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sábado, 29 de agosto de 2020

Una reciente Misa solemne en rito carmelita

Casi coincidiendo con la reciente Misa solemne celebrada según el rito lionés, el pasado domingo 19 de julio se celebró una Misa solemne conforme al rito carmelita en el Santuario Nacional de Nuestra Señora del Monte Carmelo, donde funciona la casa madre de la orden en Estados Unidos. La Misa fue el resultado de más de un año de investigación y colaboración, realizada con el permiso del R. P. Mario Esposito, OCarm, Prior Provincial de los Frailes Carmelitas de la Provincia de San Elías, como una actividad oficial del Año Vocacional. Para celebrarla adecuadamente, se consultó una cantidad de textos litúrgicos bajo la dirección del celebrante, el R.P. Lucian Beltzner, OCarm, quien celebró la Misa en su juventud. La investigación y el subsidio litúrgico fueron posibles gracias a la comunidad Laudate Omnes de San José, en Troy (Nueva York), la parroquia en que el R.P. Lucian Beltzner celebra corrientemente el rito tradicional carmelita. El R.P. Dpnald Kloster, de la diócesis de Bridgeport, ofició de diácono, y Mr. James Griffin lo hizo de subdiácono, habiendo también diseñado el folleto para esta Misa, que se puede consultar aquí.

Les ofrecemos a continuación una galería fotográfica de la Misa, donde se evidencia los aspectos en que el rito carmelita presenta diferencias con el rito romano. Sobre esas diferencias tratamos en una entrada anterior. Cumple destacar algunas particularidades rituales notables, que son típicas de los usos medievales de la Santa Misa latina: los acólitos visten albas completas y se paran frente al altar con el clero; cuando el sacerdote lee del Introito, el diácono y el subdiácono se situán a su lado, y no detrás; el subdiácono lleva el cáliz al altar mientras se canta el Gradual; como no hay maestro de ceremonias, en el Ofertorio es el subdiácono quien quita el Misal y lo devuelve a su lugar, y luego lava las manos del sacerdote, mientras el diácono continúa con la incensación. El resto de la Misa es esencialmente muy similar al rito romano tradicional.

Antes de la Misa se realizó una procesión, que incluyó una reliquia mayor, la mandíbula de San Simón Stock (1165-1265), a quien le fue dado el escapulario de la Virgen del Carmen, con el fin de llevar las reliquias de santos carmelitas a su lugar en el altar mayor.

Después de la procesión se cantó la letanía carmelita de los Santos. La Misa comenzó con el responsorio Veni Sancte Spiritus, seguido por el Asperges.

Oraciones carmelitas al pie del altar. El Confiteor carmelita invoca especialmente al profeta Elías, y es similar al dominicano.

Incensación del altar.


El celebrante lee los textos desde el Misal en la sede, mientras el subdiácono canta la Epístola.


Después de cantada la Epístola, se prepara el cáliz en la sede, sobre un corporal extendido encima de la falda del celebrante.

Imposición del incienso antes del Evangelio.


 
El diácono canta el Evangelio.

En esta Misa, la homilía fue pronunciada por el R.P. Nicholas Blackwell, OCarm.

Comienzo del Credo. Esta posición de los ministros en forma de cruz es la posición normal, a la cual vuelven constantemente durante la Misa.

Como en la mayoría de los usos medievales del rito romano, el celebrante extiende sus brazos en forma de cruz al Unde et memores.

Ecce Agnus Dei.

Distribución de la comunión.

Antes de la bendición final.

Ultimo Evangelio.

Los ministros litúrgicos y los carmelitas que asistieron en el coro.

Nota de la Redacción: Las fotografías y las descripciones han sido tomadas de la entrada publicada en New Liturgical Movement, con algunas adaptaciones de la redacción. Dicho sitio había publicado un poco antes una entrada con dos videos de la misma Misa aquí referida, donde se explica las diferencias que presenta el rito carmelita con el rito romano. También en Ceremonia y Rúrbica de la Iglesia española es posible encontrar videos sobre el desarrollo del rito carmelita y otros materiales. Finalmente, remitimos a la entrada publicada en esta bitácora sobre ese tema. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

La vida eremítica tradicional

Un ermitaño, eremita o anacoreta es una persona que elige profesar una vida solitaria y ascética, sin contacto permanente con la sociedad. El término procede del latín eremīta, que a su vez deriva del griego ἐρημίτης o de ἔρημος, que significa «del desierto». En sentido amplio, la expresión se extendió para significar a todo aquél que vive en soledad, apartado de los vínculos sociales, sirviéndose de la metáfora de la huida al desierto, lugar donde Cristo pasó cuarenta días de ayuno y oración como preparación de su vida pública. Esta forma de vida puede ser vivida de manera individual o colectiva. La primera es la seguida por los que propiamente revisten el carácter de ermitaños o anacoretas, los cuales deben reconocidos por el ordinario respectivo y dependen de él. Su situación es distinta de las órdenes monásticas eremíticas, que si bien se apartan del mundo para dedicarse a la oración y a la penitencia al igual que los ermitaños o anacoretas, hacen vida común en fraternidad, observan una regla de vida o estatutos y viven bajo la obediencia de un Superior. Ellas son, por tanto, institutos de vida consagrada. 

