miércoles, 22 de mayo de 2019

De pie frente a una Iglesia en ruinas

Les ofrecemos hoy una entrevista concedida por el Dr. Peter Kwasniewski a la revista italiana Radice Cristiane, que dirige el Prof. Roberto de Mattei. En ella, el conocido autor y conferencista estadounidense se refiere a la función insustituible que desempeña y seguirá cumpliendo en el futuro la Misa de siempre en la salvación de una Iglesia agotada tras cincuenta años de un experimento conciliar que no resultó, pues los frutos que dio el último Concilio ecuménico están lejos de ser la primavera eclesial que se anunciaba cuando fue convocado. 

La búsqueda de Dios es imposible en cualquier ambiente que reciba el mensaje conciliar sin crítica, como si nada hubiese pasado en este medio siglo, como si el cambio en los ritos fuese una mera cuestión de formas de culto sin mayores consecuencias. Esto es especialmente acentuado en aquellos "nuevos movimientos" que por mucho tiempo parecieron ser el oasis en medio del descalabro generalizado de las viejas órdenes y congregaciones, y que hoy son el reflejo de la misma crisis que vive toda la Iglesia, con iguales problemas, denuncias, extravío de la fe y carencia de vocaciones. El problema es que esos movimientos se caracterizan por una matriz conservadora y  por la adhesión necesaria a todas las decisiones de la jerarquía, suspendiendo el propio juicio, y es sabido que el conservador no es más que "un progresista paralizado que deja pudrir el meollo y se obstina en mantener artificialmente una cáscara podrida", como decía Juan Manuel de Prada a propósito del libro intitulado La sociedad tradicional y sus enemigos de José Miguel Gambra. Porque, a fin de cuentas, la restauración de la cultura cristiana depende de volver a los principios perennes sobre los que se ha sustentado la fe de la Iglesia, para darle a Dios el culto en espíritu y verdad que merece, aunque eso contraríe al mundo moderno, intentando la reconstrucción a partir de las ruinas que nos rodean.  

La entrevista fue publicada originalmente en italiano durante el mes de abril en la mencionada Radici Cristiane. La versión original en inglés apareció en New Liturgical Movement, de donde ha sido preparada esta versión castellana hecha por la Redacción. Las imágenes son las que acompañan la traducción inglesa. 

***

Reconstrucción del catolicismo sobre las ruinas de experimento conciliar


Dr. Peter Kwasniewski


La revista italiana Radici Cristiane, editada por Roberto de Mattei, me invitó a dar la siguiente entrevista, que apareció en el número de abril con el título “'L’usus antiquior' ci salverà – Intervista al dott. Peter Kwasniewski”. Se reproduce aquí el texto original en inglés, con la autorización de Radici Cristiane.



Radici Cristiane: Estamos atravesando un histórico período de crisis en la Iglesia. Piénsese solamente en la declinación en las vocaciones, en las iglesias cada vez más vacías, en los abusos litúrgicos más y más numerosos… Sin embargo, en las iglesias en que la Misa se celebra según el rito antiguo, hay una gran presencia de gente joven. ¿Cómo se puede explicar esto?

Dr. Kwasniewski: No es difícil explicar este fenómeno. El mundo contemporáneo pone constantes tentaciones ante la juventud, ya sea con la atracción de modas intelectuales, o con las ubicuas trampas morales contra la castidad y otros vicios. Por esta razón la mayoría de los jóvenes en el mundo occidental ya se ha corrompido para cuando llegan a adolescentes: son ateos radicales, hedonistas, materialistas, hastiados, indiferentes a la verdad, adictos a las estimulaciones fáciles. Si, en medio de este degradante pantano, queda algún joven que quiere realmente ir contra esta tendencia y declarar su adhesión a la fe cristiana, buscará algo que sea serio, exigente, contra-cultural, algo que pueda satisfacer los anhelos del espíritu y los deseos del corazón.

Los jóvenes tienen que luchar en Occidente para creer y adorar. Tiene, pues, que haber algo por lo que luchar. La antigua liturgia romana y las costumbres, creencias, cultura artística y visión del mundo que tienden a acompañarla ofrecen el tipo de marco rico, complejo y de sentido omniabarcante, capaz de inspirar una sumisión confiada, una búsqueda de la virtud, una motivación para seguir viviendo y para compartir generosamente la vida. La gente es atraída hacia arriba por el culto de Dios trascendente, y hacia adelante por el orgullo de recibir y repartir un gran patrimonio. Se nos da un sentido de pertenencia, en una época en que tantos están rechazando sus familias, su cultura, su identidad, e incluso su propio yo. Se nos da un sentido de estabilidad en una época que es informe y vacía.

R.C:: La nueva liturgia se diseñó para atraer al hombre moderno. ¿Qué cree usted que falló?

D.K.: Los ritos litúrgicos reformados se caracterizan, tanto en los libros oficiales como en el modo universal en que se los lleva a cabo, por un énfasis, muy moderno, en la autonomía, la espontaneidad, la “apropiación” local, los estilos de música y arte populares y seculares, y por un absoluto desprecio por el modo como nuestros antepasados realizaron el culto durante todos los siglos de que tenemos registros.

Todo esto es no sólo poco atractivo para los que buscan seriamente, sino positivamente nauseabundo. No hay iglesia que pueda florecer cuando, en vez de iniciar a la gente en los misterios divinos que se ven, se oyen y se sienten como misteriosos, inspiradores de reverencia, llenos de temor, intemporales, los pone meramente al alcance, en un servicio de oración banal y verboso de contemporáneos que son prisioneros de su propia contemporaneidad.  

La causa número uno del éxodo de los jóvenes es que la “Iglesia Vaticano II” no tiene absolutamente nada que ofrecer a los hombres y mujeres jóvenes -ni espiritual, ni moral, ni intelectual ni culturalmente- capaz de provocar su curiosidad, despertar su conciencia, capturar su imaginación o abrir ante ellos un camino que sea totalmente diferente de aquellos por los que transita nuestra sociedad.


El avance del Concilio Vaticano II con la juventud moderna

R.C.: En su artículo “Cómo es que fracasan los mejores ataques a la Misa tradicional”, usted cita a Alice von Hildebrand, que dice que el diablo odia la Misa en el rito antiguo. ¿Por qué?

D.K.: El diablo odia la disciplina, el orden, la belleza, la humildad, el auto-sacrificio, la alabanza litúrgica, la tradición y el sacerdocio. La antigua liturgia romana -hablo aquí no sólo de la Misa, sino también del Oficio Divino y de todos los ritos sacramentales- está empapada de orden y belleza, y pide inmensa humildad, disciplina y auto-entrega a los ministros que realizan su celebración correcta y condigna: suprime deliberadamente el individualismo y el deseo de “lucirse” o de “ser uno mismo”, según la frase que se usa normalmente, y está ordenada hacia la adoración y glorificación de Dios, con Cristo mismo como Sumo Sacedote, y con todos los demás como sus servidores. Ella, paradojalmente, edifica a los fieles y los beneficia precisamente porque es Cristocéntrica, no antropocéntrica, como lo son la filosofía y la cultura modernas.

