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viernes, 11 de mayo de 2018

Un cura que desaparece

Compartimos a continuación con nuestros lectores un valioso artículo de un cura párroco barcelonés (de quien previamente habíamos publicado un artículo sobre el enriquecimiento de la vida litúrgica de una parroquia popular), publicado originalmente en el excelente sitio Germinans Germinabit. En él, el sacerdote aboga por el rescate de la figura tradicional del párroco, que puede resumirse en su "presencia habitual, cotidiana y disponible en la parroquia", especialmente en lo que atañe a la vida litúrgica y devocional de ésta y en la disposición para administrar los sacramentos.

Desgraciadamente, hoy en día muchos párrocos mantienen una comprensión errada de lo que significa la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, renunciando inexplicablemente a lo propio de su ministerio sacerdotal, delegándolo en toda clase de "ministerios laicales", especialmente en la tan abusada institución de los "ministros extraordinarios de la Eucaristía", que poco tienen de extraordinario en las parroquias de hoy, asumiendo de modo habitual la distribución de la Eucaristía en la Misa parroquial y el encargo de llevar el viático a los enfermos y ancianos. Esta situación sólo se ve agravada por la creciente burocratización de las diócesis, lo que aparta todavía más a muchos párrocos de su tarea primordial, que no es otra que la de estar disponible para el servicio espiritual de su parroquia.


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Era el tipo de sacerdote que desde el Concilio de Trento (Sesión XXIII de julio de 1563), quiso consolidar la doctrina del sacerdocio católico y extirpar todos los desarreglos, excesos y desviaciones arraigadas a lo largo del Medioevo, queriéndolo extender por toda la Iglesia. El Concilio Vaticano II reiteró la teología del sacerdocio del tridentino, como no podía ser de otra manera, y presentó ante el mundo y la Iglesia contemporánea la grandeza y sublimidad del sacerdocio católico. 

En el orden práctico y desde una mirada simple, a ras de suelo, la primera característica de ese modelo de sacerdocio es la presencia habitual, cotidiana y disponible en su parroquia. Presencia que desde el celo por las almas comienza por su intima unión con el templo parroquial. El sacerdote es el responsable último del decoro, belleza y accesibilidad a su iglesia parroquial. Con especial centralidad, comprende que el Tabernáculo con la reserva eucarística sea el centro devocional de la vida de oración de sus feligreses. Importancia que comparte con el confesionario, estando siempre disponible para ese ministerio, por encima de otra ocupación. Esa importancia sacramental nace de su conciencia de ser el ministro por excelencia del culto. Culto que debe cuidar y engrandecer en la preparación litúrgica de las celebraciones. Es posible que, habiéndose sobredimensionado la colaboración de monitores, lectores, cantores, acólitos, ministros de la comunión, en faltando estos (cosa que ocurre cada vez con más frecuencia), tenga la impresión de que las celebraciones no sean hermosas y cuidadas. 

El sacerdote debe ejercitarse por tanto en el ejercicio subsidiario de estos servicios. Sin cantores, no debe sentirse fuera de lugar: debe ser capaz de entonar y cantar algunos cantos básicos en las celebraciones, al menos en las dominicales (para ello hace falta interés y delicadeza). Tampoco ha de considerar un menoscabo de la solemnidad si él mismo debe hacer las lecturas. Ni debe agobiarse si por ausencia de ministros de la eucaristía, la comunión distribuida por él solo dura más tiempo de lo habitual; o si a falta de monaguillos, debe acomodar a su alcance los objetos litúrgicos que normalmente le acercarían los acólitos bajo otra responsabilidad. 

Si la reforma litúrgica conciliar expresó la necesidad del cuidado de la homilía, ésta debería ser habitual de manera cotidiana (aunque sea una brevísima reflexión) y muy preparada para los días festivos. Es desalentador constatar como muchos sacerdotes sustituyen el esfuerzo de preparación homilética, por la lectura monótona y estereotipada de homilías prefabricadas que aburren hasta a las ovejas y no conectan con la peculiaridad e idiosincrasia de su feligresía. 

En diverso orden debe preocuparse por el acompañamiento y fruto espiritual de los demás sacramentos: velar por la pronta recepción del bautismo de los recién nacidos, por la preparación catequética de los padres y por el celo en animar a los jóvenes a contraer el santo matrimonio, a los niños a hacer la primera Comunión, y a los adolescentes a recibir el sacramento de la Confirmación, previas las respectivas y específicas preparaciones catequéticas.

Ha de tener un celo especial en la visita a los enfermos, que de ningún modo ha de admitir que quede reducida a la que ofrecen las instituciones a regañadientes en los hospitales, servidos habitualmente por capellanes ad hoc; sino que ha de asumir la responsabilidad de visitar en sus domicilios a los enfermos de su parroquia. Se trata de procurar a los impedidos, que ya no pueden acudir a la Misa parroquial, la asistencia espiritual y sacramental necesaria. Y animarles, a una recepción consciente y serena de la unción de enfermos, especialmente a los más graves. 

Y si todo esto es trascendental, cómo no lo será la preparación catequética de los niños y niñas para la primera comunión. Catequistas y formadores (habitualmente, formadoras) de buena doctrina y ejemplaridad cristiana, textos de doctrina recta y correctos para cada edad y tipología infantil. Cuidado personal en iniciarlos en la oración y el trato íntimo con el Señor, en la adoración y la acción de gracias especialmente. Y predicar e insistir sobre la sublimidad del sacramento de la Confirmación, para que cada año sean muchos jóvenes los que lo reciban y les sea de provecho. 

Para todo ello, no debe cesar el sacerdote de poner todos los medios sustanciales y accidentales. Desde ilusionar a los niños y jóvenes con la hermosa tradición de los belenes y las representaciones navideñas, hasta las sesiones de villancicos, pasando por la participación en las celebraciones tanto litúrgicas como populares de Semana Santa y Pascua. En todo ello, el sacerdote a la cabeza. 


