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sábado, 4 de febrero de 2017

FIUV Position Paper 4: La orientación litúrgica

En una entrada anterior explicamos nuestro propósito de traducir los Position Papers sobre el misal de 1962 que desde hace algún tiempo viene preparando la Federación Internacional Una Voce, de la cual nuestra Asociación es capítulo chileno desde su creación en 1966. 

En esta ocasión les ofrecemos la traducción del Position Paper 4 y que versa sobre la orientación litúrgica, cuyo original en inglés puede consultarse aquí. Dicho texto fue preparado en el mes de abril de 2012. Para facilitar su lectura hemos agregado un título (Texto) para separar su contenido del resumen (Abstract) que lo precede, así como una numeración (a y b) donde se desarrollan las perspectivas histórica y teológica relacionada con la orientación litúrgica. Finalmente, como nota de la Redacción, se indican algunas entradas relacionadas con el tema abordado por este Position Paper y publicadas con anterioridad en esta bitácora. 


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La orientación litúrgica

Resumen

La celebración ad orientem (hacia el Oriente) es una muy visible diferencia entre la Forma Extraordinaria y la mayoría de las celebraciones en la Forma Ordinaria del Rito Romano. Las celebraciones versus populum era conocidas en los primeros siglos y posteriormente en algunas iglesias (notablemente en la Basílica de San Pedro en Roma), pero la celebración ad orientem era más común y, en cualquier caso, el valor de la práctica no puede ser determinada exclusivamente por la práctica antigua. Más bien, como el Papa Benedicto ha argumentado, la celebración ad orientem enfatiza tanto la naturaleza escatológica de la liturgia como la orientación común del sacerdote y los fieles hacia el Señor, por oposición a un excesivo enfoque de los fieles en el sacerdote (y viceversa). También enfatiza la naturaleza sacrificial de la Misa. De todas estas maneras es central al carácter y valor de la Forma Extraordinaria como un todo.

Los comentarios a este texto pueden enviarse a positio@fiuv.

 S.E. Revma. Mons. Mark Davies, obispo de Shrewsbury (Inglaterra), celebrando ad orientem (Forma Extraordinaria)

Texto

1. Para el espectador corriente, una de las diferencias más impactantes entre la forma extraordinaria y la ordinaria del rito romano es la celebración de esta última, casi siempre, con el sacerdote de cara al pueblo (versus populum), en tanto que la primera se celebra con el sacerdote enfrentando la misma dirección que el pueblo (ad orientem, versus apsidem). Muchos se sorprenden cuando se les informa que la celebración de la forma ordinaria puede legítimamente realizarse ad orientem y, además, que el cambio en cuestión, que ha tenido un efecto tan profundo en los edificios eclesiásticos y en la arquitectura católicos, no se menciona en la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium (1963). El propósito de este ensayo es hacer un balance del valor de la práctica tradicional .

2. Vale la pena tomar nota, brevemente, de la posición actual de las normas de la Iglesia en este punto, en cuanto se refieren a la forma ordinaria. Las sucesivas ediciones reformadas del misal romano presuponen una celebración ad orientem, e indican al celebrante darse vuelta para enfrentar al pueblo cuando ello es necesario, pero dicen también que “cada vez que sea posible es deseable” la existencia de un altar separado de la pared [1]. Cuando ello no es posible, debido a la necesidad de preservar altares existentes con valor histórico o artístico o a la estrechez del espacio, se hace inevitable la celebración ad orientem.  Cuando es posible, se puede celebrar en cualquiera de las dos orientaciones. No existe, por lo tanto, justificación para la destrucción de altares históricos, para la creación de altares secundarios [2] o para hacer imposible la celebración ad orientem [3].

3. El tema de la orientación litúrgica necesita considerarse doblemente desde una perspectiva histórica (a) y una teológica (b).

 Fresco con vista interior de la antigua Basílica de San Pedro en el S. IV
(Foto: Wikimedia Commons)

(a) La cuestión histórica

4. El importante estudio de Otto Nussbaum, que pretendió demostrar que la celebración versus populum fue la norma durante los cuatro primeros siglos de la Cristiandad, inclinó la prueba en favor de las celebraciones versus populum cada vez que los datos de la arqueología no las hicieran imposibles, argumentando que la celebración ad orientem enfatiza la naturaleza sacrificial de la Eucaristía, énfasis que es resultado de un desarrollo más tardío [4]. Contra este argumento puede decirse no sólo que el aspecto sacrificial de la Eucaristía es enfatizado por algunos testigos muy antiguos [5], sino que concebir la Eucaristía como una cena compartida no habría, de hecho, formado en la mente de los cristianos de los primeros siglos la idea de sentarse en lados opuestos de la mesa, sino que en ellos surgió, más bien, la representación de un conjunto de personas inclinándose hacia la misma dirección [6], tal como lo muestra el arte cristiano primitivo [7].

