martes, 12 de noviembre de 2019

Una entrevista al Dr. Peter Kwasniewski: "La belleza, mensajera de Dios"

A continuación les presentamos una traducción de una notable entrevista al Dr. Peter Kwasniewski, colaborador habitual de esta bitácora, la cual fue concedida a la revista Calx Mariae. En ella, el Dr. Kwasniewski se refiere a la belleza y su relación con la espiritualidad cristiana, especialmente cuando se manifiesta en las diversas artes sacras vinculadas a la liturgia católica.

La entrevista fue publicada originalmente en New Liturgical Movement. La traducción es de la Redacción; las imágenes son las que acompañan la publicación original.


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Entrevista con el Dr. Kwasniewski acerca de “La belleza, mensajera de Dios”

Peter Kwasniewski

Quizá los lectores de New Liturgical Movement se interesen por conocer una nueva revista, Calx Mariae, que se publica cuatro veces al año por Voice of the Family en el Reino Unido. La editora, Maria Madise, me invitó a una imaginaria entrevista sobre el tema “La belleza, mensajera de Dios” para el núm. 3, que acaba de aparecer. Permítaseme decir, a pesar de ser yo mismo un colaborador, que el contenido y los valores de la producción son extremadamente elevados. Es verdaderamente, una de las mejores publicaciones que, desde hace mucho tiempo, he llegado a conocer, y los ojos irritados la apreciarán en estos días en que las noticias y novedades están dominadas por Internet. Para subscribirse o adquirir números individuales, véase el siguiente enlace.

Con autorización de la editora, se publica aquí la entrevista completa.

Maria Madise: A lo largo de la historia, la Iglesia ha procurado que exista música hermosa, arte, arquitectura y la más fina artesanía. ¿Por qué estas cosas tienen un papel crucial en la espiritualidad y la formación católicas?

Peter Kwasniewski: La razón es simple: fuimos creados por Dios como criaturas de carne y hueso. Aprendemos a partir de los sentidos. Cuando Dios le reveló la Ley a Moisés, recurrió a una alta montaña, con relámpagos, truenos, nubes negras, sangre y tablas de piedra. Cuando ordenó la construcción del Tabernáculo, mostró el modelo para el mismo, trabajado hasta en los detalles más mínimos, y exigió los materiales más caros. Cuando Dios habló a Elías, hizo primero un gran ruido, y luego se reveló a Sí mismo como una “voz pequeña y suave”. Cuando el Señor quiso entregarse más íntimamente a sus discípulos, usó pan y vino, en medio de un ritual religioso sumamente estructurado. Podemos pensar en miles de ejemplos, tomados de la revelación divina, de “teofanías”, o sea, de manifestaciones de Dios mediante diversos signos e imágenes. La liturgia judía continuó este modelo en el templo y en la sinagoga, y obviamente la liturgia cristiana hizo lo mismo, impulsada especialmente por el milagro del Hijo de Dios que se hizo de carne y hueso. La fe católica, respaldada con el poder de la Encarnación, desarrolló la más rica y más bella cultura que el mundo ha jamás conocido, pero lo hizo para el servicio de Dios, apuntando más allá de sí misma.

M.M.: ¿Cuál es la finalidad de la belleza? ¿Es práctica, o funcional?

P.K.: La belleza es el primer mensajero de Dios, y el último, y el más efectivo. Nos damos cuenta de que el mundo es bueno y ordenado debido a la belleza del cosmos, la que llegamos a entender intelectualmente sólo con posterioridad. Y tal como llegamos a conocer a Dios a través de su arte divino, conocemos también la belleza interior del hombre principalmente a través de las grandes obras del arte humano. Un pintor como Rembrandt nos ayuda a ver la belleza inmensa, conmovedora del rostro de un hombre o una mujer viejos, que quizá podríamos pasar por alto, o encontrar incluso feo. Cristo es “el más hermoso de los hijos de los hombres”, como dice la Escritura, pero Él mismo quiso convertirse en “un varón de dolores”, deforme más allá de todo lo imaginable, para decirnos a través de ello algo inolvidable sobre la invisible belleza del amor, del sacrificio por amor. La Iglesia, por lo tanto, no puede ni debe rehuir su papel de presentar a la humanidad este Amante inmortal, tanto por la belleza que apela a nuestros sentidos, como por aquel misterio más profundo que ningún sentido puede alcanzar.

M.M.: ¿Cuál es el papel de la belleza en la formación de los niños y de los jóvenes?

P.K.: Lo primero que ve un infante en el mundo es el rostro de su madre, que fundamenta una primera y permanente visión de la belleza, no tal como la ve el mundo, sino porque el amor revela la verdad. A medida que el niño crece en familia, sus padres tienen la obligación grave de entrenarlo en el amor a lo bello, mediante la lectura de buenos cuentos, la memorización de poesías, mostrándole buenas obras de arte, haciendo arte juntos, y asistiendo a una liturgia que sea muy bella en lo exterior, si ello es posible. Todas estas cosas son parte de una sutil y envolvente educación del gusto, de la sensibilidad, del instinto, de la intuición. Cuando crecemos con la belleza, adquirimos el sentido de lo apropiado, del respeto, de la nobleza, de la dignidad. Estas son actitudes proto-religiosas o para-religiosas que influyen grandemente en el curso de nuestras vidas. Sin ellas somos mucho más vulnerables a los vientos de las falsas doctrinas y de las excusas torpes.

 Una típica esquina europea

M.M.: ¿Cómo le explicaría usted a alguien qué es exactamente la cultura, y qué es cultura católica?

P.K.: No es fácil definir la cultura. En una reciente conferencia hice un ensayo al respecto: cultura “es el modo compartido en que una sociedad o un pueblo acostumbra a expresarse, a celebrar y a inculcar su visión de la realidad”. Quizá esto sea demasiado general. La cultura se preocupa siempre de la expresión concreta de las ideas y de los valores; de cómo comemos nuestros alimentos, de qué bebemos y cuándo y por qué; de cómo nos vestimos y hablamos; de cómo se ven nuestros edificios y vehículos. Todo esto es cultura y, de hecho, expresa una visión del mundo (o, quizá, una mezcla ecléctica de visiones del mundo).

Sobre todo en Europa, los católicos desarrollaron una cultura riquísima, en que incluso los objetos más pequeños de uso diario eran bellamente decorados y, a menudo, en relación con doctrinas de la fe. De este modo, existió un continuo desde una copa en el hogar hasta el cáliz sobre el altar, desde la campanilla de la mesa del comedor hasta la campana de la catedral, desde el mantel del comedor hasta el corporal en la iglesia. Las imágenes de la Virgen y de los santos presidían en todas partes -eran nuestros compañeros en este mundo, pero como recordatorio de que “no tenemos aquí ciudad duradera, sino que esperamos otra que ha de venir”-.

La cultura católica es, pues, lo producido y atesorado por una sociedad que se inspira en la fe, un ambiente que vuelve la mente hacia Dios de un modo suave y frecuente, haciendo uso de la refinada belleza de las bellas artes y del genio áspero del arte folclórico, de la majestad impresionante de los ceremoniales y de la fuerza estabilizadora de los ritos. El resultado es que toda la vida se impregna gozosamente de la inmensa realidad de Dios, demasiado grande para ser limitada a un determinado campo o por una determinada expresión.

M.M.: ¿Debiera haber un traslapo de la cultura litúrgica con la popular? En caso afirmativo, ¿en qué forma? En caso negativo, ¿por qué no?