 Retrato de San Pablo Ermitaño (llamado también San Pablo el Egipcio), por José de Ribera (1640, El Prado)

En el cristianismo, la vida eremítica tiene por finalidad alcanzar una relación con Dios que se considera más perfecta. La vida del ermitaño está por lo general caracterizada por el ascetismo, la penitencia, el alejamiento del mundo urbano y la ruptura con las preferencias de éste, el silencio, la oración, el trabajo y, en ocasiones, la itinerancia. Se estima que el eremitismo nació hacia fines del siglo III o principios del siglo IV,​ particularmente tras la paz constantiniana (313), cuando los llamados «Padres del Desierto» abandonaron las ciudades del Imperio romano y zonas aledañas para ir a vivir en aislamiento y en el rigor de los desiertos de Siria y Egipto, especialmente en el desierto de la Tebaida. Una forma particular de esta vida eremítica fue la vivida por los estilitas, nombre con el que se conoce a aquellos monjes solitarios que vivían en el Medio Oriente a partir del siglo V y tenían la particularidad de transcurrir su vida de oración y penitencia sobre una plataforma colocada en la cima de una columna (de ahí su nombre: de stylos, columna en griego) permaneciendo allí durante muchos años e incluso hasta la muerte. Esta especie de monacato era especialmente practicado en el Oriente cristiano, sobre todo en las cercanías de Antioquía y en Siria. En la iglesia griega se mantuvo hasta después del cisma (1050) y entre los rusos hasta el siglo XV. Su institución se atribuye a Simón el Estilita (390-459). 

Durante el siglo XI se fundaron dos órdenes de vida eremítica. La primera es la Orden de la Camáldula, fundada por San Romulado en torno a los años 1024 y 1025, como una reforma que buscaba la pureza de la Regla benedictina según la forma de vida eremítica. Por su parte, en 1084 San Bruno fundó la Orden de los Cartujos, cuyo lema es "Stat Crux dum volvitur orbis" ("La Cruz permanece estable mientras el mundo da vueltas"). Los cartujos se rigen por el Statuts, cuya última versión fue aprobada por el Capítulo general de 1987, siendo el fin último de cada uno de ellos la contemplación en una vida monástica de oración pura y continua. De ahí que la primera característica de un monje cartujo sea la búsqueda de Dios en la soledad, la cual supone tres niveles: (i) la separación del mundo, (ii) la guarda de la celda y (iii) la soledad interior o soledad del corazón. 

Durante la secularización que trajo consigo la Ilustración alemana del siglo XVIII, surgió en la primera mitad del siglo XIX una nueva fraternidad eremítica en la diócesis de Ratisbona, Alemania. Los miembros de la fraternidad vivían como terciarios de San Francisco de Asís, y se extendieron por zonas yermas de Alemania, Suiza y Austria.

 Ilustración que representa a un eremita (1811)

En el siglo XX, el eremitismo tomó diferentes formas. Algunos de los ermitaños más conocidos pertenecían a órdenes religiosas, aunque debían solicitar permiso para llevar una vida eremítica. Tales fueron los casos de María Boulding (benedictina, 1929-2009) o Thomas Merton (cisterciense, 1915-1968). Ha habido ermitaños que no pertenecen a ninguna orden religiosa, como la hermana Wendy Beckett (quien provenía de las Hermanas de Nuestra Señora de Namur) o Jan Tyranowski (1901-1947), un laico que desempeñó un papel central en la formación de San Juan Pablo II.

El beato Carlos de Foucauld (1858-1916) constituye un caso emblemático. Habiendo sido un militar de vida disipada y un explorador de Marruecos, se convirtió al catolicismo y vivió como monje trapense, primero en Francia y luego en Siria. Más tarde abandonó la Trapa para llevar una vida eremítica aún más exigente en el Sahara argelino, aunque su espiritualidad incluyó numerosos rasgos de servicio hacia los más abandonados. Su figura, simbolizada en la célebre Oración de abandono, constituye una renovación del eremitismo y de la llamada «espiritualidad del desierto» en pleno siglo XX.

 El Beato Carlos de Foucauld

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un renovado interés por la vida solitaria. Esto explica que, si bien de manera implícita, el Concilio Vaticano II se refiera a los eremitas en un texto referido a la vida en soledad (LG 43 y PC 1). Como fuere, en la Iglesia latina las disposiciones canónicas en torno a la vida eremítica son recientes. El Código de Derecho Canónico de 1983 sitúa el único canon sobre los eremitas dentro de la disciplina de la vida consagrada y sujeta su aprobación al obispo diocesano. Tal es lo que dispone el canon 603:

1. Además de los institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo.

2. Un ermitaño es reconocido por el derecho como entregado a Dios dentro de la vida consagrada, si profesa públicamente los tres consejos evangélicos, corroborados mediante voto u otro vínculo sagrado, en manos del Obispo diocesano, y sigue su forma propia de vida bajo la dirección de éste.

