martes, 21 de diciembre de 2021

¿Pueden los católicos “reconocer y resistir”?

Siguiendo con el artículo publicado el domingo del Dr. Peter Kwasniewski , les ofrecemos hoy otro de Eric Sammons sobre la resistencia ante medidas que se consideran injustas. El autor se pregunta si se puede, en verdad, reconocer y resistir en situaciones como éstas, concluyendo que los católicos han visto siempre al Romano Pontfice como un hombre imperfecto que ocupa un puesto importante y necesario, pues fue instituido por Cristo para regir su Iglesia en la tierra, sin excluirlo de la debida sujeción a la Revelación. De esta manera, no se ha producido nunca el dilema entre ese reconocimiento de su augusta posición y el tener que resistirlo si actuaba contra la tradición aceptada.

El artículo fue publicado originalmente en OnePeterFive y ha sido traducido por la Redacción. Eric Sammons es el director ejecutivo de Crisis Publications, además de autor de ocho libros, entre los cuales se incluye Deadly Indifference: How the Church Lost Her Mission, adn How We Can Reclaim It.

El argumento de Sammons ha sido también repetido en varias ocasiones por Caminante Wanders. Les recomendamos igualmente la lectura de esta entrada del Padre de familia y la reseña del libro del Prof. Roberto De Mattei sobre el Vicario de Cristo, ambas publicadas en esta misma bitácora. 

Eric Sammons

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¿Pueden los católicos “reconocer y resistir”?[1]

Eric Sammons

“Con filial espíritu filial de obediencia, desobedezco, me rehúso, y me rebelo”. Aunque pronunciadas estas palabras por un obispo inglés del siglo XIII, ellas, dirigidas de forma osada y paradojal al Papa, representan bien la tensión que encontramos en el movimiento contemporáneo “Reconozco y resisto” existente en la Iglesia católica. Reconocemos que Francisco es el legítimo Papa y que, en cuanto tal, es nuestro Santo Padre, que merece nuestra obediencia. Pero, al mismo tiempo, resistimos aquellos aspectos de su obra que son contrarios a la tradición apostólica.

¿Es verdaderamente católica esta postura de “reconocer y resistir” (R&R), fundada claramente en una paradoja (algunos dirían “contradicción”)?

Aclaremos, en primer lugar, los términos que usamos. La primera “r”, “reconocer”, es sencilla: quiere decir que quienes están en esta postura reconocen que Jorge Mario Bergoglio es actualmente el legítimo Romano Pontífice, que reina como papa Francisco, y como tal, tiene autoridad legítima sobre la Iglesia, definida específicamente según el Concilio Vaticano I.

Lo anterior diferencia R&R de tres otros grupos que también se oponen a la obra de Francisco: (1) aquéllos que creen que no hay actualmente un Papa legítimo (sedevacantistas); (2) aquéllos que creen que Francisco ocupa materialmente, pero no formalmente el cargo de papa (sedeprivacionistas), y (3) aquéllos que creen que el papa Benedicto XVI es todavía el legítimo papa (beneplenistas).

La otra “r”, “resistir” puede ser definida más latamente. Hay muchos católicos conservadores que asisten al Novus Ordo y que, a veces, critican al Papa, a quienes se podría aplicar la etiqueta R&R. Con todo, la etiqueta se destina normalmente a los tradicionalistas que formulan críticas más fuertes y constantes al papa Francisco.

En esencia, “resistir” quiere decir oponerse al programa global del papa Francisco, que incluye la narrativa dominante de las élites culturales sobre temas como el cambio climático y el covid-19, y procura marginalizar la liturgia y la teología católica tradicionales. No se trata, simplemente, de una que otra crítica, sino de un rechazo de la visión que Francisco tiene de la Iglesia.

Pablo reprende al arrepentido Pedro, de Guido Reni
(Imagen: artículo original)

Aclarado el significado de “reconocer y resistir”, surge una cuestión más importante: ¿es ésta una postura legítima que un católico, especialmente uno tradicionalista, pueda adoptar? Porque, después de todo, uno de los fundamentos del catolicismo es el papado, por lo que ¿cómo podría ser tradicional el “resistir” al hombre que uno reconoce que ocupa ese cargo?

