jueves, 24 de agosto de 2017

Fundaciones benedictinas reformadas tradicionales (II): La Trapa de Mariawald

Luego de haber comenzado esta serie de dos entradas sobre fundaciones benedictinas reformadas que han regresado a la liturgia tradicional con la abadía cisterciense de Vyšší Brod (Hagenfurth), queremos presentar a nuestros lectores la abadía trapense de Mariawald, único monasterio trapense masculino de Alemania, ubicada en las cercanías de Heimbach (distrito de Düren, en el estado de Renania Septentrional-Westfalia), en la zona boscosa conocida como el Eifel. Mariawald, a partir de 2009 y con la autorización expresa del Romano Pontífice entonces reinante, S.S. Benedicto XVI, regresó a la celebración de la Misa y del Oficio Divino en conformidad con el rito cisterciense.


Retrato del Abad Armand Jean Le Bouthillier de Rancé, impulsor de la reforma trapense (Hyacinthe Rigaud)

La reforma trapense

La Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (O.C.S.O., Ordo Cisterciensis Strictioris Observantiae) nace en 1664 como una reforma de la Orden del Císter en la abadía de la Trapa (La Trappe, conocida hasta el S. XX como la Gran Trapa, la Grande-Trappe), de la cual proviene el nombre con el que estos monjes son habitualmente conocidos y que está ubicada en Orne (Baja Normandía, Francia). Quien condujo la reforma fue el entonces abad de la Trapa, Armand Jean Le Bouthillier de Rancé (1626-1700), ahijado del Cardenal Richelieu y quien ingresó a la vida monástica luego de su conversión y de abandonar su vida mundana previa. Considerando que la observancia de la Regla de San Benito se había relajado en los monasterios del Císter, Le Bouthillier de Rancé renuncia a los privilegios otorgados por la Santa Sede para retornar a una observancia más literal y estricta de la Regla benedictina. Debido a los turbulentos sucesos de la Revolución Francesa, los monjes de la Trapa debieron huir a Suiza en 1791, bajo la dirección del entonces Maestro de Novicios Augustin de Lestrange (quien sería a partir de 1815 abad de la Trapa), pudiendo regresar recién en 1814. Como consecuencia del exilio, se fundaron en medio de grandes vicisitudes monasterios en Friburgo (Suiza), España, Italia, Westfalia (Alemania), Polonia e Inglaterra.

En 1892, a solicitud de la Santa Sede, las comunidades trapenses se separaron de la orden cisterciense, convirtiéndose en una orden monástica independiente. Su primer abad general (1892-1904) fue Dom Sébastien Wyart. En 1903, los cistercienses fueron una de las cinco órdenes masculinas que fueron autorizadas a mantener sus actividades en Francia luego del decreto de expulsión de las congregaciones emitido por la República.


Abadía de Nuestra Señora de la Trapa (Francia)
(Imagen: Wikimedia Commons)

La abadía de Mariawald

El lugar donde actualmente se asienta la abadía de Mariawald era originalmente una pequeña ermita construida en 1470 por el artesano de Heimbach Heinrich Fluitter y destinada a acoger una Pietá que había adquirido y a servir de lugar de peregrinación. En 1479 el párroco de Heimbach, Johann Daum, quien había construido una capilla en el lugar, le pide a los cistercienses del monasterio de Bottenbroich que se hicieran cargo de la iglesia y de dar acogida a los peregrinos. Los primeros monjes se mudaron al recién construido priorato en 1486. 

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) fue un período de muchas penurias para el monasterio, pero lo peor vendría luego de la ocupación (1794) de Renania por tropas revolucionarias francesas: en 1795 los monjes se ven obligados a abandonar Mariawald. La Pietá fue llevada a Heimbach y la tierra y el mobiliario fueron subastados (algunos de los vitrales de la iglesia se encuentran hoy en el Victoria and Albert Museum de Londres).

 Vista aérea de Mariawald (2015)

Recién en 1860 el priorato vuelve a fundarse, esta vez por monjes trapenses venidos de la abadía alsaciana de Oelenberg, cuyo abad, Ephrem van der Meulen, había adquirido el monasterio. Desgraciadamente, durante el período del Kulturkampft ("lucha cultural") entre el Imperio alemán y la Iglesia católica, los monjes deben abandonar nuevamente Mariawald en 1875, regresando en 1887. En 1909, el priorato es elevado a abadía. Durante la Primera Guerra Mundial, 33 monjes son enrolados como soldados, muriendo tres de ellos en el frente de batalla.