Retrato de San Jerónimo, por Francesco Bassano El Joven
(Imagen: Wikimedia Commons)

El lenguaje usado por el código recuerda el parágrafo sobre los contemplativos del Decreto Perfectae Caritates (1965) sobre la adecuada renovación de la vida religiosa (cfr. PC 7). La principal responsabilidad legal recae en el obispo diocesano, como pastor propio de la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiado. Hay muchas cuestiones importantes que varían de un país a otro y de una cultura a otra: la madurez y la salud físicas y psicológicas, la formación, el seguro médico, la financiación, el discernimiento, la dirección espiritual, la seguridad física y la disposición de las estructuras necesarias para el sostenimiento de esta vocación única. Con todo, el código no se refiere a otra posibilidad de ermitaños: los que, sin dejar de ser religiosos y bajo la dirección de sus superiores, viven una vida eremítica aparte de la comunidad, una práctica reconocida ya desde los tiempos de san Benito. Es el caso de María Boulding y Thomas Merton ante mencionado. Por su parte, la Iglesia oriental tiene su propia legislación en relación con los eremitas (cánones 481-485 CCEO). 

De igual forma, San Juan Pablo II alabó la vida eremítica como forma especial de consagración en la exhortación apostólica Vita consagrata (1996): "Es motivo de alegría y esperanza ver cómo hoy vuelve[n] a florecer […] los eremitas y las eremitas, pertenecientes a órdenes antiguas o a institutos nuevos o incluso dependientes directamente del obispo, quienes con su separación interior y exterior del mundo testimonian el carácter provisorio del tiempo presente […] Esta vida 'en el desierto' es una invitación para los demás y para la misma comunidad eclesial a no perder de vista la suprema vocación, que es la de estar siempre con el Señor [8]" (núm. 7).

El lugar de un eremita moderno puede estar en un sitio apartado o en la soledad de una ciudad moderna. Dada la novedad de la regulación sobre este estado de vida, y en especial debido al creciente interés por ella, la Iglesia tiene todavía mucho que aprender sobre esta vocación que el Espíritu ha revivido en su seno. 

Aunque la vida eremítica está menos difundido que en otros lugares (por ejemplo, en Alemania existen cerca de ochenta personas que viven este estilo de vida), también en Hispanoamérica existen hoy hombres y mujeres consagrados ermitaños según el canon 603 CIC. Un ejemplo reciente es Jerónimo Fernández, sacerdote diocesano de Córdoba, España, quien desde hace cuatro años vive como eremita, sin descuidar los encargos pastorales que su obispo le ha confiado (véase el reportaje que le dedicó Alfa y Omega). 

 El eremita español P. Jerónimo Fernández saluda al Cardenal Sarah durante una visita de éste a Córdoba
(Foto: Diócesis de Córdoba/Alfa y Omega)

Algunos de esos ermitaños modernos han adoptado la forma extraordinaria. Les ofrecemos a continuación un recuento de algunos de ellos (los dos primeros son propiamente eremitas, mientras que las siguientes tres fundaciones son comunidades de vida semieremítica). En una entrada posterior haremos referencia a las particularidades de la liturgia de los cartujos. 

1. El Santuario de Valdejimena (Salamanca, España)

Valdejimena
 es una localidad española del municipio de Horcajo Medianero, en la comarca de la Tierra de Alba, provincia de Salamanca, Comunidad autónoma de Castilla y León, España. Ahí se encuentra el Santuario de la Virgen de Valdejimena, el tercero desde los orígenes de esta devoción, y situado a 40 kms de la capital de la provincia. La actual eremita es de estilo barroco y comenzó a construirse en 1683, concluyéndose en 1698. Cada 4 de junio se realiza en ella una romería en honor de su patrona. 

Por siglos la ermita fue servida por ermitaños, hasta que a fines del siglo XX se asentó allí, una comunidad de vida activa. Aunque hicieron mucho, no era su carisma y acabaron marchándose. Para reemplazar a esta comunidad no se logró encontrar a ningún contemplativo dispuesto a vivir en estas austeras soledades. 

 Santuario de Valdejimena

En el Santuario de Valdejimena vive como ermitaño benedictino desde 2011 el padre Francisco, originario de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. En unión con el espíritu de los monjes de las otras abadías tradicionales y con el cumplimiento del espíritu tradicional que no se encuentra en otros monasterios, este sacerdote sigue la Regla de San Benito en medio de la sierra castellana. Celebra la Santa Misa tridentina todos los días a las 8.00 de la mañana y los festivos y domingos a las 11.30 horas en la capilla monástica con  los grupos que deseen participarTiene además una hospedería para los que deseen hacer retiros o que están en búsqueda interior. Mayor información puede ser obtenida en su bitácora, donde están asimismo los datos de contacto.  