Misa en el Camarín de Montserrat

Cuán edificante es ver al párroco presidiendo los Vía Crucis los viernes de Cuaresma por el interior del templo. Y atraer a sus feligreses hacia esa práctica devocional que tanto fruto reporta a las almas. Qué hermoso verle coordinando todos los actos populares de la Semana Santa con entusiasmo y esmero: la procesión de Ramos, el Monumento de Jueves Santo y su Vigilia de Adoración, el Vía Crucis por las calles de su pueblo o barrio. Los actos pascuales… Toda la liturgia del Triduo Pascual, centro y culmen de todas las celebraciones litúrgicas de la Iglesia.

¡Qué importante un sacerdote mariano! Presente (aunque sea salteado: porque ése es un momento excelente para estar en el confesionario) en el rezo comunitario del Rosario, en el mes de María, en las procesiones de la Virgen, en la novena de la Inmaculada de tanta tradición en toda España… 

Qué bello ver a un párroco formar espiritualmente y ocuparse de sus monaguillos: si puede ser, con la colaboración de algún catequista o ex-monaguillo. Salir con ellos de tanto en tanto sea de romería o a ver una peli buena en el cine. Organizar juegos con ellos, atraer a otros chicos hacia el amor al altar y al celo por el culto. Crear una auténtica escuela de monaguillos para darle esplendor al culto. 

Y se me quedan en el tintero decenas de actividades y detalles, de misiones y empeños en los que un sacerdote debe singularizarse. El despacho parroquial, por ejemplo, que muchos convierten en una burocrática oficina administrativa. ¡Cómo agradecen los fieles poder encontrar al párroco allí para intercambiar cuatro palabras con un sacerdote que les conoce y se interesa por sus cosas, alegrías y penas! Un párroco no encerrado en su iglesia y sacristía, en su despacho o en su casa. Un sacerdote que se patee el barrio, que esté dispuesto a recibir a todos, a hablar con todos, a escuchar a todos, sin excepción: son vecinos de su barrio o pueblo. Se debe a ellos: son ovejas aunque no vengan a Misa o ni siquiera sean católicos. 

Qué tristeza me producen las Cáritas parroquiales, tan vivas y auténticas antaño, que van apagándose y desapareciendo en virtud de convenios con Cruz Roja o Ayuntamientos, sin la presencia de las voluntarias parroquiales (¡cuánto valen las mujeres para esto, y qué dispuestas siempre!) y también del párroco que cela, repito cela, por el bienestar de sus hijos e hijas. Porque sí, sus feligreses y todos los vecinos de la jurisdicción parroquial son sus hijos e hijas. Con amor de padre debe quererlos, rezar y sacrificarse por ellos. Y acompañarlos en el tránsito y traspaso a la casa del Padre. Y acompañar a la familia en ese momento, y en las exequias y funerales. Nunca pude imaginar que mis años de capellanía en el Tanatorio de Santa Coloma llegaran a ser tan provechosos para mi experiencia sacerdotal y para las familias. ¡Y ya van veintidós años! 

Pero este modelo de cura está en vías de extinción: parece que ha entrado en vía muerta, porque son más las defunciones que los nacimientos. Y los curas que se están gestando en nuestros seminarios no están siendo preparados para ser el tipo de cura que he descrito, el que ha formado parte de nuestras vidas. Son muy pocos y están siendo preparados para un futuro cuyo parecido con nuestro presente y con nuestra feliz memoria del sacerdote, será puramente accidental. 


 Mn. Francesc M. Espinar Comas

Estos son los pensamientos que me ha inspirado la llegada del Jueves Santo y con él, la renovación íntima y sincera de mis promesas sacerdotales. No quería dejar de compartirlas con todos vosotros, lectores habituales de mis glosas dominicales, de mis artículos litúrgicos y de mis relatos históricos (centrados este año en la egregia figura de Pablo VI, cuya canonización viviremos, Dios mediante, este próximo otoño). Gracias a todos los que de una u otra manera hacéis real y concreto mi ministerio. 



Mn. Francesc M. Espinar Comas

Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Crédito de las fotos: todas las imágenes acompañan al artículo original.

jueves, 5 de mayo de 2016

La Misa tradicional en una parroquia absolutamente moderna

Regina Magazine publicó hace un tiempo una interesante entrevista, que muestra cómo la Misa tradicional ha encontrado su lugar en la vida cotidiana de una parroquia perfectamante normal en los Estados Unidos, pacíficamente y sin sobresaltos, para mayor gloria de Dios y para el bien de las almas de los fieles. 

Tal como lo hemos señalado antes, la incorporación a las parroquias de la liturgia tradicional es la situación deseable, más todavía luego de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum (2007), inspirado claramente por un deseo de S.S. Benedicto XVI de lograr no sólo una mayor dignidad en el culto divino y el rescate de los tesoros de la liturgia tradicional, sino también de procurar la plena reconciliación litúrgica. La Misa tradicional no debe estar disponible sólo en lugares apartados, en templos en desuso o en capillas u oratorios privados, muchas veces con unos horarios disuasorios, separando a los fieles cercanos a ella de los demás y haciendo de ellos unos parias dentro de la Iglesia, sino que debe ser incorporada a la vida normal de las parroquias locales. Esperemos que muchos párrocos y también obispos sepan acoger con generosidad este llamado del Papa emérito.

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“Cómo lo logramos”

La Misa tradicional en una parroquia absolutamente moderna

Durante los dos últimos años, el P. Philip Clement ha sido uno de los vicarios de la Parroquia de la Encarnación, cerca de St. Petersbourg, Florida. El P. Clement estudió filosofía en el Christendom College y luego en el Seminario Regional San Vicente de Paul, en Boynton Beach, Florida. Fue ordenado en 2008 y celebró su Primera Misa tradicional en el Primer Domingo de Adviento, el 27 de noviembre de 2011.



En la siguiente entrevista exclusiva dada a la publicación Regina Magazine, el P. Clement relata la historia de cómo la parroquia de la Encarnación se ha transformado en un lugar favorito para la celebración de la Misa tradicional, incluso cuentan con un sitio web sobre ella. La historia de esta parroquia nos muestra, otra vez, cómo puede crecer una comunidad parroquial activísima y con un promisorio futuro, incluso en una iglesia moderna, contra toda esperanza y con una población senescente.