Lucifer, la más bella de las criaturas de Dios, se enamoró de sí mismo. Su pecado fue de egocentrismo, de auto-celebración. Por tanto, todo movimiento en liturgia encaminado hacia la liberación del “ego” de los ministros o de los fieles, o hacia su aplauso o su celebración, es diabólico en su origen y en sus efectos. La Iglesia, en su sabiduría recibida de Dios, siempre comprendió el peligro de personalidades “carismáticas” sin freno, y se protegió de ellas mediante ritos notables por su objetividad, su estabilidad, su precisión, su claridad dogmática, sus exigencias ascéticas, su nobleza estética. Estas características reaccionan, en y por sí mismas, contra ciertas obstinadas tendencias de la naturaleza humana caída, tales como el emocionalismo o el sentimentalismo, el relativismo, la ambigüedad, el descuido, el permisivismo y el esteticismo (del cual una peculiar mutación genética es la absoluta carencia de buen gusto y el descuido de las apariencias). 

La antigua liturgia da al sacerdote el papel, sin ambigüedad alguna, de mediador sacramental y, en diversos grados, también a sus asistentes. Este papel de mediador es un ícono viviente de la Encarnación del único Mediador entre Dios y los hombres, contra quien se rebeló Satán. La única “reforma litúrgica” que Satanás está siempre buscando es apartar a la Iglesia de la Encarnación, de la economía sacramental enraizada en la Carne Eucarística de Cristo, y de toda la estructura de ritos, ceremonias y oraciones que la materializan.

En cada uno de sus aspectos, el usus antiquior es como un perpetuo exorcismo del diablo, apuntando una y otra vez hacia el triunfo de Dios encarnado sobre el antiguo enemigo de la naturaleza humana. El hecho mismo de que la nueva liturgia haya abolido o abreviado los exorcismos cada vez que se los encontró -en el rito del bautismo, en diversas bendiciones, ¡incluso en el rito mismo del exorcismo!- dice más que una biblioteca.

En realidad, hay tanto que se podría decir para desentrañar esta observación, extremadamente aguda, de Dietrich vonHildebrand, transmitida por su mujer. Se podría escribir un libro al respecto: “El diablo en los detalles: la reforma litúrgica post-conciliar y el espíritu de Satán”. Uno se pregunta si el confundido y atormentado Pablo VI percibía esta misma verdad cuando dijo en 1972, poco después de la introducción de esa monumental ruptura que fue el Novus Ordo: “Por alguna grieta el humo de Satán ha entrado en el templo de Dios”. Quizá la grieta no fue otra cosa que las incesantes reformas litúrgicas del siglo XX, que culminaron en un cambio de la lex orandi con proporciones de terremoto.


La supresión de la cruz: psicoterapia para no creyentes

R.C.: En la convención sobre el décimo aniversario de Summorum Pontificum se dijo que “la celebración del antiguo rito significa una mirada esperanzada hacia el futuro”. ¿En qué forma el regreso del usus antiquior es un modo efectivo de contrarrestar la crisis de la Iglesia que vivimos hoy?

D.K: La solución de la confusión en que hemos caído por una larga serie de malas decisiones, es simple y, al mismo tiempo, extremadamente difícil: tenemos que tomar las decisiones contrarias, una y otra vez. La Iglesia necesita dejar de pensar en nuevas estrategias, nuevos programas, nuevas iniciativas pastorales y en todas las mediciones estadísticas de éxito, y lanzarse resueltamente, una vez más, a proclamar el Evangelio entero, incluyendo sus “pasajes duros”; a la celebración de una liturgia solemne y bella; a construir monasterios y comunidades religiosas sobre la base del usus antiquior; a cultivar un curriculum intelectualmente robusto en los seminarios y universidades; a alentar familias grandes, como antiguamente, y a promover la educación por los padres en el hogar [homeschooling]. Sólo si se emprende en serio un camino contra-cultural habrá esperanzas, a largo plazo, para el catolicismo. Como creyente, estoy convencido de que la fe va a sobrevivir y a prosperar nuevamente, pero sólo donde se lleven a cabo tales acciones, o hasta el punto en que ellas sean llevadas a cabo.

R.C.: ¿Qué se puede hacer para transmitir a las futuras generaciones, y hacerles comprender, la importancia de la Misa según el usus antiquior?

D.K.: Lo primero y más importante es que continúe aumentando la cantidad de lugares donde se celebre la antigua liturgia, a pesar de las presiones en contra. En estos tiempos de hostilidad oficial, especialmente en Europa, los sacerdotes a menudo tendrán que aprender y decir la antigua Misa en secreto, como en la Inglaterra de Isabel I tuvieron que hacer los misioneros jesuitas encubiertos.

Como nadie puede creer en aquello que no ha oído, tampoco puede un católico aprender a pensar y vivir como católico sin acceso al más importante tesoro de la fe, es decir, al rito romano en su plenitud. En cada oportunidad y en cada lugar que se celebre esta Misa, los fieles invariablemente se harán presentes en ella.

Recuerdo que en la universidad teníamos un capellán que celebraba la Misa tradicional en privado, pero todo el que estaba interesado, sabía que se la celebraba y muchos estudiantes aprovecharon esta oportunidad -incluso futuros miembros de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro-. Así fue como me introdujeron al rito antiguo: ¡como a una disciplina arcani, tal como en la Iglesia primitiva! Incluso hoy, después de tantos años de Ecclesia Dei y de Summorum Pontificum, suele ocurrir a menudo que tenemos que luchar para hacer un lugar a la Misa de todos los tiempos.

Hay mucha gente hoy que se está “convirtiendo” desde el “catolicismo liviano” del Novus Ordo a la fe tradicional, motivada en parte por la farsa del pontificado del papa Francisco. Pero hay también niños que crecen en familias católicas y que la reciben junto con la leche materna, por decirlo así: para ellos, aprender la liturgia antigua no es diferente de aprender el alfabeto o el catecismo. Conozco a no pocos adultos en los Estados Unidos que, habiendo fielmente asistido a la Misa antigua desde su niñez, no han asistido jamás al Novus Ordo, o lo conocen por primera vez cuando llegan a la universidad. Para mí, esto es una señal enormemente esperanzadora: hay una nueva generación incontaminada por los falsos supuestos y principios de la reforma litúrgica, que puede llevar adelante la tradición católica, hacia el futuro, y que, viniendo desde afuera, puede fácilmente ver el Novus Ordo como la ruina que es y que siempre será, por mucho que se la acicale y se la haga ver bonita.

La transmisión de la Tradición. Una Misa cada vez

R.C.: ¿Piensa usted que el movimiento tradicionalista tiene debilidades que necesitarían ser superadas?

D.K.: Sí. Creo que a menudo podemos tomar como algo normal el tener las riquezas que poseemos, casi “acaparándolas”, sin hacer nada fuera de lo común por tratar de atraer a otros a nuestro movimiento, para que reciban las bendiciones que nosotros, sin mérito alguno de nuestra parte, hemos descubierto, sin las cuales no podríamos vivir.