2. La Ermita de Nuestra Señora del Huerto Cerrado (Warfhuizen, Países Bajos)

Esta ermita está ubicada en Warfhuizen, un pueblo en la provincia neerlandesa de Groninga, la más septentrional de dicho país. La ermita, que solía ser la iglesia reformada del pueblo (originalmente contruida en el siglo XIII, pero reemplazada en 1858 por una iglesia neoclásica) antes de ser adquirida por un grupo de católicos, fue fundada en 2001 y alberga al único ermitaño de los Países Bajos, el Hermano Hugo, quien hizo sus votos ante el obispo de Groninga-Leeuwarden, diócesis de la cual depende.  Pese a que siempre se ha mantenido la costumbre de que algunos miembros de órdenes religiosas pidan permiso a sus superiores para llevar una vida eremítica aparte de su comunidad, el último eremita neerlandés había muerto alrededor de 1930. 

 Iglesia de la ermita de Nuestra Señora del Huerto Cerrado de Warfhuizen

Reja que separa la sección del ermitaño de aquella destinada a los peregrinos

El nombre de la ermita deriva del tema pictórico de la Virgen del Huerto Cerrado (hortus conclusus), que representa a Nuestra Señora y al Divino Niño en un huerto florido cercado, normalmente de naturaleza paradisíaca, el que representa su Virginidad.  Como es típico en la antigua tradición eremítica neerlandesa (la que se manifestó con especial fuerza en Limburgo y Brabante Septentrional durante la Contrarreforma), la ermita es también un santuario con culto público, dedicado a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Madre Dolorosa de Warfhuizen, y a San Ludgero, y que atrae un gran número de peregrinos (la temporada de peregrinaje va desde aproximadamente mediados de abril hasta la fiesta patronal de Nuestra Señora de los Dolores, el 15 de septiembre), además de contar con una cofradía masculina y femenina. Debido a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, muchos de los peregrinos acuden al santuario a pedir por sus hijos, o por personas enfermas o accidentadas, o que han perdido el rumbo en sus vidas.

Martin Schongauer, Madona en el jardín de rosas (circa 1473)
(Imagen: Wikimedia Commons)

La imagen de Nuestra Señora fue colocada en 2003 y es obra del escultor español Miguel Bejarano Moreno, quien es muy conocido por las imágenes que ha tallado para la Semana Santa sevillana, lo cual atrae a muchos peregrinos españoles residentes en los Países Bajos. En torno al pañuelo que sostiene la imagen de Nuestra Señora para enjugar sus lágrimas se ha creado la tradición del trueque del pañuelo: una persona pide por intermedio del ermitaño el pañuelo a Nuestra Señora y lo cambia por uno nuevo; el pañuelo viejo es entregado a una persona enferma o anciana o a alguien que enfrente una dificultad o prueba, como por ejemplo un examen. La imagen cuenta además con varios mantos festivos, los que son cambiado a lo largo del año litúrgico; algunos evocan el origen andaluz de la imagen, mientras que otros la tradición de los santuarios neerlandeses de la Contrarreforma.

Nuestra Señora de Warfhuizen, con el manto de octubre
(Imagen: Wikimedia Commons)


La imagen con un célebre manto confeccionado por el diseñador local Ramiro Koeiman (2010)
(Foto: Wikimedia Commons)


En la ermita se reza naturalmente el oficio divino. Hasta 2009, el ermitaño observaba el oficio de San Benito, pero a partir de ese año decidió cambiar al oficio de San Juan Casiano (siglo V), el que se inspiró para sus horarios en las costumbre de los Padres del Desierto,  por lo que resulta especialmente apropiado para la vida eremítica. El oficio de San Juan Casiano se diferencia principalmente de aquel de San Benito en que, en lugar de los ocho oficios tradicionales, están previstas dos vigilias largas, una al comenzar y otra al terminar la noche, las que en Warfhuizen se cantan en latín en voz baja. Las otras horas canónicas no tienen un oficio con salmos, por lo que se rezan en silencio, por influencia de la espiritualidad del cristianismo oriental, mediante la Plegaria de Jesús

 Icono de San Juan Casiano
(Imagen: Wikimedia Commons)

En el santuario, además, se observan además muchas devociones orientadas a los peregrinos, como el rezo del Rosario y de numerosas letanías, y se realizan frecuentes procesiones. Desde 2009, el obispo de Groninga-Leeuwarden autorizó el culto eucarístico en el lugar, exponiéndose a diario el Santísimo. El santuario cuenta además con reliquias de San Antonio Abad y de San Gerlaco, ermitaño neerlandés del siglo XII, las que son objeto de gran veneración por los peregrinos.

3. Los Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (Brasil)

Durante el siglo XX, el carisma eremítico de franciscanos y carmelitas (ambas órdenes fundados en el siglo XIII) logró recuperarse y se formaron nuevas comunidades eremíticas bajo una renovada legislación canónica que las hacía posible. Uno de esos casos es el los Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (a quienes nos hemos referido ya en una entrada previa sobre carmelitas tradicionales), un instituto religioso de derecho diocesano surgido en 2002 en la diócesis de Bragança Paulista (Sao Paulo, Brasil). Su iniciador fue un ex-carmelita descalzo, quien en 2007 se integró al clero secular por no estar conforme con la adopción de la liturgia tradicional por parte de su comunidad. 