5. Es verdad que durante los cuatro primeros siglos se construyó algunas iglesias de tal modo que el celebrante miraba hacia la nave por encima del altar, y que se las orientó otras veces de tal modo que la puerta principal quedaba al oriente y el ábside en el occidente. No está muy claro cómo se actuó en tales casos. Si se recuerda la poderosa tradición de la oración hacia el Oriente, una posibilidad es que los fieles, para la anáfora, se dieran vuelta hacia el Oriente, dando la espalda al altar [8]. Otra es que ellos no se situaran en la nave central sino principalmente en las naves laterales, desde las cuales podían dar vuelta la cabeza desde el altar hacia el Oriente [9]. Una tercera posibilidad es que, en las iglesias con puertas situadas al oriente, el celebrante pudiera en muchos casos celebrar ad apsidem, orientado hacia un “Oriente litúrgico”, indicado por los espléndidos mosaicos del ábside [10]. La arqueología no sirve mucho de guía en este punto.

6. Resulta claro que el ejemplo de la basílica de San Pedro del Vaticano en Roma fue seguido en el diseño de muchas otras iglesias [11], pero la configuración arquitectónica de esa propia basílica estuvo determinado, en cada una de las etapas de su desarrollo, por la relación entre el altar y la Confessio, es decir, la tumba de San Pedro. Este muy especial problema de diseño fue resuelto poniendo las puertas de la basílica al oriente, con lo cual la celebración tenía que realizarse de cara a la nave. Se dio una situación similar en otras iglesias con santuarios importantes, especialmente en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén [12]. Por lo tanto, estos venerables ejemplos de diseño de templos no pueden servir de argumento para decidir cuál es la práctica cristiana más antigua, ni cuáles eran las actitudes de aquellos tiempos en materia de participación litúrgica.

7. Finalmente, se debe tomar en cuenta que la celebración versus populum en la disposición de las grandes basílicas romanas de los primeros siglos no tiene los significados pastorales o litúrgicos que en ella desearían encontrar a veces los partidarios de la celebración versus populum. En aquellos tiempos la distancia entre el altar y la mayor parte de los fieles y la antigua práctica de orar mirando hacia arriba constituían un obstáculo para la sensación de intimidad doméstica, el contacto visual o la visión clara de las ceremonias. De hecho, en los primeros siglos no se realizaban ceremonias en el altar durante la anáfora [13].

8. Aunque en los primeros tiempos se dio en verdad la celebración versus populum, ella constituyó una práctica minoritaria y no hay razón alguna para considerarla como una norma [14]. Tal como hemos dicho en el Position Paper 3, el papa Pío XII nos previene contra deseo de privilegiar las prácticas antiguas por sobre los desarrollos posteriores [15]. La clave del asunto reside en la racionalidad teológica de la práctica tradicional evolucionada. 

 El Siervo de Dios Pío XII celebrando la Santa Misa en su oratorio privado

(b) La cuestión teológica.

9. El culto de cara al oriente es un culto de cara al Señor, porque de acuerdo con la antigua tradición, el Señor se fue hacia el oriente y ha de regresar de nuevo desde el Oriente [16]. El sol levante tiene, por este motivo, un profundo simbolismo. Volverse al Oriente, por lo tanto, introduce en la liturgia un importante elemento escatológico: la espera del regreso del Señor. Y expresa también cuál es la dirección del viaje que el pueblo ha emprendido: es hacia el Señor [17]. Como el Cardenal Christoph Schönborn lo ha dicho, la celebración ad orientem manifiesta la actitud de adorar “obviam Sponso”, “de cara al Esposo” y, por ahí, “el encuentro con el Esposo, y una anticipación de la venida final de Cristo” [18].

10. Además del simbolismo del Oriente nos encontramos con el tema del sacerdote y los fieles orando en la misma dirección, es decir, de su unidad en la oración. Yuxtaponiendo las dos ideas, el Santo Padre [Benedicto XVI] escribe:

"Por un lado, un común volverse hacia el oriente durante la Plegaria Eucarística sigue siendo esencial. Esta no es una cuestión de accidentes, sino de substancias. Mirar al sacerdote no tiene ninguna importancia. Lo que importa es que todos juntos miren al Señor. No se trata de una cuestión de diálogo sino de culto en común, de ponerse en movimiento hacia el Uno que ha de venir. Lo que conviene a la realidad de lo que tiene lugar no es un círculo cerrado, sino un común movimiento hacia adelante expresado en una común orientación de la oración" [19].

11. Otra consideración que hay que hacer es el simbolismo del sacrificio: la comunidad reunida, que no es un círculo cerrado, se abre para ofrecer un sacrificio a Dios [20]. Según lo enfatiza particularmente la forma extraordinaria, el sacerdote ofrece el Sacrificio de la Misa al Padre, en tanto que los fieles se unen a ese Sacrificio. Como ha observado Klaus Gamber: "[l]a persona que hace la ofrenda está de frente al Uno que la recibe, y por eso está delante del altar, posicionado ad Dominum, de frente al Señor" [21].


El rechazo de la celebración ad orientem por los reformadores protestantes más próximos a la Low Church y su recuperación por los movimientos “pro-católicos” dentro del Anglicanismo es útil para subrayar su importancia simbólica [22].

12. En este sentido es esencial distinguir el ofrecimiento del Sacrificio que hace a Dios el sacerdote, mirando al oriente, y la ostensión que hace el Sacerdote de la Hostia Consagrada a los fieles (cuando proclama el Agnus Dei), como asimismo las oraciones sacerdotales a Dios, hechas de cara al oriente, y las veces que se dirige a los fieles (Dominus vobiscum). En estas últimas oportunidades, el sacerdote se da vuelta muy visiblemente hacia el pueblo, gesto que es posible sólo si ha estado de cara ad absidem. Este contraste es enfatizado por Max Thurian en un artículo publicado en Notitiae:

“Cualquiera sea la estructura arquitectónica del templo, estas dos actitudes complementarias deben ser respetadas […] A menudo la celebración entera es desarrollada como si fuera una conversación y diálogo en que ya no hay espacio alguno para la adoración, la contemplación y el silencio. El hecho de que los celebrantes y los fieles estén constantemente vueltos unos hacia otros encierra la liturgia en sí misma” [23].

13. El peligro de la celebración versus populum que se transforma en una “conversación”, en una interrelación excesiva y en un contacto visual entre el celebrante y los fieles, queda también enfatizado por el papa Benedicto XVI [24]. La celebración ad orientem evita subrayar la personalidad del sacerdote, y mantiene la característica esencial de la forma extraordinaria.

 S.E. Revma. Mons Edward James Slattery, obispo emérito de Tulsa (EE.UU.), celebrando conforme al Usus antiquior en Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington
(Foto: CNS/Catholic Herald)

Conclusión

14. El uso en la forma extraordinaria de la celebración ad orientem es la valiosa preservación de una práctica venerable que tiene una gran resonancia simbólica. Como la Instrucción Il Padre incomprensibile lo subraya, teniendo en vista la tradición oriental: “[n]o es una cuestión, como a menudo se piensa, de presidir la celebración con la espalda vuelta hacia el pueblo, sino de guiar al pueblo en la peregrinación hacia el Reino, que se invoca en la oración hasta el regreso del Señor. Esta práctica […] es, pues, de un profundo valor y debe ser protegida […]” [25].

15. Dejemos la última palabra al Cardenal Schönborn:

 “¡Cuán importantes son tales signos para la “encarnación” de la fe! La oración común de sacerdote y fieles ad orientem conecta esta “orientación” cósmica con la fe en la Resurrección de Cristo, el sol invictus, y con su Parousia en gloria”[26].



[1] Instrucción general del misal romano (2002), núm. 299: “Altare exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedi ubicumque possibile sit” (“Constrúyase el altar separado de la pared para que se pueda fácilmente caminar a su alrededor y celebrar de cara al pueblo –lo que es deseable cuando sea posible-”). “Quod” (“lo que”) se refiere, naturalmente, a la primera cláusula de la frase, no a la segunda, que le está subordinada. Véase Cullen, C. M./Koterski, J. W., “‘The New IGMR and Mass versus populum”, Homiletic and Pastoral Review, junio de 2001, pp. 51-54. Cfr. Instrucción Inter Oecumenici (1964): “Es mejor que se construya el altar mayor alejado de la pared para poder caminar fácilmente a su alrededor y celebrar de cara a pueblo” ("Praestat ut altare maius exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit") [AAS 56 (1967), p. 375]. En cambio, véase el Decreto de la Sagrada Congregación  de los Ritos Sanctissimam Eucharistiam (1957), núm. 4: “En las iglesias donde hay sólo un altar, éste no debe ser construido de modo tal que el sacerdote tenga que celebrar de cara al pueblo” (“In ecclesiis, ubi unicum extat altare, hoc nequit ita aedificari, ut sacerdos celebret versus populum”). El decreto se refiere a la posición del tabernáculo en relación con el altar.

[2] “Debe considerarse aquellos casos en que el presbiterio no permite la colocación del altar de cara al pueblo o en que no sería posible mantener el altar existente con su ornamentación intacta, y en que un altar colocado mirando hacia el pueblo pudiera ser tomado como el altar principal. En tales casos es más fiel a la naturaleza de la liturgia celebrar en el altar existente, de espaldas al pueblo, que tener dos altares en el mismo presbiterio. El principio de que haya un solo altar es teológicamente más importante que la práctica de celebrar de cara al pueblo” (Editorial de Notitiae 29 [1993], p. 249).

[3] No es poco común que las celebraciones de la forma extraordinaria exijan plataformas construidas especialmente para hacer posible la celebración ad orientem.

[4] Nussbaum, O., Der Standort des Liturgen (Bonn, Hanstein, 1965). Este libro es analizado por Lang, U. M., Turning towards the Lord: Orientation in Liturgical Prayer (San Francisco, Ignatius Press, 2004), pp 56-64 [hay traducción española: Volverse hacia el Señor, Madrid, Cristiandad, 2007].

[5] Especialmente en la Didaché y en la Primera Carta de Clemente.

[6] Ratzinger, J., The Spirit of Liturgy (San Francisco, Ignatius Press, 2000), p. 78.

[7] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 61.

[8] Esta hipótesis ha sido propuesta por Bouyer, L., Liturgy and Architecture (Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1967), pp. 55-56.

[9] Hipótesis de Gamber, K., Liturgie und Kirchenbau (Regensburg, Pustet, 1976), pp. 23-25.

[10] Hipótesis de Lang, Turning towards the Lord, cit., pp. 84-85.

[11] Especialmente las iglesias estacionales de Roma: Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., p. 77.

[12] Véase Nichols, A., Looking at the Liturgy: a critical view of its contemporary form (San Francisco, Ignatius Press, 1996), p. 94.

[13] Bouyer, Liturgy and Architecture, cit., pp. 60-70.

[14] Para un análisis de las pruebas, véase Moreton, M. J., “Eis anatolas blepsete: Orientation as a Liturgical Principle”, Studia Patristica 18 (1982), pp. 575-590.

[15] Pío XII, Encíclica Mediator Dei (1947), núm. 61: “Ciertamente la liturgia de los primeros siglos es digna de toda veneración. Pero los usos antiguos no deben ser considerados más convenientes y adecuados, ya sea por derecho propio o por su significación, para los nuevos tiempos y situaciones sólo sobre la base de que conllevan un sabor y aroma de antigüedad. Los ritos litúrgicos más recientes merecen reverencia y respeto. Ellos también han sido inspirados por el Espíritu Santo, que asiste a la Iglesia en todas las épocas, hasta la consumación del mundo, y son igualmente recursos que usa la ínclita Esposa de Jesucristo para promover y procurar la santidad del hombre” ("Haec eadem iudicandi ratio tenenda est, cum de conatibus agitur, quibus nonnulli enituntur quoslibet antiquos ritus ac caerimonias in usum evocare. Utique vetustae aetatis Liturgia veneratione procul dubio digna est; veruntamen vetus usus, non idcirco dumtaxat quod antiquitatem sapit ac redolet, aptior ac melio existimandus est vel in semet ipso, vel ad consequentia tempora novasque rerum condiciones quod attinet. Recentiores etiam liturgici ritus reverentia observantiaque digni sunt, quoniam Spiritus Sancti afflatu, qui novis tempore Ecclesiae adest ad consummationem usque saeculorum (cfr. Matth. 28,20), orti sunt; suntque iidem pariter opes, quibus ínclita Iesu Christi Sponsa utitur ad hominum sanctitatem excitandam procurandamque").

[16] Mt. 24, 27: “Porque así como el relámpago aparece en el oriente y se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre”. Véase Germano de Constantinopla, Historia ecclesiastica et mystica contemplatio (PG 98, p. 334 B). Véase Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 37.

[17] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 97.

[18] Schönborn, C., Loving the Church: Spiritual exercises preached in the presence of Pope John Paul II (San Francisco, Ignatius Press, 1996), p. 205.

[19] Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., p. 81. El Santo Padre cita a Josef Andreas Jungmann, “uno de los padres de la Constitución sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II”, sobre la importancia de la dirección de la oración (p. 80).

[20] Cfr. Nichols, Looking at the Liturgy, cit., p. 97.

[21] Gamber, K., The Reform of the Roman Liturgy (San Juan Capistrano, Una Voce Press, 1993), p. 178.

[22] Lang, Turning towards the Lord, cit., p. 110. Cfr. Jungmann, J. A., “Review of Nussbaum Der Standort des Liturgen”m, ZKTh 88 (1966) pp. 445-450, especialmente p. 448.

[23] Thurian, M., “La Liturgie, contemplation du mystère”, Notitiae 32 (1996), p. 692 (reimpreso en inglés en L’Osservatore Romano, 24 de junio de 1996, p. 2).

[24] “En realidad lo que ocurrió fue que apareció en escena una clericalización sin precedentes. Ahora el sacerdote –el que 'preside', como se prefiere decir ahora- se convierte en el auténtico punto de referencia de toda la liturgia. Todo depende de él. Tenemos que mirarlo, responderle, involucrarnos en lo que hace. Su creatividad lo sostiene todo… Dios está cada vez menos en el cuadro. Cada vez es más importante lo que se hace por los seres humanos que se reúnen aquí y que no gustan de someterse a 'libretos pre-determinados'” (Ratzinger, The Spirit of Liturgy, cit., pp. 80-81).

[25] Instrucción Il Padre, incomprensibile (1996), núm. 107.

[26] Schönborn, Loving the Church, cit., p. 205.


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Nota de la Redacción: Sobre la orientación del sacerdote durante la celebración de la Santa Misa hemos tratado en varias entradas. Véase aquí, aquí, aquíaquíaquí y aquí

jueves, 2 de julio de 2015

La sangre de los mártires, semilla de cristianos

Les ofrecemos a continuación la traducción hecha por la Redacción de un breve artículo de Ricardo Cascioli, aparecido recientemente en el periódico italiano La nuova Bussola Quotidiana, en el cual el autor nos invita a poner la mirada en nuestros hermanos cristianos perseguidos, no sólo para acudir en su ayuda con nuestras oraciones y nuestras obras, no sólo para denunciar el vergonzoso silencio de Occidente ante las persecuciones de cristianos, muchos de los cuales pagan con su vida su fidelidad a Cristo, sino, por sobre todo, para aprender de ellos, para aprender de su coraje y de su firmeza en la Fe hasta el martirio.

Aprendamos de ellos a dar testimonio valeroso de Cristo en nuestros países occidentales, donde la persecución de los cristianos toma formas quizás más sutiles. Sepamos resistir según el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos a los embates de los poderes de este mundo, que intentan obtener de los cristianos su asentimiento en la agenda de la cultura de la muerte (Vid. Evangelium Vitae 12) o para la promulgación de leyes inicuas que pretenden reemplazar la voluntad de Dios sobre lo que ha de ser la familia, según el modelo de la Sagrada Familia.

 Jean-Léon Gérôme, La última oración de los mártires cristianos (1883)

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Sin temor a la muerte ni al martirio
Por Riccardo Cascioli

“No quisiera detenerme sobre las atroces, inhumanas e inexplicables persecuciones, desgraciadamente también presentes en tantas partes del mundo, a menudo delante de los ojos y ante el silencio de todos. Quisiera en lugar de ello venerar el coraje de los Apóstoles y de la primera comunidad cristiana; el coraje de llevar adelante la obra de la Evangelización, sin temor a la muerte ni al martirio, en el contexto de un imperio pagano”.

Vale la pena detenerse sobre estas palabras, pronunciadas ayer [29 de junio] por el Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la fiesta de San Pedro y San Pablo.

El Padre Marcos celebra una Misa clandestina en la casa de un miembro de la comunidad Cristiana Copta de Esbet Shokre, en el área rural de All Fayyum (Getty Images)

Cuando hablamos de cristianos perseguidos no basta denunciar, si bien ello también es necesario; no basta recordarlos en la oración, si bien es ésta la primera arma para acudir en su defensa; debemos sobre todo aprender de ellos, debemos mirar el testimonio de Cristo que nos dan a nosotros y al mundo entero, pidiendo a Dios que nos dé la misma fuerza y la misma Fe.

“Pienso que terminarán por destruir nuestra comunidad.

Nos matarán – ha dicho hace poco el P. Douglas Bazi, sacerdote iraquí y párroco en Erbil, dirigiéndose a estudiantes en Brianza –.

Pero mirad mi rostro: ¿os parezco asustado?

También mi gente tiene el mismo rostro: no tenemos miedo.

Nuestra Fe es tan importante que no nos rendiremos”.

 P. Douglas Bazi

Este es el rostro actual de quien lleva adelante “la obra de la evangelización, sin temor a la muerte ni al martirio”.

Son estos los rostros sobre los que hay que fijar la mirada para aprender la misma pasión y la misma firmeza en la Fe.

“La presencia aquí de los sacerdotes es una enorme gracia – dice el vicario apostólico de Aleppo (Siria), Georges Abou Khazen, en una entrevista a Tempi, mientras describe el infierno en que se ha convertido esta ciudad–: ningún obispo, párroco o religioso ha abandonado su puesto.

Esto es importante para la gente, es un signo de esperanza y de aliento.

Cuando me preguntan qué deberíamos hacer, yo respondo: no lo sé, no tengo una respuesta, pero estoy aquí y permaneceré aquí, para construir.”

Cada uno en el puesto en que Dios nos ha llamado, como dice Claudel en La Anunciación a María: “Santidad no es hacerse lapidar en tierra de paganos o besar la boca de un leproso, sino hacer la voluntad de Dios, con prontitud, sea que se trate de permanecer en nuestro puesto, o de subir más alto”.

Paul Claudel

Hacer la voluntad de Dios; con prontitud; llevar adelante la obra de la evangelización, sin temor a la muerte ni al martirio.

Dondequiera que nos encontremos, cualquiera sea la tarea a la cual Dios nos llama.

Como fue para Pedro y Pablo; como es hoy para tantos cristianos perseguidos; como debe ser para nosotros, quienes vivimos en una sociedad que, en lugar de eliminarnos con la fuerza, nos ha narcotizado. 

 Caravaggio, La crucifixión de San Pedro (1601)

Actualización [27 de julio de 2016]: El martirio también ha llegado a Occidente bajo formas cruentas. Ayer fue asesinado el Rvdo. Jacques Hamel, de 86 años, mientras celebraba la Santa Misa en la parroquia de Saint Étienne-du-Rouvray,  cerca de Ruán, donde colaboraba. Dos hombres pertinencientes a un célula islamista ingresaron a la iglesia y tomaron como rehenes a los fieles que oían Misa. Una de las religiosas que estaba ahí pudo escapar y avisar a la policía, quien abatió a los dos terroristas. Antes, movidos por el odio a Cristo, uno de ellos degolló al sacerdote. Como Asociación rezamos por el eterno descanso de este sacerdote, con más de cincuenta años de servicio a la Iglesia, quien murió como testigo de la Fe. Requiem aeternam dona ei Domine. Et lux perpetua luceat ei. Requiescat  in pace.

 Rvdo. Jacques Hamel (1930-2016)


Actualización [1° de agosto de 2016 y 14 de abril de 2017]: El pasado sábado 30 de julio, en la Parroquia de La Londe-les-Maures (diócesis de Fréjous-Toulon, Francia), se celebró una Misa de réquiem según la forma extraordinaria por el eterno descanso del alma del Rvdo. Jacques Hamel, fallecido a manos de dos terroristas islámicos. La Misa fue celebrada por la Fraternidad de San José Custodio, fundada en 2002 por el sacerdote chileno Federico Alcaman Riffo. Puede verse aquí el reportaje publicado por New Liturgical Movement. La sangre de los mártires siempre ha sido semilla de nuevos cristianos, dado que el testimonio sirve de alimento a la fe. Así lo demuestra el anuncio que ha hecho por Twitter Sohrab Ahmarí, editorialista de la sede de Londres de Wall Street Journal, quien hizo público que está en proceso de conversión al catolicismo apoyado por el Oratorio de Londres. Véase aquí la noticia. El 13 de abril de 2017, Jueves Santo, la Diócesis de Ruán ha anunciado el inicio del proceso de beatificación del Rvdo. Jacques Hamel (véase aquí la noticia).

viernes, 28 de noviembre de 2014

Los ornamentos del celebrante: vestiduras e insignias litúrgicas

Salvo en lo que atañe a la conveniencia de un vestuario especial para el servicio del culto, el origen de las vestiduras sagradas utilizadas por la Iglesia no debe buscarse en aquellos vestidos prescritos por Moisés y usados en el templo judío. 