Pregunta: Cuéntenos sobre la parroquia de la Encarnación.

La parroquia de la Encarnación está ubicada en la Town N Country Zone de Tampa, Florida, que está ubicada muy centralmente en la diócesis de St. Petersburg. Fue creada en 1962 y comprende alrededor de 3.200 familias. Su párroco es el Rvdo. P. Michael Suszynski, cargo en el que ha estado desde hace 4 años.


Pregunta: ¿Cómo se vinculó Ud. con la Misa tradicional?

A comienzos de 2011 se me pidió, por uno de los tres sacerdotes que decían en aquel tiempo la Misa tradicional, que lo reemplazara por un tiempo, mientras él se iba de vacaciones. Yo no sabía cómo decir la Misa tradicional, pero tenía mucho interés por aprenderla. Este sacerdote, amigo mío, me instruyó acerca de cómo decir la Misa, y con mucho estudio y práctica, quedé en situación de reemplazar su Misa tradicional mientras él se ausentaba.

Posteriormente, me hice espacio en mi agenda para viajar los 35 minutos que toma ir hasta su parroquia, a fin de seguir ayudándolo con la Misa tradicional. Desde mi primera Misa el 27 de noviembre, he quedado prendado de ella.



Pregunta: ¿Cuándo introdujo Ud. la Misa tradicional?

Antes de 2012, la parroquia de la Encarnación no tenía una Misa Tradicional. Nuestra situación era además poco común, ya que nuestra parroquia no tenía contemplada una Misa dominical vespertina.

El 12 de febrero de 2012 comí con el párroco, y en algún momento, durante la conversación, surgió el tema de que yo había estado diciendo la Misa tradicional desde noviembre, y me ofreció entonces el espacio del domingo en la tarde para celebrar la Misa tradicional en nuestra parroquia. Obviamente quedé estupefacto, ya que eso no estaba entre los objetivos de nuestra conversación, pero me hizo el ofrecimiento de todos modos. Llevé esto a la oración, y dos días después le informé que me encantaba la oportunidad.

Para entonces yo ya podía celebrar competentemente la Misa rezada, y había aprendido mucho acerca de la historia general de la Misa. Dado que la Misa tradicional era relativamente nueva para mí, supuse que eso sería también el caso para nuestros feligreses, excepto los pocos que pudieran recordarla de su juventud.

Pregunta: ¿Cómo fue que sus feligreses se interesaron?

Tomé la decisión de ofrecer a los feligreses un seminario en tres partes acerca de la Misa Tradicional, que comprendían la preparación para la Misa, la Misa de los Catecúmenos y la Misa de los Fieles. Fue un gran éxito, y asistieron más de 200 personas.

Cada una de las tres partes del seminario se dio en semanas sucesivas, y terminaron en la cuarta semana con nuestra Misa inaugural, la primera Misa tradicional celebrada en cincuenta años en nuestra parroquia, el 6 de mayo de 2012.



Pregunta: ¿De modo que así comenzó la Misa?

En realidad, no. Inmediatamente después del 6 de mayo, algunos problemas administrativos nos impidieron continuar con la Misa tradicional durante seis meses. El 4 de noviembre de 2012 pudimos agregar la Misa tradicional a nuestra programación normal de Misas. Por entonces, sólo yo decía la Misa tradicional en nuestra parroquia, y mis actividades me permitían celebrarla sólo dos veces al mes, pero me pareció satisfactorio avanzar de este modo.

Con todo, al mes siguiente conocí a un sacerdote jesuita en el colegio local de los jesuitas en Tampa, quien sabía decir no sólo la Misa rezada sino también la Misa cantada y la Misa Solemne, y esto significó una estupenda oportunidad para nuestra comunidad de la Misa tradicional. El P. Patrick Hough, S.J., se nos unió el 20 de enero de 2013, cuando celebró su primera Misa tradicional en la Parroquia de la Encarnación. Con la ayuda ahora del P. Hough con la Misa tradicional, pudimos ofrecer en adelante la Misa tradicional cada domingo, cosa que hemos estado haciendo desde enero de este año.

Además de celebrar la Misa rezada todos los domingos, pudimos también comenzar a celebrar la Misa cantada y la Misa solemne. La Parroquia de la Encarnación tuvo su primera Misa cantada el 24 de febrero de este año, y la primera Misa solemne el domingo de Pentecostés, el 19 de mayo.




Pregunta: ¡Un gran trabajo! ¿Cuál es la situación actualmente?

Desde entonces he podido aprender la Misa cantada y las partes del sacerdote y del subdiácono en la Misa solemne, lo que nos permite tener un programa dominical muy nutrido cada mes. Actualmente, el primer domingo tenemos Misa rezada, y a continuación dos Misas cantadas el segundo y tercer domingo, y una Misa solemne el cuarto domingo.

Creo que, al cabo, hemos avanzado muchísimo en sólo un año. Esto debiera animar a cualquier parroquia que esté pensando en comenzar con la Misa tradicional, siguiendo la inspiración del Espíritu, a ofrecerla al pueblo y a confiar en que la Antigua Misa de los Santos tiene mucho apoyo.

Pregunta: ¿Qué parte ha jugado la música sagrada en la transformación de su parroquia?

Sí. Antes de poder celebrar la Misa cantada o la Misa solemne en nuestra parroquia, sentimos primero la necesidad de explorar la oportunidad de comenzar un programa de música. Al comienzo, invitamos una schola de una parroquia vecina para cantar las partes correspondientes de nuestra primera Misa cantada. La invitamos también a que continuaran cantando motetes e himnos en nuestras Misas rezadas, y comenzó a crecer el interés.

Poco después pudimos dar comienzo a nuestro propio programa de música sagrada, puesto que habíamos contratado un nuevo Director de Música para la parroquia, quien tenía experiencia en tocar y dirigir coros de gregoriano, y habíamos contratado también un joven que se ofreció a dirigir nuestra schola. Ambos han estado trabajando mucho para diseñar un programa, y han hecho una tarea maravillosa. El P. Hough es además un competente músico y tiene mucha experiencia en la dirección de música sagrada. Su influencia y guía han sido tremendamente benéficos en este proceso, y estamos felices de que colabore con nuestra parroquia.