De esta manera, Fray Santiago de San José, actual Prior, se quedó solo y tuvo que volver a empezar. La Virgen Santísima lo auxilió y pronto llegaron vocaciones. En 2009, el instituto adoptó el tradicional Rito Carmelitano de la Misa, así como el Oficio propio y el Ritual carmelitanos.

 (Foto: Divinas Vocaciones)

Esta nueva fundación constituye una restauración del original carisma monástico del Carmelo tal y como era hasta finales del siglo XIII, antes de su incorporación a las Órdenes Mendicantes que tienen apostolado activo. Siguen el propósito de Santa Teresa de Jesús de vivir sin mitigaciones la Santa Regla primitiva de San Alberto de Jerusalén, siendo sus Constituciones aquellas mismas que redactó en el siglo XIX el Beato Francisco Palau para un Carmelo eremítico en España. Viven en soledad compartida en pequeñas ermitas entorno a un oratorio en el que se reúnen para la Santa Misa y el Oficio Divino. También disfrutan de las alegres recreaciones teresianas. Su liturgia está abierta a los fieles, dando magníficos frutos de apostolado entre la juventud y las familias. 

Junto a los Hermanos han nacido las Hermanas Ermitañas de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, con idéntico carisma y espíritu.

4. La Comunidad de los eremitas de la Virgen del Socorro (Minucciano, Italia). 

La Comunidad de los eremitas de la Virgen del Soccoro vive desde 1982 en el santuario mariano del cual toma el nombre, situado a dos kilómetros de Minucciano (Toscana), insertándose en una tradición eremítica que tiene su origen en las peregrinaciones provenientes de Garfagnana hacia fines del siglo XVI. La pequeña comunidad, presidida por el hermano anciano, está integrada por tres ermitaños, uno de los cuales es sacerdote. Tiene reconocimiento canónico de la Arquidiócesis de Lucca desde 1994 como asociación pública masculina no clerical.  A ella se encuentra adscrito un grupo de oblatos laicos. 

Fra Mario
(Foto: Romualdica)

La comunidad observa la Regla de San Benito, la que se vive conforme al Espíritu de los Eremitas Camaldulenses de Monte Corona. Esta última es una orden religiosa monacal de derecho pontificio fundada por Pablo Justiniani el 7 de mayo de 1529, separando el monasterio de Monte Corona, situado cerca de Perugia, de la Orden Camaldulense. Los eremitas de Monte Corona se dedican a la vida contemplativa, integrando elementos del cenobitismo con algunas características eremíticas. De esta manera, cada eremita vive en soledad en su propia ermita, con su capilla y su baño, totalmente separadas una de otra, y sólo sale de ella para vivir algunos momentos de vida comunitaria, como la oración, el trabajo y la recreación. A los monasterios se les llama yermos y se asemejan a pequeñas aldeas. El 10 de octubre de 1997 la Congregación de los eremitas de Monte Corona reconoció la filiación espiritual de la comunidad que habita en el Santuario de la Virgen del Socorro. 


Yermo de la Virgen del Socorro

Los eremitas de la Virgen del Socorro celebran la Santa Misa tradicional dos veces a la semana. Asimismo, en los retiros que predican para sus oblatos sólo se reza la Misa de siempre. 

Mayor información puede obtener en este folleto publicado por la Arquidiócesis de Lucca (en italiano). Además, el sitio italiano Romualdica ha dado cuenta de un hermoso libro de fotografías de Giovanni Nardini, dedicado a esta comunidad eremítica, publicado recientemente e intitulado L'Anima del monaco. Vita nell'Eremo de Minucciano (Pezzini Editore, Viareggio, 2017, 96 pp.).

5. Los benedictinos ermitaños de Cerdeña

En otra entrada hemos mencionado esta fundación benedictina de la isla italiana de Cerdeña. El sitio The Eponymous Flower informaba en 2012 sobre los inicios de un claustro de eremitas benedictinos en ese lugar. Once años antes, un grupo de personas había solicitado al obispo de Tempio-Ampurias que autorizase la celebración de la Santa Misa tradicional. El obispo no accedió sus requerimientos, pero pronto fue reemplazado por otro. Poco a poco, el grupo comenzó a recibir la asesoría espiritual de un sacerdote perteneciente a un instituto Ecclesia Dei, viviendo según la regla benedictina y participando de la liturgia de siempre. En 2012, la comunidad comenzó la construcción de su propio monasterio, como fue reportado por Messa in latino.  Sin embargo, fuera del correo electrónico que se entrega (eremitani@hotmail.it), no hay mayor información sobre el estado actual del monasterio o su ubicación exacta, ni tampoco sobre si han obtenido el reconocimiento canónico por parte de la diócesis.