P.K.: Creo, de hecho, que es una tragedia que la alta cultura y la cultura popular se hayan separado casi totalmente, y que la liturgia ya no sea el motor de la cultura, tal como lo fue por más de mil años. La “inculturación” actual es, a menudo, barata, azarosa y secular, debido a que no está guiada por un pensamiento sólido y claro, enraizado en la Revelación divina y en la Tradición de la Iglesia.

Por ejemplo, la gente trata de tomar la música pop contemporánea e introducirla en la liturgia. Esto es un enorme error, porque esa música está saturada de emocionalismo, y asociada estrechamente con la anti-cultura liberal y su promiscuidad sexual. Su efecto es exactamente el contrario de lo que la música de iglesia debe producir: elevar el alma a Dios, purificar el corazón de afectos desordenados, disciplinar el cuerpo. En vez de ayudar en nuestra asimilación de la Palabra de Dios, promueve, más bien, la secularización de la religión.

Pero también es posible realizar la inculturación. Los misioneros que vinieron de Europa al Nuevo Mundo, a menudo incorporaron los rasgos externos de las culturas evangelizadas en la música, las devociones, las artes visuales. Por ejemplo, los misioneros españoles en México enseñaron a los indígenas a componer en el estilo de la polifonía renacentista, pero permitieron y aun alentaron la inclusión de flautas indígenas y de percusión. El resultado tiene un sabor eclesiástico, pero con un toque centroamericano (si le interesa oír algo de ella, búsquela en el San Antonio Vocal Arts Ensemble, o SAVAE).

 El Hijo Pródigo como metáfora (detalle de Rembrandt)

M.M.: ¿Qué deberes tenemos como herederos de la Tradición católica? ¿Debiéramos reformarla, preservarla o recrearla?

P.K.: Esta es una pregunta importante. He aquí lo que el Señor mismo nos enseña en la parábola del hijo pródigo. Lo que le hacemos a nuestra herencia familiar, o lo que hacemos con él, demuestra lo que pensamos de nuestro padre, de toda nuestra familia. Ahora bien, nadie podría negar que cosas como el latín, el canto gregoriano y el celebrar la Misa ad orientem son tesoros centrales, constitutivos y característicos de nuestro patrimonio católico. La reforma litúrgica los suprimió o marginalizó, procediendo como el hijo pródigo que malgasta la riqueza de la familia en vivir mal, y termina empobrecido y miserable. La única vía de escape de esta situación es lo que nos dice la parábola: conversión, arrepentimiento, regreso y reinstalación en la casa del padre.

La actitud correcta frente a nuestra herencia es protegerla, preservarla, defenderla y usarla todo lo posible. Para ello debemos conocerla, y a medida que mejor la conozcamos, más la querremos. Este amor, a su vez, inspirará nuevas obras bellas en continuidad con lo que ha existido antes. Tal es la experiencia de todo artista católico serio -arquitecto, pintor, iconógrafo, escultor, compositor, poeta-. Si conocemos nuestra Tradición, la imitamos, la emulamos, la desarrollamos y la transportamos hasta el siglo XXI. No es necesario buscar originalidad. La única persona plenamente original es Dios Padre, puesto que Él no tiene origen en nadie más; incluso el Hijo no es original, sino originado; y el Espíritu Santo lo es por el Padre y el Hijo. Dios mismo nos enseña que la perfección de las personas, después del Padre, consiste en derivar unas de otras. La criatura que quiso ser enteramente original fue Lucifer, de quien el Señor dice que es “el padre de la mentira” porque “habla desde sí mismo”. A eso nos conduce la originalidad pura: al infierno. Y eso es, por cierto, lo que vemos en tantos artistas modernos.

A propósito, Martin Mosebach ha observado que la noción de reforma tiene sentido sólo si se toma la palabra en serio: un regreso a la forma, un formar de nuevo lo que ha perdido la buena forma. Reforma no significa un relajo, un largarse a vagar, un destruir las cosas, sino que más disciplina, más apego a los buenos modelos, más auto-control, más humildad al servicio de lo grande. Ese es el tipo de reforma que la Iglesia necesita siempre, no la “reforma” que se nos ha dado en el último medio siglo, que debiera llamarse más bien “deforma”.

M.M.: ¿Cómo describiría usted su propio descubrimiento de la Tradición católica y qué efecto tuvo ello en su formación y en su trabajo?

P.K.: Para mí, el descubrimiento del canto gregoriano fue una inmensa revelación. No podría decir porqué me fascinó tanto a la temprana edad de 17 años, pero el canto gregoriano es hipnotizante y cautivante de un modo en que ninguna otra música lo es. Al oír discos de la Wiener Hofburgkapelle, aprendí a leer los neumas en un viejo Graduale Romanum que había sido descartado en la escuela benedictina para niños a la que por entonces asistía. Pienso que también tuvieron importancia mis estudios de composición -a los que me introdujeron los corales de J.S. Bach, que trataba de imitar en mis ejercicios-: hay algo en este tipo de disciplina que ayuda al alma a percibir la belleza no como algo vago, esponjoso y sentimental, sino como resultado de trabajo, conocimiento, norma.

Otras influencias importantes al final del colegio fueron la lectura de los diálogos de Platón y del libro Fundamentals of Catholic Dogma [Manual de Teología Dogmática], de Ludwig Ott. Por aquel tiempo, pensaba que Platón, aunque pagano, era verdaderamente “uno de los nuestros” -una especie de “católico en el armario”- y que educarse significaba leer a Platón y otros autores como él. Todo esto me hizo desear ir a la universidad para poder sumergirme en las riquezas del catolicismo, que ya había comenzado a gustar. Es por eso que fui al Thomas Aquinas College, en California, donde pude estudiar los “Grandes Libros”.

El Thomas Aquinas College me introdujo a un mundo de inmensa profundidad y belleza, que incluía la Misa Tradicional, en la que anida todo lo que en la fe católica es purísimo, altísimo y amabilísimo. Pienso en aquel versículo del salmo: “Incluso el gorrión encuentra su morada, y la golondrina un nido para poner sus polluelos: tus altares, oh Señor de los ejércitos, mi Rey y mi Dios” (Sal. 84, 3). La Misa verdaderamente fue, y debe volver a ser, la fuerza que inspire a la cultura católica. Ciertamente para mí y para mi familia ha sido el lugar donde encontramos nuestro hogar espiritual, y donde podemos educar a nuestros hijos en la paz y el buen olor de Cristo.

 Una esquina para la oración

M.M.: Hay tanto en la cultura moderna que es feo, incluso grotesco, que muchos tienen una verdadera hambre de lo hermoso y lo bueno. ¿Podría sugerirnos cómo podemos satisfacer esta hambre?

P.K.: Creo firmemente, como lo dije antes, que necesitamos rodearnos de belleza. No me refiero a un amontonamiento de cosas o a un estilo kitsch, sino a una decoración adecuada, invirtiendo en obras de arte, si están a nuestro alcance, oyendo música verdaderamente buena (y con esto no me remito a ningún período en particular, pero ciertamente no al pop, al rock, al rap, al tecno ni ninguna de esas barbaridades, que son el equivalente musical de la comida chatarra o de las drogas), y tratando de entender el mejor arte que la civilización europea y católica nos ha legado. Podría recomendar varios pasos prácticos.