Además de la dirección de la schola por el P. Hough, en febrero de este año invitamos al P. Samuel Weber, O.S.B., un experto en música sagrada, para que nos diera un seminario sobre canto llano. El P. Weber comparte con nosotros el amor por la música sagrada y por el Santo Sacrificio de la Misa en la Forma Extraordinaria. Desde que comenzó su educación media en 1953, el P. Weber ha estudiado y cantado canto gregoriano.

En abril de 2008, el P. Weber se convirtió en el fundador y primer director del Instituto de Música Sagrada de la Arquidiócesis de Saint Louis. Este Instituto fue establecido por el Arzobispo Raymond L. Burke para promover la sagrada liturgia y el canto gregoriano. En su seminario, el P. Weber habló sobre el canto llano y la primacía que la música sagrada tiene en la liturgia. Además, nos dio dos sesiones para entrenar a nuestra schola y a los acólitos. Ambas estuvieron abiertas a cualquiera que se registrara con el deseo de asistir y aprender más cómo cantar el Gregoriano y por qué los acólitos hacen lo que hacen.


Fue una bendición que el P. Weber nos visitara e instruyera, y los resultados de ello pueden ciertamente ser vistos y oídos en las voces de la schola de la Encarnación.

Pregunta: ¿Ha introducido Ud. otros cambios, como la confesión más frecuente, la devoción de los Primeros Viernes, la Exposición del Santísimo Sacramento y otros análogos?

Hace muy poco que pudimos introducir nuestro nuevo programa mensual de Misas, según el cual podemos celebrar una Misa rezada, dos Misas cantadas y una Misa solemne mensual. He tenido que dedicar gran parte de mi tiempo a supervigilar los detalles necesarios y a entrenar a los niños acólitos. Por lo tanto, no hemos introducido otros cambios por el momento.

Estamos trabajando para poder ofrecer confesiones antes de cada Misa y, en ocasiones, la Devoción de las Cuarenta Hora durante el año; pero todo está en proyecto por el momento. Nuestra parroquia ha desarrollado desde hace años la devoción de los Primeros Viernes, incluyendo la Exposición del Santísimo Sacramento, por lo que no ha habido grandes cambios en relación con esas devociones. Pero esperamos ofrecer más horas de Exposición y de Adoración en el futuro próximo.

Pregunta: ¿Cómo están sus programas CDC [Confraternidad de la Doctrina Cristiana, para niños] y RICA [Ritos de Iniciación Cristiana para Adultos]? ¿Asiste suficiente gente? ¿Qué material catequético usa Ud.? 

Bastante gente asiste a nuestros programas de CDC y RICA. Aunque el crecimiento poblacional se ha estabilizado en los últimos años debido a que la población de la región envejece, estamos constantemente recibiendo nuevas familias en la parroquia y en la Fe a través de los sacramentos de iniciación. Este año cambiamos los recursos de nuestro programa CDC, y ahora estamos usando la serie Fe y Vida de Ignatius Press.



Pregunta: ¿Cómo funciona la Misa tradicional en su iglesia de arquitectura moderna?

Nuestra iglesia actual es toda de diseño típicamente moderno, incluido un Jesús resucitado detrás del altar cuadrado, de madera, y cara al pueblo. Como es corriente en muchas iglesias hoy día, no hay mucho en ella que favorezca la celebración de la Misa tradicional. Pero aunque la iglesia es de arquitectura moderna, hemos podido dar con un modo de modificar bellamente el altar actual, a fin de hacerlo aceptable para la Misa tradicional.



Pregunta: ¿Cómo se ha recibido estos cambios en su parroquia?

La Parroquia de la Encarnación existe desde hace cincuenta y un años, y durante cuarenta y seis de ellos nuestros feligreses han asistido al Novus Ordo. Aunque nuestros feligreses son espléndidos, también la influencia moderna ha producido efectos en algunos de ellos. Cuando la Misa tradicional se introdujo por primera vez en nuestra parroquia, tuvimos la típica resistencia, y aprendí que la gente o bien ama la Misa tradicional, o bien la desprecia. Con ese conocimiento, oré al Señor para que si Él quería la Misa tradicional en nuestra parroquia, se dignara proveer para que los recursos económicos surgieran de la gente misma, en vez de tener que recurrir a financiar la Misa tradicional con los fondos generales de la parroquia, arriesgándonos a más ridículo. Obviamente el  Señor oyó nuestra oración y, en menos de cuatro semanas, reunimos más de US$ 20.000 para alhajar el altar y comprar las demás cosas necesarias. Quienes aprecian la Misa no han dejado de ser más que generosos en su apoyo, ya sea monetario, espiritual o de ambos tipos.   

Pregunta: ¿Está Ud. atrayendo gente a su parroquia? ¿A gente que educa a sus hijos en casa? ¿Cree que hay mucha gente que se empieza a involucrar en la vida parroquial? ¿Acólitos?

Sí. Nuestra feligresía ha crecido sostenidamente, hasta el punto que tenemos un promedio de 150-200 personas en cada Misa. Las edades van desde los infantes hasta los que inician sus noventa años. Hemos celebrado bautismos y Misas por los difuntos, pero todavía no hemos celebrado un matrimonio. Muchas de estas familias son jóvenes con niños pequeños, y hay familias de las que educan en casa a sus hijos. En mi opinión, esto ha aumentado la disponibilidad de acólitos de más de quince años. Estos jóvenes ansían aprender y se entusiasman con ayudar la Misa, y tenemos ya un joven que está considerando entrar al seminario. A fin de fomentar el continuo crecimiento de la comunidad y desarrollar las relaciones entre los asistentes a la Misa tradicional, tenemos periódicamente comidas “a la suerte de la olla” (potluck dinners) después de nuestras Misas solemnes. Dios realmente ha bendecido a nuestra parroquia.