 Bendición del terreno donde se levantaría el monasterio de los benedictinos ermitaños de Cerdeña
(Foto: Messa in latino)


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Actualización [11 de enero de 2018]: Infocatólica ha publicado una artículo sobre los camaldunenses de Herrera, situados cerca de Miranda del Ebro, España, donde se cuenta el resurgir que ha experimentado el eremitismo. Su comunidad, por ejemplo, tienen cuatro postulantes en espera, uno de los cuales es un joven de 21 años y que probablemente se incorporará a ella dentro de poco tiempo.  

Actualización [14 de mayo de 2018]: Rorate Caeli informa que S.E.R Ronald Gainer, Obispo de Harrisburg, Pennsylvania, ha bendecido una nueva comunidad religiosa. Se trata de los Eremitas de Nuestra Señora del Monte Carmelo, erigidos como asociación de fieles de derecho diocesano. La nueva fundación sigue la regla carmelita original escrita por San Alberto de Jerusalén en el siglo XIII. 

Actualización [23 de julio de 2018]: Acción litúrgica informa de los horarios de la Misa tradicional en el Santuario de Valdejimena (Salamanca, España): ella se dice todos los días a las 8.00 horas y los domingos y festivos a las 11.30 horas. 

jueves, 26 de octubre de 2017

Las fundaciones carmelitas tradicionales

En este artículo continuamos con nuestra serie sobre las órdenes y familias religiosas tradicionales, dedicándolo especialmente a las fundaciones de espiritualidad carmelita que preservan el rito de Jerusalén, o también llamado rito carmelitano. Para lo anterior, es conveniente explicar brevemente la historia de la Orden Carmelita hasta su reforma impulsada por Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, que dio origen en el siglo XVI a la Orden Carmelita “descalza” o reformada. Esta última adoptó el uso de los libros litúrgicos del rito romano codificados en el Concilio de Trento a diferencia de la Orden antigua que conservó el rito original. Posteriormente, trataremos en términos generales las peculiaridades del rito de Jerusalén o carmelita, que permaneció en uso general en las fundaciones carmelitas “calzadas” o no reformadas hasta la entrada en vigor del Misal romano de S.S. Pablo VI, el cual fue finalmente implementado a comienzos de la década de 1970.

Coro de monjes del Monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo

A raíz de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedicto XVI, que declaró la vigencia de los ritos tradicionales de la Iglesia, se ha dado un impulso a la preservación y difusión de esta clase de ritos de antiguo y venerable uso, asociados a una determinada familia religiosa. Así como el rito dominicano (que ya hemos tratado aquí, a propósito de la Fraternidad Sacerdotal San Vicente Ferrer), son cada vez más las fundaciones carmelitas que adoptan los libros litúrgicos propios de su carisma así como aquellas que preservan el rito romano tradicional, algunas de las cuales trataremos al final de esta entrada.

Historia de la Orden Carmelita

Los primeros padres carmelitas se establecieron como eremitas en el Monte Carmelo (Palestina) durante el período de las Cruzadas, venidos a Tierra Santa ya como peregrinos o como caballeros cruzados. Estos monjes adoptaron de particular manera un modelo de vida inspirado en la devoción a la Santísima Virgen María y la vida del profeta Elías, carisma que ha sido transmitido y preservado a las generaciones sucesivas. San Alberto, Patriarca de Jerusalén (1149-1214), por solicitud de San Brocardo, prior del monasterio del Monte Carmelo, redactó la Regla que regiría en lo sucesivo a esta orden contemplativa, estableciendo la forma de vida a través del cual los carmelitas buscan a Dios y la perfección en la vida cristiana. Este breve documento regula los elementos básicos que deben sostener la vida de estos monjes, destacando la estricta obediencia al prior del monasterio, oración individual y comunitaria, votos de obediencia y pobreza, así como un estricto régimen de ayuno y abstinencia. Esta regla fue posteriormente aprobada, sin mayores modificaciones, por los papas Honorio III en 1226 y Gregorio IX en 1229.


Pietro Novelli, La Santísima Virgen María junto a Santos Carmelitas

Con el paso del tiempo y, debido al establecimiento de la dominación musulmana en territorio palestino, la Orden Carmelita se encontró en medio de una feroz persecución, viéndose forzados a abandonar su ubicación original en el monte Carmelo. Hacia el año 1238 estos monjes se trasladaron primero a Chipre y Sicilia, para luego instalarse en el año 1242 en las localidades de Aylesford y Hulne, Inglaterra. A contar de esa fecha, el número de fundaciones y vocaciones a la vida carmelita presenta un desarrollo exponencial en toda Europa, y particularmente en la isla británica. Este incremento está particularmente vinculado al gobierno de San Simón Stock (1165-1265), a quien la Santísima Virgen otorgó el escapulario del Carmen y quien fuera elegido superior de la orden en 1245. Hacia el año 1274 existían más de cuarenta fundaciones entre Inglaterra y Francia, once en España, tres en Escocia, así como otros conventos en Italia y Alemania.


