viernes, 16 de octubre de 2015

San Pío X y la música sacra

En una entrada anterior reproducíamos la parte de las memorias que el cardenal Merry del Val escribió sobre San Pío X relativa a la arquitectura y decoración de las iglesias. En esta oportunidad, les ofrecemos el extracto de esas mismas memorias referida a la música. 

 San Pío X

El Papa Pío X amaba la música, para la que poseía un talento natural; está fuera de duda. Se las había arreglado para adquirir un amplio conocimiento del tecnicismo de este arte, y el hecho de haberlo logrado en el curso de una vida tan ocupada, es prueba clarísima de que estaba especialmente dotado para ello, ya que los deberes absorbentes de su ministerio apenas si le dejaban un momento libre para cultivar esa afición.

[…]

Recuerdo muy bien lo intensamente que disfrutó en una ocasión escuchando el gran oratorio de Perosi El juicio final, que, a petición suya, fue ejecutada bajo la dirección personal de su autor  en la Sala Regia. Cómo comentaba los inspirados trozos de los textos litúrgicos y la riqueza de las partes orquestales, sin dejar de apuntar las cualidades o deficiencias observadas aquí y allá, bien en la composición misma o en los cantores. Todavía experimentó un placer mayor con el grandioso canto de centenares de voces durante el centenario del gran San Gregorio; muchos recordarán emocionados aquel día inolvidable. 

 Don Lorenzo Perosi (1872-1956)


No estaría en relación con los límites reducidos de este breve ensayo el aludir detalladamente a los esfuerzos desplegados por Pío X para restablecer la música sacra conforme a las buenas tradiciones y al espíritu de la Iglesia católica.

Sería, por otra parte, superfluo, ya que sus públicas manifestaciones e instrucciones sobre esta materia han sido ampliamente divulgadas y se han publicado muchos escritos haciendo resaltar su importancia. No puedo dejar de mencionar, sin embargo, algunas ideas y orientaciones sobre este punto, tanto más cuanto que tuve ocasión de comprobarlas personalmente.

En éste como en otros aspectos, el ideal de su vida inspiraba sus opiniones y dirigía sus actividades. Gustaba de la buena música en general; pero, naturalmente, le interesaba con preferencia la música sacra. Insistía una y otra vez en su deseo de adoptar lo mejor, y esto a sus ojos sólo podía constituirlo la música verdaderamente sagrada y eminentemente “artística”, en armonía con la litúrgica de la Iglesia y la genuina expresión de los sentimientos inspirados por la fe.

Mantenía el criterio de que la música debe ser precioso auxiliar de la devoción. Haciendo muchas veces caso omiso de la belleza innata de aquélla, decía que estaba fuera de lugar si, en vez de elevar el alma al Señor como medio y ayuda de la oración, adquiría excesiva importancia y abandonaba su carácter secundario de elemento conducente al supremo objeto de culto: levantar las mentes y corazones a Dios. 

  Orazio Gentileschi, Santa Cecilia con un ángel.

Sostenía firmemente el principio de que si la música debe rendir tributo de alabanza a Dios, no habrá de ser de calidad deficiente, y que había que tratar de producir la mejor. 

Por otra parte, comprendía perfectamente que, para poder lograr una reforma definitiva de la música eclesiástica, no bastaban las medidas puramente disciplinarias por rigurosas que fueran. Resulta imposible forzar el gusto por un estilo determinado donde éste no puede ser entendido ni apreciado, y el gusto ha de ser gradualmente educado si quieren lograrse resultados positivos y duraderos. Estos eran los puntos de vista del Santo Padre, que expresaba frecuentemente en mi presencia.   

Pero no había pequeñez alguna de espíritu en las ideas que sobre música sacra, susceptible de ser aceptada, poseía Pío X. No rechazaba en modo alguno las peculiaridades locales o nacionales, muchas de las cuales admiraba francamente, siempre que —decía— “los principios fundamentales de su carácter y gravedad estrictamente religiosas fueran observados con todo rigor, y si fuere necesario, mediante una cuidadosa adaptación”.

Ni tampoco pretendía prohibir el empleo de la música polifónica en las iglesias. Acogía favorablemente los trabajos realmente buenos de los modernos compositores, aunque exigía que se limitaran a las normas prescritas y que la música constituyera una especie de derivación o eco del canto llano. 

 Un ángel le reconforta con música. Serie de la vida de San Francisco (1670-1680)
 Taller de Basilio Santa Cruz, Museo del Convento de San Francisco, Santiago de Chile.

Me acuerdo de un comentario que hizo al conocer el deseo de algunos reformadores extremistas que querían desterrar de nuestras iglesias todo lo que no fuera simplemente el canto gregoriano; lo calificada de ser un capricho exagerado: “Sería igual que si yo desechara los cuadros más bellos y clásicos de la ‘Madonna’ bajo el pretexto de que el único modelo aceptable es la representación más antigua y primitiva de la Virgen que ha llegado a nuestros días, tal como aparece en la catacumbas de Santa Priscila”.

“Esto nos conduciría a proscribir las obras maestras del arte religioso y de la pintura verdaderamente inspirada. No queremos cuadros profanos de Nuestra Señora, ni imágenes carentes de devoción hechas por nuestros modernos artistas; pero tampoco sería razonable afirmar que únicamente los cuadros antiguos llenan las condiciones requeridas por la religión y por una auténtica belleza artrítica. Pues lo mismo sucede con la música religiosa”.

Una de sus aspiraciones más fervientes era promover, siempre que fuera posible, el canto de los fieles en las iglesias, ya que lo consideraba altamente instructivo para las gentes de toda clase y un poderoso medio de despertar el interés por las bellezas de nuestra sagrada liturgia, especialmente en relación con el santo sacrificio de la Misa. Gustaba de comentar a este respecto los notables resultados obtenidos en parroquias donde los fieles habían aprendido a cantar correctamente las distintas partes de la Misa en canto llano, así como los salmos e himnos de vísperas de los domingos.
Con frecuencia manifestaba su contrariedad de que no se concediera mayor importancia a una costumbre que ayudaba positivamente a los fieles a comprender y sentir más profundamente el culto católico, y que, adoptada con carácter amplio y general, contribuiría a atraer a muchos al conocimiento y cumplimiento de sus deberes religiosos.