Primero, buscar la más bella celebración litúrgica que se pueda encontrar y asistir a ella. Si es en una iglesia bella, mejor todavía. La liturgia es el lugar donde la mayor parte de las bellas artes florecieron y donde se supone que se las experimenta, como ofrendas a Dios, capturadas por el movimiento ascendente de la oración (e idealmente colaborando con él). La liturgia no es sólo “la raíz y culminación” de la vida cristiana, sino que es también -o lo ha sido antes y debiera volver a serlo- la fuente y culminación también de la cultura cristiana.

Segundo, piense en las habitaciones donde vive y trabaja, y en cómo podría elevarlas con reproducciones, acuarelas, grabados, etcétera. Toma tiempo encontrar obras de arte “originales” pero, mientras tanto, o complementariamente, una buena cantidad de buenas reproducciones de Fra Angelico, Giotto, Rembrandt o Vermeer puede cambiar mucho el ambiente, favoreciendo un espíritu más contemplativo (recomiendo The Catholic Art Company, que tiene un buen surtido, y no vende basura ni apoya causas inmorales).

Tercero, elija un rincón de su casa y transfórmelo en “rincón de oración”, con íconos o imágenes sagradas, una vela, agua bendita, rosarios, flores. Debiera ser un lugar donde resulte natural reunirse para las oraciones de la mañana o de la noche (sobre esto se puede leer más en el libro The Little Oratory: A Beginner’s Guide to Praying in the Home, de David Clayton y Leila Lawler). A partir de este rincón se pueden desarrollar otras hermosas costumbres (véase el libro We and Our Children: How to Make a Catholic Home, de Mary Reed Newland).

Cuarto, compre algunos buenos discos de música sagrada o “clásica”, y dése el tiempo para escucharlos, para educar el oído y el alma (en LifeSite News he escrito algunos artículos atingentes: What makes Gregorian chant uniquely itself—with recommended recordings y These new recordings of sacred music will transport you to the courts of the King).

Quinto, dése tiempo para continuar su educación. No se puede encarecer suficientemente las conferencias del historiador del arte William Kloss, disponibles en The Great Courses: son exploraciones del genio de los grandes artistas, que abren los ojos y fascinan, que tienen un don especial para ver -ayudándonos a ver también nosotros- las luminosas profundidades de la realidad. Obviamente, si se puede visitar un buen o gran museo, habría que hacerlo de forma regular.

Sexto, al menos una vez al año, haga una peregrinación. El peregrino disfruta también de las vistas y sonidos del viaje y de su punto de llegada, pero tiene una finalidad más elevada que la del mero turista. La experiencia estética se hace más significativa cuando va unida al amor a Dios, a la práctica de la religión, y a la expresión de la devoción a un santo o al Señor mismo. Esto es lo que amé, dicho sea de paso, al asistir a la Misa pontifical de réquiem de Todos los Santos en la iglesia de San Juan Cancio el pasado 2 de noviembre: el coro y la orquesta interpretaron el Réquiem de Mozart en su auténtico contexto litúrgico: oírlo en el lugar y momento apropiado hizo la música todavía más hermosa.

Séptimo, si se tiene los medios, o si se tiene influencia sobre gente con medios, debiéramos tratar de patrocinar nuevas obras de arte que sean verdaderamente bellas y, si son para la Iglesia, verdaderamente sagradas también. Me causan admiración el clero y los laicos que, cuando se aproxima alguna ocasión especial, encargan una pieza de música o una pintura para ella. Obviamente, como compositor que soy, me doy cuenta de que si los católicos dejan de encargar y de desear buen arte para la Iglesia, los buenos artistas van a perecer de hambre y desaparecer. Lo mismo se puede decir del apoyo a los programas musicales y a las restauraciones correctas de las iglesias (que a menudo deshacen el daño producido por los iconoclastas posconciliares).

M.M.: En su nuevo libro Tradition and Sanity, usted presenta una cantidad de argumentos muy convincentes a favor del regreso a la liturgia tradicional, no sólo por razones litúrgicas o estéticas, sino porque el modo cómo vivimos el Sacrificio de la Misa, está en el corazón mismo de cada aspecto de nuestras vidas. ¿Podría explicarnos esto un poco más?

P.K.: Siguiendo con lo que dije anteriormente sobre cómo un hijo agradecido debiera tratar la casa de su padre y su patrimonio familiar, diría ahora que adorar a Dios con la liturgia romana en la forma en que se ha desarrollado orgánicamente durante un período de más de 1.500 años es crucial para tener (o, para muchos, para recuperar) una identidad estable, una espiritualidad profunda, un sano fundamento doctrinal, y una orientación para la vida moral. Y esto, además de los obvios méritos literarios y artísticos que tiene la antigua liturgia y que ha sido fuente de inspiración durante tantos siglos.

Dado que el catolicismo es, de por sí, una religión de tradición, debiera producirnos gran turbación que algunos católicos actuales oren de un modo terriblemente diferente, y aún contradictorio, del que usaron nuestros antepasados, incluida la gran mayoría de los santos. O éstos se equivocaron y nosotros tenemos la razón, o, lo que es más probable, nosotros nos hemos descarrilado en la búsqueda de la modernización, y necesitamos volver sobre nuestros pasos, si queremos alcanzar con seguridad nuestro destino. La liturgia no es algo que cada época necesite rediseñar y recrear a su propia imagen. Por el contrario, las vicisitudes de la historia son en gran medida trascendidas en un punto en reposo, en un centro inmovible, en una estrella polar con respecto a la cual podemos siempre orientarnos. Se podría aplicar a la Misa el lema cartujo: “la Cruz está inmóvil mientras el mundo da vueltas”. A mi juicio, ésta es la razón de por qué la antigua liturgia está actualmente ganando para sí a tantos “convertidos”. El mundo da vueltas a una velocidad enloquecida, sin control, y desgraciadamente, debido al prejuicio conciliar del aggiornamento, el mundo ha arrastrado en pos de sí a la liturgia, como una luna que órbita en torno a su planeta. La liturgia romana clásica permanece en su grandeza y al parecer, lo que no es sorprendente, es más “relevante” para nosotros hoy que lo que fue diseñado por un comité en la década de 1960.

Mi libro aborda todo esto, pero también la crisis del papado y de la evangelización, que me parecen estar vinculadas con la trágica decisión de “reorientar” el catolicismo según nuevas líneas. Esto no ha conducido a una renovación, sino a una acelerada deformación e irrelevancia. Gracias a Dios, vemos que un contra-movimiento adquiere fuerza en todo el mundo, caracterizado por su oposición, punto por punto, al programa oficial. Tal será el drama de las próximas décadas: cómo esta masiva “guerra civil” dentro de la Iglesia se desarrolla bajo las manos de la Providencia Divina.

He aquí el contenido del tercer número de Calx Mariae:

 

martes, 5 de noviembre de 2019

¿Por qué no celebran la reforma litúrgica?

Les ofrecemos hoy un nuevo artículo del Dr. Peter Kwasniewski, en el cual desarrolla una sugerente conjetura acerca de los motivos para la curiosa falta de celebraciones del cincuentenario de la promulgación del Misal reformado por parte de los adherentes del Novus Ordo.

El artículo fue publicado originalmente en New Liturgical Movement (y después republicado por Rorate Caeli) y ha sido traducido por la Redacción. 

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¿Por qué el “establishment” litúrgico no está celebrando el aniversario 50 del Novus Ordo?