A pesar de lo que decía sobre el secreto, la mayor parte del tiempo estamos (al menos por ahora), “en la superficie”, y somos totalmente capaces de anunciar lo que hacemos y por qué. Quienes aman las tradiciones de la Iglesia necesitan ser, con inteligencia, celosos de la promoción del usus antiquior, mediante panfletos y publicaciones, charlas, conferencias, reuniones sociales, grupos de estudio, invitaciones a extranjeros y, sobre todo, con tolerancia con aquellos que demuestran interés o están comenzando a venir pero no están todavía “a tono” en lo relacionado con su modo de hablar o de vestirse, o de pensar en lo social y lo político, etcétera. Necesitamos ser muy pacientes con ellos, recordando que supuesto cuán escondida o incluso suprimida ha estado la fe en los últimos cincuenta años- una conversión intelectual y moral al auténtico catolicismo puede tomar un tiempo muy largo, a veces años o décadas. En mi vida personal, me tomó muchos años de experiencias, conversaciones y estudio alcanzar las conclusiones a que he llegado hoy, incluso si hoy, al mirar hacia atrás, veo que era tan obvio. Como conclusión, trato siempre de acordarme cómo se veían las cosas cuando era un ultramontano o papólatra más, y cómo me parecen hoy.

Cuán triste sería si las personas que andan buscando se sintieran criticadas o no bienvenidas entre nosotros. Sé que debe haber ciertos estándares de vestido y de comportamiento; pero necesitamos, de algún modo, seguir procurando llegar al católico medio e, incluso, a los “ninis”, los que no tienen ninguna religión. El más importante trabajo de evangelización jamás emprendido será, en el futuro, la reconstrucción del auténtico catolicismo a partir de las ruinas del experimento conciliar. 

domingo, 19 de mayo de 2019

Algunas recomendaciones para la lectura espiritual

Hace algún tiempo, cuando publicamos el listado de John Senior sobre las lecturas que son recomendables según las distintas edades, señalamos que nuestro propósito era ofrecer en esta bitácora algunas recomendaciones para la lectura espiritual. Ella, practicada de manera asidua y serena durante la vida, sirve para alimentar el alma, para conocer mejor las verdades que Dios nos ha revelado y las enseñanzas de la Iglesia, así como para infundir en el entendimiento ideales nobles de superación y de progreso, y para reavivar en el corazón el amor y el entusiasmo por las cosas de Dios, alimentando la oración. Como enseñaba San Gregorio Magno, con la lectura espiritual el cristiano aprende a conocer el corazón de Dios a través de las propias palabras de Dios. 

En la lectura, como en otras cosas de la vida espiritual, la mejor manera de proceder es mediante un plan o programa. Hay personas que tienen dirección espiritual con regularidad, y con la ayuda de su director elaboran un programa de vida para combatir un vicio o pasión dominante y conquistar alguna virtud. Pero ya San Alfonso María de Ligorio reconocía que no siempre se puede tener a mano un director espiritual que nos aconseje en nuestras obras y, sobre todo, en nuestras dudas, fuera de que es un principio básico que el director no puede acabar suplantando la libertad del dirigido y éste debe ser cauto en discernir sus consejos. Una buena manera de suplir esa ausencia es la lectura de libros de espiritualidad, la cual nos suministra luces y nos enseña el camino para huir de los engaños del demonio y de nuestro amor propio, y para conocer la voluntad de Dios. Por eso, asegura San Atanasio que "no es posible encontrar quien, dedicándose al servicio del Señor, no sea gran amante de la lectura espiritual". En otras palabras palabras, es la verdad recogida en Camino: "La lectura ha hecho muchos santos".

 Jean-Baptiste Camille Corot, Monje de blanco sentado, leyendo
 (Imagen: Wikimedia Commons)


La ausencia de un director espiritual no quita que la lectura pueda hacerse de acuerdo con un determinado plan. Por ejemplo, en el Misal preparado por Dom Gaspar Lefebvre OSB y traducido por Dom Germán Pardo OSB, como parte de los consejos que se da para aprovechar mejor dicho texto, se recomienda que el "plan de vida cristiana" del fiel contemple cada día la lectura de alguna página de algún libro bueno e instructivo, de los que hay tantos en castellano. El tiempo de esa lectura puede ser variable, pero con 15 ó 20 minutos cada día resulta suficiente para formar un buen depósito de combustible al cual recurrir en los momentos de sequedad espiritual. En cuanto a la materia de la lectura, resulta aconsejable escoger textos según un tema concreto en el cual se quiera profundizar (por ejemplo, la caridad, la fe, la misericordia, etcétera) o para corregir un defecto dominante o mejorar en una determinada práctica de piedad o en una virtud. Se puede profundizar personalmente o bien comentar el libro en grupo o en familia. Otra alternativa es buscar textos que guarden correspondencia con el período litúrgico que se está viviendo (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, etcétera), cada uno de los cuales tiene sus particularidades sobre el aspecto de la economía de la salvación que se quiere resaltar.

John Senior daba unas pocas recomendaciones para la lectura espiritual. Además de la Sagrada Biblia, e incluso de El progreso del peregrino, considerada la obra maestra del protestantismo y escrito por John Bunyan, el profesor estadounidense recomendaba vivamente la Introducción a la vida devota de San Francisco de Sales, el que reputaba el mejor libro espiritual para un católico. En La restauración de la cultura cristiana, Senior cita especialmente la Regla de San Benito, que aconseja meditar, y las obras de Santa Teresa de Jesús y San Agustín. Por su parte, en La muerte de la cultura cristiana y a propósito del capítulo intitulado "La noche oscura de la Iglesia" da el siguiente consejo para la lectura espiritual: "Gracia a Dios hay unos pocos, y unos pocos libros buenos, no difíciles de leer, aunque difíciles de escribir. En primer lugar, Una introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales, y por último, su Tratado del amor de Dios; y en el medio, los cuatro grandes cantos de San Juan de la Cruz, Subida del Monte CarmeloNoche oscura del almaCántico espiritual y Llama de amor viva; y los tres de Santa Teresa de Ávila: AutobiografíaCamino de perfección y Castillo interior". 

Por su parte, el P. Louis Bouyer señalaba que la cultura cristiana supone la recitación inteligente del Oficio Divino, la Biblia y ciertos escritos patrísticos, lo cual es suficiente para que el fiel tenga lo que necesita en su vida espiritual; lo demás ya es fruto de la oración y los sacramentos. Los escritos que menciona son las Actas de los Mártires, las Sentencias de los Padres del Desierto, la Exposición de los Salmos de San Atanasio y las Enarrationes sobre los salmos de San Agustín, las Conferencias de Casiano, algunos comentarios de San Juan Crisóstomo a las epístolas de San Pablo y los Sermones sobre las fiestas litúrgicas de San León Magno (Bouyer, L., "Le bréviaire dans la vie spirituelle du clergé", La Maison-Dieu, núm. 3, 1945, p. 56). 

Cierto es que el consejo de Bouyer está pensado en el contexto de lo que debe significar para un clérigo el rezo diario del Breviario y, por consiguiente, los pocos libros que siguiere están orientados a rezar las horas canónicas de un modo más fructífero, lo que explica que ellos sean comentarios bíblicos. De ahí que sea necesario pensar también en el fiel común y corriente que, entre medio de las ocupaciones propias de la jornada diaria, trata de encontrar un tiempo para dedicarse a las cosas de Dios. Con ese fin, ofrecemos a continuación para nuestros lectores un listado de lecturas espirituales desde los Padres de la Iglesia hasta el siglo XX y que esperamos pueda servir de orientación para que cada cual pueda seleccionar y ordenar sus lecturas. Otro buen listado, ordenado por categorías de búsqueda, se puede encontrar aquí


José Martí y Monso, Monje leyendo (1877).
(Imagen: Casa Ansorena)

***

I. Patrística.

1. Siglos I-III.

San Clemente:
Epistola ad Corinthios

Pastor de Hermas

Clemente de Alejandría:
Pædagogus

San Cipriano:
De habitu virginum
De dominica oratione
De opere et eleemosynis
De bono patientiæ
De zelo et livore
De lapsis

2. Siglos IV-VII.

(a) Occidente.