En 1941, el monasterio es cerrado forzosamente por las autoridades nacionalsocialistas y los monjes pudieron regresar al final de la guerra, en 1945. Sin embargo, el monasterio, luego de haber servido como lazareto, resultó en gran medida destruido durante la Ofensiva de las Ardenas, por lo que fue necesario reconstruirlo. Algunos de los monjes habían sido enrolados en la Wehrmacht y tres de ellos cayeron en combate y otros tres fueron enlistados como desaparecidos; algunos habían muerto en el exilio. Los trabajos de reconstrucción concluyeron recién en 1959. Entre 1962 y 1964 se realizaron trabajos para adaptar la iglesia a los cambios litúrgicos propiciados por el Concilio Vaticano II.

En 1995 se funda una Corporación de amigos y donantes de Mariawald (Verein der Freunde und Förderer der Abtei Mariawald e.V.) para apoyar materialmente a la abadía. Mariawald cuenta con una librería, una casa de huéspedes, una taberna y produce un licor propio para la venta, además de otros productos alimenticios, todo lo cual contribuye a sustentar financieramente el monasterio (la abadía cuenta con una tienda en línea para adquirir sus productos). Las actividades económicas son realizadas tanto por los monjes mismos como por colaboradores externos, algunos de ellos voluntarios. Las tierras de labranza ya no son trabajadas por la abadía, la que desde 2006 ha cedido en arriendo 100 hectáreas al Parque Natural del Eifel.


Iglesia abacial de Mariawald


El retorno a la liturgia tradicional

Mediante un escrito de 21 de noviembre de 2008, S.S. Benedicto XVI, a petición de su abad, Dom Josef Vollberg OCSO (1963), le otorgó a Mariawald el privilegio de retornar al rito cisterciense, tanto para la celebración de la Misa como respecto del Oficio Divino, lo que hizo de la abadía la primera comunidad monástica germanoparlante (y, hasta ahora, la única) en volver a celebrar la liturgia tradicional. Es, además, la única comunidad trapense en el mundo en volver al uso cisterciense. Además, desde 2010, Mariawald cuenta con formación propia para sus candidatos al sacerdocio, oferta que es abierta a miembros de otras comunidades monásticas o institutos de vida consagrada.

Desgraciadamente, este regreso no ha estado libre de incomprensión, polémicas y dificultades. En mayo de 2016, una visita del abad de la abadía de Tilburg, Bernardus Peeters, como representante de la abadía madre de Oelenberg, acompañado del abad de la abadía inglesa del Monte San Bernardo, comprobó que un grupo de monjes mayores rezaban la Liturgia de las Horas reformada separadamente del abad y de los otros monjes, quienes rezaban el Oficio Divino según el uso tradicional cisterciense, de conformidad con el privilegio papal concedido. Además, el número de monjes había caído desde 2010 a un número inferior al requerido (12) para que una abadía pueda ser independiente, contando en 2016 con nueve monjes y un postulante con votos temporales. 

En una situación que muchos fieles allegados a la vida espiritual de la abadía recibieron con preocupación, el abad de Mariawald presentó su renuncia en octubre de 2016. A partir del primer domingo de Adviento, el 27 de noviembre de 2016, Bernardus Peeters, actuando como Pater Immediatus, nombró al mismo Josef Vollberg como prior de Mariawald, posición en la que permanece hasta la actualidad. En una carta de diciembre de 2016 dirigida a la Corporación de amigos y donantes de Mariawald, Dom Bernardus Peeters, además de intentar disipar las dudas suscitadas en torno a la voluntariedad de la renuncia del abad de Mariawald, aseguró su respeto al camino que había decidido seguir la abadía al retornar a la liturgia tradicional, garantizando a los monjes más jóvenes las condiciones para vivir su vida monástica en conformidad con la liturgia tradicional y con las Constituciones cistercienses de 1963, comprometiéndose a adoptar todas las medidas que aseguren la subsistencia de Mariawald como abadía. 