Un método práctico de lograr esta finalidad le pareció sería que en cada diócesis un profesor competente de música sagrada, con aprobación del Obispo, permaneciera algún tiempo en cada parroquia formando núcleos de cantores selecciones entre miembros de la misma, que, a su vez, fueran arrastrando a otros a otros, volviendo a girar visitas de cuando en cuando para perfeccionar lo ya indicado y fomentar nuevos adelantos.  

Cuando le eran presentadas composiciones para su aceptación, examinaba cuidadosamente la partitura, y más de una vez le oír entonar la melodía, leyéndola con absoluta facilidad a primera vista, mientras marcaba el compás con la mano y me exponía seguidamente su opinión sobre los méritos y el estilo de la música. 

 San Pío X celebra Misa con ocasión de sus Bodas de Oro sacerdotales

Las innumerables personas que le oyeron cantar Misa en San Pedro o entonar la bendición solemne en la Capilla Sixtina recordarán, sin duda, su voz suave y melodiosa.

Nota de la Redacción: Al igual que en la entrada anterior, el fragmento ofrecido está tomado de Merry del Val, R., El Papa San Pío X: memorias, trad. de Rosa María Topete, Buenos Aires, Ediciones Fundación San Pío X, 2006, pp. 75-79.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Un intercambio epistolar sobre la Instrucción de música sacra (1958) y el código de rúbricas (1960)

Queremos compartir con nuestros lectores un intercambio epistolar que tuvo lugar hace algunos años, cuando uno de los integrantes de nuestra Redacción colaboró a establecer un grupo estable para la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria en una ciudad española. Dicho intercambio comenzó con un correo electrónico enviado a los organizadores de ese grupo por el sacerdote que gentilmente se ofreció a celebrar y continuó con tres del integrante de nuestra Redacción. Creemos que el contenido de esa correspondencia puede ser de interés, pues refiere a la vigencia de la Instrucción de música sacra de 1958 y la participación de los fieles en la forma extraordinaria, especialmente a través del Confíteor que precede la comunión.

***

1. Correo de 11 de abril de 2011 del sacerdote que celebraba la Misa tradicional.

Con el motu proprio Rubricarum instructum, de 25 de julio de 1960, Juan XXIII aprobó las nuevas rúbricas del Misal y el Breviario romanos. En ese motu proprio se determina en el núm. 1: «Mandamos que todos los que siguen el rito romano observen, desde el 1 de enero del año 1961, el nuevo código de rúbricas del Breviario y del Misal romano, dividido en tres partes: Rubricae generales, Rubricae generales Breviarii Romani y Rubricae generales Missalis Romani (Rúbricas generales, Rúbricas generales del Breviario romano y Rúbricas generales del Misal romano), así como Calendarium Breviarii et Missalis romani (el Calendario del Breviario y Misal romano), que en breve promulgará la Sagrada Congregación de Ritos».


En el núm. 2 se precisa que: «El mismo día 1 de enero de 1961 dejan de tener vigencia las Rubricae generales del Breviario y del Misal romano, así como las Additiones et Variationes a las rúbricas del Breviario y del Misal romano conforme a la Bula Divino afflatu de nuestro Predecesor San Pío X, que ahora se encuentran al comienzo de esos libros litúrgicos. Del mismo modo cesa de tener vigencia el Decreto general de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la simplificación de las rúbricas, del 23 de marzo de 1955, que ha sido refundido en el nuevo texto de las rúbricas. Quedan abrogados también los decretos y respuestas a las dudas de la misma Sagrada Congregación, que no se compaginan con la nueva redacción de las rúbricas».

El núm. 272 de las Rubricæ generales Missalis Romani trata de la participación de los fieles en la santa Misa, pues «La Misa, por su misma naturaleza, reclama que todos los asistentes participen en ella, según el modo propio». Los distintos modos de participación deben organizarse de forma que se eviten abusos y se obtenga el verdadero fin de esa participación: «De tal manera conviene adaptar los distintos modos con que los fieles pueden participar activamente del sacrosanto sacrificio de la Misa, que se evite todo peligro de abuso y se obtenga el fin principal de esta participación, a saber, el culto de Dios y la edificación de los fieles».

De esta necesaria participación de los fieles y de las formas que puede revestir ya no tratan las rúbricas generales del Misal romano (salvo el motivo que se aduce en núm. 474), sino que el último párrafo de este núm. 272 remite expresamente al documento en que se desarrolla: «De esta activa participación de los fieles se trató en la Instrucción de Música y Sagrada Liturgia de la Sagrada Congregación de Ritos, del 3 de septiembre de 1958». Esta remisión a un documento previo, en el texto de las rúbricas generales del Misal romano, resulta especialmente significativo pues no se cita ningún otro documento.

Por tanto, a tenor del motu proprio Rubricarum instructum y de las rúbricas aprobadas por él, hay que decir que la Instrucción De Musica sacra et sacra Liturgia, de 3 de septiembre de 1958, no sólo no está abrogada, sino que es la pauta que hay que seguir en lo relativo a la participación de los fieles.

Como botón de muestra de que así se entendía en aquellos años, citaremos las palabras de Manuel Garrido Boñano OSB en su Curso de Liturgia Romana (BAC, Madrid, 1961). En esta obra del año 1961 figura, como Apéndice, además de la Instrucción de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la música y liturgia sagradas, de 1958 (pp. 628-652),  el “Texto latino íntegro del nuevo Código de rúbricas sagradas, promulgado por S.S. Juan XXIII” (pp. 657-747), precedido por unas “Notas, explicación y resumen del nuevo Código de rúbricas sagradas” (pp. 652-657). En estas Notas, bajo el epígrafe «Aspecto pastoral», el P. Garrido comentaba: «En realidad, el presente Código de rúbricas sagradas no afecta directamente al pueblo fiel, sino a los sacerdotes y demás personas habilitadas para la oración oficial y litúrgica de la Iglesia. Para la cuestión pastoral sigue en vigor la instrucción de la S.C. de Ritos de 3 de septiembre de 1958» (p. 656).

 Misa celebrada en la Forma Extraordinaria en una parroquia de los EE.UU.
Foto: Blog Southern Orders.

Además, hay que decir que, de hecho, en la mayoría de las Misas según la forma extraordinaria se da por supuesto que se acepta la Instrucción de 1958, pues se ajustan a lo prescrito en ella para las misas cantadas o para el acompañamiento de órgano en las misas rezadas y esas prescripciones no se mencionan en las rúbricas. Obviamente, si en algún punto las rúbricas generales de 1960 contradicen la instrucción de 1958, hay que seguir las rúbricas. Así, por ejemplo, la Instrucción de 1958 determinaba que el órgano o armonio debía callar «durante el Confiteor que precede a la comunión de los fieles», prescripción que resulta de imposible aplicación toda vez que las nuevas rúbricas han suprimido ese Confiteor: «Siempre que la Sagrada Comunión se distribuye dentro de la Misa, el celebrante, tomada la preciosa Sangre, omitidas la confesión y la absolución, dichas, sin embargo, Ecce Agnus Dei y tres veces Domine non sum dignus, procede de inmediato a repartir la Sagrada Eucaristía» (núm. 503).

Sentado el valor que sigue teniendo la Instrucción de septiembre de 1958, es fácil comprobar lo que allí se prescribe.

Con carácter general, para las misas rezadas se dice: «En las misas rezadas, todo el Pater noster, que es la antigua y apta oración para la Comunión, puede ser recitado por los fieles junto con el celebrante, pero tan solo en latín y añadiendo todos Amén» (núm. 32).

En cuanto a la participación de los fieles en las misas rezadas, la Instrucción distingue tres modos, de los cuales «el tercer modo y más perfecto es que los fieles respondan litúrgicamente al sacerdote, dialogando de algún modo con él, y diciendo con una voz clara las partes que les correspondan» (núm. 31). Dentro de este modo de «participación más completa», la Instrucción contempla cuatro grados: «a) El primer grado, cuando los fieles contestan al celebrante las respuestas litúrgicas más fáciles […]; b) El segundo es cuando, además, los fieles pronuncian las partes que según las rúbricas deben ser dichas por el ministro […]; c) El tercer grado es cuando los fieles recitan junto con el sacerdote las partes del ordinario de la misa: el Gloria in excelsis Deo, el Credo, el Sanctus-Benedictus, el Agnus Dei; d) Finalmente, el cuarto grado es cuando los fieles recitan junto con el sacerdote el propio de la misa: el Introito, el Gradual, el Ofertorio, la Comunión. Este último grado no puede cumplirse dignamente, según procede, sino con grupos selectos y más cultos, bien formados» (núm. 31).

 Misa Pontifical rezada en la catedral de San Patricio (Melbourne)

Visto el arco de posibilidades que nos ofrece la Iglesia, corresponde a los responsables de esta Misa determinar si el grupo actual de [...] se puede considerar un grupo selecto, culto y y bien formado… o todo lo contrario.

2. Comentarios efectuados el 13 de abril de 2011 por el integrante de nuestra Redacción.

He leído el informe precedente y me parece muy bueno y documentado. La cuarta forma de participación activa, aquella reservada a los grupos cultos, selectos y bien formados, se parece mucho al Novus Ordo, que permite que varias oraciones sean dichas por los fieles (lo que en general no ocurre). En las Misas a las que he asistido, la participación de los fieles se concreta en responder lo que les corresponde y recitar el Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei. La última forma sólo la he visto cuando D. [...] celebró la primera Misa que oí en [...], lo mismo que el rezo íntegro del Paternóster por los fieles. Dado las posibilidades que se pueden elegir, y sólo a título de opinión personal, creo que es mejor seguir el modelo que suele usarse por ahí: respuestas de los fieles y ciertas partes del ordinario. 

3. Comentarios efectuados el 23 de abril de 2011 por el integrante de nuestra Redacción.

 Trinità dei pellegrini (Roma)

Si me permitís, quiero contaros mi experiencia de Semana Santa en Roma. Podríamos decir que este correo es una suerte de experiencia pastoral, por si queréis usar algo de esto en [...]. 

A seis minutos a pie de donde estoy alojado se encuentra la iglesia de Trinidad de los peregrinos, la parroquia personal erigida por el Papa para la liturgia tradicional en la diócesis de Roma y encargada la Fraternidad de San Pedro. Voy a Misa allí y de lo que he podido ver puedo aportar dos ideas, que ahora pongo por escrito documentadas:

(a) Sobre la forma de celebrar, que era la pregunta que se hacía D. [...] en el informe que abrió este intercambio epistolar.  

En esta iglesia, la Misa rezada se celebra de la forma en que yo he visto generalmente por ahí y que era como sugería en mi comentario de 13 de abril, es decir, la participación de los fieles se concreta en responder lo que les corresponde y recitar el Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei. Del Paternóster los fieles sólo responden «Sed liberanos a malo», como viene dicho en las rúbricas. Pienso que es la mejor forma de celebrar, porque es el modo usual en que la Misa tradicional se celebra en otros lados. Eso permite que no se introduzcan elementos extraños, que hagan que la gente se desconcierte si va a Misa en otro sitio. Salvo, claro, que haya una previa explicación a los fieles sobre el sentido de la celebración por el que se opta. 

Además, el texto latino de la Instrucción de música sacra y sagrada liturgia difiere sobre el sentido en que se ha de entender la forma más perfecta de participación activa de los fieles (núm. 31, proemio). En traducción libre diría algo así: «El tercer método, que es la forma más plena de participación, es aquel en que los fieles responden litúrgicamente al sacerdote, como si dialogaran con él, y recitando con voz clara las partes que pertenecen propiamente a ellos». Creo que no es lo mismo decir «como si dialogaran» («quasi cum illo “dialogando”») que «dialogando de algún modo», que es la traducción que utiliza D. [...] (supongo que está tomada del libro del P. Manuel Garrido, que cita oportunamente). La clave no está en el gerundio, bastante más restringido en castellano, sino en la partícula «quasi», cuyo sentido denota comparación. Lo primero creo que indica correctamente lo que era el deseo del Papa Pío XII en la encíclica Mediator Dei, cuando explicaba el sentido que había de darse a la participación de los fieles en la liturgia, sin que terminaran invadiendo funciones ministeriales. Este tercer modo es el más semejante a la celebración de una Misa del Novus Ordo, pues significa que los fieles recitan el ordinario de la Misa junto al sacerdote. 



La Instrucción no incluye el Padrenuestro, sino que lo menciona en un número separado (núm. 32). Ahí se permite que, igual que en el Novus Ordo (OGMR 81), se rece íntegra y conjuntamente esta oración por parte de los fieles. Siempre he pensado que éste es uno de los puntos que debería cambiarse en la forma ordinaria, de forma que la invocación y las siete peticiones quedaran diferenciadas: la primera, en su carácter de ministro, correspondería exclusivamente al sacerdote, y las segundas a éste y la asamblea conjuntamente. Por lo mismo, me parece que es mejor rezar el Padrenuestro como se suele hacer por ahí y no sumar a los fieles a la plegaria. 

(b) Sobre el Confíteor antes de la comunión de los fieles.

Aquí, como en muchos otros lados, se reza el segundo Confíteor, con la particularidad que sólo lo dice el que ayuda en Misa o uno de ellos cuando son varios. Antes de levantar la forma consagrada y de decir «Ecce Agnus Dei...», bendice a los fieles.

En el Informe preparado por D. [...] se dice que el segundo Confíteor (en realidad, el tercero, porque al comienzo de la Misa se reza esta oración tanto por el sacerdote como por los fieles, con una pequeña variación en cuanto a la persona a la que se dirige) ha sido suprimido de acuerdo a lo prescrito por las rúbricas aprobadas por el motu proprio Rubricarum Instructum.

Como la cuestión no parece clara, dada que en muchos sitios se sigue diciendo esa oración antes de la comunión de los fieles, he revisado el texto del mentado motu proprio que contiene las nuevas rubricas. En él se menciona cinco veces la palabra Confíteor, a saber: (i) en dos ocasiones al referirse al Oficio Divino (núm. 147 y 263 c); (ii) al prescribir las oraciones que se dicen al pie del altar (núm. 424); (iii) al referir el tono de voz del sacerdote en determinados momentos de la ceremonia (núm. 513 a); y (iv) al indicar quiénes en el coro deben arrodillarse durante su rezo (núm. 520). La única referencia que hay al rezo del Confíteor y el Misereatur vestri seguido de la absolución no sacramental después de la comunión del sacerdote y antes del Ecce Agnus Dei en las rúbricas del Misal Romano de 1962, es el núm. 503 al que alude D. [...], donde se señala que el sacerdote reparte la comunión después de haber bebido la Preciosa Sangre de Cristo, "omitidas la confesión y la absolución". A su solo tenor debería entenderse que el Confíteor ha sido eliminado (como lo hacían los Cardenales Ottaviani y Bacci en el Breve examen crítico del Novus Ordo) y, por ende, en este punto quedarían derogadas las disposiciones sobre esta oración que se contienen en la Instrucción de música sacra y sagrada liturgia [núm. 29 d) y 31 b)]. Lo curioso es que en el Rituale Romanun de 1964 (idéntico en esto al de 1962), cuando se hace referencia a la forma de impartir la comunión fuera de la Misa, se prescribe expresamente que «el asistente se arrodilla al lado de la Epístola y dice el Confíteor en nombre del pueblo». En este punto no hay variación con ediciones anteriores del Rituale, que deberían haber cambiado si el propósito de la Santa Sede era que se eliminara el Confíteor antes de la comunión. ¿Tenemos que entender, entonces, que en las Misas con pueblo el Confíteor no se dice pero que, en la comunión fuera de la Misa, el que sirve en ella representa al pueblo ausente para el rezo de un Confíteor que debería estar prohibido? 

 Segundo Confiteor en una Misa solemne.

Sinceramente, creo que la cuestión no es tan clara como al aparecer se desprende de las rúbricas. Dilucidar este punto no es una cuestión tan sencilla, dado que el Código de Derecho Canónico de 1917 establecía que la derogación de una ley anterior debía ser expresa o bien que la posterior fuese directamente contraria (canon 22); y ante la duda sobre la derogación, habían de aplicarse ambas leyes en la medida que fueran conciliables (canon 23). Pues bien, el motu propio de Juan XXIII no menciona entre los textos derogados a la Instrucción sobre música sacra, como sí lo hace con otros (por ejemplo, el Decreto general de la Sagrada Congregación de los ritos sobre simplificación de rúbricas, de 1955) y, más aún, señala que ésa es la norma en la que se ha tratado en detalle la activa participación de los fieles durante la Misa (núm. 272). Tampoco parece ser que la mención en el núm. 503 fuera directamente abrogatoria, dado que se mantuvo la oración como parte del rito de la comunión fuera de la Misa y eso parece dar a entender que el espíritu del legislador no era la derogación (cfr. canon 18). Así lo demuestra también el hecho de que el propio Juan XXIII dijese que el nuevo cuerpo de rúbricas era una continuación de la reforma litúrgica iniciada por Pío XII, quien expresamente advertía sobre la necesidad de diferenciar y distanciar la comunión del sacerdote y de los fieles (cfr. encíclica Mediator Dei, núm. 148). A mayor abundamiento, la Instrucción General del Misal Romano menciona que los fieles deben prepararse para comulgar orando en silencio (núm. 84), función que cumple perfectamente el Confíteor. De ahí que lo que corresponda aplicar, a mi juicio, sea el canon 15 del código de 1917 y entender que, en la duda, la ley prohibitiva no obliga. 

En el libro Introibo ad altare Dei, un manual de liturgia tradicional editado en 2008, se dice que si bien el segundo Confíteor no se prevé más en el Ordo de la forma extraordinaria del rito romano, en algunos lugares se sigue manteniendo la costumbre de rezarlo (Cuneo. E./Di Sorco, D./Mameli, R., Introibo ad altare Dei. Il servizio all'altare nella Liturgia Romana tradizionale, Verona, Fede & Cultura, 2008, pp. 223-224). Pienso que cumple con los requisitos para ser considerada tal, incluso si fuera contra ley (canon 15 del código de 1917). Los autores citados no son de la misma opinión. 

Por esta razón, si queréis hacer la consulta a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei deberíais aprovechar de incluir la pregunta sobre el Confíteor, en especial dado que en la propia diócesis del Papa se reza y que el antiguo Prefecto para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, Mons. Jorge Cardenal Medina, lo rezaba en alguna Misa que le he oído. Me extraña que institutos religiosos donde sólo se siguen los libros tradicionales, como es el caso de la Fraternidad de San Pedro, de Cristo Rey Sumo Sacerdote y del Buen Pastor, se siga rezando una oración prohibida por las rúbricas en vigor, cuando son ellos los que mejor debieran conocer la forma correcta de celebrar.  

4. Comentarios efectuados el 16 de mayo de 2011 por el integrante de nuestra Redacción.

Monseñor Guido Pozzo confiere la ordenación sacerdotal a un candidato
de la FSSP en la iglesia Trinità dei pellegrini (2013). Foto: blog Catholicvs.

El sábado pasado, en el marco del III congreso sobre el motu proprio celebrado en el Angelicum, hablé personalmente con Monseñor Guido Pozzo, secretario de la Pontifica Comisión Ecclesia Dei, y le pregunté por la cuestión del segundo (o tercer) Confíteor y su supresión conforme a las instrucción sobre rubricas de 1960. En su oportunidad os expuse por escrito mis razones por las cuales no era una cuestión tan clara como lo es para D. [...] [Nota de la Redacción: véase el comentario precedente]. Abona especialmente esta conclusión el texto del misal de 1962, que no habla de la omisión a la que aludía la Instrucción de 1960 en su núm. 503. Monseñor Pozzo coincidió conmigo en que la intención de la Santa Sede nunca fue abrogar tal oración, sino simplemente dejarla como una devoción voluntaria ahí donde la costumbre no la hubiera suprimido (como de hecho ocurría). Pasa, pues, como el toque de la campanilla (núm. 150) y el tiempo durante el que los fieles deben permanecer arrodillados (núm. 43) en la forma ordinaria, que quedaron entregados a la costumbre del lugar. Ante la ausencia de una mención especial en el misal, señaló Monseñor Pozzo, donde se sigue utilizando tal oración comporta una costumbre digna de reconocimiento y promoción, dado que contribuye a aumentar la piedad de los fieles. En opinión del secretario de Ecclesia Dei, en suma, el Confíteor que precede a la comunión de los fieles nunca fue abrogado y, más todavía, él mismo lo utiliza en las Misas que celebra (estaba presente en la Misa pontifical celebrada en el Vaticano el día de ayer, y el pasado 5 de mayo celebró otra en Santa María la Mayor en la que también se rezó dicha oración). 

lunes, 12 de octubre de 2015

Asociación Litúrgica Magnificat en la Procesión de la Virgen del Carmen, Reina de Chile

La procesión de la Virgen del Carmen es una de las manifestaciones religiosas más antiguas de la Iglesia chilena y consiste en que cada último domingo de septiembre, miles de chilenos llegan hasta la Catedral de Santiago para acompañar a la imagen de Virgen del Carmen que sale en andas desde la Parroquia el Sagrario hacia la Plaza de Armas y hace en un recorrido por las calles del centro de la capital.


Esta procesión es una tradición que se remonta al año 1778, cuando se realizó desde la Alameda hasta la Plaza de Armas. En ese entonces, ella tenía lugar cada 16 de julio (Festividad de Nuestra Señora del Carmen en el calendario litúrgico) hasta que en 1818 se traslada al tercer domingo de octubre para conmemorar la promesa que realiza el general San Martín, en medio de la Batalla de Maipú cuando, viendo flaquear un ala del ejército, grita a la tropa, entusiasmado: "Nuestra Patrona, la Santísima Virgen del Carmen nos dará la victoria y aquí levantaremos la Iglesia prometida para conmemorar este triunfo" y que luego se concreta con el Voto de O´Higgins, merced al cual se colocó la primera piedra de la Iglesia Votiva de Maipú o Capilla de la Victoria. 

Coronación canónica de la imagen el 19 de diciembre de 1926 en el Parque Cousiño, 
por el Nuncio Apostólico de S.S. Pio XI. Mons.  Benedetto Aloissi Macella

Posteriormente, en 1971, los Obispos del país acordaron trasladar la procesión al último domingo de septiembre con la finalidad de adherir a las celebraciones del Mes de la Patria, declarando esa fecha como el "Día de Oración por Chile".



Nuestra Asociación, como en otros años, no quizo estar ausente de esta tradicional procesión que congrega a toda la Arquidiócesis de Santiago y que tuvo lugar el pasado domingo 27 de septiembre. A continuación les dejamos una selección de fotografías:






Nota de la Redacción: La información ha sido tomada del sitio de la Iglesia de Santiago y de aquel dedicado a la Virgen del Carmen. 

jueves, 8 de octubre de 2015

El solideo

La última prenda a la que nos referiremos  en esta primera serie sobre ornamentos sagrados suele estar asociada a obispos y cardenales, pero puede ser vestida igualmente por sacerdotes y abades. Se trata del solideo, un casquete de seda u otra tela ligera con ocho secciones, cubierto en su interior en piel para asegurar su sujeción, que usan los eclesiásticos para cubrirse la coronilla (antiguamente tonsurada) desde el siglo XIII, tanto dentro como fuera de las celebraciones litúrgicas. 


El papa Francisco en acción de gracias después de celebrar la Santa Misa


Existía también un solideo hispano, que era amplio y borlado, casi desconocido fuera de España y muy corriente en la Corona de Aragón. Este solideo era de hechura más amplia que aquel al que estamos acostumbrados y estaba rematado por una borla. Además, substituía convenientemente otros cubrecabezas, siendo habitual llevarlo fuera de casa y hasta con traje coral.


Sacerdote con manteo y solideo hispano

El nombre de este paramento proviene del latín soli Deo, esto es, sólo ante Dios, aludiendo a que los sacerdotes se lo quitan únicamente ante el sagrario, en presencia de Cristo sacramentado, y durante la Santa Misa desde el Prefacio hasta después de la Comunión (aunque en ella sólo pueden llevarlo quienes tengan un título prelaticio o un indulto apostólico). También suele ser costumbre que los obispos y cardenales se quiten el solideo en presencia del Papa como símbolo de respeto, en un gesto similar al que se quita el sombrero al saludar a otra persona.

