñar y recrear a su propia imagen. Por el contrario, las vicisitudes de la historia son en gran medida trascendidas en un punto en reposo, en un centro inmovible, en una estrella polar con respecto a la cual podemos siempre orientarnos. Se podría aplicar a la Misa el lema cartujo: “la Cruz está inmóvil mientras el mundo da vueltas”. A mi juicio, ésta es la razón de por qué la antigua liturgia está actualmente ganando para sí a tantos “convertidos”. El mundo da vueltas a una velocidad enloquecida, sin control, y desgraciadamente, debido al prejuicio conciliar del aggiornamento, el mundo ha arrastrado en pos de sí a la liturgia, como una luna que órbita en torno a su planeta. La liturgia romana clásica permanece en su grandeza y al parecer, lo que no es sorprendente, es más “relevante” para nosotros hoy que lo que fue diseñado por un comité en la década de 1960.

Mi libro aborda todo esto, pero también la crisis del papado y de la evangelización, que me parecen estar vinculadas con la trágica decisión de “reorientar” el catolicismo según nuevas líneas. Esto no ha conducido a una renovación, sino a una acelerada deformación e irrelevancia. Gracias a Dios, vemos que un contra-movimiento adquiere fuerza en todo el mundo, caracterizado por su oposición, punto por punto, al programa oficial. Tal será el drama de las próximas décadas: cómo esta masiva “guerra civil” dentro de la Iglesia se desarrolla bajo las manos de la Providencia Divina.

He aquí el contenido del tercer número de Calx Mariae: