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jueves, 26 de diciembre de 2024

Feliz Navidad

La Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat, capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce, desea a todos sus feligreses y bienhechores una feliz Navidad y un muy próspero y bendecido año 2025.

Aprovechamos de recordar que la Santa Misa celebrada por la Asociación todos los domingos y fiestas de precepto en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria continuará hasta el último domingo de enero, reanudándose el primero domingo de marzo, debido al cierre de la Universidad a la que pertenece dicho templo. Recomendamos seguir nuestras redes sociales y esta bitácora para estar informados de algún eventual cambio de horario y otras novedades. 

Tui sunt caeli, et tua terra est, orbem terrarum, et plenitudinem ejus tu fundasti: justitia et judicium preparatio sedis tuae. 

"Tuyos son los cielos y tuya es la tierra; la redondez de la tierra y cuanto contiene, Tú lo cimentaste; la justicia y la equidad son el apoyo de tu trono"

(Ofertorio de la Misa del día de la Natividad del Señor, tomado de Sal 88, 12 y 15).

Antón Rafael Mengs, La Adoración de los pastores, 1770, Museo del Prado (España)
(Imagen: Museo del Prado)

martes, 24 de diciembre de 2024

Aviso: cambio de horario de la Misa de la Natividad del Señor

 Se informa a todos los fieles y bienhechores que participan de la Santa Misa tradicional que organiza la Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat que habrá un pequeño cambio de horario para el día 25 de diciembre. 

De manera excepcional, la Misa de la Natividad del Señor se celebrará a las 11.30 horas. 

Los esperamos en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, situada en Bellavista 37, comuna de Recoleta. 

El Greco, Adoración de los pastores, 1612-1614, Museo del Prado (España)
(Imagen: Museo del Prado)

domingo, 25 de diciembre de 2022

Feliz Pascua de Navidad

La Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat, capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce, desea a todos sus feligreses y bienhechores, así como a los lectores de esta bitácora, una muy feliz y santa Pascua de Navidad. Que este día, en el cual el Salvador se hizo carne, sea una ocasión propicia para renovar nuestra conversión, pidiendo ayuda a la Santísima Virgen. 

Puer natus est nobis, et filius datus est nobis, cujus imperium super humerum ejus et vocabitur nomen ejus, magni consilii Angelus.

Un niño nos ha nacido y un Hijo nos ha sido dado, el cual lleva  sobre sus hombros el principado; y su nombre será Ángel del gran consejo.

(Is 9, 6, tomado del Introito de la tercera Misa del día de Navidad)

Sócrates Quintana, Adoración de los Reyes Magos, segundo o tercer cuarto del siglo XX, Casa de la Cultura Teodoro Cuesta (Mieres, España)

lunes, 27 de diciembre de 2021

Domingo de la infraoctava de Navidad

Miniatura de Evangeliario de Ada
(Imagen: Wikicommons)

El texto del Evangelio de hoy es el siguiente (Lc 2, 33-40):

“En aquel tiempo, José y María, madre de Jesús, estaban maravillados de lo que oían decir de Él. Y los bendijo Simeón y dijo a María, su madre: Sábete que Éste ha sido puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel y como signo de contradicción; y una espada traspasará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Había allí una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser; ésta era ya muy anciana y había vivido siete años con su marido desde su virginidad. Y esta viuda, que tenía 84 años, no se apartaba del Templo, sirviendo en él día y noche con ayunos y oraciones. Ésta, pues, sobreviniendo a la misma hora, alababa al Señor, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención de Israel. Y cuando hubieron cumplido todas las cosas conforme a la Ley del Señor, volviéronse a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el Niño crecía y se robustecía, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba en Él”.

 ***

Después de la dulzura de la Navidad, que el mundo actual ha transformado en abominable azucaramiento desprovisto de todo sentido, la Iglesia nos recuerda, de inmediato, que el Niño que ha nacido no es sólo motivo de arrobamiento y gratitud a Dios por la inefable bondad que ha tenido con nosotros al entregar a su Hijo por nuestra salvación. Por el contrario, inmediatamente nos hace presente la otra cara de la medalla, ésa que los pastores modernistas actuales le escamotean escandalosamente al Pueblo de Dios poniendo en terrible peligro precisamente esa salvación que el Niño nos trae: porque, en efecto, no es cierto que ya estamos todos salvados y que nos encontramos ya en la otra orilla, la orilla segura, de la cual nada ni nadie podrá arrancarnos. No. Estamos todavía en la lucha cotidiana, que sostenemos merced a la gracia salvadora que nos trae Jesús recién nacido. Y aunque sea una batalla cuya victoria se nos asegura si somos fieles, podemos no serlo y perder esta guerra: como dice San Pablo, “no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires” (Ef 6, 12). Y si perdemos la batalla, ese Niño, esa misma Divina creaturita que yace hoy en el pesebre, será el Juez que nos ha de juzgar en el momento siguiente a nuestra muerte, dándonos en pago la ruina si no hemos sabido aprovecharnos de su bondad. Todo bondad hasta que morimos. Todo severidad desde que morimos.

Porque tal es la realidad que nos revela el Evangelio de hoy. Ese Jesús accesible con sólo desearlo, esa fuente infinita de bondad y misericordia que ha de manar para nosotros hasta el último instante de nuestra vida, se transformará, en el primer instante que sigue a esta vida terrena, en un abrir y cerrar de ojos, en el juez riguroso y severo, que no dejará céntimo sin cobrar (cf. Mt 5, 26) y que, llegado el caso de merecerlo, nos enviará al lugar de la oscuridad donde rechinan los dientes, “donde el gusano no muere ni el fuego se apaga” (Mc 9, 48), sin que haya ya una muerte segunda que nos libre de ambos. “Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo” (Hb 10, 31), “el que tiene la llave de David, que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre” (Ap 3, 7).

“Ah”, dicen los modernistas, “religión del castigo y del miedo; religión de un Dios veterotestamentario y cruel, que no atrae a la salvación, que, por el contrario, repele y atemoriza y hace huir a quienes lo miran”. Como si hubiera dos dioses: el del Antiguo Testamento, y el del Nuevo Testamento. Como si el del Nuevo Testamento fuera absolutamente Otro, que no condena, que no castiga, que no amenaza, que no es “ruina […] para muchos en Israel”, como dice el Evangelio de hoy.

Tal es la predicación mentirosa y peor, herética, que muchos pastores realizan hoy, dando la salvación individual como un hecho, negando el castigo eterno (“sería una crueldad inaceptable en un Dios”), y reemplazándolo, a lo más, por una aniquilación que reduce al hombre a la nada y le evita tener que sufrir por el mal que, en vida, se deleitó haciendo. Ni el agnóstico de Kant concibió tamaña injusticia: para este filósofo, la existencia de Dios venía exigida por la aplicación de la justicia, en otra existencia, a los malos que no han recibido su castigo en esta vida. Pero esos pastores no se rinden ni ante el mensaje expreso del Evangelio ni ante la especulación de la filosofía. Así se han endurecido en su error y así hacen errar a sus ovejas.

El Evangelio de hoy nos ofrece, pues, la posibilidad de contemplar algo tan maravilloso como realista: ese mismo Jesús que, hasta que exhalemos nuestro último suspiro es un Dios que derrocha misericordia y perdón a quien meramente se lo pide, es también un Juez insobornable que, por amor a la Justicia, no perdona ni la ofensa más insignificante.

La presentación de Jesús en el Templo, con la profetiza Ana de rodillas ante el Mesías al que comienza a anunciar

sábado, 25 de diciembre de 2021

Feliz Pascua de Navidad

La Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat, capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce, desea a todos sus feligreses y bienhechores, así como a los lectores de esta bitácora, una muy feliz y santa Pascua de Navidad. Que este día, en el cual el Salvador se hizo carne, sea una ocasión propicia para renovar nuestra conversión, pidiendo ayuda a la Santísima Virgen. 

Exsulta satis, filia Sion; iubila, filia Ierusalem. Ecce rex tuus venit tibi iustus et salvator ipse

Regocígate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén. Mira que tu rey viene a ti, el Santo, el Salvador del mundo

(Zach 9, 9, tomado de la Comunión de la Misa de la Aurora del día de Navidad)

Federico Barocci, La Natividad, 1597, Museo del Prado (Madrid, España) 
(Imagen: Museo del Prado)

sábado, 26 de diciembre de 2020

Natividad del Señor

 

Miniatura de Evangeliario de Ada
(Imagen: Wikicommons) 

El texto de la Misa de Medianoche de hoy es el siguiente (Lc 2, 1-14):

“En aquel tiempo, se promulgó un edicto de César Augusto, mandando empadronarse a todo el mundo. Este primer empadronamiento fue hecho por Cirino, gobernador de la Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a la ciudad de su estirpe. José, pues, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, la cual estaba encinta. Y estando allí aconteció que se cumplieron los días del parto. Y dio a luz a su Hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, porque no quedaba lugar para ellos en el albergue. Había unos pastores en aquellas cercanías, que estaban vigilando durante la noche, guardando su ganado, cuando he aquí se puso junto a ellos un Ángel del Señor, y la claridad de Dios los cercó de resplandor, y tuvieron gran temor. Pero díjoles el Ángel: No temáis, porque vengo a anunciaros un gran gozo que lo será también para todo el pueblo: y es que hoy os ha nacido el Salvador, que es Cristo el Señor, en la ciudad de David. Esta será para vosotros la señal: Hallaréis al Niño envuelto en pañales, y puesto en un pesebre. Y de pronto apareció con el Ángel un ejército numeroso de la milicia celestial, alabando a Dios y diciendo: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”.

***

Reproducimos aquí el magnífico Sermón 184 de San Agustín sobre el Nacimiento del Señor:

“Un año más ha brillado para nosotros -y hemos de celebrarlo hoy- el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, gracias al cual la Verdad ha brotado de la tierra y el Día del Día ha venido a nuestro día. Alegrémonos y regocijémonos en él. La fe cristiana atesora lo que nos ha aportado la humildad de persona tan excelsa, de lo que está vacío el corazón de los incrédulos, dado que Dios escondió estas cosas a los sabios e inteligentes y las reveló a los pequeños. Posean, por tanto, los humildes la humildad de Dios para llegar, con tan grande ayuda, cual montura para su debilidad, a la excelencia de Dios. En cambio, aquellos sabios y prudentes que buscan la sublimidad de Dios sin creer en su humildad, al prescindir de ésta, tampoco alcanzan aquélla; por su vaciedad y levedad, su hinchazón y altivez, quedaron como colgados entre el cielo y la tierra, en el espacio intermedio propio del viento. Son sabios e inteligentes, pero según este mundo, no según el creador del mundo. Pues si morase en ellos la verdadera Sabiduría, la que es de Dios y ella misma es Dios, comprenderían que Dios pudo tomar la carne sin que pudiese transformarse en carne; comprenderían que asumió lo que no era y permaneció siendo lo que era; que vino a nosotros en condición humana, pero sin apartarse del Padre; que continuó siendo lo que es y a nosotros se nos manifestó en lo que somos; que el Poder se encerró en el cuerpo de un niño sin sustraerse a la mole del mundo.

“El que hizo el mundo entero cuando permanecía junto al Padre es el autor del parto de una virgen cuando vino a nosotros. Su majestad nos la manifestó la Virgen madre, tan virgen después del parto como antes de concebirlo. Su esposo la encontró embarazada, no la dejó embarazada él; embarazada de un varón mas no por obra de varón; tanto más feliz y digna de admiración cuanto que, sin perder la integridad, obtuvo el don de la fecundidad. Aquellos sabios e inteligentes prefieren juzgar ficción, antes que realidad, tan gran milagro. Así, respecto a Cristo, hombre y Dios, como no pueden creer lo humano, lo desprecian, y como no pueden despreciar lo divino, no lo creen. Cuanto más abyecto es para ellos, tanto más grato sea para nosotros el cuerpo humano al humillarse Dios, y cuanto más imposible lo consideran ellos, tanto más divino sea para nosotros el parto de una virgen al dar a luz a un hombre.

“Por tanto, celebremos el nacimiento del Señor con la asistencia y aire de fiesta que merece. Exulten de gozo los varones, exulten las mujeres: Cristo nació varón, nació de mujer, quedando honrados ambos sexos. Pase, pues, ya al segundo hombre quien había sido condenado antes en el primero. Una mujer nos había inducido a la muerte, una mujer nos alumbró la vida. Ha nacido la semejanza de la carne de pecado con que se purificaría la carne de pecado. No se culpe, pues, a la carne, mas, para que viva la naturaleza, muera la culpa, dado que nació sin culpa aquel en quien ha de renacer quien se había hallado en la culpa.

“Regocijaos vosotros, santos siervos de Dios, que elegisteis seguir ante todo a Cristo; vosotros que no buscasteis el matrimonio. Aquel a quien encontrasteis merecedor de seguimiento no llegó hasta vosotros mediante el matrimonio para concederos menospreciar la vía por la que vinisteis. En efecto, vosotros vinisteis a través del matrimonio carnal, sin el cual accedió él al matrimonio espiritual. Y os otorgó menospreciar el matrimonio a vosotros, a los que, de modo especial, os llamó a su boda. Por tanto, no buscasteis lo que está en el origen de vuestro nacimiento, porque habéis amado más que los demás a aquel que no nació de esa forma.

“Saltad de gozo vosotras, vírgenes santas: la virgen os alumbró a aquel con quien podéis casaros sin perder la virginidad; vosotras, que, al no dar a luz ni concebir, no podéis perder eso que amáis.

“Exultad de gozo vosotros, los justos: ha nacido el que os justifica. Exultad vosotros, los débiles y los enfermos: ha nacido el que os sana. Exultad vosotros, los cautivos: ha nacido el que os redime. Exulten los siervos: ha nacido el Señor. Exulten los hombres libres: ha nacido el que los libera. Exulten todos los cristianos: ha nacido Cristo”.

-
Pedro Pablo Rubens, La adoración de los Reyes Magos, 1609-1628,  Museo del Prado (España)
(Imagen: Catholic Link)

El que, nacido del Padre, creó todos los siglos, enalteció este día, al nacer aquí de una madre. Ni aquel nacimiento pudo tener madre ni éste buscó padre humano. En definitiva, Cristo nació de padre y de madre, y sin padre y sin madre. En cuanto Dios, nació de padre; en cuanto hombre, de madre; en cuanto Dios, sin madre, y en cuanto hombre, sin padre. Por tanto, ¿quién narrará su nacimiento?, ya sea aquel, sin tiempo, ya sea este, sin semen; aquel, sin comienzo; este, sin otro igual; aquel, que existió siempre; este, que no existió ni antes ni después; aquel, que no tiene fin; este, que tiene el comienzo donde el fin.

Con razón, pues, los profetas anunciaron que había de nacer, y los cielos y los ángeles, en cambio, que había nacido. El que contiene el mundo yacía en un pesebre; no hablaba aún, y era la Palabra. Al que no contienen los cielos, lo llevaba el seno de una sola mujer. Ella gobernaba a nuestro rey; ella llevaba a aquel en quien existimos; ella amamantaba a nuestro pan. ¡Oh debilidad manifiesta y asombrosa humildad, en la que de tal modo se ocultó la divinidad entera! Gobernaba con su poder a la madre, a la que estaba sometida su infancia, y alimentaba con la verdad a aquella de cuyos pechos mamaba. Lleve a término en nosotros sus dones el que no desdeñó asumir también nuestro comienzo, y háganos hijos de Dios el que por nosotros quiso ser hijo del hombre.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Feliz Navidad

La Asociación Litúrgica Magnificat le desea a todos sus feligreses y bienhechores, así como a los lectores de esta bitácora, una muy feliz y santa Navidad. Que la paz de Cristo se derrama sobre todos, colmándonos de abundantes frutos de su gracia. 

Quare fremuérunt gentes: et pópuli meditáti subt inánia?

(¿Por qué se han envanecido las naciones, y los pueblos maquinaron proyectos vanos contra Dios?)

Del Introito de la Misa del Gallo (Sal 2, 7)

El Greco, Adoración de los pastores, 1612-1614, Museo del Prado (España)
(Imagen: Wikipedia)

martes, 24 de diciembre de 2019

Saludo y Misa del día de Navidad

La Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat, capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce, les desea una muy feliz y santa Navidad a sus miembros y benefactores, así como a todos los fieles que participan de su apostolado y a los lectores que siguen esta bitácora, y les invita cordialmente a participar de la Santa Misa del día de la Natividad del Señor, que se celebrará en la Iglesia Nuestra Señora de la Victoria mañana miércoles 25 de diciembre a las 12.30 horas. Se recuerda que ese día es de precepto.

La iglesia se encuentra ubicada en Av. Bellavista 37, entre Pío Nono y Pinto Lagarrigue, comuna de Recoleta (la estación de Metro L1 y L5 Metro Baquedano se encuentra cerrada), y en ella se celebra todos los domingos y fiestas de guardar la Santa Misa conforme a la forma extraordinaria del rito romano en el mismo horario. Hay estacionamiento disponible en las calles aledañas. 


Robert Campin, Natividad (circa 1420), Museo de Bellas Artes de Dijon
(Imagen: Wikicommons)

domingo, 25 de diciembre de 2016

Natividad del Señor

Puer natus est nobis, et filius datus est nobis, cujus imperium super humerum ejus et vocabitur nomen ejus, magni consilii Angelus.

Cantate Domino  canticum novum quia mirabilia fecit. Gloria.

(Introito para la Tercera Misa del día de la Natividad del Señor)

 Gerard van Honthorst, La adoración de los pastores (1622)

La Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat, Capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce, saluda cordialmente en este día a todos sus miembros, fieles, amigos y benefactores y les desea una muy feliz y santa Navidad.



Actualización [26 de diciembre de 2016]: a continuación les ofrecemos a nuestros lectores una pequeña galería fotográfica con imágenes de la Misa de la Natividad, organizada por nuestra Asociación.




 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Las Misas "Rorate" y la recomendación del Papa Francisco

Una tradición católica para el Adviento es celebrar durante los sábados de este tiempo litúrgico la Misa Rorate Caeli “de sancta Maria in Sábato”. En algunas regiones se solía celebrar durante el Adviento no sólo los sábados, sino varios días de la semana o, incluso, todos los días de semana, también como Misa Votiva en honor de Nuestra Señora. Una particularidad de esta Misa es ser celebrada a oscuras, sin luz ni del sol ni artificial: sólo la procurada por los numerosos candelabros en el altar y el presbiterio, y por las candelas que llevan los fieles en la mano. El sentido de tales celebraciones es profundo: en el Adviento nos preparamos a la fiesta del nacimiento de Cristo, y con la Virgen nos preparamos a una llegada de Aquel que es la Luz y ha venido a disipar nuestras tinieblas y a iluminarnos en gracia y santidad.

 Misa Rorate
(Foto: FSSP)

Estas Misas llevan este nombre por el Introito, el himno Rorate Caeli (o Rorate coeli), cuyo primer verso está tomado de Is. 45, 8, texto que expresa el anhelo de los profetas de Israel por la venida del Mesías, el cual la Iglesia hace suyo en el tiempo de Adviento:

 “Rorate, caeli, desuper, et nubes pluant justum, aperiatur terra, et germinet Salvatorem.”
   
(“Gotead, cielos, desde arriba, y que las nubes destilen al Justo. Ábrase la tierra y brote el Salvador”)

 El himno Rorate caeli en un códice medieval

El himno del Rorate se hace presente profusamente en la liturgia tradicional del tiempo de Adviento, tanto en el Misal como en el Oficio Divino. En este último, entre otras ocasiones, se escucha a diario el comienzo como versículo y responsorio del oficio de vísperas. Aquí podemos escuchar este sublime himno, cantado por dominicos de Blackfriars, Oxford:



La Misa Rorate comienza tradicionalmente antes del amanecer. Por tratarse de una Misa votiva en honor de la Virgen María, el sacerdote se reviste con ornamentos blancos en lugar del morado, color penitencial propio del Adviento. Los niños caminan a la iglesia a través de la oscuridad, llevando linternas encendidas. La iglesia está a oscuras excepto por la luz de velas y faroles. El himno Rorate caeli comienza en la oscuridad, que simboliza la oscuridad del mundo antes de que la luz de Cristo apareció en la Navidad. Durante el himno, los sacerdotes y los niños, llevando sus linternas, entran en procesión en la iglesia. Al final del himno, se dicen oraciones y luego se canta el Gloria, momento en el cual las luces se encienden. Al final de la Misa, el sol empieza a subir: es el amanecer de un nuevo día y un recordatorio de la Luz Verdadera de Cristo, que destierra la oscuridad del pecado y de la muerte.

Las lecturas y oraciones de la Misa recuerdan la profecía de la Virgen que daría a luz un hijo llamado Emmanuel, y llaman a todos a abrir las puertas de sus corazones y de sus sociedades para permitir que Cristo Rey entre, pidiendo la gracia de recibir la Vida Eterna, por los méritos de la Encarnación y la Resurrección salvadora de Nuestro Señor.

 (Foto: FSSP)

Espiritualmente, el Adviento es el amanecer. Todavía no es la luz brillante de la Navidad. El Adviento es un tiempo de preparación para algo excesivamente alegre que todavía está por venir. Es un tiempo de penitencia, cuando nuestras almas todavía están luchando a través de la oscuridad, en busca de la Luz. Hay un anhelo y esperanza en Adviento. Nuestras velas y linternas en una Misa Rorate son símbolos de nuestro anhelo por la venida del Salvador, cuya luz ya está amaneciendo.

Con la reforma litúrgica estas Misas desaparecieron, pese a que no fueron proscritas expresamente y continúan estando especialmente arraigadas en los países germanoparlantes. En Chile, ellas no eran muy habituales probablemente debido a la estación del año con que coincide el Adviento por estas tierras, que hace que la luz del sol aparezca pronto por la mañana. 

Sobre el simbolismo de estas Misas, Benedicto XVI recordaba con añoranza en sus memorias (Ratzinger, J., Mi vida, trad. de Carlos D'Ors Fühers, Madrid, Cristiandad, 7ª ed., 2005, p. 39): 

El año litúrgico daba al tiempo su ritmo y yo lo percibí ya de niño, con gran alegría y agradecimiento. En el tiempo de Adviento, por la mañana temprano, se celebraban con gran solemnidad las misas Rorate en la iglesia aún a oscuras, sólo iluminada por la luz de las velas. La espera gozosa de la Navidad daba a aquellos días melancólicos un sello muy especial. 

 Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI, de niño

Una muestra de que ellas no desaparecieron con la liturgia reformada es la invitación a vivir esta costumbre de Adviento que ha hecho recientemente el Santo Padre. El pasado 14 de diciembre de 2016, en los saludos acostumbrados después de la catequesis de la audiencia general de los miércoles, el Papa Francisco se dirigió a los peregrinos polacos y los invitó a vivir la costumbre de las Misas Rorate durante el Adviento. Puede verse aquí el texto original en polaco y la traducción italiana. Su recomendación fue participar de estas Misas como una forma de preparación espiritual para el Adviento: 

Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. El tiempo de Adviento es la ocasión particular para profundizar nuestra fe, para abrir nuestros corazones a las necesidades de los otros y para vivir mejor nuestra vocación cristiana. Para cumplir estos compromisos, los ayuden la oración cotidiana, la contemplación de la Palabra de Dios, la participación en la Misa matutina Rorate [destacado de la Redacción] y los ejercicios espirituales de Adviento. Con espíritu de alegría, preparen sus corazones para recibir la Buena Nueva del nacimiento del Hijo de Dios. Bendigo a todos ustedes aquí presentes y a sus seres queridos. 

Finalmente, les ofrecemos algunas fotos adicionales de Misas Rorate. Las primeras fueron celebradas por sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Scranton (Pensilvania) y Sacramento (California) y las fotos correspondientes ha sido tomadas de la versión inglesa del sitio de la Fraternidad. Seguidamente, reproducimos las fotografías de dos entradas del sitio Acción litúrgica (aquí y aquí), en que pueden verse algunas imágenes de dos Misas Rorate celebradas en Chile en 2014.








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Catedral de San Felipe. Celebrante: Revdo. don Luis Reynoso

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Parroquia Santa Bárbara, Casablanca. Celebrante: Revdo. don Mauro Ojeda (Capellán Una Voce Casablanca)