Benedicto XVI se quita su solideo para saludar el papa Francisco

El solideo simboliza la protección de Dios y la dedicación a solo Dios, y su color varía dependiendo de quien lo vista: el blanco se reserva para el Papa (también para el Papa emérito), los premonstratenses y el superior de los canónigos regulares de la Madre de Dios (abadía de Santa María de Lagrasse); el rojo para los cardenales; el púrpura para los obispos, y el negro para los sacerdotes. Hay también algunas combinaciones, como ocurre con los monseñores. En el caso de que se vista mitra o birreta, ellas cubren el solideo. 


 Foto:  Colección Philippi


Durante el pontificado del papa Francisco se ha vuelto a hacer recurrente una antigua costumbre entre los fieles, especialmente los que asisten a las audiencias de los miércoles, que consiste en sustituir el solideo que viste el pontífice por otro (incluso a veces más de uno) que lo sustituye. De ella también hay testimonio gráfico respecto de sus antecesores y su objeto no es otro que satisfacer la devoción de los fieles que demandan uno como recuerdo.





Otra costumbre refería al solideo papal ocurría tras la elección de un nuevo pontífice. Tras pasar a la Sala de las Lágrimas, donde el Papa electo debe revestirse con el hábito ahí preparado para impartir su primera bendición, el elegido reemplazaba su solideo rojo de cardenal y ponía sobre su cabeza el solideo blanco. Enseguida, imponía sobre la cabeza del secretario del cónclave el solideo rojo, símbolo de que lo recompensaba con el cardenalato. León XIII rompió con esta costumbre y se guardó el solideo rojo en el bolsillo, siendo imitado por sus sucesores. Sólo con San Juan XIII volvería a repetirse la costumbre (quizá por los pocos cardenales que había creado su antecesor) e impondría el solideo cardenalicio sobre la cabeza de Alberto di Lorio, quien fue incluido en la lista de cardenales creados en el consistorio de 15 de diciembre de 1958. Sus sucesores no volvieron a repetir la costumbre, hasta que el papa Francisco fue electo. La noche del 13 de marzo de 2013, el papa Francisco se quitó el solideo rojo de cardenal y lo puso sobre la cabeza del secretario del cónclave, el arzobispo Lorenzo Baldisseri. Durante el rezo del Ángelus del domingo 12 de enero de 2014, el Papa mencionó el nombre de Baldisserri entre los nombres de los nuevos cardenales que crearía en el próximo consistorio.


martes, 6 de octubre de 2015

El Congreso Sacra Liturgia 2015

Reproducimos para nuestros lectores con leves ediciones de la Redacción el reportaje publicado por el sitio Paix Liturgique sobre el Congreso Sacra Liturgia 2015, el que tuvo lugar del 1° al 4 de junio de este año en la ciudad de Nueva York. Las conferencias y testimonios dan cuenta una vez más que la Misa tradicional es esperanza entre las ruinas, no sólo para asegurar la restauración de la dignidad en las celebraciones litúrgicas y la renovación litúrgica, sino también para superar décadas de aplicación de una lamentable y nociva hermenéutica de la ruptura y volver así a la transmisión íntegra y sin deformaciones de la Fe Católica.


Especialmente poderoso es el testimonio de los jóvenes participantes, los que demuestran, como nos lo decía el Papa Benedicto XVI, que la Misa tradicional no es algo meramente para gente mayor nostálgica del pasado. Muy por el contrario, en todas las comunidades donde se celebra la Misa tradicional se advierte de inmediato el poderoso efecto de la Misa tradicional en los jóvenes, siendo clave en su perseverancia en la Fe y en el acrecentamiento y profundización de ésta.

Agradecemos especialmente a Paix Liturgique por la mención que hace del Congreso Summorum Pontificum que tuvo lugar este año en Santiago de Chile, a cuya organización contribuyó Magnificat. Sin duda el apoyo y la contribución activa de Paix Liturgique al Congreso en Santiago de Chile, especialmente mediante el envío de un representante, el Sr. Guillaume Ferluc, contribuyeron decisivamente al éxito de éste y nos animaron a repetir la experiencia en lo sucesivo, sobre todo cuando nuestra Asociación se apronta a celebrar su quincuagésimo aniversario. 

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Bajo el auspicio de Mons. Rey y la supervisión de Dom Alcuin Reid, ambos de la diócesis de Fréjus-Toulon en Francia, la conferencia Sacra Liturgia ha reunido durante cuatro días a más de 350 participantes, entre los cuales numerosos jóvenes, ya fuesen laicos (mujeres y hombres), seminaristas o sacerdotes. Cada tarde, después de las conferencias, muchas especializadas pero siempre claras, tenía lugar una celebración según una u otra forma del rito romano. Un enviado de Paix Liturgique asistió a estas jornadas dirigidas por el padre Richard Cipolla, cura párroco de Norwalk (Connecticut) y por Jennifer Donelson, profesor de música sacra en el seminario de New York, Brooklyn y Rockville Centre (Long Island). 



Cabe señalar, ya que una obra que se afianza adquiere otra dimensión, que se trataba del tercer coloquio de este tipo; en efecto, el primero se realizó entre el 20 y el 24 de junio de 2011 (coloquio Adoratio) en Roma, en la Universidad Salesiana, el segundo del 25 al 28 de junio de 2013 en Roma, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. El próximo está anunciado para julio de 2016, en Londres.

Entre las conferencias más notables, podemos citar la del padre Thomas Kocik sobre la actualidad de la reforma de la reforma, la del padre Christopher Smith sobre el rol de la formación litúrgica en la identidad católica o la del padre Cipolla, sobre la liturgia como fuente de la identidad sacerdotal. Cuando se publiquen las actas de la conferencia, quienes se interesan en los detalles de la liturgia podrán leer con provecho la serie de comentarios minuciosos sobre las reformas de la Semana Santa, del leccionario, del calendario litúrgico y de las colectas.