San Ambrosio:
De Officiis ministrorum
De virginibus
De viduis
De virginitate

San Agustín:
Confesiones
Soliloquia
De doctrina christiana
De Civitate Dei
Epistola CCXI
Regla

Benozzo Gozzoli, Tolle lege
(Imagen: Wikimedia Commons

San Juan Casiano:
Instituta Cænobiorum
Collationes

San León:
Sermones

San Benito:
Regla

San Gregorio Magno:
Expositio in librum Job
Liber regulæ pastoralis
Dialogorum Libri quatuor

(b) Oriente.

San Atanasio:
Vita S. Antonii

San Cirilo Jerosolimitano: 
Catequesis

San Basilio:
De Spiritu Sancto
Regulæ fusius tractatæ
Regulæ brevius tractatæ

San Juan Crisóstomo:
Homilías
De sacerdotio

San Cirilo de Alejandría:
Thesaurus de sancta et consubstantiali Trinitate

Pseudo Dionisio:
De divinis nominibus
De ecclesiastica hierarchia
De mystica theologia

San Juan Clímaco:
Scala Paradisi

San Máximo Confesor:
Scolia de Dionysio
Liber asceticus
Mystagogia

II. Medioevo.

1. Escuela benedictina.

San Anselmo:
Meditationes
Orationes
Cur Deus homo

San Bernardo:
Sermones de tempore
Sermones de sanctis
Sermones de diversis
Sermones in Cantica Canticorum
De consideratione
Tractatus de gradibus et humilitatis et superbiæ
Liber de diligendo Deo

Santa Hildegarda:
Liber divinorum operum

2. Escuela de San Víctor.

Hugo de San Víctor:
De sacramentis christianæ fidei
De vanitate mundi
Soliloquium de arrha animæ
De laude caritatis
De modo orandi
De amore sponsi ad sponsam
De meditando

3. Escuela dominica.

Santo Domingo: 
Constitutiones

San Alberto Magno:
Commentarii in Dionysium Areopagitam
In quatuor libros Sententiarum
Summa Theologiæ
De sacrificio Missæ

Santo Tomás de Aquino:
Commentarius de beato Paulo
Commentarius de Canticorum Canticis
Commentarius de Evangeliis
De perfectione vitæ spiritualis
Officium S.smi Sacramenti

 Carlo Crivelli, Santo Tomás de Aquino

Tomás de Vallgornera:
Mystica theologiæ D. Thomæ

San Vicente Ferrer:
De vita spirituali

Santa Catalina de Siena:
Diálogo
Cartas

4. Escuela franciscana.

San Francisco de Asís:
Opuscula

San Buenaventura:
De triplici via (Incendium amoris)
Lignum vitæ
Vitis mystica
Itinerarium mentis ad Deum
Breviloquium
Meditationes vitæ Christi

5. Escuela mística flamenca.

Tomás de Kempis:
Soliloquium animæ
Hortulus rosarum
Vallis liliorum
Cantica
De elevatione mentis
Libellus spiritualis exercitii
De tribus tabernaculis
De imitatione Christi

6. Escuela cartuja.

Dionisio Cartujano:
De arcta via salutis et contemptu mundi
De gravitate et enormitate peccati
De conversione peccatoris
De remediis tentationum
Speculum conversionis
De fonte lucis et semitis vitæ
De contemplatione
De discretione spirituum
Commentarii de Dyonisio

III. Edad moderna.

1. Escuela benedictina.

Dom Prosper Guéranger:
L'Année liturgique

Dom Columba Marmion:
Le Christ vie de l'âme
Le Christ dans ses mystères
Le Christ ideal du moine

Dom Jean-Baptiste Chautard:
L'Ame de tout apostolat

2. Escuela dominica.

Luis de Granada:
Guía de pecadores
Libro de la oración y la meditación
Memorial de la vida cristiana

Henri Lacordaire:
Lettres à un jeune homme sur la vie chrétienne
Lettres à des jeunes gens

Réginald Garrigou-Lagrange: 
Perfection chrétienne et contemplation
Les âges de la vie intérieure

3. Escuela franciscana.

Francisco de Osuna:
Abecedario espiritual

San Pedro de Alcántara:
La oración y meditación

Juan de Bonilla:
Tratado sobre la paz del alma

María de Jesús de Ágreda:
La mística ciudad de Dios

4. Escuela nueva.

(a) Escuela ignaciana

San Ignacio de Loyola:
Ejercicios espirituales
Constituciones
Epístolas
Historia de un peregrino

Francisco de Suárez:
De Religione

Leonardus Lessius:
De summo bono
De perfectionibus moribusque divinis
De divinis nominibus

San Roberto Belarmino:
De ascensione mentis in Deum per scalas creaturarum
De æterna felicitate sanctorum
De gemitu columbæ sive de bono lacrymarum
De septem verbis a Christo in cruce prolatis
De arte bene moriendi

Alfonso Rodríguez:
Práctica de la perfección cristiana

Luis de la Puente:
Guía espiritual
De la perfección cristiana en todos sus estados
De la perfección del cristiano en el estado eclesiástico
Meditaciones sobre los misterios de nuestra fe

José de Ribera, Santa Teresa de Ávila
 
(b) Escuela teresiana carmelitana.

Santa Teresa de Jesús:
Obras de Santa Teresa (editadas y anotadas por el P. Silverio de S. Teresa)
Epístolas

San Juan de la Cruz:
Subida al Monte Carmelo
La noche obscura
La viva llama de amor
Cántico espiritual

Santa Teresa del Niño Jesús:
Histoire d'une âme
Cartas
Poemas

(c) Escuela salesiana.

San Francisco de Sales:
Introduction à la vie dévote
Traité de l'Amour de Dieu
Vrais entretiens
Cartas

Jean-Pierre Camus:
L'esprit de Saint François de Sales

Joseph Tissot:
L'Art d' utiliser ses fautes d'après Saint François de Sales
La vie intérieure simplifiée

(d) Escuela francesa del siglo XVII.

San Vicente de Paul:
Correspondencia, documentos.

San Luis Grignon de Monfort:
Traité de la vraie Dévotion à la Ste Vierge
Le secret de Marie

San Juan Bautista de la Salle:
Reglas y constituciones

(e) Escuela de San Alfonso María Ligorio

San Alfonso María Ligorio:
Le massime eterne
La strada della salvezza
Pratica di amare Gesù Cristo
Riflessioni ed affetti sulla Passione di Gesù Cristo
Le glorie di Maria
Visite al Santissimo sacramento
Modo di conversare continuamente alla familiare con Dio
Del gran mezzo della preghiera
La vera sposa di Cristo o la religiosa santificata
Selva
Del sacrificio di Gesù Cristo

f) Otras escuelas.