Interior de la iglesia abacial

Finalmente, queremos compartir con nuestros lectores una entrevista concedida en 2013 por Dom Josef Vollberg al periódico alemán Die Tagespost, en la que cuenta de la transición de Mariawald a la liturgia tradicional según el uso cisterciense y de los valiosos frutos espirituales que ésta supuso para la vocación contemplativa de los miembros de la comunidad. La traducción que ofrecemos fue publicada originalmente en Adelante la Fe y es de Rocío Murra.

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Entrevista al Abad (hoy Prior) de Mariawald, Dom Josef Vollberg OCSO

 
(Die Tagespost, Mayo 23 de 2013)


 Dom Josef Vollberg celebra una Misa pontifical durante el Congreso Litúrgico de Colonia 2011

 
Reverendo Padre Abad, hace cuatro años, Usted cambio su abadía a la forma extraordinaria. ¿Como cambió la vida de su monasterio con esto?

Pudimos celebrar la primera Misa Solemne en el rito romano clásico aquí en Mariawald en enero de 2009. Y un mes después, empezamos a celebrar Misas Conventuales en la forma extraordinaria. Al principio, no todos los hermanos recibieron con agrado este cambio. Pero desde entonces a la fecha, la situación ha mejorado. Por supuesto, que como sacerdote, uno tiene que aprender a celebrar el rito, el cual es demandante y nada fácil. Además, hay que refamiliarizarse con el latín. Poco a poco, hemos ido completando el cambio. El segundo paso fue cantar el oficio de Tercia en la forma tradicional, los domingos antes de la Santa Misa. De esta manera pudimos establecer unidad litúrgica. Y, gradualmente fuimos cambiando también el rezo de las Horas Menores, Sexta, Nona y Completas. Un poco después hicimos lo mismo con las Vísperas y los Laudes, Y por último, desde 2009 a 2010 lo hicimos con las Vigilias. Esto significó entregarnos totalmente a esta liturgia, en su carácter teocéntrico mas intenso, que se acomoda de una manera especial a nuestra vocación contemplativa.

¿Que tipo de desarrollo espiritual ha notado desde entonces? ¿Cual ha sido en su comunidad el efecto de este cambio a la forma extraordinaria?
 
No debemos subestimar el enriquecimiento espiritual que ha llegado junto con la búsqueda y el redescubrimiento de las fuentes. Importantes características de la tradición eclesiástica pueden nuevamente jugar un rol mas significativo. Nuestra vocación monástica, recibe su carácter de la Regla de San Benito, la cual hemos hecho voto de observar. La Regla de San Benito y la liturgia en latín en su forma antigua, constituyen una simbiosis, dentro de la cual la una apoya el entendimiento y el significado de la otra. De la misma manera en que se ofrece el Santo Sacrificio diariamente, igualmente se lee una porción de la santa Regla cada día, y usualmente es a mí al que le toca interpretarla. Indudablemente hay mucho de cierto en el viejo adagio “mantén la Regla y la Regla te mantendrá a ti”. Debe agregarse, y con verdad, que nadie puede sobrevivir sin el Santo Sacrificio de la Misa. La forma tradicional en la que celebramos la Misa ahora, parece encajar en nuestra orden en un grado extraordinario. Y también, el despertar la sabiduría de siglos parece ayudar al sacerdote a convertirse más en sacerdote y al monje más en monje. No hay duda que esta reforma ha cambiado a algunos de nosotros, y Mariawald ha cambiado. Pero el evaluar la escala de este cambio, seria pedirnos demasiado. Debemos dejar todo eso a Dios y a su Santísima Madre, a quienes este lugar está dedicado. 

 Monje trapista en oración privada
   
¿Han aumentado las vocaciones después de los cambios, que fue, después de todo, para lo que se hicieron?