Pregunta: Este año será el primero en que se celebra la Misa tradicional en Navidad. ¿Cómo cree que los feligreses van a reaccionar? ¿Qué planes está Ud. haciendo para ayudar a la gente a que viva un santo Adviento y una santa Navidad?

Aunque la Misa tradicional ya había comenzado para la última Navidad, no pude celebrar en esa oportunidad una Misa tradicional debido a mi agenda personal. La comunidad se está estabilizando lentamente, y hemos podido incluir todos los días de precepto en nuestro programa, y a fin de ayudar a los feligreses a preparar un santo Adviento y una santa Navidad, estamos tratando de tener confesiones normalmente antes de la Misa ya hacia el comienzo del Adviento. Proyectamos también tener la Devoción de las Cuarenta Horas.

Pregunta: ¿Cómo puede la gente encontrar su parroquia?

¡Todos son bienvenidos! Nuestro sitio web es www.sacrificiumsanctum.org, y se nos puede encontrar en nuestra página de Facebook Sacrificium Sanctum [Nota de la Redacción: ahora The Latin Mass Society of Tampa Bay].


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Actualización [22 de mayo de 2016]: El sitio Rorate Coeli trae una interesante nota sobre la recuperación de una iglesia abandonada en los Estados Unidos que iba de camino a ser desacralizada. Se trata de la iglesia de San Estanislao, construida para la comunidad polaca de Nashua (New Hampshire) en 1908, que ha sido confiada a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro como parroquia personal por el obispo de Manchester.

Actualización [28 de agosto de 2017]: Religión en libertad ha publicado un reportaje sobre seis parroquias estadounidenses, distantes entre sí, que en los últimos años han variado sus métodos pastorales con un notable incremento de fieles. Si se analizan los cambios introducidos, el resultado converge en la aplicación de siete criterios: (i) el cuidado en la liturgia, incorporando muchas veces la forma ordinaria en latín o bien la Misa tradicional; (ii) las puertas abiertas de la iglesia para que los fieles puedan hacer oración; (iii) la práctica de la Adoración Eucarística; (iv) el liderazgo del sacerdote dentro de la comunidad parroquial; (v) la incorporación de programas de formación; (vi) la disponibilidad de confesores; y (vii) la búsqueda de la belleza como manifestación de Dios. 

Actualización [17 de diciembre de 2017]: Que no te la cuenten ofrece el video añadido a esta entrada en una versión subtitulada al castellano. Dicho material lleva por título “Tridentine Mass Promo” y fue producido por Two Sense Films para uso exclusivo de NSC. Puede ser difundido por autorización expresa de los realizadores. 

Actualización [20 de febrero de 2019]: El sitio New Liturgical Movement ha publicado una nota sobre una parroquia en New Hyde Park, Nueva York (EE.UU.), donde el pasado 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, patrona de dicha comunidad, se celebró por primera vez desde el Concilio Vaticano II una Misa solemne en el rito romano tradicional. El celebrante fue el párroco, un sacerdote joven ordenado hace apenas cinco años, lo cual constituye otra muestra más de que el resurgimiento de la Tradición debe en gran medida su impulso no a personas mayores nostálgicas, como lo pretenden algunos, sino a gente joven que descubre los tesoros de la Tradición litúrgica de la Iglesia por vez primera. De acuerdo con lo expresado por el párroco, la respuesta de los fieles ha sido positiva. Pese a que había recibido algunas solicitudes para que se celebrara la Misa tradicional, el principal motivo que impulsó al párroco fue el convencimiento de que la exposición de los fieles al usus antiquior sería una oportunidad para que toda la comunidad parroquial adquiriera conciencia de la riqueza de la Tradición de la Iglesia. Para muchos fue la primera vez que asistían a una Misa tradicional y la consideraron una hermosa experiencia. El párroco fue asistido por canónigos regulares de San Agustín de Klosterneuburg (Austria) establecidos en una nueva fundación en la cercana Long Island. Esperamos que muchos párrocos en todos los rincones de la Tierra sigan el ejemplo de este joven sacerdote, pues es ante todo en la vida parroquial donde la Misa tradicional debe estar disponible para los fieles, y no relegada a capillas u oratorios privados o a iglesias en desuso en lugares recónditos.   

jueves, 4 de febrero de 2016

Cómo introducir en las parroquias la forma extraordinaria de un modo pacífico y estable

Durante el I Congreso Summorum Pontificum celebrado en la ciudad de Santiago de Chile, el Rvdo. don Milan Tisma, titular de la Parroquia de San Juan de Dios en la Población Buzeta, comuna de Cerrillos, y capellán de la Asociación Litúrgica Magnificat, ofreció una interesante conferencia sobre su experiencia celebrando ambas formas del rito romano (véase aquí el reporte que publicamos sobre dicho congreso). 

En esa ocasión llamó a recuperar el sentido de lo sagrado, a poner a disposición de los fieles el tesoro de la liturgia tradicional y a contribuir, por medio de una eficaz acción pastoral, a la reconciliación y a la paz litúrgica dentro de la Iglesia. Su intervención finalizó con algunas directrices de orden práctico para introducir la celebración de la forma extraordinaria en una comunidad, atendiendo a los criterios de gradualidad y de incremento. Paix Liturgique, que envió un corresponsal a cubrir el congreso, ha publicado una de sus cartas donde se relata la ponencia del Rvdo. Tisma. La Redacción la ha traducido del francés para ofrecerla a nuestros lectores (hay también una versión en inglés, que puede revisarse aquí). 

El texto se completará próximamente con la traducción de la entrevista hecha por el mismo sitio Paix Liturgique (difundida después por varios sitios afines) al Rvdo. Claude Barthe, conocido promotor de la forma extraordinaria, donde se comentan los consejos y comentarios formulados por nuestro capellán en la nota que enseguida reproducimos con algunas correcciones. 

El Pbro. don Milan Tisma durante el I Congreso Summorum Pontificum de Santiago (2015) 

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Cómo introducir en las parroquias la forma extraordinaria de un modo pacífico y estable

Volvemos de nuevo esta semana a la conferencia, muy interesante y original, leída por el Pbro. don Milan Tisma, como resumen del primer Congreso Summorum Pontificum de Chile, realizado en julio de 2015.