Como adherente al ámbito R&R, reconozco esta paradójica tensión. Cuando hace casi 30 años me convertí al catolicismo, no me habría jamás imaginado que dedicaría tiempo a alegar, en muchas ocasiones, que el Papa está equivocado en temas católicos fundamentales, como la finalidad de la liturgia o la moralidad de la pena de muerte. Aunque algunos amigos católicos en aquella época me argumentaban que los católicos no adoran al Papa y que éste puede equivocarse, jamás me imaginé que podía equivocarse tanto.

Así pues, todo católico que se goza o se consuela con que el Papa conduzca a la gente al error, no es muy buen católico. “Reconocer y resistir” es vivir el Viernes Santo, no el Domingo de Resurrección.

Sin embargo, hay católicos que sostienen que R&R es intrínsecamente anti-tradicional, puesto que parece contradecir los escritos de los pontífices, especialmente los de la última parte del siglo XIX y los del siglo XX, sobre el papel del Papa en la vida de un católico. Ser católico, según esto, significa aceptar devotamente todas las opiniones del Papa reinante (y si sus opiniones contradicen la enseñanza y la práctica católicas anteriores, hay que concluir que, o bien dichas enseñanzas previa son hoy erróneas, o bien que el Papa no es Papa).

Sin embargo, esta concepción no abarca la totalidad de los 2 mil años de tradición. Las generaciones anteriores de católicos no vieron al Papa como la versión católica del Oráculo de Delfos, sino que lo vieron como un hombre imperfecto que ocupa un puesto importante y necesario. Para ellos no era problema resistirlo si actuaba contra la tradición aceptada, incluso reconociendo su augusta posición.

Naturalmente, el fundamento de la postura R&R está en la Sagrada Escritura. En la Epístola a los Gálatas, San Pablo nos dice que cuando San Pedro, nuestro primer Papa, se apartó equivocadamente de la compañía de los creyentes no circuncidados, “en su misma cara le resistí, porque se había hecho reprensible” (2, 11). El Apóstol de los Gentiles no rechazó la autoridad del príncipe de los Apóstoles, pero lo resistió cuando Pedro actuó contra el Evangelio.

Otro ejemplo histórico de R&R lo da la vida de Roberto Grosseteste, un obispo de Lincoln, Inglaterra, del siglo XIII. Grosseteste fue un gigante en su tiempo, y aunque nunca se lo canonizó, hubo muchos que lo veneraron como santo, por los muchos milagros que se atribuyeron a su intercesión en el cielo. Pero no se trató sólo de un hombre santo, sino que fue uno de los intelectuales líderes de su época, y Roger Bacon fue uno de sus alumnos. En 1253, el papa Inocencio IV ordenó que una canonjía vacante se le entregara a un sobrino suyo. El obispo Grosseteste rechazó la orden, y escribió una larga carta al nuncio papal explicando su decisión, en la que dijo lo siguiente: “Es bien sabido que soy pronto a obedecer las órdenes apostólicas con filial afecto, y con toda devoción y reverencia, pero que me opongo a aquellas cosas que se oponen a los mandatos apostólicos, por celo del honor de mi padre […] Con espíritu filial y de obediencia, desobedezco, me rehúso y me rebelo” (filialiter et obedienter non obedio, contradico et rebello)[2].

Esa última línea “Con espíritu filial y de obediencia, desobedezco, me rehúso y me rebelo” resume bien la posición R&R. Esta es filial y obediente porque adhiere a las doctrinas y prácticas de la fe que se nos han legado desde el tiempo de los Apóstoles, y reconoce al Papa como el legítimo padre que normalmente debe ser obedecido. Sin embargo, cuando el papa contraría los “mandatos apostólicos”, no se le debe obedecer y hay que rehusar hacerlo.

(En siglos recientes algunos protestantes han procurado reclamar a Grosseteste como uno de los suyos pero, como lo expresa la Catholic Encyclopedia de 1910, “Es cierto que se opuso con todo su poder a los abusos de la administración papal, pero el estudio de sus cartas y escritos hace tiempo debiera haber destruido el mito de que puso en duda la plena potestas de los Papas”).