Yo diría que ese no fue el objetivo de la reforma. No se debería usar lo sagrado de esa manera. En primer lugar, fue una cuestión sobre Dios y el honor que se le merece. Por supuesto que un monasterio debe ponerle mucha atención a las vocaciones, pero estas no son su principal meta. Y, si, esperábamos que un reforzamiento de los ideales católicos y monásticos llevados a cabo con la reforma, podría resultar en una renovada atracción de vocaciones. Y es cierto, que han entrado más hombres desde entonces. Sin embargo, el que alguien ame la forma extraordinaria no es suficiente para que sea admitido. Así como tampoco es suficiente un amor por las peculiaridades de nuestro rito cisterciense con sus pequeñas variaciones litúrgicas en el calendario, con sus algunas veces ligeramente modificados formularios de la Misa. Para empezar, un hombre debe tener el llamado a ser monje. De aquí la importancia de ser muy cuidadosos en la elección de los postulantes. Uno necesita llegar a conocerlos muy bien. Así, que antes del postulantado, está el periodo probatorio de por lo menos cuatro semanas. Esta fase de mutuo conocerse en muy importante para tomar la decisión correcta a la hora de admitir candidatos. Son muchos los que han demostrado interés en nuestro monasterio. Desde 2009, hemos oído de más de 40. 2012 fue un buen año, tuvimos un profesión solemne, un evento poco usual. También tuvimos la vestidura de un novicio. Así que hasta el momento, las cosas van bien. La vida de un monje presenta retos excepcionales, ya que no hay monje si no hay sacrificio, el simple hecho de tener que levantarse a la mitad de la noche no es fácil, ya que también el monje es humano. Es cierto, su compromiso es especial. 

Permítame aclarar esto un poco más. Existen otras profesiones, cuyos deberes incluyen turnos de noche, ya sea en los rieles del tren, en una panadería, o en un hospital. Como monjes, no tenemos que hacer un trabajo específico que brinde ayuda concreta a otros, y aun así nos queremos levantar a las 2:30 de la mañana. Para esto nos basamos en Cristo, quien rezaba de noche. También pienso en San Pablo, que rezaba de noche en la prisión, y en los primeros monjes quienes deliberadamente lo hacían de noche, justo cuando el día estaba todavía totalmente fresco y sin cargas. Y en cientos y cientos que han seguido sus ejemplos desde entonces. “Dios primero”, es por lo que literalmente luchamos en la vida. San Benito dice que nada debe de estar antes que la adoración a Dios, y es por esto que empezamos nuestra oración a las 3 de la mañana, a nombre de muchas personas en la Iglesia, y en el mundo, como para atravesar la oscuridad que muy a menudo nos rodea. Y para absorber algo de la luz de Dios que brilla en la oscuridad.  

¿Cómo reaccionaron los fieles que asisten a sus Misas?

Sus reacciones variaron grandemente. Afortunadamente, hubo muy pocas protestas. De entre nuestros fieles regulares, aparte de los que se quedaron, hubo algunos que decidieron ir a otra parte. Y también, hubo varios que vinieron por primera vez. Desde la reforma, y esto ha sido muy notorio, los jóvenes continúan viniendo, lo cual nunca había sucedido. Y de vez en cuando, se establece una relación duradera después de una visita casual. Podría ser que a través de la forma clásica de la liturgia, se ofrece al mundo moderno algo de lo cual carece, este mundo tan lleno de tecnología, cálculos, finanzas y placer. Y son precisamente los jóvenes quienes descubren en nuestra liturgia una manera discreta de encontrar paz y oración. Aquí nadie es forzado a unirse a un diálogo organizado y constante. Uno se puede sentar calladamente y adentrarse en lo que está sucediendo, puede seguirlo y agregar sus propias intenciones. La Divina Liturgia ofrece un espacio, que afortunadamente no está bajo nuestro dominio. Si, en verdad, Dios viene a nosotros, si nos abandonamos en la liturgia, si nos ofrecemos a Él, presente aquí en el centro de las cosas. Me alegra decir que hemos recibido numerosas cartas y correos electrónicos muy positivos. Sin embargo, algunos fueron muy negativos, con mucho odio, dándole voz a las más grandes incomprensiones. El rechazo a la forma extraordinaria a menudo se asocia con rechazo al Santo Padre, él mismo que lo ha autorizado y promovido con generosidad paterna. Uno puede sentir la presencia de una sutil incomprensión e incluso estupidez rodeando al monasterio. Y ya que el Papa mismo aprobó nuestra empresa, espero que la reforma tenga la bendición de Dios, ya que, al fin de cuentas, es para rendirle honor a Él y también para salvar almas, un aspecto frecuentemente olvidado hoy en día. Creemos en Dios, creemos en la vida eterna, que Él nos tiene preparada para los que lo amamos. En el Credo durante la Santa Misa profesamos nuestra Fe en la vida eterna. Nuestra vida terrena debería conducirnos hacia esa eternidad. Y la reforma de Mariawald nos debería ayudar a alcanzar esa meta.