Las actuales vestiduras sagradas derivan del antiguo traje civil greco-romano. El mismo tipo de vestidos que usaba entonces la población civil en su vida social se utilizó también en la celebración de los actos litúrgicos de los primeros tiempos del cristianismo. Aunque no existen testimonios explícitos de los primeros siglos a este propósito, ellas pueden ser suplidas con las pruebas monumentales que suministran las pinturas de las catacumbas. Ahí los ministros son representados durante la celebración del culto con la misma vestimenta que lleva el común de los ciudadanos romanos. Esta identidad del traje civil y litúrgico se mantuvo en la Iglesia por espacio de varios siglos, incluso después de la paz constantiniana (313), como se desprende de múltiples testimonios. 

Pintura en las catacumbas romana

A semejanza de la indumentaria romana, las vestiduras litúrgicas que, salvo pequeñas transformaciones, se derivan de aquélla, pueden dividirse en interiores y exteriores. Son vestiduras interiores: (i) el amito; (ii) el alba con el cíngulo; (iii) el roquete; y (iv) la sobrepelliz. Son vestiduras exteriores, por su parte, (i) la casulla; (ii) la dalmática y la tunicela; (iii) la capa pluvial; y (iv) el velo humeral. 

Como complemento de estas vestiduras, existen varias insignias o señales de la autoridad que invisten los ministros sagrados que la portan. Ellas pueden dividirse en mayores y menores. Son insignias mayores: (i) el manípulo; (ii) la estola; (iii) el palio; y (iv) el superhumeral. Como insignias menores comparecen: (i) la mitra; (ii) el báculo; (iii) el anillo; y (iv) la cruz pectoral.

De momento, en futuras entradas, sólo trataremos de las vestiduras sagradas y de las dos primeras insignias mayores (el manípulo y la estola), dado que son las de más frecuente uso, reservando las demás para otra ocasión.

domingo, 19 de octubre de 2014

Una mirada de la liturgia de los primeros cristianos

A continuación les ofrecemos la traducción de un artículo de Msgr. Charles Pope*, acerca de la liturgia de los primeros cristianos, que utiliza la orientación ad orientem del celebrante.

Como es sabido, la religión Católica fue considerada ilegal en el Imperio Romano hasta la promulgación del Edicto de Milán el año 313 de nuestra era, cuando el emperador Constantino permitió a la religión Católica su culto público. Con anterioridad, las capillas u oratorios como los conocemos actualmente eran muy escasos. La Misa era habitualmente celebrada en casas.

Ahora bien, estas “casas” eran habitualmente amplias, con un patio central o un gran salón que permitiera algo más formal que una Misa “alrededor de una mesa de comedor”. Recuerdo que me enseñaron (erróneamente) que estas primeras Misas eran informales, que enfatizaban el encuentro de la comunidad y eran celebradas mirando al pueblo. Bueno, esto no es verdad. Los fieles no se sentaban alrededor de una mesa o en círculo. Ellos se sentaban o permanecían formalmente, de pie, y todos miraban en una dirección: el Oriente.



En la imagen superior podrán ver la distribución de la antigua Casa Iglesia de Dura Europos (Siria), que data del siglo III de nuestra era. El salón de la asamblea se encuentra a la izquierda y el sacerdote u obispo celebra la liturgia ad orientem en el altar adosado a la pared oriente. El baptisterio se encuentra a la derecha y un diácono custodia la puerta de entrada. El diácono ubicado atrás del salón de la asamblea se encuentra allí para mantener el orden (vid. más abajo).

Lo destacable de estas primeras liturgias es la formalidad, incluso siendo celebradas en condiciones menos que ideales. El siguiente texto está tomado de la Didiscalia, un documento escrito hacia el año 250 de nuestra era. Entre otras cosas, describe detalladamente la celebración de la Misa Católica en estas “Casas Iglesias”. A continuación transcribo un extracto y señalo mis comentarios intercalados con el texto. 



"Ahora, en sus reuniones en la santa Iglesia, compórtense modestamente en los lugares de los hermanos, de una manera agradable y cuidadosamente ordenada.”