I. TRES MOMENTOS DE GRAN CARGA SIMBÓLICA

En una primera impresión, podemos decir que nos han marcado muy especialmente: el testimonio categórico del fundador de Juventutem Boston, Matthew Menendez, responsable de la instauración de la Misa tradicional en el campus de la universidad de Harvard; la Misa solemne según el misal de 1962, celebrada por el padre Sean Connolly, sacerdote recién ordenado por el cardenal Dolan en la arquidiócesis de New York; y el mensaje dirigido a los participantes por el cardenal Sarah, Prefecto del Culto Divino.

a) El mensaje del cardenal Sarah

La víspera del anuncio de su nombramiento para el Culto Divino, el cardenal Sarah había asistido en Roma a la presentación de las actas del coloquio Sacra Liturgia de 2013 (ver nuestro correo 52). Fue, pues, en primer lugar, un saludo amistoso el que envió a los participantes de Sacra Liturgia 2015, a su iniciador, Mons. Rey (quien debió quedarse en Francia) y al cardenal Burke, que pronunció la conferencia inaugural de los trabajos. Pero la extensión de su carta –tres páginas– indica que más que un saludo, el cardenal Sarah ha deseado comunicar un mensaje a los sacerdotes y laicos reunidos en New York:

- para subrayar, ante todo, la importancia que reviste en nuestros días «el apostolado al servicio de la promoción de la santa liturgia» e invitar a cada uno «a hacer todo lo posible para reinstalar la santa liturgia en el centro de la relación entre Dios y el hombre»;

- para pedir a los participantes que lo secundaran en la continuación de la renovación litúrgica permitida por Benedicto XVI, a fin de poder, como el padre de familia del Evangelio según San Mateo, sacar del tesoro de la tradición litúrgica de la Iglesia tanto cosas nuevas como antiguas, nova et vetera;

- finalmente, para sugerir dos pistas de trabajo: en primer lugar, tener siempre en mente que la santa liturgia –a la vez, culto a Dios Todopoderoso que nos ha sido legado por la tradición y lugar de encuentro entre la humanidad y Dios viviente y actuante en su Iglesia– debe ser celebrada con fidelidad, reverencia y temor de Dios, y, en segundo lugar, consagrarse activamente a la promoción de una sana formación litúrgica, recordando el llamado lanzado por el para Francisco, el 18 de febrero de 2014, «con miras a una iniciación y una formación litúrgicas sólidas y orgánicas, tanto de los fieles laicos como del clero y de las personas consagradas» porque «todavía queda mucho por hacer, para una asimilación correcta y completa de la constitución sobre la Liturgia por parte de los bautizados y de las comunidades eclesiales».



Internet mediante, un pasaje de esta carta ha dado de inmediato la vuelta al mundo: es decir, que el elegir al cardenal Sarah, el papa Francisco optaba por la paz, la continuidad y la competencia, tal como escribíamos en nuestra correo 52. En efecto, el día en que el papa Francisco pidió al cardenal Sarah que aceptara ser el nuevo Prefecto del Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos, éste le solicitó que le precisara lo que esperaba de él, y el Papa le respondió: «Quiero que continúe con la aplicación de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II y que prosiga el buen trabajo litúrgico comenzado bajo Benedicto XVI».

b) La Misa del padre Connolly

El padre Sean Connolly, joven sacerdote de la diócesis de New York, ha sido ordenado sacerdote el 23 de mayo de 2015 junto con otros nueve seminaristas diocesanos y dos franciscanos de la Renovación (los franciscanos del Bronx) por el cardenal arzobispo de Nueva York, en la catedral de San Patricio. En la pausa para el café del 2 de junio hemos tenido la oportunidad de conocerlo y de enterarnos de que iba a celebrar esa misma tarde la primera misa de la conferencia, una Misa solemne según la forma extraordinaria del rito romano. La confianza depositada en un sacerdote recién ordenando en semejante conferencia refleja el estado de espíritu predominante en las jornadas de Sacra Liturgia en New York: ¡espacio para los jóvenes y los no graduados con tal de que manifiesten auténtica y plenamente su amor por la santa liturgia!



Y el sacerdote Connolly, que en el plazo de diez días, ya había oficiado varias veces la Misa tradicional, ha celebrado con gran solemnidad y profunda unción. En Nueva York, una diócesis cuyo titular, el cardenal Dolan, no tiene particular inclinación por la forma extraordinaria (hace poco, la única parroquia Summorum Pontificum de Manhattan estuvo a punto de ser suprimida), un joven sacerdote deseoso de vivir su vida sacerdotal in utroque usu (siguiendo ambas formas del rito romano) puede manifestarlo sin arriesgarse a ser rechazado por el seminario como sucede en algunas archidiócesis de capitales europeas.

Esta ausencia de prejuicios ideológicos de otra época fue confirmada también por la significativa cantidad de seminaristas diocesanos que han participado en los trabajos de Sacra Liturgia 2015: ¡casi sesenta!

c) El testimonio del fundador de Juventutem en Harvard

Matthew Menendez, fundador de Juventutem Boston, tomó la palabra a continuación del arzobispo de San Francisco, Mons. Salvatore Cordileone, muy esperado y aplaudido, dado que es el símbolo de la resistencia del catolicismo norteamericano contra la secularización y la ofensiva LGBT. Mons. Cordileone concluyó diciendo que más que palabras «necesitamos testigos».

Y realmente, Matthew Menedez ha revelado ser un testigo convencido y convincente. Al hablar sobre «Los jóvenes y la liturgia», Matthew Menedez, de 24 años, ha ofrecido un testimonio impactante. A través del relato, lleno de humor, de su lucha para obtener la celebración de la forma extraordinaria del rito romano en Harvard, ha planteado la cuestión de las razones que llevan a tantos norteamericanos a abandonar la práctica dominical cuando no directamente la Fe católica al salir de la adolescencia (1). Según él, la explicación radica esencialmente en el hecho de que la relación de los jóvenes norteamericanos con la Fe se reduce a la Misa: «Los jóvenes norteamericanos son como los obispos alemanes: ¡su única hora de catolicismo, es la Misa dominical!», se ha atrevido a decir, desencadenando la hilaridad de la sala.



