domingo, 25 de junio de 2017

Los libros litúrgicos (I): el Misal romano

Comenzamos hoy una serie dedicada a los libros litúrgicos. Reciben este nombre aquellos que contienen las preces y ceremonias determinadas por la Iglesia católica para la administración de los sacramentos, la celebración de la Santa Misa Misa y, en general, el ejercicio de las demás funciones sagradas.

En la actualidad, los principales libros litúrgicos son el Misal, el Leccionario, el Breviario, el Ritual, el Pontifical, el Ceremonial de los obispos y el Martirologio, todos ellos mandados a componer íntegramente después del Concilio Vaticano II. Un fenómeno similar había ocurrido tras el Concilio de Trento, aunque con una diferencia esencial: entonces sólo se ordenó revisar los libros vigentes para la Iglesia de rito romano y fijar lo que en ellos había de permanente, quitando añadidos superfluos. 

Comenzaremos con el Misal romano (Missale Romanum), nombre con el que se designa el libro litúrgico que contiene todas las ceremonias, oraciones y rúbricas para la celebración de la Santa Misa en el rito romano. De ahí su nombre, que significa Liber de la Misa. La palabra aparece por primera vez en el Dialogus de Egberto de York († 766), donde el autor habla de un antifonario "cum missalibus" que había consultado en Roma. 

 Edición de 1725 del Misal de San Pío V

En un comienzo, los textos utilizados para celebrar la Santa Misa no estaban reunidos en un solo volumen. Existían así un Epistolario y un Evangelario, los que después fueron reunidos en un libro común que recibió el nombre de Leccionario; un Antifonario o Gradual que se empleaba para los cantos que correspondían al coro, y un Sacramentario donde se recogían todas las partes recitadas o cantadas por el celebrante. Al generalizarse las Misas privadas se vio la necesidad de contar con un libro único. Los primeros ensayos de estos misales plenarios no se encuentran antes del siglo X. El misal de Bobbio y el de Stowe contienen ya un leccionario y un sacramentario. El más antiguo de los misales plenarios se encontró en la Ambrosiana y está datado en el siglo X, aunque un vestigio de misal con oraciones y las dos lecturas se encuentra ya en el códice de Bruselas del siglo VIII. 

Al principio, algunas iglesias unieron el sacramentario con el antifonario e incluso con el leccionario por razones económicas. Otros escribieron en los márgenes de los sacramentarios las partes que faltaban, vale decir, aquellas contenidas en los libros destinado a los cantores y lectores. 

El elemento distintivo de los misales es el lugar señalado al canon. Para mayor comodidad se lo encuentra con mucha frecuencia en medio del libro, entre el propio del tiempo y el de los santos. A veces inmediatamente antes de la fiesta de Pascua, como ocurría en el misal plenario vaticano (siglos X-XI) y en casi todos los misales más recientes. Usualmente comienzan con la Misa de Navidad, pero no faltan manuscritos que comienzan con el Adviento, como el de Areezzo del siglo XI. Un vez que el canon quedó fijado hasta en sus detalles más pequeños, las diferencias posteriores sólo afectan al principio y al fin de la Misa. Paulatinamente se van añadiendo más fiestas de la Virgen y de los santos. Después del siglo XIII, los misales plenarios predominan sobre los sacramentarios hasta que pronto estos últimos llegan a desaparecer por completo. En la propagación del misal plenario cumplieron un papel fundamental los franciscanos, quienes en 1223 habían adoptado el misal de la curia con los ajustes necesarios a su práctica mendicante. 

 Inicio del Canon (Ratisbona, 1870)

Con la aparición del protestantismo hubo de reforzarse la autoridad del misal romano. En la sesión XXV del Concilio de Trento (3 y 4 de diciembre de 1563), los padres conciliares pidieron al Papa que acometiera esa revisión, dado que ellos no la habían podido realizar por falta de tiempo. El papa Pío IV (1559-1565) instituyó una comisión para este fin, posteriormente reformada por San Pío V, la que trabajó durante siete años (1563-1570). Como fuere, esta comisión no pretendió elaborar una nueva forma de celebración de la Santa Misa, sino que limitó su cometido a retocar y poner al día el misal en uso por la Curia Romana desde hacía un siglo y cuyos antecedentes se remontan hasta el siglo IV. De ahí que este nuevo misal sea sustancialmente coincidente con el codificado en 1474, que provenía de aquel adaptado por los franciscanos y adoptado por el papa Clemente V de Aviñón (1305-1314) para su propia corte pontificia. Este nuevo misal redujo las Misas votivas y las propias de los santos; revisó las oraciones privadas y los gestos del celebrante, eliminando algunas expresiones desordenadas fruto de una piedad individual malentendida; y suprimió la mayoría de las secuencias. Esta reforma fue completada en 1588 por el papa Sixto V (1585-1590) con la creación de la Sagrada Congregación de Ritos, encargada de velar por la corrección de las celebraciones litúrgicas. 