Don Milan Tisma es capellán de la asociación Magnificat, capítulo chileno de la Federación Una Voce, y es también titular de la parroquia San Juan de Dios, en la comuna de Cerrillos de la cuidad de Santiago. El Pbro. Tisma celebra la Misa tradicional desde su ordenación, en 1997, por el Cardenal Oviedo, en aquel entonces arzobispo de Santiago de Chile, y quien siempre fue un firme apoyo en su vocación.

Don Milan, que ha conocido la Misa tradicional desde sus años de colegio gracias a un padre jesuita que era, en aquel tiempo, capellán de Magnificat, tiene una larga y original experiencia, que le ha servido de base para dirigirse a los participantes del congreso Summorum Pontificum de Santiago sobre el tema de la celebración de la forma extraordinaria en el ámbito de una parroquia.

Expondremos a continuación los puntos más importantes de la conferencia de don Milan.

I. Recuperar el sentido de lo sagrado.

Desde mucho antes de convertirse en el Papa del motu proprio Summorum Pontificum (2007), el cardenal Ratzinger explicaba ya, con constancia y claridad, por qué la crisis de la Iglesia depende del modo cómo tratamos la liturgia. Posteriormente, ha insistido a menudo en el hecho de que la pérdida del sentido de lo sagrado es un elemento fundamental de esta secularización, que ha enfrentado vigorosamente a lo largo de su magisterio pontifical.

Y porque una de las consecuencias más evidentes y dramáticas de la reforma litúrgica es, precisamente, esta pérdida del sentido de lo sagrado, el Pbro. Tisma afirma que el redescubrimiento de dicho sentido debe ser el objetivo primero de toda renovación litúrgica parroquial.

Apelando a la definición de lo sagrado formulada por el teólogo luterano alemán Rudolf Otto (1869-1937)[1] como “mysterium tremendum et fascinans”, don Milan cree que el regreso del hombre contemporáneo hacia lo sagrado pasa, precisamente, por el reencuentro con el más perfectamente “terrible” y “fascinante” de los misterios, a saber, la irrupción del Cielo en la Tierra en la persona de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué puede haber de más terrible y fascinante, para los mortales que somos, que la Encarnación del Hijo de Dios, Su Vida, Su Muerte y Su Resurrección?

 S.E.R. Mons. Alexander Sample, arzobispo de Portland (Oregon), celebra una Misa Pontifical 
conforme a la forma tradicional del rito romano (Foto: blog Liturgy Guy)

La liturgia católica, tradicionalmente “Casa de Dios y Puerta del Cielo”, como la Virgen María, ha sido desde antiguo el fiel reflejo de este gran misterio constituido por el descenso del Cielo a la Tierra. Desgraciadamente, la liturgia moderna ha perdido su capacidad de atracción al volver la espalda al mysterium tremendum. La pérdida del carácter sacrificial de la Santa Misa –tema recordado frecuentemente en nuestras cartas, incluyendo por ejemplo, hace poco, el discurso del cardenal Ranjith al congreso eucarístico indio (carta 517) y las 10 razones para escoger la liturgia tradicional expuestas por el profesor Kwasniewski (carta 514 [nota de la Redacción: en esta bitácora está publicada una traducción directa del inglés de este artículo])- en el misal de Pablo VI y su traducción a las lenguas vernáculas, ha abierto el camino a su negación por un número demasiado grande de celebrantes, ya sea que se pongan incluso –literalmente- a bailar alrededor del altar, ya sea que se contenten con conmemorar únicamente el banquete pascual. Ahora bien, sin sacrificio, no hay misterio. Ni tremendum ni fascinans. 

El Pbro. Tisma agrega, por otra parte que, sin misterio, la liturgia deja de ser una epifanía (manifestación) de la gloria y de la perfecta santidad de Dios.

Para don Milan resulta claro que “el apostolado de la forma extraordinaria puede y debe colaborar a la recuperación de este sentido del misterio”. Ya sea rezada, o cantada, o solemne, la Misa tradicional lo tiene todo para despertar el sentido y, por lo tanto, el deseo de lo sagrado en nuestros contemporáneos. Corresponde a los sacerdotes, especialmente los párrocos, saber usarla atinadamente para producir un shock –en el sentido médico del término- en sus ovejas, sin causar en ellas una reacción adversa.

II. Contribuir a la paz litúrgica.

A 12.000 kilómetros de Nanterre, donde nació la aventura de Paix Liturgique, hay un párroco para quien la celebración in utroque usu, en una forma como en la otra del rito romano, es, sin duda alguna, un instrumento de la paz litúrgica. Para el Pbro. Tisma los curas tienen el deber de obrar la reconciliación entre los fieles, sin excepción, por todos los medios litúrgicos a su disposición, comenzando por la celebración regular de la forma extraordinaria en su parroquia para quienes la deseen. ¿Qué mejor?

III. (Re)construir una casa común.

Desde la reforma litúrgica, hay muchas generaciones de cristianos que no han conocido sino una liturgia devastada, deformada y superficial. Y han perdido, de este modo, no solamente el conocimiento y el gusto de lo sagrado, sino también su casa común, aquello que Klaus Gamber (1919-1989) llamaba “Heimat”, la “pequeña patria”, la localidad de origen, el hogar propio, de los católicos.

 P. Klaus Gamber (1919-1989)

Esta pequeña patria se ha perdido porque ya no existen dos Misas idénticas en todo el orbe, puesto que de una iglesia en otra, de un domingo al siguiente, los sacerdotes celebran según entienden, como pueden, como quieren. Privado de esta pequeña patria común, el católico se transforma en un apátrida litúrgico, un fiel sin un lugar seguro donde nutrir su fe y reposar. “Nosotros, los párrocos -afirma el Pbro. Tisma- podemos y debemos ayudar a reconstruir esta pequeña patria para ofrecer de nuevo un hogar a nuestros fieles”. Es ahí donde interviene la contribución que los sacerdotes pueden hacer a la reforma de la reforma: “Podemos ser los actores del enriquecimiento mutuo, dando vida a las dos formas del rito romano, la una junto a la otra”.