N del A: En consecuencia estas “liturgias en casas” no eran Misas informales. El orden, y una cuidadosa atención a los detalles era esencial. 

“Permitan que el lugar de los sacerdotes se encuentre separado en una parte de la casa que mire hacia el oriente”

N del A: Entonces, incluso en estas Misas primitivas el presbiterio, esto es, el lugar donde el clero se situaba, era un área distinta a aquella donde se reunían los laicos. La gente no se encontraba sentada alrededor de un comedor. 

"En medio de ellos se encuentra la cátedra del obispo, y junto con él se sentarán los sacerdotes. Asimismo, y en otro sector, permítase a los laicos permanecer sentados mirando al oriente." 

N del A: las oraciones se rezan mirando al oriente, no al pueblo. 

"Por lo tanto, es apropiado: que los sacerdotes se sienten junto con el obispo en un sector de la casa ubicada al oriente y que después de ellos, se sienten los laicos." 

N del A: hay que notar que los hombres y las mujeres se sentaban en sectores separados. Esto era costumbre en muchas iglesias hasta al menos 150 años atrás.

"Y cuando se levanten para rezar, los ministros lo hagan primero, y luego los laicos y finalmente las mujeres. Ahora, deberán permanecer mirando hacia el oriente para rezar, porque como sabéis, la escritura dice Alabad a Dios que asciende a lo más alto del cielo hacia el oriente." 

N del A: Nuevamente, la misa no era celebrada mirando al pueblo como muchos suponen de los primeros cristianos. Todos debían mirar hacia el oriente, tanto el clero como el pueblo. El texto cita a la Escritura como el motivo de esto. Dios está hacia el oriente, hacia el origen de la luz.

"Ahora bien, para los diáconos, uno se ubique siempre junto a las ofrendas eucarísticas y otro se pare a la salida para vigilar a aquellos que ingresen."

N del A: Hay que recordar que estos eran tiempos de persecución y que los primeros cristianos eran cuidadosos de solo permitir a los bautizados acceder a los sagrados misterios. A nadie más le estaba permitido entrar a la Liturgia Sagrada sino hasta que fueran bautizados. Esto era conocido como la disciplina arcanis o “disciplina del secreto”. Los diáconos eran los encargados de vigilar el acceso para mantener esta disciplina.

"A continuación, permitidle que ejerza su ministerio conjuntamente en la iglesia." 

N del A: Una vez que la puerta se encontraba cerrada y la Misa comenzaba, los diáconos tomaban su lugar en el presbiterio. Sin embargo, también parece ser que un diácono permanecía fuera del presbiterio a fin de mantener el orden entre los fieles.

"Y si hay alguno que no se encuentre sentado en su lugar, que el diácono lo reprenda y lo haga pararse y sentarse en su respectivo lugar. Asimismo, los jóvenes deberán sentarse en un sector, si es que hay lugar, y sino que permanezcan de pie. Aquellos de edad más avanzada deberán sentarse en otro sector; los niños se sentarán separados, o sus padres y madres deberán llevarlos consigo y mantenerse de pie; las niñas deberán sentarse en un lugar separado, y si es que no hay lugar, deberán permanecer de pie detrás de las mujeres; permitan que los jóvenes que están casados y tienen hijos pequeños se sienten separados, lo mismo las mujeres mayores y las viudas." 

N del A: Esto puede parecer un poco complicado, pero la idea detrás es que el lugar está determinado por el sexo y edad: los hombres a un lado, las mujeres al otro, los de mayor edad más adelante y los más jóvenes atrás. Por su parte, aquellos que debían cuidar de niños pequeños debían sentarse en un lugar separado.

"Un diácono deberá vigilar que todos quienes entren tomen su respectivo lugar, y que ninguno de ellos se siente en un lugar inapropiado. Asimismo, el diácono deberá velar que no haya nadie que susurre, duerma, ría o se quede dormido. 

N del A: ¡Espere un minuto! ¿Esto significa que alguna de estas cosas las hacían aquellos primeros cristianos? La necesidad sigue existiendo. 

"Porque en la Iglesia es necesario mantener la disciplina, una sobria vigilancia y un oído atento a la palabra del Señor."

N del A: Este consejo sigue plenamente vigente hasta el día de hoy.
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*Monseñor Charles Pope es sacerdote diocesano de la Arquidiócesis de Washington, EE.UU. El texto Original fue publicado en el siguiente sitio web: http://blog.adw.org/2009/08/a-sometimes-humorous-look-at-the-liturgy-of-the-early-church/