Por lo tanto, la calidad de las celebraciones del domingo reviste una importancia fundamental para la perseverancia y la fortificación de la Fe de los jóvenes. Ahora bien, según Matthew Menendez, la reforma litúrgica ha tenido tres efectos particularmente nefastos para la apreciación y la comprensión de la Misa por los jóvenes, en especial, los varones: el sentimentalismo, la infantilización y la feminización. Y, ante la ausencia de verdadera comprensión de la Eucaristía, los jóvenes sólo ven en la Misa un espectáculo que, al acercarse a la edad adulta, acaba por dejar de rivalizar con los que el mundo profano puede ofrecer.

Sin embargo, la solución existe porque «un sacerdote puede marcar la diferencia». Para Matthew Menendez, ese sacerdote fue el que lo ha formado en la comprensión y el amor de la liturgia: «La historia de mi Fe, resumió de modo magistral, es la del crecimiento de mi comprensión de la Eucaristía gracias a que he sido monaguillo.». Y, más tarde, la del descubrimiento de la Misa tradicional. Testimonio de una trayectoria que se parece a la de muchos jóvenes en el mundo, quienes, se puede decir, han sido salvados por la Misa tradicional.

Todas las observaciones de este joven con las ideas bien claras merecerían transcribirse, en especial las relativas a las tensas reuniones con las autoridades diocesanas –«si la forma extraordinaria existe en Harvard es porque hemos debido organizar todo sin, e incluso contra, la jerarquía eclesiástica»– o el relato de su batalla victoriosa contra un proyecto de misa satánica en el campus de la universidad. Pero, más allá de la descripción de este pequeño milagro de la instauración de la liturgia tradicional en el centro de la fábrica de élites, en general, liberales (en el sentido norteamericano, entiéndase «izquierdistas») de Estados Unidos, Matthew Menendez ha querido sobre todo comunicar un mensaje a las generaciones que han precedido a la suya y, en particular, a las que, desde los años 60, han modelado e impuesto una cultura «joven» privada de toda trascendencia y tendiente a inhibir el sentido y el gusto de lo sacro en la juventud, cuando en realidad, su deseo de trascendencia sólo pide ser despertado y satisfecho.



Tampoco ha escondido la brecha que separa a las nuevas generaciones Summorum Pontificum de las «viejas» generaciones tradicionalistas. Mientras que los más antiguos le parecen marcados muchas veces, y no sin razón, subraya, por el trauma de los años durante los cuales la Misa tradicional era a duras penas concedida sino prohibida, y tentados, en algunos casos, de guardarla para ellos –incluso, inconscientemente, sin aceptar, por ejemplo, que pueda ser celebrada en un altar o con ornamentos modernos, o por un sacerdote que acaba de descubrirla y no domina aún perfectamente todas las rúbricas– él observa que su generación, que ha crecido con el motu proprio de Benedicto XVI, ve la forma extraordinaria no sólo como un estado de hecho y una increíble posibilidad que se le ofrece de vivir plenamente y con mayor perfección su Fe católica, sino también como un tesoro que tiene el deber de compartir. No obstante, como los antiguos, debe batallar seriamente. Resumiendo en una fórmula shock que el auditorio en pleno ha aplaudido a rabiar –tanto los menos jóvenes como los más jóvenes– «¡ustedes han tenido el trauma, nosotros tenemos Internet».

II. LAS REFLEXIONES DE PAIX LITURGIQUE

1) Matrimonio homosexual, teoría de género, ofensiva del gobierno de Obama contra la educación católica, competencia religiosa, etc.: frente a las amenazas y desafíos que enfrenta la Iglesia católica en Estados Unidos, los participantes de Sacra Liturgia 2015 comparten la convicción de que el núcleo de la reconquista católica es espiritual y litúrgico: el redescubrimiento del espíritu de la liturgia es, por tanto, indispensable.

2) Redescubrir el espíritu de la liturgia significa, según los laicos y el clero presentes en Nueva York, apoyarse en la roca de la forma extraordinaria del rito romano para reorientar, en sentido literal, la forma ordinaria (volverla hacia el Oriente de donde debe surgir el Señor cuya vuelta esperamos y preparamos). Si la divisa de Sacra Liturgia es culmen et fons vitæ et missionis Ecclesiæ [la liturgia cumbre y fuente de la vida y de la misión de la Iglesia], se podría agregar, para Sacra Liturgia EEUU: in utroque usu, en ambas formas del rito romano,sobre todo cuando coexisten en el seno de las mismas comunidades, de las mismas parroquias, de los mismos lugares de culto. Ningún espíritu de capilla, y menos aún de ghetto, entre los católicos norteamericanos empeñados en proseguir la difusión de la forma tradicional y la reforma de la reforma que la acompaña y sostiene, todo esto como prolongación del impulso que había o hubiera querido dar Benedicto XVI a un renacimiento litúrgico.



3) Finalmente, ¿cómo no subrayar el lugar preponderante de la juventud y del clero diocesano en el éxito de esta conferencia? Lejos de ser una moda pasajera, la atracción de los jóvenes por una liturgia más digna y solemne no se desmiente, como lo había constatado perfectamente Benedicto XVI en la carta a los obispos que acompañaba el motu proprio Summorum Pontificum: «Se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía».



4) En Europa, se oye decir que «la misa ya no es la cuestión», que la prioridad está en otra parte: para algunos, la pastoral, para otros, la vida religiosa, para otros aún, el compromiso de los cristianos en la política, etcétera. La respuesta que viene de Nueva York, y también de Singapur, de Gabón o de Chile (2) es que la misa está siempre en el centro de LA cuestión y por lo tanto, de LA respuesta. Sin caer en el sobrenaturalismo, porque la Fe y los sacramentos sin las obras son estériles, la misa constituye, en efecto, LA RESPUESTA MÁS EFICAZ Y MÁS UNIVERSAL que los católicos pueden aportar a la crisis del mundo moderno, en la medida en que resume a la perfección el ideal de cristiandad que la Iglesia persigue.

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(1) El instituto Pew Research ha consagrado una investigación a los ex católicos norteamericanos, y su conclusión ha sido que un norteamericano cada 10 es un ex católico. 

(2) Por primera vez, ha tenido lugar en Chile un coloquio Summorum Pontificum del 21 al 23 de julio últimos. El cardenal Medina Estévez, ex prefecto del Culto Divino, pronunció la alocución inaugural.