IV. Obrar gradualmente.

¡Cuidado con responder a la revolución con una contra-revolución y engendrar así el desorden!

El Pbro. Tisma no vacila en absoluto al momento de establecer la primera norma para la introducción en las parroquias, de modo durable y perenne, de la forma extraordinaria: la gradualidad. Ir demasiado rápido o con demasiada intensidad es una tentación que hay que resistir, porque normalmente debe llevarse a cabo toda una reeducación litúrgica entre los fieles. Los cambios litúrgicos deberían ir acompañados de una catequesis adecuada sobre la liturgia misma, su estructura, su calendario, el servicio del altar, pero también sobre la música, los ornamentos, el uso del latín, etcétera.

Por otra parte, pocas parroquias pueden, de un día para otro, encontrar los recursos necesarios para la celebración litúrgica tradicional, ya que ellos a menudo han sido vendidos, dilapidados o destruidos después del concilio.

Otro principio mencionado por don Milan es el de la continuidad. Con una cita del profesor Kwasniewski, nos invita a aprovechar el carácter permisivo de las rúbricas del nuevo misal para escoger, cada vez que sea posible, aquello que parezca más en continuidad con la tradición anterior [nota de la Redacción: la mención hace referencia al artículo que publicamos, traducido al español, en esta entrada]. Este principio complementa la regla de la gradualidad y permite, tanto a los fieles como a quienes ayudan a la Misa, asimilar poco a poco “la nueva liturgia de Benedicto XVI”.

V. Concretamente, visiblemente.

He aquí las iniciativas que, apoyándose en su propia experiencia, propone el Pbro. Tisma a los párrocos que deseen reorientar su liturgia, a fin de dar a Dios, de un modo perdurable, el culto que le es debido. La directiva principal es sencilla: poner nuevamente a Cristo en el centro de la atención.

El presbiterio debe volver a ser el templo del Señor, y ya no más la escena donde se agita el celebrante. El párroco, con la ayuda de su sacristán, debe seguir el ejemplo de Benedicto XVI y reponer la cruz y los candelabros sobre el altar. Eventualmente, y si es posible, debe poner más atrás el altar moderno, si es que está demasiado cercano a la nave. La idea es no tener ya sino un solo altar, para ofrecer a los fieles una sola pequeña patria.

Además, como lo recuerda Klaus Gamber, el altar debe estar vestido y revestido. En su parroquia don Milan ha restablecido el uso del antipendio. Ello proporciona una estabilidad visual a los fieles y permite acostumbrarlos a los tiempos litúrgicos mediante el cambio del color del frontal, cuando ello es posible. 

La etapa siguiente, una vez que se ha restaurado el presbiterio, es la celebración versus Deum, que debe ser acompañada de una adecuada catequesis. El Pbro. Tisma ya lo había hecho, por su parte, durante el Adviento, con ocasión de iniciarse un nuevo año litúrgico.

 Sacerdote celebra ad orientem la Santa Misa según el rito reformado (Novus Ordo Missae)

Enseguida, el Pbro. Tisma propone usar los tiempos fuertes del año litúrgico para que los fieles descubran progresivamente la forma extraordinaria, usando la gradualidad propia de la liturgia tradicional –véase nuestras tres cartas sobre “La misa tradicional en todas sus formas”, que acaban de ser recopiladas en una pequeña obra[2]. En su parroquia, don Milan se ha apoyado en una instrucción del episcopado chileno que data de 1960, aplicable por lo tanto al misal de san Juan XXIII, que fomenta la misa llamada “comunitaria”, que es de hecho una misa rezada pero con un laico que guía a la asamblea en las actitudes de oración y en los cantos [nota de la Redacción: se trata del Directorio Pastoral para la Santa Misa aprobado por la Asamblea Plenaria del Episcopado Chileno en 1960, el que puede ser consultado aquí].

VI. En el transcurso de la celebración.

Los consejos que siguen se refieren a la celebración de la forma ordinaria. El Pbro. Tisma las ha expuesto, sobre todo, en respuesta a la petición de los participantes en el congreso. No se trata de normas rígidas, sino más bien de sugerencias que pueden ser adoptadas una a una por cada sacerdote, en función de las circunstancias de la parroquia en la que se desempeña y de su preparación personal.

He aquí, para comenzar, las que se refieren a los aspectos públicos de la celebración:

  • recitar el Credo en latín.
  • omitir el signo de la paz durante la semana.
  • fomentar los momentos de silencio.
  • restablecer el uso del incienso en las Misas dominicales o en los días de fiesta.
  •  dar regularmente una catequesis sobre la comunión.
  •  practicar la Adoración del Santísimo, y dar una catequesis sobre el arrodillarse.
En lo que respecta más personalmente al celebrante:

  • preparar las ofrendas en silencio.
  • mantener el pulgar y el índice unidos después de la consagración.
  • purificarse los dedos, después de la comunión, con vino y agua, según la práctica tradicional.
  • inclinar la cabeza al mencionar a las tres Personas de la Santísima Trinidad, de Jesús, de María, del Santo Padre y del Santo del día.

Para los sacerdotes que han avanzado más en el acercamiento a las dos formas del rito romano, sea que celebren ya la forma extraordinaria o que deseen solamente familiarizarse con ella, don Milan propone, por último, los siguientes ejercicios de devoción privada: recitar el salmo 42 (el de las oraciones al pie del altar) al dirigirse desde la sacristía al altar; recitar el Aufer a nobis, al subir al altar; recitar las tres oraciones de la comunión en el momento de silencio que sigue al Agnus Dei; y recitar el último evangelio (el Prólogo de San Juan) al dejar el altar. Además, nada impide que el sacerdote use el birrete o el manípulo, si lo desea.