Peter Kwasniewski

Un artículo publicado en New Liturgical Movement el jueves 24 de octubre (Lessons from the Sixties:Selective Synodality and Princely Protests) comienza del siguiente modo: “Es realmente sorprendente cuán poco se está conmemorando, en el año en curso, la reforma litúrgica de Pablo VI, especialmente el Novus Ordo Missae, promulgado hace cincuenta años”. Durante todo este año 2019 he estado pensando lo mismo.

Debiera resultarnos sumamente extraño, al menos en un primer análisis, que los comités litúrgicos, los dicasterios vaticanos, los departamentos de teología, las cancillerías, las órdenes religiosas y todo el resto del aparato burocrático posconciliar no esté entregado a una enorme celebración de las bodas de oro de la nueva Misa promulgada por Pablo VI el 3 de abril de 1969, que entró en vigencia, en la mayoría de los países, el primer domingo de Adviento de ese año, el 30 de noviembre (en forma análoga Summorum Pontificum se promulgó el 7 de julio de 2007, pero no entró en vigor sino en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre).

Por cierto, se podría pensar que si algo hay que merezca brindis, fiestas y palmaditas de orgullo en la espalda, habría de ser precisamente este monumental cambio moderno de imagen. Sin embargo, la cantidad de eventos, peor todavía, la cantidad de menciones hechas por los amigos del rito paulino, pueden contarse con los dedos de una mano. En cambio, el total de eventos celebratorios de los aniversarios, más bien modestos, de Summorum Pontificum (5 años, 10 años…), ya es de dos dígitos. Quizá lo más prominente (y no particularmente prominente) fue un artículo de L’Osservatore Romano, del 6 de abril de 2019, escrito por el P. Corrado Maggioni, S.M.M., Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que se publicó en inglés en PrayTell el 17 de abril [Nota de la Redacción: véase aquí la traducción castellana de ese artículo]. 

¿Cómo entender este sorprendente silencio? Creo que la respuesta puede compendiarse en el otro título que pensé poner a este artículo: “El agujero negro de la memoria: sobre la destrucción del conocimiento de la Tradición”.

Lo que me hizo llegar a pensar de este modo fue un interesante diálogo en Facebook, del cual voy a reproducir los segmentos más valiosos. El intercambio comenzó así:

“Me he topado con muchos que se llaman a sí mismos católicos, y que jamás han tenido ni la menor idea de que se hicieron cambios, que ignoran absolutamente lo que significa 'Novus Ordo'. Hasta tal punto se ha reescrito totalmente la historia”.

Otra persona intervino:

“Mientras estaba en la universidad, tuve una vaga conciencia de que, antes del Concilio Vaticano II, la Misa era en latín, pero pensé que la liturgia era exactamente igual a la que teníamos en la capilla de Steubenville, sólo que en latín. Pero después asistí a la Misa Tradicional por pura curiosidad, y descubrí cuándo equivocado estaba”.

La primera persona respondió:

“Yo supuse exactamente lo mismo. Hubiera sido necesaria la fuerza para convencerme de la idea de que alguien hubiera podido descaradamente confeccionar algo nuevo en un comité. No fue sino hasta que puse los dos textos uno al lado del otro y los comparé que me di cuenta de que habíamos sido engañados durante toda la vida. Comencé entonces a leer a Michael Davies y ahí fue el fin de todo”.

Una tercera persona intervino entonces:

“Yo me convertí al catolicismo desde el anglicanismo, luego de habérmelo leído todo en el camino. El Novus Ordo (aunque no me enteré entonces, ni por muchos años, de que se lo llamaba así) fue para mí un pequeño shock, pero pensé que las cosas eran simplemente así y tenía que tomarlas tal como eran. Ni siquiera supe que la Misa en latín todavía existía. Me arrepentí de la conversión, pero luego regresé y creeré siempre que no fue una mera coincidencia el que, después de confesarme, la Misa de día de semana a la que asistí haya sido la Misa Tradicional. Después de esto, viví lo normal en estos casos (lectura de Michael Davies, etcétera), experimenté toda la rabia ('Me han engañado'), hasta que lo superé. Bendito sea Dios”.

Surgió una pregunta: 

“¿Por qué hay tanta ignorancia entre los católicos no sólo de la historia en general, sino incluso de la historia reciente? Cincuenta años no es un período tan largo… Uno pensaría que una Iglesia que tiene 2.000 años estaría interesada en que sus miembros supieran lo grandioso que fue el que la vieja y polvorienta liturgia fuera reemplazada por un nuevo y brillante modelo”. 

A esta pregunta se dio la siguiente repuesta:

“La respuesta al puzzle es que ya no se espera en absoluto que se sepa que existe algo llamado Novus Ordo. Se supone que, simplemente, es 'la Misa'. Punto. Se supone que, con cada año que pasa, el hecho de que hubo cambios en la liturgia va cayendo al 'agujero negro' de la memoria. Se está muriendo la gente que recuerda bien la antigua Misa, esa gente que sabe cuán radicalmente diferente a la antigua es la nueva, y que recuerda con cuánta violencia se hizo los cambios. O sea, esa gente que no se dio simplemente por vencida ni se fue hace tiempo. Se supone que los católicos que todavía practican su fe no saben que existió un 'antiguo rito' ni que existe un 'rito nuevo'. El proyecto revolucionario consiste, en la etapa actual, en negar que haya existido cosa alguna que pueda llamarse 'la antigua fe'. En todo caso, esta es la razón de que estén furiosos como gatos metidos en un saco porque todavía hay tradicionalistas, y porque el movimiento tradicionalista está ganando terreno. Se suponía que los tradicionalistas habían desaparecido o habían sido desalojados, y el hecho de que haya tradicionalistas nuevos, gente como yo, que jamás supo, allá afuera, de la existencia del antiguo rito, y que haya ahora familias con doce hijos que van a la Missa Cantata, y todo eso del homeschooling y demás… Combínese eso con la capacidad de Internet de hacer que todo el mundo se entere de lo que realmente pasa, y además con muchas fotos hermosas, y se entiende que estén siendo víctimas de apoplejía”.


Víctimas de apoplejía, quizá; en todo caso, extrañamente silenciosos. ¿Cuántos sitios web hay que sigan una línea reformista dura? No muchos. Quizá uno solo: PrayTell. ¿Cuántos sitios web siguen una línea tradicionalista dura? Una buena cantidad. O sea, parece que los progresistas se han quedado sin combustible, o se mueven sin aplomo, o se quedan sin personal a bordo, o piensan que hablar mucho de ello tiene el riesgo de hacer que todavía más católicos conozcan algunos temas prohibidos y, por lo tanto, haya más posibles defecciones.

Un lector de OnePeterFive escribió al editor:

“Desde la escuela, ya buscaba a Dios, pero la plenitud, la realidad y la belleza de la Iglesia y de su Tradición me fue desconocida hasta que descubrí OnePeterFive… Declaro que mi encuentro con la Tradición fue una segunda conversión, porque mi experiencia inmediatamente después de mi bautismo y confirmación en la Iglesia de Francisco estuvo separada de todo conocimiento de que la Iglesia, con anterioridad a 1960, fue diferente de lo que es hoy”.

Exacto. El éxito de la “transformación de todas las formas” depende, al cabo, de que mucha gente en la Iglesia no sepa lo que pasó antes de 1969, o no se imagine que nuestro culto y nuestra vida podría, o debería, ser diferente de lo que el Vaticano, o la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, o la cancillería episcopal o [llénese aquí el espacio en blanco] quieren que pensemos que debe ser.

Actualmente estoy editando el manuscrito de la traducción de un muy buen libro de Michael Fiedrowicz, Die überlieferte Messe: Geschichte, Gestalt und Theologie des klassischen römischen Ritus [Nota de la Redacción: del cual nuestra bitácora publicó una reseña hace ya cinco años], que será publicado por Angelico con el título The Traditional Mass: History, Form, and Theology of the Classical Roman Rite. El siguiente párrafo resume, elocuentemente, los puntos que he presentado aquí:

"La celebración de la liturgia según su forma tradicional constituye, pues, un efectivo contrapeso a todos los achatamientos, reducciones, disoluciones y banalizaciones de la fe. Muchos de quienes no tienen familiaridad con la liturgia clásica y sólo conocen su forma re-creada, creen que lo que ven y oyen es la fe en su totalidad. Casi ninguno de ellos advierte que las oraciones de la Iglesia ya no combaten expresamente el error, ni ruegan por el regreso de los que se han extraviado, ni conceden una clara prioridad a lo celestial por sobre lo terreno; o que esas oraciones transforman a los santos en meros ejemplos de moralidad, o encubren la gravedad del pecado, o identifican a la Eucaristía con una mera cena. Casi nadie tiene conocimiento siquiera de las oraciones que la Iglesia pronunció, a lo largo de los siglos, en el lugar de la actual 'preparación de las ofrendas', ni sabe cómo aquellas oraciones demostraban la comprensión que la Iglesia tenía de la Misa como un sacrificio, ofrecido mediante las manos del sacerdote por vivos y difuntos”.

Recuerdo claramente que, a medida que descubría la Misa Tradicional en torno a los veinte años, me tropecé con importantes verdades de la fe -verdades enseñadas por la Biblia, los Padres de la Iglesia, los Concilios y, por cierto, por el misal tridentino- que habían sido enmudecidas, o hechas invisibles o incluso hechas desaparecer por el Novus Ordo. Y mis estudios posteriores han claramente confirmado la extensión de este sistémico sesgo. Por eso me gusta decir (aunque admito que es un poco exagerado) que “mi misal diario me transformó en tradicionalista”.

Los católicos que no se rindan confiadamente a los 2000 años de Tradición de la Iglesia no tendrán contacto con toda la doctrina y la moral del catolicismo. Esto es algo duro de oír, pero no es más que la enseñanza del Señor: “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mat. 16, 24). En cierto sentido, lo mismo es verdad de la Tradición: tenemos que negar nuestros prejuicios modernos, tomar el bendito peso de la Tradición, y seguirla, a fin de ser totalmente católicos.

Joseph Ratzinger se hizo famoso repitiendo que el olvido de Dios es el problema mayor de Occidente. En su prólogo al libro The Organic Development of the Liturgy, de Dom Alcuin Reid, escribió:

“Si la liturgia aparece en primer lugar como un taller para desarrollar nuestra actividad, se olvidará lo esencial: Dios. Porque la liturgia no es acerca de nosotros, sino acerca de Dios. El olvido de Dios es el peligro más inminente de nuestra época. Frente a ello, la liturgia debiera constituirse como un signo de la presencia de Dios. Pero, ¿qué ocurrirá si es que se consolida el hábito de olvidar a Dios en la liturgia, y si en ésta sólo pensamos en nosotros mismos?”


“En nuestros días, cuando en vastas regiones del mundo la fe está en peligro de morir como una llama que ya no tiene combustible, la absoluta prioridad es hacer a Dios presente en este mundo y mostrar a hombres y mujeres las vías de Dios. No de cualquier dios, sino del Dios que habló en el Sinaí, del Dios cuyo rostro reconocemos en ese amor que llega 'hasta el extremo' (cf. Jn. 13, 1) en Jesucristo, crucificado y resucitado. El problema, en este momento de nuestra historia, es que Dios está desapareciendo del horizonte humano y, con la disminución de la luz que viene de Dios, la humanidad está perdiendo el rumbo, con efectos evidentemente cada vez más destructivos”.

Hoy todavía es difícil para muchos en la Iglesia darse cuenta -ya sea porque ignoran el pasado (como querían los revolucionarios) o porque, conociéndolo, tienen miedo de hacer su tarea y unir los trazos- de que los cambios en la liturgia han efectivamente contribuido, de modo profundo y duradero, a esta crisis de nuestro olvido de Dios, y de que la cura principal para esta amnesia es la restauración del rito romano clásico.

 De la ordenación de un sacerdote de la Fraternidad de San Pedro en 2017

jueves, 31 de octubre de 2019

Aviso importante: Missa cantata en la Fiesta de Todos los Santos

Invitamos a todos los fieles a la Santa Misa cantada (forma tradicional del rito romano) que mañana, viernes 1 de noviembre, Fiesta de Todos los Santos, se celebrará en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria (Av. Bellavista 37, entre Pío Nono y Pinto Lagarrigue) a las 12:30 horas. Hacemos presente que se trata de una fiesta de precepto.

Les agradecemos a nuestros lectores por su ayuda en la difusión de este aviso. Debido a las dificultades que ha presentado el sistema de trasporte de Santiago en los últimos días, aconsejamos a todos quienes deseen asistir que planifiquen su trayecto con anticipación.

Jan van Eyck, Retrablo del Cordero Místico (1432)

miércoles, 30 de octubre de 2019

FIUV Position Paper 25: La forma extraordinaria y el África sub-sahariana

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el Misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 25 y que versa sobre la forma extraordinaria y el África sub-sahariana, cuyo original en inglés se puede consultar aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de abril de 2015. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del sumario (Abstract) que lo precede. 


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La forma extraordinaria y el África sub-sahariana

Abstract

La Iglesia en África enfrenta desafíos que provienen de la influencia de una cultura occidental secularizada, de las dificultades de una auténtica inculturación, y de las tensiones y conflictos propios de sociedades divididas por fronteras tribales y lingüísticas. En todos estos desafíos la forma extraordinaria puede ser una ayuda, ya que encierra muchos principios, como la preocupación por la Tradición, el respeto, y un sentido del pecado y de lo sagrado, que son característicos de la espiritualidad africana.  Del mismo modo, proporciona un muro estable de defensa frente al sincretismo, que permite una actitud más abierta frente a ciertas prácticas culturales africanas, y evita el problema de tener que optar por una lengua, a menudo de origen colonial, en vez de otras. Aunque la disponibilidad de la forma extraordinaria sigue siendo muy escasa en África, hoy va en aumento. Y los obispos y órdenes religiosas africanas debieran aprovechar las oportunidades que ella ofrece.

Texto

1. El magisterio papal post-conciliar[1] identifica una cantidad de desafíos que enfrenta en África una Iglesia que crece rápidamente. Por un lado, las religiones tradicionales africanas, así como la cultura y la estructura social tribal, representan tanto oportunidades como desafíos para una Iglesia que evangeliza y para la estabilidad social y el desarrollo. Por otro lado, el rápido desarrollo económico, la urbanización y la exposición a la cultura occidental también significan desafíos para la Iglesia y, al mismo tiempo, oportunidades para los africanos que tratan de escapar de la pobreza.

 (Foto: LMS Chairman)

La cultura africana tradicional.

2. La cultura africana tradicional es un tema importante, que incluye por cierto la cultura religiosa. Juan Pablo II ha expresado esto con gran fuerza al reconocer, en su Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, de 1995, que ellas, las religiones [tradicionales] son la manifestación viva del alma de grandes grupos de hombres[2]. En relación con la influencia de la cultura occidental, que a menudo corroe todo tipo de espiritualidad, urgió a los africanos diciendo: “Mirad a vuestro interior. Ved las riquezas de vuestras tradiciones propias, mirad la fe que estamos celebrando en esta asamblea”[3].