Su labor casi se limitó a desterrar de la liturgia un corto número de elementos extraños que habían hecho su aparición sobre todo en los países del Norte de Europa cuando declinaba la Edad Media. Tras su publicación, el misal romano tuvo algunas modificaciones en las rúbricas y en la inclusión de formularios para los nuevos santos por disposición de los papas Clemente VIII (1604), Urbano VIII (1634) y Benedicto XV (1920). Por su parte, tanto Benedicto XV (1920) como Pío XI (1929) introdujeron nuevos prefacios, dos cada uno de ellos. Estas reformas, empero, no afectaron la estructura del rito, sino que se limitaron a adaptar la música de la Iglesia a las formas solemnes de culto, regular las Misas rezadas y fomentar la participación de los fieles en las funciones litúrgicas. 

El papa Juan XXIII dispuso la agregación de un nuevo cuerpo de rúbricas a este misal, ordenando la promulgación de una nueva edición típica merced a un decreto de 23 de junio de 1962, respecto del cual parece que el criterio mayoritario entre los liturgistas se decanta a favor de señalar que en él resulta escaso el poso específico de San Pío V. En dicha edición se incluía también una modificación de la oración del Oficio de Viernes Santo, el que ya había sufrido cambios (como toda la Semana Santa) merced a la reforma piana de 1955. A fines de aquel mismo año fue agregada al canon la referencia a San José, obra de piedad filial que ha sido completada recientemente mediante la incorporación del Santo Patriarca en las restantes tres plegarias eucarísticas del nuevo misal por decreto de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos de 1 de mayo de 2013. 

 Misal de altar de la edición típica de 1962 del Missale Romanum
(Imagen: Sancta Missa.org)

Tal era el estado del misal romano al comienzo y durante del Concilio Vaticano II, el que habría de alterar sustancialmente la forma de celebración de la Santa Misa más allá de la cuestión lingüística (SC 36) o de la orientación del sacerdote (IGMR 299), también posibles en la hoy denominada forma ordinaria. El nuevo misal sancionado por el papa Pablo VI en 1969 sólo contiene las oraciones que deben decirse en la Santa Misa, quedando las lecturas (ahora dos entre semana, dividas en años pares e impares, y tres los domingos, según un ciclo de tres años) para el leccionario. 

El misal tridentino comienza por insertar algunos documentos pontificios referentes al misal, y algunas oraciones para la preparación de la Misa y de acción de gracias para después de ella, que fueron apareciendo desde el siglo XI. El cuerpo del misal propiamente tal se ordena de la siguiente forma: (i) las Misas del tiempo, desde Adviento hasta Pascua; (ii) el ordinario de la Misa sin las bendiciones episcopales, y en un principio con sólo once prefacios (en 1962 contaba con quince, sin contar el propio de algunos santos, como San José, Santa Teresa, etcétera); (iii) las Misas del tiempo desde Pascua hasta Adviento; (iv) el propio de los santos; (v) el común de los santos y Misas votivas; (vi) las fórmulas de bendiciones relacionadas con la Misa, el agua, los alimentos, cirios, ornamentos sacerdotales, etcétera, y (vii) el propio diocesano. 

Desde el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, este misal corresponde a la forma extraordinaria del rito romano. La forma ordinaria es, por su parte, la tercera edición típica del misal publicado en 1970.


Missale caecutientium

Conviene recordar que, con anterioridad a la reforma de 1969, los sacerdotes con problemas de visión obtenían fácilmente el indulto para celebrar exclusivamente las Misas votivas de la Virgen María en Sábado (se trata de cinco formularios en total según el tiempo litúrgico, tres de los cuales usan la Misa Salve sancta Parens con pequeñas modificaciones) y la de difuntos, fuese de memoria, fuese siguiendo el Missale caecutientium, que reproducía los textos correspondientes pero impresos en caracteres de gran tamaño. En la actualidad, el sacerdote ciego o que sufre otra enfermedad puede celebrar el Sacrifico eucarístico con cualquier texto de la Misa de entre los aprobados (canon 930 § 2 CIC).

Fuera del rito romano existen también otros misales, donde se contienen las oraciones, rúbricas y ceremonias propias de los demás ritos admitidos por la Iglesia. Existe así un misal para el rito mozárabe, bracarense, lionés y ambrosiano. En el caso del primero y el último, hay además una versión reformada conforme a las indicaciones posconciliares. También algunas órdenes religiosas poseen misales propios, como es el caso de los dominicos, los carmelitas, los cartujos, los cistircenses y los premonstratenses.  

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