Lorenzo Scupoli:
Il combattimento spirituale

Jacques-Bénigne Bossuet:
Instruction sur les états d'oraison
Elévations sur les Mystères
Méditations sur l'Évangile
Traité de la Concupiscence

François Fenelón:
Maximes des saints
Lettres de direction

Benedicto XIV:
De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione

Beato John Henry Newman:
Sermons
Difficulties of Anglicans
Meditations and Devotions

Frederick William Faber:
All for Jesus
Bethlehem
The Blessed Sacrament
The precious blood
The foot of the Cross
Creator and Creature
Growth in holiness
Spiritual Conferences

Leopold Beaudenom:
Pratique progressive de la confession et de la direction
Formation à l'humilité
Formation religieuse et morale de la jeune fille
Méditations affectives

Blaise Pascal:
Pensées

Gilbert Keith Chesterton:
Ortodoxy
Heretics
Life of S. Thomas

San Juan Bosco:
Memorias

San Josemaría Escrivá de Balaguer:
Camino
Forja
Surco

***


Nota de la Redacción: El listado que les hemos ofrecido está tomado de la bitácora personal del Rvdo. José-Apeles Santolaria de Puey y Cruells (El blog de Apeles). 

miércoles, 15 de mayo de 2019

FIUV Position Paper 20: El tiempo de Septuagésima, las Vigilias y las Octavas de la forma extraordinaria

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 20 y que versa sobre el tiempo de Septuagésima, las Vigilias y las Octavas de la forma extraordinaria, cuyo original en inglés puede consultarse aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de octubre de 2014. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede. 



***

El tiempo de Septuagésima, las Vigilias y las Octavas en la forma extraordinaria

Abstract


El calendario de la forma extraordinaria contiene una cantidad de elementos que no se encuentran en la forma ordinaria, como el tiempo de Septuagésima, o numerosas vigilias, con sus especiales observancias, y numerosas octavas. Antes de la reforma de 1955 existió una cantidad mucho mayor de vigilias y de octavas. Estos rasgos del calendario eran muy antiguos y permitían a los fieles penetrar más profundamente en los misterios contemplados en el año litúrgico, pues facilitaban su preparación y la subsiguiente meditación de tales misterios. Contribuían, además, a componer un ciclo litúrgico caracterizado por contrastes más pronunciados entre los días y tiempos de penitencia y los de alegría.

Texto

1. El tiempo de Septuagésima, así como las vigilias y octavas, formaron parte importante de la antigua tradición litúrgica latina. Todos ellos se encuentran en el calendario de 1962, aunque el número de vigilias y de octavas se redujo grandemente en 1956[1]. Este artículo apunta a explicar el papel que estos elementos tenían en los calendarios antiguos. Muchas de las ideas aquí expuestas podrían aplicarse también a las témporas y a los días de rogativas, pero por razones de espacio no podemos abordar ahora su estudio.


La historia del tiempo de Septuagésima.

2. El tiempo de Septuagésima comprende los domingos (y las semanas a que dan comienzo) de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, entendidos como un tiempo de preparación para la Cuaresma. Durante este tiempo, aunque las normas de ayuno cuaresmal no se aplican, el color litúrgico es el morado de penitencia, y no se usan ni el Aleluya ni el Gloria in Excelsis, signos de gozo[2]. Junto con esto, los otros textos Propios de este tiempo expresan su carácter penitencial.

3. Ya en tiempos de San Gregorio Magno (+604) comenzó a usarse un período preparatorio previo a la Cuaresma, el que en el siglo VI se extendía hasta el domingo de Septuagésima, y se lo prolongó después a toda la semana de Septuagésima[3]. Las lecturas del Evangelio, especialmente, preparaban a los fieles para la Cuaresma y el tiempo de Pascua[4].

4. La importancia de los tres domingos venía indicada por la locación de la Misa Papal en esos días, las tres basílicas situadas fuera de los antiguos muros de Roma: San Lorenzo, San Pablo y San Pedro, respectivamente. El Oficio [Divino] comienza en Septuagésima con el libro del Génesis, que continúa en los domingos de Cuaresma.

5. El nombre de esos tres domingos indica, de modo general, el tiempo antes de Pascua, entroncando con Cuadragésima, primer domingo de Cuaresma. “Septuagésima” recuerda los 70 años del exilio en Babilonia, como lo advirtió Amalario de Metz, un comentador litúrgico medieval[5].

6. Los ritos orientales contemplan también un tiempo previo a Cuaresma, que es de gran antigüedad: el “domingo de carne” introduce la abstinencia de carne; el “domingo de queso” inaugura la abstinencia de huevos y productos lácteos.

7. El tiempo de Septuagésima se encuentra en el Book of Common Prayer anglicano y también en la práctica histórica de muchas iglesias luteranas.

8. La Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II examina el año eclesiástico del siguiente modo: “Deberá revisarse el año litúrgico de modo que se preserve o restaure, para acomodarlas a los tiempos modernos, las costumbres tradicionales y la disciplina de los tiempos sagrados. Deberá preservarse su carácter específico de modo tal que alimenten debidamente la piedad de los fieles que celebran los misterios cristianos de la redención y, sobre todo, el misterio pascual”[6].

9. Resulta sorprendente, por tanto, que el Consilium, después del Concilio, haya decidido abolir el tiempo de Septuagésima, especialmente porque forma parte de la preparación para la Pascua. El Arzobispo Bugnini recuerda en una nota la discusión habida: “Hubo desacuerdo sobre la supresión del tiempo de Septuagésima. Algunos vieron estas semanas como un paso hacia la Pascua. En una ocasión Pablo VI comparó el conjunto compuesto por Septuagésima, Cuaresma, Semana Santa y Triduo Sacro con las campanas que llaman a los fieles a la Misa dominical. El sonido de éstas una hora, media hora, un cuarto de hora y cinco minutos antes de la Misa tiene un efecto psicológico y prepara a los fieles, material y espiritualmente, para la celebración de la liturgia. Por entonces prevaleció, sin embargo, la opinión de que debía haber una simplificación: no se podía restaurar la Cuaresma a toda su importancia sin sacrificar la Septuagésima, que es una extensión de la Cuaresma”[7].

Misa del Domingo de Septuagésima en la Capilla de la FSSP en Reading (Inglaterra)

Foto: Blog Rorate Cæli

La razón de ser de los antiguos calendarios.

10. En la justificación del cambio, la idea parece haber sido que el carácter penitencial del tiempo de Septuagésima -el uso del color morado y la supresión de los Aleluya y del Gloria- confundía a los fieles y perjudicaba a la Cuaresma. La investigadora litúrgica Lauren Pristas comenta: “Un período de preparación necesariamente subraya, no disminuye, la importancia de lo que fuere que se está preparando. Además, la preparación asegura una participación más plena o mejor en el evento mismo”.

11. La gran importancia del tiempo penitencial de Cuaresma exige una cuidadosa preparación, cuya omisión hace correr el peligro de que los fieles se encuentren tratando de adaptarse, e incluso de decidir qué tipo de observancia cuaresmal van a practicar, ya en la Cuaresma misma. Además, este tiempo posee una liturgia especialmente antigua y rica. El estudioso de la liturgia László Dobszay, junto con otros que proponen una “reforma de la reforma”, ha sugerido que se restaure este tiempo en la forma ordinaria[8]. El tiempo de Septuagésima se encentra en el recientemente promulgado calendario del Ordinariato de Nuestra Señora de Walsingham.

 Vigilia de Pentecostés en una parroquia tradicional personal en los EE.UU.

La historia y razón de ser de las Vigilias y Octavas.