3. La forma extraordinaria expresa muchos principios fundamentales de la cultura africana, sin el peligro del sincretismo religioso. Entre ellos el primero es el profundo respeto por la Tradición y la continuidad que se encuentra en la cultura africana tradicional[4], según la cual se considera que las generaciones pasadas de la familia y de la tribu siguen siendo miembros actuales de la comunidad[5].

El teólogo africano Bénézet Bujo describe esto del siguiente modo: “Así pues, la tradición, según el modo africano de pensar, no debe ser considerada de un modo determinístico, mucho menos fatalístico, sino que debe ser contemplada, más bien, como una potencia que el individuo puede decidir si actualizar o no. El éxito o el fracaso dependen de una elección personal: al recordar libremente las acciones y palabras vivificantes de los ancestros, el hombre elige la vida; pero si descuida estas cosas, elige la muerte”.

4. Otros principios religioso-culturales africanos son los principios litúrgicos del misterio y el respeto, y un sentido muy vívido de la realidad del reino de lo espiritual y del pecado.[6]

5. La antigua tradición litúrgica latina está profundamente imbuida de estos principios, que son, en cierta medida, comunes a muchas sociedades tradicionales y, también, a la espiritualidad católica tradicional. Esto es algo que la tradición latina tiene en común con los ritos litúrgicos que se han desarrollado en la propia África, o sea, los de las “grandes Iglesias africanas de Egipto y Etiopía”[7]. Aunque en muchos sentidos son diferentes del rito latino, esos ritos, como todos los ritos orientales en general, tienen todavía mucho en común con la forma extraordinaria, como se ha analizado en el Positio Paper 21[8].

6. Es significativo, en este contexto, que el grupo religioso sincrético conocido como Legio Maria[9], que se ha extendido desde Kenia a muchos países del Este de África[10], ha retenido la liturgia latina propia de sus orígenes católicos[11].

7. Al ofrecer un esquema litúrgico y espiritual que rinde el debido homenaje a los principios tradicionales ya mencionados, la Iglesia, en la forma extraordinaria, otorga un lugar de refugio a una cultura religiosa que, de otro modo, se ve en el peligro de ser abrumada por actitudes y prácticas inspiradas por ideas de la post Ilustración occidental en una versión deteriorada, según una forma comercial. Benedicto XVI llamó “shock cultural” a esta invasión cultural[12], y los obispos de África, en el Sínodo de 1994, exclamaron “nuestra identidad está siendo pulverizada como en un mortero”. Semejante asalto a la cultura africana ha sido apropiadamente descrito como “neo-colonialismo”.

8. Este conflicto entre los principios tradicionales de la espiritualidad africana y las influencias culturales occidentales crea un inusual contexto para muchos progresistas litúrgicos, que a menudo han expresado explícitamente que sus propuestas son intentos de avenirse con el triunfo de la cultura post -ilustrada; triunfo que, a su juicio, no puede ya ser discutido. Cualquiera sea la evaluación que se haga de este proyecto en el contexto del mundo desarrollado, la propuesta de hacer concesiones al racionalismo, por ejemplo, mediante la exclusión del silencio y del ceremonial complejo en la liturgia, o de hacer concesiones al romanticismo mediante la promoción de la informalidad y la espontaneidad, adquiere un aspecto muy diferente en el contexto africano: existe un auténtico peligro de que tales tendencias coadyuven al ataque neocolonialista sobre la espiritualidad africana.

 Misa tradicional en África
(Foto: Rorate Caeli)

La inculturación.

9. Si se considera el progreso histórico de la fe en Europa, Hispanoamérica y Asia, resulta claro que, aunque el catolicismo latino ha tenido una importante influencia en las culturas locales, no las ha destruido[13] sino que, más bien, las ha hecho capaces de desarrollarse como auténticas expresiones del genio de los pueblos de esas regiones[14]. El resultado es la maravillosa diversidad de la cultura católica que se puede observar en todo el mundo. La transformación cultural, política y religiosa de África en el período colonial tiende a oscurecer la aplicación a dicho continente de esta generalización, pero hay que insistir en ella, y la demanda de “inculturación” hay que mirarla en este contexto. Como Pablo VI ha dicho, “[p]uesto que la enseñanza de Cristo y la redención cumplen, renuevan y perfeccionan todos los bienes innatos que hay en los usos tradicionales de los hombres, se sigue que el hombre africano, cuando se lo inicia en la religión cristiana, no se ve en absoluto forzado a auto-repudiarse, sino que, por el contrario, retoma 'en espíritu y en verdad' (Jo. 4, 24) las antiguas fuerzas de su pueblo”[15].

10. El tema se complica, sin embargo, por las fuerzas opuestas del sincretismo y del protestantismo evangélico. Estas últimas tienden a rechazar toda huella de cultura africana. Los cultos sincréticos y las congregaciones evangélicas son comunes en África y se expanden con rapidez, con las críticas en contrario por parte de la Iglesia católica.

11. Esta situación realza la importancia del discernimiento en la inculturación, cuestión a la que el magisterio papal ha concedido importancia repetidamente[16]. La inculturación indiscreta ha conducido, a veces, a abusos litúrgicos[17] y a la construcción de iglesias indignas de la liturgia[18].

12. Donde la inculturación se realiza del mejor modo es en el contexto de una liturgia estable que, aunque claramente diferente del culto pagano, apela sin embargo a las auténticas sensibilidades religiosas africanas. En tal contexto no es un problema permitir, por ejemplo, importantes prácticas africanas, tal como la referente al precio de la novia, o el uso de nombres indígenas, las cuales resultan contrarias a ciertas fuerzas que consideran que tales cosas deben necesariamente ser excluidas para rechazar el paganismo[19].

13. En relación con este punto, el magisterio papal ha subrayado el problema de las supersticiones, la brujería y el miedo de espíritus malignos, cosas que se encuentran en las religiones africanas tradicionales y que no pueden ser fácilmente excluidas de las comunidades cristianas recientes[20]. La forma extraordinaria, especialmente mediante las bendiciones del Ritual Romano, produce el efecto de proteger efectivamente a los fieles y del calmar el espíritu de los supersticiosos, como sociedad que fue, ella misma, víctima de las supersticiones y de la brujería, tanto reales como imaginarias, y dicha forma refleja la sabiduría de la Iglesia al enfrentarlas[21].

14. Para un gran número de africanos, la realidad de la liturgia en vernáculo no significa liturgia en la lengua madre, sino en una segunda lengua, a menudo una lengua colonial o, en el Este de África, el suajili[22]. El enorme número de lenguas en África -sólo Nigeria tiene más de 500 grupos de lenguas- significa que sería imposible producir Misales en todas ellas[23] o proporcionar sacerdotes que pudieran usarlos. En Sudáfrica, por ejemplo, en la liturgia católica se usa sólo cuatro de las nueve lenguas indígenas oficiales[24]; en Kenya, país con 69 lenguas, sólo se usa el inglés y el suajili.

15. Incluso si se superara estos obstáculos, cada parroquia urbana alberga hablantes de muchas lenguas, que pueden incluir las de los inmigrantes o refugiados de otros países. Las limitaciones de tiempo y de clero significan que hay que emplear una lingua franca, formal o informal.