Sin embargo, Grosseteste no es el único ejemplo histórico de semejante actitud ante el papado. El famoso décimo arzobispo de Canterbury, San Dunstán (909-988), excomulgó en cierta oportunidad a un noble, quien luego se fue a Roma a pedir que se le levantara la excomunión. Probablemente mediante una coima, la excomunión le fue levantada. Cuando el noble regresó a Inglaterra, San Dunstán simplemente ignoró el alzamiento de la excomunión por el Papa y dio la orden de que siguiera vigente. Este santo reconocía la autoridad suprema del Papa, pero resistió el ejercicio ilegítimo de la misma.

San Dunstán, arzobispo de Canterbury 
(Imagen: Look and learn)

Se podría alegar que estos ejemplos históricos no son iguales que los errores papales de hoy o sus injustos mandatos. Después de todo, ningún Papa medieval, a pesar de su corrupción, intentó jamás suprimir la Misa de todos los tiempos o erosionar la práctica eucarística perenne de la Iglesia en cuanto a quienes están en pecado mortal. Lo cual es verdad. Pero me parece que el principio sigue siendo válido. En el medioevo política y religión no eran entidades separadas: si alguien se oponía a lo que se podría llamar las órdenes “políticas” de un Papa, podía ser excomulgado, poniendo en peligro su alma inmortal. En la mente medioeval, existía una íntima fusión entre política y religión, por lo que resistir a un Papa por motivos que hoy consideraríamos políticos constituía una declaración teológica.

“Reconocer y resistir” vuelve a ser una posición necesaria hoy día, que permite a los católicos vivir fielmente en la Iglesia divinamente instituida, sin dejar que sus aspectos humanos los desvíen: no conduce a callejones espirituales sin salida que cuestionan la legitimidad de la Iglesia, ni sucumbe a un anti-intelectualismo que tiende a ver lo blanco como negro, ni a poner las cosas de cabeza.

Sí: existen riesgos en la postura R&R. Resistir al Papa puede fácilmente convertirse en rechazar al Papa, y hacerlo constituiría un protestantismo práctico. No podemos erigirnos en papas privados que determinan lo que es y lo que no es doctrina católica legítima. Pero, al mismo tiempo, por algo tenemos a la Tradición: la tenemos para poder saber qué es lo que se nos ha transmitido desde los Apóstoles. Si cualquier dirigente de la Iglesia, incluido el papa, obra o enseña de un modo contrario a la Tradición, ha sido siempre doctrina católica que tal acción o enseñanza puede y debe ser resistida.

Así pues, creo que “reconocer y resistir” es la única posición legítima para un católico en la actualidad. Pero, a nivel práctico, diría que, para la mayor parte del laicado, una posición mejor sería “reconocer e ignorar casi totalmente”. Tal fue, por lo demás, la postura de los católicos antes del advenimiento de los medios modernos de comunicación. El campesino medieval inglés ni conocía ni le importaba cuál era la posición del Papa en cada tema posible: vivía, sencillamente, su vida de trabajo, de familia, de oración y de sacramentos en el contexto de su parroquia local. Mientras para algunos es un deber trabajar para resistir públicamente cosas tales como los mandatos no apostólicos del Papa, para la mayoría de los católicos el modus operandi debiera ser vivir simplemente como fieles, sin una referencia constante a las últimas entrevistas hechas al Papa, a sus últimos discursos y acciones.


[1] Nota del Traductor: la frase aquí usada por el autor –“reconocer y resistir”- corresponde, latamente, al adagio castellano, a menudo empleado en América frente a casos de leyes injustas o inconvenientes dictadas por el Rey en Madrid, “se acata, pero no se cumple”. Con estas palabras, los súbditos americanos reconocían que el Rey tenía la facultad de dictar las leyes consideradas injustas o inconvenientes, pero no las cumplían precisamente por tener ambos defectos. Con todo, en el término “acatar” no está claramente incluida la idea -que se daba por supuesta en la época monárquica americana- de la legitimidad del Monarca. Por eso hemos preferido no referirnos en la traducción a dicho adagio, ya que con la idea de “reconocer” que usa aquí el autor se remite éste a la cuestión, debatida actualmente, de si el papa Francisco es o no legítimo Romano Pontífice. Salvado este punto, sin embargo, bien podría decirse en castellano, ante casos como el motu proprio Traditionis Custodes, que “se acata pero no se cumple”.

[2] Citado en Stephens, W.R.W., The English Church: From the Norman Conquest to the Accession of Edward I (Londres, Macmillan & Co., Londres, 1909), p. 242.

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