12. Las vigilias son un componente muy antiguo del calendario romano. Se acostumbra a distinguir, en su origen, por una parte, la “vieja costumbre romana” de una vigilia nocturna, ceremonia de lecturas y oraciones que precedía a la celebración de una Misa al amanecer, de lo cual hay testimonios en Roma y otras partes del Occidente latino desde el siglo IV[9]; y, por otra parte, la costumbre griega de la “pre-fiesta”, que anuncia y prepara una fiesta. La fiesta de la Navidad del Señor tiene ambos tipos de vigilias: la Misa de medianoche y una Misa de vigilia diferente para el día anterior a Navidad. El beato Ildefonso Schuster, comentador de liturgia, sugiere que, cuando la costumbre de celebrar Misas de madrugada se volvió inconveniente, la Misa del alba fue usada como Misa de vigilia, y se tuvo que crear un nuevo formulario de Misa para el día mismo de la fiesta[10].

13. Se siguió creando vigilias, celebradas en la mañana del día anterior a la fiesta, con el propósito, según Parsch, de “ser un día de preparación, un día de aclimatación espiritual y de purificación interior”[11]. Su liturgia era, por lo general, penitencial y a menudo exploraba algún aspecto específico que pudiera haber sido descuidado en la celebración principal.

14. La existencia de un tiempo penitencial en preparación para un acontecimiento de especial importancia espiritual tiene fundamentos escriturísticos importantes, y encuentra su expresión litúrgica más plena en Adviento y Cuaresma[12]. Las vigilias del antiguo calendario cumplen este papel respecto de las fiestas más importantes durante el resto del año.

15. Se encuentra octavas de una celebración tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento en relación con el culto del Templo[13]. La explicación simbólica de la octava que da Juan de Ivry (+1079) se leía, antes de 1956, en el Oficio, en Maitines[14], en la octava de la Dedicación de una Iglesia: “Las principales fiestas se celebran durante ocho días porque el mundo se desarrolla en seis eras. La séptima era es el descanso de las almas bienaventuradas hasta la resurrección general. La octava es el Reino de Dios después de la resurrección eterna. Y por esta razón se observa la octava con gran solemnidad, porque la gloria de Cristo será eterna en ese Reino y su gozo, inefable. Y al celebrar de nuevo las fiestas de los santos, participamos en el gozo del descanso de sus almas en el día de su solemnidad y en su gloria hasta la resurrección en el día octavo”[15].

La conexión entre la celebración de la octava y la vida en el cielo se refleja en el texto de los Propios de algunas octavas.

16. Pius Parsch propone una explicación práctica: “La Santa Madre Iglesia es buena psicóloga, y entiende perfectamente la naturaleza humana. Cuando llega una fiesta, el alma se sorprende, sin estar totalmente preparada para meditar profundamente en el misterio que se celebra; pero en los días siguientes, encuentra más fácil considerar el misterio desde todos los ángulos, más sintonizada y profundamente. Ocho días proporcionan una maravillosa oportunidad para realizar una síntesis de todos los aspectos abarcados”[16].

17. Naturalmente hay un límite al número de vigilias y de fiestas que pueden ser incluidas en el calendario sin impedimento mutuo o de otras fiestas, y el problema ha sido debatido en sucesivas reformas del calendario, en particular la de 1910[17]. La reforma de 1955, sin embargo, constituyó un recorte mucho más radical que cualquier otro anterior o posterior, y hay poderosos argumentos en pro de la restauración de muchas antiguas vigilias y octavas. La forma ordinaria misma incluye una Misa de vigilia de la Epifanía, una de las que se abolió en la reforma de 1955[18].

 Bendición y exorcismo del agua de la Epifanía durante la vigilia en una parroquia tradicional personal 

Conclusión.

18. Un aspecto importante del año litúrgico es el equilibrio entre elementos gozosos y penitenciales. Uno de ellos es la disciplina del ayuno, que no abordamos en este artículo[19]. Otro es el aspecto, estrictamente litúrgico, en que el gozo de las grandes fiestas se extiende y se lo explora, pero se lo contrasta también (en términos de Pius Parsch) con una “purificación interior”, en que el color litúrgico es el morado y la liturgia nos recuerda la necesidad que tenemos de perdón y de gracia.

19. En general, es verdad que la disciplina de la Iglesia exigía más penitencia en tiempos pasados, lo que se refleja en los aspectos penitenciales de la liturgia. Sin embargo, resulta muy exacto decir que el calendario del Misal de 1962, y mucho más el calendario anterior a 1956, presentan una serie de contrastes más marcados entre penitencia y celebración. Esto se debe en parte al mayor énfasis que se daba, por lo común, al ciclo de los santos[20]. Pero igualmente importante es la celebración, extendida, de las fiestas con octavas, que equilibran los períodos más frecuentes o prolongados de preparación, con sus vigilias y con el tiempo de Septuagésima. Esto puede considerarse como parte del genio de la antigua tradición litúrgica latina, tal como se fue desarrollando, en lo cual es similar a la liturgia bizantina, y ofrece a los fieles un alimento rico y variado, que nos saca de nosotros mismos y nos identifica más profundamente con los temas del año litúrgico.

 Vísperas de Pentecostés en una iglesia grecocatólica rusa en Nueva York, EE.UU.

Apéndice A:

Vigilias y octavas en las reformas de 1955 y 1970.

Fiestas con vigilias u octavas antes de la reforma de 1955, que entró en vigor en 1956. Las que no se abolió en esa reforma, y que se encuentran por tanto en el calendario de 1962, están señaladas en negrita.

Fiestas fijas:

6 de enero: Epifanía: vigilia y octava
(21 de enero 21: Santa Inés: octava)[21]
24 de febrero: San Matías: vigilia
24 de junio: Natividad de San Juan Bautista: vigilia y octava
29 de junio: San Pedro y San Pablo: vigilia[22] y octava
25 de julio: Santiago el Mayor: vigilia
10 de agosto: San Lorenzo: vigilia[23] y octava
15 de agosto: Asunción: vigilia y octava
24 de agosto 24: San Bartolomé: vigilia[24]
8 de septiembre 8: Natividad de la Virgen: octava
21 de septiembre 21: San Mateo, evangelista: vigilia[25]
28 de octubre: Santos Simón y Judas, apóstoles: vigilia
1° de noviembre: Todos los Santos: vigilia y octava
30 de noviembre: San Andrés, apóstol: vigilia
8 de diciembre: Inmaculada Concepción: vigilia y octava
21 de diciembre: Santo Tomás, apóstol: vigilia
25 de diciembre 25: Navidad: vigilia y octava
26 de diciembre 26: San Esteban: octava
27 de diciembre 27: San Juan Evangelista: octava
28 de diciembre 28: Santos Inocentes: octava

Fiestas movibles:

Pascua: vigilia[26] y octava
Solemnidad de San José: octava[27]
Ascensión: vigilia y octava
Pentecostés: vigilia y octava
Corpus Christi: octava
Sagrado Corazón: octava

Fiestas locales

Titular de la iglesia: octava
Dedicación de la iglesia: octava
Titular de la catedral: octava
Dedicación de la catedral: octava
Santo Patrono[28]: octava

En todas las vigilias que se celebraban antes de 1956 se usaban paramentos morados, excepto las vigilias de la Epifanía y de la Ascensión, que usaban paramentos blancos. El Código de Derecho Canónico de 1917 (canon 1252) exigía ayuno y abstinencia en cuatro vigilias: Pentecostés, Asunción, Todos los Santos y Navidad[29].