16. El resultado práctico es el uso muy extendido de las antiguas lenguas coloniales en la liturgia, con un concomitante aumento de la percepción de prestigio de esas lenguas. El latín no sólo tiene la virtud de no pertenecer a ninguna tribu en particular[25] sino también de no ser la lengua de ninguna potencia colonial ni de ninguna influencia cultural europea o americana. Como lo dijo Juan XXIII: “Por su naturaleza misma, el latín es máximamente apropiado para promover todas las culturas entre los diversos pueblos, por cuanto no da lugar al surgimiento de celos ni favorece a grupo alguno, sino que se presenta a todos con igual imparcialidad, buena y amigable con todos”[26].

17. Una de las consecuencias de la pluralidad lingüística de África es el deseo de los africanos de aprender lenguas nuevas. Es común incluso que los menos educados posean una segunda o una tercera lengua. El deseo de aprender lenguas nuevas no excluye el latín, cuando a éste se le da un lugar en la liturgia.

 Sacerdote de la FSSP celebra Misa en África
(Imagen: captura de Youtube)

Las perspectivas de la forma extraordinaria en África.

18. La disponibilidad de la forma extraordinaria es limitada hoy en África[27]. Allí, como en todas partes, entrenar a un número suficiente de sacerdotes para que la celebren presenta dificultades. Otro factor ha sido la gran preocupación de los católicos africanos por la unidad con la Santa Sede durante el largo período en que la situación jurídica de los antiguos libros litúrgicos fue poco clara. Ahora que ésta ha sido aclarada, las actitudes pueden comenzar a cambiar.

19. Hoy está entregado a los obispos africanos y a las órdenes religiosas activas en África el asegurar que “las riquezas que se han desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia”[28] estén a disposición de los católicos africanos, tal como debiera ser el caso con todos los católicos. Las circunstancias de la Iglesia en ese continente no debieran hacernos dudar de ofrecer allá este tesoro, sino alentarnos a promoverlo todo lo posible. Así como la forma extraordinaria tuvo parte en la evangelización de África en el pasado, puede seguir alimentando hoy la vida espiritual de los católicos africanos.



[1] Es digno de destacar que en Roma se han reunidos dos Sínodos especiales sobre África, en 1994 y en 2009: el primero llevó a la Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa (1995) de Juan Pablo II y el segundo a la Exhortación Apostólica Africae munus (2011) de Benedicto XVI.

[2] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 47: "quandoquidem ipsae significanter animum exprimunt magnae gentium partis". Cfr. el Mensaje del Sínodo (1994), núm. 21: “Debe darse especial atención a nuestras costumbres y tradiciones, en cuanto que constituyen nuestro patrimonio cultural”.

[3] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 48: “ut intra vos inspiciatis. Vestrarum traditionum divitias respicite, fidem respicite quam hac in congressione celebravimus.’ Esta es una cita tomada de la homilía de Juan Pablo II enLilongwe durante una visita a África (6 de mayo de 1989).

[4] Bujo, B., African Theology in Social Context (trad. de John O’Donohue, Eugene OR., Wipf and Stock, 1992), p. 30.

[5] Véase Bujo, African Theology, cit., p. 25 y passim.

[6] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 42: “Los africanos tienen un profundo sentido religioso, un sentido de lo sagrado, de la existencia de Dios Creador y de un mundo espiritual. La realidad del pecado en sus formas individual y social está muy presente en la conciencia de estos pueblos, como también la necesidad de ritos de purificación y expiación” ("Africani alto religionis sensu praediti sunt, sacrarum rerum sensu, Dei creatoris existentiae sensu et rerum spiritualium. Peccatum, in suis tum privatis tum socialibus formis, in illorum populorum conscientia inest, atque necessitas quoque purificationis et expiationis rituum animadvertitur") Cfr. Benedicto XVI, Encuentro con los periodistas (23 de marzo de 2009): “Por otra parte, el espíritu de recogimiento en las liturgias, el fuerte sentido de lo sagrado, me causaron una gran impresión: en las liturgias, los grupos no se ponían en primer lugar, no atraían a sí la atención, pero sí había presencia de lo sagrado, de Dios mismo: del mismo modo, en el modo cómo se movían, se veía siempre su respeto y conciencia de la presencia divina. Esto me causó una gran impresión”. Cf. Pablo VI, Motu proprio Africae terrarum (1967), núm. 8.

[7] Mensaje del Sínodo publicado por el Sínodo Especial de Obispos de Africa, 6 de mayo de 1994. Cfr. Juan Pblo II, Ecclesia in Africa, núm. 31: “Al recordar las antiguas glorias del África cristiana, deseamos expresar nuestro profundo respeto por las Iglesias con las que no estamos en plena comunión, la Iglesia Griega del Patriarcado de Alejandría, la Iglesia Copta de Egipto y la Iglesia de Etiopía, que comparten con la Iglesia católica un común origen y la herencia doctrinal y espiritual de los grandes Padres y santos, no sólo de sus propios países, sino de toda la Iglesia primitiva: ellos trabajaron y sufrieron mucho para mantener vivo el nombre cristiano en África a través de todas las vicisitudes de la historia” ("Attamen, dum veterum Africae christianae laudum redintegramus memoriam, eas impensa prosequi observantia placet Ecclesias, quibus haud plena utimur communione: Ecclesiam dicimus Graecam Alexandrini Patriarchatus, Ecclesiam Coptam Aegypti et Ecclesiam Aethiopicam. Ipsae enim communes cum catholica Ecclesia et doctrinam et spiritualem disciplinam hereditarias habent a magnis Patribus sanctisque viris, qui non modo ad earum regiones, sed ad universam etiam Ecclesiam antiquam pertinent. Huc accedit quod tot egregia opera patraverunt durasque acerbitates perpessae sunt, ne umquam per varietatem temporum christianum nomen in Africa restingueretur"). Este pasaje es parte de una extensa cita de Pablo VI, Africae terrarum (1967).

[9] Su nombre oficial es “Legio Maria de la Misión de la Iglesia Africana”. Fundada a comienzos de la década de 1960 entre los Luo, de Kenya, hoy tiene más de un millón de adherentes.

[10] Especialmente Tanzania, Uganda, Rwanda, Burundi, la República Democrática del Congo y Etiopía.

[11] Véase Kustenbauder, M., “Believing in the Black Messiah: The Legio Maria Church in an African Christian Lanscape”, Nova Religio: The Journal of Alternative and Emergent Religions, vol. 13, núm. 1 (2009), pp. 11-40: “Los elementos materiales de la cristiandad católico-romana -reconocibles tan fácilmente por los observadores occidentales en las túnicas flotantes, los grandes rosarios y la Misa en latín de los seguidores de la Legio Maria- permanecen intactos sólo en cuanto que han ayudado a los Legios a reformular la fe cristiana al interior de su propio complejo cultural” (p. 14).

[12] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 11. Cfr. Mensaje del Sínodo, núm. 15: “Pero la cultura que dio su identidad a nuestro pueblo está en una grave crisis. En vísperas del siglo XXI, cuando nuestra identidad está siendo pulverizada en el mortero de una inmisericorde cadena de acontecimientos, la necesidad fundamental es de profetas que se alcen y hablen en nombre del Dios de la esperanza para la creación de una nueva identidad”.

[13] Cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 59: “En varias ocasiones los Padres Sinodales subrayaron la especial importancia de la evangelización de la inculturación, el proceso por el que la 'catequesis se 'encarna' en las diversas culturas'” ("Crebrius extulerunt synodales Patres momentum praecipuum quod habet in ipsa evangelizatione insertio in culturam: processus nempe quo catechetica institutio diversis in culturis veluti concorporatur"). Este pasaje es cita de Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi Tradendae, (1979), núm. 53.   