Visión del Escapulario, Santuario de Aylesford, Kent
(Imagen: Catholic Herald)

Debido a su nueva ubicación en Europa y las necesidades evangelizadoras de la Iglesia, nació en esta Orden la intención de renovar su estilo monacal para adaptarlo al de las órdenes mendicantes propias de la baja Edad Media, como la Orden de Santo Domingo y la Orden Franciscana. El Papa Inocencio IV, mediante la bula Quem honorem Conditoris (1274), modificó la Regla de la Orden. Por de pronto, las fundaciones ya no tendrían que estar necesariamente ubicadas en lugares aislados, permitió la recitación del Oficio Divino y relajó las reglas de abstinencia.

Durante los siglos XIV y XV, los Carmelitas, así como otras órdenes religiosas, experimentaron un declive, que hizo imperativa su reforma. En 1432, los Carmelitas obtuvieron del Papa Eugenio IV la bula Romani pontificis, que mitigó la Regla de San Alberto y su modificación de 1247, bajo el argumento de ser extremadamente exigente para los monjes. Los principales cambios corresponden al relajamiento del estricto ayuno impuesto por la regla original y la obligación de permanencia en sus celdas individuales, la autorización para comer carne hasta tres veces a la semana, y el permiso para deambular por los pasillos del claustro. Si bien esta reforma asimiló la Regla Carmelitana a la de otras órdenes mendicantes, constituyó una fuente de tensión al interior de la Orden. Para muchos religiosos significó una pérdida del espíritu y objetivo original de la misma. Fruto de estas tensiones, tres prioratos ubicados en Valais, Toscana y Mantua rechazaron la bula papal y conservaron la estricta observancia de la Regla original. Si bien el papa Eugenio IV reconoció a este capítulo de monasterios como independientes y con el derecho a conservar la observancia a la regla original, fue gracias a los esfuerzos reformadores del beato Juan Soreth (1394-1471), fundador de la Segunda y Tercera orden Carmelitana, que estos monasterios se reconciliarían y reintegrarían la orden original.


José de Ribera, Santa Teresa de Jesús

Sin duda, uno de los momentos más significativos en la historia de la Orden fue la labor reformadora llevada a cabo en España por Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y San Juan de la Cruz (1542-1591). Más que un carisma de reforma o de abandono del pasado, estos santos fundadores y doctores de la Iglesia, buscaron renovar el Carmelo mediante la primacía de su Regla y la vida mantenida por sus eremitas fundadores, entendiendo que un retorno a las primeras fuentes serviría como camino para ascender al Carmelo en la búsqueda de Dios, así como conseguir que esta la Orden se adaptara a los principios establecidos por el Concilio de Trento. En 1580, los Carmelitas Descalzos fueron creados como una provincia separada de la Orden Carmelita mediante el decreto “Pia consideratione” del Papa Gregorio XIII, pudiendo nombrar sus propios superiores y redactar sus propias constituciones. En consecuencia, desde entonces coexisten la Orden Carmelitana no reformada o “calzada”, junto con la Orden Carmelita descalza.

A diferencia de la Orden descalza que se inclinó por adoptar el Misal Romano una vez que este fue Promulgado por San Pío V, la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo conservó el Rito Carmelita hasta la Reforma Litúrgica introducida por el Concilio Vaticano II. En tal contexto, nos centraremos en las Fundaciones que siguen el modelo del Carmelo no reformado, ya que nos permiten ilustrar como el motu proprio Summorum Pontificum facilita la materialización del anhelo de S.S. Benedicto XVI de permitir la coexistencia de ritos al interior de la Iglesia latina, tal como siempre ocurrió en el pasado, en especial, si estos ritos están especialmente vinculados a la espiritualidad particular de una determinada familia religiosa.

El rito carmelita

El rito carmelita, también llamado de Jerusalén o del Santo Sepulcro, se encuentra íntimamente conectado a la influencia latina en territorio palestino durante el tiempo de las Cruzadas. En efecto, sus primeros registros se encuentran en el siglo XII, derivando de la familia galicana del rito romano, probablemente en razón de que una gran parte del clero que acompañó las Cruzadas era originario del reino franco. El lugar donde este se desarrolló como rito independiente también desempeñó un papel importante. Su vecindad con el monte de los Olivos, Betania, Belén, y por supuesto, Jerusalén permitía dar una natural vinculación a los acontecimientos del año litúrgico con los lugares en que estos precisamente ocurrieron y, en consecuencia, originar imponentes ceremonias.


Rito Carmelita

En términos generales, se podría describir el rito carmelita como uno ubicado entremedio de los ritos de la cartuja y el rito dominicano. Presenta en sus orígenes signos de gran antigüedad, como por ejemplo la ausencia de colores litúrgicos, el escaso uso de candelabros (uno durante la Misa rezada, ninguno durante la Misa solemne, usándose ceroferarios con antorchas en su lugar), un uso restringido del incienso, la ausencia de genuflexiones, entre otros. En cuanto a la celebración de la Santa Misa, ésta también presenta ciertas particularidades. Por ejemplo, el altar permanece cubierto hasta la Ante-misa, y se vuelve a recubrir inmediatamente antes de su término. En las fiestas, el Introito se entona tres veces, así como se lee una lectura profética adicionalmente a la Epístola y el Evangelio. El propio de los Santos también presenta importantes variaciones respecto al usado en el rito romano, conmemorando santos vinculados principalmente a Tierra Santa, como los primeros obispos de Jerusalén.