Entre 1910 y 1955 las octavas se clasificaban en privilegiadas (de primera, segunda o tercera clase), comunes, y simples: en la clase más alta, no se celebraba ninguna otra fiesta durante la octava, y en la clase más baja, sólo se celebraba el octavo día. En cada caso, en el día de la octava la celebración se refiere a la fiesta, ya sea una repetición de la Misa de la fiesta, ya sea una Misa con formulario propio de la octava.

De las quince fiestas que tenían vigilias antes de 1956, cuatro vigilias coincidían con otra fiesta importante, como se dice en las notas de la lista precedente. En estos casos la vigilia podía celebrarse con Misas privadas, y en las iglesias colegiatas ambas fiestas se celebraban en diferentes Misas públicas. Las fiestas que podían chocar con las cinco vigilias conservadas después de 1956 eran trasladadas. Además, se hicieron esfuerzos para reducir el número de fiestas que se celebraba en las octavas restantes[30].

En el calendario de 1970 no tiene lugar el concepto de una Misa de vigilia como liturgia del día que precede a una fiesta. En cambio, nos encontramos con un “Propio de la Vigilia”, “que ha de usarse en la tarde del día precedente, si entonces se celebra una Misa al atardecer”[31]. En lo que se refiere al Missale Romanum de 2008, la lista de vigilia con Propios es la siguiente:

Fiestas fijas:

6 de enero: Epifanía
24 de junio: Natividad de San Juan Bautista
29 de junio: San Pedro y San Pablo
15 de agosto: Asunción
25 de diciembre: Navidad

Fiestas movibles:

Ascensión
Pentecostés

Esto se diferencia de la lista de vigilias del Misal de 1962 en que se excluye la fiesta de San Lorenzo y se incluye Epifanía. La vigilia de Epifanía había sido abolida en 1955.

La vigilia, en el sentido de una Misa celebrada la noche anterior al amanecer del día de fiesta que, en la práctica, se celebra a menudo al caer la tarde del día anterior a la fiesta, existe también en el caso de Pascua y de Navidad (en este último caso, además de la “vigilia con Propio”).

En el calendario de 1970 hay octavas para Pascua y Navidad, y se diferencia del Calendario de 1962 porque excluye Pentecostés. 

Apéndice B: 

Pérdidas del repertorio de cantos en la reforma de 1955.

La mayor parte de los cantos usados en el Propio de las vigilias y octavas abolidas en 1955 se encuentran en otras partes del año litúrgico, por lo que continúan formando parte del repertorio usado en la forma extraordinaria. Pero no pasa lo mismo con otros de ellos, a menos que se usen en fiestas local o de algunas órdenes religiosas. Ellas son las siguientes:

Común de las vigilias de los apóstoles (usadas en los apóstoles San Mateo, Santiago, San Bartolomé y Santo Tomás):

Introito Ego autem sicut oliva

Vigilia de Todos los Santos:

Introito Iudicant sancti
Gradual Exsultabunt sancti in gloria

Vigilia de San Andrés:

Introito Dominus secus mare
Comunión Dicit Andreas Simoni

Vigilia de San Simón y San Judas:

Gradual Vindica Domine sanguinem

Octava de San Pedro y San Pablo:

Alelluya V. Vos estis qui permansistis

Vigilia de la Inmaculada Concepción:

Introito Venite, audite et narrabo
Gradual Sapientia aedificavit
Ofertorio Ego dilecto meo
Comunión Quae est ista

Los cantos para la fiesta de la Inmaculada Concepción son de origen reciente, pero muchos  de los otros citados están entre los más antiguos que se puede identificar en el repertorio de cantos, anteriores al año 800[32]. Dom Dominic Johner, en su comentario al Gradual Romano (que desgraciadamente no trata de las vigilias y octavas directamente) llama a la antífona de Comunión de la vigilia de San Andrés Dicit Andreas Simoni “una de las gemas del Gradual”[33].

Se ha vuelto a incluir en el Graduale Romanum de 1974[34] cinco de estos cantos, un ejemplo de restauración de elementos de la liturgia al estado de vigor “que tenían en el tiempo de los Santos Padres”[35], tal como lo pidió el Concilio Vaticano II. Su ausencia en los libros usados por la forma extraordinaria es muy lamentable.



[1] El decreto de la Sagrada Congregación de Ritos que reforma las vigilias y octavas, Cum nostra, se promulgó en 1955 y entró en vigor en 1956. Véase el Apéndice A.

[2] El Aleluya es reemplazado, como en Cuaresma, por un Tracto.

[3] Lauren Pristas, “Parachuted into Lent”, en Usus Antiquior, vol. 1, núm. 2, 2010, pp. 95-109, donde cita a Camille Callewaert y San Gregorio Magno (p. 96). Cfr. Homiliae in evangelia XIX.1, y Callewaert L’oeuvre liturgique de Saint Grégoire: la septuagésime et l’allelluia  (Louvain, Université Catholique de Louvain, 1937), p. 648 y n. 46.

[4] Las lecturas de los Evangelios para los tres domingos son, respectivamente, la parábola de los trabajadores en la viña (Mt. 20, 1-16); la parábola del sembrador (Mt. 13, 1-23), y Jesús en camino a Jerusalén, con la curación de Bartimeo (Lc. 18, 31-43).

[5] Amalarius, De ecclesiasticis officiis, I.1, PL 105.993 ss.

[6] Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium (1963), núm. 107: "Annus liturgicus ita recognoscatur ut, servatis aut restitutis sacrorum temporum traditis consuetudinibus et disciplinis iuxta nostrae aetatis condiciones, ipsorum indoles nativa retineatur ad fidelium pietatem debite alendam in celebrandis mysteriis Redemptionis christianae, maxime vero mysterio paschali".

[7] Bugnini, A., The Reform of the Liturgy. 1948-1975 (trad. inglesa, Collegeville MN, The Liturgical Press, 1990), p. 307,  n. 6. En el texto principal, hablando de las decisiones del Consilium en 1965, escribe que “en su mayor parte los textos presentes permanecerán inalterados”. Sin embargo, aunque esto fue apoyado por los consultores cuya opinión se había pedido, resultó imposible. El plan de una serie continua de domingos del “tiempo ordinario” antes y después de Cuaresma y del tiempo pascual, significó que el domingo que cae, un determinado año, inmediatamente antes de Cuaresma, en otro año cae después de Pentecostés, o varias semanas antes de Cuaresma. Habiéndose decidido suprimir Septuagésima como un tiempo litúrgico separado, los formularios de Misas no pudieron retenerse en el lugar apropiado, y se perdieron. El proceso de la discusión y su resultado son analizados en detalle por Pristas,Parachuted into Lent”, cit.

[8] Dobszay, L. The Restoration and Organic Development of the Roman Rite (Londres, T&T Clark, 2010), p. 133.

[9] La celebración de la vigilia de San Lorenzo es mencionada en la Vida de Santa Melania la Joven, a quien, de niña, no se le permitió asistir a ella por ser demasiado joven (véase Parsch, P., The Church’s Year of Grace [trad. inglesa, Collegeville MN, The Liturgical Press, 1962], vol. 4, p. 304). Por su parte, Schuster, I, The Sacramentary (trad. inglesa, Londres, Burns, Oates & Washbourne, 1929), vol. IV, p. 2, agrega: “Así, sabemos por Poncio, un diácono de San Cipriano, que, en Cartago, el aniversario de un mártir era precedido por una vigilia nocturna, y deducimos por las Acta de San Saturnino de Toulouse que su natalis era celebrado no sólo con una vigilia nocturna, sino también con el canto de himnos y el ofrecimiento del santo Sacrificio al amanecer”.