 Monje trapista durante un momento de estudio en su celda

¿Están en contacto con otras comunidades alrededor del mundo?

Bueno, en realidad, muy poco. Nuestro problema es que somos muy pocos y, a menudo,  es difícil para nosotros mantenernos en contacto con otros monasterios. Hay solamente diez de nosotros, de los cuales varios ya son ancianos. Y, yo como Abad, estoy muy ocupado por los deberes de la casa. Ha habido mas estrechos contactos con algunos monasterios benedictinos tradicionales en Francia, como Le Barroux y Fontgombault, o con otros, o con Vyssi Brod en la República Checa. Y muy a menudo con los sacerdotes de la Fraternidad de San Pedro, que laboran “en el mundo” y quienes están muy cercanos a nosotros a través de a Misa. Sin embargo, el trabajo en un monasterio contemplativo es a menudo muy diferente. Por supuesto, algunas veces debemos dejar nuestro pequeño mundo para atender ciertos asuntos importantes. Pero usualmente, el trabajo dentro de la casa es tan demandante que nuestra vida está más que llena.

¿Volvería a recorrer el camino de la reforma otra vez?

Sin duda alguna lo haría, aun cuando sé que no es un camino fácil en el que sólo hagas amigos. Algunos ven la reforma como un ataque hacia sus territorios personales, de hecho, como un ataque a sus supuestos derechos soberanos de interpretación. Ellos consideran que el Papa puede equivocarse, pero no ellos. Pero nosotros creemos que la reforma es importante. Es una cuestión de valores importantes que se han perdido en muchos lugares y que están en peligro de perderse en la vida monástica también. Que de hecho, se han perdido también ahí. ¡Por supuesto uno no puede copiar totalmente los tiempos pasados, pero uno debe tratar de recuperar los tesoros preciosos, uno de los cuales es la liturgia, con su claro enfoque en Dios, tan importante en la vida contemplativa! Mucha gente no se da cuenta que es una cuestión de la plenitud de la Fe, donde no hay pie a elegir. La Fe debe ser respetada y apreciada en su totalidad. Hay muchos tópicos a discutir en la Iglesia católica, pero algo de gran urgencia es la catequesis básica, que abarca el Credo y todo lo que constituye nuestra Fe. Negamos lo que le pertenece desde el principio y, por lo tanto, lo que le pertenece hoy, lo que le pertenecerá en el futuro. El renacer de la Tradición puede ponerle fin a esta amenaza, puede ganar aceptación de la Fe en su totalidad. En todo esto me anima lo que descubro en la Escrituras: es un asunto de nada más y nada menos que de la Verdad, de la realidad, las cuales no dependen de la opinión de la mayoría. Me recuerda a Moisés, él a menudo estaba en situaciones desesperadas, de hecho, lo quisieron apedrear. Otras veces me recuerda a algún profeta del antiguo Israel, quien era tratado de forma similar. Considerar sus firmezas le da a uno consuelo y confianza. La Verdad no la tiene fácil, pero viene de Dios, de hecho Dios mismo es Verdad, no en el abstracto, sino en la forma altamente concreta de Cristo mismo. Déjeme decirlo otra vez: la Verdad no depende de la opinión de la mayoría, y vemos esto en Cristo mismo, en Nuestro Señor. Él mismo no era movido por la opinión de la mayoría. ¡Así que nos encontramos en la mejor compañía! Y por lo tanto, sí, lo volvería a hacer todo nuevamente.

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Actualización [19 de enero de 2018]: El sitio Rorate Caeli ha difundido hoy la ciertamente muy triste noticia dada a conocer originalmente por Gloria TV de que la Abadía de Mariawald será cerrada y los monjes distribuidos en otros monasterios trapenses.  El monasterio y sus posesiones serán entregados a la diócesis de Aquisgrán (Aachen). Quiera Dios que algún día, cuando corran tiempos mejores en la Iglesia que aquellos tan aciagos en los que nos encontramos, pueda volver la vida monástica a Mariawald, como ha ocurrido varias veces después de tantas catástrofes a lo largo de su medio milenio de existencia.

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