Los monasterios carmelitas tradicionales

1. El Monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo (Montañas Rocosas, Wyoming)

El monasterio de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo, ubicado en las cercanías del parque nacional de Yellowstone, Estados Unidos, corresponde a una comunidad monástica de estricta clausura fundada en el año 2003, cuyo objetivo es perpetuar este peculiar carisma, de acuerdo con las prescripciones establecidas por la regla carmelita primitiva y la observancia tradicional de los monasterios carmelitas masculinos. En esta búsqueda de la santidad a través del cumplimiento de la regla original, buscan vivir la espiritualidad en la forma que inspiró a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús para su reforma al Carmelo descalzo. Esto incluye la clausura monástica, dos horas diarias de oración contemplativa, estudio, lectura espiritual y trabajo manual, la celebración de la Liturgia y el rezo del Oficio Divino conforme al rito carmelita tradicional.


Monjes en terrenos del monasterio

El monasterio ha recibido un abundante número de vocaciones a la vida religiosa, en la cual el hermano lego santifica su vida a través del trabajo manual y la oración, y el sacerdote adicionalmente mediante la celebración de los Sacramentos, la predicación y la dirección espiritual. En la actualidad, se encuentra en plena construcción un nuevo e imponente monasterio en la diócesis de Cheyenne para acoger a esta comunidad.


Proyecto de nuevo monasterio carmelita en Wyoming
(Imagen: Carmelite Monks)

2. Los Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (Sao Paulo, Brasil)

Los Hermanos Ermitaños de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo son un Instituto Religioso de Derecho Diocesano nacido en el año 2002 en la diócesis de Bragança Paulista (Estado de Sao Paulo, Brasil) que adoptó el año 2009, merced de la promulgación del motu proprio Summorum Pontificum los libros litúrgicos propios del rito carmelita. Esta fundación constituye una restauración original del carisma carmelitano de acuerdo con su Regla original. Siguen, en este respecto, el propósito de Santa Teresa de Jesús de vivir íntegramente la regla de San Alberto, siendo sus constituciones las mismas que redactó en el siglo XIX el beato Francisco Palau para la formación de un Carmelo eremítico de España. Así, viven en soledad compartida en pequeñas ermitas alrededor de un oratorio en el que se reúnen para la Santa Misa y el rezo del Oficio Divino.


Monasterio de los Hermanos Ermitaños

Asimismo, junto a esta fundación existe el grupo de las Hermanas Ermitañas de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, que comparte el mismo carisma y espíritu.

3) El Carmelo de Jesús, María y José (Harrisburg, Estados Unidos). 

En 2000, un grupo de carmelitas descalzas se mudaron al convento de Elysburg, en Pennsylvania, desde su casa original en Valparaíso, Nebraska, fundando el Carmelo de Jesús, María y José. Pronto el nuevo lugar fue insuficiente y se les dio el permiso para hacerse cargo de otro convento carmelita en declinación, el Carmelo de San José y Santa Ana, en Filadelfia, al que también llegaron numerosas vocaciones. Habiendo superado la capacidad de ambas casas, como quiso Santa Teresa de Ávila, las monjas recibieron el permiso de S.E.R. Ronald Gainer, Obispo de Harrisburg, para volver a expandir sus actividades, esta vez levantando un nuevo carmelo desde sus cimientos. Así fue como nació el Carmelo de Fairfield, actualmente en construcción, pero ya funcionando, que cuenta con once religiosas profesas. 

Las monjas de claustro del Carmelo de Jesús, María y José se apartan del mundo y dedican el resto de sus vidas al silencio estricto, al trabajo arduo y a la oración en comunidad, vistiendo el hábito completo de la orden. Una vez que han profesado sus votos, sus rostros no pueden ser vistos en fotografías, hasta el día de su muerte. Su misión principal es orar y ofrecer oblación a la Iglesia y al mundo. 



La comunidad abandonó la liturgia reformada en 2000 y, desde entonces, ha experimentado un gran incremento de vocaciones y el espíritu de la comunidad ha sido de gozo y de crecimiento en la vida espiritual. Siguen asimismo el Oficio Divino conforme a los libros litúrgicos tradicionales de la Orden del Carmelo. 


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Actualización [3 de junio de 2019]: New Liturgical Movement ha publicado un breve reportaje sobre la procesión de la Fiesta de la Ascensión celebrada según el rito carmelitano en la Iglesia de Saint Joseph in Troy, en Nueva York. Dicha procesión consta de cuatro estaciones y existía una semejante para la Candelaria, el Domingo de Ramos y la Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora. 

Actualización [1° de septiembre de 2019]: Esta entrada ha sido revisada para incluir el Carmelo de Jesús, José y María, una fundación carmelita femenina que atrae numerosas vocaciones en Estados Unidos (véase, por ejemplo, el reportaje aparecido en Aciprensa y en LifeSiteNews).