Agregaremos que, en respuesta a la pregunta de un sacerdote extranjero, don Milan ha explicado que, por razones históricas, la celebración de la forma extraordinaria estuvo a menudo caracterizada por una fuerte influencia francesa. Pero Chile es de tradición española. Por lo tanto, don Milan se esfuerza, y con él la Asociación Litúrgica Magnificat, por defender y promover los usos españoles como, por ejemplo, la mención del santo titular de la iglesia en el rezo del Confiteor, el empleo de la cucharilla para agregar agua al vino vertido en el cáliz, el de la palmatoria en la comunión o el de los ornamentos azul claro para las fiestas de la Inmaculada.

Todos los elementos mencionados por el Pbro. Tisma concurren para ofrecer a los fieles la patria pequeña más bella y acogedora, de la cual sólo Cristo es el único y eterno soberano.

VII. ¿Quiénes son los fieles?

Para terminar su riquísima y original intervención, el Pbro. Tisma ha querido hacer un bosquejo de los fieles que, luego de casi 20 años, ve aproximarse y acostumbrarse a la liturgia tradicional. Y lo maravilloso es que esta descripción es claramente universal.

 Fieles durante una Misa celebrada conforme al Usus antiquior

“Están, en primer lugar, los veteranos que se acuerdan de la pequeña patria de su infancia, que pueden recitar la Misa de memoria, que han atravesado los años de conmociones y que portan cicatrices, pero que miran con esperanza las señales de una nueva paz litúrgica; están, enseguida, los heridos por la nueva misa, que han sufrido los desvaríos de la liturgia posconciliar y se sienten sin hogar; finalmente, están los jóvenes ávidos de lo sagrado, que navegan por Internet buscando lo que llaman “la nueva misa de Benedicto XVI”. Por cierto, en cada una de estas categorías hay simples curiosos, aficionados y también fanáticos. Pero, agrega con una sonrisa, no más que en la forma ordinaria”.

Notas:

[1] En su obra Das Heilige (1917), disponible en francés: Le Sacré, Payot, 1995 [nota de la Redacción: también hay edición española: Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, Madrid, Alianza Editorial, 2001].

[2] La Messe traditionnelle en tous ses états [La Misa Tradicional en todas sus formas. Explicación de los diversos tipos de celebración: misa pontifical, misa solemne, misa rezada], Edition de L’Homme nouveau, collection Paix Liturgique, prefacio del Pbro. Claude Barthe, 2015 [nota de la Redacción: para quien le interesa, el libro puede ser comprado aquí].

Actualización [5 de febrero de 2016]: El sitio italiano Messa in Latino ha publicado una breve entrada, en que se da cuenta de la conferencia de don Milan Tisma, recomendando su lectura a quienes siguen la señalada bitácora. La entrada puede leerse aquí (en italiano).

Actualización [17 de febrero de 2016]: Hemos publicado hoy la entrada prometida con la entrevista hecha por el sitio Paix Liturgique al Rvdo. Claude Barthe a propósito del artículo sobre la conferencia que hemos reproducido (traducida al español) arriba. Puede verse dicha entrada aquí. 

Actualización [13 de abril de 2018]: En esta entrada, el Rvdo. Milan Tisma ha expuesto algunas ideas para introducir la Misa tradicional en las parroquias. Siempre hemos creído que lo natural es que ella se inserte normalmente en la vida parroquial, como una manera distinta de celebrar, pero que no por eso deja de estar al alcance de los fieles. La Misa que la Iglesia celebró por tantos siglos no puede quedar relegada a grupos aislados y que reúnen en lugares casi recónditos, porque así no se logra la concordia que deseaba Benedicto XVI al dictar el motu proprio Summorum Pontificum. Una solución que satisface parcialmente este fin es el de la erección de parroquias personales para el rito tradicional, como hizo el propio Papa en Roma para llevar a efectos las disposición por él dictadas. Desde Estados Unidos llega la noticia que S.E.R. Charles Chaput, Arzobispo de Filadelfia, ha erigido una cuasi-parroquia para la forma extraordinaria, la que ha quedado confiada a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. 

Actualización [7 de febrero de 2019]: El sitio New Liturgical Movement ha publicado una entrada relativa a la publicación de un hermoso y cuidado libro conmemorativo sobre la que probablemente fue la primera parroquia personal dedicada exclusivamente al usus antiquior luego de la puesta en marcha de la reforma litúrgica. Se trata de la  parroquia de San Clemente, en Ottawa (Canadá), comunidad que en 2018 cumplió cincuenta años de existencia y que actualmente está confiada a la Fraternidad de San Pedro (FSSP). Pese a que fue erigida formalmente como parroquia recién en 1997 y que cuenta con una iglesia propia solamente desde 1993, el grupo de fieles que dio lugar a ella, preocupados por el curso que estaban tomando las reformas litúrgicas, se reunió en 1968 para dar lugar, en la práctica, a una verdadera cuasiparroquia. Los fieles tuvieron la fortuna de encontrar en aquel entonces un pastor verdaderamente preocupado de la salus animarum de los fieles confiados a su cuidado, el otrora arzobispo de Ottawa, Mons.  Joseph-Aurele Plourde (1915-2013), quien acogió favorablemente la petición de los fieles y dispuso que un sacerdote, capellán de las Hermanas Adoradoras de la Preciosa Sangre, celebrara cada domingo para el naciente coetus una Misa rezada de acuerdo con los libros litúrgicos vigentes en 1962 . Para quienes se interesen en el libro, en el enlace precedente pueden encontrar la información necesaria para adquirirlo.

Actualización [5 de abril de 2019]: Life Site News ha publicado un esperanzador reportaje (el original, en inglés, puede verse aquí, incluyendo un breve video de un reportaje de un canal de televisión local) de cómo el retorno de la Misa tradicional a la histórica parroquia de St. Mary's (fundada en 1853) en Providence, Rhode Island (EE.UU.), aumentó considerablemente el número de fieles y las donaciones y colectas, lo cual permitió evitar el cierre inminente de la parroquia. Hasta que en agosto de 2018 el obispo de Providence, Mons. Thomas J. Tobin, decidió encomendar la parroquia a la Fraternidad de San Pedro (FSSP), la congregación había estado luchando en contra de una dramática reducción en el número de fieles.