[14] De muchas formas el papel de la Iglesia ha sido ayudar a las culturas locales a resistir las influencias exteriores potencialmente destructivas, especialmente haciendo posible el registro permanente de la literatura y la música importantes, y abriendo nuevos caminos al arte y la arquitectura para la expresión de las ideas culturales locales. Ejemplo de esto sería la preservación de la poesía vernácula original de las Islas Británicas y de Escandinavia, y las tradiciones artísticas propias, especialmente las de los irlandeses. Estos monumentos culturales de la alta Edad Media siguen siendo considerados como fundamentales por las diversas tradiciones culturales de estos países hasta la actualidad. De un modo diferente, la Iglesia hizo posible la sobresaliente y única contribución al estilo barroco de la arquitectura en Hispanoamérica.

[15] Pablo VI, Africae terrarum, núm. 14: "Cum enim Christi doctrina et redemptio omnia compleat, renovet et perficiat bona, in traditis hominum moribus insita, Africanus idcirco homo, dum christianis sacris initiatur, non cogitur quidem semetipsum repudiare, sed veteres suae gentis virtutes in spiritu et veritate (Jn 4, 24) resumit".

[16] Véase Benedicto XVI, Africae munus, núm. 37: “El Espíritu Santo hace que el Evangelio permee todas las culturas, sin convertirse en el servidor de ninguna. Los obispos debieran preocuparse de esta necesidad de inculturación, respetando las normas establecidas por la Iglesia. Mediante el discernimiento de qué elementos culturales y tradiciones son contrarias al Evangelio, podrán separar la buena semilla de la maleza (cf. Mt. 13, 26)”. Cfr. Pablo VI, Africae terrarum, núm. 8.

[17]  Benedicto XVI, Africae munus, núm. 153: “Exhorto a toda la Iglesia en África a tener particular cuidado con la celebración de la Eucaristía, memorial del sacrificio de Jesucristo, signo de unidad y vínculo de caridad, banquete pascual y prenda de vida eterna. La Eucaristía debiera ser celebrada con dignidad y belleza, de acuerdo con las normas prescritas”.

[18] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 154: “Es necesario también asegurarse de que la arquitectura de estos edificios sagrados sea digna de los misterios que celebran y esté de acuerdo con la legislación eclesiástica y el estilo del lugar”.

[19] Véase BujoAfrican Theology, cit., pp. 44-47. Aunque parece que Bujo quiere extender la recepción por la Iglesia de la cultura africana también a la poligamia y al uso de materia inválida para la Misa, su lista de las cosas que se ha perdido en la cristianización incluye nombres indígenas, conocimiento de plantas medicinales, uso de los tambores, arte y todas las costumbres que rodean a ciertos eventos de la caza y de la vida.

[20] Benedicto XVI, Africae munus, núm. 93: “La brujería, que se usa en las religiones tradicionales, está experimentando actualmente cierto regreso. Reaparecen ciertos miedos antiguos, creando paralizantes lazos de subordinación. La ansiedad por la salud, el bienestar, los hijos, el clima y la protección respecto de espíritus malignos lleva a que la gente recurra a prácticas de las religiones africanas tradicionales que son incompatibles con las enseñanzas cristianas. El problema de la 'doble afiliación' a la cristiandad y a las religiones africanas tradicionales sigue siendo un desafío.

[21] Benedicto XVI, en su Carta a los Obispos que acompaña al motu proprio Summorum Pontificum (2007), advierte la “sacralidad” de la forma extraordinaria.

[22] Aunque es usado y comprendido por muchos más, sólo 15 millones de africanos hablan suajili como lengua madre.

[23] Los obispos analizaron el proyecto de traducir las Sagradas Escrituras a todas las lenguas africanas en el Mensaje, núm. 18 del Sínodo. La Congregación para el Culto Divino, en su Instrucción Linguam Authenticam (2001), núm. 21, hace notar el problema de encontrar un registro sagrado en cada lengua para ser usado en la liturgia. En relación con las “traducciones destinadas a los pueblos que han recibido recientemente la fe cristiana”, advierte: “En especial, se debe usar cautela en la introducción de palabras tomadas de religiones no cristianas”.

[24] En Johannesburgo (metrópolis de 6 millones, incluidos los hablantes de todas las lenguas oficiales), tres de tales lenguas, como máximo, serían usadas. Hay que tomar en cuenta que la Iglesia en Sudáfrica tiene recursos incomparablemente mejores que otros países africanos. En algunas parroquias de ciudades multilingüísticas aun las lenguas indígenas más importantes tienden a obtener los horarios menos cómodos de Misas.

[25] Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, núm. 49: “Se ha hecho ver, con razón, que, dentro de las fronteras que fueron establecidas por los poderes coloniales, la coexistencia de grupos étnicos con diferentes tradiciones, lenguas e incluso religiones, se encuentra a menudo con obstáculos surgidos de una grave hostilidad mutua. 'Las oposiciones tribales ponen en peligro, si no la paz, al menos el esfuerzo por el bien común de la sociedad, y crean también dificultades para la vida de las Iglesias y la aceptación de pastores de otros grupos étnicos'. Esta es la razón por la que la Iglesia en Africa siente el desafío de la especial responsabilidad de sanar estas divisiones” ("Merito sane dictum est intra fines qui ex colonicis regiminibus manarunt, translaticiarum consuetudinum, sermonum et etiam religionum diversarum coniunctam exsistentiam saepe ob mutuas contentiones impedimento esse. 'Tribuum dissentiones in discrimen vocant, si non pacem, in universum societatis saltem bonum commune adipiscendum, atque difficultates quoque afferunt Ecclesiarum vitae necnon aliarum stirpium pastoribus recipiendis'. Quocirca Africana Ecclesia animadvertit se teneri certo officio has divisiones minuendi”). Este pasaje cita un documento de la Pontificia Comisión Justicia y Paz, La Iglesia ante el racismo. Para una sociedad más fraterna (1988).

[26] Juan XXIII, Constitución Apostólica Veterum Sapientia (1962), núm. 3: "Suae enim sponte naturae lingua Latina ad provehendum apud populos quoslibet omnem humanitatis cultum est peraccommodata: cum invidiam non commoveat, singulis gentibus se aequabilem praestet, nullius partibus faveat, omnibus postremo sit grata et amica".

[27] El Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICRSS) tiene un apostolado en la diócesis de Mouila, en Gabón, y la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) una en la diócesis de Orlu, en Nigeria. La forma extraordinaria existe en varios lugares en Sudáfrica gracias al trabajo de Una Voce Sudáfrica. El sitio web Wikimissa tiene una lista de clero diocesano que la celebra en Natitingou, Libreville, Gabón, y Bujumbara, Burundi. En otros países presta servicio la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), que también está presente en algunos de los países  ya mencionados: Yaounde y Douala, Camerún; Accra, Ghana; Mauritius; Nairobi y otros lugares en Keyna; La Reunion; Arivonimamo, Madagascar; Omaruru y Windhoek, Namibia; Kampala y otros lugares en Uganda; Dar es Salaam, Tanzania; Mansa, Zambia; y Harare y Tafara, Zimbabwe.

[28] Benedicto XVI, Carta a los Obispos que acompaña al motu proprio Summorum Pontificum (2007).