[10] Véase Schuster, The Sacramentary, vol. IV, p. 263. Ciertamente un proceso como éste tenía lugar en los sábados de Témporas: hoy la Misa (en la forma extraordinaria) que se celebra el sábado fue, anteriormente, una ceremonia de vigilia con lecturas y oraciones, seguida por una Misa de madrugada. La Misa que se celebra hoy el domingo comparte el mismo Evangelio, y fue compuesta posteriormente.

[11] Parsch, The Church’s Year of Grace, vol. IV, p. 318.

[12] Guéranger, P., The Liturgical Year (trad. inglesa, Great Falls MT, St. Bonaventure Publications, 2000), vol. I, p. 469, escribe: “Moisés ayunó durante cuarenta días como preparación para recibir los Diez Mandamientos (Ex. 34, 28). El profeta Daniel ayunó durante tres semanas antes de recibir su visión (Dan. 10, 2-6). Elías el profeta ayunó durante cuarenta días antes de que Dios le hablara (1 Re. 19, 8). Y todos sabemos que Cristo nuestro Salvador ayunó durante cuarenta días en preparación para sus tentaciones por el diablo y para el comienzo de su ministerio (Mt. 4, 1-11, Lc. 4, 1-3)”. 

[13] Lev. 23, 36, nos dice, de la Fiesta de los Tabernáculos: “El octavo día será también solemnísimo y sacratísimo, y ofreceréis holocaustos al Señor” (dies quoque octavus erit celeberrimus atque sanctissimus et offeretis holocaustum Domino). Salomón siguió este modelo en la dedicación del Templo ( 1 Re. 8, 65-66, 2 Crón. 7, 8-9), y Nuestro Señor participó en esta fiesta durante su ministerio activo. Jn. 7, 37: “Y en el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso de pie y gritó, diciendo: Quien tenga sed, venga a Mí y beba” (In novissimo autem die magno festivitatis stabat Jesus, et clamabat dicens: Si quis sitit, veniat ad me et bibat). Guéranger, The Liturgical Year, cit., vol. I, p. 469, tomó nota de estos precedentes.

[14] En el Segundo Nocturno, donde es atribuido al Papa Félix IV (+530), De consecratione, dist. 1, cc. 2 y 17.

[15] Juan de Ivry, De officiis ecclesiasticis, PL 147, col. 42C: Ideo praecipuae festivitates octo diebus coluntur, quia sex aetatibus vergitur mundus; septima aetas est usque ad universalem resurrectionem requies animarum sanctarum; octava, regnum Dei post resurrectionem sempiternam: et ideo octava dies agitur celebrior, quia in ipso regno Christi gloria erit sempiterna, et ineffabilis exsultatio. Et iterum dum sanctorum festa celebramus, in die solemnitatis eorum animarum requiei congaudemus, in octavo eorum in gloria resurrectioni.

[16] Parsch, The Church’s Year of Grace, cit., vol. I, p. 244.

[17] La clase más alta de octava impide que se celebre cualquier otra fiesta en la octava; incluso con las de clase más baja, el día mismo de la octava, como una vigilia, puede chocar con otras fiestas. Véase el Apéndice A para ejemplos de tales choques.

[18] En el contexto de la forma ordinaria, una Misa de vigilia así se puede celebrar sólo en la tarde del día anterior a la fiesta: Véase Apéndice A.

[19] Con todo, véase Apéndice A más abajo.

[21] La segunda fiesta de Santa Inés (29 de enero) no es, por lo general, llamada octava, pero se le parece mucho. Ambas fiestas, de gran antigüedad, son descritas en el Sacramentario Gelasiano y en la lista de Evangelios de Würzburg, respectivamente, como su “pasión” y su “natividad” (celestial). Su designación como “primo” y “secundo”, usada en el calendario de 1962, proviene del Sacramentario Gregoriano, en el cual también se encuentra estas fiestas. Véase Frere, W. H., Studies in Early Roman Liturgy, vol. I: The Kalendar (Oxford, Oxford University Press, 1930), p. 89.

[22] El mismo día que la fiesta de San Ireneo.

[23] El mismo día que la fiesta de San Juan María Vianney.

[24] El mismo día que la fiesta de San Felipe Benicio.

[25] El mismo día que la fiesta de San Eustaquio y compañeros.

[26] En 1955, la Vigilia Pascual se trasladó desde el día anterior al domingo de Pascua a la medianoche (si no fuere anticipada) del domingo mismo de Pascua. 

[27] Se celebraba el tercer miércoles después de Pascua. Fue abolida en favor de la fiesta de San José Obrero el 1º de mayo de 1955. San José Obrero no tiene octava.

[28] El liturgista J. B. O’Connell explica en su Glosario de Término Litúrgicos: “Santo escogido por un lugar (país, provincia, diócesis, ciudad, pueblo) o por una persona moral (una sociedad), y constituido, con aprobación de la Santa Sede, como objeto de especial honor y como abogado ante Dios de ese lugar o persona”. O’Connell, J. B., The Celebration of Mass: a study of the rubrics of the Roman Missal (Milwaukee WI, The Bruce Publishing Company, 1964). Cfr. Código de Derecho Canónico, canon 1268.

[29] Además, este canon ordenaba ayuno y abstinencia el miércoles de Ceniza, todos los viernes y sábados de Cuaresma y Témporas. Se disponía abstinencia sin ayuno los viernes fuera de Cuaresma, y ayuno sin abstinencia todos los demás días de Cuaresma, excepto solamente los días de precepto. Si una fiesta caía en lunes, la vigilia se celebraba el sábado, pero sin ayuno.

[30] Cfr. Parsch, The Church’s Year of Grace, cit., vol. I, p. 232: “Era un poco confuso celebrar las fiestas de Santo Tomás y de San Silvestre durante la octava de Navidad, porque no tienen una conexión inherente con la fiesta. Con la reforma de 1960, sin embargo, se las ha reducido a conmemoraciones, lo que permite una meditación más prolongada del misterio de la Navidad”.

[31] Instrucción General de Misal Romano, Normas universales para el año litúrgico y el calendario romano general, núm. 11.

[32]  La excepción es Aleluya V, Vos estis. Este se encuentra, sin embargo, en quince libros de cantos anteriores a fines del siglo XI. Véase Schlager, K.-H., Thematischer Katalog der ältesten Alleluia-Melodien (Múnich, W. Ricken, 1965), pp. 217-218.

[33] Johner, D., Chants of the Vatican Graduale (trad. de los monjes de la Abadía de San Juan, Collegeville MN, St. John’s University Press, 1940), p. 356.

[34] Los introitos Ego autem, Iudicanti sancti y Dominus secus mare, el gradual Exsultabunt sancti y la comunión Dicit Andreas Simoni.

[35] Concilio Vaticano I, Constitución Sacrosanctum Concilium (1963), núm. 50: “los elementos que han sufrido daños por accidentes de la historia deben ser restituidos al vigor que tenían en tiempos de los Santos Padres, según sea útil o necesario” (restituantur vero ad pristinam sanctorum Patrum normam nonnulla quae temporum iniuria deciderunt, prout opportuna vel necessaria videantur).